Título: Juntos

Autoras: Parvati-Blossom y ChePotter

Resumen: -Fict Compartido con CheP- Cuatro jóvenes, amigos de toda la vida, deciden emprender un reto: Redactar una historia sobre su personaje favorito. Sin embargo, sus encuentros distan mucho más de ser solo conjuntos de ideas, y a medida que la historia avanza, los conflictos se hacen presentes, y las amistades se ponen a prueba. MuggleWorld.

Rating: G

Género: General. Tiene toques de drama... toques de humor... pero general.

Capítulos: 2/4

Disclaimer: Todos los personajes nos pertenecen, son de nuestra absoluta autoría, salvo las menciones al mundo de JKR aka los personajes de HP. Esta historia no tiene finalidad de lucro.


Capítulo II

No obstante, ni al día siguiente, ni al otro, ni al otro siquiera, Xavier dio fruto alguno, y lo máximo que Jean Paul había logrado hacer hablar a su amigo consistía en un Hola, proseguido de un Nos vemos, y luego el tono del teléfono cuando el muchacho finalmente había colgado.

Era por esa razón, que dos semanas después de haber comenzado la historia, aún se encontraban en el mismo específico lugar. La libreta, donde las cuatro caligrafías se mezclaban en un único sustento, se encontraba guardada propiamente en uno de los cajones del armario de Paul.

"Kiky sigue sin explicarme nada," suspiró Sandra, se cebó un mate y le observó esperando su respuesta ante aquella tan monótona noticia.

"Con Xav es peor, creo que está demasiado dolido como para siquiera enfrentarse a alguno de nosotros dos"

La mesa de la cocina no sería el lugar más cómodo de la casa, pero era definitivamente el más reservado, posiblemente más aún que su cuarto. Hacía media hora que se repetían prácticamente lo mismo pero en diferentes palabras tratando de comprender la situación, pero sus intentos eran totalmente vanos.

"Tal vez deberíamos seguir..."

"Ni lo digas, San. Allí hay cuatro personas aportando ideas, y así debería quedar,"

"Lo sé, pero ha pasado mucho tiempo, tal vez, si saben que seguimos..."

"No dejarían sus diferencias para otro día, ni nos dirían qué pasa, sería todo lo contrario, San, se ofenderían con nosotros por dejarlos de lado" Sandra terminó su mate, y sirvió uno a Paul, quien lo tomó sin demasiado entusiasmo.

"Pero tenemos que hacer algo, no puedo seguir viendo a Kiky llorar." Sandra se detuvo inmediatamente arrepentida de sus palabras, aquello era un dato que no había revelado por respeto a su amiga, y aunque estaba segura tanto de que ella no se molestaría como que Paul no lo mencionaría, igual un grado de culpa le invadió.

Paul percatándose de aquel detalle, obvió la última sección de la frase proporcionada por Sandra, mientras concordaba en la realización de algo al respecto. Sin embargo el problema en el que se encontraban era... ¿qué hacer?

"El parque" murmuraron ambos jóvenes al mismo tiempo, y luego se dirigieron miradas cómplices, obviamente trabajando en su mente un plan para salir de aquella angustiosa situación.

Aquel lugar que tantas veces habían recorrido de pequeños se encontraba completamente sereno a aquellas horas. No era que fuera realmente tarde, pero los padres ya habían llamado a los niños a cobijarse bajo los techos de sus hogares, y ellos eran quienes causaban el mayor revuelo en el lugar.

Con pasos tranquilos, y cargando el termo y el mate con ellos, Sandra y Paul se dirigieron a los viejos columpios rechinantes. Desde que ellos tenían memoria aquellos elementos metálicos habían estado allí, y en lo que a Jean Paul concernía, eso era toda su vida. Sandra, habiendo sufrido de constantes mudanzas hasta la de edad de ocho años, había aterrizado en el barrio gracias a aquellos columpios, ya que deseosa de estrenar sus nuevos patines el mismo día de su llegada, había tropezado con un caño, en aquel tiempo descubierto, del frío armamento de columpios, presentándose formalmente con el firmamento de la vereda.

