Capítulo 2 – What matters to me is you

Te quiero de una forma tan especial que no hace falta ni verte ni tenerte para que mi cariño crezca, solo basta cerrar mis ojos y saber que existes.

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Eran las 11 de la mañana de un hermoso día sábado y en una cama donde parecía que había estallado la tercera guerra mundial, una pelirroja dormía plácidamente, aunque en un ángulo difícil de determinar, de la comisura de sus labios podía verse una fina línea de saliva que avanzaba por su rostro hasta las sabanas dejando un círculo del porte de una pelota de tenis, tenía un brazo detrás de la espalda y el otro por sobre la cabeza. El sol entraba impetuoso por la ventana depositándose en el rostro de Anna y ésta en un movimiento de molestia metió su cabeza debajo de una almohada refunfuñando incoherentemente - es muy temprano… ¡anda a alumbrar a tu abuela! – dijo vencida arrojándole un cojín a la ventana, claro que después agradecería que la ventana hubiese estado cerrada ya que no sería la primera vez que saldría corriendo a la calle en pijamas para recuperar su cojín.

Se sentó en la cama aun con los ojos cerrados dejando al descubierto una maraña de cabellos rojizos como si fuera una madeja de laña que ocupara un gato para afilar las uñas, abrió los ojos y miro hacia la ventana con rencor al sol – solo porque te amo casi tanto como al chocolate te lo perdono – le dijo al astro que por supuesto ni se inmutó por el comentario.

Fue hacia el baño a darse una ducha para luego vestirse con unos short de jeans, unas converse negras, una camisa a cuadros y por supuesto sus dos trenzas infantiles.

Mientras tomaba su desayuno recordó la promesa que le hizo a Rapunzel y la llamó.

- Alo – se escuchó desde el celular

- hoga Bapungel ¿pomo egtag?

- ¿Anna? ¿quieres tragar lo que sea que estés comiendo? ¡No te entiendo nada!

- Lo siento, es que estoy terminando mi desayuno jeje hola Punzy, ¿Qué harás ahora?

- Mmm nada realmente, es sábado, ya sabes.

- Genial, ¿te parece si nos juntamos y vamos a tomar el helado que te prometí ayer?

- ¡Ya! pero espera… estas recién desayunando… ¿Cómo pretendes que te entre un helado ahora?

- Rapunzel, que poco me conoces, ni toda la comida en el mundo me puede detener cuando de un helado de chocolate con chocolate bañado en chocolate se trata – dijo Anna con una risita y un tono orgulloso por su hazaña.

- (risa) ok, si tú lo dices, aun no entiendo donde guardas todo lo que comes… en fin, ¿qué tal en media hora en la Heladería Ice-Storm?

- ¡Perfecto! Amo esos helados

- Ok, nos vemos entonces.

- Bye – dijo Anna preparándose para salir.

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Ya estaban en la heladería sentadas en una mesa cerca del mostrador, cada una peleaba con una enorme copa de helado con sus sabores favoritos, al menos en la copa de Rapunzel se apreciaban varios tonos distintos, en el de Anna… bueno... era un montículo de varios tipos de helado de chocolate, con almendra, dulce, amargo y por supuesto con una gruesa cobertura de chocolate y rodeado de palitos de galleta rellenos de… chocolate.

- No entiendo cómo puedes ser capaz de comer todo eso – dijo Rapunzel mientras saboreaba su helado

- La práctica hace al maestro, novata, ya serás tan grande como yo – Dijo Anna apuntando hacia el techo con una cuchara, claro que no se percató de que la cuchara tenía una buena porción de helado, hasta que se comenzó a derretir y avanzar por su mano, haciendo que Anna mire con asco su mano ahora manchada con un pegote marrón.

- ¡Que tarada que eres Anna! – dijo Rapunzel mientras se atragantaba con su helado por las estupideces de su amiga

Ambas se largaron a reír, llamando la atención de todos en el lugar, apenadas se miraron y rieron bajo.

- Bueno Punzy, hoy estoy para ti, cuéntame por favor a quien conociste - dijo la pelirroja luego de lamerse la mano... exacto, lamerse, no ir al baño a limpiarse, no... lamerse... esto hizo que la que tuviera cara de asco ahora, sea Rapunzel pero como la conocía desde siempre simplemente movió la cabeza y omitió el asunto.

