Los días siguientes fueron un tormento para la chica, se sentía muy mal, no tenía ánimos para nada, ya no se preocupaba mucho por su apariencia y no dirigía palabra alguna a su padre, o al menos la mayor parte del tiempo.
Ahora se sentía muy desdichada, al punto de desear jamás haber sido una princesa, pero al mismo tiempo, se sentía más sola que nunca.
Los libros que quedaban ya los había leído una y a otra vez, casi todos trataban de la historia de Hyrule, leyendas, regiones, geografía, costumbres o pueblos... Pero no eran suficientes.
Desde aquel día, la princesa trataba de no hacer enfadar a su padre, ya no quería contradecirlo y aceptaba sus decisiones, aunque no le agradaran. Y eso incluía aceptar casarse con aquel noble.
Pero no todo fue tan malo, ya que había encontrado una nueva manera de pasar el tiempo. Por las tardes salía a dar un paseo por el pueblo, intentaba tratar de salir sola y que nadie se percatara de su ausencia. Esas horas eran las únicas que disfrutaba más, estar sola y alejada del palacio la tranquilizaba un poco. Poder disfrutar del pacífico ambiente del pueblo, observar a los niños jugar, los adultos en sus diferentes trabajos. Era lamentable que no se le permitiera el paso a la librería ni a la biblioteca, había guardias que vigilaban por si ella trataba de entrar.
—Supongo que hoy no será distinto— dijo para sí la chica mientras veía el atardecer. No era tan tarde, pero daba vista a un paisaje muy tranquilo.
Ese día llevaba un vestido de dos piensas, color gris ycafé claro. Además también traía un abrigo y botas de cuero. Había tratado de usar lo menos llamativo para que nadie la reconociera, o al menos, sea más difícil reconocerla.
Ella se encontraba en el centro del pueblo, donde había una fuente que siempre estaba activa, además allí también habían diferentes puestos por los alrededores, se encontraba en lo que sería la cafetería. Había pedido una taza de café con tal de que la dejaran estar un tiempo allí, ya que las mesas y sillas eran exclusivas para los clientes...
Un poco aburrida, Zelda observó a su alrededor, todas las mesas estaban ocupadas y había mucha gente. Nada de eso le llamó la atención, por lo que se dedicó a ver su bebida, estaba aún caliente y la espuma seguía presente.
"Dentro de un par de años tendré que casarme, ¿qué haré?" pensó mientras recordaba que había aceptado lo que su padre había dicho. No estaba de acuerdo, pero ya no quería tener que pasar por lo mismo, no con lo poco que le quedaba...
—¡Hola!, si no es mucha molestia, ¿podría tomar asiento?— escuchó, luego levantó la vista y se encontró con una joven, que no debía ser mayor que ella. La chica era pelirroja, de ojos verde claro, su ropa era humilde, como cualquier ciudadano. Pero rápido reaccionó y decidió responder.
—No hay problema— dijo tratando de sonreír, pero no lo logró. La chica al parecer se dio cuenta, pero no quiso hacer preguntas.
—¿No es lindo?, desde aquí hay una vista perfecta al atardecer— la joven dijo una vez que se había sentado, tratando de animar a la princesa.
—Sí, es precioso...
Y era cierto, desde donde se encontraban se podía ver el paisaje, las praderas siendo iluminadas por los rayos del sol, el pueblo reflejando la luz, el sol ocultándose en el horizonte... No había palabras para describirlo, simplemente era hermoso. Por un momento Zelda mostró una leve sonrisa, lo cuál alegró a su acompañante.
—Cuando me siento triste, me gusta ver el atardecer, me hace sentir mejor— comentó la pelirroja sin despegar la vista de aquel paisaje.
En ese momento llegó uno de los meseros (camarero, mozo, como prefieran), y al parecer la chica ya había escogido algo de tomar. Luego de un momento en silencio la chica prestó su atención a la princesa.
—Oh, perdón, donde están mis modales, soy Malon, mucho gusto— se presentó la chica mientras sonreía.
