Fire Meet Gasoline

Una noche, salir a bailar, ir a tomar un par de copas con mis amigas de toda la vida, la que conocían cada una de mis caras y mis expresiones, una salida nocturna en una ciudad que era tan inmensa que llegaba a agobiarme y el vestido que tenía delante mío estirado sobre la cama, no ayudaba a calmar el estado de nervios que azotaba mi cuerpo en aquel momento

Porque 6 años de noviazgo y un sinfín de eventos sociales a los que me había acostumbrado a ir con Jesse, me dejaban fuera de juego para lo que aquella noche tenía preparada para mí, una simple chica dedicada a los números, una simple muchacha de 26 años que la última vez que se había ido de fiesta tenía 18 años, con las mismas mujeres que en ese preciso momento se miraban con detenimiento frente al espejo.

Dos diosas, avasallantes, capaces de conquistar al mundo si se lo propusieran.

Y yo a un costado en ropa interior mirando el vestido.

Kitty se miraba al espejo como buscándose alguna imperfección que por supuesto no existía. Ella era exquisitamente hermosa, de piel blanca, grandes y expresivos ojos verdes, su pelo demasiado ordenado caía libre y liso por su espalda, que en ese momento con el vestido que había elegido se encontraba por completo a la vista.

Jennifer miraba que zapato ponerse, cuando en realidad todas sabíamos que se pondría los tacones más altos y que su pelo que estaba suelto terminaría en un moño todo desordenado al igual que su vestido negro. Mientras yo miraba con detenimiento el sugerente vestido rojo que Kitty me había obligado a comprar. Rojo puta había canturreado victoriosa. Si no fuera porque realmente podía alardear con el puesto no lo hubiese comprado. Era corto, ceñido hasta el esternón y escotado, todo lo que cualquier hombre estaría buscando y esperando.

-Creo que es demasiado- susurré dándole una nueva vuelta al vestido. Kitty se giró visiblemente irritada y Jenn simplemente rodó sus ojos.

-Rachel te meterás en ese vestido a la cuenta de tres y se terminó- ella levanto su mano a la altura de mi rostro y pronunció – uno…- odiaba su determinación, finalmente lo hice, me metí en el como si nada y en una respiración el diminuto vestido quedo agarrado a cada parte de mi cuerpo, las pocas partes que cubría. Acentuaba mi cintura y mi pequeño trasero. Lo que hizo que Jenn silbe cual camionero que no ve una mujer en meses y Kitty aplaudió contenta de haberse deshecho de la Rachel de Boston por una noche.

-Entonces este es el plan- empezó a decir Jenn dentro de la limusina que Weston tan amablemente nos había enviado. – bailaremos como posesas y nos emborracharemos como adolescentes- Kitty sonreía y aunque yo también lo hacía, no pude evitar pensar en la última vez que me había emborrachado.

-Cálmate Rachel, nosotras cuidaremos de ti, aparte… tenemos chofer- grito frenética Jennifer, ella siempre tan adolescente.

Claro que había salido en el pasado, pero… ¿un club? ¿En Nueva York? ¿Con Dj? Si hubiese sido religiosa estaría por siempre condenada a los infiernos más calientes por toda la eternidad.

El lugar nuevo de moda de Tribeca, un club lleno de personas que bailaban sin cuidado, sin coordinación alguna y no es porque yo precisamente fuera la mejor bailarina, pero de inmediato me percate de algo.

No había que saber bailar, solo tenía que dejar que el alcohol fluyera por tu cuerpo para liberarte y que la música junto con aquellas luces de colores, el humo propio de esos odiosos aparatos, te envolviera para bailar de la misma forma o tal vez peor y sin sentirte mal por eso.

Y aquel acto no tardó en llegar, tal vez fueron 30 minutos o un poco más no lo sé, pero Jenn se había hecho con varios tragos de diferentes colores que nos había insistido en probar, así que casi una hora más tarde estaba medianamente borracha bailando como nunca lo hice en el pasado, con el sudor pegado a mi frente y mis pechos, con el vestido subiéndose descaradamente por mis muslos.

Y si todo se sentía tan liberador en esos momentos y Jesse tan lejano, como si esos 6 años que conscientemente mal gaste en esa relación no pesaran para nada.

