Siéntase como en casa
Ya me dolía la cabeza y el trasero de tanto estar sentada. Estaba a punto de gritar de la desesperación cuando percibí un sutil olor a jazmín. Me asomé por la ventana y quedé cautivada ante la hermosura de aquel jardín. La entrada para los coches y carruajes era un arco con enredaderas abarrotado de jazmines. La hierba era verde brillante. Todos los colores parecían irreales. A lo largo del camino se veían manzanos, robles, entre otros árboles bien cuidados. Había un lago con un puente a lo lejos, rodeado por arbustos frondosos meticulosamente cortados.
Unos jóvenes curiosos se acercaron a nosotros cabalgando, manteniendo cierta distancia. Uno de ellos me sonrió pícaramente y me escondí detrás de la cortina con las mejillas encendidas . Vi de reojo a Rose, la cual no me prestaba ni la más mínima atención. Ella estaba mirando a la otra ventana, claramente sumida en sus pensamientos. Cuando decidí volver a verlos ya se habían alejado y nosotras estábamos frente al castillo.
El lugar era enorme y extrañamente encantador. Tenía muchas ventanas largas con más flores fuera de ellas. Una mujer un poco más jóven que mi madre, vestida toda de negro, estaba parada tranquilamente en el umbral de la gran puerta de cristal de la entrada. Aunque había perdido a su esposo hace poco, se le veía serena e imponente a la vez. Bajó con calma la escalera para recibirnos.
El cochero abrió la puerta. Dejé que Rose bajara primero para poder tomarme mi tiempo. Una vez que pude estirar mis piernas me sentí mucho mejor. Sorprendentemente seguía siendo de día.
-Sean bienvenidas- nos dijo la señora sonriendo cálidamente mientras abría sus manos para hacer referencia al recinto.
Nosotras respondimos con una leve reverencia.
-Gracias por recibirnos- respondió cortésmente Rosalie.
-Mi nombre es Esme, soy la madre de Emmett.
-Yo soy Ros..
-Rosalie, sí. Y tu debes ser Isabella- dijo volteando a verme.
Asentí con la cabeza. No me salían las palabras.
-Sí, así es. Es un verdadero placer señora-logré soltar.
-El placer es todo mío, queridas. Ahora, vengan conmigo por favor. Los botones se encargan de sus cosas, no se preocupen.
"¿Botones? Qué extraño" pensé.
Subimos las escaleras detrás de Esme. Tenía que calmarme. Estaba nerviosa por nada. "Respira Bella", me repetía.
Apenas entramos me percaté que era una especie de recepción. Había un gran arreglo floral al entrar y a la izquierda había un mostrador de madera con un gran libro negro encima, y en la pared detrás un mueble con pequeños rectángulos con números que iban del uno al sesenta. Justo al frente estaba lo que parecía ser el comedor, el cual estaba abarrotado de personas esperando ser atendidas. Me limité a seguir los pasos de Esme sin hacer preguntas. Nos desviamos hacia la derecha, pasando al frente de una escalera de esas que se dividía en dos desde el descanso hasta la parte de arriba.
Llegamos a un cuarto. Esme abrió y nos hizo pasar. Olía a tabaco, aunque dudaba que fuera ella quién lo consumiera. Las ventanas frente a mí permitían ver lo maravilloso que era el patio trasero, que era igual de verde y lleno de vida que el delantero. A mi izquierda se encontraba una biblioteca que iba de arriba a abajo y de pared a pared. Al otro lado estaba un escritorio. Esme cerró lentamente la puerta y fue hacia nosotras.
-Tomen asiento, queridas.
Obedecimos de inmediato y ella se acomodó en el asiento frente a nosotras. Soltó un suspiro antes de empezar a hablar.
-¿Cómo les fue en el viaje?
Rosalie me miró un poco confundida.
-Bueno, ya sabrá usted. Estar siete horas seguidas dentro de un carruaje no es muy agradable. Aunque, no se lo negaré señora, el haber visto el paisaje de la entrada ha hecho que olvide todos los dolores- soltó Rosalie.
Bueno, al menos yo también estaba de acuerdo con eso.
-Disculpe señora, pero no pude evitar notar aquel mueble con números en la entrada…
Esme me miró extrañada.
-Sí, ¿qué pasa con la recepción?
-¿Recepción? ¿Es esto un hotel?- sí que estaba confundida. Sentía la mirada de Rosalie clavada en mí.
-Así es querida. ¿Tu tío no te lo comentó?
-Al parecer se le habrá pasado por alto mencionarlo.
-No te preocupes, cariño. Te encuentras ahora en el hotel La Roux, que era de mi padre, y ahora es mío. Lo que ocurre es que nuestra residencia se encuentra en remodelación y mientras tanto estamos viviendo aquí. Además, así puedo seguir de cerca el funcionamiento del hotel hasta encontrar a alguien que se encargue de él.
-Señora, no quisiera ser imprudente… me preguntaba cuándo conoceré a Emmett.
-Ay querida. Primero lo primero. Mañana empezarás un curso para saber comportarte como la realeza. Si lo apruebas, entonces lo conocerás.
-¿Acaso él no se encuentra en el hotel?
-No. Se encuentra de viaje con su hermano. Llegará cuando termines tus lecciones. Tú también puedes participar, Isabella.
Traté de no soltar una carcajada. ¿Yo tomando clases de cómo ser una madame?. Pobre profesora. Quería decir que no, pero se vería de mala educación.
-Muchas gracias por la invitación. Claro que aceptaré. Por cierto señora, me puede decir Bella.
-No es de la realeza llamar a las personas por un sobrenombre. Igual tendré en cuenta tu recomendación.
-Señora, no es una recomendación. Es una petición. La verdad nadie me llama Isabella.
Esme arqueó las cejas. ¿He metido la pata?. Luego asintió con la cabeza.
-De acuerdo Bella. Haré una excepción contigo. Ahora bien, seguro están hambrientas y cansadas. Les enseñaré sus habitaciones para que se acomoden. Les mandaré también a una doncella para que ordenen lo que deseen de comer y les preprare un buen baño caliente.
Y así fue. Nos detuvimos en frente de la habitación veinticuatro. Rose estaría en la veinticinco. Entré y antes de marcharse Esme se quedó en la puerta.
-Siéntase como en casa. Cualquier cosa que necesites, no dudes en buscarme. Mañana la lección será a las diez en punto de la mañana.
-Muchísimas gracias señora. Buenas noches.
-Que descanses, querida-dijo y cerró con calma.
La habitación tenía la vista hacia el patio trasero. Las cortinas y el cubrecama eran de color champán. Los cojines y detalles eran azul claro y la pared blanca tenía un cuadro con las olas del mar. Me encantaba.
Ya había comenzado a oscurecer y mi barriga rugía, furiosa. Mientras estaba lista la cena decidí darme mi merecido baño. No vi mis maletas afuera. Abrí el clóset y toda mi ropa estaba acomodada. Me fijé en el tocador y también mi maquillaje y demás estaba en su perfecto lugar. No esperaba tanta eficiencia.
Una vez que terminé de comer empecé a cepillar mi pelo. Pobre Rose...no creo que ella esperase lo de las lecciones y el estar a prueba. Poco importaba si yo fallaba, pero no era lo mismo en su caso. No sé si lograría sentirme en casa. Lo único que sé es que daría lo mejor de mí para apoyar a mi prima y hacerla sentir bien. Respiré profundo. Apagué las luces, me metí en la cama y cerré los ojos para estar preparada para mañana.
