Capitulo 2

Durmió como una roca, apenas cubierto por las mantas se despertó gracias al inclemente brillo del sol que invadía la recamara entrando descaradamente por la ventana, dio un suspiro y se acurrucó en el blando colchón, no tenía ganas de levantarse, al menos esta mañana. Pero su estomago no estaba dispuesto a pasar más días vacío y dio un fuerte gruñido obligándolo a levantarse, vestirse y buscar el comedor.

— ¡Buenos días!— lo saludó amable su casera sirviéndole una taza de aromático café, en la mesa un platón con panquecillos humeantes le hizo protestar de nuevo a su estomago — ¡pero adelante, tome los que guste! esos con mermelada son de queso con frutillas—

— ¿Estoy lejos de las instalaciones de la Flota Estelar?— pregunto mientras daba cuenta de un tercer panquecillo, ignoraba cuanto le gustaban las frutillas.

— ¿El astillero Riverside? unas dos horas de camino— respondió la mujer — ¿va a enlistarse?—

—Si— suspiró resignado terminando su panque y sirviéndose más café — ¿quisiera acompañarme? creo que no podre tomar café que no sea del que usted prepara— sonrió amable a la mujer que soltó una risita.

—Creo que les permiten llevar algunos víveres, en la tienda del pueblo venden este café, así podrá prepararlo todas las mañanas— y sin dejar de reír entro a la cocina dejándolo solo.

Salió a limpiar su motocicleta, en una bolsa llevaba su ropa sucia y buscaría donde lavarla, no quería dejarle tanto trabajo a la amable mujer que lo había recibido; en dos minutos ya estaba en el pueblo, el rugir de su transporte lo precedía.

Recorrió con calma el pequeño poblado, dio con una lavandería y dejó sus cosas, volvería más tarde por ellas, ahora a conseguir un trabajo simple para contar con más créditos, comprar combustible, víveres y seguir su camino.

—Veo que te gustan los retos— una chica lo llamó desde la acera cercana, de momento no la reconoció y debió reflejarlo de manera curiosa en su rostro pues la hizo reír divertida — ¿no me recuerdas?— él negó acercándose a ella y apagando el motor.

—disculpe pero... no la recuerdo—

— ¡Vaya!— suspiró con gracia —y eso que solo fueron dos cervezas y tres tragos de tequila— le reprochó sonriente.

— ¡La mesera!— soltó de golpe, de nuevo la hizo reír y de nuevo hizo ese gesto de no entender — ¿que dije?—

—Perdona, pero no soy mesera— le extendió la mano —soy Caterina, no trabajo ahí... estaba divirtiéndome con unas amigas—

—Caterina— ella asintió y la tomó de la mano —soy Leonard y disculpa, creo que hice conjeturas demasiado rápido, como te vi bailar en la barra y luego...—

— ¡Shhh! no lo digas en voz alta— lo callo nerviosa —si se enteran en mi casa que hago eso nunca más voy a poder salir— sonrió -mis amigos me guardan el secreto-

— ¡Lo siento!— contestó más confundido — honestamente no recordaba tu apuesta—

—ah— contrariada siguió su camino, él la acompañó llevando de lado su motocicleta —entonces ¿cuanto tiempo vas a estar por aquí?—

—Lo ignoro, tal vez uno o dos días, solo para obtener los créditos suficientes para comprar combustible y algunos víveres—

— ¿y se puede saber a dónde te diriges?—

—No— soltó y Cat se detuvo para mirarlo extrañada —es decir, no lo sé aún, tal vez me enliste en la Flota—

— ¿Vas a ser cadete?— soltó emocionada —a mi me encantaría pero... no me dan permiso— la decepción afloró en su voz.

—si eres menor de edad no creo que...—

—ese es el problema, no soy menor de edad y... mi familia sí está en la flota, bueno, mis padres... — se corrigió —y yo quiero ser como mi padre ¡viajar y conocer el universo!—

—Pero no te dejan— la bajó de golpe de su nube.