- Ok, ¡prepárate! Se llama Eugene - dijo Rapunzel con un brillo en los ojos.

- Por favor dime que sabes más que su nombre... ¡me costaste un helado! dime que no te compré un helado para escuchar solamente un nombre... ridículo por lo demás...

- ¡EY! no es ridículo... es lindo... ademas sé mas que su nombre... - dijo la rubia algo molesta.

- A ver, sorpréndeme - dijo la pelirroja con una gran sonrisa por hacer enfadar a su amiga - ¿Qué mas sabemos de... Eugene?

- Bueno... él... es el cartero que pasa a dejar la correspondencia en casa de mis padres - dijo la rubia dorada.

- Ok... Y ¿has hablado con él?

- Yo... ¡no te burles!... Intente hacerlo pero no me salieron palabras…yo… solo pude leer su nombre en el uniforme que llevaba puesto – dijo su amiga muy avergonzada

- ¿Que tú qué?... lo siento lo siento, no me burlo - dijo la pelirroja inspirando y espirando para controlarse - Bueno, al menos tú no sales con una sarta de incongruencias como cuando yo me pongo nerviosa – dijo Anna haciendo un enorme esfuerzo por no largarse a reír de su pobre amiga.

Siguieron conversando del joven que tanto atraía a Rapunzel, sin percatarse que un Audi se posicionaba en el estacionamiento de la heladería.

Una hermosa joven de cabello blanco bajó del auto acompañada de un rubio alto y musculoso, se dirigieron al mostrador esperando que los atiendan. Eran unos jóvenes que llamaban muchísimo la atención por su exquisita belleza, tanto que todos dentro el local se dieron vuelta a mirarlos, pero ellos no prestaron atención, les avergonzaba esa reacción y como no era ni primera ni segunda vez que pasaba, aprendieron a ignorarlo para no sentirse apenados.

- ¡Wow! – Dijo Rapunzel que por su puesto también los vio entrar

- ¿Qué pasa? – dijo Anna que como estaba de espaldas a la entrada no se percató de nada.

Quedó pasmada al ver apoyada en el mostrador a la que tantas noches desvelo sus sueños, hasta había llegado a creer que no había sido real aquel choque en las escaleras, que lo había soñado como esa vez que soñó con un jacuzzi de chocolate, pero ahí estaba, la rubia de mirada intensa. Simplemente se quedó muda, no pudo articular palabra, solo un susurro que nadie más que su amiga escuchó – Elsa…

- ¡Yujú! ¡Buenos días! Soy Oaken, bienvenidos a mi tienda, pidan por favor lo que ustedes quieran ¿ia? – dijo un efusivo señor tras el mostrador.

- Hola, gracias, quisiera un helado de Zanahoria con chispas de chocolate para mí por favor – Dijo el rubio

- Y yo quiero un helado de chocolate amargo con chocolate dulce con chocolate con almendras y bañado en chocolate por favor ¡ah sí! Y con galletitas rellenas de chocolate si es que tiene – Dijo Elsa bastante animada, pasando fácilmente por una niña de diez años.

- ¡ia! que coincidencia este día, acaba de pedir exactamente lo mismo que la señorita que está en el fondo de pelo rojo, ¡yujú! - dijo Oaken saludando a una asombrada pelirroja.

Elsa siguió la mirada del vendedor y se quedó pasmada, sin poder moverse, ahí frente a ella estaba Anna, la misma que observaba oculta a la salida de TecnoMed, sintió una alegría en su corazón al cruzar sus miradas, quiso acercarse y saludarla solo para escuchar su dulce voz, se formó una sonrisa en sus labios demostrando gran ternura hacia lo que veía, pero de pronto en su mente aparecieron imágenes de forcejeo, unos ojos temerosos frente a ella, un grito agonizante y mucha sangre empaño su visión, "no tengo el derecho de acercarme a ella", comenzó a retroceder, chocó con su hermano que la miraba sin entender lo que estaba pasando y la sostenía de los brazos para hacerla reaccionar.

- ¡Elsa! Que pasa ¡Elsa! – dijo Kristoff observando la mirada vacía de su hermana.

