Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son del asesino en serie, pero así se le quiere xD

Sigue dedicado a la linda de Mik, a Zeit y a Ola-chan. Se les quiere.

A mi hermosa beta AddictedToMxM gracias por tu ayuda.

Sin más, por favor, lean.


Capítulo 2: Tus ojos

Desde que entró al infierno, Eren aprendió a controlar a todos los demonios de casta baja. Su poder se incrementó rápidamente; aprendió a odiar hasta a su propia sombra, así descubrió que podía alimentarse de los miedos de los humanos.

Siguió la única orden que Luzbel le dio: cubrir su ojo derecho. De esa manera desarrolló mejor la forma de predecir. Ya no solo era imaginar o ver a una persona para presagiar su muerte, ya podía identificar el lugar donde se encontraba, la ropa que llevaría y podía modificar la muerte como mejor le pareciera.

Su ojo era increíble, era una bestia que se deleitaba con la sangre que se derramaba. Invocaba a seres humanos débiles a sus sueños, hacía una apuesta y si ellos perdían, su alma era consumida por el demonio y quedaba una cascara vacía, donde implantaba un alma demoniaca. Así podía darle órdenes desde el infierno.

Su voz se volvió seductora, con un matiz lleno de placer, que enloquecía a hombres y mujeres por igual. Con esto aprendió a modificar su apariencia; ocultaba sus cuernos y sus alas, su cuerpo denotaba encanto en cualquier movimiento, su piel acaramelada seguía intacta, sus cabellos castaños eran más sedosos y brillantes, manos grandes y fuertes, un cuerpo esculpido por el mismo infierno.

Al susurrar al oído de cualquier ser humano, este se perdía en cualquiera de los ocho pecados capitales. Sí, ocho, porque él implanto en los corazones el que más fuerza tenía en los humanos: el pecado de vanagloriarse. Este hacía al humano más pretencioso y orgulloso en la percepción de su propio valor en la tierra, con este mataban a quien fuera por mantenerse en lo más alto del estatus social.

Eren amaba seducir a las mujeres, porque después, cuando se enteraban de que varias habían estado con él, se mataban por hacer valer su amor. La codicia del "amor" era increíble, era más fuerte que cualquier valor religioso.

—Tienes diez años de estar aquí, pero pareces de una edad mayor. ¿Estás orgulloso de tu trabajo? —preguntó Luzbel.

—La edad no me importa. Logré desarrollar mi cuerpo para poder hacer lo que me plazca con las vidas humanas, juré acabarlos a todos y esta apariencia es la más apropiada, y perdí la inocencia antes de morir por si no lo recuerda. Me complace todo lo que hago y es divertido.

—Así me gusta. Dime, ¿quieres que te dé algo en tus cumpleaños?

Eren lo observaba con detenimiento, pero lo hacía porque pensaba en qué podía querer un demonio que puede hacer lo que se le dé la gana. Mientras analizaba la situación recordó su mayor deseo.

—Sí, hay algo y lo deseo lo más pronto posible.

Luzbel alzó su mirada al castaño. Veía un deseo diferente, un placer que no había podido alcanzar, ni con todo el poder que había desarrollado.

—Dime cuál es y moveré todo el infierno para que te lo consigan.

—Quiero que encuentre a los mal nacidos que me mataron, y quiero que me permita después matarlos, pero a mi manera.

—¡Oh! Es un pedido interesante. Entre ellos está el que se hacía llamar tu padre —Eren al escuchar eso levantó la vista con más odio impregnado, sus colmillos se hicieron visibles. En ese momento Luzbel entendió que ese hombre era el principal, al que el castaño estaba dispuesto a descuartizar con la quimera más hambrienta que él tuviera—. No sé cuánto me demore en ubicarlos, pero es un trato.

Eren hizo la sonrisa más cruel que sus labios le permitieron. Estaba satisfecho, los mataría uno a uno, los haría sufrir, pagarían todo su dolor, sufrimiento y sobre todo la traición. Se retiró de la habitación de su señor, estaba emocionado.

