Law Trafalgar nacio un tormentoso dia de octubre.
En plena noche, mientras el viento soplaba con una fuerza brutal y las gotas de lluvia torrencial golpeaban como piedras cada cosa que se cruzara en su camino, el parto se adelanto y hubo que prepararse a duras penas para recibir a un nuevo ser humano. Horas antes, ya desde por la mañana la señora Trafalgar, de nombre Amelia, apodada Lia por sus seres queridos y apellidada Pávlov en sus tiempos de solteria, habia sentido que algo no marchaba como siempre en cuanto a su avanzado embarazo.
Amelia Pávlov era originaria tambien del North Blue, pero su isla natal quedaba algo lejos de aquella en la que vivia ahora, mas o menos a una semana en barco si el tiempo atmosferico traidor de esa zona tan fria del mundo se comportaba como era debido. La casa de su familia nada tenia que ver con la que mas adelante considero su hogar y mucho menos sus parientes tenian nada en comun con su marido. Incluso ella misma no tenia nada en comun con su marido. Ella nunca fue nadie importante, solo una muchacha joven y bonita dedicada a ser mesera de la taberna que tenian como unico negocio familiar y fuente de ingresos para alimentar demasiadas bocas. En aquel entonces tenia una madre, un padre, una abuela algo ida por la edad (pero que moriria unos meses despues de su partida), tres hermanas y cuatro hermanos.
Pues eso, demasiadas bocas que alimentar.
Amelia o Lia para sus seres queridos nunca fue nadie importante, pero era amable, buena, guapa e inteligente y extraño no fue que pronto, a medida que fue creciendo, varios muchachos del pueblo en el que vivia se envalentonaran a declararle su amor o bien trataran de mantener algun tipo de relacion amorosa con ella. Sin embargo, Amelia o Lia para sus seres queridos los rechazo uno tras otro. Amablemente como era su costumbre, pero los rechazo a fin de cuentas.
Tenia demasiadas responsabilidades como para pensar en muchachos, amorios y matrimonios.
Sin embargo, el mismo dia que Amelia cumplio los 20 años aparecio en su mediocre pueblo, dentro de su helada y mediocre isla, entrando extrañamente en su misera y mediocre taberna, un hombre que cambiaria su vida para siempre. El doctor Trafalgar, de nombre Andrey y sin apodo posible porque nadie le habia puesto nunca uno, llego a su hogar natal en calidad de medico del unico tipo con suficiente dinero como para costear los servicios caros que ofrecia el doctor en cuestion. Era bueno, muy bueno en su profesion, y su nombre resonaba por el North Blue debido a su buena mano y habilidad innata para curar a los enfermos, cosa que no salia gratis. El doctor Trafalgar, de nombre Andrey, era un tipo serio de facciones angulosas pero elegantes y porte distinguido. Aquel año habia cumplido los 32 y, ciertamente, la edad le sentaba bastante bien, ademas de que el exito rotundo que habia logrado como doctor le hizo amasar pronto una señora fortuna que mejoraba su aspecto aun mas, con trajes caros y refinados bajo abrigos gruesos, calientes y de buena tela para combatir el clima malvado del North Blue. Nunca se habia casado porque no habia conocido a una mujer que despertara su atencion, siendo todas las que solia frecuentar debido a su elevada clase social demasiado altaneras, caprichosas o sabiondas. Y al doctor Trafalgar no le gustaba la gente altanera, caprichosa o sabionda.
Por causas del destino o a saber de que otro poder desconocido o, quiza, simplemente por mera casualidad, acabo entrando una noche en una misera y mediocre taberna tras haber cumplido con su cometido medico por aquel dia, internandose en el local mencionado por andar cansado y ser el mas cercano que encontro. En cuanto entro, analizo el ambiente y la decoracion pobre y tuvo que contener una mueca de disgusto, hombre de lujos y elegancia como era. Sin embargo, tambien era educado, mostrandose tan serio como siempre. A punto estuvo de marcharse pero, finalmente, se decidio por no hacerlo empujado por el aroma del vino que tantas ganas tenia de beber.
El quedarse fue una decision que cambiaria su vida para siempre.
Alli, en aquella taberna misera y mediocre, conocio y fue atendido por la mesera Amelia Pávlov, Lia para sus seres queridos, la cual parecio en un principio extrañamente embobada con su presencia y que no reacciono hasta segundos despues de que se sentara, observandole para despues dar un respingo y dedicarse a su trabajo. En cuanto ella se acerco y cruzaron la mirada, fue amor a primera vista.
Si, definitivamente, la entonces Amelia Pávlov no tenia nada en comun con Andrey Trafalgar.
Él era de piel clara, pelo de un rubio que rozaba el platino y complexion alta y delgada, quiza demasiado delgada. Serio e impasible, como hombre que siempre guardaba las formas y daba gran importancia al autocontrol hablaba poco y con autoridad, manteniendo la compostura y el porte elegante fuera cual fuera la situacion. Sin embargo, lo que mas llamo la atencion de Amelia fueron sus ojos afilados de un gris fuerte y penetrante que parecian poder adivinarlo todo. Ella, en cambio, era voluptuosa pero de pequeña estatura, con el cabello negro y la piel morena a pesar de ser nativa de la zona mas fria del North Blue. Sus rasgos redondeados y simpaticos no hacian otra cosa que aumentar la sensacion de amabilidad y buena voluntad, cualidades que compartia tambien su caracter. Era humilde, emocional, charlatana y agradable, una de esas personas que todo el mundo aprecia y que hacen amigos alla donde ponen los pies. Sus ropas y aspecto iban acorde con su nivel economico y de vida: sencillo, humilde, no sucio ni estropeado pero nada fuera de lo normal.
