Capítulo 1
En camino
Amanecía una vez más en pueblo Paleta, en la prefectura de Kanto, Japón; los primeros rayos de sol calentaban los prados del pequeño pueblo, que poco a poco iba despertando. El sonido de unas campanas tañendo se podía oír en la distancia, anunciando así un nuevo día. Un chico de unos trece años aún dormía, con las ropas del pijama recogidas, las mantas enrolladas en torno a su cintura y roncando levemente.
-¡Rojo, cariño, a despertarse!-se oyó una voz desde el piso de abajo.
Aun así el chico no se movió ni un ápice y, al final, su madre tuvo que subir a despertarle; una mujer de mediana edad, de ojos claros, pelo violáceo y vestida cual ama de casa se asomó tras la puerta entreabierta
-Rojo, vamos, despierta
-Mph…
-El desayuno…
-Déjame un rato más…
-Está bien, pero no tardes mucho…-dijo ella, abriendo la ventana para que se aireara la habitación.
El chico volvió a sumirse en un estado de duermevela, pero poco después de que su madre se fuera, una voz proveniente de la calle le llamó.
-Rojo… Rojo… ¡Rojo! ¡Eh, Rojo!
Por un momento la voz enmudeció, pero entonces, algo entró zumbando por la ventana abierta y dio de lleno en la frente al chico.
-¡Auch!
Se reincorporó, ya sin sueño, y vio un pequeño guijarro rebotando en la pared y cayendo al suelo cerca de la cama; con gesto molesto se acercó a la ventana y espetó de seguido.
-¿¡Pero tú eres tonta o qué?!
-Rojo, dormilón, por fin…
Desde la calle, una chica de pelo marrón y de edad similar a la suya le miró condescendientemente; llevaba puesta una camiseta de tirantes azul clara, una falda roja y unas zapatillas color blanco y rojo con unos calcetines del mismo color que la camiseta. Llevaba además un sombrero blanco y rosa y un bolso amarillo.
-¡¿A qué viene eso de tirarme una piedra, niña estúpida?!-le espetó enfadado.
-No te despertabas-murmuró ella con una sonrisita.
Rojo contuvo una mueca de exasperación.
-Oh, venga, no seas así… vamos, que nuestro primer pokémon nos espera-le animó la chica.
Era cierto, y a Rojo se le había olvidado. La conversación casi a gritos llamó la atención de la madre de Rojo, la cual abrió la puerta, llegando a ver a la chica.
-¡Ah, Hoja! ¿Qué tal estás? Pasa, pasa, mientras esperas a Rojo…
En la planta superior, Rojo se vistió rápidamente y ultimó todas sus cosas para el viaje; chico previsor donde los haya, ya había preparado todo lo indispensable para llevar, asegurándose de que tenía todo consigo. Ropa de recambio, cepillo de dientes y demás útiles de aseo, calzado extra, la cartera con dinero y su identificación y demás pertenencias. En cuanto a su atuendo, llevaba una camiseta negra de manga corta y encima un chaleco de color rojo y blanco, unos pantalones azules claros, unas zapatillas negras y rojas y una gorra roja y blanca.
Una vez que estuvo del todo listo, cogió su abultada mochila amarilla y bajó a la cocina a desayunar, donde su madre y Hoja le estaban esperando.
-¿Quieres tomar algo, Hoja?
-No, gracias, ya he desayunado en casa.
-Muy bien… ¿y ya sabéis que pokémon le vais a pedir al profesor Oak?
-¡Si, yo quiero a bulbasaur, es tan mono!-exclamó Hoja.
-¿Y tú, hijo?
-Pues no sé… había pensado en charmander-murmuró Rojo.
Aún andaba algo dormido pero la verdad es que él quería a ese pokémon, lo llegó a ver hace tiempo en libros con ilustraciones sobre pokémon y le gustó especialmente su última evolución, charizard, por lo que desde siempre tuvo en mente esa especie como primer pokémon.
Rojo desayunó a buen ritmo para terminar cuanto antes y no demorarse mucho más. En cuanto apuró la leche, Hoja inquiró.
-¿Estás ya?
-Sí, vámonos ya…
El chico se despidió de su madre, la cual le aconsejaba todo el rato.