Pero él nunca se imaginó que pasarían cinco años para que su deseo fuera concedido. Mientras pasaban esos años, él generó las guerras más crueles que se podían ver. Ni mujeres, niños o ancianos se salvaban de las masacres, y era Eren el que movía todos los hilos. Se regocijaba de sus hazañas, de los placeres de ver morir lentamente a todo aquel que iba en contra de sus deseos.


En el jardín de rosas, corría una niña con gafas. Estaba siendo perseguida por alguien más pequeño que ella, quien gritaba malas palabras y la pateaba cuando estaba cerca.

Hanji Zoe, una pequeña niña de tan solo diez años, era un prodigio en la medicina. Podía encontrar curas rápidamente para cualquier mal que estuviera acechando a las personas. Era alta para su edad, cabello café oscuro al igual que sus ojos. El color de su piel era hermoso, combinaba con toda ella, pero a diferencia de su acompañante, estaba algo más bronceado.

El pequeño mal hablado, Levi, para tener la misma edad que Hanji era muy bajo. Su piel era blanca como la porcelana, sus ojos eran un mundo entero que había que descifrar. Lo malo era que su lengua era más afilada que un cuchillo, su obsesión por la limpieza y no era nada sociable.

Sin embargo, Levi tenía el don de ayudar a quien más lo necesita, así sea tosco al tratarlos. Sabía perfectamente dónde había hambruna, dónde había huérfanos o el sitio donde la muerte había hecho presencia y estragos. Fue en una de esas visiones donde encontró a Hanji; salió de su cama en plena lluvia de octubre, tomó el primer caballo y cabalgó hasta el sitio donde esta se encontraba, y sin permiso alguno la llevó al Vaticano.

—Cuatro ojos de mierda, regrésame ese cloro. Lo compré en promoción y dicen que es uno de los mejores, que mata el cien por ciento de las bacterias. ¡Es el cien por ciento! ¡Regrésamelo!

—¡Atrápame, enanitooo!

—Te voy a matar, Hanji. Te partiré las costillas y después te enterraré, así nadie te encuentra.

Hanji seguía corriendo, como si de verdad esas amenazas pudieran cumplirse.

—Corre, enano. Por eso corre, corre, corazón, de los dos tú siempre fuiste el más veloz —cantaba y soltaba carcajadas.

Fue ahí cuando Levi saltó sobre una mesa y terminó sobre su compañera de juegos.

—Ahora sí te mato, mierda asquerosa, me hiciste sudar.

—Para tu edad eres muy grosero, Levi —dijo Pixis, con la mirada clavada en ambos niños—. Los dos están castigados por su comportamiento. Vayan a ayudar a las hermanas en lo que necesiten.

—Sí, señor —contestaron al unísono.

—Levi, si llegas a ver algo, avísale a cualquiera del escuadrón de apoyo.

Levi asintió, sabía perfectamente a lo que se refería. Había días en los que entraba en un trance, veía el sitio, las pérdidas humanas y cuántos seguían con vida, pero cuando era en el extranjero él solo daba la información correspondiente y el escuadrón iba de inmediato al rescate.


La oscuridad consumía todo lo que estaba a su alrededor. Intentaba verse las manos, pero era imposible. Al caminar se dio cuenta de que no tropezaba con nada, no había nadie más y eso lo preocupaba. ¿Dónde estaban los otros? Recordaba haberse despedido antes de irse a su habitación, pero esa ni siquiera era su habitación.

Caminó por largo rato sin rumbo y al ver que no cambiaba el panorama, se detuvo a pensar en una solución a su pequeño problema.

—No es un secuestro y no me perdí. Mierda, ¿estoy soñando? Pues qué sueño tan estúpido, tengo que despertar.

Se sentía extraño, su corazón estaba más acelerado de lo que había estado antes. Intentaba girar en su propio eje para ver si encontraba algo, se pellizcaba para ver si eso ayudaba a despertarlo, pero ni los golpes más fuertes ayudaron.

—Carajo, porquería de sueño, esto es una mierda.

