Cap. 2: "Amor, te juro que fue porque pensé que era lo correcto"
En su mente las imágenes todavía no se terminaban de conjugar, el suave colchón en el que estaba y la habitación en la que se encontraba no eran sus lugares habituales para despertar, pero debía admitir que si familiares. Después de todo era el cuarto en La Madriguera que compartía con Ginny en casi todas sus vacaciones desde que comenzó Hogwarts.
- Al fin despertaste - le dijo una voz sacándola de sus pensamientos y por segundo estuvo agradecida. Solo por un segundo, hasta que vio esos ojos azules que la miraban como si fuera un espejismo.
- ¿Llevó mucho tiempo dormida?
- No diría precisamente dormida, estabas desmayada.
- ¿Cómo? - si la castaña recordaba bien, lo único que hizo al dejar sus cosas en la cocina de la casa de Harry y leer el periódico, fue tomar polvos Flu hacia La Madriguera, no había nada en su memoria que explicase el desmayo.
Ronald Weasley por su parte no podía evitar mirarla y no querer perder ni un solo segundo de sus movimientos. Hacía tanto tiempo que no la veía que ahora incluso le parecía más bella. Sus rizos caían graciosamente a un lado de su rostro mientras sus ojos vagaban, seguramente buscando una explicación para su desmayo. Sus mejillas sonrosadas, acaloradas, había estado inconsciente un par de horas. Un par de horas que se le hicieron eternas. Quería abrazarla, pedirle perdón por su pequeño error del día, pero tenía que ser fuerte. Fuerte como para mantener aquella promesa que se había hecho así mismo. Tenía que protegerla hasta de sí mismo con tal que ella sea feliz.
- Te debo una disculpa, fue sin querer, estaba solo pasando el rato con esa pelota que me regaló Ginny para distraerme que la tiré muy fuerte - explicó sin perder oportunidad y al ver el rostro extrañado de ella agregó - fue por mi culpa que te desmayaste
Por supuesto, ahora entendía por qué le dolía el lado izquierdo de la cabeza y que no tuviera recuerdo alguno de lo ocurrido. Seguramente cuando salía la chimenea, la pelota impactó con su cabeza… Qué cómica debió de haberse visto.
- No te preocupes, fue de casualidad, ¿no?
- Ni tanto, solo… bueno… solo estaba intentando distraerme porque te estaba esperando y cuando sentí arder las llamas de la chimenea la pelotita se me escapó
- y… ¿por qué me esperabas? - esa última confesión había hecho que Hermione sintiera extrañamente que en la habitación no había suficiente aire
- Si Harry había venido a querer explicar esa noticia, pensé que tú también lo harías - dijo el pelirrojo como si fuera lo más natural del mundo.
Y era verdad, él había visto entrar a Harry casi corriendo en busca de su hermana, pero al encontrarlo a él primero quiso explicarse. No hacía falta. Era obvio que esos eran inventos. Así que le dijo que no se preocupara y que Ginny estaba en el cuarto de George.
- Lo más extraño es que ahora sinceramente me doy cuenta que fue inútil venir, no pude ayudar a Harry con Ginny - lamentó la chica, pensando en los problemas que debería tener su mejor amigo solo por ayudarla y seguirle la corriente con guardar el secreto de su nueva situación hogareña.
- Para mí lo más extraño es cómo alguien en ese periódico sigue inventando tantas tonterías
- Bueno - respondió la castaña al notar que el pelirrojo obviamente no sabía que aunque el enfoque estaba distorsionado, lo que decía el periódico era verdad - supongo que era cosa de tiempo, con Harry y yo viviendo bajo el mismo techo era de esperar que la prensa asumiera cosas, lo importante es que los que queremos saben que lo nuestro jamás será de ESA forma
De repente, Ron ya no supo ni lo que hacía, sintió como se estaba desconectando del mundo. Así que era verdad. Ella iría a vivir con Harry… siempre Harry… Harry Potter el gran héroe de la comunidad mágica, su MEJOR amigo, viviría con la mujer que él quería y ni siquiera se había dignado a decirle algo. Sentía como iba a explotar, como sus cabellos se volvían pálidos en contraste con su rostro y vio en sus ojos el claro reflejo de lo que él estaba sintiendo.
Hermione se quedó de piedra, el rostro de Ron y sus orejas estaban extremadamente rojos, incluso hacían lucir a su cabellera como si fuera pálida e incolora y esto era muy mala señal. Se levantó de la cama y se paró delante del pelirrojo que sin saberlo presionaba los puños y temblaba ligeramente. Ella no sabía exactamente qué hacer, solo entendía que mientras más prolongara su silencio sería peor.