Se sentaron allí tranquilamente, sabían que ese parque era el único capaz de ayudarles en aquellos momentos, posiblemente quien más había compartido con ellos desde siempre, y eso incluía a Kiky y Xavier. Observaron el sereno aspecto, mientras el reciente matrimonio de la casa de la esquina se desvanecía dentro de su hogar.

Era un anochecer extrañamente tranquilo, y agradecieron enormemente por ello en silencio. Sin embargo, sabían lo que debían hacer, era hora de elaborar el plan. Pero también sabían que no sería fácil hacerlo. Tanto Xavier como Kiky eran personas testarudas y conseguir que las cosas se apaciguaran entre ellos sería todo un reto. Ambos tenían cierto monto de culpa sobre lo sucedido, si bien fue Kiky quien desbordó la discusión.

"No es cuestión de quién tiene la culpa" Dijo Paul. "Sino de quién es el primero que está listo para perdonar."

"De nada servirá darles más tiempo." Comentó San. "Lo único que harán es seguir auto-convenciéndose de que el otro tiene la culpa, pero ambos saben bien en el fondo que eso no es verdad."

"Además que están empezando a sentir la ausencia del otro en sus vidas. Todos sabemos que amistades como la que ellos comparten son únicas, y que no serán olvidadas así como así."

"Entonces... tenemos que ayudarlos a dar el primer paso. Luego de eso, creo que todo se resolverá como está destinado a hacerse."

Permanecieron unos minutos en silencio, intentando hallar el mejor método. La idea no era obligarlos. El viejo truco de conducirlos al mismo lugar para que se encontraran y dialogaran sus diferencias no era el adecuado. Entonces... ¿qué?

"Quizás... podríamos hacerles recordar cuán especial es su amistad." Murmuró San. "Podríamos... traerlos aquí y que vean por sus propios ojos lo que están destruyendo con su terquedad."

"Que no coincidan los tiempos" Propuso él. "Será mejor que no se encuentren o el momento de reflexión se irá al demonio." Sandra sonrió levemente.

"No podrán acusarnos de haber sido los culpables de su colisión o reconciliación. Ellos decidirán por sí mismos, nosotros sólo les daremos... " Y con una brillo en los ojos que escondía su picardía, concluyó la frase: "una mano."

Se miraron y terminaron de decidirse. Quizás no era el mejor plan, pero era el único que tenían.


Al día siguiente Sandra visitó a su amiga como casualmente solía hacer todas las semanas. Aunque a decir verdad, en los últimos días, su rostro no estaba tan radiante de felicidad como antes, sino que la preocupación nublaba su energía. Era difícil de ver, pero esta vez un atisbo de esperanza podía ser contemplado en su sencilla sonrisa cuando saludó a la madre de Kiky. Intercambió un par de palabras con ella antes de subir a la habitación de su amiga.

La encontró como la había dejado el día anterior: acostada sobre la cama, con grandes ojeras bajo sus ojos (signo evidente de su falta de sueño y de las lágrimas que había derramado todos esos días) y su ropa totalmente desaliñada. Esa no era Kiky de siempre, la cual estaría brincando por la casa, repleta de entusiasmo, y con la ropa más cuidada que pudiese atinar.

Sandra se mantuvo unos instantes en el marco de la puerta, cuestionándose si su amiga había notado su presencia o no. Sin embargo, un gesto de su mano le respondió su duda.

"Un poco de aire fresco no te vendrá mal, Kiky. Estás muy pálida." Dijo Sandra a modo de saludo.

"Prefiero quedarme en casa." Murmuró su amiga, su tono de voz escaso de ánimo. Ni siquiera había abierto los ojos para mirarla, y si bien fue algo que le dolió un poco a San, prefirió ignorarlo. Había cosas más importantes a las cuales atender.

"Si permaneces encerrada en tú misma nada se solucionará." Contestó. "Permanecer aquí, encerrada, no te dará las respuestas que buscas ni hará del momento algo más soportable. Hay que enfrentar la realidad, Kiky. Siempre fuiste alguien valiente... ¿por qué ahora no?"

"No entiendes, San... No puedes llegar a entender." Respondió Kiky.

"Entonces explícame. Haré todo lo posible por entender."

