LOS PERSONAJES DE NARUTO NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE MASASHI KISHIMOTO. LA HISTORIA EN CAMBIO, ES MÍA.

Hola (: traigo acá el primer capítulo de esta historia, intentaré irme con calma y a ver qué sale. Hago un par de aclaraciones sólo para que tengan una mejor idea.

Edades:

Sasuke: 28 años. Naruto - Hinata: 27 años. Boruto: 8 años. Himawari: 6 años.

En el prólogo mencioné que el fic se sitúa un poco antes de la película de Boruto, aquí yo lo marco como principios de Octubre, antes del cumpleaños de Naruto.

Sólo eso.

-1-

PLANES QUE DESTRUYEN

El silencio del lugar era sólo quebrado por las ráfagas de viento, una cortina de nieve caía sobre él borrando casi en segundos las huellas que sus pasos dejaban en el camino. Los ojos negros del Uchiha giraron suavemente y observó de reojo a su espalda… siguió avanzando. Una sensación extraña había venido molestándolo desde hacía unos minutos.

El clima era helado en aquella ya conocida dimensión. Siguió avanzando a pasos firmes a pesar del viento que mecía su cabello y larga capa, y del terreno inclinado que estaba subiendo; una vez que estuvo en la cima de aquel terreno pudo apreciar el castillo que estaba buscando en ese otro mundo.

Todo lucía en calma pero aun así sus sentidos seguían advirtiéndole. Permaneció ahí de pie en medio de árboles nevados y observó inmóvil el castillo que se alzaba sobre una saliente que contaba con una profunda caída a varios metros de uno de sus costados. Debía seguir subiendo y ser lo más cuidadoso posible.

• • •

—Señor— un hombre con vestimenta clásica de guardián entró al enorme espacio central de ese castillo y observó por los cristales casi congelados de los grandes ventanales, luego de inclinarse con rodilla al suelo y hablarle a un pequeño joven de piel pálida y semblante sobrio —. Tenemos compañía— informó con seriedad al volver su vista al joven de ojos blancos que también poseía dos huesos salientes de la parte posterior de su cabeza y se curvaban pareciendo orejas de conejo.

El informado se mantuvo con sus manos tras su espalda y desvió su rostro del recién llegado. No dijo nada.

Un hombre robusto y de aspecto adulto con barba cerrada, que era el único que acompañaba al pequeño que parecía ser un ser supremo, activó su ancestral dōjutsu y se mantuvo pie frente al más pequeño.

—Es cierto, Momoshiki sama. Está a varios kilómetros de aquí— informó con voz ronca y solemne.

Entonces el elegante joven asintió.

—Mátenlo— dijo fría y duramente —. No debemos perder la sorpresa.

El soldado asintió y tras levantarse salió corriendo de ahí.

—Me haré cargo, señor— informó el alto hombre de apariencia fuerte, desactivando su byakugan.

—No. Nosotros nos vamos, tenemos lo que buscábamos— dijo y comenzó a elevarse poco a poco.

El otro que llevó sus manos a los costados de su cuerpo, inclinó su cabeza — Si esa persona está aquí, no es alguien digno de subestimar— debatió.

El pequeño de dos cuernos volteó a verlo con una aparente calma en sus ojos, que el otro tuvo que volver a bajar la mirada justo cuando comenzaba a alzarla —Nos iremos— repitió.

—Sí, señor— aceptó entonces y asintió con la cabeza.

El menor esbozó una sonrisa que pudo helar a cualquiera mientras ambos se elevaban y la realidad se distorsionaba alrededor de ambos.

—Debemos comenzar a cazar— el eco de la voz del que parecía el líder llenó el lugar, a pesar de que ellos habían desaparecido.

• • •

El Uchiha a pesar de la distancia se percató de la ligera distorsión de la realidad en la que estaban. Achicó los ojos un segundo y en ese instante el sonido del aire siendo cortado fue seguido por el temblor del suelo cuando gruesas estacas de madera se encajaron en él, justo sobre las huellas del Uchiha que había desaparecido envuelto por un revoloteo de cuervos a su alrededor, los mismos que desaparecieron al ser alcanzados por las estacas o por haber alzado el vuelo distrayendo a los soldados que llegaban segundos después, al lugar donde sus estacas habían sido lanzadas.

—¡Por allá, no debemos perderlo!— gritó uno de los sujetos señalando a algún punto en medio de un bosque congelado.

La nieve nunca dejó de caer y la misma era alzada por la fuerza de los pasos o saltos de la veintena de soldados que seguían al intruso en esa dimensión.