- Kriss tengo que salir de acá, yo... yo necesito estar sola.

- ¡Elsa! ¡Elsa espera!

Fue todo lo que alcanzo a decir mientras la rubia nívea salió corriendo de la tienda, dejando no solo a su hermano desconcertado, sino que también a Anna que vio toda la escena desde su mesa afirmándose fuertemente de su silla, con los nudillos casi blancos, no entendía nada, no escuchaba nada, no sentía a su amiga que la tomaba del brazo para evitar que se pusiera de pie, ni Anna había notado que estaba corriendo hacia la salida del local, no escuchaba nada, solo veía como esos ojos azules, pasaron de emoción a pánico total mientras se miraban mutuamente, no pensaba más que correr tras Elsa, no sabía por qué, solo que debía hacerlo, aunque en ello se le fuera la vida, tenía que encontrarla aunque sea lo último que haga.

Corrió sin parar, la siguió por quizás veinte o treinta cuadras, hasta que al final vio a Elsa caer de rodillas sobre el pasto cerca de un árbol en un parque que nunca había visitado. Se detuvo para recobrar un poco el aliento y se decidió a caminar hacia la rubia, no sabía que decirle, pero al acercarse más y más a ella, vio que la rubia se tomaba la cabeza con ambas manos, probablemente, librando una batalla interna en su cabeza, Anna supuso que Elsa no era consiente de nada a su alrededor, la escucho sollozar dolorosamente y sin pensar lo que estaba haciendo se arrodillo detrás de ella y la abrazo con fuerza rodeando la espalda y brazos de Elsa mientras apoyaba su mentón en el hombro de ésta, la sostenía firme, pero noto que la rubia no se oponía, vio como lagrimas bañaban las manos de la peliblanca y escucho decir en un susurro una y otra vez – ocúltalo, no sientas, no los dejes saber – la abrazó con más fuerza y comenzó a susurrarle al oído

- Tranquila Elsa, no estás sola, ya pasó, todo está bien, tranquila, vuelve a mí, lo que estás viendo no es real, ya pasó, solo estamos tu y yo, soy Anna, Elsa, escúchame, siénteme, no pasa nada, estas bien ahora, yo te protejo, no dejare que nada te pase, escúchame por favor, vuelve a mi Elsa, concéntrate en mi voz, ven a mí – no entendía muy bien de donde salían esas palabras, solo sentía que así debía hablarle… como si ya lo hubiese hecho antes.

Lentamente Elsa fue relajando su cuerpo, fue consiente de un aroma que la rodeaba, un delicioso olor que ya había sentido antes, en unas escaleras… poco a poco las imágenes que atormentaban su cerebro fueron cediendo el paso a una voz suave, dulce, que la llamaba y la tranquilizaba, sintió al fin que podía respirar más pausadamente, estaba agotada física y mentalmente, solo pudo sentir unos brazos que la rodeaban, dijo lo primero que se le vino a la mente.

- ¿Anna?

- Si Elsa, soy yo, te tengo ¿entiendes?, no vuelvas a caer en tu mente, concéntrate en mí, siénteme... no vuelvas a irte... – Dijo Anna mientras intensificaba el abrazo hacia la Rubia

- Anna, tienes que irte, tienes que dejarme sola, por favor Anna, si te llegara a pasar algo yo…- Dijo Elsa pero sin fuerza en su cuerpo por todo el esfuerzo

- No me va a pasar nada Elsa, no sé qué puedes temer tanto, pero yo no tengo miedo, y tengo mucha fuerza así que no me alejaré de ti.

- Aun así… – "Ojala que tu fuerza fuera suficiente para salvarte del monstruo que soy" pensó la rubia con su último vestigio de energía, desmayándose finalmente en los brazos de Anna.

- ¿Elsa? – Anna escucho que alguien gritaba desde atrás

- Se acaba de desmayar – dijo la pelirroja al rubio que vio en la heladería.

- Oh dioses, por favor ayúdame a subirla al auto, la llevaré a casa.

La subieron al asiento trasero del auto y Kristoff le pidió que los acompañe para que pueda ir cuidando a Elsa, Anna acepto y se metió detrás con ella acomodando la cabeza de la rubia en sus piernas. El rubio se puso en marcha mientras miraba con preocupación a su hermana por el retrovisor

- ¿Está bien? ¿tú estas bien? – dijo Kristoff sin saber bien como formular la pregunta para que no suene raro.

