Me despierto con una sensación de felicidad en el cuerpo que no acabo de ubicar. Mi cabeza aún está en el país de los sueños cuando empiezo a recordar la fiesta. Empiezo a sonreír de forma inconsciente mientras voy montando el puzzle en mi cabeza y abro los ojos de golpe. La imagen de Draco Malfoy besándome parece grabada a fuego… ¡y yo le respondí al beso! Vale, genial, primera parte del plan finalizada, ahora toca actuar con normalidad, aquí no ha pasado nada grave.
Hoy me levanto algo más tarde de lo normal y me encuentro con mis compañeras de habitación ya despiertas. Tanto Parvati como Lavender son dos grandes cotillas, más la segunda que la primera, lo que ahora me va a ir de fábula, ya que lo primero que hacen es preguntarme por la fiesta de anoche y como lo pasé con mi pareja.
– Bueno, la fiesta estuvo bien –contesto algo evasiva–. Aunque mi primera pareja no duró mucho como tal.
Las veo abrir los ojos de par en par, la curiosidad chispeando en ellos, saliendo al final por la boca de Parvati:
– ¿Primera pareja? ¿Significa esto que tuviste una segunda? –no ha podido contenerse y eso me encanta.
– Sí… –estoy disfrutando de lo lindo– La verdad es que no lo tenía planeado, Cormac parecía tan simpático…
– ¡Y está como un tren! –me corta Lavender.
– …y está como un tren –continuo yo, dándole la razón–. Pero se puso muy pesado, así que cuando llegó otra oportunidad, la aproveché.
No tengo que esperar mucho para que me pregunten quién es la oportunidad de la que estamos hablando.
– Oh –digo quitándole importancia con un movimiento de la mano–. Malfoy.
– ¿Malfoy?! –gritan a coro– ¿Draco Malfoy?! ¿El príncipe de Slytherin?!
– Sí, ese Draco Malfoy –contesto con mirada inocente–. No hay otro, ¿verdad?
Intento sonreír con suavidad. Creo que lo logro, pero una sonrisa de oreja a oreja lucha por abrirse paso y expandirse por todo mi rostro. Parece que les haya lanzado un Petrificus a ambas, están en estado de shock. Poco a poco se les pasa y empiezan a atosigarme con preguntas de todo tipo.
– Bueno chicas, tampoco hay tanto que decir –¡madre mía, que divertido es esto!–. Nos encontramos, bailamos y nos besamos. Lo típico de las fiestas.
– ¿Típico? –Lavender de nuevo, creo que Parvati vuelve a estar en shock– Hermione, es Draco Malfoy. ¡Él es de todo menos típico!
– Bah, no es algo que no haya hecho con más de medio colegio –vuelvo a quitarle importancia. Quiero sembrar una semilla, no recoger los frutos–. En fin chicas, voy a ducharme y bajar a desayunar. ¡Me muero de hambre!
Cojo mis cosas y me meto en el baño mientras las oigo cuchichear a mis espaldas. Esta mañana de domingo pinta muy entretenida.
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En la Sala Común me están esperando Harry y Ginny con cara de pocos amigos. Vaya. Ron también está, pero es obvio que no me espera a mí, sobre todo cuando me pregunta por Lavender en cuando pongo un pie en la habitación.
– Ya está despierta, pronto bajará –contesto de forma mecánica y con el ceño ligeramente fruncido. Parezco un robot.
– Hermione, vamos a desayunar, que hoy tengo MUCHA hambre –dice Ginny abriendo los ojos significativamente, como si intentara hablarme a través de ellos.
Sí Ginny, pienso yo, ya sé por qué tienes tanta prisa por desaparecer del radar de tu hermano.
Tira de mi brazo para hacerme avanzar pese a no ser necesario mientras Harry nos sigue.
Evidentemente, en cuanto pasamos el retrato empieza a hablar atropelladamente, totalmente ofuscada, consiguiendo que me ría.
– A ver Ginny, vayamos por partes. Primero, respira tranquila, Malfoy y yo no tenemos nada.
– ¡Pero te besó! ¡Yo lo vi! –exclama ella con los ojos como platos.
– Sí Ginny, me besó –empieza a ponerme nerviosa que Harry no diga nada–. Pero no es lo que tú piensas. Solo fue un beso inocente en medio de una fiesta, cosas peores habrá hecho el chico, ¿no crees? Vamos, que su fama le precede.
