Aquel día, Lily Evans llegó a la casa de sus padres alrededor del medio día, y se encontró a su madre en la cocina, preparando el almuerzo. Hacía varios días que no se veían, puesto que la chica se había ido de su casa para vivir con sus amigas y amigos en Londres, cuidad donde comenzaría sus estudios superiores unos días más tarde.
- Aún no me hago la idea de que ya no vives aquí – comentó su madre, mientras revolvía la sopa.
- Es extraño – coincidió Lily, terminando la ensalada – Pero es una aventura – añadió - ¿te dije que Sirius aún busca la lata del café, después de una semana? ¿O que me dices de Emily? aún no logra acostumbrarse a su habitación y se la pasa entrando a la de Remus, que es la puerta del lado.
Sally Evans rió divertida, y dejó sus pensamientos a un lado. Su pequeña Lily ya era toda una mujer; había abandonado el nido y era hora de dejarla volar por su cuenta. Terminaron de preparar el almuerzo en silencio, y pronto se les unieron George Evans y James Potter, que venía de sorpresa.
- ¡Amor! No te ví esta mañana – comentó Lily saliendo al patio trasero (donde se encontraba el punto de aparición) para saludarlo.
- Salí temprano, pues tenía cosas que hacer con mi padre y Kate – contestó él luego de basarla suavemente en los labios.
- Vamos dentro, el almuerzo está listo.
Un par de horas más tarde, Lily y James se encontraban en el Ministerio de la Magia, con varias carpetas en las manos, tratando de decidir dónde ir primero. Había que anexar su chimenea a la Red Flu, registrar la casa y sus habitantes (incluida la elfina que los padres de Emily les habían regalado), establecer los hechizos protectores anti apariciones indeseadas, anti mortífagos y anti muggles.
Tardaron más de lo que había planeado, y cuando por fin la última firma estuvo en su lugar, regresaron a casa agotados, justo a tiempo para la cena.
Las chicas y los Merodeadores los interrogaron sobre todo lo concerniente a la casa mientras cenaban y luego fueron todos juntos al concierto de las Brujas de Macbeth, en el callejón Diagon, donde se encontraron con Hagrid y algunos ex compañeros de Hogwarts.
~*~
Unos días más tarde, por la mañana estaban todos con esa típica tristeza de fin de vacaciones. Al día siguiente comenzaban las clases, que por experiencia de Samantha, sabían que eran muy duras. Desayunaron en la terraza del jardín, comentando sobre lo que les esperaba al día siguiente, cuando llegó una lechuza marrón con un sobre de pergamino amarillo y letra azul. Lily le quitó la carta a la lechuza y abrió el sobre con curiosidad.
¡¡Hola Merodeadores y chicas!!
¿Cómo estáis todos? ¿Que tal la nueva casa? Que ganas de estar allí con vosotros. Yo por mi parte estoy muy bien, aunque os extraño muchísimo. Lamento no haber podido escribiros antes pero con todo lo de la mudanza y lo demás hemos estado muy atareados mi madre y yo. Estamos viviendo en un piso muy bonito, en el centro de la cuidad, aún no hemos conocido más magos y brujas por aquí, pero es que a penas si hemos salido a comprar algunas cosas. Creo que mañana por la tarde por fin iremos a la Avenida Dracon, que es el equivalente al Callejón Diagon aquí, aunque no es más grande, por lo que he sabido. Papá comenzó a trabajar en el Ministerio la semana pasada, como estaba previsto, y yo mañana comienzo con clases de búlgaro con una bruja que vive no muy lejos de aquí. Es extraño comenzar el año sin ir a Hogwarts, ni sin todos vosotros. Creo que siete años juntos hacen que me acostumbre a estar cerca de mis amigos, y amigas, claro. Que extraño se siente el saber que no os veré durante dos años completos, casi. Os envío algunas fotos que nos hemos hecho por aquí y también de la casa.
Espero que os vaya muy bien en la universidad y en todo. Espero veros en las vacaciones de diciembre, creo que podré ir allí en año nuevo.
Con cariño y nostalgia,
Colagusano.
Para todos, las clases habían comenzado muy bien y aunque no estaban todo el tiempo juntos, como en Hogwarts, tenían más horas libres que estando en la escuela y las pasaban mayoritariamente en la casa. Tal como había sido para Samantha, les fue difícil acostumbrarse al ritmo tan exigente de las clases en la Universidad Mágica, pero finalmente lo habían conseguido muy bien.
