IMPORTANTE:

No es que no haya querido subir pero mi compu ha sido atacada por un virus y al mandar a componerla, me dijeron que podían salvar los archivos pero que demoraría un poco más. Al cabo de 2 semanas, tenía mi compu de vuelta… pero los archivos, aunque si estaban todos, estaban incompletos ¿Me explico? Mis documentos solo tenía una pequeña parte de lo que eran y lo más reciente que había hecho, como el cap 2 y 3, estaban como de 1000 palabras. Luego de superar esa depresión, me puse a escribir y fue difícil recrear todo e igualarme en las tareas escolares. En fin…

GRACIAS POR ESPERAR… los pocos que han leído

Inuyasha no es de mi propiedad sino de Rumiko Takahashi, yo solo imagino sandeces…

Cambio

Capítulo 2: Represión

Miroku…

Abrí los ojos casi inmediatamente cuando oí la puerta de mi habitación abrirse. Jadeo y, con la discreción de un cazador, me paro dela tina y tomo mi bata del perchero dorado. Tragué con fuerza y salí del agua, me sequé los pies a medias y me arrimé a la puerta del baño. Llevé mi cabeza a la puerta e intenté concentrarme en el sonido exterior.

Un chirrido de la madera de mi habitación…

Pasos seguros…

Algo cayéndose y destrozándose en el suelo… ¡Mi cuadro! (N/A)1

No me importa si un maldito Oni de 3 metros me esperaba fuera del baño… Nadie se mete con mis cosas. Agarré el pomo de la puerta y la gire despacio. La luz está prendida y el pequeño espacio entre mi cuarto y el baño hace que un miedo crezca dentro de mí. Con cuidado y, silenciosa, abro la puerta del cuarto de Sota. Esta desarreglado y con juegos de video fuera de sus cajas. Tomo lo que necesito: un bate de béisbol de madera que está junto a la puerta. Me siento como un ninja cuando voy a la puerta de mi cuarto y abro de golpe la puerta con el pie descalzo.

Alzo el bate y mis brazos se quedan en posición vertical mientras Inuyasha me agarra de estos y los pega contra la pared. Dejo salir un suspiro de puro alivio, pero este se va en un segundo cuando noto como estoy vestida: la bata que está mal amarrada y que se está soltando. Luego de unos segundo, la bata se abre y deja ver el especio entre mis senos y…. ¡el chupón!

-¡Suéltame! – Mis manos suelta el bate y con todo el aliento que me queda…

-Abajo.

Sus manos me sueltan a tiempo para que él sea el único que se estrelle contra el suelo y yo me cubro el chupón con las manos temblando pero ahora me anudo la cinta con fuerza. Trago duro y voy a tomar una toalla del baño y me la pongo en los hombros. Cuando vuelvo, Inuyasha está sentado en la cama en pose india y me mira… con los ojos fríos, estos me sacuden las entrañas.

-Te… te traje esto – Inuyasha estira la mano y se busca en la manga del haori algo, al encontrarlo lo estira. Una pequeña exclamación muere en mi boca cuando su mano me ofrece la flecha que perdí.

Ok…ok. Todo va a estar bien. Finge no saber nada, me dije. Soy una tramposa.

-Gracias – Él asintió y escondió las manos en las mangas de su traje.

Yo le miré. Sin alguna explicación, mis ojos se empañaron porque no quería dejarlo, porque amo a Inuyasha y lo quiero a mi lado y no sé qué es lo que amo de Miroku porque ahora, justo ahora, Inuyasha sigue siendo parte de mí y siento como si yo lo estuviera apartando. Me giro y salgo del cuarto. Me meto al baño y descubro que el agua ya no está tan caliente como antes. Me siento vacía y descubro que ya no tengo la astucia que tenía hace unas horas.

La puerta del baño se abre, es Inuyasha pero no es Mi Inuyasha. Avanza por la fría baldosa del suelo y me toma del codo con fuerza, yo gimo y me levanto cuando él tira de mí hasta llevarme al cuarto. Ya en este, Inuyasha cierra la puerta y me deja en medio de mí la habitación. De repente el cuadro del árbol es interesante.

-¡¿Tu lo rompiste?!- Es mejor que hable yo antes de él.