Efectivamente, no tenian nada en comun y, sin embargo, fue amor a primera vista.
Durante el tiempo que el doctor Trafalgar, de nombre Andrey, estuvo en la isla cuidando de su paciente, se encargo de agasajar debidamente a la unica mujer que habia despertado tal atencion en su vida, cortejandola con toda la pasion y sentimiento que un hombre frio como él pudiera mostrar. Amelia o Lia para sus seres queridos se dejo hacer encantada y, pronto, estuvo ella tambien buscando excusas para encontrarse con él y cruzar unas miradas reveladoras cuando no habia posibilidad de hablar, o bien algunas palabras cuando eran afortunados y tenian tiempo para los dos. En apenas un mes el doctor Trafalgar le pidio matrimonio y ella acepto sin dudarlo, siendo desde entonces poseedora de un caro anillo de diamantes como signo del compromiso.
Desde aquel dia, ademas de la promesa de una vida matrimonial llena de romance y amor, su familia no volveria a tener problemas economicos gracias a los ingresos desorbitados del doctor Trafalgar, de nombre Andrey.
En apenas un mes se casaron en una ceremonia llena de lujos y elegancias, como a él le gustaba y le parecia correcto, mudandose Amelia a la isla donde Andrey tenia su hogar para instalarse e iniciar una vida juntos.
Paso, entonces, a llamarse Amelia Trafalgar o señora Trafalgar.
La residencia del doctor Trafalgar, casa de los señores Trafalgar en cuanto Amelia llego, no era una casa cualquiera, si no una inmensa mansion en las afueras de la isla a unos 45 minutos andando rapido del pueblo, cuyas residencias tan poquita cosa parecian junto a aquel caseron inmenso. Habia algunas mansiones vecinas, es cierto, pero ninguna de semejante tamaño, siendo herencia familiar del doctor Trafalgar junto a una mas que jugosa fortuna que él se encargaba de engrosar con su trabajo y fama. A Amelia no le gusto demasiado, para que negarlo, acostumbrada como estaba al calor de lo humilde y cercano. No es que fuera una casa fea, en absoluto lo era, era preciosa y decorada con un gusto exquisito pero era tan inmensa, tan fria y rodeada de un paisaje tan desolado, que a ella le decepciono un tanto. Asomandose a las ventanas, solo veia nieve y mas nieve, arboles secos por el frio que conformaban un bosquecito desnudo y sin hojas y algunas montañas grises en el horizonte. Ademas, para un hombre soltero y sin familia con la unica compañia que puede ofrecer el servicio, era excesivo y debia ser bastante triste vivir en semejante caseron.
Sin embargo, Amelia, Lia para sus seres queridos, pronto se animo con la idea de que llenar ese lugar era un problema que tenia solucion. Siempre quiso formar una familia numerosa, como sus padres.
Pronto, la joven Amelia se instalo en su nuevo hogar de casada e hizo lo que solia hacer: amigos. La gente del servicio le cogio cariño a la velocidad de la luz y, sorprendentemente, comenzaron a confiar mas en ella que en su marido, con el que nunca hablaban mas de lo necesario. Ella sabia que Andrey era un tipo dificil que poca gente comprendia, siempre tan formal y serio, tan frio, pero Amelia le amaba y ante eso nada puede hacerse. Los primeros meses fueron un sueño hecho realidad y ella se sentia parte de algun tipo de cuento de hadas, donde era la princesa y su principe se encargaba de mantenerla contenta y colmada de atenciones. A medida que fue transcurriendo el primer año, la situacion se volvio algo mas tranquila y ella dejo de sentirse tan especial pero, como era su caracter, no le dio mucha importancia ya que su marido era un hombre ocupado que viajaba mucho y, ademas, era comun que la situacion matrimonial se "normalizase" con el tiempo.
Ella tenia amigos en la casa, asi que todo estaba bien.
Sin embargo, el tiempo continuo pasando y el doctor Trafalgar, de nombre Andrey, comenzo a desaparecer un mayor numero de veces por causas de trabajo, ya no buscando alternativas ni poniendo excusas para estar en casa con su joven esposa como hacia antes. No es que ella se quejara, porque su marido era un hombre ocupado, pero comenzo a sentirse sola. Tenia amigos en la casa, es cierto, pero no fuera de ella, y la soledad y la rutina comenzo a hacer mella en su optimismo. Alguna vez intento ir al pueblo y hacer vida pero, para su desgracia, las gentes la trataban con demasiado respeto y excesiva complaciencia, como quien ve a un rey absoluto y caprichoso que puede hundirlos a todos con una sola orden a sus tropas. Pronto Amelia, Lia para sus seres queridos, se dio por vencido y permanecio en aquel enorme y oscuro caseron cuya esperanza de llenar cada habitacion comenzo, tambien, a desaparecer.
¿Como iba a formar una familia con un padre que esta mas veces ausente que presente?
Al finales del primer año, el doctor Trafalgar, de nombre Andrey, parecia haberse olvidado por completo de la que era su esposa. Solitario y firme, frio y serio, se dedicaba a su estudio o bien a la investigacion y el papeleo cuando estaba en casa, no levantando ni la cabeza para echarle una miradita a la pobre Amelia. Como si fuera un mueble al que uno se acostumbra, pasada la sensacion alegre e ilusionada de poseer algo nuevo, Andrey Trafalgar ignoraba a su esposa la gran mayoria de las veces exceptuando cuando a él le interesaba. Era doloroso y exasperante para Amelia el tener que carraspear con fuerza o hacer un ruido infernal con la silla para conseguir, al menos, que su marido le dedicara una mirada confusa, como si no recordara que ella existia y que vivia en la misma casa.