El frio glacial hacía su trabajo entumiendo el cuerpo de cualquier ser vivo en el lugar, pero el Uchiha no se veía afectado en batalla. Había corrido con el único fin de conocer el número de quienes lo seguían y se detuvo silenciosamente tras el tronco de un árbol. Más de una decena de soldados que habían saltado cayeron ardiendo en llamas negras luego de haber sido visto por aquél ojo rojo del Uchiha.

—¡¿Qué demonios?!— gritó uno volteando atrás y ver los cuerpos ardiendo de las personas que no terminaban de morir —Debe estar atrás, regresen y sean cuidadosos.

—¡Sí, señor!

Conforme se fueron separando, los soldados fueron muriendo. La velocidad del portador del rinnegan era asombrosa, invisible a cualquier ojo; ellos, esos soldados, eran de cualquier forma personas muertas desde el momento que se dejaron manipular y ser llevados a esa dimensión, pero al menos de éstos últimos tuvo compasión y los mató de golpes certeros. Todavía no acababa de caer al suelo su primer víctima, cuando los más de cinco que lo seguían ya habían muerto.

—¿C-c-cómo?— dijo el último hombre en pie que apretaba una espada de manera temblorosa en sus manos. El viento hizo caer la nieve de un árbol cercano y éste giró con brusquedad, asustado —¿Quién es usted?— preguntó viendo en todas direcciones al no tenerlo al alcance visual.

—La pregunta es…— la voz fría y calmada del Uchiha le heló la sangre al soldado, incluso más que el miedo que sintió al percibir el filo de una katana rozándole el cuello, al haber llegado tras él —¿quiénes son aquellos que acaban de irse?

El soldado se puso rígido y observó el filo del frío instrumento mortal que el pelinegro portaba.

—Habla— ordenó.

El soldado de piel morena tragó pesadamente… de cualquier forma ya era un traidor, pensó, ahora sólo pretendía cuidar su vida.

—E-ellos son… ah-ah…— decía cuando de pronto un calor dentro de su garganta comenzó a ahogarlo.

Sasuke dio un paso tras él y lo dejó.

—A-ayu…— quiso hablar el hombre que cayó rodillas al suelo y lo veía con sus ojos muy abiertos al no atreverse a tocar su garganta.

Los ojos negros se achicaron y lo vio comenzar a arrojar una especie de espuma verde por sus labios y caer al nevado suelo. El soldado pareció convulsionar no más de tres segundos y quedó inerte ante él.

—Maldición— mencionó el Uchiha al verlo. Ese tipo de precauciones eran comunes también entre los ninjas, algo de eso le recordó a los actos que Danzo aplicaba a su grupo selecto de anbu's para asegurarse que nadie hablase de él, pero éste, era mucho más letal.

No hizo falta acercarse para saberlo muerto, giró su cuerpo para dirigirse al castillo que siempre fue su objetivo y entonces se percató que un pergamino escapaba de las ropas del caído. Volteó a verlo de reojo y finalmente lo tomó.

O.O.O.O.O

Con un hermoso sol brillando en lo alto, Konoha era cubierta y rodeada por el calor justo para no llegar a molestar. La aldea lucía impresionante a los ojos extraños de los extranjeros que solían rondar las calles, la prosperidad y modernidad los había alcanzado en pocos años. Los pequeños locales comerciales se habían extendido e incluso había un enorme terreno donde la gran mayoría se extendían. El monumento Hokage se alzaba como siempre a la vista de todos ya con siete rostros grabados, bajo él, la torre Hokage se postraba imponente y siempre con civiles o shinobis entrando y saliendo de ahí.

El hospital, la academia y la estación de policías eran otros de los edificios más importantes que la muralla alcanzaba a cubrir. Las pequeñas casas que antes del ataque de Pain había, ahora eran más grandes y la altura de los edificios había crecido.

Los niños seguían corriendo por las calles y jugando entre las áreas verdes, pero a pesar de la siempre presente guardia en las puertas de la aldea, era demasiado común ver a extranjeros adentrarse. El fin de la guerra y la calma entre naciones trajeron con ellas una tenue tranquilidad y por consiguiente y sin planearlo, comenzaron a confiarse y relajar el anterior estado de tensión que había vivido en época hostil.

Un suave viento impidió el vuelo tranquilo de una mariposa que rondaba las orillas de la ciudad, la misma que buscando un poco de paz, descansó sobre una pequeña maceta colocada una de las ventanas de una elegante residencia, pero de pronto un golpe de una puerta cerrándose la hizo volver a volar.

—¡Boruto!— la suave voz de Hinata se escuchó hasta el exterior, al asomarse por la ventana y ver a su hijo salir corriendo —Olvidas algo.

