Capítulo 2: El ladrón de los cielos.
"Todas las grandes epopeyas comienzan a partir de sucesos insignificantes".
—Con que tu eres el hijo de Norman... ¡Hacia años que no te veía, cuanto has crecido!
Tras el incidente con el Pokémon salvaje, el hombre al que Bruno había salvado se presentó con mayor formalidad: Su nombre era Abedul, un científico que se encargaba de estudiar a los Pokémon. Y también era amigo del padre de Bruno, Norman. El Profesor Abedul recogió su bolsa y todas las cosas que había dejado desperdigadas por el suelo, después, le pidió a Bruno que le acompañase a su laboratorio. El laboratorio en sí no era un edificio demasiado grande, solo se diferenciaba de las demás casas del pueblo por su fachada pintada de color blanco. Una vez dentro, lo primero que hizo Abedul fue sacar de su bolsa la Pokéball que Bruno había cogido con anterioridad y se la ofreció a este último.
—Tu padre me dijo que no sientes mucha devoción por los Pokémon debido a algo que te pasó hace años, pero, ejem... —Abedul se detuvo durante unos instantes para tomar algo de aire.— He visto como este Treecko parecía confiar plenamente en ti durante el combate, algo muy extraño en un Pokémon como él, así que quiero que te lo quedes. Creo que tú eres el compañero que ha estado buscando durante tanto tiempo.
Bruno miró fijamente la bola que el profesor sostenía en su mano. Tras reflexionar durante unos instantes, acabó por negar con la cabeza.
—Lo siento, "profe", pero sigo sin tener interés en entrenar un Pokémon.
Sin decir nada más, Bruno se dio la vuelta y se dirigió a la salida del laboratorio. Cuando el chico se dispuso a abrir la puerta, notó como algo tiraba de su pantalón. Giró la cabeza para encontrarse con el causante de aquel acto. Era Treecko. Al parecer, el geco del bosque había salido de su Pokéball al percatarse de que el chico iba a marcharse. Bruno se agachó para poder mirar así al Pokémon directamente a los ojos; la mirada de este último estaba llena de determinación. El chico no comprendía el porqué, pero de alguna forma, aquel Pokémon parecía estar transmitiéndole todos sus deseos y pensamientos con tan solo mirarle. Finalmente, el chico acabó esbozando una pequeña sonrisa y, seguidamente, posó su mano derecha sobre la cabeza del Pokémon. Después, añadió:
—Está bien, Treecko, si eso es lo que quieres no seré yo el que me oponga... ¡Seamos un equipo a partir de ahora!
El Pokémon asintió con la cabeza, contento, para luego subirse al hombro del que a partir de ahora sería su entrenador. Bruno se acercó nuevamente a Abedul y éste, con una serena sonrisa adornando su rostro, le hizo entrega de la Pokéball del geco de bosque. Tras intercambiar unas últimas palabras, el chico se despidió del profesor, saliendo del laboratorio poco después.
A Bruno no le fue demasiado difícil encontrar su nuevo hogar, después de todo, aquel pueblo era tan pequeño que lo complicado habría sido perderse. Dio un par de golpecitos en la puerta con la diestra para, pocos segundos después ser recibido por un hombre al que el conocía muy bien; Norman, su padre. Se trataba de un hombre de mediana edad, al igual que la madre de Bruno. Su cabello era bastante corto y de color negro, al igual que sus ojos. Vestía con una chaqueta roja y un pantalón de chándal negro. Aquella vestimenta desentonaba con las "Geta" que llevaba, un calzado de madera que a Bruno le parecía ridículo.
Cuando Bruno llegó, la mesa ya estaba puesta por lo que la familia no tardó demasiado en ponerse a comer. Durante la cena, Bruno le contó a sus padres todos los acontecimientos que le habían sucedido durante la tarde, desde su peculiar encuentro con el Profesor Abedul hasta que éste último le entregó a Treecko al chico. Al escuchar aquello, Norman se sintió lleno de júbilo. Uno de los deseos más grandes del padre de Bruno era que su hijo siguiese sus pasos, algo que parecía realmente difícil debido principalmente a la extraña aversión que su retoño sentía por los Pokémon. Por suerte para Norman, el que su hijo hubiese recibido aquel Treecko era una buena señal. ¡Seguro que así acabaría convirtiéndose en un Entrenador Pokémon! O al menos eso era lo que él creía...
Tras la cena, recogieron la mesa entre todos. Después, todos los miembros de la familia irían a sus respectivas habitaciones para descansar. Al contrario que la habitación de sus padres que se encontraba en la planta baja de la casa, la habitación de Bruno se encontraba en la planta superior, subiendo una pequeña fila de escaleras de madera. Como supuso, la habitación del chico no era otra que la buhardilla de la casa, un sitio bastante amplio pero todavía vacío, adornado únicamente por una cama en uno de los laterales, una gran alfombra azul que cubría el suelo por completo y un antiguo televisor que se encontraba en el centro de la habitación, conectado a una especie de consola de sobremesa antigua, de color morado y gris. También había una gran ventana cuadrada, desde la que podía verse el pueblo casi por completo. Tras observar el lugar durante un corto período de tiempo para familiarizarse con él, Bruno se tiró sobre la cama, dispuesto a dormir, sabía que el día siguiente resultaría ser bastante ajetreado por lo que lo mejor sería descansar un poco. Antes de dormir, decidió sacar a Treecko de su Pokéball; Bruno pensó que aquella bola sería muy incomoda, seguramente al geco del bosque le resultaría más confortable descansar sobre la alfombra o la cama del chico.