Al final, olvidada, se dio por vencida, sola en compañia de sus amigos del servicio.
Penso en marcharse y dejarle, pero luego rapido recordaba que sus ingresos mantenian a su familia y les permitia un nivel de vida que jamas tuvieron la oportunidad de disfrutar antes... y Amelia, Lia para los amigos, no queria hacerles regresar de nuevo a su mundo anterior despues de haberles dado a probar la buena vida, cosa a la que uno se acostumbra demasiado rapido.
Ademas, se decia Amelia, es que él era un hombre muy ocupado que estaria pasando por una mala racha y, tarde o temprano, volveria a ser el de antes. Eso es. Aquello tenia mas sentido.
Al finales del segundo año de casada, la situacion continuo igual de dolorosa y solitaria pero, muy importante, con una excepcion: estaba embarazada. Amelia, Lia para sus seres queridos, lo celebro enormemente junto a sus amigos del servicio, que recibieron la noticia con la misma emocion y alegria que la propia futura madre. El padre, en cambio, aunque habia sido el doctor que habia examinado y expresado el estado de su mujer, no se lo tomo como un hecho remarcable si no, mas bien, como algo que tiene que ser y que tarde o temprano ocurriria. Como si aquello no fuera demasiado con él y el interes hacia su futuro hijo debiera ser solo de Amelia. Pero ella era diferente. Ella adoraba a su hijo aun no nacido, ademas de como una madre, como a una llama de esperanza y calidez en medio de una gelida oscuridad. Ahora, tendria a alguien a quien querer y que la quisiera con igual intensidad. Alguien a quien arropar por las noches, de quien estar pendiente y cuya felicidad estaba en sus manos. Alguien que la necesitara.
Y asi fue porque, quitando las revisiones medicas de costumbre para asegurarse de que todo marchara bien, el doctor Trafalgar, llamado Andrey, continuo haciendo el mismo caso a su mujer que antes de estar embarazada. Es decir, ninguno.
El parto quedo fijado para mediados de Octubre y, por tanto, el doctor Trafalgar vio carta blanca para desaparecer de nuevo a uno de sus viajes de trabajo como medico, largandose un dia sin avisar para no volver, como sabia Amelia, hasta la semana en que naceria el niño.
Sin embargo, una mañana de primeros de aquel mes, Amelia comenzo a sentirse extraña.
Con su adelantado estado de embarazo, poco podia la mujer decir que era normal y que no, pero aquellas sensaciones algo dolorosas que ocurrian en intervalos de tiempo regulares no podian ser normales. En el exterior, se adivinaban nubes de tormenta y el cielo amenazaba con regalarles un temporal terrible aquella noche, no pudiendo evitar la joven y futura madre el acariciar su barriga redonda con preocupacion. Bajo sus manos lo noto revuelto e inquieto, y ella no sabia si sonreir por tanto movimiento o histerizarse por lo mismo. Algo no era normal aquella mañana.
Asustada y decidiendose por fin, temiendo por que la tomaran por una hipocondriaca, Amelia, Lia para sus seres queridos, decidio envalentonarse, tragarse la vergüenza y preguntar al ama de llaves. Esta era una señora mayor y dotada de experiencia que, ademas, al parecer habia sido matrona en otros tiempos de juventud, preguntandole con interes a la muchacha Amelia por aquellos sintomas que consideraba tan extraños y dignos de miedo y preocupacion. En cuanto escucho las palabras de la boca de una nerviosa y asustada Amelia, Lia para sus seres queridos, el ama de llaves pronto comenzo a reir con gracia y algo de ternura por la perdida joven, explicandole que aquello que le ocurria no era tan extraño.
El parto se habia adelantado y, segun el ama de llaves, Amelia daria a luz o esa noche o a la mañana siguiente.
Incredula, Amelia no sabia que hacer ni decir, pues su marido era un gran medico y no podia haber errado el pronostico del nacimiento. Sin embargo, el ama de llaves volvio a reir y le dijo que estas cosas ocurrian y que no habia nada extraño ni con su marido, ni con sus conocimientos de medicina, ni con el niño, que nacia a principios de mes en lugar de a mediados.
El unico problema era que su marido estaba ausente, y Amelia no tenia forma de contactar con él.
Tuvo que ser tranquilizada por gran parte del numeroso grupo del servicio. Aterrorizada, Amelia, Lia para los amigos, no pudo evitar asustarse excesivamente ante la idea de dar a luz a su pequeño sin ningun tipo de asistencia sanitaria profesional, estando a punto la pobre de ser victima de un infarto y comenzando a llorar infantilmente. Al fin y al cabo, ademas del disgusto, los embarazos complican las emociones de la gente aun mas. Pronto, sus amigos del servicio le explicaron que habia mas doctores en el mundo ademas de su marido y que, si bien no eran tan buenos, atender un parto lo saben hacer todos, consiguiendo que la joven e inminente madre respirara tranquila y se calmara.
No le pasaria nada a su pequeño.
Ademas, ellos tenian razon. Solo tenian que viajar al pueblo tras unas horas para asegurarse de que de verdad aquellos dolores eran contracciones y, despues, explicarle al doctor de los menos afortunados economicamente que su marido se encontraba ausente y que, a su vuelta, pagaria la factura sin dudarlo. El doctor Trafalgar manejaba tambien todos los asuntos economicos y los ingresos que entraban en el hogar. Ella ni pinchaba ni cortaba en aquella casa.
Tranquila por la salud del bebe pero nerviosa por el parto inminente del que no se habia concienciado para que ocurriera en aquellas fechas, Amelia Trafalgar, Lia para los amigos, continuo el dia tratando de entretenerse hasta que pasaran unas horas mientras los dolores extraños persistian. Definitivamente, su instinto de madre primeriza le decia que si, que al final el ama de llaves iba a tener razon.
