Eran las 8:00 a.m. y me encontraba en la cocina lavando los platos, sartenes y cubiertos que… bueno, ya estaban limpios, pero tenía que canalizar mi ansiedad en algo urgentemente, y, como soy un fanático de la limpieza, pues este es el resultado. Yo aún estaba algo ido por el acontecimiento ocurrido anoche en la habitación de Sarah, así que llamé a Eddy para que me de algún consejo (o por lo menos, para que me escuche). Una vez que vino, yo ya estaba relatándole todo lo que pasó, pero en voz baja, no quería que Sarah me oyera…
—…Y… y… entonces… eso… eso fue lo que pasó…—Yo era un manojo de nervios y se me notaba porque casi se me cae un plato de tanto temblar. Cuando hube terminado de lavar y contar el hecho sucedido, Eddy solo se limitó a tomar un vaso con agua con toda la tranquilidad del mundo mientras yo seguía traumado hasta la médula.
—Entonces…—Dijo él mirándome con calma—…Sarah sigue siendo una mocosa malcriada. —Miró el líquido en el interior del vaso como buscando respuestas. Sé que él aun trataba tanto como yo de creer que todo lo que pasó anoche de verdad había ocurrido.
—No como antes… ahora está algo más… insurgente y su vocabulario se… expandió.
—Y se escapó de la casa.
—Sí.
—Para ir a una fiesta.
—Exacto.
—Y la besaste. —Tomó otro sorbo de agua.
— ¡Ella me besó!, pero bueno, se podría decir que sí…
Me escupió la bebida encima.
— ¡BESAR A SARAH!, ¡¿TE HAS VUELTO LOCO?!
— ¡No te esponjes!, ¡yo no planeé nada, lo juro!—Exclamé asustado escondiendo mi cara detrás de mis manos. Eddy se paró de su asiento.
—Lo que tengo que ver. —Apretó el puente de su nariz, angustiado y caminando de un lado a otro. —Te mando a cuidar de una quinceañera que podría ser el mismo pariente de Belcebú, que se va de parranda sin tu permiso, ¿para que luego la traigas a la fuerza en estado de ebriedad y te besuquees con ella en su habitación?, ¿acaso tantos libros te fundieron el cerebro o qué?
— ¡Ella fue la que me plantó el beso!, ¡y además, ya era TU turno de cuidarla!—Me defendí también levantándome de la silla. ¡Yo no tenía toda la culpa!
— ¡¿Qué tal si Sarah se va con el chisme a Ed y ya no nos paga?!, ¡o peor aún!—Su expresión adoptó algo de miedo y se detuvo en seco—¡Qué tal si se lo dice a sus padres!
Tragué saliva. ¡No, no, no!, yo no quería que sus padres me creyeran un aprovechado, cerdo, descarado, desubicado… ¡Santo cielo!, ¿qué hago ahora?
— ¡Me matarán!, ¡y luego mis padres me matarán también!—Me lamenté.
— ¡Y a mí Ed me hará pedazos!
— ¡El padre de Sarah me eliminará con su rifle!
— ¡Tenemos que arreglar esto!—Exclamó Eddy tratando de calmarse. Si seguíamos gritando a lo loco despertaríamos a Sarah y lo último que queríamos hacer era eso.
Caminamos aún nerviosos hacia la sala de estar y nos tiramos sobre el sofá más grande, tratando de formularnos una solución rápida para aquel embrollo en que nos metimos.
— ¿Y si le decimos que fue un sueño?
—No suena creíble. ¿Y si invento una fórmula del olvido?
—Puede tener efectos secundarios... ¿Y si la obligamos a que no hable?
—Sería ser un abusivo con una dama.
—A ver…—Pensó un poco. Tomando una posición algo similar a la posición característica del escritor César Vallejo— ¡Lo tengo!, tú le habías prometido algo, ¿qué era?
— ¿Ayudarla a cambiar?
—Sí, eso. Mira, ayúdala con su problema y pídele a cambio que no diga nada a Ed y menos a sus padres. Y listo, terminamos sanos y salvos y con dinero encima.
—No se me había ocurrido decirle ni a Ed ni a mis padres, pero muchas gracias por la idea, idiotas.
Esa voz… ¡oh no!, ¡Sarah! Volteamos estupefactos y la vimos al pie de las escaleras, con una sonrisa burlona como diciendo "los atrapé" y sus manos sujetando su cintura. Se veía amenazante y con ojos de fiera. Rayos.
—Sa-Sarah…
—Escuchen, a mí no me gusta ser una soplona. —Resaltó poniéndose en frente de nosotros. Yo casi vuelvo a temblar como chihuahua—Pero ya que el enano bobo se muere de miedo… hagamos un trato.
— ¿Qué quieres?—Cuestionó mi amigo Eddy con aire de fastidio. Ella sonrió.
—Doble D me ayudará, pase lo que pase, a ser una chica de bien otra vez, y a cambio yo no diré palabra alguna.
—Igual, ¡podríamos decirles a tus papis que sales de juerga cuando se te da la gana, niña!—Eddy trataba de no caer en las redes de la pelirroja, pero ella sabía jugar mejor que nosotros. Y lo sabíamos muy, muy bien.