Desde que el Señor Tenebroso había comenzado a escalar en el poder, con todos sus mortífagos siguiendo ordenes sin escrúpulo alguno, toda la comunidad mágica se encontraba en grave peligro, y los muggles también. Y aunque todos sabían que sus vidas no podían paralizarse por estos motivos, nunca estaba demás algún hechizo protector, la casa bien cerrada y extrema precaución en todo momento.
Sirius se aseguraba todos los días que Samantha no estuviera sola ni un minuto. La acompañaba por las mañanas a la Universidad y solo se iba cuando se aseguraba que ella estaba en buena compañía. Generalmente se veían en los descansos, almorzaban en una u otra sede y volvían juntos a casa después de clases.
Lo mismo hacía Mark, que estaba tanto o más preocupado que Sirius. Su hermano enviaba amenazas continuamente y Mark sabía que Anthony no dejaría las cosas así como así. Emily aún recibía amenazas de todo tipo e intentaba no hacerles caso, pero aún así muchas veces ocurrieron cosas extrañas a su alrededor que le probablemente eran sutiles ataques de mortífagos dirigidos a ella.
Lily vivía preocupada por lo que pudiese sucederle a sus padres, y los visitaba casi todos los días. Junto con James y el señor Potter había puesto una serie de encantamientos sobre la casa, de esos que el Ministerio siempre recomendaba en sus folletos. Y secretamente había puesto un poco de magia antigua sobre sus padres y su hermana.
Desde el primer día de clases, Lily entabló muy buena relación con la mayoría de sus compañeros, aunque como en todos lugares había los infaltables sangre limpia que despreciaban a los nacidos de muggles, aunque ahora las relaciones eran de más tolerancia que en Hogwarts.
Los Merodeadores, al igual que en la escuela, habían conseguido un buen número de admiradoras, además que los cuatro habían postulado al equipo de Quidditch de la Escuela de Aurores y habían sido seleccionados de inmediato. Emily y Sarah, cada una en su carrera, habían hecho buenas migas con sus compañeros también, aunque sabían de sobra que no encontrarían nunca amigos y amigas como los que ya tenían.
Las semanas pasaron rápidamente, en una vorágine de responsabilidades, estudios, salidas de chicas, salidas al Quidditch, escapadas de los Merodeadores a la Casa de los Gritos y un sinfín de actividades que los mantenían a todos siempre ocupados, con sus mentes llenas y corriendo de un lado para otro.
Era una de esas tardes, en que todos iban de arriba abajo por las escaleras, pasando a la cocina a buscar una manzana, sentados en los sillones de la sala hundidos en sus lecturas, encerrados en sus habitaciones estudiando o practicando hechizos, cuando sonó la campana de la puerta, con un repique tan insistente que los dejó a todos paralizados.
James, que era el que estaba más cerca de la puerta corrió a abrirla y se encontró con Andrómeda Tonks, la prima de Sirius, que venía entera vestida de negro, con un pañuelo blanco en la mano derecha, y cogiendo a su hija con la otra mano. Tenía el rostro bañado en lágrimas, y entre hipidos pidió hablar con Sirius.
James la condujo adentro, mientras Remus, que se había acercado a la puerta detrás de James, corría escaleras arriba para buscar a Sirius, que se encontraba en su habitación.
- ¿Drómeda? – susurró Sirius al llegar junto a su prima - ¿Qué tienes? ¿Le pasó algo a Tedd?
Ella negó con la cabeza, en silencio, y se echó a los brazos de su primo, sollozando con más fuerza aún, desconsolada, y con la respiración entrecortada. Sirius la abrazó automáticamente intentando reconfortarla, interrogando a James con la mirada, mientras éste se encogía de hombros y negaba sutilmente con la cabeza.
- Es el tío Alphard – murmuró Andrómeda luego de serenarse un poco – Esta mañana fui a su habitación, con el desayuno, como todos los días…
- ¡Oh, Merlín! – susurró Sirius con la voz tomada, adivinando lo que venía después.
- Y allí estaba él, en su cama… - continuó Andrómeda, derramando nuevas lágrimas – y parecía que dormía, Sirius… estaba tan tranquilo…
- Está bien, Drómeda; ya no llores – la consoló su primo, conmocionado.
No podía creer que su tío Alphard, su tío favorito, aquel enorme y fuerte hombre que siempre lo había cuidado y consolado, se hubiese ido para siempre. Se quedó allí, abrazado a su prima, más triste y solo de lo que nunca se había sentido, y derramó silenciosas lágrimas, sin percatarse de nada más que aquel vacío que sentía en su interior, y la irregular respiración de su prima.