-Rachel te toca ir por una nueva ronda de penétrame- eso era tal vez lo más vergonzoso ¿quién le pone nombres sexuales a los tragos? – Vamos niña hazte mujer- grito Kitty con sus mejillas sonrojadas del agobiante calor.

No contesté siquiera, di media vuelta para ir en busca de los benditos tragos y terminar de emborracharme como se debe emborrachar una mujer de 26 años. "Nueva ciudad, nueva Rachel Berry" canturree caminando directo a la barra que estaba atestada de gente, haciéndome sentir insignificante y pequeña, a pesar de los 10 cm que me había añadido gracias a mis tacones. Llegar a la barra fue como una competencia en una pista de obstáculos, pero de cuerpos sudorosos, de luces estrambóticas que dificultaban mi estabilidad por no echarle la culpa a la cantidad de bebidas que habíamos ingerido para ese entonces.

Cuando pude llegar a la barra todo era música y conversaciones mezcladas, junto con luces de colores y a punto estuve de pedir los benditos tragos, cuando de repente sentí que alguien se pegaba a mi espalda. Giré de inmediato porque la cercanía era demasiada y me encontré con la piel expuesta de un escote bien pronunciado y por supuesto que sugerente, pero de una manera delicada, eso fue lo primero que mis ojos vieron.

-Pequeña… Tom odia los tragos… girly- espeto ladeando su labio a un costado y cuando mis ojos subieron por sus delicados rasgos quede prendada a la profundidad de sus ojos casi marrones, no tanto como los míos.

-Penétrame no es tan girly- murmure entre dientes girándome de inmediato, si seguía mirándola podría acusarme de acosarla con solo mirarla. La barra seguía siendo un gran obstáculo para poder llegar a obtener la atención del condenado Tom.

-Déjame hacértelo… fácil- susurró a mi oído y no pude evitar estremecerme por completo, había sonado tan provocativa, entonces ella totalmente extraña para mí, levanto su vaso vacío captando de inmediato la atención del tal Tom- Tres dedos Tom- ella me dio esta mirada que no supe describir en el momento, un tanto revoltosa y otro tanto arrogante, igualmente agradecía estar agarrada a la barra si no mis rodillas me hubiesen traicionado por completo, sobre todo cuando su perfume llegó a mí mareándome por la dulzura -y lo que la pequeña quiera - su pecho estaba por completo pegado a mi espalda, permitiendo de esa forma que pudiera sentir la calidez de su piel.

Mire a Tom casi nerviosa y como pude balbucee – tres penétrame por favor.

-Mmm tres penétrame y tres dedos… interesante- su voz chocando directamente en mi oído hacía que la música que se suponía nos envolvía desapareciera. Me gire nuevamente para enfrentarla, error. Su boca estaba tan cerca de la mía, que si no fuera porque era más alta que yo, con una simple inclinación si hubiese querido podría haberme besado.

Jesús! Salvaje Nueva York.

-Me gusta el rojo en tu piel- se adelantó a lo que fuera a decir, desbaratándome, ella estaba coqueteándome abierta y descaradamente -Pero creo que sin tanto rojo me gustaría aún más- sus ojos me recorrieron por completo y no pude hacer más que sonrojarme y agradecer por la escasa luminosidad del lugar.

-¿No crees que tres dedos son demasiado para una dama?- reproché, pero por su expresión supe que ella lo tomo de una manera muy distinta a un reproche.

-Bueno… si quieres pueden ser dos- ella delineo el hueso de mi clavícula con dos dedos sorprendentemente suaves como la seda – te he visto bailar…- pero la suerte estaba de mi lado porque en ese momento Tom llegaba con los tragos y una vez en mi poder hice el intento de pagarlos pero la extraña a mi lado me detuvo con una mano en mi hombro.

-Invitación de bienvenida- susurro a la altura de mi oído, pero se escuchó tan fuerte que cada fibra de mi cuerpo vibro.

-Hasta luego extraña- espeté girándome para volver con mis amigas, sin embargo no se quedó allí y la sentí moverse por detrás mío hasta que anclo su mano en mi cintura, con una seguridad que me quedé quieta esperando por su reacción.

-Te estaré mirando pequeña- sus labios rozaron mi oreja e inconscientemente mordí mi labio y seguí mi camino hacia mis amigas con un calor renovado y completamente nuevo recorriendo mi cuerpo.

