El Triángulo - Jim Mizuhara
Capítulo 2
Mientras tanto, en los suburbios de Moscú, un cierto muchacho de ojos seductoramente ambarinos y suave voz intentaba dormirse, pero en vano. Nada le resultaba porque su mente estaba concentrada en una sola persona y en el deseo de verlo nuevamente. Incontables vueltas dio en el lecho sin poder apartar la imagen, las palabras, las frases de amor eterno susurrados a su oído mientras en esa misma cama él daba lo mejor de sí, sus pensamientos eran exactamente en Kai. La relación que Ray y Kai vivían era como un sueño, solamente había lugar para las infinitas fantasias que ambos inventaban, la atracción que uno ejercía sobre el otro era, de cierto modo, magnética.
Para Ray todo esto era la concretización de amor y admiración mezclados y que durante mucho tiempo maduró hasta convertirse en la entrega incondicional y recíproca de sus corazones. Kai era otra persona cuando lo visitaba, era increíblemente amable y cariñoso, no se parecía en nada al severo e indiferente capitán de los Bladebreakers. Y el amor que sentía por Ray no decaía nunca.
Pero Ray estaba enterado de su relación oficial con Tala, y no le importaba. Es más, le parecía doblemente excitante cumplir el papel de "amante"; no podía evitar amar alguien ya comprometido, y eso lo impulsaba a seguir adelante. Una remota esperanza existía en su ser que algún día Kai le pertenecería por entero.
Kai, a su vez, lo visitaba con mayor frecuencia, le enviaba obsequios y tarjetas, era capaz de ir solamente para sentarse en un sofá y contemplar con deleite a Ray haciendo sus faenas. Ya en la cama, era de una energía incontenible, como si guardara todos sus sentimientos y su vigor para él, ¿pensándolo bien… será que Tala era beneficiado de la misma forma que Ray? En los últimos días Kai actuaba como si estuviera solamente con el neko, literalmente prodigaba todo su ser a quien más amaba.
En sus conversaciones Kai dejaba traslucir sus problemas con Tala, la relación iba desgastándose y un día no daría para sostenerlo; las constantes explosiones de celos del pelirrojo agotaban su paciencia, no era más el chico por el cual se enamoró perdidamente. No encontraba una solución ideal para esto, y dejarlo era impensable para él.
En cierta forma, Ray venía a ser un escape para Kai, necesitaba desesperadamente la confianza de otra persona para seguir adelante mismo que no aparentase. Su mayor temor era que Tala descubriera y todo aquello se desplomara.
Ayer lo visitó con una sonrisita lujuriosa, de esas que anuncian algo inminente. Se mantuvo callado respecto al motivo de su felicidad, pero pudo deducirlo.
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXAl abrir sus ojos lo primero que Tala vio era le hueco vacío donde Kai durmió, se levantó sin despertarlo y sin despedirse fue a su trabajo. Continuamente se repetía esto, y Tala no era ningún tonto para pasarlo por alto; de un tirón se puso de pie y en la cocina encontró a Dimitri, el mayordomo.
- ¿Dónde está Kai?
- Salió hace media hora, señor.
- ¿Y dónde fue?
- A su empresa, como siempre, señor.
- Hummm…
Caminando lentamente se acercó al teléfono, sabía de memoria el número de su oficina. La mecánica voz de su secretaria contestó, ¿cuándo eliminaría esa secretaria? Era detestable no poder hablar directamente con Kai.
- Hiwatari Corporation, Nadya hablando, ¿qué se le ofrece?
- Hola, sí… deseo hablar con el señor Hiwatari.
- Lo siento, señor, pero él está en una reunión directiva muy importante. ¿Desea dejar algun mensaje?
- Necesito hablar con el señor Hiwatari, dígale que Tala necesita comunicarse con él.
- ¡Ah! Usted es el señor Tala, lo conozco perfectamente… un momento, pasaré su llamada a su teléfono.
Quince segundos después una voz de trueno habla al otro lado de la línea.
- ¿Tala? Para qué llamas? Necesitas algo?
- Kai, creo que el enojado debe ser yo, sales sin darme ninguna satisfacción, y encima quieres que ande contento con todo. Necesitamos conversar.
-
- ¡Contesta, Kai! Sé perfectamente que estás ahí. Andas más raro que lo normal, me estás tratando como si fuera un idiota, sea lo que sea debe terminar.
- Escucha, Tala, si llamaste para hacer otra de tus demostraciones de celos estás perdiendo tiempo de nosotros dos. ¿Me sacaste de la reunión semestral solamente para eso? Cuando vuelva a casa veremos ese asunto.
- Algo está mal… ¡y el responsable eres tú!
- ¿Qué? Encima tengo que escuchar eso! No empeores las cosas si no quieres arrepentirte después.
- Nuestra relación va pendiente abajo, todo porque noche tras noche me evitas, como si… ¡como si te guardaras para otro! Es eso, verdad, Kai?
- ¿Andaste tomando algo, Tala? Tu mente está perturbada, solo puede ser. No tengo la culpa si llego cansado y quiero dormir más temprano. En vez de comprenderme solamente me causas trastornos.
- ¿Tras-tor-nos? No puedo creer que te refieras a mí de esa manera!
- Lo siento, hablaremos cuando vuelva.
- Todavía no me has dicho…
El zumbido del teléfono siendo colgado se escuchó. Tala quedó sin comprender totalmente el diálogo que acababa de tener con Kai, las palabras eran disconexas, sin sentido, y su tono de voz era bastante frío, como si hablara con uno de sus funcionarios. Un pensamiento comenzó a echar raíces en su mente: ¿Le estaba cambiando por otro?.
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