La luna brillaba en lo alto del firmamento. La noche era clara y con una temperatura muy agradable. Unos cuantos grillos soltaban notas discordes al viento. Rey paseaba con aire meditabundo por las afueras del poblado de la resistencia, envuelta en una especie de chal color arena.
Había vuelto a tener un mal sueño. Procuraba guardárselos para sí misma, pero sabía que su maestro se percataba de lo que sucedía con ella. Suspiró mientras avanzaba hacia una piedra lo bastante grande como para hacer un alto en el camino y observar el brillo de la luna mientras se perdía en sus propios pensamientos.
Había vuelto a soñar con él. La verdad es que era el protagonista indiscutible de todos sus malos sueños. No seguían un patrón. A veces luchaba contra él, otras hablaban e intercambiaban ideas y en otras ocasiones, como hoy; era perseguida por un Kylo Ren enmascarado con su sable encendido en las manos.
Se preguntó si el también sonaría con ella. Algo en su interior le decía que así era, pero que seguramente serian cosas mucho más agradables.
- ¿No puedes dormir?- preguntó una voz a sus espaldas
Se giró para encontrarse con el rostro somnoliento de Fin.
- Por lo que veo tu tampoco- el muchacho asistió- Estamos al paso de entrar en guerra.
- Lo sé. Sabes, nunca pensé que volvería otra vez al campo de batalla. ¿Tú que harás?
- Lo que decida mi maestro. Ahora soy una padawan. Pero no me agrada la idea, por mucho que la Primera Orden no deje alternativa.
- Y pensar que yo solo quería huir de ellos…. Y aquí me tienes, pensando que a lo mejor mañana vuelvo a tener un arma entre mis manos y enfrentándome a la Primera Orden.
- Como hemos cambiado en tan poco tiempo ¿verdad?- Rey suspiro- y yo que me dedique tantos años a esperar mientras pasaban mis días…. Y aquí estoy.
- ¿No tienes frío? Está comenzando a refrescar- soltó Fin de improviso.
- Tienes razón. Sera mejor que volvamos a casa y procuremos descansar.
Rey se levantó acomodándose mejor en su chal. Le dirigió una última mirada a Fin que seguía sin moverse y le deseo buenas noches. Emprendió el camino de regreso procurando no volver a adentrarse en sus pensamientos hasta haber llegado a su habitación. No es que tuviera mucho sueño, pero necesitaba estar sola y eso Fin; a veces, no lo comprendía. Había cambiado mucho desde que se conocieran en Jakku. Su vida entera había dado un giro inesperado tomando una dirección totalmente opuesta a la que había llevado toda su vida. Se sintió apesadumbrada mientras daba los últimos pasos que la conducirían a la puerta de su casa.
Poco quedaba de la chatarrera de Jakku que gastaba sus días revolviendo en el metal para poder comer. Y pensar que había pasado un año de todo aquello…y parecía como si fuesen 50 años, toda una vida.
Finn se había recuperado de su enfrentamiento con Kylo Ren. Había sido una larga convalecencia, pero había conseguido con mucho esfuerzo que lo único que quedara de todo aquello fuera una fea cicatriz en su espalda. Después se había sometido a un duro entrenamiento para, según él, no volver a ser un muchacho que no sabe ni lo que es dar un puñetazo. Mientras tanto, Rey había aprendido algo de cómo manejar y usar el don que se le había dado junto con una de las figuras más míticas de la galaxia: Luke Skywalker.
Era un hombre bastante enigmático. Callado la mayor parte del tiempo y con mirada cansada perpetuamente en el rostro. Quizás fuera por todo el horror vivido o porque sintiera que como Jedi había fallado a los suyos. O quizás la caída de su aprendiz y sobrino tuviera mucho que ver en todo ello. Nunca quería hablar de él, las pocas veces que le había preguntado acerca de ello eludía con maestría las respuestas o simplemente gruñía un monosílabo para no contestar. Pero, pese a todo, sentía un profundo cariño hacia él. Era su maestro, pero también su amigo y la persona que más le entendía.
El amanecer no se hizo de esperar. Lo vio asomarse tímidamente por el horizonte con su paleta de colores cálidos. No había conseguido pegar ojo en toda la noche. Se miró al espejo observando las profundas ojeras que se habían asentado debajo de sus ojos. Se lavó la cara y fue a por un café a la cocina. Allí ya la estaba esperando totalmente despierto y fresco como una lechuga su maestro.
- Buenos días, Rey. Veo que no has dormido muy bien- se levantó para alcanzar una taza. Ven, siéntate y toma un café con tu viejo maestro
- Gracias. Buenos días maestro, veo que has descansado bien.
- ¿Has estado hablando con Finn hasta tarde? – la miró de reojo mientras vertía un humeante café negro en la taza roja de Rey- o hay algo más que quieras contarme?
- ¿Hace cuánto que lo sabes?- preguntó sin preámbulos. Si algo caracterizaba a Rey, era el ser una persona muy directa.