En esta ocasión, su amiga abrió los ojos y se levantó de la cama para luego mirarla fijamente. Algo de lo que había dicho le había llegado y la había hecho reaccionar. Por un momento Kiky titubeó, debatiéndose si hablar o no, hasta que finalmente se resolvió.

"Yo... Simplemente... Estoy harta de todo esto." Respiró hondo, dándose unos segundos para acomodar sus ideas. "Harta de los malos entendidos, de las discusiones... esto ya no se siente como antes." Sandra elevó una ceja, instándola a continuar. Estaba diciendo mucho más en esos minutos que lo que había llegado a pronunciar en una semana, y si bien no sabía a qué se debía el cambio, eso ahora no importaba. "Xavier me importa mucho y es un gran amigo, pero también... también encuentro algunas de sus actitudes algo... irritantes. Ya no lo siento igual. Es tan terco, tan egoísta..."

"Todos tenemos nuestros defectos, Kiky. Nuestros problemas... nuestros pasados..." Se detuvo, observando pensativamente la habitación en busca de las palabras idóneas. "Todos necesitamos de vez en cuando un espejo para vernos, para encarar lo que somos. Y muchas veces, ese espejo son nuestros amigos. Son ellos quienes nos aceptan, aún cuando no nos aceptamos a nosotros mismos. Son ellos los que no temen decirnos la verdad, aún cuando nosotros queremos olvidarla, y son ellos quienes están ahí para apoyarnos en los momentos de dificultad... cuando parece que nadie queda a nuestro lado."

Kiky consideró sus palabras, aunque no parecía muy convenida ni tampoco parecía entender cuál era la intención de Sandra.

"¿Qué tal si vamos al parque?" Opinó San y Kiky aceptó a regañadientes, aunque dispuesta a escuchar lo que su amiga tuviera que decir.

'Una vez que has picado el anzuelo, es difícil dejarlo ir.' Pensó San, sonriendo mentalmente.

Paul, sin embargo, no contó con la rápida resolución que Sandra había logrado. Sólo llegar a casa de Xavier se había convertido en un laberinto sin salida. Finalmente cuando logró deshacerse de todos los quehaceres que interrumpían su tarea, emprendió un camino que ya le traía malos presentimientos.

Se odió a sí mismo cuando estos se tornaron realidad al ser recibido en casa de Xavier.

"Hola, Paulie, qué bueno verte" Una muchacha dos años mayor que él le observaba apoyada contra el marco de la puerta. "Has crecido mucho desde la última vez..."

"Shanon" saludó cortésmente, tratando de obviar el tono juguetón que ella empleaba en él. "¿Me dejarás pasar?" la chica cuyas obvias intenciones distaban de abrirle el paso, le observó de pies a cabeza haciéndole sentir extremadamente incómodo.

"Dudo mucho que mi hermano te dé una buena bienvenida, pero si es lo que tú deseas," Shanon se movió ligeramente de la entrada, dejando un estrecho espacio para que Jean Paul entrara al hogar.

"Xavier está en su cuarto," murmuró la muchacha luego de que Paul hubiese travesado rápidamente el recibidor, tratando de alejarse de la chica y de su mirada coqueta.

'¿Desde cuándo está ella de vuelta?' pensó para sí mismo mientras subía las escaleras hacia el segundo piso. Sin embargo sus pensamientos fueron interrumpidos inmediatamente por algo parecido a un chillido, y un par de brazos que se aferraron a su cuello.

"¡JEAN PAUL¡¡¡¡¡JEAN PAUL!" los ojos negros de Celia le sonrieron una vez tranquilizada, y de nuevo en el suelo. "¡Qué bueno que estés aquí¡Esto es un infierno...!" los gestos dramáticos de la niña hicieron sonreír a Paul, quien nuevamente se veía interrumpido en su búsqueda de Xavier. "Xavy," Celia era la única que llamaba al muchacho de aquella forma, y era también la única que no producía en él enojo alguno, "está que parece un muerto, y encima, volvió Shanon cara de barro"

"No llames así a tu hermana," trató de reprenderle, pero su voz delataba la gracia que le producía escuchar a alguien hablar así de la joven. "¿Vino de visita?"

