Hola a todos. Aquí les traigo este nuevo capítulo. No olviden dejas sus Reviews. Sin más, a leer.
Capítulo 02: Lucha Mental
Desperté. Desperté y lo primero que hice fue observar el lugar en el que me encontraba. A pesar de que lo negara, no podía engañarme. Volvía a estar en la casa donde, cuando mi mente no fue más que recuerdos perturbadores que me agobiaban, fui cuidado por una eriza que pasó sus últimos momentos entregando todo su amor a mí, al igual que yo entregué mi alma a ella. "Vivía un recuerdo dentro de mi mente, y no podía detenerlo… o, tal vez, no quería detenerlo".
Inicio del Flashback
- Buenos días Shadow. – Saludó ella, María, viéndome tiernamente con sus bellos ojos.
- Buenos días, María. – Le devolví el saludo. Alargué mi mano y acaricié las bellas y largas púas de su cabeza. El roce de mi mano provocó que se sonrojara, lo cual me alegraba. Ella acercó su rostro al mío, y sus labios besaron mi frente.
- Voy a ducharme. – Me avisó, levantándose de la cama y comenzando a salir de la habitación.
- Wait (Espera). – Dije, deteniéndola. – Antes de salir, llena la tina por mí. – Le pedí, a lo que asintió con una sonrisa. Al pasar los minutos, ella volvió a entrar a la habitación. Lo único que cubría su hermoso cuerpo era una toalla corta, de color verdoso.
- Ya está todo listo para tu baño. – Me informó, mientras alargaba su brazo y mano como señal de que debía darle su espacio para cambiarse.
- Me temo que no. – Le expresé, dejándola confusa. – Me falta mi acompañante. – Le dije, dejándola pasmada. Con rapidez, la cogí y la cargué en mis brazos. De camino al baño, ella me exigía que la soltara y que no me atreviera a la idea que tenía en mente. Yo, por mi lado, no le hice caso. Ya frente a la tina le quité su toalla, dejando su cuerpo expuesto, y la dejé a un lado donde no se mojara. La metí a ella primero en la tina, volviendo a mojar todo su pelaje que ya estuvo seco, y luego entré yo. Ambos estábamos de frente y describir su mirada de enojo me era imposible. Alargó sus manos cerca de mi cuello y hacía una representación como si me quisiera ahorcar con todas sus fuerzas.
- Shadow…– Pronunció mi nombre seriamente, sin emoción alguna. Me miró, a lo que su expresión seria causaba que me sintiera avergonzado por lo que hice. Pero, lo que me sorprendió es que luego de un suspiro, comenzó a reírse. –… Si querías que te acompañara, solo debías pedírmelo. – Explicó, dejándome sin palabras. Aun pensativo, se acercó a mí y me abrazó. – Jamás me negaría a estar contigo. – Dijo con ternura, dándome un beso en mis labios. Mientras me besaba, con mis manos comencé a acariciar su cuerpo suavemente. Ella se separó de mí y moviendo su cabeza, me decía que no. Lamentablemente, al ver su rostro sonrojado, decidí seguir. Cogí la pequeña cadena del tapón de la tina, sacándolo de su lugar para que el agua se drenara.
- Creo que el baño tendrá que esperar. – Le comenté, besándola y acostándola en la tina. Al comienzo, trató de zafarse de mis manos, pero al final terminó dejándose llevar y, así como yo acariciaba su cuerpo, ella acariciaba el mío. Su roce hacía que cada nervio mandara una señal eléctrica a mi cerebro que me volvía loco, ansiando no detenerme nunca. Cuando María y yo ya estuvimos lo suficientemente excitados, coloqué mi miembro erecto en su entrada intima. Con lentitud y cuidado lo introduje, provocando que su respiración aumentara. Ya dentro de su interior cálido, comencé a moverme, pero antes entrelacé mis dedos de las manos con los de María. Nuestros cuerpos estaban tan unidos que podía sentir y escuchar sus latidos del corazón, y se oía como si fuera el ritmo de un tambor. Al pasar los minutos, sentí que ya llegaba al éxtasis, al igual que ella, ya que sostenía mis manos con todas sus fuerzas; Y al final, me corrí en su interior, provocándole que soltara un gemido de placer.
