A Kaiba's Carol - Capítulo 2
DISCLAIMER: Ya saben... A Christmas Carol pertenece a Dickens y Yu-Gi-Oh! a Takahashi. Respeta eso o los fantasmas de la Navidad te visitarán a ti.
Estoy de vuelta, después de casi una semana, y Wow, realmente me sorprendió revisar My Stories y encontrarme con que esta historia tenía ya cuatro reviews. Millones de gracias a todos los que se interesaron, en verdad os lo agradezco!
Aclaraciones especiales a Atami no Tsuki por su profunda e interesante crítica sobre AKC (A Kaiba's Carol), me hiciste pensar en detalles que no me había planteado antes. Solo quiero recalcar una cosa: SI hay una razón para que el escritorio de Kaiba esté desorganizado, y SI hay una razón para que el lugar donde Kaiba trabaja esté cayendo en pedazos. No desesperes, pronto revelaré esos detalles. Ah, sí, tienes razón, Yami tiene un poco de poltergeist aunque sus bromas tendrían un carácter mucho más profundo que el simple deseo de causar problemas de Peeves.
Sin más los dejo con este capítulo. Espero que lo disfruten y expongan sus criterios más tarde, también si tienen alguna duda no duden en postearla en vuestro review, yo la responderé aquí en las palabras preliminares si fuere preciso (si tiene que ver con el futuro transcurso de la trama, cuidado al formular la pregunta). Todas las críticas y sugerencias son calurosamente bienvenidas, aunque falte más de un mes para Navidad...
********25 de diciembre de 1999 12:01 AM********
Sobre la incredulidad de Seto Kaiba y las oscuras advertencias de Kisara
No daba crédito a sus ojos. Estaba allí, despierto, y sin embargo no podía evitar tener la idea de que dormía. Seto no podía apartar la vista de Kisara, que seguía allí, de pie, blanca y acuosa como hielo, rodeada de cadenas que laceraban su piel de seda, el vestido blanco, desgarrado, el mismo vestido de gala que llevaba el día que fue atropellada. Su mirada era tan fría como la nieve en la ventana, su boca recta e inexpresiva, mostrando unos labios marchitos y tan pálidos como el resto de su cara.
- Kisara... - repitió Seto, mientras la luz de la lámpara se extinguía lentamente, sumiendo la habitación en una ya completa oscuridad. Sin embargo el cuerpo del fantasma de Kisara brillaba con luz propia, plateada, como una luna que resplandeciera por sí misma. - ¿E... eres tú?
- Seto, querido mío - dijo Kisara, mirándolo fijamente con sus ojos de cristal - En vida al verte de nuevo hubiera sentido una dicha inmensa, pero al estar ya del otro lado, solamente siento una pequeña chispa dentro de mí, a pesar de no tener corazón.
- ¿No me engañan mis ojos? - se preguntó Seto, a la vez preguntándoselo a Kisara - Nah, no puede ser, esto no es más que un estúpido sueño. Los muertos no pueden volver, muertos están.
- Tan apegado a la realidad como sea posible - dijo Kisara - Por ese lado no has cambiado, aunque noto que ya no eres el mismo. Estás ojeroso, has adelgazado considerablemente, y no veo que sonrías al verme. Sigues con esa mirada severa y fría. Tal parece que tú estás más muerto que yo.
- Vete - dijo Seto de pronto. Sabía que aquel era un sueño, no, una pesadilla. Quería despertar. Ver a Kisara lo hacía sentir pésimo, pero verla en aquel estado le revolvía el estómago. Deseaba despertar a toda costa, no quería seguir contemplando aquello. Hubiera bastado con apartar los ojos, pero Seto no podía. Seguía clavando sus ojos en los de ella, que no dejaba de ser a su modo de ver un simple juego de su mente.
- Después de tanto tiempo sin verme, esperaba de ti una reacción más alegre. Sin embargo me pides que me vaya, ¿acaso me has olvidado? ¿Has olvidado los momentos que compartimos juntos mientras estuve con vida? ¿Has olvidado el amor que sentíamos el uno por el otro?
