Disclaimer: Los persojanes pertenecen a E.L James, sin embargo, la historia a continuación es producto de mi imaginación.

¡Hola! Lamento no haber dedicado unas palabras de bienvenida en el capítulo anterior, pero no logré modificar el documento después de publicarlo. Gracias a quienes lo leyeron y se tomaron el tiempo de enviar mensajes privados. El capítulo a continuación puede ser un poco complicado de leer, pues tiene diversos saltos entre el pasado y el presente. Luego de terminar se darán cuenta que sólo el conflicto principal está basado en una película, aunque los demás acontecimientos son originales. Saludos, espero sus comentarios.


Capítulo 2


El entumecimiento se expande por mi cuerpo a una velocidad alarmante y soy presa de mi propio pánico. A lo lejos escucho un sonido constante que comienza a aumentar su frecuencia, es molesto y no deja que me concentre en mis extremidades que aún parecen dormidas y no quieren que las despierte. De todas formas estoy encerrada en un lugar que parece no tener salida y quizá el recuperar la movilidad no ayudará en nada.

Por mucho que intente luchar, no puedo moverme, sólo soy consciente de que mi cuerpo aún sigue conectado a mí porque, por algún extraño motivo, lo siento estremecerse en alguna parte de esta misteriosa nada rodeada de oscuridad. Siento espasmos y una fuerte presión en el costado izquierdo, seguido de algo punzante sobre mi pecho y me dejo sucumbir ante el peso del universo.

Sigo encerrada en lo que parece el túnel por el que cae Alicia antes de llegar al País de las Maravillas, pero esta vez el negro se ha disipado y ha dejado un gris ceniza a mí alrededor. Lo único que percibo es dolor, intenso dolor, sobre todo en la cabeza, se parece a una migraña, pero peor.

Christian se había marchado por la mañana cuando el sonido del despertador taladró en mi cabeza, cabe decir que, en el estado en el que me encontraba, el aparato terminó en el suelo y jamás volvió a despertar a nadie.

La habitación resplandecía y me hería los ojos, la garganta me pedía agua a gritos y parecía como si mi cabeza fuera a explotar en cualquier momento; de todas formas me senté en la cama y me dispuse a comenzar mi rutina como todas las mañanas.

No recuerdo con exactitud qué día fue, ni tampoco detalles ni obviedades, sólo sé que aquel día llegué a SIP, recibí los saludos de Claire, Hannah y los demás y encendí el Mac para revisar lo de siempre. Sin embargo, el correo que encabezaba la bandeja de entrada me heló la sangre.


De: "Sra. Robinson"

Motivo: ¿Todo bien?

Fecha: 10 de Mayo 7:56

Para: Anastasia Steele

No pienses, si quiera por un segundo, que me he olvidado de ti.


Pude imaginar sus ojos teñidos del mismo negro de su ropa observándome con aquel odio que sólo quienes sienten que les han arrebatado algo pueden experimentar. Temblé en mi silla y pegué un salto cuando Hannah apareció en la puerta.

"No lo soporto, debe haber algo que puedas hacer" Una voz dice a la distancia, sacándome del fugaz y estremecedor recuerdo, es esa voz que reconocería incluso muerta. ¡Christian! Christian está vivo y está conmigo, en algún lugar al que no puedo llegar, pero está ahí y está sufriendo. No, Christian, estoy bien estoy…

"Sólo esperar, cariño" Con tan solo escucharla supe que Grace buscaría consolarlo tras poner su mano sobre el hombro de Christian. Sonreí.

Y nuevamente vuelvo a caer en el abismo.

Ahora el dolor es más intenso, está por todas partes: mi cabeza, abdomen y piernas. Sigo sin poder moverme, pero no porque no pueda encontrar mi cuerpo, sino porque estoy imposibilitada por el dolor, incluso pensar en los dedos de mis manos lanza marejadas de sufrimiento a todos los lugares de mi anatomía. Incluso mis pulmones parecen doler y me cuesta respirar y me siento mareada.