El chico que frenó su loca carrera volteó a verla con su ceño suavemente fruncido.

—Voy a salir de misión mamá, se me hace tarde— dijo al girar su cuerpo y rascarse la cabeza.

La ojiperla de corto cabello azul oscuro le sonrió y el niño se ruborizó.

—Bien, supongo que no es tan tarde— cedió el pequeño al volver tras sus pasos y volver a abrir la puerta resignado.

—Eres tan lindo, onii-chan— dijo sinceramente y con una sonrisa una niña que esperaba sentada en las escaleras de madera.

Boruto sólo le sonrió y su sonrojo fue más notorio cuando su madre llegó hasta ellos.

—Toma, comparte con tus compañeros, ¿está bien?— Hinata le ofreció un bento y el chico lo tomó.

—No tienes que hacer esto, mamá, pero… gracias— dijo seriamente forzándose a sonar desinteresado.

—Que te vaya bien, Boruto— despidió la ojiperla que no podía evitar sonreír orgullosa al verlo.

El rubio asintió y volvió a girarse luego de despedirse de su pequeña hermana que también lo veía orgullosa. Antes de abrir la puerta el pequeño regresó tras sus pasos y dio un fuerte y corto abrazo a su madre, para luego de revolverle el cabello cariñosamente a su hermana, ahora sí partir.

—Onii-chan es raro— mencionó la pequeña que a excepción de las marcas en sus mejillas y sus ojos azules, era idéntica a su madre.

Hinata sonrió al volver a la cocina —Sólo está creciendo Himawari, es normal que le avergüencen algunas cosas— explicó al seguir preparando un nuevo bento de comida.

—Mmm— mencionó la pequeña. En ese instante el timbre de la puerta sonó —. ¡Yo voy!— mencionó y corrió a atender —, debe ser la tía Hanabi.

Hinata salió al pasillo a ver quién era y sonrió al reconocer el porte serio de su hermana deshacerse, al ver a su sobrina.

—Himawari chan, ¿estás lista para entrenar?— preguntó emocionada la castaña al también revolverle el rebelde cabello.

—¡Sí que lo estoy! Sólo subiré por un suéter— informó la emocionada niña y corrió escaleras arriba.

—Hinata, me la llevaré, ¿está bien?— preguntó la que para ese momento ya era la persona que casi se sabía, sería la próxima líder del Clan Hyuuga.

La de corto cabello azulino y ojos también perlados asintió —¿Quieres no ser tan ruda con ella, por favor?— suplicó al llegar al recibidor a su lado.

Hanabi rodó los ojos —Debes dejar de sobreprotegerla, es una Hyuuga y tiene un golpeo impresionante. Esta niña, será una gran miembro del clan digna de liderarlo algún día— soltó orgullosa la castaña al sonreírle.

Hinata negó —No hablemos de esas cosas, sabes que preferiría mantenerlos alejados de todos esos asuntos— pidió al verla a los ojos.

La castaña negó sin entenderla y suspiró —Bien, como tú quieras. Aunque el destino es algo que siempre nos alcanza— dijo sin más y sonrió al ver a la niña bajar.

La peliazul sintió un extraño escalofrío recorrerla con esa sencilla frase que Hanabi soltó.

—También me voy, mamá. Nos vemos más tarde— se despidió la niña que luego de dejarle un beso salió llevándose a su tía con ella.

Hinata se apoyó en la puerta abierta y mordió su labio inquieta al verlas atravesar el jardín frontal y salir de la casa. Suspiró resignada, ese era un mundo shinobi y debía dejar a sus hijos descubrir sus propias convicciones, era obvio que Boruto aspiraba a ser un gran ninja, era un prodigio después de todo; pero Himawari, ella era tan frágil y verla intentar entrar en todo ese mundo luego de descubrirse portadora del Byakugan, la asustaba, no era algo a lo que pronto se acostumbraría como con su hijo mayor, al que incluso había entrenado con su taijutsu.

Cerró los ojos y negó en silencio.

—Deberías comenzar a tranquilizarte— se dijo y cerró la puerta para volver a lo que había estado haciendo desde un inicio.

Más de media hora después y habiendo logrado deshacerse de aquella preocupante sensación, Hinata caminaba con un bolso colgado al hombro y un pequeño bento de comida en las manos. Conforme más se adentraba en la ciudad eran más comunes las sonrisas que le dedicaban y algunas inclinaciones de cabeza en señal de respeto dirigidas a ella, ser la esposa del Hokage y el héroe del mundo era un título que se respetaba y que a ella enorgullecía pero por ser esa persona quien era, no por lo que todos veían de él.