Por desgracia, dos horas despues estallo la tormenta y, el temporal era tal, que imposible se hizo salir si quiera de la enorme mansion. La linea telefonica quedo cortada debido a la lluvia torrencial y el viento peligroso, rompiendo cualquier oportunidad de comunicarse con el exterior y, para colmo de males, tiempo despues la electricidad sufrio el mismo destino.
Ademas de solos, se quedaron a oscuras.
Entre luces de velas y candelabros, llego la noche y el tiempo empeoro aun mas, golpeando los cristales, el suelo y las paredes la lluvia. El vielto soplaba terrible y arrollaba cualquier cosa desgraciada que fuera demasiado ligera como para oponer resistencia, siendo el exterior nevado y lluvioso un paisaje digno del Apocalipsis. Como el ama de llaves (ahora unica con experiencia en atender un nacimiento sin ser medico) habia predicho, con la noche llegaron los dolores mas fuertes y, poco despues, el parto.
En su propia habitacion de matrimonio, sobre su cama e iluminada por la luz ambarina del fuego de las velas, Amelia dio a luz a su bebe en medio de un dolor insoportable, un total agotamiento fisico, un panico terrible ante la idea de que ocurriera alguna complicacion que no pudieran remediar y en compañia del ama de llaves y dos de las encargadas de cocina.
Tras gritar, Amelia Trafalgar, Lia para sus seres queridos, se dejo caer un segundo sobre la cama en cuanto todo termino, reaccionando veloz ante el sonido de llanto de su bebe recien nacido. Como toda madre hace por instinto, a Amelia dejo de importarle lo cansada que estuviera, incorporandose sentada sobre la cama e ignorando a su cuerpo dolorido para poder acoger entre sus brazos cariñosos a la criatura que acababa de respirar el aire exterior por primera vez. En cuanto observo su expresion, el ama de llaves, toda una madraza, le cedio a su bebe con delicadeza, siendo acogido el pequeño entre los brazos de su madre mientras lloraba sin parar, mezclando su llanto con el temporal como si quisiera participar en la orquesta que ofrecia la naturaleza.
Amelia sonrio incredula, enternecida y llena de una sensacion que sobrepasaba la felicidad mas absolutra, llevandose a la criatura hacia si para acunarlo contra su pecho y darle todo su calor. Era un niño y, aunque ya se sabe que pocos rasgos fisicos pueden adivinarse en los recien nacidos, Lia si pudo comprobar que tenia el cabello oscuro y la piel morena, como ella.
Le llamaron Law, porque a ella le sonaba corto y cantarin y a él le entaba todo lo recto y de acuerdo a las leyes.
El niño nacio completamente sano y, desde sus primeros momentos de vida, recibio todo el cariño y el amor de su madre.
Por desgracia, no todo podia ser perfecto y Law resulto ser un niño realmente lloron y escandaloso. Tocado por el dia de su nacimiento, como si echara de menos el temporal y la tormenta peligrosa de aquella noche en que respiro por primera vez, el pequeño de los Trafalgar lloraba ruidosamente y su llanto de bebe hacia temer a su madre que un dia llegara incluso a romper los cristales. Amelia paso noches enteras sin dormir apenas, levantandose de su cama cada media hora para atender al niño que lloraba en su cuna como si fueran a matarlo. Una vez veia a su madre, el pequeño Law se tranquilizaba prontamente, callando y quedandose dormido como un santo en sus brazos para, poco despues, volver a llorar una vez se despertaba abandonado. Pasadas unas semanas, el doctor Trafalgar, de nombre Andrey, agoto su paciencia, levantandose una noche en pleno llanto del niño con un salto para vociferar. Fue la primera vez que su mujer le escucho gritar y, por suerte, tambien seria la ultima. Al final, Andrey Trafalgar les "echo" de la habitacion pasadas un par de noches con semejantes caracteristicas, que él era un hombre muy ocupado y necesitaba descansar sin un bebe ruidoso que le estropeara su sueño.
Abandonados ahora tanto Amelia, Lia para sus seres queridos, como su hijo en una habitacion para ellos solos en la otra punta del inmenso caseron, ella se acostumbro rapido a pasar las noches sola en compañia de su bebe, dandose cuenta que la diferencia era infima si estaba o no su marido. Al fin y al cabo, aunque hiciera acto de presencia, siempre era como si estuviera ausente.
Como madre que era, Amelia observo con el paso de los dias que el niño lloraba de semejante manera cuando se despertaba y se veia solo, confinado en la cuna lujosa pero que tan horrible debia hacersele a él. Opto, por tanto, por llevarselo a la cama con ella porque era de lo mas espaciosa y cabian los dos de sobra, arrullandolo para que se durmiera con alguna nana improvisada.
Y el niño dejo de llorar por las noches.
En un tiempo que a su madre le parecio un parpadeo, los años pasaron deprisa y el pequeño Law llego a la bonita edad de tres años, que es cuando los niños ya han aprendido a hablar como Dios manda, le cojen el gusto y parlotean como loritos. Sin embargo, a medida que fue creciendo, Law resulto ser un niño extraño. A diferencia de cuando tan solo era un bebe, como si hubiera agotado todo su llanto y ruido en aquellos dias el pequeño Law se convirtio en un niño silencioso que, aunque aprendio a hablar bastante mas rapido y mejor que el resto de chicos de su edad, charlaba lo poco y justo. Era serio, demasiado para ser un niño, tenia pocas ganas de jugar a cosas brutas y tipicas de los pequeños a esas edades y apenas nunca se ensuciaba. El ama de llaves, que habia visto infinidad de pequeños en su vida y habia cuidado de otros tantos, no podia evitar que el niño de los Trafalgar le diera una extraña sensacion. No era normal en un muchachito de esa edad semejante comportamiento tranquilo, pero a la vez incluso sombrio, recordandole aunque no quisiera a uno de esos niños que aparecen fantasmagoricos en las historias de casas embrujadas. El ama de llaves apreciaba al pequeño Law, de verdad que si, que basicamente habia sido ella quien lo habia hecho nacer y la primera que lo tuvo en sus brazos pero, aun asi, aquel niño no era normal.