Intento luchar contra el cansancio, pero la oscuridad es más fuerte.

Por un momento todo es más claro, y doloroso. Mis piernas responden, al igual que mis dedos, pero hay algo mal con uno de mis brazos.

"¿Sucede algo?" Christian desliza su mano por mi brazo derecho y se detiene a mi lado intentando seguir la línea de mis cavilaciones.

Niego con la cabeza, suspiro y apoyo mi cien contra su hombro. "Adoro aquí, adoro la vista. Quiero despertar con esto cada mañana por el resto de mis días"

"Tenemos muchos días para gastar con una vista así" Besa mi cabello dulcemente y me estrecha aún más contra su cuerpo.

Pero me guardo mis pensamientos como un gran secreto que pretendo ocultar de él por un momento. Pues sí, la vista de la nueva casa es hermosa y me siento la mujer más afortunada del mundo por despertar al lado de Christian y luego observar el prado emerger con el lago, pero mi mente escapa de esta realidad y va a parar allá donde un par de piernas regordetas caminan por el pasto con pasos torpes de bebé.

Christian dice que no está listo para compartirme y a la vez se castiga a sí mismo por tener pensamientos tan egoístas, pero yo también lo soy un poco y sólo quiero gastar cada hora de mis días en tenerlo sólo para mí en aquel refugio de ensueño. Sin embargo, ¿cómo podríamos negarnos a tener una miniatura de Christian caminando alrededor la casa?

Mi corazón se entristece cuando recuerdo que los sucesos de su pasado no le permiten salir de aquel estado de negación absoluta y temor a ser padre, pues la percepción que tiene de sí mismo es un concepto completamente lejano a la realidad. Me duele no poder ayudarlo, a pesar de haberme dejado en claro que se ha transformado en una mejor persona después de conocerme, pero sigo sintiendo que no es suficiente, que mi querido Christian merece percibirse de otra manera hasta que deje de verse como el monstruo que él piensa que es.

Suspiro, y el aire parece quemar mi garganta y mi nariz. Vuelve el dolor, vuelve el entumecimiento y peleo por mantenerme en ese lugar feliz, en mí lugar feliz, con Christian y su versión miniatura, pero el lago se vuelve negro, una sombra cubre el prado y las ventanas de tiñen de negro.

Siento una horrible incomodidad en mi nariz. Abro los ojos e intento quitarme lo que sea que está en mi rostro con el brazo que sí se dispone a responder.

"No, querida, esto te ayuda a respirar" La mujer toma mi brazo dulcemente y lo deja descansar sobre la cama; me sorprende su delicadeza, pues siento como si mi cuerpo estuviera hecho de plomo.

"Hay algunas personas que estaban esperando que despertaras, las dejaré entrar en cuanto el médico te revise, ¿está bien?" Asiento observando mí alrededor.

No recuerdo el accidente, pero sí recuerdo haber estado involucrada en uno, lo último que recuerdo es haber enfocado mi atención en las plumillas del parabrisas y su constante vaivén. La habitación no huele a hospital en absoluto, de la pared de madera de enfrente cuelga una televisión de última tecnología de unas cuarenta y ocho pulgadas, al costado derecho, en una esquina, una pequeña mesa, del mismo color de la pared, sostiene un par de revistas y a su lado el sofá delata que alguien estuvo durmiendo un par de días, considerando que, al parecer, es temprano por la mañana.

Ray cruza por mi cabeza como un rayo, iluminando mis pensamientos y haciéndome reaccionar rápidamente. Había estado conmigo, seguramente sujetando mi mano y se habría marchado de mi lado sólo para cubrir sus necesidades fisiológicas y dejar que las enfermeras cuidaran de mí.

"Buenos días" Sonríe. "Bienvenida de vuelta. ¿Puedes decirme tu nombre completo y edad?"