-Necesitamos hablar – Yo siento que las rodillas me tiemblan y el corazón me late con miedo… de Inuyasha

-Pensé que estabas con… Kikyo – Por alguna razón, pronunciar su nombre me cuesta unos momentos.

-Ya no – Pienso que su comentario viene con segunda pero no puedo responderle -. No vine a hablar de ella.

Tengo miedo. Estoy de verdad aterrada y no puedo dejar de temblar. Inuyasha mira al suelo y se quita su haori y lo estira para acercarse a mí y ponérmelo, y yo no quiero que se aparte. Lo tomo de la camisa y como si pudiera entenderme, él se queda justo donde está: a unos centímetros de mí. No se inmuta, me lo pone sobre los hombros y desliza sus manos al borde de mi albornoz y lo abre lentamente. El haori cae junto con la toalla. Su acción no tiene morbo alguno porque su mirada es casi de ira pero es mitad timidez. Me dejo que él lo aparte para que deje la evidencia y, callado, se inca y pone los brazos envolviendo mis muslos y me carga para que mi pecho quede en su rostro. Me agarro de sus hombros para evitar caer y el hunde la cara entre mis senos.

Mi razón se va lentamente cuando recuerdo:

Solo amigos…

Pero Inuyasha no es así…y yo tampoco soy así.

Inuyasha me deja en la cama y yo revoto mientras las puntas de mi cabello están húmedas y me caen en el rostro ligeramente. Inuyasha está a horcajadas sobre mí pero no puedo articular palabra mientras sus manos cubren mi desnudez con el albornoz.

-Hueles a Miroku – Su voz es indignada. No puedo fingir que no me afecta. Estoy en un shock repentino. Inuyasha se levanta y abre la ventana que da un fuerte golpe con la de al lado y luego de dirigirme la más lastimera de las miradas, se va.

Estoy temblando y de repente me abruma el significado de sus palabras: Inuyasha sobreprotector y Miroku turbado, no me parece una buena combinación. Me paro y casi a tropezones, voy a los cajones de la cómoda y tomo unos vaqueros oscuros y una camiseta blanca y saco del armario una gruesa chompa gris. Me visto rápidamente sin ponerme ropa interior y tomo el arco y las flechas para irme pitando al pozo. Corrí directo a la pagoda y me metí al pozo, sintiendo el frasco de fragmentos en mi bolsillo, brillar de forma cálida. La intensa luz me cegó y pequeños destellos me rodearon y me transportaron al Sengoku.

Respiro el aire puro y corro hacia el norte para que, en unos minutos, divisara la aldea y al entrar a ella, pasé de todos los aldeanos y fui a la cabaña de la anciana Kaede. Al abrir la cortina, vi solo la oscuridad del inexistente fuego. Entonces, escuché fuerte ruido que provenía del interior del bosque. Troté para luego correr. Las ramas me azotan el rostro y mis oídos se tapan por el viento congelado. Respiré agitadamente y me puse las manos en las rodillas para retomar la carrera cuando me sentí mejor. Entonces vi como Inuyasha alzaba las manos, preparando un ataque a Miroku que tomaba el rosario entre sus dedos y se prepara para descubrir el agujero negro.

Mis ojos se abrieron como platos y mi corazón se detuvo. Inuyasha profirió un sonido fantasmal y Miroku estiró el brazo mientras las cuentas del rosario se mueven.

-¡No!- Mi voz no podía ser más alta. Fue una mezcla de terror y desesperación.

No podía ver como mis amigos se destazaban entre sí, por mi culpa.

Desperté cuando el agua de agradable aroma entra en mi nariz. Tozo con fuerza y me agarro de los bordes de la bañera para impulsarme fuera del agua que está tibia. Miro a los lados, confundida, hubiera jurado que hace no más de unos minutos, estaba en el Sengoku. Me levanto y salgo del agua, secándome a medias y voy corriendo a mi cuarto para ponerme el sujetador y las bragas de diferentes colores. No necesitaba combinar prendas. Saqué el pijama del cajón, esta es una de las de invierno, de mangas largas y todo el cálido y de color verde claro.