-Recuerda cambiarte todos los días, no te metas en líos y quiere mucho a tus pokémon. Espera, tienes algo aquí…-murmuró entonces, limpiándole la mejilla izquierda con el pulgar.
-Ay, mamá, ya vale, me avergüenzas…-masculló el chico, algo cortado.
Hoja miraba la escena divertida, con una media sonrisita dibujada en su rostro.
-Bueno, todos los hijos se van de casa algún día, a su aventura… que lo pases bien, hijo. Y no te olvides de llamarme de vez en cuando.
-Gracias mamá, lo haré.
Tras un último adiós, se pusieron en camino hacia el laboratorio del profesor Oak. Pueblo Paleta destacaba por ser un núcleo de población disperso, situado en un ambiente típicamente campestre con senderos de tierra, amplias zonas verdes y prados. De todos los asentamientos de la prefectura, pueblo Paleta era el más tranquilo y encantador de todos, marcando la diferencia con el resto de ciudades y pueblos.
-Que emoción, nuestro primer pokémon, ¿no notas como un cosquilleo en la tripa?-murmuró Hoja, muy emocionada y sonriendo.
-Si… será el desayuno, que siempre me sienta mal…-comentó Rojo entonces.
-¡Rojo, idiota! ¡Se supone que deberías estar emocionado!-exclamó ella dándole una pequeña colleja.
-Je, je… claro que sí, tonta-murmuró él.
Lo cierto era que conocía a Hoja desde que era pequeño, siempre había ido a la misma clase que él y siempre habían sido amigos.
En cuanto llegaron al laboratorio, el cual estaba situado en lo alto de una colina dominando el pueblo, todos los compañeros de su clase estaban allí esperando a que el profesor les llamara; el profesor Oak era un eminente profesor pokémon y el mejor dentro de su campo, toda una referencia en la investigación y uno de los más reputados y conocidos investigadores de la prefectura de Kanto. Como profesor que era, se encontraba al cargo de todos los entrenadores que partían de viaje, y era él el que se encargaba de repartir el primer pokémon pertinente a todo aquel que quisiera viajar por la prefectura. Rojo y Hoja trataron de avanzar un poco entre el gentío y entonces vio a alguien esperando al lado de la mesa del profesor.
-Hombre, Rojo, sabía que envidia ya me tenías pero venir a buscarme de ahí pasa-murmuró el chico.
-Ah… hola Azul-saludó Rojo escuetamente.
Azul fue, por un tiempo, el mejor amigo de Rojo; jugaban juntos y se entendían muy bien, eran inseparables… hasta que todo eso se rompió. De la noche a la mañana se volvió frío y mezquino con él, no le respetaba y le trataba como si fuera inferior a él. Desde entonces tanto él como Rojo mantenían las distancias en todo momento, con algún que otro apunte en forma de burla o comentario mordaz por su parte, casi siempre con intenciones hirientes. Tenía el pelo color marrón oscuro, alborotado, vestía una camiseta negra corta, unos vaqueros color morado y unas zapatillas conjuntadas con la camiseta; llevaba atada a la cintura una riñonera blanca.
-¿Y el profesor?-preguntó Hoja en ese momento, para aliviar tensiones.
-El abuelo no está, llevamos esperando todos al menos unos diez minutos…
Nada más decirlo, el profesor hizo acto de aparición bajando las escaleras.
-Lo siento, lo siento, un asunto me ha retenido…-se disculpó.
Oak era un hombre de unos sesenta años, tenía el pelo algo canoso y de color ceniza, llevaba una camisa violeta clara, unos pantalones beige, unos zapatos negros y una bata blanca.
-¡Abuelo, estoy harto de esperar!-se quejó Azul.
-Bueno, bueno, ya estoy aquí, ¡que todo el mundo vaya pasando hacia mi escritorio!
Con la ayuda de sus ayudantes se formó una cola para recibir al primer pokémon; Oak era el que lo otorgaba mientras que los asistentes se encargaban de repartir la pokédex y las poké ball. En un momento dado mientras esperaban su turno, Azul se coló enfrente de Rojo, a lo que él le increpó.
-Eh, yo iba antes.
-¿Y crees que me importa?-respondió Azul, con indiferencia.
Por un momento Rojo quiso contestarle, pero al final optó por quedarse callado para evitar males mayores.
-No dejes que te mangonee, plántale cara-le sugirió Hoja al oído.