Sin embargo, para su madre era perfecto. En lugar de extraño, para Amelia su pequeño hijo era simplemente diferente, algo retraido y malo en habilidades sociales, como su papa, pero perfecto igualmente. Curiosamente, esto no era lo unico que compartia con su progenitor, el cual nunca le hacia demasiado caso y termino por abandonar a su hijo de la misma manera que con su esposa. Law era, ademas, clavado a su padre pero con el cabello oscuro y la piel morena de su madre, siendo poseedor tambien de aquellos ojos color gris fuerte que parecian adivinarlo todo. Eran ojos de persona mayor y no precisamente por el color, se decia el ama de llaves, ojos inteligentes y astutos pero no con esa chispa picara e inocente que tienen los niños listos. No. Eran ojos de adulto observador, de esas personas que lo quieren conocer todo para luego tomar las decisiones que mas le convengan, esquivando o bien manipulando las situaciones a su antojo y beneficio. Definitivamente, el pequeño Law no era un niño corriente y, por mucho que al ama de llaves y a mucha gente del servicio le diera sensaciones raras, para su madre era perfecto y magnifico tal y como estaba.
Debio ser la soledad o el ambiente que se propicio para ello, pero madre e hijo nunca se separaban. Ignorando los consejos y recomendaciones que le daban por doquier sobre la independencia de los niños y la frase que tantas veces oia de "asi, nunca se hara un hombre", Amelia o Lia para sus seres queridos dejaba que su hijo estuviera con ella tanto como quisiera. Alguna vez lo intento, de verdad que si, alguna vez intento que su pequeño hiciera vida propia y andara a sus anchas, jugando con unos juguetes que apenas nunca habia tocado o bien dedicandose a vivir su imaginacion infantil. Sin embargo, era imposible, pues Law no parecia querer separarse de ella ni un milimetro y, ademas, Amelia no podia negarle su cercania materna a aquellos ojos claros que la miraban anhelantes y desesperados en cuanto ella trataba de alejarse de él. Law y ella tenian una conexion especial, una que va aun mas alla de la conexion normal que se tiene entre una madre y un hijo. Era un niño diferente, Lia lo sabia, y encima estaba tan solo como ella en aquel enorme caseron.
Pasaron un par de años mas y el pequeño de los Trafalgar continuaba en las mismas, a su ritmo de extravagancias y crecimiento raro. Se fue haciendo flaco, tambien como su padre, ademas de quisquilloso con la comida y un astuto desobediente excepto con su madre, a la que idolatraba como centro de su universo. A su madre le hacia caso porque, todos sabian, no podria soportar la decepcion en ella o el regaño. Necesitaba su aceptacion constante y, con su madre, solia comportarse de una manera mas normal e infantil. Con ella si jugaba a menudo al escondite por aquella mansion gigantesca o fuera, en las cercanias de aquel bosquecillo de arboles desnudos cuando el tiempo lo permitia, dejandose coger por sus brazos e incluso pidiendolo alguna vez con algun gesto. Verlos era bonito y, en aquellos momentos, el pequeño Law no daba una sensacion tan rara. Con el paso de aquel par de años, comezo a hacerse hora de que empezara una educacion academica a pesar de que aprendia cualquier cosa a pasos agigantados, pues era un niño curioso hasta rozar lo peligroso. Mas de una vez habia arriesgado su vida estupidamente solo por conocer las cosas, llegando a estar a punto de introducir la cabeza en el horno al rojo vivo para analizarlo en plena funcion un dia, incluso. Que se achicharrara fue evitado por el ama de llaves quien, una vez entro en la cocina y vio al niño con semejantes intenciones, rapidamente pego un chillido y se lanzo hacia él, apartandolo del electrodomestico para despues soltarle una buena bronca a la que mucho caso no hizo el pequeño.
Pensaron en educarlo en casa con algun profesor particular o bien que lo hiciera su propio padre pero, dado los incidentes problematicos de curiosidad en los que se veia inmerso y el hecho de que fuera un niño demasiado poco sociable, hizo que su madre se decidiera por mandarlo a la escuela del pueblo para que aprendiera a relancionarse con niños de su edad.
El primer dia de colegio, el pequeño Law se quedo paradito en la puerta de la escuela mientras algunos maestros y el resto de niños se internaban en el recinto, contemplando el vehiculo especial para la nieve en el que viajaba su querida madre de vuelta a casa. Abandonado y perdido, no habiendose separado nunca de ella y su calor el niño permanecio en semejante posicion bajo el frio terrible de la mañana sin moverse hasta que alguien lo obligo a entrar, observando con aquella mirada anhelante y desesperada que solo tenia en situaciones semejantes el camino por el que su madre se habia marchado.
Pero mama volveria, volveria porque ella se lo habia prometido y su madre no mentia nunca.