Me desenredé el cabello y lo agité para que se secara levemente. Preparo la cama y me acuesto bajo las cálidas sábanas y descubro que tengo mucho frío. Me levanto y voy al armario para sacar un cubrecama. Me devuelvo a la cama luego de poner la manta sobre mí. Me pongo de costado y cierro los ojos, rezando porque Inuyasha no se dé cuenta de lo pasó hoy. Mis parpados se cierran inmediatamente y poco a poco quedé dormida.

Despierto cuando escucho la ventana abrirse. Me giro y veo como una figura roja entra sigilosamente, sé quién es, claro.

-Inuyasha. Ho…hola- Aun me cuesta hablar. Me froto los ojos y puedo verle bien, imponente y temerario, como siempre.

-Encontré esto…Es tuyo ¿verdad?

Me muestra la larga flecha de madera oscura. La tomo y le miro. Él tiene la mirada baja y yo le tomo de la esquina de la manga del haori y le jalo.

-Sí, pero…- Lanzo la flecha que cae cerca del librero-¿Podrías quedarte?

-¿Quedarme? - está un poco sonrojado. ¿No se da cuenta de que a mí también me ha costado?

-A… dormir.

Inuyasha asiente luego de numerosos minutos de pesarlo, imagino que se discute los pros y los contras de la situación. Me acuesto e Inuyasha alza las cobijas para acostarse junto a mí y pienso que es mejor que esté acostado conmigo aquí a que esté con ella allá. Siento su cuerpo pegarse al mío suavemente, me sobresalto. Estoy duchada así que no debería haber problema en que el aroma de Miroku llegue al olfato desarrollado de Inuyasha. Estoy bastante cansada, no quiero que Inuyasha se sienta incomodo estando así conmigo pero tengo un miedo casi irracional a soñar con aquel mostró en el que se había convertido en mi sueño y, estando junto a él, siento que los sueños malos se van. Juntos, puedo recordar que él jamás me dañaría o dañaría a alguno de sus amigos.

-¿Inuyasha? – Pregunto con cierta inseguridad.

El responde con un sonido grave.

-¿Puedes…?... No, olvídalo. Solo… no te vayas.

No puedo obligarle a que me abrace. Inuyasha hunde la cabeza en mi hombro y pasa el brazo por mi estómago.

-Siempre voy a estar contigo, Kagome.

Siempre es mucho tiempo.

Me arremolino en sus brazos y caigo en el sueño.

Me despierto abruptamente en cuanto siento la ventana cerrarse bruscamente. Me destapo rápidamente y voy a la ventana, pero es tarde, Inuyasha se ha ido. Siento un pequeño ardor en la nariz, señal de que voy a llorar. Inhalé fuerte y aguanté la respiración mientras veo al cielo, intentando que las lágrimas se queden en su sitio. Luego de unos segundos, estoy bastante más tranquila.

Es la mañana siguiente de un jueves, son las seis y quince de la mañana. Aunque dudo un momento, me destapo y abro los cajones para sacar un uniforme. Aun somnolienta y sobándome los ojos, voy al planchador e intento planchar las arrugas de la falda. Cuando tengo al fin medio presentable las prendas, las dejo en mi cama y voy al baño donde me lavo la cara y me mojo el cuello. Tengo el cuerpo demasiado caliente. Me siento algo enferma, a lo mejor pesqué algo en la época antigua. De todas formas tengo que ir al colegio si no quiero perder, más de lo que ya está perdido el año.

Me visto rápidamente y me cepillo el cabello. Veo el maquillaje de mamá en una repisa del baño del primer piso. Tomo el rímel con dudas pero acabo poniéndome un par de pasadas en las pestañas. Pienso si debería pintarme los labios o delinearme los ojos. Cojo el labial magenta claro (N/A)2 y lo pongo sobre la mesa del comedor. Me preparo un té negro y me como un pan de avena que hizo mi madre hace un par de días, al menos su nota dice eso.

Hola, Kagome

Si lees esto ya te habrás dado cuenta de que no estamos en casa, ni Sota, ni tu abuelo. Bien pues hay una buena explicación, hija: Tu tía Maki y su hija, Hanon tuvieron un accidente de auto hace no muchos días. No vayas a preocuparte, no pasó nada más que unas contusiones y la pierna rota de Hanon y además tu tía se luxó la muñeca. Tu tío Makoto se fue por negocios y no estaba acerca. En fin, nos llamaron para que les ayudáramos a cuidar de Isao porque ellas no pueden hacerlo por unos días al menos. Tu abuelo vino para vender algunas antigüedades y Sota está de vacaciones por terminar los exámenes. Sé que es difícil que estés sola en casa, pero juro que solo será por unos días. Te dejo dinero en la mesa de noche de mi cuarto y cosas para la época antigua en las repisas de arriba. Hice pan de avena, está en la alacena, solo tiene unas horas. En unos días estaremos en casa de nuevo.