- Todo está bien, Elsa debe haberse desmayado por correr tanto y por el cansancio mental.

- ¿La conoces? - Dijo el rubio algo sorprendido por la confianza con la que la pelirroja hablaba.

- Emm… algo así, conversamos hace unos días a la salida de mi trabajo.

- ¿Te llamas Anna? - pregunto el rubio recordando algo.

- Si, ¿te hablo Elsa de mí? – pregunto sorprendida.

- Mmm no realmente, anoche la escuche decir tu nombre entre sueños, soy Kristoff por cierto.

- Hola Kristoff…

"¿Anoche?" pensó Anna, "¿acaso este tipo perfecto es el novio de Elsa?" movió la cabeza para sacar ese pensamiento "espera… ¿por qué me molesta si lo es?, ella es perfecta y el parece perfecto igual, son la pareja perfecta, maldito niño perfecto" luego reacciono por otro comentario "espera… ¿entre sueños?, ¿Elsa sueña conmigo? ¿Y a su novio no le parece raro? ¿Y si me lleva para asesinarme o algo así?" divagaba Anna en su mente sin notar que el auto ya se había detenido.

Kristoff abrió la puerta para tomar a Elsa en brazos y le pidió a Anna que cerrara las puertas del auto, Anna lo siguió por el bello jardín y recién levantó la vista para ver una enorme y hermosa casa, vio correr desde la puerta a una señora hacia ellos.

- ¿Qué le paso a mi pequeña? – dijo la mujer entre sollozos preocupada.

- Tranquila Gerda, solo se desmayó, es todo, voy a llevarla a la habitación, ella es Anna viene con nosotros.

- Buenas tardes Señora – dijo Anna algo asustada por el alboroto.

- Hola cariño, solo dime Gerda ¿Si?

- Si señora, digo Gerda – dijo Anna sonriendo nerviosa.

Llegaron a la habitación en el tercer piso y Kristoff la metió en su cama, sacándole las zapatillas, el pantalón y la chaqueta, mientras Anna ruborizada por la situación se fue a mirar por la ventana, incomoda y algo molesta por que el rubio pueda desnudar así a Elsa "Espera ¿Qué?", movió la cabeza evitando pensar. Cuando Kristoff termino, se acercó a Anna.

- Quisiera pedirte que te quedes hasta que ella despierte, te parecerá raro lo que te estoy diciendo, pero nunca había visto que alguien influyera tanto para lograr calmar un ataque de pánico de mi hermana – dijo el rubio sonriendo.

- Por supuesto, no me es ninguna molestia qued… espera ¿hermana? ¿eres su hermano? – dijo Anna incrédula.

- Si (risa) que pensabas ¿que era un extraño que la subió a un auto?

- No precisamente, pensé que eras emm… su novio – dijo Anna algo sonrojada por el increíble e inexplicable alivio que sentía.

- (risa) no, Elsa es mi hermana menor, mi novia esta en Noruega, se llama Mérida por cierto – dijo el Rubio con unos brillantes ojos de enamorado.

- Ya veo, me alegro, es decir, que estés enamorado, de otra persona, no de Elsa ya que es tu hermana y eso seria raro, es decir, que esto hace que ella este libre, o eso creo, en realidad no importa, no me importa, porque yo no tengo nada que ver con ella, a penas la salude un día y… por favor trágame tierra… - dijo Anna muriendo de vergüenza por la cantidad de información expulsada sin permiso de su cuerpo.

- (risa) ¡wow! Confundida ¿verdad? – dijo Kristoff con tono cómplice.

- No sé de qué hablas - dijo Anna muy sonrojada.

- No te preocupes, yo tampoco sé de qué hablo – dijo el rubio mientras le guiñaba un ojo a la pelirroja – por cierto, Elsa no tiene novio… ni novia… todavía… – dijo mientras le arrojaba una mirada comprometedora a la pobre avergonzada muchacha – y bueno, tengo muchas cosas que hacer antes de volver esta noche a Noruega, te agradecería enormemente su pudieras cuidar de mi hermana un momento – dijo el rubio aun riéndose y caminando hacia la puerta.