—¡Hinata!— la voz de Ino a su espalda la hizo detenerse —¿De compras?— preguntó al estar a su lado la chica que seguía luciendo espectacular en ese conjunto de falda y pequeña blusa morados.

La peliazul negó despacio con el rostro —No, bueno… algo así— dijo y le mostró la comida que llevaba.

—Oh, ya veo, te esfuerzas por mantener a Naruto bien alimentado, ¿eh?— dijo la chica y le guiñó un ojo haciendo a la otra casi ruborizar. Ino sonrió y la motivó a caminar por esa calle que bullía de personas y locales comerciales.

—Y, ¿vienes de ver a tus padres?— preguntó la peliazul al percatarse que salió de la que era ya una elegante florería, tratando de que la anterior alusión no la inhibiera.

Ino asintió —Sí, aunque sólo puedo estar con ellos un momento, es molesto que a cada instante me pregunten por un segundo nieto— confesó la rubia y resopló cansadamente —. Digo, y aunque la oportunidad no la desaprovechamos Sai y yo, un segundo hijo no es algo que esté en mis planes. ¡Por Dios! Sai es demasiado tranquilo, y eso a veces es desquiciante— alegó la otra —, es como si ya tuviera dos hijos a los cuales decirles qué hacer.

Hinata sólo sonrió y llevó su vista al frente al dejar de verla. Anteriormente aquella íntima confesión le habría sacado un enorme sonrojo, por suerte eso era algo en lo que había cambiado luego del matrimonio, su seguridad al lado de Naruto cobró nueva vida.

—Entonces, ¿ya vas a tu casa?

La Yamanaka asintió —Sí. Aunque antes iré a ver a Temari, necesito que al menos ella me apoye en la idea de entrenar a los niños y transmitirle lo que convierte a la tripleta, en un verdadero InoShikaCho— informó molesta recordando la casi discusión que tuvo con Karui al respecto.

—Creo que tienes razón— terminó por decir la ojiperla —. Ellos deben estar lo mejor preparados posible— le dijo y le sonrió animándola.

Ino le sonrió devuelta y con el ánimo mejorado se despidió al haber llegado a la esquina donde se separarían.

Hinata sonrió y con la mano en alto al despedirla, suspiró. Agradeció enormemente que sus hijos tuvieran vidas distintas, al menos los de Naruto y ella, a la que ellos mismos habían llevado. Ella amaba a su padre, siempre lo haría, pero eso no quitaba el hecho que él la empujó a ese mundo ninja sólo para morir; por eso se forzó a sonreír, Naruto y ella habían procurado instruirlos lo mejor que se pudiera, más a Boruto, pues Hinata aun guardaba esperanzas en que Himawari decidiera llevar una vida normal alejada del peligro.

Caminó segura y se prometió que cuando fuese el momento indicado, ella la dejaría decidir.

O.O.O.O.O

—Llegaron más solicitudes— la voz de Shikamaru irrumpió en la oficina del Hokage y Naruto alzó su rostro con el ceño fruncido y notoriamente cansado a verlo —. Tenemos una carga de trabajo enorme— se quejó el Nara al poner la pila de hojas que cargaba en el escritorio frente al rubio.

Naruto frunció sus labios desganado y apoyó su rostro en su mano. El golpe de un par de libros cayendo al suelo los hizo girar el rostro para sólo ver el pequeño humo blanco que dejó el clon del Hokage al desaparecer. El portador del nueve colas dejó caer su rostro al escritorio al haberse agotado todavía más luego de eso.

—Deberías tomarte un descanso— aconsejó Shikamaru al verlo.

Naruto giró su cabeza en negación —Nunca pensé que esto pudiera ser tan desgastante 'ttebayo— se quejó sin alzar el rostro.

Shikamaru suspiró cansadamente y en silencio lo apoyó, él también algunas veces se preguntaba qué demonios pensaba al haberse declarado su mano derecha.

Unos golpes en la puerta sonaron y Naruto prefirió no escucharlos, el de barba pequeña y coleta alta volteó a verlo de reojo y tras negar en silencio, fue él que dio la orden de entrar.

—¿Interrumpo?— la voz suave de Hinata llenó el lugar. El rubio como impulsado por resortes se puso de pie y rodeó el escritorio para verla entrar.

—Por supuesto que no, 'ttebayo. ¿Has traído comida?

El Nara sonrió —Me pregunto qué te da más gusto ver— soltó mientras le asentía con el rostro a la Hyuuga despidiéndose.