"¡Ojalá!" la niña dio un salto, y comenzó a andar hacia la habitación de su hermano. Paul agradeció enormemente que el transcurso de los hechos se acomodara, mientras tanto le invadía la curiosidad sobre la razón por la que Shanon estaría de vuelta en aquel hogar.

"¿Se va a quedar?" disimuló el terror que le causaba aquella idea, ya estando frente a la habitación del único hijo varón de la familia Nolte.

"Así parece," la niña le miró resignada y luego, volviendo a su sonrisa habitual, agregó: "Convence a Xavy de que hable con Kiky, eso le hará sonreír. Y dile que quiero a mi hermano de vuelta" Jean Paul asintió levemente y entró al dormitorio, sólo para encontrarse con un pálido Xavier recostado en su cama y ojos como platos observando el monótono cielorraso.

Sin decir palabra levantó las persianas, dejando que el brillante sol se adentrara en el lugar, el cual había tomado un aspecto totalmente lúgubre.

"¿Hace cuánto no sales de ahí?" Xavier encogió los hombros a modo de respuesta, y continuó mirando el techo.

"¿Supongo entonces que no sabes cuándo fue la última vez que comiste?" el aludido repitió el movimiento de hombros. "Genial," murmuró Paul para sí mismo con pesar.

La habitación parecía haber sido arrasada por un caos descomunal, aún para Xavier. Hojas dispares se repartían por toda la habitación, así como un portalápices y su contenido se encontraba desparramado por el suelo. Una bandeja con comida y un vaso de agua, todo sin tocar, y con la apariencia de estar allí desde el día anterior se situaba impasible sobre el escritorio.

"Recuerdas: 'ahora entendía mejor las cosas. No había ni blanco ni negro... sólo un gran matiz de grises.' Tus palabras"

"Vanas"

"¿Tú crees? Oh, no, no vuelvas a hacer eso," le interrumpió cuando nuevamente Xavier se desinteresaba del tema con un gesto de hombros, "Tienes el don de la palabra, úsalo"

"¿Qué quieres?"

"Que comas algo antes de que te desnutras, que respires aire fresco y que dejes de parecer, en palabras de Celia, 'un muerto'"

"Es una buena chica," fue la única respuesta que logró sacar de su amigo, quien ni siquiera había sonreído ante la mención de su adorada hermana.

"Ayer me trajo esa bandeja, dijo que la había preparado ella misma" comentó Xavier luego de un rato de silencio por parte ambos.

"Vamos, salgamos a dar una vuelta... este lugar me hace sentir encerrado, sobretodo con..."

"Ya te encontraste con Shanon entonces..." Jean Pual asintió. "Una desgracia que esté de vuelta..." Xavier siguió mirando el techo prácticamente sin pestañear.

"Xav, no puedes seguir encerrado..."

"¿Qué me querías decir con esa frase?"

"¿Qué frase?"

"La de los matices..."

"Xav, tú la escribiste, tú deberías saber su significado," sonrió Paul sintiéndose más confiado ahora que lograba que Xavier entrara en el tema. Sin embargo aquello pasó desapercibido a los ojos pensadores de Xavier.

"¿No odias cuando te sientes traicionado y apenas sabes las razones...?" Por primera vez desde que Paul había puesto pie en la habitación, y también según sus sospechas, por primera vez en todo el día, Xavier retiró sus ojos del techo, y los desvió hacia su mesita de luz.

El muchacho tomó un portarretrato que se encontraba boca abajo sobre la mesa, lo observó detenidamente, y luego lo pasó a Jean Paul. Era una foto que había tomado hacía un par de años, más precisamente en la fiesta de quince de Kiky. Estaban los cuatros, todos sonrientes, bien vestidos, pero sobre todo...

"Juntos"

"Me leíste la mente."

"Es fácil saber qué piensas cada vez que miras esa foto, Paul. Lo mismo pienso yo," Xavier sonaba entre melancólico y perdido. "¿Aún quieres dar una vuelta? Me gustaría pasar por el parque"

Paul sonrió satisfecho, ocultándola tras la fotografía en sus manos. Después de todo, las cosas no habían resultado tan difíciles.