—no... Mamá no quiere, dio órdenes en la familia a que se evitara cualquier intento por inscribirme—

—Respetas mucho las decisiones de tu madre—

—No tengo otra opción— suspiró con tristeza —por eso cuando salgo con mis amigas trato de divertirme lo más posible—

—pero en un sitio así...como...—

—Dilo, es un pueblo miserablemente perdido en la nada— inhalo con fuerza, fue cuando Leonard se dio cuenta que llevaba algunos paquetes —gracias por la compañía, hasta aquí llego— se encontraban frente a una vieja tienda que mostraba en sus aparadores letreros multicolores que anunciaban antigüedades —voy a cambiar unos libros —

—ok yo... voy a dar una vuelta por aquí ¿vas a ir al bar esta noche?—

—No lo sé, depende si puedo escaparme de casa— sonrió —suerte con encontrar trabajo—

Él no contestó, espero a que Cat entrara al local para montar su motocicleta y seguir buscando donde ganar algo.

Anochecía cuando volvió a la casa de huéspedes, lo esperaba una cena caliente que devoró tras dejar su ropa limpia en la habitación, estaba cansado y sentía que apestaba así que se ducho, se afeito y de nuevo estaba ahí, como le gustaba verse en realidad, el limpio y bien presentado Doctor Leonard McCoy, más ya no sería llamado de manera tan pomposa al menos en la tierra, ahora había logrado obtener un trabajo como ayudante del veterinario local.

No ganaría mucho y para evitar que el sistema lo detectara le pagarían con créditos impresos, pero bastaba para pagar otras noches de hospedaje y alistarse para el último tramo de su viaje. Descansaba su espalda en la cama, con las luces apagadas y el estomago satisfecho, más no tenía sueño y miraba fijamente la lámpara recordando los problemas que lo habían llevado hasta ese lugar.

Un noviazgo con la más hermosa de las estudiantes de la Universidad de Misisipi, Pamela Branch no obtenía calificaciones sobresalientes pero compensaba con la escultural figura, sus brillantes ojos cafés y la melena castaña y rizada que caía hasta sus caderas, también era una mujer refinada, acostumbrada a las cosas buenas de la vida.

Apenas se graduaron unieron sus vidas en matrimonio, un año más de una luna de miel auspiciada por los padres de la pareja, viajes, un consultorio en la zona más lujosa de Oxford Misisipi atendiendo a adinerados personajes, Leonard sentía que por fin había logrado sus metas, casi no paraba en casa por la cantidad de pacientes que engrosaban día a día su cuenta bancaria.

Sin embargo los problemas comenzaron a un día de su primer aniversario de bodas, Pam tuvo que asistir a una cena ejecutiva, él la esperó despierto hasta las cinco de la mañana, hora en la que salió hacia su trabajo matutino en el hospital... desde ese momento solo se veían unas horas los fines de semana.

Leonard trató de aguantar un año más "es una etapa" le decía a su madre que escéptica solo atestiguaba la caída del matrimonio de su hijo.

Su regalo de aniversario, una carta por parte del abogado de Pamela, las propiedades inmobiliarias, los automóviles y una obra vulcana que había costado miles de créditos, ella la odiaba pero al parecer lo odiaba más a él.

Ahora, tumbado en la cama de una vieja casa, en un sitio olvidado del país todavía rumiaba ese rencor nacido ese día en que recibió la demanda de divorcio, odiaba a Pamela, odiaba su ciudad, odiaba a la humanidad e irónicamente su trabajo era curar a la humanidad.

Más esta tarde había sido productiva, por suficientes créditos ayudo a una yegua a parir un sano y hermoso potro, curó a dos ovejas y salvó a un pequeño hurón de morir ahogado por un trozo reseco de alimento, al menos no eran humanos.

Su reloj marcaba apenas las siete de la noche, aunque afuera ya estaba completamente oscuro y solo se escuchaba el esporádico paso de un automóvil perdido en la carretera; bostezó y se puso de pie calándose su chamarra de cuero.

gracias por leer...