Te amamos

Dejo la nota en la mesa con un fuerte golpe. Dejo los trastes en el lavabo y tomo la mochila. Salgo de la casa pero antes de cerrar la puerta, entro de nuevo y tomo el labial que dejé en la mesa y las llaves de la casa. Ahora sí, bajo las gradas del templo y camino hasta la parada. Espero unos minutos junto a un grupo de chicas que ríen y un chico que parece universitario. El bus llega y subimos. Me siento en el cuarto asiento de la fila de la derecha. Pongo mi cabeza en el vidrio y recuerdo como Miroku me toma de las muñecas y me baja el escote de la blusa del uniforme para hacerme una marca tan conocida como chupón.

Al cabo de media hora, tengo que empujar un poco para bajar del transporte y caminar unos pasos para entrar al instituto. Cuando paso el portón, algunos chicos de mi salón y de mí mismo nivel de bachillerato, que me conocen, me miran algo confusos y sospechosos. Las miradas llenas de odio y desconfianza, me llenan el alma de un extraño escalofrío. Aprieto los ojos y, por un instante, deseo que Miroku esté conmigo porque sé que él no dejaría que nada me pasara, sabía que él no dejaría que me dañaran.

Voy al salón y tomo mi asiento, lista para oír muchas críticas y comentarios venenosos de la gente que, con justa razón, creían que no me encontraba enferma en verdad y no las culpaba, solo esta vez, en verdad me sentía muy mal y sentía que la cabeza me daba vueltas y la espalda me era recorrida de un sudor frío. Me llevo la mano a la frente y escucho los "hermosos" comentarios sobre mí. ¡Dios, la gente me odia!

Cuando las clases acabaron, me salí del salón, sin esperar a nadie. Baje a los casilleros y tomé mis mocasines café oscuro. Muchos estaban allí pero no me importó empujar a los jóvenes para salir a mi casa. Mierda, estoy cansada, somnolienta y estoy casi segura de que estoy enferma o con SPM, o con algo así. Luego de unos pasos, comencé a trotar hasta salir de la institución. Fui a la parada y tomé un bus de regreso a mi casa. No tuve que esperar demasiado para que mi línea llegara. Muchos entraron antes que yo y alcancé a tomarme de un tubo justo cuando el sonido del motor del bus lo que indicaba que ya avanzaba. Suspiro de alivio.

Subo las gradas del templo rápidamente y abro la puerta de mi casa. Voy a la cocina y quiero hacerme una sopa nutritiva, pero decido tomar dinero del que mi madre me dejó en la mesa de noche. Cuando tengo una cantidad razonable, llamo a una pizzería muy buena que no está lejos de casa. Al acabar la llamada, el estómago me suena y la boca se me hace agua cuando imagino la humeante pizza de buen queso mozzarella derretido y con salami y jamón con aquella salsa y crocante masa. Sacudo la cabeza, debo esperar media hora…

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-¡Kagome! – Un trio de voces me despierta del sillón.

¡Carajo! ¡¿No puedo dormir un sábado?!

Mi familia, hermosa y renovada me mira mientras yo estoy pálida y casi muriendo en el sillón.

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-¡Mamá! ¡Estoy perfecta!

- Claro que no, hija. Mira esto…- Me saca el termómetro de la boca y le da un vistazo. Su cara se hace pálida en menos de un segundo-. ¿¡40!? ¡No señorita! ¡No te marchas!

Gimo un poco mientras mi mamá me sonríe.

-Te traeré un sopa- Sale del cuarto.