La pelirroja aún estaba asombrada por todas las indirectas que le había tirado el rubio en relación a Elsa, muy parecidas a las que Rapunzel le decía "¡maldición! ¡Rapunzel!" recordó a su amiga abandonada en la heladería, busco su teléfono y la llamó.

- ¿Alo? ¿Anna? Gracias a Dios al fin llamas.

- Hola Punzy, perdón por irme así, es que tuve que salir tras Elsa, no sé por qué pero algo me decía, me empujó a hacerlo, ni siquiera lo pensé... solo pasó.

- Está bien amiga, no te preocupes por mí, me tranquiliza el saber que estas bien.

- Si Punzy todo bien, de hecho estoy en la habitación de Elsa ahora, se desmayó y con su hermano la trajimos, ahora estoy cuidándola.

- ¡Wow! Mucha información, bueno, tu preocúpate por que todo esté bien y después me cuentas ¿sí?

- Ok amiga, gracias por todo, un beso.

Cortó la llamada y por primera vez desde que bajaron del auto, Anna miro detenidamente a Elsa, se veía tan linda, tan pura, tan deseable "Ey Anna, que estás pensando, reacciona tonta, estas cuidándola, no te aproveches" se regañó mentalmente.

Acercó un pequeño sillón al lado de la cama, tomó la mano de la rubia y se quedó mirándola, como si quisiera memorizar cada trazo fino de su rostro, cada pequeña y casi invisible peca, cada curva delicada de sus labios "puede que Punzy tenga razón… puede que de verdad esta mujer me esté afectando de una manera que no esperaba…" y con esta última divagación en su mente se quedó dormida junto a Elsa.

Cuando despertó no abrió los ojos enseguida, le pareció sentir una caricia en su rostro pero no estaba segura, esperó, y ahí estaba de nuevo, un frió tacto en su piel, que le acomodo su flequillo tras la oreja.

- Me encanta la sensación de tus manos – dijo aun media dormida.

- ¿Qué? ¿estabas despierta? – dijo Elsa sonrojada y algo asustada.

- Más o menos – dijo Anna levantando finalmente el rostro para mirar a Elsa con una sonrisa - ¿Cómo estás? ¿despertaste hace mucho?

- N-no, hace unos 15 minutos, me desperté cuando Kristoff entró… me contó como llegué acá… gracias – dijo Elsa algo apenada.

- ¿Por qué? – pregunto Anna mientras se sentaba ahora en el borde de la cama mirando a Elsa sentada frente a ella.

- Kristoff me dijo lo que hiciste por mí, y que estabas bien… que no había pasado nada malo – dijo esto último con mucho miedo y dolor desviando la mirada.

- No tienes nada que agradecer, además, ¿qué malo me podría haber pasado? ¿A que le temes tanto Elsa? – dijo la pelirroja tomando el mentón de la rubia en un arrebato de valentía para que la mirara a los ojos.

- N-nada nada, solo tenía pánico, ya sabes – "me temo a mí misma Anna, a lo que soy capaz de hacer"

- Si, Kristoff me dijo que sufrías de ataques de pánico y que precisamente eso fue lo que te pasó, pero ¿por qué tuviste tanto miedo? ¿Qué pasó en la heladería Elsa? Te escapaste como… ese día en las escaleras…

- Y-yo… yo n-no puedo… lo siento – dijo la muchacha de ojos azules mientras bajaba la mirada y unas lágrimas rebeldes escapaban por sus mejillas.

- Ey, tranquila, no es necesario que me cuentes nada que no quieras ¿ok?, es decir, a penas te conozco, solo por favor, no desaparezcas como la última vez, sé que no nos conocemos lo suficiente como para pedirte esto, pero por favor, permíteme entrar en tu vida, déjame ser tu amiga, ni siquiera se tu apellido, no te alejes de nuevo por favor... – "no le digas que la extrañaste por que de seguro te toma como loca y la espantarás" se amenazó mentalmente.

- Últimamente he escuchado muy seguido el No desaparezcas… creo que es lo único que se hacer… lo siento, me encantaría ser tu amiga – dijo con una leve sonrisa en los labios mirando nuevamente a Anna – Hola, soy Elsa, Elsa Arendelle.