– Lo sé, lo sé. Pero estoy preocupada por ti. Malfoy siempre te ha tratado mal. ¿No crees…?
– ¡Es un mortífago, Hermione! –explota Harry. Me lo estaba temiendo– ¿Cómo se te ocurre?
– Harry, no tienes pruebas…
– ¡No necesito pruebas! –me corta– ¡Lo sé y punto!
Está hecho un basilisco. O lo tranquilizo o me come viva.
– Harry –empiezo suavemente mientras le toco un brazo–, ¿tú sabes por qué fui con Cormac McLaggen a la fiesta, verdad?
Arruga la nariz y contesta:
– Sí, lo sé.
– Bien, entonces también sabrás el por qué Draco Malfoy, ¿correcto?
De repente parece que la Navidad se haya adelantado (los pocos días que le quedan) y aparece una gran sonrisa en su cara a la par que le brillan sus ojos verde esmeralda.
– No sé cómo has conseguido que Malfoy acepte algo así, pero ahora lo entiendo todo.
No puedo evitar sonreír yo también. Su alegría es contagiosa para mí, pero no para Ginny, que parece un poco perdida.
– Vale, aquí hay algo que no estoy entendiendo. ¿Qué es? –pregunta haciendo morritos.
Harry se derrite y le contesta, obviamente orgulloso y satisfecho de poder darle una respuesta:
– Hermione quería molestar a una persona (no, lo siento, no puedo decirte quién) y por eso el beso con Malfoy.
– Querías molestar al idiota de mi hermano, ¿verdad Herms? –esta chica es más lista que el hambre, pero por algo es mi mejor amiga, así que le sonrío dulcemente.
– Sí, quería molestar al idiota de tu hermano.
– ¡Ah! Tendríamos que haberte acorralado delante de él, pues.
– No, no, así está bien –contesto–. Pronto se enterará.
Mi sonrisa enigmática hace que frunzan ligeramente el ceño un momento, pero dejan pasar el tema cuando llegamos al Gran Comedor. Parece que podré desayunar tranquila.
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Draco POV:
Cuando la veo entrar por la puerta del Gran Comedor mi mente me transporta a la noche anterior. Otra vez. No muchas chicas pueden decir que han dejado al príncipe de Slytherin con la casi necesidad de una ducha fría. De hecho suelo ser yo el que las deja en ascuas para que me persigan unos días, es divertido ver lo mucho que se esfuerzan por meterse en mi cama. Pero no Hermione Granger. Ella me ayuda inexplicablemente, me pide un precio inverosímil y, cuando creo que la tengo a mis pies, se va y me deja con ganas de más. ¡A mí!
Mierda, ya vuelvo a pensar en lo que no debería. ¡Es una sangre sucia, por amor a Merlín! Lo de ayer solo lo hice por joder a la comadreja, ¡nada más! Pero el modo en que ella respondió al beso me pilló totalmente desprevenido. Mi cuerpo reaccionó sin mi permiso de una manera que me desarmó completamente. Maldita sabelotodo, atreverse a jugar conmigo… Pero esto no quedará así. ¡De ninguna manera! No pienso parar hasta quedar satisfecho.
Sigo divagando a la par que me reprendo por tener estos pensamientos. Ni siquiera sé cuándo empezó. Al principio me ponía de mal humor cuando a otro se le ocurría insultarla en mi presencia, ¡eso era algo que sólo podía hacer yo! Cuando me dio ese puñetazo en tercero… nadie nunca se había atrevido a pegarme, ni siquiera mi padre. No, él me castigaba con la varita, sus métodos siempre han sido… refinados. Aquel golpe realmente me marcó. La primera sonrisa cuando se encogió los dientes después de que le diera aquel hechizo… simplemente perfecta. En el baile de Navidad de cuarto, colgada del brazo de Krum… divina. No puede ser mía, yo soy sangre pura y debo cumplir con lo que se espera de mí. Pero no puedo aceptar que sea de ningún otro, igual que no acepto que nadie la haga llorar. Siempre me doy cabezazos cuando lo hago yo, seré idiota. Pero no lo puedo evitar, sería demasiado evidente.