Alrededor, todos los habitantes de la casa se habían reunido, en silencio, y se lamentaban y consolaban mutuamente por la muerte de aquel hombre que tan generoso y bueno había sido siempre con todos ellos.
Al día siguiente se realizó el funeral. Un representante del Ministerio, un hombre bajo y calvo, ofició la sencilla ceremonia fúnebre, y luego el cuerpo fue cremado con fuego mágico. Sirius se rehusó a dar un discurso, puesto que el nudo que tenía en la garganta la impedía hablar, por lo que Tedd Tonks dirigió unas palabras en nombre de la familia.
Luego de eso, el oficial del Ministerio se retiró, y todos comieron un almuerzo ligero, en silencio. La tristeza flotaba en el ambiente, y los más afectados eran Sirius y Andrómeda, que se habían mantenido juntos todo el tiempo, consolándose mutuamente.
Por la noche, luego que todos se hubieron ido a dormir, Sirius seguía en la sala, sentado frente a la chimenea, con la mirada perdida en las llamas.
- ¿Amor? – preguntó una voz cerca de su oído - ¿Estás bien?
Samantha rodeó el sillón donde Sirius se encontraba y se sentó junto a él, rodeándolo con un brazo y apoyando su cabeza en su hombro. El la abrazó también y le cogió la mano. No había pronunciado palabra alguna desde el día anterior, cuando Andrómeda le había contado, y no se sentía capaz de hablar en aquel momento tampoco, por lo que solo estrechó a Sam con fuerza y luego la besó el los labios, intentando así demostrarle su gratitud por su compañía y apoyo.
~*~
Cada vez se hacía más evidente que el verano había acabado, y el otoño se hacía cada vez más helado y ventoso. Soho Square amanecía todos los días cubierta de hojas marchitas de los ancestrales árboles, y desde muy temprano se podía sentir el leve olor del humo de las chimeneas.
Eran la segunda semana de octubre, y James había invitado a Lily a pasar el fin de semana en una pequeña isla perdida en medio del Mediterráneo, ya que su padre le había conseguido un traslador a la pequeña cabaña que los Potter habían comprado allí, muchos años antes.
Se encontraban recostados en la blanca arena de la playa, mirando el atardecer. Habían llegado unas horas antes, y luego de dejar sus bolsos en la cabaña habían bajado a la playa y observar el paisaje antes que el sol se ocultara tras el horizonte. Ahora, abrazados y cubiertos con una manta, miraban la infinita extensión de agua que se encontraba a sus pies, que reflejaba el color rubí del cielo, mientras a lo lejos el disco anaranjado el sol se hundía en el agua.
Sopló una leve brisa fría, y Lily se acercó más a James en busca de calor, y él le respondió estrechándola con fuerza y besándola suavemente en los labios.
- Nunca me habías contado de esta cabaña – comentó Lily en cuanto se separaron un poco.
- Hace muchísimo que no venía… - respondió él en voz baja – Y la verdad es que fue idea de papá venir aquí – añadió.
- ¿Y por qué? – preguntó ella, curiosa.
- Bueno, por que le pedí un consejo, y me dijo que este sería un buen lugar – comentó James, con naturalidad.
- Un buen lugar, ¿para qué?
-No seas tan curiosa, pelirroja. Disfruta del atardecer – le respondió él zanjando el tema.
Volvieron a sumirse en el silencio, roto ocasionalmente por alguna gaviota extraviada que gaznaba llamando a sus compañeras, y el suave choque de las olas contra la arena.
Cuando estuvo oscuro y la temperatura descendió varios grados más, volvieron a la cabaña, donde estaba la chimenea encendida, y la temperatura era agradable.
Prepararon la cena entre los dos, entre risas y besos, y cuando por fin hubieron terminado era casi media noche, y luego de haber comido tanto desde las ollas, ya no tenían hambre, por lo que simplemente hechizaron todo para que se lavara solo; y mientras Lily iba a la habitación para ponerse el pijama, James apagó luces y encendió velas, dándole al lugar un ambiente romántico.
James se acercó a Lily en cuando ella entró en la habitación, rodeándole la cintura con un brazo y enredando su otra mano en su cabello mientras la besaba.
Lily respondió el beso de inmediato, pasando sus brazos alrededor de su cuello, despeinándole el cabello, mientras el beso cada vez subía más y más de intensidad y casi sin darse cuenta, caminaban a ciegas hacia la habitación, donde la única luz provenía de las velas que flotaban sobre la cama.