La escuela fue una experiencia entre traumatizante, aburrida y emocionante para Law. Traumatizante los primeros dias en los que sentia demasiado hondo el abandono temporal de su madre y se veia obligado a andar rodeado de una horda de mocosos nerviosos que hablaban sin parar, ademas de brutos. Aburrida la experiencia una semana despues, cuando ya se habia acostumbrado un poco y ya no se preocupaba tanto por la partida de su madre, que regresaria en unas horas y podrian continuar pegados el uno al otro como siempre. Las enseñanzas eran sencillas y los profesores hicieron un esfuerzo al principio por prestarle atencion y comprobar que diablos ocurria con aquel niño extraño que hablaba poco y no se relacionaba con sus compañeros. Luego se dieron cuenta de que él tampoco es que quisiera hacer amigos alli. Los otros niños le tenian miedo, cosa que extraño a los maestros en un principio, y él no se notaba precisamente interesado en establecer relaciones.
Sin embargo, despues de esa etapa, la escuela se volvio emocionante.
Un dia, Law Trafalgar, el unico y pequeño hijo de los señores Trafalgar, conocio a Ninette Bogdánov.
Ninette era la hija pequeña y unica de los Bogdánov, gentes humildes y normales que se encargaban de llevar la unica pasteleria de todo el pueblo como negocio familiar. Tenia un par de años menos que Law Trafalgar y ella, por aquel entonces, aun no sabia nada de él. Los Bogdánov eran una familia de clase media tirando a baja, famosos por su arte pastelera, su gracia y simpatia natural tipica de los pueblos pequeños y su generosidad. Eran personas decentes y queridas.
El señor Bogdánov era un hombre regordete de mejillas redondeadas que se encendian de manera divertida cuando sonreia, dandole un aspecto simpatico de eterno borrachin aunque no lo estuviera. Era un hombre fuerte y simple pero de gran corazon, formando parte de la pandilla de hombres maduros del pueblo que se reunian cada noche en la taberna para charlar, beber y jugar a las cartas. Por su parte, la señora Bogdánov era una mujer rotunda, rellena como su marido y tambien de mejillas tan rollizas y brillantes como las de él. Tenia el cabello de un rubio muy claro y unos ojos azules chispeantes de lo mas simpaticos, dando aspecto de madura vikinga debido a su fisico y cuerpo poderoso. Al igual que su marido, se encontraba bien inmersa y aceptada en la sociedad de aquel pueblo que les habia visto nacer, charleteando con las vecinas el ultimo chismorreo o saliendo a pasear y, de vez en cuanto, internandose el grupo alguna noche tambien en la taberna para beber. Ambos se notaban hechos el uno para el otro no solo en su caracter y actitud, si no tambien incluso en su fisico, rechonchos y luminosos como eran.
Ninette, en cambio, poco tenia que ver con su familia.
A diferencia de sus progenitores, la pequeña de los Bogdánov tenia la piel de un palido frio y puro, como la nieve, envoltorio que la dotaba de un aspecto delicado y etereo. Si bien las pieles oscuras destacan mucho mas que las claras en territorios de frio, lo de Ninette era un caso aparte. El gusto estaba en el contraste, pues la niña tenia desde bien pequeña un cabello azabache y laceo que, en aquel entonces, sus padres habian dejado crecer hasta la cintura por la gracia de la melena. Los ojos eran almendrados y bonitos, expresivos, de pestañas tupidas y rizadas tan negros como su cabellera, destacando ambos elementos notablemente sobre su piel palida y fina. Su boca, ya desde tan niña, se adivinaba pequeña y de labios anaranjados y llenitos, siendo mas pequeños por la zona de abajo que por arriba. Curiosamente, un rasgo distintivo era la ausencia de la tipica forma de corazon que suelen poseer los labios, haciendo los de Ninette un unico arco redondo. Completamente contraria a la naturaleza paterna, la pequeña de los Bogdánov era de complexion chica, espalda estrecha y cuerpo demasiado delgado. Sus padres le habian llevado de vez en cuando al medico barato del pueblo preocupados por su escaso volumen corporal, llegando el doctor a la conclusion tranquilizadora de que, si bien no alcanzaba el peso correcto, la niña era asi y poco podia hacerse al respecto. Sin embargo, para ella venia perfecto y se sintio contenta con el aspecto flaco que Dios habia decidido para su cuerpo pues, desde que tuvo uso de la palabra, la niña expreso fervientemente su deseo de ser bailarina.
La primera vez que lo dijo, no la tomaron muy en serio.
Luego, sin embargo, a medida que crecio un poco y continuo con las mismas, cada vez mas suplicante e insistente al respecto, sus padres comenzaron a creer que de verdad era la vocacion de la pequeña Ninette. La niña practicaba en casa o algo parecido, imitando con asombroso talento las posiciones del ballet que veia en las revistas viejas que le regalaban y los pasos de baile que pudiera observar a traves de los cristales del ajado conservatorio de danza que habia en el pueblo. Sus padres se dijeron que toda niña fina que se precie acude alguna vez en su infancia a clases de baile y que, ademas, a medida que se fuera haciendo mayor la pequeña Ninette podria continuar su danza si lo deseaba a la vez que se encargaria de ayudar en la pasteleria por las mañanas. Como se le daba bien, tenia gracia natural y era elegante de nacimiento, don preciado y perseguido por muchos, la maestra de danza la acogio en sus clases e incluso les hizo un descuento ante el enorme interes de la niña ademas de por sus aptitudes evidentes. No existio entonces niña mas feliz que Ninette.