Pansy no para de colgarse de mi brazo y lloriquear por los rumores de la fiesta. Es de lo único que se habla en todo el Gran Comedor. Blaise es más listo, él se ha limitado a enarcar una ceja en mi dirección cuando Granger ha aparecido por la puerta. Cada día estoy más harto de esta chica, Pansy piensa que por ser mi primera novia tiene algún derecho, pero ya hace mucho tiempo que le dejé bien claro que yo no le debía, ni le debo, ninguna explicación. Ella y yo no somos nada y pienso dedicarme a ir de flor en flor… Ahora que lo pienso, últimamente me rondan tantas cosas por la cabeza que mis flores se han reducido considerablemente en número. Espero que no se haya hecho una idea equivocada de eso, mis conquistas no menguan por ella, si no por… bueno, otra ella.
Desde anoche hay una idea que no para de rondarme la mente. Algunos dirán que me he vuelto loco, pero he tomado una decisión. Hermione Granger va a ser mía ¡y a la mierda la sangre! Ahora lo único que queda es… ¿cómo?
De repente veo entrar una mancha pelirroja echando humo. Esto va a ser divertido. Me pongo cómodo mientras una sonrisa arrogante surca mi rostro; tengo una posición privilegiada para ver el espectáculo. Todo el salón se ha quedado en silencio y los gritos de Weasley se escuchan por los cuatro costados. No se entiende nada de lo que dice, me da que no es capaz ni de hilar una frase entera. Realmente está rabiando, ni que ella fuera suya. No puedo evitar fruncir el entrecejo cada vez más. Sin querer admitirlo, me doy cuenta de que esto me gusta cada vez menos. Veo como ambos se gritan y al final ella sale escopeteada del comedor, roja de rabia. La sigo de forma automática. Vaya adónde vaya, yo quiero estar ahí.
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Hermione POV:
¡Será imbécil! ¡Ron no tiene ningún derecho a enfadarse! Sí, vale, lo hice para eso, pero esta vez se ha pasado. Me ha puesto en evidencia delante de todo el mundo. No sabe lo que significa la discreción, ni hablar tranquilamente las cosas. Ha sido una discusión tan estúpida, con Lavender colgada de su brazo como si fuera una extensión de su cuerpo. Estoy tan enfadada que no noto que me han seguido hasta que oigo una voz a mis espaldas:
– ¡Granger! –no me lo puedo creer, ¿me ha seguido corriendo hasta el lago? Por cómo resopla diría que sí– ¿Se puede saber a qué vienen esas prisas?
– ¡Déjame! ¡No te importa! –supongo que no puedo echarle la culpa, lo hice porque quise, pero me sienta tan bien gritarle a alguien que no puedo evitar seguir– Felicidades, lo has conseguido, hemos hecho enfadar a Ron.
– Hemos, sí, es lo que querías, ¿no? –pregunta cauto. Espera, ¿cauto?
– Sí, es lo que quería –no puedo evitar suspirar mientras me dejo caer apoyada en un roble junto al lago. Él se sienta a mi lado, no está aprovechando para burlarse de mí y eso me intriga. Ahora que lo pienso, este año apenas me ha insultado, mucho menos cebarse conmigo.
– Entonces, ¿por qué estás tan triste? –cuestiona lentamente.
– Porque estoy perdiendo a mi mejor amigo –contesto con una sonrisa irónica mientras me abrazo las piernas. No sé porqué le respondo, pero su actitud hace que me resulte fácil abrirme a él.
– Mm… Puedes ganar un nuevo amigo, si quieres.
– Oh, ¿y ese serías tu? –no lo puedo evitar, me pongo a la defensiva automáticamente.
– ¿Por qué no? –pregunta. ¿Por qué no? Bueno, se me ocurren unos cuantos motivos– No puedes saber si saldría mal o bien, ni siquiera lo hemos intentado.
– ¿Por qué quieres ser amigo mío? –no es propio de mí responder a una pregunta con otra, pero ahora me siento bastante confundida.
– Creo que podría funcionar –responde sonriendo enigmáticamente mientras me tiende la mano–. ¿Y bien? ¿Amigos?
Su sonrisa me desarma por unos momentos. Parece sincera. Cuando me quiero dar cuenta estoy tomando su mano. Él me ayuda a levantarme a la vez que yo le contesto:
– Amigos.