Ese domingo no es mi día. La tarde es calurosa y yo estoy muriéndome de frío. Me acurruco en las cobijas y cierro los ojos que me pesan pero el sueño no llega a mí. Mamá entra unos minutos luego con una mesilla plegable. Me enderezo y huelo la deliciosa sopa de pollo. El estómago me ruge. Mamá me deja en el regazo la comida y sale del cuarto dejándome una cariñosa sonrisa, tan común de ella. Aunque tiene 42 años, tiene la vitalidad de una jovencita de no más de 25 años, sonrisa radiante y, en fin, ella es muy linda. Amo su cabello castaño oscuro. Sus grandes y expresivos ojos chocolate intenso y lo bien que lucen cuando mamá los maquilla. Ella es muy alta, del porte de Sango y bien proporcionada. Los años no pasan para ella.

Esfumo los sentimientos de mi cabeza y, cogiendo la cuchara, le doy un sorbo a la sopa. Las papilas gustativas parecen bailar en mi boca. Sigo tomando la sopa descuidadamente, sintiendo como la mano me tiembla.

-¡Kagome! ¡Por qué no regresas! – Yo sé de quién es esa voz.

-Inuyasha… ¡Oh no! - murmuro para mí. No es que no quiera estar con él. Solo que no estoy para críticas en este momento.

La ventana se abre estrepitosamente y la figura entra al cuarto, enojado para variar.

-No sabes cuánto te he… ¿Kagome? - Sus reclamos paran de golpe cuando me da una mirada. ¿Me veo mal? Me siento mal…Retiro la mesilla de sopa y me levanto, sorbiéndome la nariz. Me veo en el espejo. No culpo la reacción de Inuyasha. Tengo la cara pálida de un matiz verdoso y ojeras pronunciadas. El cabello revuelto, seco y suelto en muchos mechones enredados. Los labios partidos y de color rosa muy pálido. Aprieto los dientes.

-Disculpa, Inuyasha -

Tome el plato de sopa y me lo alcé. No estaba tan caliente. Cuando ya no había liquido en el plato, salí del cuarto y tome una toalla. Fui directamente al baño donde abrí la regadera y esperé a que el agua calentara para sacarme la camisa de pijama y el pantalón. En ropa interior de diferentes colores y sin combinación alguna: sujetador rosa y bragas azul pálido. Llevo las manos al sujetador y los dedos parecen enredarse en los broches. Dejo que un bufido salga de mi boca y me siento en el suelo del baño, con las manos en la cabeza. Soy un desastre, un horrible y espantoso desastre andante. Me impulso con la bañera y me saco el sujetador por la cabeza.

El agua me resbala por la piel. Me relaja y me inspira cierto sentido de seguridad. Me enjabono y me pongo el champo. No me quiero quedar mucho en el agua así que cierro la llave de agua y salgo de la ducha. Agarro la bata justo cuando la puerta se abre. Mis ojos se abren enormemente y mis manos parecen de mantequilla, dejando caer la bata. Me llevo las manos al pecho y me hago ovillo en el suelo, no sin antes dejar escapar un pequeño, pero sonoro gritillo.

Levanto la cabeza, roja de vergüenza y coraje. Inuyasha tiene el ceño fruncido y la boca abierta con un sonrojo casi criminal en el rostro. Su expresión es casi indescifrable. Mi mano busca la bata y, al encontrarla, me cubro. Inuyasha se da la vuelta y cierra la puerta lentamente, pronunciando un:

- Perdón.

- ¿Qu…?

La puerta se cierra a sus espaldas.

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El aire está viciado. Yo lo siento y Miroku lo hace igual. No soporto sus miradas… en realidad, no soporto que no me mire. Se supone que como llevo dos días aquí, nuestra relación debería haber… progresado un tanto. No importa de qué forma, deberíamos habernos abrazado… o dirigirnos la palabra. En lugar de eso, Miroku está siempre con Sango, siempre, cada hora del día.

Shipoo me mira, como asustado subido en mi hombro. Entonces me doy cuenta de que nadie ha avanzado desde hace un buen trozo de sendero. Regreso a ver cómo, a por lo menos 15 pulgadas, todos me miran con curiosidad y terror.

-¿Qué pasa? – De verdad estoy confundida.

-Nada, Kagome, hace un rato que gruñes como una fiera- Me explica Shipoo y Sango asiente levemente.

Me aclaro la garganta, nerviosa.