Se repetía constantemente que debía despertar, le desesperaba no poder hacer nada, sabía que hasta en sus sueños ayudaba en algo. Desde que recordaba, en sus sueños veía catástrofes donde necesitaban ayuda, en especial niños, mujeres y ancianos. Era algo así como un GPS para encontrar a aquellos que estaban pasando penurias mayores. Sin embargo, en ese momento se sentía confundido. ¿Quién necesitaba ayuda en esa oscuridad?

Se sentó o eso creía, cuando al bajar su rostro, vio algo que lo sorprendió. Se levantó de un salto, pero ahí estaba. ¿Era eso un ojo? ¿Una joya? ¿Qué mierda era eso? Intentó tocarlo, pero una especie de vidrio se lo impedía.

—Qué hermoso es —dijo en voz alta, después de todo estaba solo.

Una risa burlona se hizo presente.

—¿Hermoso? Creo que tienes un error en la definición de hermoso, idiota —dijo una voz llena de sarcasmo.

Levi no pudo ocultar su impresión. Eso que parecía un ojo le habló. Era como en esa película donde salen unos extraños seres amarillos que trabajaban para un villano. ¿Cómo se llamaban? ¿Mininos? ¿Mi… microbios? Bueno, algo así, pero era muy pequeño y el color no era amarillo. Era dorado y se rasgaba en la pupila.

—¿Qué y quién eres? ¿Puedes dejarme verte? —preguntó con sus emociones a flor de piel.

—¿Por qué quieres hacer eso? Saldrás corriendo como todos.

—No lo haré, idiota. Crees que soy un maldito cobarde, no te creas tanto, mocoso de mierda.

—Qué lengua tan afilada —soltó una risa—. Está bien, pero si huyes, ¿me dejarás tu alma? —propuso.

—Suena interesante pero debes saber que…

¡Oh Dios! Fue lo único que pudo pensar cuando vio aquella figura mostrarse por completo. Se quedó sin palabras mientras su vista se llenaba de ese ser. Se impresionó al ver que era una persona muy hermosa. Su cabello castaño algo alborotado, como si no se peinara, piel bronceada, manos hermosas y su ojo… Mostraba tanto dolor y odio que sentía agonía al perderse en él.

—¿Por qué no puedo verte, humano asqueroso? —sentenció con tantas espinas en sus palabras que le dolieron escucharlas.

—¿Por qué tapas tu otro ojo?

—No te incumbe y déjame verte.

—Pero estoy al frente tuyo.

Ambos se dieron cuenta de que el más alto no podía ver a Levi con ese ojo. Se movía en diferentes direcciones tratando de comprender qué ocurría, pero después de un tiempo se quedó estático y volvió a dejar salir su hermosa voz.

—No te has ido, ¿verdad? —dijo con un dejo de frustración y fastidio.

—No, eres un mocoso de mierda que no se queda quieto y tras el hecho de que aseguras no verme, estás jodido, niño.

Al ver que su compañero del estúpido sueño no se movía, tomó la iniciativa en acercarse. "Sus ojos, necesito verlos", pensaba con desesperación, avanzando con pasos lentos.

—¡Enano, despierta! —esa fastidiosa voz retumbaba en su cabeza, mas no le prestó atención y llegó al frente de su invitado. Tomó el parche para retirarlo con mucho cuidado y al destaparlo, se sintió desfallecer.

"Hermosos."

Su invitado parpadeaba y al levantar su mirada solo alcanzó a ver unos ojos color olivo.

—¡Levi, maldita sea, despierta o te quito tu desayuno!

Sabía que despertaría.

—Adiós, tus ojos son hermosos… —y con una patada empujó a esa persona que había osado primero, entrar a su habitación y segundo, despertarlo antes de saber el nombre de ese ser.

—Maldita cuatro ojos de mierda, ¿qué putas crees al despertarme así? Hoy es mi maldito día de descanso y tú, tú… —sus orbes se abrieron demasiado al ver a quien estaba en el marco de su puerta—. Pixis, yo, yo lo siento.

—Ahh, tu lengua sigue siendo muy afilada para el cargo que tienes. Con quince años y no cambias —soltó un fuerte suspiro y con sus dedos masajeó sus sienes—. Mañana a las tres y media te espero en la capilla principal, hay algo de lo que quiero hablar contigo.

—Sí, señor, ahí estaré sin falta.