—Me conocen por cosas peores. —Dijo ella, como si estuviera orgullosa de eso—Pero digamos que a ellos no les gustaría saber que en una de mis locuras adolescentes, ¡Oh!, no sé. Supieran que "Doble D se aprovechó de mi ingenuidad y me besó a la fuerza, ya que me veía tan distraída y ebria que yo no me daría cuenta de nada. Y que además hasta me amenazó con la ayuda de Eddy para que yo mantuviera mis labios sellados, pobre de mí", ¿eh?
—Es buena. —Susurró Eddy. Estábamos entre la espada y la pared.
— ¿Qué dicen… Próculo y Marion?
Eddy y yo nos miramos desconcertados por el atrevimiento de Sarah a usar nuestros segundos nombres, eso solo significaba que Sarah iba en serio. Realmente estábamos muertos de miedo en este momento. Así que sólo nos quedó una salida:
—Trato hecho.
En este momento estábamos (yo y Sarah) comprando cosas para el almuerzo en el mercado. Yo empujaba el carrito por los pasillos y ella se había ofrecido a poner los productos en él, por lo cual le di la lista para que no se confundiera. Mientras pasábamos por el pasillo 5-B, me volví a hacer la misma pregunta de antes ¿en qué me he metido? sinceramente, no sé cómo llegué a todo esto, no sé cómo una cosa llevó a la otra y así sucesivamente, mi cerebro aún no lo procesaba bien. ¿Por qué yo?, ¿por qué yo?, ¿qué hice? Fueron mis pensamientos. Sarah regresó con otro producto que vació en el carrito con delicadeza.
—Sarah, eso no está en la lista. Además es… licor. —Espeté yo mirando la botella algo incómodo.
—Sí, ¿y?
—Este tipo de bebidas solo las pueden adquirir los que sean mayores de edad.
—Tienes diecisiete, casi dieciocho. Solo le aumentas un número y ya. No te pedirán identificación ya que sí pareces de dieciocho en mi opinión.
—Yo no tomo, ni tú lo harás, ¿está bien?—Concluí. Devolviendo la botella con cuidado y procurando que quede perfecta en su lugar. Sarah dio un muy hondo respiro después de eso, seguramente reprimiendo un berrinche al que ganas no le faltaban.
—Está bien. —Contestó algo fría, pero calmada.
— ¿Qué más sigue en la lista?—Traté de cerrar el tema del licor.
—Una estupidez.
—… ¿Y esa es?
—Unos mugrosos fideos.
— ¿Puedes ir por ellos, por favor?
Escuché que ella chasqueó la lengua y fue a cumplir la orden. Se notaba que se le hacía difícil ser "una chica buena" que no siempre obtiene lo que quiere en un tris, porque que yo sepa gracias a Ed; Sarah era mimada constantemente. Sarah regresó con el producto pedido entre las manos y lo puso en el carrito. Pasamos por el pasillo de dulces y caminamos por ahí.
— ¿Quieres que te compre algo?—Le pregunté tratando de animarla. Ella bufó.
— ¿Crees que tengo seis años?
—Bueno, pensé que podría animarte un poco…
— ¿Por qué?
—Verás, el chocolate contiene unas hormonas llamadas "endorfinas" que…
—Al grano, Doble D. —Rodó los ojos.
—Bueno, en resumen, estas hormonas te hacen sentir feliz, casi enamorado. Así que el chocolate te produce esa sensación.
—Que interesante. —Me dijo con sarcasmo, apresurando el paso.
—Tus padres dijeron en una nota que no podías comer dulces o comida chatarra, pero… podemos hacer una pequeña excepción solo por esta vez. Claro, si tú quieres. —Le sugerí algo dudoso.
— ¿Desobedeces una regla?, creo que ya te estoy influenciando. —Rió burlona y se detuvo para recoger una caja con chocolates que puso en el carrito. Yo no quise responder, además, este era desliz muy trivial, nada serio en realidad. — ¿Y si comemos uno?, nadie se dará cuenta.
—No Sarah, primero tenemos que pagar como los buenos ciudadanos con valores morales que somos.
—Ow, eres un aburrido.
Después de pagar (y evitar que Sarah nos colara en el centro de la fila) salimos con varias bolsas de compra en las manos, bueno, YO salí con las bolsas encima, Sarah no quiso cargar nada. Y para colmo, como calculé mal el pasaje de ida y vuelta, ahora teníamos que volver a pie a la casa. Ya estaba resignado, ¿qué me quedaba? De todas maneras, a la otra calcularía mejor. Así que ya se imagina, caminamos por un buen tiempo, Sarah revisaba de vez en cuando su celular para enviar mensajes, yo ya me fatigaba un poco pero seguí en marcha. Cuando de pronto, nos topamos con…
…Nazz.
— ¡Doble D!, ¡qué bueno verte!—Exclamó contenta la chica rubia de ojos azules, Nazz había crecido tanto como nosotros y ahora salía con Kevin. Volteó la vista hacia mi acompañante—Hola… Sarah.