-No, déjalo, es igual-contestó él.
La posterior espera se alargó un poco más, envuelta en un denso e incómodo silencio. En cuanto llegó el turno de Azul, su abuelo le habló.
-Bueno, Azul, tú me dirás…
-Ya lo sabes de sobra, abuelo, squirtle-pidió el chico.
-Je, je… toma, mis ayudantes te darán el resto-le indicó, dándole su poké ball.
Justo después le tocó el turno a Rojo.
-Ah, tú eras…-murmuró Oak nada más verle, haciendo memoria.
-Rojo, señor.
-Eso es, Rojo, llegué a verte un par de veces jugando con mi nieto cuando erais pequeños… ¿y bien?
-Charmander, señor.
-Muy bien, pues un charmander por aquí…-murmuró Oak dándole la ball.
-¡Profesor, me he quedado sin pokédex!-llamó en ese momento uno de sus ayudantes, el que se encargaba de repartir las pokédex.
-Vaya por Dios… bueno aquí mismo tengo una caja llena, ya que estás aquí te daré la tuya, toma-indicó el profesor dándole una pokédex.
Dicho aparato era una gran enciclopedia electrónica sobre todos los pokémon existentes, y siempre se daba una a todo entrenador antes de partir en su viaje; creada originalmente por el propio Oak, la pokédex era rectangular y de color rojo, del tamaño de un pequeño libro de bolsillo, con un sensor azul en la parte izquierda superior de la misma. Tenía una pequeña portezuela la cual se podía abrir para poder consultar la base de datos, una pequeña pantalla mostraba la información del pokémon a consultar junto con un pequeño cuadro de mandos en la parte interior de la portezuela.
Aunque como había más gente detrás de Rojo que esperaba a ser atendida, el profesor optó por algo más rápido.
-¿Podrías hacerme un favor, Rojo? Lleva esta caja a mi ayudante.
-Claro señor-aceptó Rojo cogiendo la caja y llevándosela al ayudante.
Una vez que el ayudante estuvo provisto de nuevo, la siguiente en ser atendida fue Hoja.
-Y esta chica tan guapa es Hoja ¿no?
-Sí, soy yo…-asintió ella, algo colorada por el halago.
-¿Y bien?
-Bulbasaur, señor.
Una vez en su poder, fue a por su pokédex y sus poké ball; en cuanto lo tuvieron todo, salieron afuera donde todos los demás se estaban congregando y se enseñaron los pokémon. Rojo activó su pokédex nueva y consultó con ella los datos de charmander; esta habló con un tono de voz masculino bastante profundo.
-Charmander, el pokémon lagarto; le gusta tumbarse al sol y cuando llueve se esconde en las cuevas para proteger la llama de su cola. A veces no consigue controlar la intensidad de su fuego y se le suele escapar algún que otro fogonazo que suele asustarle.
-Que mono… a ver bulbasaur-murmuró Hoja sacando la suya.
-Bulbasaur, el pokémon semilla; está más activo cuando el sol luce con más intensidad, por las mañanas bebe las gotas de rocío.
Al igual que el resto de sus compañeros estuvieron hablando un rato, comparando sus pokémon, probando todas las funciones analíticas de sus pokédex y haciendo planes para el viaje. En cuanto todos tuvieron a su primer pokémon el profesor también salió a la calle, para solventar dudas en el caso de que alguien tuviera alguna. Azul les miraba desde hacía un buen rato, con gesto bastante plano, como si estuviera pensando en algo muy lejos de allí; fue entonces cuando reaccionó y se acercó a Rojo con porte seguro y retador.
-Eh, Rojo, probemos a nuestros pokémon ¡te desafío!
Y sin muchos más miramientos sacó a su primer pokémon, squirtle; charmander se encaró por su cuenta, sin que su entrenador le alentara a hacerlo. En cuanto los demás vieron el inminente combate, se apartaron para dejarles espacio, formando un corro a su alrededor.
-¿Ya está otra vez? Oh, éste chico…-murmuró Oak al ver el panorama.
-¡Adelante, refugio!-ordenó Azul.
-¡Látigo, charmander!
Squirtle se protegió en su concha pero charmander le bajó la defensa con un latigazo de su cola.
-¡Pistola agua!
-¡Esquívalo!