Le hacían señas para ir a desayunar y junto a Hanji salió de su habitación. Su cabeza se sentía extraña. Esa persona… ¿quién era? ¿Lo vería de nuevo? Suspiró con tanta fuerza que sus compañeros se sorprendieron. Quedaron estáticos viendo cómo él se alejaba, y con duda se voltearon a ver.


Cuando abrió sus ojos, no encontró explicación a lo que había experimentado. Desde que desarrolló sus habilidades con su ojo, podía alimentarse de las almas que encontraba en una profunda oscuridad. Hacía el pacto con el humano, se presentaba, este corría despavorido y después se alimentaba de su alma. La llenaba de odio, susurraba en su oído como un íncubo palabras que llegaban a calar tan fuertemente en su ser que hacían lo que él deseaba, pero este ser era diferente. Sus ojos eran hermosos.

—Eren, Luzbel te busca —dijo Alichino, el demonio protector de la habitación de su señor—. Dice que tiene buenas noticias para ti.

Sin dudarlo se puso de pie, tapó su ojo derecho y salió tan rápido como pudo. Cuando entró al infierno pidió una sola cosa y esa era que le ayudara a encontrar a los bastardos que habían ocasionado su muerte, entre ellos el que se hacía llamar su padre. Luzbel accedió a esto, puesto que él sabía que su niño guardaría más odio cada día que pasara, y Eren tenía la certeza de que su odio le permitiría hacer lo que deseara.

Las almas al verlo se corrían, el temor que sentían por él era igual que el de sus verdugos. Sin embargo, otras besaban sus pies, sabían que si él lo permitía podían ir a la tierra y corromper al que desearan.

Las grandes puertas fueron abiertas por Alichino. Este se inclinó, mostrando el respeto que Eren merecía, ya que era la mano derecha de Luzbel. Al ingresar el castaño hizo una reverencia, pidiendo permiso para acercarse.

—Eren, encontré a tu padre —dijo Luzbel con placer. Eren lo observó esperando a que continuara—. Y no está solo, pequeño. Se unió a la mafia de tu asesino y en este momento está con Smith.

—¿Los encontró en el sitio que le dije?

—Tus visiones son increíbles. Mandé a varios de los nuestros a investigar y fue en ese momento que encontraron la mansión de "alianzas".

—¿Puede decirme el nombre del sitio? También necesito de su permiso para abandonar el infierno hasta completar mi deber.

—Eren —se levantó de su trono de piedra, lo tomó por el rostro y continuó—. No quiero que te acerques a ese lugar. Es territorio santo, puede que los humanos puedan pisarlo y no sufrir cambios, pero en nosotros es diferente.

—Usted me lo prometió. En estos quince años he generado las guerras más crueles, las masacres más agradables para usted, le he dicho dónde colocar su ejército. Solo le pido que me deje ir y hacer esto con mis propias manos —Luzbel vio seguridad y desprecio en su ojo. Este era el de una bestia, dispuesta a atacar directamente al cuello con tal de tomar posesión de lo que quiere.

—De acuerdo, pero solo podrás estar debajo de las sombras, que la luz jamás te toque. Ahora ve a Roma, ellos están al norte en una cabaña lo suficientemente ostentosa para que la identifiques.

Eren sin pensarlo se giró para tomar marcha a la salida del infierno. Era hora de cumplir con su deseo más profundo, ese deseo que lo consumió por años: vengarse de los bastardos que arruinaron su humanidad.

El recorrido a la salida le tomaría todo un día, demoraría en cruzar los nueve círculos del infierno, y ahí no podía usar sus alas. Estaba prohibido para todos los ángeles oscuros y la razón, simplemente era una mierda volar ahí. El único espacio en que se podría usarlas estaba cubierto de una neblina tan espesa que no dejaba ver más allá de sus narices.

Al llegar a la puerta, su sed de sangre era tan grande que sus manos sangraban, estaba haciendo tanta presión que sus garras se enterraron en su piel. Las puertas se abrieron, el crepúsculo ya se hacía presente. El día moría, era hora de la oscuridad de gobernar. Ese veinticinco de Diciembre se encargaría de hacer la mejor telaraña de duda entre sus captores que su señor sentiría más orgullo.