—Oh, traje esto para ti también— le dijo y le entregó un bento un poco más pequeño, recordando que él sí solía permitirse ir a comer con su familia, cosa que Naruto por ser el mayor responsable del lugar, no podía hacer.

—Muchas gracias, Hinata, siempre es un placer— aceptó y sonrió con media sonrisa cansada para luego retirarse, dejando a un Naruto despotricando ofendido por sus palabras, alegando que amaba ver a Hinata por ahí, pero que la comida nunca le caería mal.

La suave y delgada mano de Hinata silenció la voz de su esposo. Naruto volteó a verla y ella le sonrió sin mucho ánimo.

—Luces agotado, tienes unas ojeras muy marcadas. Me preocupas, Naruto— confesó la delgada joven al verlo a los ojos.

El rubio le sonrió con mejor ánimo y la abrazó por la pequeña cintura, la envolvió en sus brazos y ocultó su rostro en el cálido cuello femenino luego de haberse casi sentado en el largo escritorio tras él. Las manos del séptimo Hokage se resbalaron bajo el holgado y pequeño suéter que su esposa vestía y subieron por la curvatura de su espalda, sobre su delgada blusa.

—Siento preocuparte, Hinata— su voz sonó ronca y decepcionada, últimamente estaban pasando muy poco tiempo juntos. La joven peliazul le sonrió comprensivamente pero él no pudo verla, Naruto se limitó a apretarla más contra él y luego, sin pensarlo, le besó el cuello —. Y siento no estar más contigo— añadió y dejó escapar su aliento tibio en el cuello de su esposa.

Los ojos azules buscaron aquellos ojos perlados que solían mostrar un brillo casi lila. Naruto le sonrió débilmente y alzó una de sus manos a su nuca para poco a poco acercar sus labios a los de ella.

Un par de golpes secos se escucharon en la puerta, Hinata se tensó ligeramente por la poca recatada posición en la que estaban y el rubio no la dejó retirarse.

—¿Si?— respondió, la joven Hyuuga se movió buscando apartarse y él le negó en silencio creyendo que Shikamaru le hablaría del otro lado. En ese momento antes de comer, sólo necesitaba besarla, como estaba seguro Hinata también deseaba.

Pero Shikamaru no habló y contrario a eso, la puerta se abrió para de inmediato tener tras ellos la figura alta e imponente de cierto pelinegro viéndolos con un aparente desinterés.

—¿Uh?— Naruto ladeó su rostro y enseguida abrió sus ojos con sorpresa — Teme, ¿qué haces aquí tan pronto, 'ttebayo?— cuestionó el chico que tuvo que quitar sus manos del cuerpo de su esposa, permitiéndole a ésta tomar una distancia prudente.

—Sasuke-kun — saludó Hinata avergonzada e inclinó su rostro para extender un saludo más formal.

El pelinegro sólo asintió en respuesta.

Naruto suspiró cansadamente y se forzó a erguirse en su altura —¿Tienes alguna noticia?— preguntó tomando seriedad.

—Sobre eso necesitaba hablarte— soltó el Uchiha en su característico tono imperturbable.

—Bien, y-yo me retiro— se disculpó la peliazul de beige short y para desilusión del joven Hokage, se marchó sólo dejándoles a ambos una nueva reverencia.

—Intentaré llegar temprano a casa, Hinata— se apresuró el ojiazul a hablar, haciéndola voltear y sonreírle al tiempo de pasar justo al lado del Uchiha que volteó a verla de reojo.

Cuando la puerta se cerró, Naruto volvió a suspirar y ahora caminó a la parte trasera de su escritorio, el lugar permaneció entonces en una ligera tensión.

—No te ves feliz— soltó de pronto el Uchiha haciendo a su amigo sonreír resignado —. ¿Acaso no es lo que soñaste?— añadió en algo que Naruto tomó como un intento de burla.

—Vaya que lo es— aseguró, de ninguna manera se arrepentiría —. Sólo que atender todo el día solicitudes de búsqueda de gatos desaparecidos, cercas por reparar, peticiones de escoltas y todas esas cosas, no es muy motivante— confesó viendo el papeleo que faltaba por revisar. Sus ojos azules viajaron al cuadro grande donde se exhibía el rostro de su padre y los anteriores Hokages, ¿cómo lo lograban? Solía preguntarse seguido.

—Supongo que no es lo mismo a estar en batalla— añadió el otro y Naruto sonrió.

—Qué tiempos aquellos— volvió a mencionar el rubio y en sus ojos el Uchiha pudo apreciar otro tipo de nostalgia, una mucho más cercana.

Se hicieron unos segundos de silencio que el de ojos negros prefirió romper al lanzarle un pergamino sobre el escritorio.