- No he olvidado lo que siento por Kisara - dijo Seto, reflejando un dolor indescriptible, mezclado con el odio, con el deseo de que aquella pesadilla acabara de una buena vez - Pero tú, tú no eres más que un producto de mi imaginación. No he dormido bien en los últimos días, quizás por eso mi mente me esté jugando una mala pasada. Cuando despierte en la mañana me sentiré mucho mejor, seguramente.
- ¿Sigues pensando que esto es un sueño? - se extrañó Kisara, y de haber tenido libertad para moverse se habría encogido de hombros - Bueno, eres tú después de todo. Tarde o temprano te percatarás de la verdad. Seto, esto no es un sueño. Yo soy real, tan real como tú y como la Navidad.
- No hables de Navidad en mi presencia - dijo Seto, cuya paciencia se agotaba cada segundo que pasaba - ¡Tú no deberías hablar de la Navidad como si fuera algo natural! ¿Acaso has olvidado las cicunstancias en la que moriste? - gritó Seto, harto de todo aquello. Sueño o no, no podía permitir que Kisara dijese cosas como esa.
- Aceptas que soy Kisara, entonces - dijo Kisara, con un cierto tono de picardía, como si hubiera hecho lo anterior para provocar que los sentimientos de Seto salieran a flote - ¿Sabes por qué estoy aquí?
- Para prolongar mi pesadilla - respondió Seto, volviendo a la convicción de que era su mente la culpable de todo aquello.
- Te equivocas - replicó Kisara, frunciendo ligeramente el ceño - Estoy aquí para alertarte.
- ¿Alertarme?
- Has sufrido demasiado durante los últimos años. Los que aún se consideran tus amigos se han preocupado por tu estado, pero tú solo les contestas con malas caras y malhumoradas frases cargadas de odio. Tus empleados trabajan duro en tu negocio, y jamás en dos años les has dado vacaciones, a excepción de los tiempos festivos. Y no has sonreído en mucho tiempo, eso es lo más preocupante de todo. Aborreces las festividades. Ningún hombre puede soportar tanto dolor. Algún día deberás olvidar el pasado y vivir el presente.
- Jamás - replicó Seto con el rostro consternado - El presente no es más que un charco de lodo, si te sumerges demasiado en él puedes acabar hundiéndote. El pasado es algo que un hombre no puede ignorar, pues sin un pasado un hombre no puede saber quién es, o de dónde vino, cuáles fueron sus errores y por qué no ha de cometerlos de nuevo. Mi más grande error fue llevarte a esa fiesta aquel día. Es algo que jamás se repetirá, por eso jamás volveré a ir a fiesta alguna.
- ¿Y prefieres quedarte aislado, rodeado de sombras y con la sola compañía de las telarañas y tus documentos, facturas e impuestos?
- Nada más relajante que eso - respondió Seto, y se recostó entre sus almohadas, tapándose completamente con la sábana. - Haz lo que quieras. El sueño desaparecerá cuando despierte.
El fantasma de Kisara comenzó a moverse lentamente. No se veían sus pies bajo el vestido rasgado, parecía flotar a pocos centímetros del suelo, moviéndose lentamente hacia la cama de Seto, el cuál había cerrado los ojos intentando que el sueño acabase, pensando que quizás si los abría de nuevo despertaría y la imagen de Kisara se habría desvanecido.
Seto sintió de pronto frío, un frío que le caló los huesos, aún cuando se hallaba cubierto con las sábanas que más calor proporcionaban a su cuerpo durante las largas noches de invierno como aquella. Y vio Seto a través de la tela, la mano blanca y brillante que se deslizó con lentitud hacia la sábana, y de un tirón dejó a Seto una vez más al descubierto. Seto miró a Kisara una vez más, ahora ella al pie de la cama, aún agarrando la tela que lo cubría con su mano izquierda. Seto se llenó de miedo y consternación.
- ¿Ves, querido Seto, que soy tan real como tú y como todo lo demás?
- Kisara... - Seto no sabía ahora qué creer. Una parte de él seguía renuente a aceptar que aquella fuera realmente el fantasma de Kisara, aunque la otra, el Seto que había sido antes y que ahora reprimía constantemente, no tenía la menor duda de que lo que estaba contemplando era un fenómeno sin igual. - Eres tú, no, es tu alma, ¿es tu alma la que ha venido hoy a visitarme? ¿Realmente eres tú?
