Disclaimer: Los personajes y hechos mencionados de la historia le pertenecen a la maravillosa escritora, Suzanne Collins. Como homenaje de despedida a esta gran trilogía decidí aportar algo de lo que me generó esta historia de esta forma.

Este fic participa en el Reto Especial "Ave Atque Vale", del foro "Hasta el Final de la pradera".


FINNICK


Finnick está parado frente a la audiencia de todo Panem, durante la entrevista del Vasallaje, mientras yo soy una más de las espectadoras que mira por televisión.

-Mi amor, tú tienes mi corazón por toda la eternidad, y si muero en esa arena, mi último pensamiento serán tus labios.

Recita al tiempo que esas palabras se quedan clavadas en lo más hondo de mi ser. Me las está dedicando a mí. Mientras trato de asimilar el significado de su frase, aparecen unos mutos que son imposibles de describir con palabras, pero que de repente me hacen sentir terror. Mi corazón se sale control cuando, los mutos se acercan a él, mi Finnick, y lo atacan. Ni el público, ni Caesar hacen nada, solo ríen mientras él grita, intenta defenderse y agoniza. Lo devoran hasta no queda nada de él. Y yo grito de impotencia, porque no puedo hacer nada y porque lo perdí para siempre.

-¡Tranquila! –Siento una voz a lo lejos, que me grita, y me atrae hacia sus brazos. Me sujeto a esa persona como si fuera un salvavidas. –Tranquila, An. Es solo una pesadilla. Estas bien y a salvo.

Reconozco esa voz, una voz de mujer, suena preocupada y desesperada.

Abro los ojos y me encuentro con Johanna, mirándome apenada, pero sonriendo levemente. Ella no es la misma desde que el Capitolio nos mantuvo prisioneras y nos torturó. Solo consigue soportar sus días gracias a la morflina que se inyecta a escondidas en el hospital del Trece. Entonces, lo recuerdo. Recuerdo lo sucedido, y en vez de traerme paz, rompo a llorar de inmediato. Nada está bien, Finnick murió, vi su foto en la trasmisión del Capitolio, oí las palabras de Snow diciendo que todos y cada uno del escuadrón del Sinsajo están muertos. Finnick estaba entre ellos. Hicieron explotar la casa en la que se habían escondido y no tuvieron tiempo de salir. Snow había enviado a sus Agentes de Paz en la búsqueda de sus cadáveres entre los escombros.

Johanna no consigue contener las lágrimas tampoco. Ella y él eran amigos. Pero se recompone antes que yo.

-Es verdad, ¿cierto? –Le pregunto.

-No lo sabemos aún. Tal vez, si. –Me dice apenada.

-¡No! –Me alejo de ella y llevo mis piernas a mi pecho, escondo mi cabeza entre mis rodillas y cubro mis oídos con mis manos, porque no quiero seguir escuchando, porque no lo acepto.

Finnick no puede estar muerto. Me prometió que volvería a mí, que él no corría ningún riesgo, porque no lo expondrían. Me prometió que una vez que la guerra acabará, podríamos ser felices y viviríamos juntos en nuestro hogar y que formaríamos una familia.

Johanna sujeta con firmeza mis muñecas y aunque me resisto. No puedo hacerlo por mucho tiempo. Mi corazón está roto y me siento perdida sin él.

-Ann… debes escucharme. Por favor. –Me suplica.

La miró aún llorando.

-¿Qué, Johanna? –Susurro.

-Estás embarazada.

Me cuesta asimilarlo. Pero, lo hago.

Una parte de Finnick seguirá conmigo siempre.