—¿Uh? ¿Qué es?

—Eso quisiera saber— respondió el otro ganándose una mirada seria de parte del rubio —. Lo encontré en la dimensión helada— dijo y vio a los ojos a su rubio amigo —. Había personas ahí.

—¿Qué?

Sasuke asintió y la mirada de Naruto se tornó más seria.

—Eran soldados que alguna vez fueron shinobis— informó.

—¿Cómo lo sabes?

Los ojos azules dejarían de enfocarse en su amigo al ser atraídos por el sonido pesado que hizo una banda protectora en su escritorio, luego de que el de ojos negros la lanzara.

—¿Te das cuenta que algo está muy mal?— preguntó el Uchiha y a pesar de la gravedad del asunto, su voz no lo denotó.

Naruto asintió —Es obvio que estas personas estaban ligadas a alguien con poderes tales, que era capaz de viajar y trasladarlos entre dimensiones— dedujo lo obvio observando el pergamino que extendía en sus manos—. Ahora resta saber, qué tanto peligro nos representan— dijo ahora viendo al Uchiha.

Sasuke sonrió apenas de medio lado —No creo que debamos esperar a que nos representen peligro. Es obvio que lo hacen, estos seres deben de ser similares a Kaguya, sus intenciones deben ser las mismas— advirtió.

Naruto tensó su mandíbula, Sasuke desde hacía tiempo sospechaba de ello, por eso se había marchado en sus continuos viajes —Algo como eso no podemos enfrentarlo solos— reconoció el portador de Kurama y tragó pesadamente un instante después —, pero tampoco podemos dar voz de alerta al mundo shinobi, no sin pruebas contundentes —añadió en voz más baja, reflexionando en aquello que su predecesor le había advertido, la estabilidad de la villa y mayor aun, del mundo, la debían soportar en silencio los grandes kages en situaciones como esa.

—Tienes frente a ti una banda con la insignia de la nube. Ya están infiltrados.

Naruto gruñó impotente sin poder entender —No tiene lógica — dijo viendo la banda que Sasuke le había entregado y el Uchiha asintió.

—Estos seres no tendrían por qué estar trabajando con humanos, lo sé. Aun así…— habló el Uchiha todavía enfundado bajo su capa negra.

—Maldición, y yo atado a esta silla— mencionó el rubio frustrado —. Hablaré con Gaara— dijo como su única opción, pues el protocolo le impediría, como ya había mencionado, dar voz de alerta sin antes conocer bien a qué se enfrentaban —. Por lo pronto entregaré esto a Shikamaru y que él y el equipo de inteligencia se encarguen de descifrarlo— dijo enrollando nuevamente el pergamino, del cual no logró entender nada.

El Uchiha asintió y se dio media vuelta.

—Espera, teme, ¿no quieres comer?—Naruto volvió a relajar un poco su postura.

—No, debo irme.

—¿Te vas? ¿Comerás con Sakura chan? — preguntó y se bofeteó mentalmente un instante después —Quiero decir, ¿estarás con tu hija?

—Pasaré a despedirme de ella— informó sin voltear a verle al momento de abrir la puerta —. Viajaré a la nación del Rayo e intentaré informarme sobre esos shinobis muertos en aquella dimensión.

Naruto asintió y bajó su mirada después, volvió a alzarla imposibilitado de guardarse sus palabras —¿De verdad no hay forma alguna de que ustedes se entiendan?— preguntó con seriedad pensando en aquella chica pelirrosa que solía sonreír triste cuando hablaba del sujeto frente a él, el mismo que le había dado una hija y al que hacía años no veía un día completo.

Sasuke negó en silencio —Nunca debimos siquiera intentarlo.

—¿Qué hay de Sarada? Ella vale intentarlo, ¿no es así?

—Sarada es inteligente— devolvió el Uchiha que pocas veces tocaba esos temas —. Ella misma lo ha aceptado incluso antes que Sakura— informó y Naruto sonrió resignado —. Me voy.

—Mantenme en contacto, ¿quieres?— se rindió Naruto que sentía que en esos temas, poco tenía qué hacer.

—Enviaré algunos halcones— respondió secamente el Uchiha y salió de ahí.

El actual Hokage lo vio partir y antes de volver su atención a las evidencias de un nuevo gran problema, tuvo tiempo de pensar en su amiga de la infancia, en esa pelirrosa que toda la vida había estado esperando por su necio amigo que nunca había pretendido llenar sus expectativas.

Naruto tomó en sus manos ambos objetos y salió de la oficina en busca de Shikamaru. Ya no pretendía pensar que la vida adulta era realmente difícil, eso ya lo tenía más que claro, ahora sólo debían de afrontarla.