—Saludos, Nazz. —Dije yo con educación.
—Hola... —Saludó Sarah tímidamente, desviando la mirada. Aunque yo no sabía por qué tanta tensión…
—Yo… creo que ya me voy. —Se excusó la rubia. —Los veo pronto.
Y se fue.
Yo y Sarah caminamos un rato en silencio, incómodos. Hasta que me digné a preguntar por fin.
— ¿Pasa… algo entre tú y Nazz?—Indagué con cautela, no quería recibir un golpe por parte de la quinceañera.
—Lo que pasó, Doble D, es que fui una perra. —Me respondió en tono seco. No mirándome a los ojos.
— ¿Qué?—Es todo lo que pude decir.
—Fui la amante de Kevin por un tiempo.
Me quedé helado, eso no me lo esperaba. ¿Amante de Kevin?, ¿o sea que Kevin engañaba a Nazz con Sarah?, me sorprendí porque nadie supo de alguna disputa entre Kevin y Nazz, es más, ellos seguían siendo pareja y se les veía muy unidos y felices. Así que esto no tenía mucho sentido.
—Wow…
—Nazz sigue molesta conmigo, lo sé, lo siento. Yo no sé qué rayos me pasó, solo… solo pasó y en un segundo ya estaba besando a Kevin y en el otro segundo ya me encontraba con él a escondidas, solo para que a la tercera Nazz nos descubriera y mandara nuestra amistad al carajo. Lo arruiné todo.
Me di cuenta de que ya habíamos llegado a su casa. Abrí la puerta y me dispuse a sacar los productos de las bolsas y ordenarlos alfabéticamente en el refrigerador y estantes, mientras Sarah veía la tele. A continuación, ya cumplida la labor, comencé a preparar el almuerzo para los dos. Encendí las hornillas de la cocina y metí una olla con agua para luego vaciar ahí los fideos, y justo cuando iba a empezar el proceso de la preparación de las albóndigas perfectas: Sarah apareció en la cocina.
—Doble D.
— ¿Hm?
—Tengo hambre. —Demandó con impaciencia.
—Apenas estaba comenzando a hacer las albóndigas Sarah. Ten la amabilidad de esperar, por favor. —Le pedí mientras seguía con lo mío.
—Doble D. —Volvió a llamar.
— ¿Sí?
—Estoy aburrida.
—Ve a jugar.
—Ya no soy una niña.
—Mira televisión.
— ¡La programación es una basura!
—Entonces encuentra otra cosa que hacer, Sarah. —Contesté, algo harto.
—Quiero divertirme…
—Podrías llamar a Jimmy para que charlen.
—…contigo.
Dejé de hacer lo que estaba haciendo. Me estremecí un poco.
— ¿Disculpa?—Cuestioné yo algo nervioso, dudando de lo que acababa de escuchar.
—Quiero divertirme contigo. —Dijo ella sin más, encogiéndose de hombros.
—No creo que sea posible, a menos que te guste el ajedrez, damas, juegos de preguntas o…
Y no pude terminar lo que decía, ¿la razón?, Sarah me había callado con un beso en los labios. Fue corto, pero me dejó sin palabras…
Ella rió.
— ¿Te dejé frío, verdad?
—Sa… Sarah, yo…—Sentí que un leve rubor inundó mis mejillas.
— ¿Sí?, dime. —Se apresuró ella tomándome suavemente por el cuello. Esto no iba bien.
—Es… esto no… esto no está bien, Sarah. —Traté de alejarla un poco, pero eso solo hizo que se me pegara más.
— ¿Ah no?—Me preguntó con voz inocente. Yo sabía que estaba jugando conmigo.
—No…
—Qué mal. —Y volvió a besarme de la nada.
Sentí que mi cara ardía cada vez más como si fuera un volcán en erupción, y que mis manos perdían su fuerza. Cerré los ojos angustiado. Confieso que no he besado a muchas chicas y… bueno, solo había besado a Marie Cruel hasta ahora, pero ella respetó lo del "primer beso" y no fue tan… suelta como Sarah. Sarah me había mordido levente el labio haciéndome gemir un poco y yo me moría de vergüenza, volviéndome casi tan rojo como su cabello. Sentí que la pelirroja sonrió un poco por lo sucedido y procedió a intentar introducir su lengua dentro de mi boca. Yo me puse nervioso y traté de alejarla lo mejor que pude pero como dije antes, mis manos perdieron fuerza y terminaron rodeando su cintura. Oh Dios…
Ella logró su cometido y yo ya no pude luchar más contra ella, así que deje de tratar de alejarla y disfruté el momento. Ahí estábamos, besándonos los dos.
Hasta que el sonido de algo quemándose se escuchó.
Nos separamos del susto y corrí a apagar la cocina. ¿Cuánto tiempo duró esto?
—Gracias Doble D, ya no estoy aburrida. Y… esperaré pacientemente la cena.—Me dijo dando una risita de colegiala y se fue feliz a su habitación.
Dejándome confundido.
— ¿Acabo de… disfrutar un beso con Sarah?—Pensé en voz alta. Oh, Eddy me matará como se entere…