Unas alas negras se extendieron, una sonrisa diabólica se posó en sus labios, su ojo dorado brilló con más intensidad y estaba a punto de tomar rumbo hacia aquel que consideraba su destino, cuando fue sacado de sus pensamientos.

—Eren —dijo Alichino—. Hay algo que debo decirle.

—No es el momento, tengo trabajo. Cuando regrese estoy dispuesto a oír tus quejas o lo que sea.

Eren observaba al demonio con desdén. Él era el más suave de los demonios, entonces, ¿por qué estaba en el infierno?

—No lo quiero incomodar, pero si está decidido a terminar con esto, nunca descubra su ojo o puede que se arrepienta. Cuando regrese, quiero mostrarle algo —se inclinó y dio vuelta atrás hacia el interior del infierno.

Con sus pies se dio el impulso para tomar vuelo, su ansiedad se sentía a distancia, los animales se alejaban y él estaba dispuesto a llegar a las últimas consecuencias, con tal de vengarse de su sufrimiento.


El día era perfecto para hacer aseo a toda esa pocilga que se hacía llamar la Basílica de San Pedro. ¿Por qué nadie la limpiaba bien? Sacó todo los implementos necesarios; su día iba a ser increíble, dejaría ese sitio como un espejo y terminaría antes para arreglarse e ir a encontrase con Pixis.

Todos en el Vaticano sabían que él era un obsesivo con la limpieza, que le molestaba ver polvo, o solo el hecho de entrar con los zapatos sucios generaba una ira en el azabache, que hacía que todos se preguntaran si no era un demonio disfrazado de monja.

Pero eso a Levi no le importaba. Tenía una lengua afilada, si algo le molestaba lo escupía, sin importarle que los demás le dejaran de tratar. Odiaba socializar con los otros, pero cuando se dedicaba a salir y veía que alguien lo necesitaba, podía auxiliarlo y más si eran niños.

Se dedicó a limpiar hasta el rincón más escondido, pero en su mente seguían aquellos ojos que decían todo y que al mismo tiempo escondían secretos dolorosos.

—¡Enano! Es hora de arreglarte, y acompáñame, tengo algo para ti —la de lentes cogió de la mano a Levi y lo arrastró como si fuera un bulto de papas.

—Maldita seas, cuatro ojos. Ni siquiera me dejaste guardar mis utensilios de limpieza.

—Sí, sí, pero esto es importante.

Hanji siguió su recorrido. Ella no se había convertido en monja, solo prestaba sus servicios médicos, y para tener quince años era el prodigio en la medicina actual, y aunque Levi no lo admitiera, ella siempre lo acompañaba cuando salía del Vaticano.

Llegaron al jardín de rosas, era realmente hermoso. Levi en su tiempo libre, si no estaba limpiando, se encontraba en este lugar. Se veían rosas de todos los colores, hortensias, azaleas, campanas del cielo y muchas más que si el pelinegro se dedicara a nombrarlas, nunca acabaría. Era más bien el paraíso que Dios alguna vez otorgó.

Vio cómo Hanji sacaba de su bata una pequeña caja de madera, delicada y hermosa, para después entregársela al más pequeño.

—Levi, esta será una nueva etapa de tu vida. No sé si sea difícil, cruel o muy feliz, pero quiero que sigas siendo libre, que busques el bien que yo no puedo encontrar sola. Te seguiré a todos lados y apoyaré en lo que necesites, quiero que seas feliz.

Al tomar la caja, vio como sus ojos corroboraban todo lo que acababa de decir. Ella aparte de ser loca, era extremadamente honesta. Abrió la cajita y en ella se encontraba un crucifijo, pero era diferente. Del centro salían unas alas que se cruzaban, definitivamente era precioso.

—Estúpida loca, gracias. Yo no sé…

—Feliz cumpleaños, Levi. Gracias por todos estos años y por no golpearme tanto —lo abrazó con tanta fuerza que no le dejó terminar su frase.

Levi se sintió un poco avergonzado e incómodo al escuchar aquello, así que simplemente mandó su golpe más fuerte y la castaña terminó estampada en el piso. El azabache se fue a la capilla donde se encontraría con Pixis.

