Capítulo 2.

Proposición.


Al menos, regresar a su ciudad natal había tenido algo bueno: poder correr por el magnífico paseo ribereño, sin apenas coches y rodeada de naturaleza. En Barcelona no había podido hacerlo con comodidad y desde su regreso, había vuelto a disfrutar como hacía mucho tiempo del footing.

Bulma abrió la puerta del edificio donde vivían sus padres -y ahora también ella-, y entró en el largo y estrecho pasillo que llevaba hasta las escaleras. Recogió las cartas del buzón mientras se deleitaba pensando en la ducha que se iba a dar. Llevaba unos shorts de deporte, sus deportivas favoritas y un top deportivo, y todo estaba completamente empapado de sudor. ¡Vaya primavera más calurosa!

Subió las escaleras de dos en dos y no tardó en llegar al rellano de la segunda planta. No obstante, apenas iba por la mitad del siguiente tramo de escaleras cuando vio una figura que esperaba delante de su puerta. Ascendió unos escalones más para verle la cara y…

'¡Mierda!'

Se dio la vuelta rápidamente pero él ya la había visto.

—¡Eh, oye, espera! ¡Bulma! ¡Espera, Mujer!

Ella era rápida, pero él la alcanzó en la planta baja y la agarró por el brazo para retenerla.

—¿No te acuerdas de mí?

—Creo que me confundes con otra persona —Dijo ella, y puesto que él había hecho que se detuviera, aprovechó para cambiar de rumbo sus pasos y volver a ascender por las escaleras. Si podía llegar a su casa, se encerraría dentro y él a la larga tendría que desaparecer.

—Nos vimos el otro día, en la discoteca.

Él volvió a sujetarla del brazo y Bulma se lo quitó de encima de malas maneras. Dándose la vuelta, quedó cara a cara con él y en voz baja para que sus vecinos no la oyeran, dijo:

—Mira, no sé cómo has descubierto donde vivo, pero aquello fue un aquí te pillo aquí te mato. Para mí no existes, ¿me entiendes?

Sorprendentemente, él sonrió:

—No te acuerdas de mí.

—Discoteca Sol de Media Noche, baño de los chicos, diecisiete centímetros. Sé quién eres. Y ahora largo —y dicho aquello, siguió subiendo escaleras arriba.

—No me refiero a la otra noche. ¿De verdad no me reconoces, Bulma?

Ella se giró hacia él ante aquello.

—¿Debería?

—Vegeta Ouji.

La cara de ella se transformó al oír aquel nombre seguido de aquel apellido. No pudo evitar que se le abriera la boca. Él había cambiado bastante. De ser un niño bajito y chupado había pasado a tener más altura que ella y presumir de un cuerpo definido y musculado. No se parecía en nada a como ella lo recordaba de su etapa en el colegio. Se preguntó como había sido tan despistada y no recordar aquél cabello que desafiaba las leyes de la gravedad.

—Por kami.

—No sabías quién era, ¿verdad?

—¿Tú sí?

—Te llamé por tu nombre, ¿recuerdas?

—¡Debiste decírmelo!

—No me diste mucho tiempo para hablar, la verdad.

Ella se llevó las manos a la cara, terriblemente avergonzada. Sin decir nada más, se giró y siguió subiendo las escaleras hasta llegar a su rellano e introducir las llaves en su puerta.

—¿Qué pasa, Bulma? —Interrogó él, siguiéndola.

—¡No subas detrás de mí! ¿Y cómo que qué pasa? —En un susurro furioso explicó —Me fui a una discoteca bien lejos de aquí para que no me reconociera nadie y resulta que el tío al que me follé en un baño era mi compañero de pupitre en el colegio. ¡¿A ti te parece normal?!

Él no supo qué contestar.

—Y encima te has presentado aquí… ay, señor, ¡No se lo habrás contado a nadie! En este pueblo de chismosos mi madre no tardará en enterarse…

—No, no se lo he contado a nadie, tranquila. Y estaba allí con gente que no es de aquí, así que no tienes porqué preocuparte.

Ella negó con la cabeza, abatida.

—¿Y qué haces aquí?

—He venido a proponerte algo.

—¿El qué?

—¿Me invitas a pasar? —Interrogó él señalando la puerta.

—No, creo que mejor no.

—Bueno, vale, pues he venido a proponerte que seamos follamigos.

