Twiligth Princess

Cuando la conoció, Link sintió un gran respeto hacia la soberana de Hyrule. La forma en cómo se sacrificaba por su pueblo era impresionante.

En su forma de lobo, el héroe se encontraba frente a la princesa y esta le explicaba tranquilamente lo que paso con su reino. Se sentía un poco sorprendido, siempre pensó que las princesas no eran frívolas y caprichosas, y aunque la joven mujer no era muy cálida, si era muy respetuosa hacia él.

Cuando termino de hablar y se quitó la capucha, Link miro directo a los ojos de Zelda, una vez Rusl le dijo que los ojos son la ventana al alma y el lobo quería ver que tan ciertas eran sus palabras. Pero cuando los vio se sintió… raro. En realidad Link no sabía que estaba esperando encontrar pero no lo encontró. En ellos pudo ver una profunda sabiduría y madures para alguien tan joven, sin embargo también había un toque de tristeza, pero no ese "algo" que quería ver en ellos.

Link y Midna tenían que irse, los guardias estaban realizando su ronda y no había caso en provocar problemas ahora, así que dejo de analizar a la joven. Ella era una princesa y le debía respeto; no tenía ningún derecho a tratar de juzgarla y dejo de observarla para emprender su huida. Pero… ¿Por qué tenía la pequeña necesidad de quitar esa tristeza de los hermosos… Es decir, de la mirada azul de la princesa Zelda?

El héroe del crepúsculo se encontraba en una encrucijada, creía que después de esa batalla acabaría con Ganondorf pero al parecer no fue así.

Midna se había ido, se había sacrificado; y él estaba solo, no sabía qué hacer y desde que la pequeña princesa del crepúsculo casi muere a su lado por primera vez, nunca había estado tan angustiado.

Entonces, en medio de su batalla interna ideando y deshaciendo planes, se encontró con unos ojos azules que lo miraban con ternura ¿Eso era lo que busco la primera vez que los vio? La princesa Zelda se acercó lentamente a él y el rubio se arrodilló ante ella porque aun siendo el fin el mundo, bueno… ella era una princesa. La chica dejo escuchar su dulce risa (al parecer tenía más esperanza que la primera vez que hablaron) mientras le pedía que se levantara y le extendió una mano, no como princesa o una líder si no como una amiga. Por un momento la duda lo invadió, no sabía si era el momento de empezar a fraternizar cuando la vida de ambos y del reino entero corría tanto peligro. Aun así confió en ella y la tomo. Cuando lo hizo se sintió tranquilo y seguro, la sensación le era familiar, casi como regresar a un hogar que nunca supo que dejo, y repentinamente entendió muchas cosas.

Si, quizás ahora ellos no eran tan cercanos, pero el siempre querría verla feliz, como cuando la primera vez que la vio. Y no, no se refería a cuando la conoció en aquella habitación desecha del castillo de Hyrule…

Y que no dejaría que nada le pasara, aunque su vida, su espíritu y todo su ser se fueran en ello, tal y como aquella primera vez.