Veloz como el rayo, la pequeña de los Bogdánov hizo amigas y amigos porque era graciosa y tierna, ademas de que hablaba sin parar, haciendose un hueco tambien en el pueblo como lo tenian sus padres. Era una niña lista pero demasiado dispersa, por desgracia, teniendo dificultades para concentrarse cuando no se trataba de la danza, los pasteles, los cuentos de hadas que tanto le gustan a las muchachitas de su edad y las travesuras tambien tipicas de la infancia. De temperamento nervioso, le costo acostumbrarse a las clases de la escuela porque era dificil para personita tan activa como ella el estarse sentada durante horas escuchando aburridas charlas sobre temas que no le interesaban en absoluto. Sin embargo, habia una condicion que cumplio a rajatabla: si era buena estudiante y sacaba adelante los cursos, podria continuar con sus clases de baile. Ninette no renunciaria a sus clases jamas. Si tenia que soportar las aburridas y poco interesantes clases, lo haria, aunque cuando se trataba de dibujar, musica o cualquier otro tipo de trabajo artistico, la niña tenia que reconocer que se lo pasaba bastante bien.
Un dia que Ninette Bogdánov salia de la escuela unas horas antes que los niños mas mayores debido a los diferentes horarios, esperandole una vecina amable para llevarle a sus clases de baile en lugar de su madre ocupada en aquel momento, fue divisada por primera vez por el niño Law Trafalgar.
Desde su mesita de estudiante situada junto al ventanal que daba a la calle, el pequeño de los Trafalgar salio de su hastio e indiferencia para notarse, de pronto, completamente interesado, deshaciendo incluso su postura de aburrimiento y asi mirar fijamente a traves del cristal. Una niña algo mas pequeña que él capto su total atencion sin que pudiera evitarlo, contemplando embelesado como ella caminaba graciosa junto a aquella señora del pueblo de una forma que casi parecia que volaba en lugar de andar. Se perdio en su melena negra y brillante que bailaba al compas de sus movimientos, analizando atento y perdido sus ojos negros chispeantes, su naricilla respingona, su sonrisa adorable y los hoyuelos que se formaban sobre sus mejillas redondas cuando se mostraba feliz. Parecia un juguete, una de esas muñecas caras y bien hechas por las que las niñas lloriquean a sus madres frente a los escaparates, pero esta se movia y parloteaba felizmente al otro lado del cristal. No era una muñeca, que Law era pequeño pero no estupido, era una niña de verdad que se le hizo de mentira en medio de aquel pueblo y en medio de aquella vida propia que tan poco le interesaba.
De pronto, sintiendo unos ojos claros clavados sobre su persona, la niña se giro un tanto sobre sus pies, descubriendo al miron en cuestion que, pegado a la ventana de la escuela y en medio de las clases, la analizaba incredulo como si ella no pudiera existir.
Ninette le sonrio simpatica y radiante, bonita y dulce, y él no pudo hacer otra cosa que dar un pequeño respingo y volver la mirada a la pizarra, tratando de contener la sensacion nerviosa que le habia invadido de pronto.
Aquel dia la escuela se volvio emocionante y, en cuanto la niña que parecia de mentira pero que era de verdad y su acompañante estuvieron lo suficientemente lejos, Law escapo de clase como una centella ignorando los llamados furiosos del profesor interrumpido por su huida en plena clase. Sin embargo, como le daban ya por imposible, no le siguieron ni hicieron nada al respecto, dejandole libre de marchar. Una vez puso los pies en el exterior y el aire gelido le mordio las mejillas, el pequeño de los Trafalgar siguio a aquella niña de cerca. Sigiloso como un gato, Law no fue descubierto y pudo continuar deleitandose con su imagen a la vez que descubria a donde se dirigia despues de las clases, topandose con el conservatorio de danza al que jamas antes habia prestado ninguna atencion.
Ella desaparecio en el interior del edificio y, satisfecho, Law se dio la vuelta para pulular por el pueblo y hacer tiempo hasta que su madre viniera a buscarlo a la puerta de la escuela y regresar a su solitario caseron, situado a las afueras de la isla.
En cuanto Amelia, Lia para sus seres queridos, llego en su vehiculo especial para la nieve se detuvo en la puerta de la escuela, topandose con su solitario y silencioso hijo esperandola puntual sentadito en los escalones viejos. El pequeño Law dio un saltito y se puso en pie nada mas reconocer el coche, caminando veloz y mas nervioso que de costumbre hasta dar con su madre y regresar a sus brazos, su proteccion y su compañia constante.
"Mama, me voy a casar" dijo el niño en cuanto se acomodo en los asientos junto a su querida progenitora, soltando aquella sentencia como lo mas evidente y normal del mundo. Ni una sonrisa al respecto, ni siquiera duda o muestras de que habia estado soñando despierto, consiguiendo que Amelia Trafalgar diera un respingo sorprendido mientras el chofer conducia de nuevo hacia su mansion solitaria y casi vacia. No sabiendo que decir ni como tomarselo exactamente, Amelia o Lia para sus seres queridos llevo a cabo un pequeño interrogatorio, sonsacandole la informacion al niño con facilidad debido a que no se andaba con secretos cuando de su madre se trataba.
Evidentemente, el pequeño Law no iba a casarse porque era un niño, pero rapido Amelia, como buena madre, comprendio que habia pasado exactamente con su hijo y la repentina admiracion por aquella niña del pueblo. Por una parte, Amelia tendria que reconocer que sintio celos. Ella siempre habia sido la unica persona en el mundo para su pequeño Law, la unica y absoluta, todo su universo y, de repente en una sola mañana, aparecia una chiquilla y le robaba parte de su atencion. Sin embargo, por otro lado Amelia se sintio feliz de que su hijo, por fin, mostrara interes por algo o alguien que no fuera solo ella, sabiendo como madre que era que su pequeño Law no tenia amigos ni se llevaba bien con nadie del pueblo.