—¿Malon?— dijo Zelda, su nombre le parecía familiar. Por otro lado, la chica parecía esperar algo, pero la princesa estaba metida en sus pensamientos. Cuando por fin reaccionó, estaba algo apenada. —Lo siento, estoy un poco distraída, mi nombre es...— pero no terminó, ya que no podía decirle, sabría de inmediato quien era. —Soy Sarah, es un placer.
—Y dime Sarah, ¿qué te tiene tan triste?, ¿ocurrió algo?— preguntó la pelirroja preocupada, se notaba que era bastante curiosa, y observadora, ya que a pesar de los intentos de la princesa de ocultar sus emociones, pudo ver su tristeza.
—No es nada— dijo Zelda, tenía que evitar ese tema, no quería contarle nada a alguien que apenas conocía de pocos minutos.
—De acuerdo, si no quieres decirme no hay problema, igual ¿quién soy yo para preguntarte?
Por un momento la joven princesa agradeció su comprensión, ya que no eran amigas ni conocidas y probablemente ni se volverían a ver después. Un silencio incómodo invadió a las dos, no se dirigieron más palabras.
—Perdone la tardanza, aquí tiene— rompió el silencio un joven de cabello oscuro mientras ponía una taza y con una tetera comenzaba a servir el té.
—Muchas gra...
—¿Desea algo más?— interrumpió el muchacho, se veía nervioso. Por un momento se concentró en la joven pelirroja.
—No...
—¿Está segura?— dijo el joven volviendo su atención a la taza, para darse cuenta de que se había derramado el té. -¡Diosas!, perdóneme, ahora mismo limpiaré este desastre.
—Si quieres pue...
—¡No!, y-yo lo haré— dijo ya rojo como tomate.
—Está bien, yo...— pero no terminó de hablar, pues vio que el chico se había ido —¿Qué acaba de pasar?
—No... No lo sé— dijo entre risas Zelda, pues le había causado gracia aquello. Malon era una chica bastante atractiva, desde que la vio pudo apreciar que era especial, pero la alegría que expresaba la hacía incluso más bella. No le extrañó ver actuar así al muchacho.
—No lo entiendo... ¿Hice algo malo?
—Eres muy inocente...— susurró la princesa —No, no has hecho nada— contestó a la pregunta mientras tomaba un pequeño trago de su café.
—Los chicos son tan extraños...
En ese momento, el mismo joven regresó muy apenado y con la vista gacha. Se veía que aún estaba muy nervioso pero continuó con su trabajo.
—Disculpe las molestias, aquí tiene— dijo una vez que había servido el té sin derramarlo —¿Algo más?
—Muchas gracias, pero creo que...
—¡Excelente!, si me permite, me retiro— volvió a interrumpir a la joven, dejando a la chica un poco molesta.
—No hay problema, gracias por...
—Espero disfrute del té, hasta luego— habló el chico aún colorado y luego se marchó con velocidad a atender otras mesas.
—Se ve que tenía prisa— dijo divertida Zelda.
—¿Qué le pasa?, ¡no me dejó terminar de hablar!— comentó la chica de ojos verdes.
—Yo creo que tiene sus razones— la princesa dijo a la vez que seguía con su bebida. Aún le hacía gracia lo que había ocurrido.
—Supongo que sí— dijo la pelirroja. Luego observó a su compañera, quien ya no se veía triste y eso la alegró. —Probablemente sea por el festival...
—¿Festival?— preguntó con curiosidad la princesa.
—No eres de por aquí, ¿verdad?— dijo la chica algo asombrada, a lo que la princesa asintió —Todos los años se realiza el festival de año nuevo, se celebra la llegada de un nuevo año y de la primavera, así como se veneran a las diosas— comenzó a narrar la joven pelirroja, pero se detuvo un momento para tomar de su té —Durante este festival— continuó—, acostumbramos llevar a nuestra pareja, amigos y familia, como símbolo de amor y armonía— por un momento la chica dejo de sonreír y tomó un sorbo del té —También se realizan varios juegos, bailes y hay mucha música y comida —dijo recuperando aquella sonrisa, y también un poco emocionada —Pero sobre todo, es un día donde podemos compartir nuestros ideales, convivir y divertirnos.
—Parece genial...— comentó la princesa. Ella jamás había asistido a ninguno de ese tipo de fiestas, lo que la hacía deprimirse un poco.