Se deshicieron de las ropas, que lo único que hacían era estorbar en aquellos momentos, y cayeron a la cama, apremiados por el deseo y entregándose mutuamente, e hicieron el amor como nunca antes lo habían hecho.
Cuando hubieron terminado, colapsando de placer, permanecieron abrazados, entrelazados, sobre la cama, cubiertos a penas por la blanca sabana de seda. James tenía cu cabeza apoyada sobre el pecho de Lily, y ella le acariciaba la cabeza, pasando sus dedos entre el alborotado cabello de él.
- ¿Lily? – preguntó James luego de unos minutos, alzando un poco la cabeza para mirarla a los ojos.
Ella le devolvió la mirada, dándole a entender, en silencio, que le estaba poniendo atención. James entonces se levantó de la cama y fue a buscar algo dentro de su bolso, respirando profundamente mientras buscaba. Ella lo miraba intrigada por su actitud, como si estuviese nervioso, son dejar de admirar su ancha y musculosa espalda, su trasero, sus firmes piernas, sus fuertes brazos. Empezaba a sentir el calor del deseo recorrerle el cuerpo nuevamente, cuando él se volteó para mirarla, con la mano derecha oculta tras su espalda.
James volvió a acomodarse junto a Lily, abrazándola por la cintura e inclinándose sobre ella para besarla levemente en los labios, mientras escondía la mano derecha bajo una almohada.
- Me he estado preguntando – comenzó James – ¿qué pensarían tus familiares si nos vieran a ambos vestidos con túnicas…? los que no saben que eres una bruja, claro…
- Yo creo que les parecería muy extraño – respondió Lily, sin entender a donde quería llegar James con la conversación.
- Bueno, mejor ocuparnos de eso en su debido momento – dijo James entonces, en voz baja.
- ¿Momento de qué? – preguntó Lily intrigada por saber de qué diablos hablaba su novio.
- El momento de hacer la lista de invitados y enviar las invitaciones y todas esas cosas – respondió James con toda naturalidad.
- ¿Invitados? Invitar ¿a quién? ¿a qué? – preguntó ella, más intrigada.
- A nuestra boda, por supuesto – respondió James, como si aquello fuese lo más obvio del mundo.
Lily lo miró con la boca abierta de la impresión, conteniendo la respiración, sin saber cómo reaccionar o qué decir. ¿Boda? Aquello la había tomado completamente por sorpresa; nunca lo habían hablado.
- ¿De qué hablas? – logró articular finalmente, en voz muy baja.
James se incorporó entonces y, arrodillándose a su lado, sobre la cama, sacó una pequeña cajita forrada en terciopelo de debajo de la almohada donde había escondido su mano, la abrió, mostrándole su contenido a Lily, y susurró, con voz ronca:
- ¿Quieres casarte conmigo, Lily Evans? – preguntó, con los ojos brillando de anticipación, con el cuerpo tenso, y más ansioso de lo que nunca se había sentido en su vida.
Lily lo miró aturdida por unos segundos para luego mirar dentro de la pequeña cajita forrada en terciopelo, donde había un fino anillo de oro blanco con una pequeña esmeralda como único adorno. Se quedó muda por segundos que a James le parecieron horas, mirando alternadamente a James y al anillo, sin poder articular palabra. Claro que lo había pensado muchas veces, casarse con James era uno de sus sueños desde que descubrió que se había enamorado de él, y justo cuando debía gritar que si, que pasaría toda la vida junto a él, se había quedado muda de la impresión, por que a pesar del anterior comentario de James, había pensado que solo había sido una broma y el asunto la había tomado por sorpresa. Tosió un poco para aclararse la garganta.
- ¡¡Claro que si!! – exclamó por fin lanzándose en los brazos de James, que la recibió con una enorme sonrisa y la besó con ternura, intentando demostrarle lo feliz que se sentía – No me esperaba algo así, mi amor. Es hermoso – añadió sacando el anillo de la cajita.
- Bueno, si te lo hubieses esperado no habría funcionado mi sorpresa – respondió James divertido, tomando el anillo para ponérselo a ella – Me haces muy feliz, Lily. No te imaginas – añadió más seriamente sin dejar de sonreír.
- Y no te imaginas como me siento yo, amor – susurró Lily nuevamente sobre el pecho de James sin dejar de mirar su nuevo anillo – Es hermoso – susurró.