- No hay nada más bello que tu sonrisa… espera ¿Qué? No, no quise decir eso, aunque sea verdad, pero no quise que mis pensamientos salieran así, lo que no dice que piense que eres hermosa, aunque si lo pienso, siempre lo pienso, no, o sea sí, pero no es mi intención decirte esto, yo… voy a saltar por la ventana y después de romper todos mis huesos seguimos hablando ¿sí? –dijo avergonzada mientras hacía el intento de pararse para cumplir su cometido cuando unas finas y heladas manos la detuvieron.

- Tú también eres muy hermosa Anna – dijo Elsa mirando hacia abajo para no mostrar su sonrojo.

- Eres fría.

- ¿Qué? – dijo Elsa levantando la vista hacia Anna algo preocupada.

- ¡No, no! Tú no eres fría, eres cálida, tu mirada es cálida y tu sonrisa lo es, lo que quise decir es que tu piel es fría, tu mano la siento helada en mi brazo, eso es todo, por favor perdón por explicarme mal yo… - se detuvo al ver que Elsa había soltado el agarre de su brazo y había esquivado la mirada con preocupación – Ey, Elsa – levanto su mano izquierda para ponerla sobre la mejilla de Elsa y hacerla mirar de vuelta – me gusta cómo se siente tu piel… es más… me encanta… es perfecta – le dijo mientras sonreía tiernamente y tomaba una mano de Elsa y la acercaba a su propia mejilla - ¿ves? Ayuda a que se me vaya el sonrojo – sonrió de nuevo.

- Lo siento Anna, soy una persona muy complicada, creo que no es bueno para ti tenerme como amiga – dijo Elsa cabizbaja pero sin quitar su mano del rostro de la pelirroja, su piel se sentía tan bien… era como si tuviera todo el calor que a ella misma le faltaba.

- Eso deja que yo lo decida ¿de acuerdo? – dijo Anna con tanta seguridad y ternura en su voz que Elsa no pudo negarse.

Seguían mirándose en la misma posición, perdidas en un mar de emociones extrañas e indescriptibles, cuando un rubio entro a la habitación de su hermana haciendo saltar a ambas chicas con el corazón en la mano.

- ¡Kristoff! ¡qué te pasa demente! ¡Casi me mataste del susto! – dijo Elsa molesta con su hermano.

- (risa) lo siento, no pensé que iban a estar tan concentradas mirándose… y tocándose – dijo mientras les guiñaba un ojo y salía rápidamente cerrando la puerta cuando un cojín iba directo hacia él – ¡hermanita recuerda que en tres horas más debo irme, Gerda sirvió la cena para los tres así que cuando estén listas bajen! - grito Kristoff detrás de la puerta aun notándose las ganas de reír en su voz antes de bajar las escaleras.

- Anna, perdona a mi hermano, es un desubicado de nacimiento.

- Noté que no tiene mucho filtro, pero se ve que te quiere mucho – dijo sonriendo.

- Lo sé, es un tarado, pero también lo quiero.

Ambas bajaron a cenar, mantuvieron una conversación amena luego de que Elsa fulminara a su hermano con la mirada advirtiéndole que terminara con las indirectas, claramente Kristoff comprendió que prácticamente su vida estaba en juego, así que se comportó como un caballero a lo largo de toda la cena, se disculpó para ir a preparar su equipaje para el viaje y las dejo solas en el comedor.

- ¿Me acompañas a dar un paseo por el jardín, Anna? – dijo Elsa estirándole la mano.

- Pero que caballero es usted.

- Lo que sea necesario, para deslumbrarla, princesa – dijo Elsa siguiéndole el juego - ¿Me daría el honor de tener su compañía?

- Nada me complacería más que ser arrastrada por usted a lo más oscuro del jardín, noble caballero – dijo Anna en tono juguetón mientras tomaba la mano estirada de la rubia, divertida por el pequeño sonrojo que consiguió en el rostro de Elsa.

- Yo no estaría tan tranquila por su seguridad, princesa – dijo Elsa comprendiendo que Anna quería ponerla nerviosa y decidiendo pagarle con la misma moneda.