—Y lo es...— afirmó Malon mientras continuaba con su bebida —Pero basta de hablar de eso, ¿porque vendrás, cierto?, yo iré y mi padre también— dijo muy emocionada.
—No lo sé...— dijo pensativa la castaña, pues sabía que era muy arriesgado.
—Vamos, será divertido.
—Tal vez, si tengo tiempo.
—De acuerdo, si es así, podemos ir las dos juntas, ¿no es emocionante?, ¡podremos divertirnos!— dijo animada la pelirroja.
Durante los siguientes minutos, las dos hablaron un poco y se conocieron mejor. A la princesa le pareció una chica muy simpática y agradable.
—Y ese día logré convencer a mi padre de conservar a aquella potranca— terminó de narrar la joven.
—Fue genial...— dijo la princesa. Aunque, en su opinión, cualquiera intentaría salvar la vida de un animal de pocos días de nacido. —Desearía poder verla.
—Algún día te la mostraré y verás que es una yegua hermosa.
—De eso no tengo duda...
—Mmm...— se veía pensativa Malon mientras veía detalladamente a su acompañante—Sabes, desde que te vi me recordaste mucho a nuestra princesa.
—¿De verdad?— preguntó Zelda tratando de no parece nerviosa, si no sorprendida.
—Sí, pero también puedo ver que son muy diferentes— añadió la joven pelirroja —digo, la princesa siempre está dentro del palacio. Además, nunca la he visto en persona, pero dicen que nunca muestra su estado de ánimo, siempre oculta sus sentimientos y sobre todo, es muy hermosa. Aunque tú también eres muy bella.
—¿Eso crees?
—¡Claro! Y eres todavía más bonita cuando sonríes.
—Gracias— dijo nerviosa la princesa —tú también eres muy bonita.
—¿Enserio lo crees?
—Oh, vamos, ninguna mujer es fea, todas son hermosas.
—Jeje, puede que tengas razón— dijo alegre la joven mientras se levantaba —Bueno, fue un gusto charlar contigo, pero tengo que irme ya, mi padre me espera.
—Sí, fue agradable poder hablar, ¡nos vemos!
—¿Vendrás a la fiesta?— preguntó antes de marcharse.
—Sería genial... Pero no creo que pueda.
—¿Estás segura?
—Mmm... No estoy del todo segura... Pero si puedo trataré de asistir.
—Esta bien si no puedes venir, pero si tienes tiempo te esperaré aquí a las ocho, ¿de acuerdo?
—N-No es necesario que esperes, no me gustaría causar molestias.
—No hay problema, estoy segura de que no me arrepentiré— la chica le guiñó un ojo y se retiró, claro que primero pagó por el té. Pero no dejó de mostrar una sonrisa radiante.
Aunque Zelda sabía que no podría asistir, la chica se veía tan ilusionada que realmente deseaba poder ir. Pero sabía que no sería posible.
Sería muy difícil conseguir salir del palacio de nuevo, y no podía quedarse allí, tenía que regresar o levantaría sospechas.
La princesa también pagó por la bebida y se retiró de allí.
Siempre que salía trataba de no llevar consigo nada con lo que la puedan identificar, como su pequeña corona y joyas. Además su vestimenta por lo general era como la de cualquier ciudadano, un vestido sencillo y zapatos o sandalias. Trataba de no llamar la atención y menos de los guardias. De suerte durante ese tiempo que había estado de visita al pueblo nadie mostraba mucho interés, sólo los hombres y jóvenes que no sólo a ella observaban, si no a todas las mujeres y muchachas que se encontraban allí. Eso le desagradaba a la princesa, razón por la cual evitaba pasar mucho tiempo allí.
"Será mejor que regrese pronto al palacio antes de que sea más tarde" pensaba la joven mientras se retiraba del lugar, tomando un camino algo abandonado.
Ella conocía los caminos de casi todo el pueblo, pero usaba pasadizos que había descubierto en antiguos libros y planos del palacio y los alrededores. "Después de todo si fueron útiles" dijo mentalmente mientras recordaba todos aquellos caminos secretos, que bien, fueron diseñados para casos de emergencias, para la princesa eran su única vía de escape de su "prisión".