El resto del fin de semana se pasaron las horas disfrutando de la pequeña isla, celebrando su compromiso, haciendo planes para la boda, decidiendo cómo y cuándo les contarían a sus amigos y familia que se casarían, a quienes invitarían, cuándo sería la boda, dónde irían de luna de miel. Y los días se les pasaron más rápido de lo que hubiesen querido, y pronto ya tenían todo listo para coger el traslador que los llevaría de regreso a Londres.
- Lily, espera – dijo James un minuto antes que se activara el traslador – Guárdate el anillo, tengo una idea – Lily lo miró haciendo pucheros – Vamos, amor; será sólo por un par de días.
Rápidamente, antes que el traslador se activara, Lily se quitó el anillo (muy a su pesar), lo guardó en el bolsillo de su pantalón, y tocó el traslador en el momento preciso en que comenzaba a brillar con una leve tonalidad azul, y un instante después sentía aquella conocida sensación de un gancho halándola por debajo del ombligo.
Dos segundos más tarde se encontró a si misma en medio del salón de su casa, con James a su lado. Estaba contenta, después de todo lo que había pasado durante el fin de semana, y sentía como su un globo enorme se fuera inflando en su interior, quería gritar a los cuatro vientos que se casaría con James, pero la imagen que llegó a sus ojos en cuanto se incorporó la hizo olvidar por un segundo su globo y el anillo que guardaba en el bolsillo de su pantalón.
Contrario a lo que había pensado, la sala estaba abarrotada de gente, o por lo menos eso le pareció. Esparcidos por todo el lugar estaban las chicas, los Merodeadores, Andrómeda y Tedd Tonks, Henry Potter, Frank Lewis, el profesor Dumbledore y la profesora McGonagall, Hagrid ("por eso la sala se ve tan abarrotada", pensó Lily), y unas cuatro personas que ella jamás en su vida había visto.
- ¿Qué sucede aquí? – preguntó James, igual de sorprendido que Lily al ver la gran cantidad de personas que parecían estar esperándolos.
Lily miró a sus amigas, preguntándoles en silencio qué estaba pasando, pero ellas sólo se encogieron de hombros, puesto que tampoco sabían de qué se trataba todo aquello. Entretanto James había pasado la mirada desde los Merodeadores a su padre, quienes también se encogieron de hombros negando con la cabeza.
- Sé que esto debe parecer confuso – comentó el profesor Dumbledore luego de saludarlos – y os aseguro que todo quedará aclarado en unos minutos, es solo que no quiero tener que contar toda la historia dos veces y aún estamos esperando a un par de personas.
Volvió a reinar el silencio en la habitación luego de las palabras del profesor, y en vista que aún tenían algo de tiempo, James y Lily se disculparon para llevar su equipaje a sus habitaciones, siendo seguidos prontamente por Sirius y Samantha.
- ¿Qué sucede? – volvió a preguntar James, una vez que estuvieron los cuatro en la pequeña salita de estar del segundo piso.
- Cuento corto – dijo Sirius – Hagrid nos escribió ayer peguntando si estábamos todos y si podíamos hacer una pequeña reunión con "algunos amigos" aquí, por lo que le dijimos que ustedes no volverían hasta hoy por la noche…
- Entonces Hagrid nos pidió que lo esperáramos hoy – continuó Samantha – Luego llegó el profesor Dumledore con la profesora McGonagall y aquellas personas que estaban junto a ellos…
- Y al final también aparecieron Drómeda y Tedd y Frank y también Henry – finalizó Sirius.
- ¿Y qué se supone que es esta reunión? – preguntó Lily.
- No lo sabemos – respondió Sirius –. Ni Hagrid ni nadie quiere decir una palabra antes que lleguen los demás… ni siquiera sabemos a quién más esperamos.
Antes que alguien pudiese añadir otra palabra, la campana de la puerta repicó y los cuatro bajaron rápidamente hasta el hall de entrada, donde se encontraron con que Kairy (la elfina doméstica) ya había abierto la puerta y estaba recogiendo las capas de Frank y Alice Longbottom. Eran un par de años mayores que los Merodeadores y las chicas, se habían graduado el año anterior de la escuela de Aurores y se habían casado ese mismo verano.
- ¡Frank! – saludó James, acercándose – Supongo que estarás tan intrigado como todos nosotros con esto…
Se saludaron efusivamente y luego se dirigieron todos a la sala. Aparentemente los Longbottom eran los únicos que faltaban, puesto que de inmediato el profesor Dumbledore se puso de pie y se posicionó en un lugar desde el cual todos pudiesen verlo y oírlo con claridad.