Me quedo un momento en silencio, no porque no pueda recordar, sino porque alguien me observa desde la pequeña ventana que separa mi habitación del pasillo. Unos profundos y preocupados ojos grises me devuelven la mirada y sólo se apartan de mí cuando una mujer se acerca a su lado para decirle algo.

"A-Anastasia Steele, veintidós años" Carraspeo, aún siento la garganta seca.

El médico frunce las cejas levemente y anota mi respuesta en sus papeles.

"¿Recuerda algo antes de despertar en esta habitación?"

"Estuve en un accidente, no recuerdo cómo ni qué pasó… ¿está Ray acá?"

"Disculpe, ¿quién?"

"Mi padre, Ray Steele"

El médico me mira desconcertadamente y me desespero, haciendo que la máquina que controla mis signos vitales se dispare al ritmo de mi corazón. Claramente no conoce a Ray, quizá mi madre vino o talvez fue Kate quién durmió a mi lado. No sigo haciendo preguntas y me limito a ver a la enfermera tomar mi pulso en mi muñeca derecha y ajustar la máquina mientras el médico, después de asentir con la cabeza a modo de despedida, sale de la habitación.

Estoy cansada, me duele todo el cuerpo y no sé quién durmió en mi habitación. Ni siquiera me molesto en pedir un poco de agua, sólo cierro los ojos y me dejo arrullar por el sonido de mi corazón en la máquina.

Intento recordar el accidente, hacia dónde iba, qué sucedió, algo, pero nada viene a mi memoria, sólo logro que algo comience a martillear en mi cabeza, todo es confusión y dolor e intento pensar en la lluvia, deseando que los recuerdos regresen al despertar.

Pero unos nudillos en la puerta me interrumpen y abro los ojos a regañadientes; quiero dormir.

Son aquellos ojos grises que me observaban desde la ventanilla. Sus pantalones grises caen sueltos de su cintura y puedo ver los trabajados bíceps bajo las mangas cortas de su camisa azul.

"¿Necesitas algo?" Pregunta con la mandíbula apretada como si estuviera reprimiendo cientos de emociones a la vez.

"Agua" Digo con un hilo de voz, ya que no podré dormir, aprovecho el instante para detener la incomodidad de mi garganta.

Él se acerca a mi lado, sirve agua desde una jarra en la mesa de noche y me acerca el vaso a los labios. El frío líquido reconforta todo el dolor que se expande por mi cuerpo como oleadas de calor. Cuando termino de beber, él se queda de pie a mi lado con la expresión dura como una piedra. Me confunde. Y me intimida.

"¿Qué sucedió?" Pregunto intentando zafarme de la mirada de esos profundos ojos, pero no se desvían.

Continúa observándome, buscando sus palabras. "Un idiota conducía a ciento ochenta en un lugar de cien e impactó tu auto después de impactar el mío"

"¿Tu auto? ¿Estabas cerca de mí?"

Ojos grises me observa con la confusión escrita en su rostro, y algo de dolor. No se mueve, ni siquiera juguetea nerviosamente con el vaso que sujeta entre sus largos dedos.

"¿Sabes quién soy?"

Siento ganas de vomitar, o peor aún, siento el gran impulso de levantarme de la cama y lanzarme por la ventana, ya que se supone que debo recordar a aquel hombre, pero, en el pequeño círculo de conocidos con el que me relaciono, ninguno tiene unos ojos como los suyos, por lo que deduzco que debemos de conocernos de algún otro lugar, pero no puedo recordar de dónde.

"Anastasia" La forma en que dice mi nombre me hace temblar. Su voz está teñida por la ansiedad y la desesperación, pero no tiemblo por eso, hay algo más, algo que no puedo describir, por algún motivo me siento atraída.

"Disculpa, no sé quién eres"

Puedo jurar que en esos ojos grises se desató una tormenta eléctrica.