O.O.O.O.O

Luego de haber salido de la torre Hokage, Hinata recorrió las calles comerciales llenando la pequeña bolsa que cargaba con lo necesario para preparar la comida. Había decidido ya el menú que les prepararía para comida e incluso la cena, pero antes de dirigirse a su casa, tuvo el impulso de ir a la mansión Hyuuga y ver cómo iba el entrenamiento de Himawari, aprovecharía también para visitar a su padre y a su abuelo, el mismo que por su edad se encontraba postrado en cama.

Guio sus pasos directo a la calle que la llevaría directo a su destino, pero chocó con una apresurada pelirrosa que salía corriendo del edificio departamental donde ahora vivía. La también distraída ojiperla casi pierde el equilibrio pero se mantuvo en pie.

—¡Oh, lo siento, Hinata!— se disculpó la oji jade al sujetarse a ella para ayudarla a no caer y también mantener su propio equilibrio.

—Descuida, Sakura san, fue mi culpa iba distraída— también se disculpó la ojiperla que le sonrió.

La pelirrosa dejó escapar el aliento aliviándose de verla bien y de pie.

—Lo siento, ya voy tarde— excusó sus prisas —, Sarada acaba de salir a misión y yo tengo muchos pendientes con el hospital y además me urge llegar a la oficina del Hokage— explicó mientras daba un par de ligeros golpeas a su bata médica blanca, desarrugándola luego del choque.

La peliazul le sonrió comprensivamente —Supongo que verás a Sasuke kun ahí.

—¿Qué?¿Él está aquí?¿Ahora?— preguntó la otra con notoria sorpresa.

Los ojos perlados se abrieron con sorpresa y asintió suavemente.

La alegría no tardó mucho en iluminar el rostro de la ninja médico —Entonces con mayor razón debo llegar ahí— dijo y le sonrió emocionada —. Nos vemos después, ¿vale, Hinata?

La de pelo corto azulino alzó su mano despidiéndola y asintió a lo último soltado.

Mientras se iba, Sakura tuvo mayor cuidado de no volver a chocar con nadie, observó su bata en su brazo y se debatió internamente sobre si colocársela o no, ella todavía portaba el emblema Uchiha en su espalda y aunque Sasuke no se había molestado al vérselo la primera vez, tampoco era como si él le hubiese pedido usarlo. Negó en silencio y se dio ánimos, eso no importaba, después de todo, ella era la madre de su hija. Optó por saltar por los techos como en antaño y se preguntó si él aceptaría comer a su lado.

O.O.O.O.O

Tras varios minutos andando por el camino de firme tierra, Hinata estuvo por fin frente a las puertas de la mansión donde por años vivió. Las puertas abiertas la recibieron y le extrañó no ver a su hermana e hija entrenando en ese patio delantero.

—Hinata sama, bienvenida— Kô salió a su encuentro al verla.

La joven le sonrió al estar sumamente acostumbrada a su presencia.

—¿Hanabi y Himawari están por aquí?— preguntó al percibir sólo el silencio habitual en la mansión.

El adulto asintió —Hace un segundo se encontraban practicando en el dojo central.

Hinata frunció el ceño —¿Mi padre lo ha autorizado?

Kô asintió formalmente mientras la acompañaba —Últimamente él mismo ha estado presente durante las prácticas— informó —. Aunque ahora se encuentra ausente.

—¿Asuntos del clan?

El Hyuga de la rama secundaria asintió —Fuera de la villa.

Una vez que terminó de guiarla de forma meramente innecesaria pero establecida por el protocolo Hyuuga, Kô se dio media vuelta para retirarse.

—Kô, el abuelo… ¿está disponible?— la suave voz de Hinata lo detuvo antes de que se marchase.

—Me temo que no, Hinata sama. Su estado sólo ha empeorado y su padre dio órdenes estrictas de que no fuese molestado.

—Entiendo.

—Fue un gusto volver a verla— mencionó con un tono más familiar y Hinata le sonrió luego de asegurarle lo mismo. Kô había sido su primer guardián y alguien ajeno a su familia que siempre la quiso, siempre sería alguien digno de su respeto y su cariño aunque su padre lo juzgara mal.

Una vez sola, Hinata no se atrevió a acercarse. Observó de pie, sujeta de uno de los soportes de madera en ese corredor, como su hermana entrenaba a su pequeña hija. Himawari solía tomarse las cosas en serio pero siempre se le escapaban risas a la mitad del entrenamiento y Hanabi no parecía molestarse aunque sí la reprendía por ello. El taijutsu estaba siendo en esta ocasión el motivo del entrenamiento, para su fortuna ninguna tenía activo su byakugan o habría sido ya descubierta; ella tampoco lo utilizó para observar el entrenamiento al considerarlo una falta de respeto a ese lugar.

