Capitulo 2

Ron se apareció en el parque de delante del numero 12 de Grimmauld Place. Salió a toda velocidad del parque y cruzó la calle sin mirar a su alrededor, subió los escalones del portal de la casa y llamó a la puerta. A los pocos segundos ésta se abrió y lo recibió el elfo doméstico de Harry, que lo hizo entrar enseguida. Ron se dirigió al salón donde se encontró a sus hijos y a los de Harry jugando a los naipes explosivos.

—¡Papa! ¿Dónde está mamá?— preguntó Rose levantándose del sofá.

—Ahora no, hija, tengo que hablar con Harry. ¿Dónde está?

—Está en el estudio, han llegado algunos miembros de la Orden de Fénix.— le dijo James.

Ron subió a toda velocidad hasta la buhardilla, donde Harry había hecho el cuartel general de la Orden. Entró en la habitación sin aliento y vio que había mucha más gente de la que se esperaba. Estaba Neville Longbottom y su eposa Hanna, Luna Scamander, Dean Thomas, Seamus Finnigan, Ernie McMillian, Lee Jordan y George Weasley, Bill y Fleur Weasley y el viejo Kingsley Shacklebolt.

—¡Ron! ¿Qué ha pasado?— le preguntó Harry que se había levantado de la silla en la que estaba sentado.

—Se han llevado a Hermione, Harry. ¡Se la han llevado!

—¿Qué?

—Ha sido Malfoy, él se la ha llevado. Ese maldito hijo de...

—Cálmate Ron, vamos a encontrar una solución.— le dijo Kingsley.— El Ministerio nos va a ayudar.

—Dudo que lo hagan, el Ministerio no quiere reconocer que Malfoy puede estar detrás de los mortífagos. Además, con Malfoy dentro del ministerio no vamos a conseguir nada.

—Ron tiene razón, —intervino Neville— primero tenemos que saber qué es lo que quiere ese mal nacido, después ya pensaremos en una manera de liberar a Hermione.

—¿Los niños saben algo, Ron?— preguntó Harry.

—Yo no les he dicho nada, no creo que sea conveniente que por ahora lo sepan, mañana van a volver a Hogwarts y no creo que Draco le haya dicho nada a Scorpius, su hijo es ajeno a lo que él está haciendo.

—¿Cómo estas tan seguro?— preguntó Bill.

—Estas Navidades, Scorpius vino a pasar un par de días a casa y estuve haciéndole preguntas sobre su padre, el chico me demostró que no sabe nada de nada. Ese Malfoy es inteligente y muy astuto, sabe llevar el asunto con mucha más discreción que Voldemort.

—¿Estás insinuando que Draco Malfoy quiere llegar a ser tan poderoso como su predecesor?

—No me extrañaría, los Malfoy siempre se han caracterizado por una gran ambición y poder.

—Hay que estar bien atentos a lo que pase a nuestro alrededor. Cualquier comportamiento sospechoso o algún comentario extraño nos puede dar una pista de dónde pueden tener a Hermione. Tened mucho cuidado con lo que hacéis y como diría Ojoloco: ¡Alerta Permanente!— les dijo Harry.— Dentro de cinco días nos volveremos a reunir, pero si averiguáis algo me lo comunicáis enseguida. Podéis marcharos.

Todos fueron abandonando la casa de los Potter, excepto Ron y sus hijos. Harry y él fueron a la casa de Ron a buscar los baúles de la escuela de sus hijos y arreglaron los destrozos que habían provocado los mortífagos. En un momento dado, Harry entró en el cuarto de baño de abajo y se encontró con la toalla manchada de sangre y con la ropa ensangrentada de Ron.

—¡Ron! ¿Te han herido? ¿De quien es oda esa sangre que tiene tu ropa?

—Mía, uno de ellos me ha herido en el costado con una daga.

—Explícame que ha pasado exactamente, Ron.—le pidió Harry.

—Poco antes de marcharme a casa Draco Malfoy ha entrado a mi despacho y me ha dicho que tenía una misión para mí, me mandó a un descampado de las afueras de Londres con la excusa de que allí podía haber un escondite de mortífagos y que tenía que investigar. Al llegar allí, efectivamente había un mortífago, pero el tipo me estaba esperando y me ha aturdido. Cuando me he despertado, estábamos en una especie de sótano y el tipo me estaba apuntando con mi varita. Al cabo de unos minutos ha llegado un patronus y ha dicho que tenia que acudir conmigo en el sitio acordado, el tipo me ha cogido y nos hemos desaparecido hasta el jardín de casa. Allí he visto a Malfoy a cara descubierta que tenía a Hermione atada a su lado, él le ha dicho a Herms que si hacía lo que él le pedía a mí no me pasaría nada y quedaría libre para irme con mis hijos, Hermione al ver que el tipo estaba dispuesto a rebanarme el cuello con una daga ha accedido a lo que él le había pedido y se han marchado de allí, poco antes de marcharse, Draco me ha dicho que recibiría noticias suyas y que tenía que hacer lo que él me pidiese. Cuando se ha marchado con Hermione, el tipo me ha clavado la daga en el costado y me ha dicho que eso era un recordatorio de lo que Malfoy me había dicho.

—Esto no me gusta nada Ron, tengo la sospecha de que te van a tender una trampa.