¿Qué demonios había sido eso? Tontear de esa forma con una mujer, en serio Nueva York era por completo salvaje y hacía de mí una persona totalmente diferente.

Llegué al corazón de la pista de baile donde mis amigas de por demás sacadas agarraron las bebidas, se miraron y gritaron "fondo blanco", inevitablemente y a pesar de que el vodka junto con ese colorante azul quemara por mi garganta las seguí solemnemente. Entonces el alcohol llegó como la expansión de una bomba a cada centímetro de mi cerebro y la música junto con las luces revolotearon a mi alrededor haciendo que mi yo perdiera su control absoluto.

O el poco que quedaba de él.

La música se había apoderado de mí al punto que mi vestido se había subido a medio muslo y ni siquiera me importaba, mucho menos cuando en la oscuridad vi sus ojos devorándome y mi imaginación se perdió en la estratosfera de su mirar, la imagine a ella devorándome por completo, como quisiera, como se le antojara . Ahí estaban sus ojos expectantes, deleitándose con cada movimiento insinuante de mis caderas, si quería ver que lo hiciera y con gusto, así que lleve mis manos a mi pelo levantándolo, dejando de ese modo mis hombros descubiertos, di media vuelta para que su visión se recreara ahora con la parte trasera de mi cuerpo, incluso sin verla podía sentir su mirada clavada en mí, sabía que lo hacía y me encantaba, el detalle estuvo en que no era solo ella la que me miraba.

-Caramba Rachel has juntado público- grito kitty en mi oído, cuando me di cuenta a nuestra alrededor había mínimo 10 hombres mirándome con una mirada de puro deseo. Mis mejillas y ciertamente todo mi cuerpo ardía del calor por culpa de aquellas miradas tan fuertes, pero probablemente ardían de saber que ella, extraña, también había estado mirando y si estado porque fue echar un vistazo detrás de la "manada" masculina hacia donde previamente se encontraba ella y no encontrarla.

-Voy al baño- balbucee y me escape hacia las escaleras donde el sonido no llegaba tanto y donde mi mente podía bajar el ritmo vertiginoso en el que se encontraba. Empuje la puerta del baño y choque literalmente con un pecho. El pecho de la extraña… lo supe por su perfume, dulce como una mañana de primavera.

-Pequeña, bailarina, provocadora – tres adjetivos susurrados de forma tan sensual que formaban una extraña oración tan excitante que mis palabras se escaparon por completo de mis labios.

-Me estabas mirando- atine a decir levantando la mirada y entonces con la luz adecuada me di cuenta que sus ojos eran más bien verdes y que sus labios eran encantadores.

Y esos pensamientos que deberían haberme alarmado, solo hicieron que el calor corporal subiera a un ritmo presuroso. Estaba segura que era producto del alcohol, de ese inconsciente que me pedía a gritos liberarme, que me exigía que por una vez pensara en mí y disfrutara sin pensar en posibles consecuencias.

-Mejor dicho… recreaba la vista- replico acariciando mi cintura – no veo que no te haya gustado- y no lo hacía pensé – Pero…

-¿Pero?- pregunte invitando a que continuara, ¿qué demonios tenía esta mujer? había algo en su seguridad, en la manera que tenía para hacer de esa situación algo normal, como si estuviera acostumbrada a que desconocidas me abordaran de esa manera.

-¿Lo hacías para mí?- pregunto lamiendo lentamente su labio inferior, captando mi atención de manera inmediata y me perdí por un micro segundo en esos labios rosas que parecían tentarme más a cada segundo.

-¿No crees que es demasiado pretencioso de tu parte pensar eso?- la cercanía de su cuerpo con el mío me estaba mareando al punto de necesitar apoyarme en la pared más cercana, error número dos.

-Ciertamente… ¿pero lo hacías?- volvió a insistir arrinconándome contra la puerta y la pared.

-Alguien puede entrar- musite sin perder ni un atisbo de su mirada.

-Me gusta tu piel aquí- dijo sin prestar atención, porque parecía no escuchar todo lo que yo decía, o sencillamente ignoraba lo que no le interesaba, llevo su mano a esa parte de mi cuerpo que en apariencia le gustaba, resulto ser una parte entre mi cuello y mi hombro, entonces en su atrevimiento se animó a dejar un beso húmedo que me hizo estremecer. – me pregunto…- susurró en mi oído y se quedó en silencio, pero sus dedos subieron por mis muslos lentamente – ¿estarás mojada en estos momentos?

