|Marzo, 2016|

La piel de mi mejilla izquierda ardía levemente y los ojos de mi amiga me observaban.

Fijamente, me observaban.

Sus pupilas estaban dilatas, y la humedad en sus ojos no era tímida. Algo extraño para Sakura Haruno. Pero aún más extraño era el hecho de que en su semblante no percibiese ningún atisbo de odio.
Más sino, decepción.
Ese descubrimiento no hizo nada más que empeorar el nudo que lentamente cerraba mi garganta, evitando que mis cuerdas vocales emitieran alguna palabra. Alguna disculpa.

Pero, realmente...¿Qué podía decir? No existían palabras que remediasen el daño hecho ni que retrocediesen el tiempo. No habían palabras que salvasen nuestra amistad. Todo estaba perdido. Y no me esperaba menos, debí de haberlo intuido desde el momento en que decidí ser egoísta y convertirme en el sucio secreto de Naruto, su novio.

No me sentía nada orgullosa de lo que había hecho. ¿Pero como podría haber evitado negarme a caer rendida a los brazos del dueño absoluto de mi corazón? ¿Como podría haber sido menos débil?

—¿Siquiera tienes algo que decirme?—demandó Sakura, elevando su tono de voz.

Abrí mi boca, pero no encontré mi voz.

—¡Hinata Hyuga!—Exigió una vez más.

Nuevamente, ninguna palabra salió de mi boca.

—D-di algo...por favor—dijo, reduciendo el volumen de su voz, ahora rota mientras caía de rodillas al suelo y escondía su rostro entre sus manos.

Mientras, yo solo la observé, fijamente, sin que ninguna lagrima escapase de mis ojos. Quién me observase diría perfectamente que soy una persona sin escrúpulos, fría y egoísta. Y sí, puede que no pueda refutar aquello, pero igualmente...me negaba a creer que esa era yo.

Yo era distinta. Yo no era aquella chica que le robaría el novio a una de sus mejores amigas.

Yo no era yo misma en esos momentos.

La realización de aquello y Sakura llorando desesperadamente frente a mí me golpeó fuertemente.

Mis pies finalmente parecieron responder a mis suplicas y se movieron, siendo los fieles cómplices de mi huida. Salí del baño de chicas donde me encontraba y corrí rápidamente por el campus, con un escondite en mente: mi dormitorio. Una vez en el me deje llevar. Deje que las lagrimas nublaran mi vista y que mis pulmones casi colapsasen por los intermitentes sollozos que escapaban de mi boca. Me deje caer sobre mi cama y enterré mi rostro en la almohada.

Mi celular sonó una vez. Abrí el mensaje, era de Naruto:

¨Hinata. Sakura lo sabe¨

Oh, Naruto...ajeno que él era el último en enterarse.

Despúes de ese mensaje no supe más de Naruto ni de Sakura. Comprendí que solo era la manzana de la discordia en aquella relación perfecta, nada más. La amante.

Sakura no se molestaba en querer saber mi parte de la historia. Y Naruto no tenía ni la mínima intención de enterarse de que todo esto me estaba matando. Probablemente solo sería un capítulo de su vida que desearían borrar por siempre.

En ese entonces solo desee desaparecer, y ese sentimiento me acompaño por las siguientes 2 semanas.

Observé el techo de mi habitación y noté que ya había oscurecido. Otro día más que me prive de mi vida de universitaria y permanecí encerrada en la seguridad de mi cuarto. Lleve mis manos a mis mejillas y limpié los restos de lagrimas de ella. Ya no había más de ellas, parecían que había llegado a mi limite por ese día. Carraspee, tratando de aclarar mi garganta, la cual ardía.

Sentía como si mi cuerpo hubiese perdido todas sus fuerzas, pero a como pude me dirigí a mi escritorio y encendí mi computadora. Mis malestares no habían disminuido ni un ápice, pero finalmente sentía un poco de valor llegar a mi cabeza.

Un escalofrío recorrió mi espalda al posar mis manos sobre el teclado, lista para escribir.

Sabía que estaba siendo muy cobarde al pretender escribirle una carta a Sakura para pedir disculpas. Pero...simplemente no me sentía con la capacidad de enfrentarla cara a cara.

Lo más doloroso de aquello, era que me obligaría a contar aquellos detalles de mi historia con Naruto que nunca pensé que verían luz. Naruto me odiaría, estaba segura de ello, pero ese sería el precio que estaría a dispuesta a pagar para hacer por una vez lo correcto. Sakura lo merecía. Mi antiguo yo lo merecía.

En medio de mi tarea, sentí mi celular vibrar en mis bolsillos. Dos veces.

Lo tomé: Eran dos mensajes. De Naruto.

Otro escalofrío recorrió mi espalda.

Era el primer contacto que tenía con él desde hacía dos semanas. Tragué saliva. Tomé aire y leí el primer mensaje.

¨Hola Hinata¨.

Se formo un media sonrisa en mi rostro ante tan casual saludo. Abrí el segundo mensaje:

¨Sakura y yo hemos hablado sobre nuestra relación y...la he convencido de darme otra oportunidad. Ha aceptado, pero a cambio de algo.¨

Mordí mi labio para detener un sollozó, tenía una vaga idea de adonde se dirigí todo eso. Si bien es cierto de que había aceptado la idea de que mi relación con Naruto no sería la misma, llegado el momento, me aterraba profundamente.

Abrí con temor el tercer y último mensaje, sabiendo de antemano que en él Naruto se encargaría de dejarme en claro a quién escogía de entre Sakura y Yo:

¨Yo tome una decisión y creo que lo correcto es decírtelo en persona. ¿Podríamos reunirnos en la cafetería de la universidad dentro de 30 minutos?¨

De inmediato le respondí con un simple ¨Sí¨, me quite mis pijamas y me vestí apropiadamente. No vi necesario maquillarme. Me coloqué unas botas, tome un suéter y salí de mi habitación.

Creía estar lista para lo que viniera.