Como le ocurria al resto de personas exceptuando a Amelia, Lia para sus seres queridos, las gentes parecian ser presos de una extraña sensacion cuando se fijaban en Law Trafalgar, llegando a la conclusion de que no podia ser un niño comun y que algo extraño pasaba con él a pesar de su joven edad. Los maestros, los vecinos e incluso los otros niños, parecian no querer tener que ver con él mas de lo necesario y Amelia, que lo queria tanto, no podia entender que diablos ocurria con todos ellos para ser espantados asi por su adorable pequeño. Era muy inteligente y los profesores lo sabian, no necesitando el niño prestar demasiada atencion a las clases para sacar buenas notas, huyendo de ellas en plena leccion bastante a menudo, incluso. Sin embargo, su inteligencia era tan alta como su dificultad e indiferencia hacia las relaciones sociales, ignorando casi siempre a todo el que se acercara o bien haciendolo largarse con algun comentario acido y mordaz, pero normalmente doliente, que los hacia retroceder en sus intentos.
Al final, por todo ello, le dieron por imposible. Solo aparecia por el pueblo durante las clases. Se parecia a su padre, pero en version aun mas seria y fria.
Sin embargo y evidentemente, para Amelia nada de esto era como se ha descrito. Para ella no le comprendian porque Law era un niño diferente, que no extraño.
El tiempo continuo pasando y las primeras notas del pequeño de los Trafalgar fueron mucho mas altas de lo esperado a pesar de su evidente falta de atencion y disgusto por acudir a las clases, recibiendo felicitaciones y gran alegria de su madre que lo colmo de besos y lo abrazo, orgullosa de su hijo inseparable. Fue, ademas, la primera vez que su padre mostro un verdadero interes por él que, si bien no duro mucho la atencion, al menos si consistio en un par de palabras frias de animo y un intento truncado de darle un apreton sobre los hombros delgados. El niño no quiso el contacto con el padre ni acepto sus palabras con agrado, escabullendose de sus dedos para esconderse tras las piernas de su madre querida y dedicar sobre el doctor Trafalgar una mirada de recelo. Era desconfiado y apenas conocia a su padre aunque vivieran en la misma casa.
Todo marchaba bien, al parecer, y Amelia se dijo que el haber decidido que Law acudiera a la escuela del pueblo habia sido una sabia decision. Habia mostrado interes en una niña de la que no dejaba de hablarle en cuanto estaban solos y su rendimiento academico era brillante.
Sin embargo, como solia pasar en la vida de los Trafalgar, cuando todo parecia marchar a la perfeccion ocurrio la desgracia. Una tarde de lluvia, que la tormenta debia ser el sello de Law Trafalgar, llamaron por telefono a la residencia lujosa e inmensa, resultando ser el director de la escuela al que le urgia hablar con alguno de ambos padres del niño. Amelia se puso al telefono porque, como siempre, a Andrey Trafalgar nada le interesaba si tenia que ver con ella o su hijo, no pudiendo evitar el ahogar un gritito en cuanto escucho las noticias. Al parecer, unos chicos de la clase de su hijo habian tenido problemas con el pequeño Law. Habian discutido por algun objeto durante el recreo, quiza la pelota o vete tu a saber que cosa, estallando la cosa en trifulca. Esto hubiera sido completamente normal de no ser porque, en realidad, el director llamaba debido a que la situacion habia pasado a ser anormal.
Law le habia hecho un corte profundo en la mejilla a uno de los niños aquella tarde utilizando las tijeras del profesor, que no sabian con que endiabladas intenciones las habia robado y llevado durante el recreo, y al otro le habia partido el labio y hecho una brecha preocupante en la frente a base de golpes.
Ante la noticia, Amelia, Lia para sus seres queridos, se llevo una mano a la boca, enmudeciendo de pronto ante la imposible imagen de su pequeño Law haciendo semejante cosa. Como guardaba silencio, el director continuo al otro lado del telefono con voz entre alarmada y furiosa, contandole unas cuantas virguerias mas que su hijo habia causado. Los padres no lo querian en el colegio junto a sus hijos por considerarlo peligroso, llegando incluso a recomendarle el director que lo llevara a algun psicologo bueno ante sus reacciones excesivas. Law Trafalgar convertia una simple pelea de niños en algo fuera de lo normal y, los chicos que habia herido aquella mañana, precisarian de atencion medica y puntos de sutura.
Estaba expulsado del colegio. No lo querian mas alli. Ni los compañeros, ni los profesores, ni los padres de los niños.
Tras conocer semejante cosa, que no pueden esconderse secretos semejantes, el doctor Trafalgar, de nombre Andrey, fue visto entrar en colera por su hijo por primera vez. Tambien lo abofeteo por primera vez pero su madre, que lo adoraba demasiado y no podia ser objetiva, se lanzo en su defensa y lo abrazo para hacer de escudo, gritandole al señor Trafalgar que su pequeño no era un mal niño y que seguro que aquellos chicos le habian estado provocando desde hacia mucho tiempo atras. Tenia que ser eso. Su pequeño Law era perfecto.
Por desgracia aunque se lo habia ganado a pulso, el incidente y la expulsion del colegio no hizo mas que engordar la mala fama del niño Trafalgar, tanto entre las gentes del pueblo como entre los miembros del servicio. Sin embargo, a él le daba exactamente igual. Tenia a su madre, su amor, su atencion total, y con eso bastaba. Es mas, era aun mejor porque ahora recibiria las clases en casa y no tendria que separarse de ella nunca mas. Para mejorar todavia mas su perspectiva de la situacion, Law Trafalgar conocia a la perfeccion donde estaba aquel conservatorio de danza. Solo tenia que largarse a "jugar" al bosquecillo pobre para escabullirse sigiloso hacia el pueblo y contemplar a la niña ir y venir desde algun escondite bien pensado.
Al final, todo salia como queria aquel niño, se decia el ama de llaves con recelo, notando insatisfecha que para mala suerte de todos sus feas sensaciones tenian una razon de ser.