- Desde hace mucho niña. No olvides quien soy. Solo que te he dado tu espacio y estaba esperando a que tu fueras la que me lo contará. Pero está claro que eres más reservada de lo que llegue a imaginarme.
- Yo…- suspiro desviando la mirada a la taza que reposaba en sus manos- me daba apuro decírtelo. Sueño con él. Lo veo vívidamente, como si estuviera a mi lado. Y el…. bueno es tu sobrino. Y las veces que intente preguntarte por él pues…me di cuenta de que es un tema del que prefieres no hablar.
- Me duele nombrar a Ben, por eso no quiero saber nada de él. Pero en este caso la cosa es diferente. Hay algo sobre lo que he estado meditando mucho. Kylo Ren y tú tenéis una conexión antítesis.
- No te comprendo…- dijo la muchacha levantando las cejas
- La Fuerza es sabia y siempre busca el equilibrio. Si te das cuenta a lo largo de la historia para un Jedi poderoso ha habido su homólogo en el lado oscuro. Y siempre condenados a enfrentarse y a relacionarse. Para Obi- wan fue Anakin, para Yoda el emperador Palpatine, para mi es Snoke y para ti es Kylo Ren. Si uno escoge un camino, el otro se va por el opuesto para alcanzar el equilibrio.
- Comprendo. Pero eso no me explicaría mis sueños. ¿O acaso tú sueñas con el líder Snoke?
- ¡No!- exclamo con un gesto de asco- seria lo que me faltaba. Tengo la sensación de que en vuestro caso, hay algo más… los caminos de la Fuerza son indescifrables. Y a veces las cosas pasan sin que podamos comprenderlas. Ese misterio te toca a ti descifrarlo mi joven aprendiz. No a mí.
- Pues sí que me has servido de ayuda- mascullo Rey en voz baja.
- Te he oído. Acaba de desayunar, tenemos cosas que hacer.
- Maestro- llamo la chica después de un largo sorbo de café- si la república le declara la guerra a la Primera Orden… ¿Qué haremos nosotros?
- Cada uno deberá tomar su propia decisión, Rey. No te obligare a hacer algo que tu no quieras hacer. Y por mi parte, yo apoyaré a mi hermana.
La muchacha asintió un poco decepcionada. Hubiera sido mucho más fácil el seguir una orden directa. Pero por otro lado, se lo esperaba. Luke era un buen hombre y siempre prefería que cada uno siguiera su propio camino realizando sus propias elecciones; para bien o para mal. Se preguntó cómo es que Kylo Ren pudo cambiar tanto como para abandonar las enseñanzas del hombre que ahora mismo le servía un trozo de pan mientras sonreía. ¿Qué le había pasado a Ben Solo para terminar convertido en el monstruo que era Kylo Ren? Bueno, ese no era su problema. O eso creía.
Furia contenida caminando a pasos agigantados por los pasillos de la nueva base. Era lo que emanaba Kylo Ren a su paso. Varios soldados doblaron en una esquina tomando otra dirección para no tener que cruzarse con él. Su humor se había ensombrecido mucho más en los últimos meses desde la destrucción de la base Starkiller. Dobló una esquina y entro en la sala de mando. Allí le esperaban varios oficiales y el general Hux para una reunión de emergencia.
- Por fin llegas Ren- alzo la voz entre los presentes el general Hux- caballeros, tomen asientos. El asunto que nos trae aquí es de suma importancia.
Los asistentes se situaron en sus puestos mientras un holograma representando un planeta apareció ante ellos.
- Nuestros espías han descubierto recientemente actividad clandestina en el planeta Selenia- comenzó a hablar una oficial mientras manejaba los mandos del holograma- Este planeta se encuentra en manos de la Primera Orden y es uno de nuestros principales yacimientos de oro e én es uno de los primordiales fabricantes de armas. Desde su adhesión al sistema de planetas de la primera orden, ha existido una facción de selenitas que se oponen a nosotros. Durante mucho tiempo, esto no ha sido un problema. Las rebeliones fueron sofocadas sin problemas y sin causar muchas bajas en la población civil. Pero recientemente, el movimiento independentista ha ido ganando fuerza. Hemos registrado algunas revueltas en el sector minero de las montañas con escaso éxito.
- Me imagino que todo este malestar tendrá que ver con la baja repartición de bienes que hemos hecho este año. Desde la destrucción de la Starkiller nuestros activos se han visto seriamente dañados. Y no estamos en nuestro mejor momento- puntualizó el capitán Aylo- aun así, no entiendo como una pequeña revuelta en un planeta periférico es motivo de una reunión de urgencia.
- Señor- prosiguió la oficial- hemos sido informados de que Selenia está negociando su adhesión a la Nueva República. Estamos tratando de confirmar esta información.