Charmander esquivó por los pelos el peligroso ataque agachándose a tiempo.
-¡Arañazo!
El pokémon fuego se acercó a él rápidamente y le dio de lleno. En el corro los ánimos estaban bastante exaltados, la gran mayoría de las personas animabas a Azul, mientras que otras hacían lo propio en favor de Rojo. Por su parte Hoja no parecía animar a ninguno de los dos, observando calmadamente el combate.
-¡Gruñido!
-¡Tú también!
Los dos pokémon se enfrentaron a base de refunfuños, bajándose la defensa mutuamente.
-¡Pistola agua!
-¡Esquívalo y ascuas!-indicó Rojo.
De nuevo, charmander evadió el ataque con rapidez impulsándose hacia delante y soltó una ristra de fuego que le golpeó, aunque no le hizo gran cosa.
-Oh, por favor… ¡pistola agua!
Esta vez el golpe fue fulminante y charmander lo recibió de lleno, cayendo al suelo muy afectado.
-¡Ja! Ya sabía yo que he elegido bien… Rojo, voy a ser mejor que tú, tenlo presente…
El combate se terminó abruptamente sin ni siquiera darse cuenta, Rojo cogió en brazos a charmander, sin hacerle mucho caso. Por su parte, Azul se despidió sin dirigirse a él.
-Me voy ya, estoy perdiendo el tiempo… hasta la vista, abuelo, adiós.
-Adiós, Azul, ve con cuidado-le despidió el profesor.
La gente comenzó a irse, desperdigándose y disolviendo el corro, pero Rojo se quedó ahí, con charmander en sus brazos y pensando en sus cosas.
-Rojo, ven un momento-le llamó Oak.
El chico se acercó hasta el borde de las escaleras, donde el profesor se encontraba.
-Dígame, profesor.
-Dame a charmander, yo le curaré.
Ambos regresaron al laboratorio, con charmander de vuelta en su poké ball para poder tratarlo; Oak puso la ball en una máquina especial diseñada exclusivamente para tratar y curar a pokémon debilitados y, tras unos rápidos minutos de tratamiento se la devolvió.
-Listo, como nuevo.
-Gracias profesor…
Aun a pesar de todo, Oak pudo ver al chico un tanto alicaído debido a su reciente derrota, por lo que trató de animarle.
-Rojo que hayas perdido ante Azul eso no significa nada, ya sabes cómo es él. Pero he de decirte que he visto a charmander muy decidido y dispuesto a sabiendas que era débil contra squirtle, creo que tienes potencial y deberías aprovecharlo.
Por su parte Rojo meditó un poco esas palabras, agradeciéndoselo poco después.
-Gracias, profesor, ha sido muy amable.
-De nada… y ahora ve, los pokémon te esperan.
Se despidió de él y salió afuera, donde le estaba esperando su amiga. Nada más verle salir, se dirigió a su encuentro.
-¿Qué te he dicho el profesor?
-Nada importante… ¿Qué piensas hacer ahora?-inquirió él.
-Pues iré a la siguiente ciudad… tú te enfrentarás a los gimnasios ¿verdad?-comentó ella, casi afirmando.
-Claro, no lo dudes… pienso entrenar lo suficientemente duro como para poder ganar a ese insoportable de Azul-aseguró el chico, muy decidido.
Hoja le miró fijamente por unos momentos, esa mirada de determinación mezclada con coraje le gustaba mucho en él; le hacía ver como un muchacho valiente y decidido que no se achanta por nada y dispuesto a superarse.
-Yo también voy a ciudad Verde… ¿vamos juntos?-sugirió Rojo en ese momento.
-Vale-murmuró ella.
Salieron de pueblo Paleta y se internaron en los extensos prados y campiñas que separaban al pueblo de ciudad Verde; el día estaba completamente despejado, no había ni una sola nube en el cielo, un leve viento proveniente del este agitaba tanto las ramas de los árboles como la hierba alta de las cercanías. Una bandada de pidgeys pasó volando por encima de sus cabezas, en dirección norte.
-Bueno, ya sabes lo que voy a hacer yo, ¿y tú? ¿Piensas también desafiar a los líderes?-preguntó Rojo.
-Pues… si te soy sincera, no sé qué hacer. Siempre había soñado con que este día llegaría y ahora que ya está aquí no tengo ni idea de lo que pienso hacer-se sinceró la chica.