—Lo que a mí me parece es que Malfoy quiere a Hermione para él, pero no sé exactamente con qué propósito. Te juro que si le pasa algo a ella, lo voy a matar de la manera más dolorosa que se me ocurra.

Los dos amigos sacaron los baúles al jardín y los enviaron a casa de los Potter para luego ellos seguirlos hasta la casa. Al llegar Rose y Hugo se acercaron a su padre y le preguntaron:

—¿Qué ha pasado papá? — le dijo Rose.

—¿Dónde está mamá?— preguntó Hugo.

—Sentaros chicos— les dijo su padre mientras les señalaba el sofá— Como sabéis hemos sido atacados por los mortífagos. Vuestra madre está en peligro y la Orden ha decidido que tiene que permanecer oculta durante un tiempo.

¿Sabes dónde está?— preguntó su hijo pequeño.

—No Hugo, yo no sé dónde está y Harry tampoco lo sabe, solo sabemos que está en un lugar seguro y que por ahora no puede ponerse en contacto con nosotros.

¿Por qué la quieren matar los mortífagos, papá?— preguntó Rose.

—Sabéis que vuestra madre ha redactado la mayoría de las leyes a favor de los hijos de muggles de la Comunidad Mágica y que los mortífagos están en contra de que los muggles entres a formar parte del Mundo Mágico. Por eso la quieren quitar de en medio.

—No es justo.— dijo Hugo, bastante afectado por la noticia.

—Nada es justo en esta vida hijo.— Ron abrazó a su hijo y miró a su hija con cariño— Vamos a quedarnos a dormir aquí, y mañana os acompañaré a la estación.

—¿Sabes papá? Dentro de un mes van a empezar los EXTASIS. —le dijo Rose — Voy a sacar las mejores notas de todo el colegio, para que mamá esté orgullosa de mí cuando regrese.

—Claro hija, es lo mejor que puedes hacer.

—Papá, dentro de dos semanas es el último partido de la temporada y nos dejan invitar a nuestros padres. ¿Vas a venir a verme jugar?

—Por supuesto que sí Hugo, voy a ser uno de los que griten más en las gradas.

En esos momentos Ron pensó en todas las cosas que Hermione se iba a perder de sus hijos. ¿Qué iba a hacer él si ella no regresaba nunca? ¿Qué sería de él? Ron se levantó del sofá y les murmuró algo a sus hijos mientras caminaba hacia la cocina. Al entrar en la pequeña estancia se dio cuenta de que allí estaban su hermana y Harry, sentados a la mesa y hablando con las cabezas muy juntas.

—¿Qué les has dicho?— preguntó su amigo.

—Que la Orden ha escondido a su madre en un lugar seguro y que ni tu ni yo sabemos donde está.

—Será suficiente por ahora.—Harry miró a su mejor amigo y le dijo— La vamos a encontrar, ese maldito Malfoy no va a salirse con la suya.

—Espero que tengas razón, porque no puedo imaginar mi vida sin ella.

—Tienes que ser fuerte Ron, lo tienes que ser por Rose y Hugo, no pueden verte desfallecer, porque de lo contrario se van a dar cuenta de que algo va mal.

—Kingsley me ha dicho que él se encargará de comunicar el incidente al Primer Ministro. Es evidente que la desaparición de alguien de tanta importancia política como es Hermione, no va a pasar desapercibida. La Comunidad Mágica ha de saber que los mortífagos están actuando.

—Y creo que tiene razón. Nadie en su sano juicio va a creer que Hermione está de vacaciones. Los mortífagos han empezado a actuar más descaradamente en estos últimos meses. Ha habido desapariciones y la gente empieza a murmurar. No me extrañaría que a finales de esta semana el Primer Ministro nos llamase a su oficina para que empecemos a poner remedio al asunto.

—Ahora que ha desaparecido Hermione—intervino Ginny—, más que nunca habrá de intervenir el Ministerio. Ha desaparecido un miembro importante de la institución, han de poner fin a todo esto.

Ron no dijo nada, estaba sumergido en sus pensamientos revivía una y otra vez las imágenes vividas esa tarde. Aunque cerrase los ojos veía el rostro asustado de su esposa y la fría mirada de Malfoy. ¿Qué quería de ella? Él ya le había advertido Hermione que no podía meterse en los asuntos de los muggles, que los mortífagos se le echarían encima, y así lo habían hecho. Se la habían llevado y no sabía que le estarían haciendo en esos momentos. ¿Cuánto tiempo había transcurrido? ¿Cinco, seis horas? En ese tiempo ya podría estar muerta o muy mal herida. Ron sacudió la cabeza para quitarse esas ideas de la mente y se levantó de la silla en la que se había sentado.

Caminó alrededor de la mesa, bajo la atenta mirada de Harry. El señor Potter miraba a su mejor amigo preocupado por la misma razón que él: Hermione. Estaba igual que Ron. No sabía por qué se habían llevado a su amiga. Al mismo tiempo su cerebro pensaba la manera de hacer ver al Ministro que era Malfoy el que estaba detrás de los mortífagos. Eso iba a ser una misión imposible. El Ministro tenía en gran estima a Draco. Según él, Draco Malfoy era el claro ejemplo del arrepentimiento. No iba a aceptar que el enemigo estaba dentro del Ministerio. Sebastián Livelly era el sucesor de Cornelius Fudge, precia su clon, la misma mente obtusa que se negaba a aceptar lo evidente, aunque se lo pusiesen delante de las narices.