-No… bueno, sí, pero… es que… estoy algo enferma aun y con este… este cli…ma – En ese momento veo al cielo: no despejado y soleado, pero unos dejos de luz atraviesan las nubes blancas que cubren el sol y una brisa algo fuerte azota los árboles. Trago y rio nerviosamente. Los chicos avanzan, Inuyasha a mi lado y la pareja atrás, siendo escoltada por Kirara.

-¿Inuyasha? – No hemos hablado de lo que pasó hace un par de días-. Sobre lo del otro día…

-No vi nada – Dice tan serio que me hiela la sangre.

-¿Enserio?

-¡Khe!…Nada que no haya visto – Sé que está bromeando así que sonrió para luego sonrojarme.

Sé que Inuyasha no sabe nada de lo de Miroku y quiero que siga así. Quiero a Inuyasha y seguiré con el hasta que el me aparte.

La tarde llega al Sengoku con tranquilidad. Ya no me interesa Miroku y sus distancias. Él es feliz con Sango y yo estoy bien, algo decepcionada, pero bien. Me bajo la maleta del hombro y la abro. Hay mucha comida, seguro que nos dura hasta la semana que viene. Tomo las cosas que necesito para hacer sopas instantáneas y Kirara se transforma, lista para prender fuegos increíbles pero…

La leña brilla por su ausencia…

-Voy por leña – Dice Inuyasha despreocupado.

Aceptamos porque confiamos en él. Regreso a ver a Miroku, luego de pensarlo un poco, él me sonríe, tan alegre como siempre, al menos cuando está de buen humor, como hoy... ¿Me pregunto por qué? Y entonces sé que desde ahora las cosas siempre serán como antes…

Solo que el "siempre" no dura mucho.

-Espero que estén cómodos. Si me disculpan, señoritas y excelencia – Se despide el hombre con una venia.

Suspiro mientras me llevo la mano al cabello y exprimo las últimas gotas de agua de lluvia. Sango me imita y Kirara se acurruca al fuego de la habitación junto a Shipoo.

-Aun me cuesta creer lo que Inuyasha nos ha hecho – No he visto a Sango tan enojada en mucho tiempo.

Todos lo estamos. Miroku tiene la mirada casi llameante pero su expresión es insondable, serio, demasiado, no puedo dejar de mirarlo…

Sango está cerca del fuego, medio tiritando y no la culpo, con la lluvia torrencial, parece que el cielo se había caído.

Shipoo y Kirara parecen decepcionados pero no sabría decir ya que están bien acurrucados uno contra el otro, calentándose.

Yo, estoy parada en el centro de la puerta medio abierta del amplio cuarto. Mi cara esta húmeda, pero no de agua. Respiro con algo de dificultad ahora. No quiero llorar frente a Miroku, quiero que el siga teniendo la imagen de chica fuerte y llena de valor, pero me es imposible. Me giro, dejando la mochila en el suelo con un fuerte estruendo. Abro la puerta y la cierro tras de mí. Saliendo del cuarto, camino por los pasillos hasta ver un pequeño jardín con nada más que un estanque. Me siento en la primera grada de piedra que me lleva a ese espacio, pero la grada sigue estando cubierta por la teja.

La lluvia se ha suavizado con el pasar de los minutos hasta ser la llovizna que es ahora. Las lágrimas paran y de repente me doy cuenta de que estoy empapada. Algo me toca el hombro, me sobresalto por reflejo y, al girarme, veo a Inuyasha, pidiéndome perdón con la mirada. Me paro abruptamente. Inuyasha intenta tocarme y yo me aparto de su contacto.

-Kagome… yo…

-¡No!...- Le bramo cuando retrocedo unas pulgadas -. Aléjate de mí…- Susurro.

Fin del cap 2!

Dudas, sugerencias y esas cosas, son bienvenidas.

Me disculpo una vez más… Odio mi compu. Perdón si me como palabras o si las oraciones no tienen sentido y… ustedes entienden.

¡PREGUNTA!

No sé si continuar con un MirXKag o con un InuXKag…

Ayuda. En el registro del fi esta InuXKag pero mi intención siempre fue que Kagome y Miroku estuvieran juntos

Gracias por leer.

(N/A)1: No creo ser la única en darse cuenta del cuadro de Kagome a lado de su puerta. De un árbol.

(N/A)2: - ES ESTE COLOR:

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