- Aun así – se acercó al oído de la rubia para susurrarle – puede que hasta desee ser ultrajada por usted joven caballero – y se alejó divertida caminando hacia la puerta trasera donde se habían dirigido - ¿Elsa? ¿Vienes o no? – pregunto entre risas sintiéndose victoriosa.

- V-voy – dijo Elsa recomponiéndose por lo ocurrido "que tiene esta mujer que consigue dejarme así, tan vulnerable" pensó mientras avanzaba hacia la pelirroja que la esperaba en la puerta.

Caminaron por el gran jardín, bajo la arboleda y finalmente se sentaron a las orillas de una laguna artificial a contemplar el hermoso atardecer, acompañadas de unos patitos que nadaban tranquilamente.

- Es muy lindo tu hogar – dijo la pelirroja.

- Es lindo, sí, pero en realidad, este no es mi hogar – dijo la rubia cada vez en un tono más bajo.

- ¿Ah No? ¿Entonces no eres de acá? ¿Vives en Noruega con tu hermano?... ¿t-te vas a ir con él? – pregunto atropelladamente sin entender por qué su cerebro no funcionaba correctamente cerca de la rubia.

- (risa) son muchas preguntas ¿no crees?

- Perdón… - dijo Anna sonrojada bajando la mirada y haciendo un puchero.

- Está bien Anna – "¿Cómo hace para verse aún más tierna? ¿no se da cuenta que me está matando de Amor? Espera… ¿amor? Que rayos estoy pensando, concéntrate y respóndele" – Soy de Noruega, mis padres y mi hermano viven allá, yo… por motivos de fuerza mayor tuve que irme de allá cuando tenía 5 años, solo viajo para verlos en verano, aunque hace… hace 4 años que no veo a mis padres, no me voy con Kriss, yo me quedo, tengo muchas cosas que hacer aun acá y… realmente no sé si alguna vez vuelva a Noruega más que por unos días – finalizó la rubia con un tono apagado.

- Lo siento, no quise que te pongas triste, no sabía – dijo la pelirroja cada vez más bajo.

- Está bien, no te preocupes, ya se me pasó ¿viste?, todo bien princesa.

- ¿Elsa?... ya no estamos jugando, ¿por qué me sigues diciendo princesa?

- ¿Te molesta? O… ¿te pone nerviosa? Princesa – dijo Elsa en un tono juguetón nuevamente.

- N-no me molesta… - dijo tratando de restarle importancia

- O sea que te pone nerviosa… - se inclinó hacia Anna para decirle al oído – y ¿Qué pasa si te digo Mi princesa?

- ¡Elsa! – dijo la pelirroja totalmente sonrojada, empujando a la rubia y tirándose encima de ella para hacerle cosquillas.

Se sentía tan cómodo compartir, hablar y hasta jugar con Elsa, era una sensación tan familiar, estando así con ella simplemente se olvidaba que solo la conocía hace unos pocos días, compartían extrañamente una confianza que solo se crea por haber crecido con esta persona. Finalmente Elsa logró zafarse del ataque de cosquillas de Anna y en un movimiento rápido la dio vuelta para quedar ella encima sujetándole las muñecas a cada lado del cuerpo sobre la cabeza de la pelirroja. Se quedaron mirando intensamente por un largo rato hasta que Elsa rompió suavemente el silencio

- Siento que te conozco de toda la vida – dijo la rubia en un susurro.

- No eres la única – le contesto Anna con el mismo tono de voz mientras acortaba la distancia que las separaba.

Elsa podía sentir ahora el cálido respirar de Anna rozar sus labios "Dios, se siente tan bien, no puedo hacerle esto, no quiero que sufra, no quiero hacerle daño", agradeciendo al cielo encontró la manera de impedir lo que estaba a punto de pasar, ya que fuerza de voluntad para frenarlo no tenía, sin embargo el escuchar unos pasos, seguramente Kristoff buscándolas, era la salida perfecta, se acercó a Anna y la beso en la mejilla pero por supuesto no tan lejos de sus labios, rozando suavemente la comisura de ellos, no era capaz de perder esa sensación que se imaginaba maravillosa, y así fue, sintió como un suave golpe eléctrico recorrió su espalda, por lo que tuvo que esforzarse en hablar nuevamente y no retomar lo que había estado a punto de pasar.