Madre santísima!

Pegue un respingo cuando sentí unos de sus dedos llegar a mi ropa interior. Hasta ese momento no me había dado cuenta de lo excitada que estaba, mi mente había bloqueado lo que mi cuerpo estaba manifestando, mi ropa interior estaba en efecto húmeda, yo estaba excitada de estar siendo acosada por esta extraña en el baño de un club de Nueva York a sabiendas que cualquier persona podría entrar y vernos en esa situación. Ella suspiro con fuerza y clavo sus ojos en los míos.

-Ven a mi casa- esas palabras llegaron a mi cerebro como hielo y no pude evitar tensarme- o bueno a mi coche- agregó sin cesar en sus toques y mucho menos cesaron sus besos, besos pocos inocentes en mi cuello y hombro. ¿Qué era lo que estaba haciendo? ¿qué demonios tenia esta mujer? con la mano localice el picaporte de la puerta y con un paso maestro escape al estrecho y oscuro pasillo, estaba claro que ella no iba quedarse atrás solo viéndome huir como una adolescente.

Y no lo hizo.

- Pequeña no huyas, tú sabes que lo deseas- su mano se anclo nuevamente a mi cintura tirando de mi hasta que nuevamente era su pecho el que estaba pegado a mi espalda y su boca en mi oído.

-¿Por qué la gente de Nueva York es tan descarada?- reproché todavía tensa al estar en esa situación, no era mucho más alta que yo, sin embargo, su altura acaso no podía ser más perfecta? Su boca llegaba a la altura de mi oído fácilmente, pudiendo de esa manera envenenar todos mis sentidos.

-Pero yo no soy de Nueva York, así como tú no lo eres- aseguro y pude sentir la punta de su lengua en el contorno de mi oreja.

- No pienso ir a tú casa, ni mucho menos a tú coche- afirme, entonces ella presiono mi cadera con decisión y suspiro resignada.

-Dime tu nombre- pidió con la voz cargada de deseo.

-Nada de nombres- respondí girándome, rindiéndome a sus deseos.

- ¿Y cómo me llamaras cuando te haga acabar como loca?- ¿Acaso eso importaba?

-¿Te crees tan buena?- provoqué y ella tiro de mi brazo arrastrándome con el rostro algo contrariado y cuando me di cuenta estábamos al final del pasillo de espaldas a un vidrio que daba justo a la pista de baile, pero ahí donde estábamos estaba todo oscuro como la noche misma. No obstante, cualquiera podría vernos y eso sin duda lo hacía más excitante.

-Podríamos ir a mi casa y disfrutar… te lo aseguro, del mejor orgasmo de tu vida, pero prefieres una pared- musito acariciando mis piernas y si ella me tenía como quería, con sus dedos que habían escalado tanto que estaban bajando mi ropa interior, mientras mis ojos no paraban de perderse en los de ella, en la seguridad que emanaban.

-Calla- agarre su rostro y la bese envalentonada por un deseo que jamás había sentido antes, un deseo que quemaba por dentro y por fuera donde ella pasaba con delicadeza sus dedos… whisky… pero era todo tan dulce en sus labios, increíble sabiendo que estaba a punto de tener relaciones con una desconocida en un club lleno de gente borracha y sudorosa. Y lo sorprendente no era eso, si no que su boca se acoplaba de manera perfecta a la mía, como si lleváramos haciendo eso desde siempre, con una sincronización que me dejo sin aliento y que no tarde en hacer saber con un gemido sobre sus labios, un gemido que surgió de lo más adentro de mis entrañas.

-Procura agarrarte- espeto entre mis labios, subió mi vestido hasta arriba de mis muslos deslizando sus suaves pero abrasivas manos por mis piernas, mis bragas estarían por el piso para esos momentos y yo ni cuenta en que momento me las había quitado.

¿Cuándo me habían tocado así? Por dios si Jesse se dedicaba a jadear encima de mí y procurarse de llegar él.

-Entonces tres dedos son demasiados para una dama ¿verdad?- rumio mordiendo el lóbulo de mi oreja, mierda estaba tan mojada que no me importaría la cantidad – vamos de a poco mejor- agrego segundos después.