Mientras caminaba, se colocó el crucifijo. Era tan hermoso y uno de sus lados tenía el color de ese ojo. ¿Esmeralda? ¿Aguamarina? Descubriría quién era ese ser y sin importar qué llegaría a saber su nombre. Empujó las grandes puestas.

—Pixis, he venido como me has pedido, pero si es para darme una torta, si no es de chocolate no la deseo.

—Levi, bienvenido, y no te he llamado para eso. ¿Acaso querías un ponqué y que te cambie la zapatilla por cumplir quince años? Qué infantil eres, y por cierto eso solo se lo hacen a las mujeres —rio con más fuerza.

—Viejo tonto, solo pensé que me darías un presente en mi cumpleaños, todos lo hacen menos tú —justifico el azabache y aunque su cumpleaños le daba igual, los demás miembros se esforzaban por hacerle pasar un buen rato.

Vio cómo Pixis le pedía que se acercara, y ahí noto que había dos sillas frente al altar. Eso no era bueno, siempre que estaba ahí lo regañaban y sabía que era por su vocabulario, pero de verdad que no podía dejar de expresarse de esa manera cuando estaba de mal humor. Que era, bueno, todo el tiempo.

—Siempre me has preguntado quiénes son tus padres o por qué terminaste encerrado en este lugar. Hoy te responderé todo eso y espero que lo entiendas, y por el amor a Dios no seas vulgar.

¿Ser vulgar con quién? Si Pixis ya estaba acostumbrado a eso, así que… ¿Su madre vendría? Lo miró atónito. Siempre cambiaba de tema cuando le preguntaba y hoy le daba la fantástica idea de contarle todo. ¿Debía agradecer por ese acto?

Fue sacado de sus sentimientos cuando la capilla se puso completamente roja y anaranjada.

"¿Qué mierda estaba pasando?"

—Nunca imaginé que tendrías esa clase de vocabulario, Levi. Me sorprende ya que se supone que tienes la luz de Dios.

—Dime que me drogaste, viejo, y que ahora va a empezar una fiesta hard donde me voy a divertir hasta el amanecer y…

—Levi, cállate y deja esas cosas. Te presento al Arcángel Uriel, él fue quien te trajo aquí hace quince años.

—Te dije que dejaras las drogas hace mucho, pero nunca me escuchaste. ¿Ahora pretendes que me coma toda esta mierda? ¿Me crees idiota? Veo muertes en mis sueños. Cuando estoy cocinando, hablando, limpiando, corro al rescate de aquellos que lo necesitan, ¿y tú vienes con esta estupidez? —se sentía ofuscado. ¿Acaso lo creían un niño para burlarse de ese modo?

—Tus visiones han sido otorgadas desde antes de que llegaras a la tierra. Tu verdadera madre murió en un incendio y lógicamente tú también, pero antes de morir pidió a los cielos que te salvaran, porque según ella eras alguien especial, que harías cosas increíbles y así la Madre del Cielo María llena de gracia, se encargó de ti.

"Viniste a la tierra para evitar el Pandemónium."

—¿Los demonios nos van a invadir? —sus ojos se abrieron demasiado. Lo había visto, veía a todo el mundo morir y un ángel de alas negras era quien los dirigía, había visto empalamientos—. Dime que eso es mentira…

—No, Levi, es verdad. Estamos perdiendo, los demonios han hecho movimientos tan crueles que nuestros ángeles terrenales no han sobrevivido. Quedan muy pocos, pero tú eres nuestra esperanza.

Sus ojos seguían fijos en aquel Arcángel, en esas palabras que sonaban a verdad, sin dejo de ser falsas.

—Dime el nombre de mi madre —exigió.

—Ella se llamaba Kuchel, una gran devota a Dios y a su hijo. Debes estar orgulloso, ella era enfermera, ayudaba sin importar la hora, su agotamiento y sobre todo su amor hacia todos era infinito. Murió intentando ver si había alguien en la casa de una pequeña familia donde vivían un niño, una niña y su padre. Aunque su sacrificio fue en vano, ahí ya no había nadie.