—¡Shhhh! —Vegeta había hablado en un tono normal de voz y cualquier vecina cotilla podría haberlo oído—. ¿Estás loco? ¡Baja la voz!

Pero pensándoselo mejor, ella abrió la puerta de su casa y lo arrastró dentro.

—¿Te has vuelto majareta? ¡Cualquiera podría haberte oído!

—Bueno, al menos estoy loco por mi tono de voz y no por mi propuesta…

—¡Ahora iba a eso! ¿Cómo que follamigos?

—Lo de la otra noche estuvo muy bien.

—¿Y?

—Pues que si cualquier noche te apetece un poco de acción, podrías llamarme. No hace falta que te vayas a otra ciudad para buscar sexo, yo te lo ofrezco. Donde y cuando quieras, solo tienes que llamarme. Seremos discretos, nadie se enterará.

—¿Pero cómo vamos a ser follamigos si ni siquiera somos amigos? ¡Ni te reconocí la otra noche!

—Bueno, eso también podemos solucionarlo. Después de romper con mi ex me quedé casi sin amigos. Podríamos quedar para hacer cosas…

—¿Y en qué se diferencia eso de ser novios? Porque no le veo mucha diferencia, la verdad: sexo y hacer cosas juntos.

—¿Cómo que no le ves la diferencia? Yo no sé cómo sería tu relación con Yamcha, pero mi ex era una arpía. Si no estaba con ella, cuando nos veíamos estaba de morros. Si no me apetecía salir con sus amigas, me quedaba sin sexo esa noche. Si miraba a otra chica, los gritos estaban asegurados… Yo te ofrezco planes como amigo y sexo sin compromiso.

—Has hablado de Yamcha. ¿Qué tiene que ver él en todo esto?

—¿No era tu ex?

—Sí, y tú eras su amigo. ¿No estará metido en esto? ¿No será una broma o una prueba?

—¿Una prueba de tu ex? Claro, un examen. Disfrutó mucho corrigiendo la parte en que te sentaste encima de mí el otro día y empezaste a cabalgarme. ¿¡Pero cómo va a ser cosa de ese insecto!? No hablo con él desde hace años.

—¿Y cómo sabes que éramos novios hasta hace poco?

—Lo tengo en Facebook. Y a ti te tenía, pero tuve que cerrar mi cuenta y creo que en el nuevo perfil ya no te tengo. Te agregaré.

Bulma negó con la cabeza y suspiró. Regresando al tema anterior, dijo:

—Eso de los follamigos nunca funciona.

—Pero si te salgo baratito y todo. Una llamada y te alegro el día… o la noche. No tienes que coger el coche, irte a una discoteca y enseñar medio culo para que alguien se fije en ti.

—¡Oye!

—No me estoy metiendo con tu culo, eh, que lo tienes bien bonito.

—Será mejor que te vayas, Vegeta —Le contestó ella abriendo de nuevo la puerta e invitándole a irse.

—Tú piénsatelo, Bulma.

—Que sí, que sí. Cuando me despierte de un sueño húmedo y mi vibrador no tenga pilas, te llamo.

—¿Has cambiado de móvil? No, pues perfecto, yo aún conservo tu número. Te daré un toque para asegurarme de que tú también tengas mi teléfono. Cuando te sientas tan desesperada como la otra noche, me llamas.

Mientras hablaba, Bulma lo iba empujando para que saliera de su casa y él no se resistió, pensando que lo mejor sería darle un respiro y dejarle tiempo para pensar en su propuesta.

—Que sí, que sí —Dijo ella una vez más, y con unas escuetas palabras de despedida, cerró la puerta en cuanto el cuerpo de él se lo permitió.

Espió por la mirilla y vio que Vegeta seguía plantado frente a la puerta, con el meñique y el pulgar extendidos junto al lado derecho de la cara y una sonrisa de oreja a oreja. Tardó varios segundos en darse por vencido y marcharse.

Bulma se apartó de la puerta y se miró en el espejo de la entrada, que se extendía del suelo al techo en una de las paredes de su recibidor.

—¿De verdad acabo de tener esa conversación? —Le interrogó a su reflejo. Su móvil, que llevaba en un brazalete deportivo entorno al bíceps, vibró con una llamada perdida y ella misma respondió a la pregunta que acababa de formularse—. Sí, parece que sí.


Holu,, de nuevo yo. Explique todo el capítulo anterior así que espero no tener problemas.

Como sea, un review alegraría mi kokoro.