Capítulo 2
Sakura bajo del escenario deseando irse a casa, pero la noche para ella apenas estaba empezando, ahora vendría lo más difícil, los bailes privados, donde tendría que estar abofeteando a todos esos idiotas, que creía que el solo hecho de pagar para que ella le hiciera un baile, les daba derecho total sobre su cuerpo.
Hinata hizo una mueca. —Esta ropa interior es molesta. —se quejó removiendo un poco la tanga. —Da comezón.
Sakura rio mientras se untaba el aceite. —No sé para que nos obligan a usar esta cosa.
—Es para que estés brillante y resbalosa. —comentó Hinata, quitándole la botellita. —Huele demasiado dulce para mi gusto ¡Gagh!
Las dos empezaron a reír, pero la diversión les duro poco. Afrodita, la dueña del Club La Flores de Afrodita, donde ambas trabajaban, se acercó con una mueca. Sakura y Hinata intercambiaron una mirada.
—Sakura, te quieren para un baile. —Le dirigió una mirada severa. —Son clientes importantes, chica. Intenta no echarlo a perder.
Se dirigió hacia sus clientes, con paso seguro y contoneando sus caderas. Suspiró aliviada al ver que sus clientes no eran viejos feos y arrugados, sino, hombres jóvenes, fuertes y atractivos.
El rubio acaricio su trasero. Sakura le dio una sonrisa sensual. —No se puede tocar, amor. —le dio un golpecito en la mano. Naruto se puso aún más cachondo.
Sakura empezó a bailar para ellos. No se sentía intimidada por aquel par de ojos negros y perversos, que parecía devorarla, que le prometían horas de pasión desenfrenada. Se acercó al hombre, lo monto a horcajadas, deslizó sus labios a lo largo de la mandíbula, cuando el intentó tocarla, lo abofeteó con fuerza, él sonrió pidiendo venganza, Sakura se estremeció, ¿quién era aquel hombre que la hacía desearlo tanto?
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Llegaron a casa, Sakura preparó el té mientras Hinata se duchaba.
—Estaba guapo. —comentó
—¿Quién? —preguntó su amiga mientras tomaba una taza.
—Ese tipo que pago para que le bailara toda la noche. —dijo, antes de darle un sorbo a su té. —Ni siquiera me molesto cuando tocó más de lo que debía.
Hinata se encogió de hombros. —No te hagas ilusiones con los clientes, Sakura. —suspiró. —De verdad, no quiero que termines lastimada.
—No te preocupes, tonta. Mi corazón tiene dueño.
—¡Ah sí! —se burló. —Ese mejor amigo tuyo que tienes como quinientos años de no ver.
—No te rías. —hizo un puchero tierno.
—Lo siento, es que… A veces eres muy inocente. —sonrió. —Quisiera recobrar esa inocencia y esa fe en el amor. —la señaló. —Te envidio, en serio.
—Sasuke fue mi primer amor, no puedo hacer nada ahora. Siempre fue tan tierno y tan dulce conmigo.
—Claro, ¿y por qué preferiste ser novia de bastardo egoísta y cruel que de él? —Hinata fingió pensar –Sí, ya me acordé. Era feo, muy feo según me lo has descrito, tal vez ahora tenga suficiente dinero y puedas convencerlo que se haga una cirugía plástica para parecerse a Robert Dawney Junior.
—Cuando hablas así, me haces sentir superficial. —volvió a hacer ese tierno puchero.
—Te voy a contar un secreto, fuiste muy superficial, nena.
—En mi defensa digo que era una niña.
—Lo sé. Una niña bastante inteligente, que escogió al hombre correcto para perder la virginidad. No me cansó de escuchar esa historia, me parece tan linda. Fue tan tierno y atento. —Sakura sintió algo de pena por su amiga, la primera experiencia sexual de Hinata no fue placentera, incluso, la dejó un poco traumada, el maldito prácticamente la había violado.
—Lo que pasa es que eres una pervertida, así que no me vengas que es por lo tierno y atento que fue.
—Claro que no. —se defendió.
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Sasuke estaba tranquilamente trabajando, cuando el retrasado de su mejor amigo apareció, ni siquiera llamó a la puerta, simplemente entró a su oficina. Naruto era tan molesto cuando quería serlo, y por alguna razón, siempre aparecía en el preciso momento en el que no quería ver a nadie.
—Sabes, esa secretaria tuya está muy guapa.
—¿Tienes que hacerme ese comentario siempre que la ves? —preguntó molesto.
Se encogió de hombros. —Consíguete una secretaria fea y no tendrás que escuchar más ese comentario.
—¿Para qué viniste esta vez?
Naruto ni siquiera presto atención a lo que dijo. —¿Todavía sigue siendo lesbiana?
—Nada ha cambiado desde la última vez que preguntaste esta mañana. —comentó molesto.
—Te juro que yo podría volverla heterosexual.
—Que no te escuche decir eso, odia a los hombres que piensan como tú. —Sasuke sabía que la intención de Naruto era exactamente esa, que su secretaria lo escuchara y le prestara atención, aunque esta fuera de forma negativa.
—¿Como tú? Quieres decir como nosotros ¿no? —Naruto hizo una mueca. —Eres un maldito mojigato, Sasuke.
—Vuelvo a preguntar ¿Qué quieres? —su tono sonó molesto, pero no tanto como quería. Naruto siempre le reprochaba lo mismo.
—Ya que veo que mi presencia te molesta, debería irme y claro, conmigo la información que tengo sobre tu noviecita. —tomó el picaporte de la puerta.
—Sakura no es mi novia. —dijo, aunque deseaba con todas sus fuerzas que así fuera.
—Sí, sí como digas. —puso un pie fuera de la oficina.
—Espera, dime que es lo que sabes.
Sonrió. —Pensé no me querías aquí. —se encogió de hombros. —Pero tal vez me quede si ruegas que lo haga.
—Vete al infierno, Naruto.
—Yo también te amo, Sasuke. —siguió molestando a su amigo, y es que, ese pequeño tic que aparecía en su mandíbula cada vez que se enojaba, lo divertía mucho.
—Naruto. —gruñó molesto. —Dime de una maldita vez, y si lo haces te prometo que te contare lo que paso con Anko.
—Genial, prométeme que me dirás todo con cada detalle. —dijo antes de sacar un sobre manila. —Aquí está toda la información de los últimos diez años de su vida. Incluso los hombres con los que ha estado. —comentó para picar un poco más a su amigo, pero no fue tonto, mantuvo una distancia recomendable para no ser alcanzado por su puño.
—Me estas jodiendo. No te pedí esa información.
Se encogió de hombros. —Solo tenía curiosidad. —Sasuke lo fulminaba con la mirada. —También está su dirección, por si quieres ir a visitarla, vive con otra chica. —Naruto tenía esa mirada pervertida que conocía tan bien. —¿Crees que hagan cositas entre ellas?
Sasuke le arrebató el sobre. —Largo
—No hasta que me digas lo que paso con Anko.
—Quieres escucharlo, ¿en serio? O prefieres ver el video. Sabes que a ella la pone cachonda que la graben.
—Dame el maldito video.
—Eres un jodido pervertido.
—Claro y tú no, ¿cierto?
—Largo, Naruto. —gritó histérico.
—No tienes que gritarme, sabes. Entiendo perfectamente si me hablas como una persona educada. —se hizo el ofendido y se fue. Cinco minutos después volvió a abrir la puerta. —Dame el puto video.
Necesito amigos normales, pensó mientras le entregaba el bendito video.