A la mañana siguiente, Bruno despertó al escuchar la voz de su madre, que se encontraba llamándole desde la planta de abajo. El chico soltó un gran bostezó y se frotó ambos ojos con las manos para desperezarse. Cuando estuvo listo se levantó de la cama y se dispuso a bajar. Treecko por su parte, seguía dormido tranquilamente sobre la alfombra, o eso era lo que quería hacer creer. Realmente había escuchado las palabras de la madre de Bruno perfectamente, pero decidió ignorarlas como si aquello no fuese con él.
Una vez que hubo bajado las escaleras, Bruno se encontró a su madre de pie, con una mochila de color verde en la mano. Cuando el chico estuvo frente a ella, se la entregó.
—Tu padre se olvidó algo importante antes de marcharse a trabajar, así que me llamó para que fueses a llevárselo. El gimnasio de tu padre está en Ciudad Petalia, un sitio que se encuentra algo lejos de aquí. —Bruno rodó ligeramente los ojos, ya le querían volver a obligar a hacer "el trabajo sucio". De todas formas, aceptó sin rechistar, después de todo era alguien al que le gustaba servir de ayuda. Su madre, mientras tanto, prosiguió:— Por suerte, trajimos de casa tu vieja bici, así que tardarás menos en llegar. También he metido algo de ropa en tu mochila, por si necesitas cambiarte de calzoncillos durante el viaje. —Bruno se llevó una mano a la cara, avergonzado por el comentario.
Después de aquella conversación, pintoresca cuanto menos, Bruno se sentó junto a su progenitora en la mesa para tomar el desayuno rápidamente. Cuando hubo terminado, subió a su habitación, allí cogió la Pokéball de Treecko y al respectivo Pokémon, que aún estaba haciéndose el dormido. Antes de irse, también cogió su PokéNav, un dispositivo de última generación cuya utilidad principal era la de poder realizar llamadas telefónicas, aunque también tenía la capacidad de mostrar mapas políticos de la región donde su usuario se encontrase para ayudarle a orientarse por los alrededores. Una vez que estuvo fuera de la vivienda, el chico se acercó a su vieja bicicleta, la cual se encontraba encadenada junto a la casa. Se acercó a su modesto medio de transporte para quitar el candado que matenian seguras que cubrían las ruedas de la bicicleta, para luego subirse a ésta. Antes de nada, dejó un hueco a su Pokémon para que se acomodase, el cual dio un salto desde el suelo para encaramarse en la espalda de Bruno. Cuando todo estuvo listo, el chico comenzó a pedalear, tomando una trayectoria similar a la que había seguido el día anterior hasta encontrarse con el Profesor Abedul.
Cuando ya estaba cerca de Pueblo Escaso, Bruno escuchó un fuerte estruendo en la lejanía. Lo que no esperaba era que, tras escuchar aquel sonido, una especie de rayo cayó desde el cielo, aterrizando justo al lado de la posición del chico en aquel momento. Aquel impacto, provocó una fuerte explosión, hecho que hizo que tanto Bruno como Treecko y su bicicleta saliesen disparados por los aires. Aturdido, el chico se levantó lentamente tras el golpe, por suerte no había sufrido grandes daños a parte de un par de rozaduras en la pierna derecha. Miró a su derecha, su Pokémon se encontraba bien, había saltado en el momento justo para evitar el golpe. En cambio, la bicicleta del chico estaba completamente destrozada. Una gran nube de polvo se levantó por la explosión. Cuando se hubo disipado un tanto, el chico alcanzó a ver una figura frente a él.
—¡Treecko, usa Destructor! —Ordenó Bruno. El Pokémon se lanzó contra el individuo misterioso, por desgracia para el pequeño, fue rechazado por un fuerte golpe. Al parecer el extraño sujeto no estaba solo.
El chico se acercó rápidamente a su Pokémon, para socorrerlo, tomándolo en brazos. Tenía un gran rasguño en la piel, que por poco podría haberlo debilitado.
—¿¡Quién eres tú!? —Preguntó el chico, airado, dirigiéndose al que en ese momento era su enemigo. No hubo respuesta por parte de aquel extraño sujeto.
Cuando la nube de polvo se disipó por completo, Bruno pudo apreciar a alguien cuya altura era bastante similar a la suya, cubierta por completo con una capa de color blanca, algo antigua. Estaba acompañado por una especie de dragón de gran tamaño, de cuerpo azulado y alas rojas. En sus manos sostenía la mochila del chico, de la cual sacó una especie de cajita metálica. Seguidamente, la abrió. De aquel pequeño contenedor, sacó una especie de canica, en cuyo interior se encontraba una extraña marca de brillantes colores.
—Al fin tengo lo que buscaba...