- Primero que todo – comenzó, sin alzar la voz, conciente de que todos lo escuchaban con gran atención – quiero pedirles disculpas a los dueños de esta casa por abusar así de vuestra hospitalidad…
Las chicas y los Merodeadores murmuraron tratando de quitarle importancia al asunto, pero sin demorarse demasiado; estaban todos muy intrigados por lo que fuera que el profesor Dumbledore tuviese que decirles, y como ya se estaba dando demasiadas vueltas, estaban realmente impacientes.
- Muy bien – continuó el anciano profesor – Es necesario ahora hacer las presentaciones. Cómo todos deben saber, este de aquí es Rubeus Hagrid – comenzó señalando al semigigante que se encontraba en la parte trasera de la sala – Aquí están mi gran amigo Elphias Doge; Alastor Moody; la profesora McGonagall, por supuesto; Edgar Bones y Caradoc Dearborn.
Mientras los nombraba, iba señalando a cada persona. Elphias Doge era un mago bajito que llevaba un gracioso sombrero. Alastor Moody era impresionante por su altura y las cicatrices que adornaban su rostro. Los dos últmos, Edgar Bones y Caradoc Deraborn estaban un poco apartados y miraban alrededor en silencio.
- Y mis queridos alumnos – continuó Dumbledore –; más bien, mis ex alumnos – añadió antes de presentar a las chicas y los Merodeadores uno por uno –. También está un alumno un poco mayor, Frank Lewis, sanador en San Mungo; Frank y Alice Longbottom, recién graduados de la Academia de Aurores; Tedd y Andrómeda Tonks, y otro buen amigo del Ministerio, Henry Potter.
» Sé que están todos preguntándose por qué diablos los he citado a todos aquí. Todos ustedes sois magos y brujas excelentes, que han demostrado de diferentes maneras sus capacidades y fortalezas, y sobre todo dónde recae su lealtad y hacia donde están dirigidas sus convicciones y valores morales y sentimentales.
» Todos aquí tenemos motivos para luchar contra Lord Voldemort – contunuó, haciendo caso omiso a quienes se estremecieron al oír aquel nombre –: Para algunos es la seguridad de nuestras familias y nuestros seres queridos, para otros es el bienestar y tranquilidad de la comunidad mágica, para otros también puede ser por motivos completamente personales. Todos tenemos motivos, y es por eso que os he pedido a todos que estéis aquí este día.
Miradas de curiosidad cruzaban la sala de un lado a otro, todos en silencio esperando oír lo que el profesor Dumbledore tenía que decir. Solo Hagrid y la profesora McGonagall parecían relajados, mientras que todos los demás esperaban ansiosos; pero el profesor Dumbledore había hecho una pausa, para mirar cada rostro y decidir con qué palabras continuar su discurso. El silencio se volvía cada vez más tenso a medida que los segundos pasaban, y muchos ya habían comprendido la intención de las palabras del profesor, pero no habían dicho una palabra aún.
- Siento algo así como una necesidad de hacer algo para acabar con esta guerra silenciosa – continuó Dumbledore –. No quiero presionar ni obligar; quiero pedir. Quiero pedirles a todos ustedes, que consideren la idea de unir nuestras fuerzas, nuestras estrategias, nuestras posiciones en el mundo mágico, nuestras amistades… Un grupo de gente dedicado a combatir a Voldemort y sus seguidores…
En ese momento una llamarada explotó medio metro por sobre la cabeza del director y un instante después un fénix aterrizó suavemente en su hombro derecho, entonando una suave nota, que se mantuvo en el aire, como un fantasma suave y melodioso, incluso unos segundos después que el ave dejara de cantar.
- La Orden del Fénix – finalizó el director, acariciando las suaves plumas de Fawkes, mientras veinte pares de ojos lo miraban fijamente; mezclando sorpresa, miedo, angustia, precaución, indecisión y un sin fin de sentimientos.
El silencio se hacía cada vez más opresivo, y nadie se atrevía a decir sus pensamientos en voz alta aún.
Ok, me voy a huelga!! Cómo puede ser que no me dejen ni la más pequeña crítica, aunque sea para lanzar tomates?? en serio ... uno publica no solo para alimentar sus ansias de lectura, sino también para sentirse retribuido de alguna manera ... ¡¡Estoy exponiendo mi alma aquí, por Merlín!! Y GRATIS!!! Así que lo menos que yo y mi musa podemos esperar es un poco de empatía!!
He dicho!!