Las voces de todos los presentes se alzaron formando un coro de protestas. Kylo se revolvió incómodo en su asiento. Eso era algo que debían de haber previsto. Después del golpe asestado por la resistencia, la primera orden había perdido gran cantidad de dinero y de personal en la destrucción de la base. Como consecuencia, habían tenido que tomar una serie de políticas de austeridad y de sobreproducción que no contentarían a la población.
Por lo general, la población adherida a la Primera Orden seguida un régimen muy estricto en cuanto a deberes y libertades. No podían poseer nada y se les educaba desde niños a que su función en el universo era trabajar por la gloria de su líder, al que habitualmente veneraban como a un dios. A cambio, el líder les proveía de comida, vestimenta y casa; un gesto de su magnanimidad divina. Así funcionaba la maquinaria de producción bélica del régimen totalitario de la Primera Orden. Crear una población fácilmente maleable, concentrada en producir para gloria de su líder y viviendo una distorsionada realidad.
Hasta ahora todo había ido muy bien. El sistema funcionaba y los 50 planetas que componían la Primera Orden eran leales a la causa. Hasta que las raciones de comida empezaron a mermar y se exigieron más horas de trabajo a la población. Ahí comenzaron los disturbios.
Selenia siempre había sido un pueblo problemático. Antigua colonia mandaloriana, conservaba en la sangre los trazos rebeldes y el carácter belicoso de sus antiguos conquistadores. Su adhesión al sistema había venido a través de un acuerdo en el que Selenia cedía la explotación de sus minerales a cambio de ciertos fueros y leyes especiales. Durante unos años se respecto él acuerdo, hasta que Hux subió en la escala de poder situándose al mando y dio por derogados estos convenios. Al pueblo selenita no le sentó bien, pero la Primera Orden estaba en la cúspide de su poder y se rumoreaba que había construido un arma que drenaba la energía de las estrellas, y podía destruir planetas enteros. Así que optaron por silenciarse y esperar. Y su momento, había llegado.
- De ser cierto, debemos tomar medidas drásticas- exclamó enfurecido Hux- si dejamos que uno solo de nuestros planetas se adhiera a la Republica, estaremos mandando un mensaje de debilidad. Y puede ser imitado por los planetas vecinos.
- Si quieren abandonar nuestra orden, se irán- exclamó en viejo general Eryh- ¡pero con los pies por delante! ¡Los aniquilaremos!
Se oyeron aplausos de aprobación en la sala. Hux sonreía pletórico orquestando aquella fanfarronería sin sentido. Kylo se concentró en escrutar el rostro de los presentes. Humanos sin discernimiento, ebrios de poder y decidiendo algo que a él le importaba bien poco. Tenía cosas más importantes en las que ocupar su tiempo. Como en buscar a esa maldita mujer, esa vulgar chatarrera que le había dejado una cicatriz encima de su ceja derecha. Esa cicatriz que tenía que mirar todos los días recordando la humillante derrota.
- ...y ahí es donde entra usted, señor Ren- dijo la oficial sacándolo de sus pensamientos.
- ¿perdón? – Dijo con su voz metálica- ¿podría repetirlo? No me han quedado claro algunos aspectos.
La muchacha miro a su superior, el general Hux; en busca de compresión para tan ambigua situación. Hux fulminó con la mirada a Kylo, pero este bajo su máscara se mantenía impasible. Después de un breve duelo de miradas por parte del general, Hux le hizo un gesto a la oficial para que volvierá a exponer el plan de la misión a Kylo Ren.
- Como le decía, nuestra central de inteligencia ha sido informada de que en breves se realizará una reunión en el sistema de Miare entre representantes separatistas de Selenia y embajadores de la Nueva República para debatir las condiciones de la adhesión del planeta. Por eso solicitamos a los caballeros de Ren para que corroboren este encuentro y traigan pruebas de ello
- ¿Me estáis tomando el pelo? ¿No tenéis tropa de asalto para eso?- bramó enfurecido- ¿aprueba esto el líder Snoke?
- Ha sido idea suya- dijo Hux paladeando cada palabra- se requiere de un trabajo que sólo vosotros podéis hacer.
Se estaba burlando. El muy déspota estaba disfrutando de la situación de verlo enredado en un juego de espías. Relegado a una misión que cualquier soldado podría realizar. Si realmente había sido orden de Snoke, no comprendía por qué su maestro lo enviaba a una misión tan ridícula. Era humillante. Sabía que su entrenamiento había llegado a un punto muerto donde apenas era capaz de conseguir avances...pero realizar funciones que no le competían y que estaban muy por debajo de sus habilidades... Era un castigo.
Desde aquel día todo su mundo se había tambaleado. En su vida, la batalla que había perdido contra Rey había supuesto un punto de inflexión a su existencia. Como si a partir de ahí comenzase un nuevo Kylo Ren, más vengativo, más lleno de odio y más frustrado que nunca.
En contra de las predicciones de Hux, Kylo asintió aceptando la misión y abandono apresuradamente la sala. Necesitaba estar solo o comenzaría a mandar a todo esos idiotas por los aires.