Sonrió al ver que las cosas iban a un ritmo tranquilo y estar plenamente segura que Hanabi jamás exigiría a su hija como alguna vez su padre les exigió a ellas.

Con un suspiro tranquilo la joven mujer se dio media vuelta para marcharse de ahí. Ahora sí podía decir que estaba exagerando cuando esa mañana tuvo la sensación que algo malo pasaría. Sonrió y salió de ahí, después de todo, no iba a poder ver al hombre que era más respetado en su clan, aun por encima de su padre y líder del lugar.

Con pasos suaves y sin prisa Hinata salió del territorio Hyuuga. El sol comenzaba a alzarse alto en el cielo y casi sintió la necesidad de quitarse su pequeño suéter, pero para su desgracia todavía habían ciertos atributos femeninos que la avergonzaban por lo vistosos que resultaban, así que prefirió ignorar esa sensación.

La calle por la cual andaba era una de las más alejadas del centro de la villa y por ello, de las menos transitadas. Apresuró su camino temiendo que por su innecesaria visita a la mansión hubiese perdido tiempo.

—Aunque lo más seguro es que Boruto no tenga tiempo de ir a comer— meditó para ella misma —, Himawari seguro come con Hanabi y Naruto…— se añadió y sonrió resignada —, bueno, aun así.

Los ahora casi presurosos pasos de la Hyuuga se detendrían al ver a lo lejos, justo en la esquina siguiente por la que transitaba, a Sakura caminar detrás de Sasuke. Sus ojos se abrieron por la sorpresa de encontrarlos por ese sector y sonrió al verlos detenerse, de pronto vio a la chica de pantaloncillo semi largo blanco y camisa roja intentar acercarse y detenerse un segundo después; el alto pelinegro había ladeado su rostro hablándole y ella dejó de verlo para bajar la mirada al suelo, justo en ese instante Hinata desaceleró sus pasos incómoda por su presencia en el lugar.

Algo en esa escena le supo mal. Sintió pena por la situación que ellos dos estaban viviendo e internamente agradeció que su familia fuese feliz aunque estuvieran pasando por cierto declive emocional.

Los ojos perlas se alzaron otra vez a la pareja al continuar avanzando. No estuvo segura de lo que el Uchiha hubiese dicho, sólo vio a la oji jade rodear al chico, colocarse frente a él y forzar una sonrisa amable para luego de inclinar su rostro, prácticamente salir corriendo de ahí.

Ella estaba a punto de llegar a la esquina cuando Sasuke giró su cuerpo dispuesto a seguir avanzando, él volteó a verla con desinterés y ella ladeó el rostro casi intimidada por su presencia; ésta vez ella no pudo saludar siquiera, al sentir que había estado observando un momento difícil de una pareja y él no era la persona más sociable, así que tampoco habló.

Él avanzó y pasó a su lado, no supo si fue su altura, lo serio de su rostro o su capa rozando su mano luego de ser mecida por una pequeña corriente de aire, pero el simple hecho de pasar a su lado la estremeció. Sasuke siempre la pondría nerviosa, aunque él apenas la mirara, se sentía tal vez juzgada en su debilidad o algo así, creía tontamente. Aun así, no contuvo el impulso de voltear atrás a verlo, él avanzaba y a juzgar por su dirección, seguro se dirigía a los viejos terrenos Uchiha, los mismos que habían sido reconstruidos tal cual luego del ataque de Pain por orden de la quinta Hokage.

La ojiperla negó suavemente al volver su vista al frente. Ella no era nadie para juzgarlo y no lo haría. En esa ocasión no imaginaba siquiera lo retorcido del destino que amenazaba con ponerlos frente a frente, muy, muy pronto.

Continuará…


Bien, pues hasta aquí dejo el primer capítulo que me sirve sólo para sentar la historia y si algo no se entendió en la introducción, pues espero que se haya aclarado un poco aquí.

Como pudieron notar, sólo hice un pequeño cambio en el rumbo de las cosas, los villanos seguirán siendo los del Boruto pero con planes ligeramente distintos.

Voy a cargar capítulos como este, pequeños, si los comparo con la longitud que tienen los otros, pero es sólo para intentar ser constante con todos los fics.

Agradezco el apoyo y votos de confianza ñ.ñ

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Muchas gracias por sus comentarios. Nos seguimos leyendo (:

Besos, Aidé.