Sentí como asaltaba mi clítoris y a pesar de lo mojada que estaba, ella jugaba conmigo, mientras paseaba las puntas de sus dedos por mi mojada entrada, como deliberando… finalmente lo hizo solo con dos dedos pero el toque delirante a mi clítoris no disminuyó, estaba aquí y allá moviéndose con precisión.

-Demonios- se quejó mordiendo mi hombro y apretando más mi cadera – eres tan estrecha – gruño y sentí como iba haciendo cada vez más fuerza con su brazo para no disminuir la manera en que entraba y salía de mí.

Sentía mi cuerpo temblar entorno a su mano y la sorpresa me invadió por completo ¿acaso me había convertido en una adolescente precoz? Pero es que era mortalmente efectiva o tal vez eran mis ganas de sentir un orgasmo así de arrollador. Quería alargar cada una de esas sensaciones que me estaba regalando, así que acomode mi pierna en torno a su cadera, para que hiciera menos fuerza y para que yo pudiera alargar más las delicias que estaba haciendo conmigo.

-Dios- jadee apretándola a mi cuerpo- más… por favor- pedí en un balbuceo, estaba al punto del climax.

-Estás tan mojada… seguro y eres una delicia- entonces sentí un dedo más y no necesite nada más que eso para estallar en cientos de pedazos, la mordí en el hombro evitando que un gemido estridente saliera de mi boca y fue tan fuerte mi mordida que la sentí quejarse, aunque levemente, volvió a besarme pasando su lengua por mi labio inferior. Recibiendo mi aliento entre cortado por el orgasmo que seguía pasando por cada fibra de mi cuerpo. Temblaba literalmente aun estando agarrada a su cuerpo temiendo por no caer al piso deshecha por culpa ¿del qué? Del mejor orgasmo que alguna vez había sentido y en menos de 20 minutos con una completa extraña.

Mi respiración era un desastre al igual que mi vestido, no obstante, cuando me di cuenta ella estaba arreglando mi ropa con delicadeza, nada que ver con la actitud que había mostrado hacia escasos segundos.

-Ahora me darás tú número- exigió con ese tono tan particular de voz, era cargada pero no de deseo.

-No extraña, nada de nombres, ni números- me gire cuando toda mi ropa estuvo en su sitio, salvo mis bragas y la dejé ahí en la oscuridad del pasillo con el rostro perplejo. Dios mío y santo Nueva York, había tenido sexo con una desconocida y ni siquiera gracias por el glorioso orgasmo le dije.

Desvergonzada Rachel Berry.

Al llegar a la pista Kitty se tiró a mis brazos, su estado de embriaguez era tal que no podría describirlo, era una mezcla no grata de viejo alcohólico y chiquillo que se emborracha por primera vez y mientras yo trataba de sostenerla, Jennifer bailaba como una stripper de bar barato en una mesa rodeada de hombres. Definitivamente era hora de irnos.

Tiré del brazo de Jenn y a pesar de las miradas asesinas que recibí pudimos salir airosas del club, bueno dentro de todo airosas, por lo menos estábamos sanas y salvas. Una vez dentro de la limosina Jennifer grito. – Eres condenadamente sexy Rachel Berry- Kitty carcajeo apoyando su cabeza en mi hombro, a la vez que mi mente volaba hacia la extraña que en minutos había hecho de mi un volcán, incluso ahora que estaba dentro de todo tranquila todavía podía sentir mi sexo húmedo y latente libre de ropa interior, porque claramente no me di el tiempo de buscarlas. Tremendo comienzo de vida Rachel, maldita Nueva York salvaje.

Y esa fue la bienvenida, lo que sucedería a continuación sería una cantidad de eventos llenos de casualidad, que me llevarían a tomar una decisión que nunca imagine que sería capaz de tomar.

La primera había sido abandonar mi rutinaria y cómoda vida en Boston, para empezar de cero en una ciudad que ofrecía una versión de mi misma que desconocía hasta ese momento.

La segunda decisión sería aún más radical que la primera, pero con más quebraderos de cabeza que la primera y eso ya era mucho decir.


Gracias por estar ahí, me hicieron el día.

Buena semana!

Próxima actualización el Lunes 8 #SkinnyLoveFic