Y LA NIEVE CAÍA LENTAMENTE
Escuchaba los pasos decididos, firmes y lentos de áquel que se acercaba. La verdad es que no pensé que vendría a darme la bienvenida tan rápidamente. Sólo habían pasado unos minutos desde mi llegada. Tal vez hacía ya rato que la habían comenzado. Los pasos se detubieron delante de mi habitación; Un escalofrío recorrió toda mi columna vertebral, mientras que los dedos de mis manos comenzaron un baile repetitivo; Estaba temblando como una gelatina.
''Toc Toc'' Sonó la puerta. No respondí. Golpearon de nuevo, y estas vez intenté decir alguna cosa, pero no pude; Era como si se me hubieran olvidado las palabras que tenía que decir. Entonces, una voz me llamó desde el otro lado de la puerta.
-¿Antonio? ¿Estás despierto? - un español algo tosco sonó desde el otro lado de la puerta.
-S-sí, ¡sí! Sí que estoy despierto, pase... Pase.
El pomo se giró, y la puerta se abrió lentamente. Tras ella apareció Iván, al que no podía llamarle por su nombre. Siempre le llamaba por el país que representaba... Jamás se me hubiera ocurrido llamarle por su nombre, me parecía grosero y algo demasiado familiar, pero él si lo hacía.
-Te he dicho muchas veces que puedes llamarme por mi nombre, como lo hago yo. - me sonrió, y yo solo asentí con la cabeza, temblando como un flan.
- Quería darle las gracias por la invitación... Pero creí que vendrían los demás países... ¿O aún no han llegado?
-No van a llegar; Solamente te invité a tí. - respondió de manera fresa y directa, mostrándome una de esas sonrisas que tanto miedo me daban. Tragué saliva.
-Oh, vaya. Entonces... ¿Es una reunión privada? En la invitación ponía... - empecé a buscarla por la maleta hasta que la hayé, él solo miraba lo que yo hacía - Que era una fiesta, Rusia. -le enseñé la invitación que me había mandado.
-Sí, lo se. Y es una fiesta, no una reunión; Y no me llames por mi país, ¿si?
Negué con la cabeza. Él simplemente me miró algo decepcionado, pero igualmente me sonrió, y de nuevo ese escalofrío por mi espalda hizo su aparición.
-E-Entonces... ¿Es una fiesta para dos? - Empezé a asustarme, ¿y si quería matarme?
-No, claro que no. Es un baile de máscaras.
Un baile... ¿de máscaras? ¿Para que cojones me había invitado a un baile de máscaras?
-Pero... Perdone la intrusión... ¿Pero para qué me ha invitado a un baile de máscaras?
-Mañana lo sabrás.
-¿Mañana?
-Mañana.
Se giró como para irse, pero se paró en seco. Volví a tragar saliva, tenía un mal presentimiento. Se giró y me miró, directamente a los ojos, con una sonrisa. Y esos ojos violetas se me clavaron en la retina como si fueran dos flechas cargadas de veneno.
-Ah... la comida se sirve a las 2 del mediodía, y la cena a las 21:30. Si quieres alguna cosa, por ahora estaré en mi despacho.
Asentí con la cabeza, y él se marchó por donde había venido con una sonrisa suya. Cuándo salió de la habitación y cerró la puerta, me dejé caer sentado encima de la cama, y después me tumbé de manera rotunda. Me sentía hasta mareado. El miedo se apoderaba de mí cada vez que le veía el pelo... Y no encontraba solución alguna a esta enfermedad con síntomas de extraña procedencia y poder sobre mi cuerpo. Cerré los ojos y me guiré rodando por la cama de matrimonio que me habían dado. Pasé un rato haciendo la croqueta encima del colchón, hasta que me caí por un lado. ''Eso por hacerlo con los ojos cerrados, idiota'' Pensé para mis adentros. Me senté en el suelo, y corrí otra vez la cortina para ver el exterior. Caía una fina capa de nieve que volvía a cubrir sobre cubierto. Miré más a lo lejos. Moscú. Tal vez debería salir a dar una vuelta y conocer la capital... O ir a comer algo. Mi estómago hacía acto de presencia con sus gruñidos. Me levanté y me dirigí hacia la puerta. Giré el pomo de la puerta y salí al pasillo. Fui por donde me había llevado el mayordomo; Llegué a la entrada. Miré a mi alrededor, pero no había nadie. Así que empecé a indagar por mi cuenta.
Caminé y me paseé casi dos horas por toda la mansión, sin encontrarme a nadie. Esa casa estaba totalmente vacía o todo el mundo se había vuelto invisible. Al final hallé la cocina en el piso de abajo. Busqué algo de comida y leche, la cual calenté en el fuego de la cocina. Mientras me calentaba la leche y me comía algo dulce escuché como bajaban las escaleras. Casi me dió un infarto. Entró por la puerta Iván, el cuál me miró de arriba a bajo y viceversa. Yo solo pude tragar lo que me estaba comiendo.
-Si tenías hambre podías habérmelo dicho y le hubiera comunicado a un criado que te preparara algo de comer.
Dejé lo que me estaba comiendo encima de la encimera y le miré. Parecía interesado en lo que estaba haciendo.
-No se preocupe... - ya volvía el tembleque - Se defenderme en la cocina. - Afirmé.
Me sonrió de manera leve y después miró la leche.
-Se te va a cortar.
Me giré rápidamente y le apagué el fuego, quité la olla sin manoplas de cocina, me quemé y se me cayó todo al suelo. Le mojé la bufanda a Iván, que se la quitó y la puso encima de la encimera. Se agachó, al mismo tiempo que yo, para limpiar un poco aquel desastre; Yo tenía la cabeza baja y solo pronunciaba la misma serenata: Perdón, perdón, perdón, perdón... Iván no me contestaba, así que levanté la mirada para mirarle a la cara: Estaba riéndose. Ni siquiera se preocupaba por su bufanda, que siempre llevaba puesta, que estaba empapada en leche. Sólo se reía de aquella imágen tan extraña que debíamos dar los dos, limpiando el suelo mientras yo componía el cántico del perdón.
-Y-Yo lo siento mucho... De verdad...
-Tranquilo, no es nada. Solo has tirado leche al suelo por que te has quemado; No has matado a nadie. - Me miró y me sonrió, como si nada pasara.
Era extraño, pero esta escena no me incomó para nada; Ahora mismo estábamos los dos a la misma altura, fregando el suelo con unos trapos mientras él se reía y yo me disculpaba. Simplemente se me quedó grabada en el interior de mi cabeza como algo bonito y gracioso, y en mi corazón como la imágen que más me gustaba de Rusia. Iván riendo.
Una vez que estubo todo limpio, puse marcha hacia Moscú. Iván me había dicho que no todo el mundo hablaba español por las buenas, pero si decía que era su invitado todos me hablarían en mi idioma sin problemas. Eso se llama respeto y lo demás son tonterías.
Me paseé por la ciudad más o menos casi toda la mañana, y al final me compré un disfraz de fantasma de la ópera, con su máscara de media cara. La verdad es que me gustó mucho cómo me quedaba, y cuándo me lo compré me cruzó una idea extraña por mi mente. ¿De qué iría disfrazado Iván? ¿O él no se disfrazaría? Todo estaba por verse mañana. Mañana. Sonaba muy lejana esa palabra... Y yo quería saber para qué me había hecho venir con tanta prisa el de Rusia.
Mañana.