- Claro que soy yo, Seto - le dijo Kisara, con un tono de dulzura que Kaiba reconoció definitivamente. Aquella aparición era definitivamente Kisara.
- ¿Por qué has venido esta noche, precisamente? ¿Por qué hoy, después de tantos años? ¿Y cuál es la razón, ángel mío, de que herrumbrosos grilletes lastimen tus delicadas muñecas?
- De pronto has cambiado tu modo de dirigirte a mí - dijo Kisara - Ahora me hablas como solías hacerlo en el tiempo en que estaba viva. ¿Es esa señal de que aceptas realmente que estoy aquí? Es bueno saberlo, aunque algo me dice que aún no te lo crees del todo. Ya dije antes que he venido a alertarte. Las Grandes Mentes han analizado profundamente tu caso, y han decidido que es hora de ponerte a prueba.
- ¿Ponerme... a prueba?
- Sí, a prueba. Yo y un amigo fantasma hemos rogado al consejo de Grandes Mentes que te concedan una oportunidad para redimir tus acciones pasadas. Fue escogido este año y este lugar, porque en cinco días el siglo termina, y es en estas épocas cuando la magia cobra mucha más fuerza en el corazón de todas las criaturas. Es también el único momento del siglo en el que los fantasmas pueden mostrarse ante los seres humanos, al menos los fantasmas como yo, los que permanecen vagando sin un destino fijo, esperando a ser liberados. Por eso he aprovechado este momento, para avisarte de lo que acontecerá en las próximas noches. Mañana en la madrugada, a la 1:00 de la mañana, vendrá a visitarte un fantasma de la Navidad, que te someterá a la primera prueba. Si logras pasarla, la madrugada siguiente a la misma hora te visitará un segundo fantasma, con una prueba aún más complicada. Si logras sortearla, al otro día a la hora señalada vendrá un tercer fantasma. Si logras pasar su prueba, demostrarás que aún hay bondad en el fondo de tu corazón.
Kisara hizo silencio, y dejó que Seto absorviera lentamente esas palabras, las interpretara, las entendiera. El joven no daba crédito a lo que escuchaba.
- ¿Tres fantasmas? ¿Tres pruebas? ¿Cómo serán esas pruebas? ¿Podré conseguir pasarlas? ¿Será esto un sueño o será realidad? ¡NO ES REAL! ¡Por favor, Kisara, vete! - exclamó de pronto Seto, asustado, se giró en la cama para no verla y cerró fuertemente los ojos - Esto no es real, esto es una pesadilla. No existen los fantasmas, ni habrá pruebas. Todo es un sueño. ¡Por favor, vete! ¡Déjame en paz! - aquellas últimas palabras eran tan frías como las que dijo al principio. Seto, después de un momento muy corto de debilidad, había vuelto a su estado normal. Se reprendió por haber caído tan fácilmente en sus alucinaciones, prometiéndose tomar alguna medicina para los nervios en la mañana.
Kisara se lo quedó mirando, pero decidió que debía dejarlo en paz. Ya había tenido demasiadas emociones por ese día.
- No puedes evadir tu destino como no puedes impedir que la gente celebre la llegada de la Navidad - le dijo Kisara, con severidad, como una madre que regaña a su hijo por haber hecho algo indebido - No importa cuanto intentes negar la realidad, cuanto más lo hagas más chocará ella contigo y más te demostrará que te equivocas. Hoy ha sido solo una advertencia. Los fantasmas de la Navidad no serán tan amables como yo. Te llevarán por la fuerza y te obligarán a cumplir tu cometido. Y debes saber, Seto querido, que si fallas en cualquiera de las pruebas, el resultado será fatal.
- Vete - dijo Seto, como última palabra. Kisara comenzó a flotar lentamente hacia la salida, antes de atravesar definitivamente la puerta, se giró una vez más para ver a su Seto. Este se había quedado dormido. Ella se giró una vez más, y cruzó la puerta. La lámpara se iluminó nuevamente una vez hubo Kisara abandonado la estancia.
Mientras tanto, en casa de Yugi, mientras este dormía profundamente en su habitación, Yami permanecía de pie, con los brazos cruzados, junto a la ventana. Tenía una mirada sombría, inexpresiva, reflejaba preocupación, quizá nostalgia. Dejó de nevar. La noche era joven, pensó Yami, y se preguntó qué estaría pasando con Seto en aquel momento.