El callejón estaba abandonado y algo descuidado, era normal considerando que nadie vivía por allí. Sin duda era bastante arriesgado, pero ella conocía a la perfección la zona, nadie pasaría por los alrededores.
Pronto entró por las alcantarillas... Sí, ese lugar poco agradable. Había llovido días antes por lo que aún conservaba algo de agua. Puede que no muchos se atrevan a entrar, pero para la princesa era su vía de escape, la única manera de salir del castillo... Al menos era la única manera sin que la descubrieran y con eso estaba sastifecha.
Era un completo laberinto dentro, pero ella conocía el camino a la perfección, e incluso había dejado algunas marcas para guiarse en caso de que se perdiera. Durante varios minutos caminó siguiendo las direcciones, derecha, izquierda, enfrente, nuevamente izquierda y así.
Con el tiempo llegó al castillo, en una de las habitaciones menos utilizadas y poco frecuentadas. Allí dentro estaban guardadas muchas cajas, baúles, armarios e incluso pinturas. Era un almacén.
También tenía guardado algo para vestirse para cuando salía y regresaba, ya que no consideraba una buena idea que la vieran con esas ropas.
Discretamente recorrió los pasillos hasta su habitación. Se encontraba un poco lejos así que tardó varios minutos para llegar. Suspiró aliviada una vez que llegó frente a su habitación, no había encontrado a nadie por su camino, pero cuando abrió la puerta de su cuarto, no pudo evitar soltar un pequeño grito por el susto. Dentro estaba su madre y la observaba molesta. Pero al mismo tiempo, sus ojos mostraban su preocupación. "Genial" pensó al imaginar lo que ocurriría.
—Hola madre— la saludó como si nada hubiera pasado.
—Zelda... ¿Dónde estabas?— preguntó sin rodeos la reina.
—Dando una vuelta por el palacio— mintió a su madre, pero está al parecer sabía que no decía la verdad.
—Hija, no me mientas— dijo su madre con los brazos cruzados.
—Pero si te estoy diciendo la verdad.
—Sé que saliste del castillo, siempre lo haces...— dijo la reina soltando un suspiro —Pero siempre lo haces a escondidas. Lo que quiero saber es a dónde fuiste— dijo a modo de reproche.
—¡Pero que dices!, nunca he salido sin su permiso— volvió a mentir la chica. Estaba un poco sorprendida de que su madre la hubiera descubierto.
—Deja de mentirme, soy tu madre.
—...
—Princesa, yo sólo quiero que me digas la verdad, no quiero castigarte— dijo mientras cambiaba su expresión a preocupada.
—Estaba en el pueblo, en la cafetería— dijo rendida la joven, después intentaría salvarse de esa.
—Seré honesta, ya lo sabía— dijo la reina mientras se daba la vuelta y tomaba asiento en una de las pocas sillas que habían en la habitación.
—¿Entonces por qué preguntas?— cuestionó la princesa, estaba confundida.
—Quería que tú me lo dijeras— contestó la reina —Sé que estás molesta con tu padre... Y que te sientes muy sola.— comenzó a decir la madre —Sé que quieres salir, buscar aventuras, alejarte de nosotros...— dijo lo último un poco triste —aunque sé que tienes tus razones, no es lo correcto— La chica sólo apartó su mirada y guardó silencio. Sabía que lo que decía es verdad. —Pero... No le diré a tu padre— esto logró que la castaña levantara la vista sorprendida. —Necesitas más libertad, yo también pasé por eso. No tiene nada de malo que salgas, pero por favor la próxima vez que lo hagas dime, no quiero que salgas sola, podría ser peligroso.
—¿Lo dices enserio?— dijo asombrada la chica. No esperaba eso. Una parte de ella se sentía muy contenta, mientras que otra parte sentía que era irreal, que probablemente era una broma de su madre.
—Claro que sí— afirmó la reina brindándole una gran sonrisa.
—Entonces... ¿Podría salir esta noche?
—Siempre y cuando dejes que alguien te acompañe. Sabes que es muy arriesgado— dijo la reina —pero también tendrías que prometer tener mucho cuidado.
—De acuerdo mamá... ¿Pero quién vendrá conmigo?— Zelda preguntó curiosa. Realmente creía que todo era una broma, pero también creía que su madre sólo quería que fuera feliz, al menos por un tiempo.