- Harry quiso contarles, pero fui yo la que decidió mantenerlo en secreto… mis padres… bueno ellos dudaron un poco de nuestros planes, pero yo quería sentirme independiente sin dejar de sentirme acompañada y sé que Harry tampoco deseaba pasar todo el día solo… No podía venir aquí Ron - dijo mientras tomaba las manos de él y lo miraba directamente - No podía venir a verte todos los días… Simplemente… no podía… Él es mi familia, mi hermano, solo eso…. No hubo, hay ni habrá nada entre nosotros… Él ama a Ginny y yo…. Yo… - no pudo continuar, quiso salir corriendo de la habitación, pero cuando se dio vuelta unos brazos la apresaron por la cintura y la sujetaron fuertemente
- Perdón - susurró el pelirrojo a su oído - sinceramente sé que nunca pasará nada entre ustedes, pero yo no pude evitar por un momento el descontrol - ella solo asintió, esa posición era demasiado incómoda, con todo aquello que todavía no se decían flotando en el aire - sé que soy y fui un tonto… pero… te extraño, eso es todo
- yo también
Y se quedaron así por unos minutos más, cuando el pelirrojo quiso voltearle el rostro y cortar aquella distancia que los separaba, vio esos hermosos ojos castaños llenos de lágrimas. Ella había dejado que el dolor flotara. Ese olor, el calor de sus cuerpos… todo había hecho que se derritiera y él la miraba como si ella fuera la porcelana más fina, como si el mínimo toque hiciera que se rompiera. Y era verdad, él le estaba haciendo daño, no había equivocado su predicción, ella necesitaba más. Una persona a su altura, que supiera que era lo suficientemente bueno como para estar con ella. Y la soltó.
- Todos nos deben estar esperando abajo
- No me importa - ella sí tenía que hablar, quien sabe cuando se vuelva a presentar una oportunidad así - Ronald, mírame - él seguía rehuyendo, a veces era más terco de lo que se esperaba y eso ya era decir mucho - al menos siéntate
El pelirrojo cogió la silla y la acercó a la cama. Ella se sentó en el filo de esta última quedándose frente a frente. Tarde o temprano retomarían aquella conversación y mientras más rápido mejor.
- Quiero que sepas que volveré a Hogwarts, que culminaré el año que nos falta, daré los Éxtasis y acepto que ustedes comiencen de inmediato su entrenamiento de auror. También acepto que viviré con Harry, que visitaré su casa tan seguido como me sea posible durante el colegio y que yo lo único que quiero es que al menos me mires a los ojos cuando te hablo! - reclamó la muchacha observando como el pelirrojo seguía sin levantar la vista del suelo
- ¿qué quieres que diga? - por fin había reunido la fuerza suficiente para hablar, después de todo tenía tantas cosas qué decir y que habían permanecido tanto tiempo ocultas - De verdad te entiendo, sabía que regresarías a completar 7°, siempre nos apoyas, no tengo problema con que vivas con Harry, por mi genial… Y en cuanto a tus ojos, no te preocupes, no hay mejor lugar donde prefiera posar los míos - agregó soltando una sonrisa mientras Hermione se sonrojaba
- Sé que te debe doler Ronald, pero tú y yo no somos nada, eso significa que no te debo explicaciones y no fue precisamente así porque yo lo quisiera
- También lo sé
- Entonces, ¿por qué? ¿por qué sigues aquí viéndome de esa manera, diciendo que me extrañas, haciéndome creer que me besarás pero terminas huyendo? ¿por qué? - no pudo contener las lágrimas que comenzaron a salir de sus ojos
- ¿Ves esto? - preguntó él secando con sus dedos su rostro - ¿no lo ves? Te hago daño… y eso no lo puedo permitir
- Más daño me hace estar lejos de ti
-Amor, te juro que fue porque pensé que era lo correcto - muy tarde había reaccionado, sus palabras habían salido de su boca sin darse cuenta. Por un segundo su corazón había hablado y ahora no sabía qué hacer. Ese segundo de indecisión de parte de su mente le costaría caro. Lo sabía.
- ¿qué dijiste? - sus ojos ya no lloraban, solo estaban abiertos por la sorpresa
- Amor…
Y no pudo completar la frase, porque sus labios se hallaban ocupados besando a la castaña que no pudo contenerse y saltó a sus brazos.