De pronto Yami sintió a sus espaldas cómo la hoguera que calentaba la sala de estar iba apagándose gradualmente. Sabía lo que eso significaba, una entidad espectral se acercaba. Yami se giró, y ahí estaba.
Llevaba un traje rojo, sin lugar a dudas caro y elegante. El pelo blanco y largo hasta los hombros le cubría parte del rostro. Sonreía, reflejando la astucia de un zorro y la sagacidad de un halcón.
- Bienvenido seas - lo saludó Yami. - ¿Tienes alguna noticia?
- El chico duerme - anunció el recién llegado - Su prometida lo ha convencido a medias, aunque todavía no es capaz de aceptarlo completamente.
Yami calló por un segundo, analizando aquella información.
- Convencerlo a medias ya es un gran paso - dijo Yami, y sonrió - Es un tipo duro de pelar, pero bajo esa corteza de metal aún crece algo de esperanza, ¿no crees?
- Eso está por verse, mi querido Yami - dijo pensativo el otro fantasma - Aún le queda tiempo, quizás se prepare.
- Lo haga o no - dijo Yami, con una enigmática sonrisa - No te quepa duda de que va a lograrlo. Yo sé bien que Kaiba es tan terco como una mula, y una de sus virtudes principales es que no necesita planear nada para conseguir lo que quiere. Sí, Seto es de los que actúan por instinto y logra sus objetivos improvisando. Puede parecer que ha pasado semanas preparándose, pero en realidad se lo ha inventado en apenas unos minutos.
- Una inteligencia impresionante escondida detrás de un escritorio malogrado - dijo el otro - Aunque no me parece que siempre halla sido así.
- No te equivocas - la sonrisa se borró del rostro de Yami. Se puso los manos en los bolsillos y miró hacia arriba, como meditando lo que iba a decir - Fue el Despertar de su prometida lo que lo hizo cambiar. Desde entonces prefiere vivir sumido en el polvo y la oscuridad, solamente para llevarle la contraria al resto del mundo.
Maximillion Pegasus, el fantasma que recién hacía unos minutos había aparecido, dejó de sonreir. Puso su mano derecha sobre la mitad derecha de su cara, justo donde el pelo le cubría. Seguidamente con la izquierda se echó el pelo hacia atrás.
- Desde que morí - comenzó a decir el fantasma - No he sido capaz de mirarme al espejo y ver la parte de mi rostro que siempre he escondido, solo por miedo a ver el estado en que se encuentra. A veces pienso que está normal, pero entonces imagino que es un esqueleto putrefacto, y eso me horroriza. ¿A qué teme entonces Seto Kaiba? ¿Qué esconde, o de qué se esconde?
Yami le dio la espalda y miró por la ventana. Había comenzado a nevar de nuevo. La nieve formaba una muy fina capa sobre el asfalto del camino, y la calle estaba completamente desierta. Yami comenzó a cantar, esa una de sus pasiones favoritas.
Su corazón solitario y marchito
Quedóse ese día cuando ella murió
El joven que antes sintióse bendito
Nunca desde entonces de nuevo sonrió
Y cada vez que el recuerdo regresa
A su mente retorna el horrible pesar
Y mantiene la idea con terca firmeza
De que su dolor jamás podrá parar
Y el espiritu de la niña condenada
Lo sigue a todas partes, Ella vaga
Deseando de una vez ser liberada...
Pero Yami no terminó la rima.
- ¿Qué sucede? - le preguntó Pegasus - Tú siempre terminas tus canciones.
Yami se giró y lo miró a los ojos.
- Pero es que esta historia aún no ha terminado, Pegasus - le dijo - Para completar mi canción, debo esperar un poco más. La única forma de saber cómo acaba será observar lo que suceda en las próximas horas.
Yami sonrió de nuevo, como tanto le gustaba, haciendo que Pegasus se alarmara. No le gustaba para nada que su homólogo sonriera así.
- Espero... que no seas demasiado duro con el muchacho. – añadió Yami, alargando la sonrisa.
1:46 AM
*****Fin del Capítulo Segundo*****