—Eso lo sabrás después, ahora prepárate, no querrás llegar tarde al festival— dijo la reina mientras sonreía, había logrado sorprender una vez más a su hija.
—¿Cómo sabes?— preguntó sorprendida la castaña.
—No puedes ocultarle nada a tu madre... Además, ese será mi secreto...— y diciendo esto, la reina salió de la habitación, dejando a la joven más confundida.
—De acuerdo, será mejor que me vista rápido, no tengo mucho tiempo— se dijo Zelda a ella misma mientras empezaba a buscar algo de ropa dentro del armario. Aún seguía sorprendida por lo recién sucedido, pero se sentía muy contenta de que su madre comprendiera y le permitiera salir. Claro que con sus reglas.
Sacó un par de vestidos y zapatos, así como algunos pocos accesorios. Las opciones eran un vestido rosa pastel, con algunos encajes, pero sin dejar de ser sencillo. Su vestido preferido, uno azul claro con bordados blancos, sin ningún adorno o encaje. Por último estaba un vestido color lila, tenía unas pequeñas flores violetas en la parte inferior. Todas aquellas prendas le gustaba mucho, pero al final se decidió por el vestido lila.
Luego cogió unas sandalias blancas con unas pequeñas flores de adorno. Aquello le pareció lo más apropiado. Pero antes de vestirse, se dirigió al baño y se dio una ducha rápida.
Una vez que había terminado, se puso aquella ropa y se cepilló el cabello. Para terminar pronto, dejó la mayor parte de su cabello suelto, y el resto lo recogió con un broche dorado, pero sencillo, no quería llevar nada que pudiera llamar la atención. Se vio un momento por el espejo y decidió pintar un poco sus labios, de color rojo claro, casi rosa.
Cuando terminó, salió muy alegre de su habitación y se dirigió a la de su madre, para mostrarle que ya estaba lista. Durante su trayecto comenzó a imaginar lo que podría pasar, estaba segura de que serían una noche genial, aunque también pensó que todo aquello podría ser un sueño, un hermoso sueño donde por fin podría salir y ser una chica normal, donde podría ir a una fiesta sin temor a ser juzgada por los demás. Era demasiado bueno como para ser real. Pero si de verdad era así, no quería despertar de ese sueño, quería quedarse para siempre...
Cuando llegó frente a la puerta de la habitación, tocó la puerta y esperó a que respondiera.
—¿Madre?— preguntó al no recibir respuesta.
—¡Voy enseguida!— escuchó al otro lado de la puerta. Luego de unos segundos, su madre ya había dado paso a su hija. La habitación de los soberanos era muy grande, con demasiados muebles, una cama enorme, alfombras, sillas e incluso la ventana era enorme. La reina, una vez que vio a su hija, no apartó su vista de ella. —¡Estás muy hermosa!
—Gracias madre.
—Supongo que estás lista, ¿no es así?— preguntó la reina.
—Así es.
—En ese caso, te permitiré salir, pero promete que tendrás mucho cuidado, sé discreta, también no regreses tarde y nada de alcohol ni nada de salir con chicos. Y por favor, no vayas sola nunca. No quiero que nada te pase...— dijo su madre muy preocupada, sabía que todo eso era muy peligroso, pero no quería seguir viendo a su hija tan deprimida.
—Lo prometo— contestó la castaña, sin apartar la vista de la reina.
—Confío en ti— su madre dio unos pasos al frente y se detuvo —ahora puedes irte, uno de nuestros mejores guerreros te espera, él será quien te vigilará y sobre todo, él te protegerá. Espero que disfrutes del festival, y no hagas nada indebido— dijo severa la última parte —Nos veremos más tarde.
—No te preocupes madre, haré lo que me dices. Hasta luego— y diciendo esto, Zelda se retiró de ahí y se dirigió a la salida del palacio. Durante su camino, mostró una gran sonrisa, no podía creer lo que sucedía, después de todo lo que había pasado, ahora su madre le permitía salir, podría divertirse y sobre todo, escapar de aquel lugar que para ella siempre sería un aburrido castillo.