- Kristoff está cerca, nos anda buscando – dijo la rubia sentándose al lado de Anna, mientras esta abría los ojos para ver a Elsa y soltar un tierno gruñido.

No estaba segura de lo que había estado a punto de pasar, no comprendía como era que deseaba tanto besar a Elsa, nunca había sentido algo así por nadie y a pesar de que un beso en la comisura de los labios no era lo que quería en ese momento, lo que había sentido era simplemente de locos, la textura de los labios, la presion con la que dejaron el beso en su rostro, el frío que emanaban de ellos... "¡Quiero un beso! solo por curiosidad claro, eso es, necesito estudiar la sensación de esos hermosos labios... ¡todo sea por la ciencia!" pensaba con una especie de berrinche mental.

Se sentó al lado de Elsa sin atreverse a mirarla, se sentía nerviosa, y no quería detenerse a meditar mucho en ello, simplemente quería aprovechar la cercanía con ella

Finalmente el rubio llego donde ellas y las acompaño un rato antes de avisar que había llegado la hora de partir, se despidió de Elsa con un fuerte abrazo, y también abrazó a Anna soltándole al oído una pequeña frase – por favor, cuídala, eres la primera persona que he visto que la haga reír así – dicho esto, subió al taxi y se fue rumbo al aeropuerto.

- Bueno, creo que es muy tarde, yo también debería irme – dijo Anna.

- Deja que vaya a buscar las llaves del auto y te llevo a tu casa

- No, ni hablar, no me atrevería a correr el riesgo que te vuelvas a desmayar, imagínate que ahora en el volante, no, hoy no manejaras, quiero que te recuperes bien – dijo Anna decidida.

- Entonces qué ¿pretendes irte caminando?

- Existen los taxis ¿sabes? Tu hermano acaba de irse en uno

- No, si tú no me dejas manejar, yo no te dejo que subas a un auto con un extraño.

- ¡Pero Kristoff se fue con un extraño! – dijo Anna sin entender

- Pero Kriss es un hombre grande y musculoso, tu, eres una plumita, quien sabe que podrían hacerte.

- ¡Ey! Cuidado que se Karate, no me ofendas muchachita – dijo Anna algo molesta

- (risa) bueno, bueno, tu no me dejas manejar y yo no te dejo subir a un taxi, estamos a mano – dijo Elsa muy divertida.

- ¿Cómo pretendes que me vaya si me quedé sin opciones? ¡Y que tú manejes tampoco es una opción! – dijo la pelirroja antes que la rubia abra la boca.

- Bueno, solo queda una opción, te quedaras a dormir en mi casa, decidido, hay infinidad de habitaciones así que no será ninguna molestia – le dijo a la pelirroja que no supo con qué argumento rebatir – es más, ahora mismo iremos donde Gerda a pedirle que prepare el cuarto que está al lado del mío si te parece… al no ser que quieras dormir conmigo… – dijo Elsa jugando finalmente.

- ¿Q-Que?... – dijo Anna parándose en seco con los ojos como plato.

- Tranquila, era broma – dijo la rubia mientras reía – solo quiero que no corras ningún riesgo.

- (risa) eres muy sobreprotectora ¿eh?

- Cuido lo que me importa - Soltó Elsa sin pensar.

- ¿Así que le importo noble caballero? – dijo Anna algo asombrada pero con un extraño sentimiento de felicidad.

- Tu decidiste que querías quedarte en mi vida, princesa, a pesar de que te lo advertí, así que ahora te aguantas – dijo la rubia, sin mostrar su sonrojo ya que llevaba a la pelirroja de la mano jalándola hacia la casa.

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N/A

Hola! gracias a todos los que han comenzado a leer esta historia =) y a sus geniales review =D ayuda mucho a saber si voy por buen camino, realmente quiero que disfruten tanto la historia como yo lo he hecho escribiéndola ;)

Decidí subir un capitulo cada sábado así que será hasta la próxima semana =)

si bien tengo varios capítulos ya escritos, sus review serán de mucha ayuda para seguir el hilo de la historia =) así que se los agradecería montones.

si surge alguna duda, no duden en preguntar =) la responderé mientras no signifique que les esté adelantando algo de la historia jajajjaa sin spoiler! ;)

Saludos a todos!

Kym