—¿Qué debo hacer? —dijo con los ojos llenos de confianza. No se retractaría; si debía matar por cumplir con su misión, lo haría.

—No dejarás tus hábitos, pero emprenderás camino hacia los sitios de guerra, tu sola presencia debe empezar a calmar a los demonios. Ellos te buscarán con el fin de asesinarte, tú no les sirves con vida.

—¿Cómo los identifico?

—Ese crucifijo es la señal —Levi lo observó con cuidado. Eso significaba que la loca era parte de ellos—. Las alas deben destellar una luz, de esa manera sabrás quién es el demonio. Y como regalo de cumpleaños, el Arcángel Miguel ha forjado esta espada para ti. Ella enviará de inmediato a los demonios al infierno. Escogerás a las personas que deben ir a tu lado y estas serán sus armas, no dejes que nadie más muera.

¿Tanta mierda por unos demonios? Se encargaría de acabarlos a todos, que ninguno quedara en la tierra y así dejar de ver tantas muertes en su cabeza.

Sus pasos fueron firmes hasta la puerta, se giró y dibujó el signo de la cruz con su mano en el aire. Le dio un último vistazo a ese ser que era más hermoso que las rosas y se alejó.

Corrió por los pasillos tan rápido como podía, necesitaba a sus compañeros.

—Cuatro ojos, tú vienes conmigo —extendió una pistola con una culata donde se dibujaban unas alas color dorado, el disparador era una luna y el armazón era tan blanco como una nube.

—No tiene balas, enano, no va a servir para nada —reprochó su compañera. Lo observaba tan atentamente que se sorprendió cuando Levi posó una mano en su hombro.

—Lo comprobaremos cuando veamos un demonio. Vamos, necesito a Sasha y a Armin.

Hanji solo pudo asentir y seguirlo.

Caminaron entre los pasillos con rapidez. Sabían perfectamente dónde estarían los mencionados, y esa era la cocina. Sasha tenía un pequeño problema y esa era la necesidad de estar comiendo y Armin después de rescatarla. Había empezado a seguir a la chica para evitar que acabara con todos los suministros.

—Sasha, por favor, baja esa patata. Te has comido diez y nos van a regañar si nos encuentran aquí —decía el rubio extremadamente nervioso y con las mejillas rojas.

—Déjalo, aquí no nos van a azotar por comer de más —reprochó la chica con la boca llena.

Levi los observaba y le causaba gracia y alivio cómo dos jóvenes que fueron torturados por sus dueños habían aprendido a llevarse tan bien.

—Oigan, mocosos estúpidos, ustedes vendrán conmigo.

Ambos lo miraron con angustia. Tenían miedo de ser reprendidos por el pelinegro, pero en vez de eso le otorgó a cada uno un arma.

Sasha recibió un arco naranja como el atardecer y flechas igual de transparentes que el cristal.

Armin observaba unas navajas, de tamaño mediano. Su mango era de aproximadamente unos quince centímetros, con las puntas y el centro dorados, y la unión hecha de madera. La hoja era de unos doce centímetros de un plata reluciente, llena de formas orgánicas.

—Desde mañana emprenderemos una misión. Debemos acabar con los demonios que afligen la tierra y los quiero apoyándome.

Hanji, Armin y Sasha observaban atónitos a Levi, pero, sin dudarlo, con sus cabezas dieron el sí que el azabache esperaba. Fue la primera vez que mostró una sonrisa.

"Encontraré esos ojos, así sea lo último que haga, y sin importar qué, los haré míos."

Estaba decidido. La batalla ya se aproxima, y ambos bandos estaban moviendo a sus mejores hombres.


N/A: Bueno, lamento la demora. Soy una persona que piensa demasiado la historia y ya llevaba bastante, pero al leerlo sabía que me faltaban muchas cosas para que se entendiera bien el capítulo y lógicamente la historia. Hay personajes que van a morir y creo que ya saben quiénes son xP

Mil gracias a las personas que me dejaron review, me hacen muy feliz. No pensé que les fuera a gustar tanto jajaja Si hay alguna duda, estoy disponible para responderlas.