Con paso rápido, se dirigió a uno de los pasillos que dirigía a las afueras del palacio, buscando el mejor camino donde no podría encontrar a nadie y, principalmente, para que no la descubrieran, ya que sabía que todo aquello era arriesgado, pues si su padre la descubría seguro que terminaría la poca libertad que había obtenido.
Después de unos minutos, consiguió salir sin levantar sospechas, y como su madre le había dicho, alguien la esperaba afuera, oculto entre la oscuridad. Por un segundo, ella lo observó pero no pudo distinguir mucho, ya que era de noche y el hecho de que ese tipo estuviera oculto no le ayudaba en nada. Lo que sí vio es que no traía armadura puesta, así como tenía la cabeza al descubierto.
—Buenas noches princesa— saludó aquel individuo, mientras daba unos pasos hacia ella, revelándose. Era una mujer que no debía pasar de los treinta años, de cabello cenizo, ojos color rojos y tez morena —Es bueno verte de nuevo— sonrío alegre, habían pasado años desde que se habían visto por última vez.
—¡Impa!— la princesa se lanzó en un abrazo hacia la mujer, se veía muy alegre —¡Te extrañé muchísimo!— decía mientras unas lágrimas recorrían su rostro.
—Yo también te extrañé mucho princesa— dijo la mujer correspondiendo a su abrazo.
Zelda no podía creerlo, había pasado mucho desde que había salido de viaje, que pensaba que ya no regresaría. Impa fue como la segunda madre de la chica, siempre la había apoyado en situaciones difíciles, le había dado consejos e incluso jugaba con ella cuando era una niña. Ahora que la veía de nuevo, no podía evitar mostrar una hermosa sonrisa. En esos momentos, la necesitaba más que nadie, ya que sus padres jamás podrían compararse con ella, los Reyes siempre estuvieron muy ocupados, pero Impa siempre estuvo a su lado.
—¿Cuándo regresaste?, ¿por qué no me escribiste?— cuestionó la chica mientras se soltaba. Había recibido cartas de ella, pero nunca le había dicho que regresaría pronto.
—Esta misma tarde por fin pude volver— contestó Impa —Lamento no haberte escrito, pero no tenía tiempo.
—¡No importa!, porque te quedarás, ¿verdad?
—Claro que sí, princesa— dijo la mujer mientras sonreía a la chica, las dos se veían muy felices.
—¡No has cambiado nada desde que te fuiste!— comentó la joven una vez que la vio mejor.
—Pero tú has crecido mucho, ¡y estás muy hermosa!— señaló la mayor —Por cierto, será mejor que vayamos al pueblo, no tenemos mucho tiempo antes de que inicie el festival.
—¡Es cierto!— exclamó la princesa recordando por qué estaban ahí —¡Vamos, tenemos que llegar pronto!
Las dos se pusieron en marcha, mientras que por el camino compartían algunas palabras. Impa le contó lo que había pasado mientras estuvo fuera de Hyrule, mientras que la chica le compartía aquellas historias increíbles que había leído y escuchado en el pueblo. Por un momento, después de todo lo que había pasado, la chica se sentía realmente feliz. Ese día no podía ser mejor.
Vaya que tardé en actualizar, pero tengo mis razones, la falta de tiempo e inspiración, además de que tengo otras historias que actualizar y algunos y que otros asuntos que arreglar.
Como en el capítulo anterior, quiero decir que es muy probable que tarde en subir otro capítulo, no he tenido mucho tiempo y sobre todo... Creo que he perdido el toque, digo, es que... Es difícil de explicarlo, creo que no me ha quedado muy bien... Me resulta complicado seguir escribiendo, ya no tengo tantas ideas para estas historias desde que... Algo pasó (jeje, no diré qué)
Otra de las razones sería que estoy de viaje, todavía :c y hace tiempo, y con eso me refiero a hace meses, he perdido un poco el interés por la saga Zelda T^T y no sé por qué. De hecho sí sé, pero será mi secreto
Pero bueno, basta de hablar de eso, aquí está el segundo capítulo, espero les guste :3 y si no... Pues intentaré hacer más interesantes mis historias.
Como siempre, consejos y sugerencias son bienvenidas, así como sus hermosos comentarios.