Rojo la observó por un momento, pensando en qué poder decirla para animarla, y tras unos segundos decidió hablar.
-Bueno, no tienes por qué tomar una decisión ahora mismo, piénsalo con calma… además, supongo que habrá otras cosas que hacer aparte de enfrentar a los líderes.
-Sí, supongo que tienes razón…-afirmó Hoja mirando al limpio cielo, con gesto pensativo.
Por su parte Rojo también se perdió en sus propios pensamientos; desde que era pequeño siempre había tenido en mente hacer un viaje pokémon, ser entrenador, retar a los líderes de la prefectura e inscribirse en la conferencia para intentar ganarla. Normalmente todo el mundo tiene un buen propósito en mente, aunque la indecisión de Hoja le daba que pensar. Pero entonces en ese momento un aleteo justo delante de ellos le llamó la atención; un grupo de pokémon alados se congregaba alrededor de un maizal, picoteando el suelo y agitando sus alas, esparciendo el grano caído.
-Vaya, mira ¿serán de la misma bandada de antes?-se preguntó Rojo, sacando su pokédex para informarse
-Pidgey, el pokémon pajarito; siempre van en manada, no les gusta mucho luchar y normalmente lanzan un puñado de arena a cualquier peligro para poder escapar.
-Pidgey ¿eh? muy bien ¡adelante, charmander, usa ascuas!-indicó él sacándolo.
Nada más salir de su ball, el pokémon soltó de su boca una ristra de llamas que dieron de lleno en el grupo, pillándolos desprevenidos; algunos huyeron tras el ataque, dispersándose, y otros se quedaron en el sitio, muy magullados.
-¡Ahora!-exclamó el chico lazando una poké ball.
La ball rasgó el aire describiendo una curva hacia el suelo, golpeó a uno de ellos y le cogió; justo después cayó al suelo, dando botes, y tras unos segundos saltó el seguro, asegurando la captura.
-¡Genial, tengo un pidgey!-exclamó Rojo cogiendo la ball.
-Vaya, y de un solo golpe, ha sido una captura exprés-murmuró Hoja, asombrada por lo rápido que había sido.
-Desde luego… he tenido suerte con él, puede que eso signifique algo. Seguro que me ayudará a ganar muchos combates, e incluso puede que alguna medalla. Las posibilidades son infinitas…-pensó Rojo en voz alta.
-Bueno, pero eso no lo sabrás hasta que lo descubras… y en ciudad Verde hay un gimnasio, así que ¿a qué esperas?-le sugirió ella, consultándolo en su mapa.
-En ese caso no perdamos más tiempo… ¡vamos, Hoja, a ver si llegamos antes de comer!-exclamó él, entusiasmado.
De alguna u otra manera, la chica percibió su emoción y acabó contagiándose de ella, yendo tras él y apretando el paso. El día se veía más brillante que nunca, y el viaje no había hecho más que comenzar.
Vale, y así comienza este primer proyecto el cual escribí hace mucho tiempo atrás; de hecho ya está escrito, aunque no me había decidido a publicarlo hasta ahora, cuando he dado el paso. Lo que vais a ver aquí es una adaptación de la historia de los videojuegos mezclada con detalles varios tanto del manga como del anime, en un primer momento siempre tuve en mente apartarme del hilo argumental del anime, por lo que no veréis nunca a Ash, sino a los personajes originales. Y no sólo eso, sino que he realizado un trabajo meticuloso combinando el mundo Pokémon con el real, ya que siempre he pensado que no hay gran diferencia entre el uno y el otro, considerando sobre todo que todas y cada una de las regiones de los juegos principales están basadas en regiones reales de Japón o fuera de Japón. Como ya he dicho ya está escrito desde hace tiempo, aunque ahora estoy realizando un trabajo de revisión, corrección e inclusión de nuevos detalles, aparte de los ya existentes. Por ello, no tardaré mucho en actualizarlo, ya que es trabajo sobre trabajo, aunque si veis que tardo un poco más de la cuenta es que estoy haciendo más retoques. Y, por supuesto, el resto de generaciones también están escritas, concretamente de la primera a la quinta, aunque con la sexta aún no he empezado por motivos argumentales, principalmente. Y eso es todo, espero que os haya gustado, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!