- This is… amazing (Esto es… increíble). – Recalcó, con una sonrisa de satisfacción en su rostro. – I love You (Te amo). – Comentó con una voz un poco apagada, dándome un beso en mis labios. Acaricié su rostro y mi corazón ahora solo sentía tristeza. Sonaba ilógico luego de lo que acabamos de pasar, pera ahora se había quedado dormida. Días a día tenía que ver como sus energía disminuía, quedándose incluso dormida después de desayunar o cualquier comida. La enfermedad, la cual ella no me quería darme un nombre preciso, estaba destrozándola. María trataba de que no viera los muchos pañuelos que se manchaban de sangre cuando tosía. "Quería confrontarla y que confiara más en mí, pero tenía miedo que nuestra discusión solo la lastimara".
- Ahora sí, es hora del baño. – Dije en broma, esperando que ella respondiera pero la verdad es que seguía durmiendo, o estaba inconsciente. Soltando un suspiro, abrí la llave y llené la tina, para bañarla y dejarla impecable.
- Despierta, bella durmiente. – Dije con un tono suave. Los párpados de María se abrían con lentitud. – El desayuno está listo. – Con un bostezo, vi como levantó un poco las sabanas que la arropaban pero se detuvo. Con rapidez, se acurrucó de nuevo.
- ¿Por qué no tengo nada puesto? – Preguntó un poco molesta, fulminándome con la mirada.
- Pensé que era innecesaria. – Le respondí con un tono lujurioso. – Aquí tengo dos tazones de cereal, y no puedes comer con las manos bajo las sabanas. – Le expresaba, a lo que se resignó.
- Tú solo quieres verme desnuda. – Comentó, desabrigándose y dejando a la vista su espléndido cuerpo.
- Yo siempre estoy desnudo y no digo nada. – Recalqué, a lo que ella arqueó una ceja.
- Tú eres un macho. La mayoría de los machos pueden estar desnudos sin problemas ya que su pelaje les cubre. Yo soy hembra y nuestro pelaje no oculta nuestras áreas… íntimas. – Explicaba, para luego coger la cuchara y comer de su tazón grande de cereal.
- Siento lo de esta mañana. – Me disculpaba, sintiéndome apenada.
- Esa disculpa no vale nada… ya que yo lo disfruté mucho. – Dijo con una sonrisa de orgullo en su rostro. Tomé los tazones luego de finalizar nuestro desayuno (más bien almuerzo por ser casi las 11:20 am) y los llevé a la cocina, para lavarlos. Al volver, me encontré que María tenía la compañía de los dos Chao que se refugiaban aquí. Uno era un Dark Chao, conocido como Demon (Demonio), y el otro era un Hero Chao, conocido como Ángel. Ambos abrazaban y jugaban con María, mientras soltaban pequeñas tonadas que alegraban el ambiente. "Verla tan alegre me recomponía el alma…".
Desperté, notando que aún era de día y María seguía dormida. Después de que María se divirtiera con los Chao, ellos se retiraron, dejándonos solos. Aunque no puedo negar que no me hubiera molestado en hacer lo mismo que hicimos en la mañana, sabía que ella aun no tenía fuerzas para nada. Los Chao la invitaban a que saliera de la cama y que los persiguiera, pero ella solo les negaba con la cabeza. Ya no era como antes, y cuando dormía yo lloraba en silencio sabiendo que un día la perdería. "Pero era algo de lo que me preocuparía otro día".
Con un poco de malicia la desabrigué, para acariciar su cuerpo. No me temía que se despertara, ya que no era la primera vez que lo hacía.
- Me pregunto cómo reaccionarías si supieras lo que hago. – Me pregunté a mí mismo.
- Shadow… Que tenga los párpados cerrados, y no me mueva, no significa que no sé lo que haces. – Escuché decirme, atrapándome en el acto. Yo quedé pasmado, con mis manos sosteniendo sus senos, y mi cuerpo temblando un poco. – What up? (¿Qué pasa?) ¿Es que no piensas continuar? – Preguntó, mostrándome una sonrisa.
- Haré todo lo que te haga feliz. – Le dije con confianza, acariciándola con más libertad. Aun me sentía apenado por descubrir que mi secreto "no era tan secreto"; pero no había nada que pudiera hacer, solo disfrutar.
A mitad de nuestras caricias, María me pidió que me detuviera. Al principio no quise, pero su mirada me mostró que esta vez no permitiría que llegara tan lejos como lo hice en el baño. Me separé de ella, no sin antes darle un beso en sus deliciosos labios. Ella se puso una bata de baño, y salió de la habitación, diciéndome saliera de la casa como a las 5:30 pm para darme una sorpresa, y que no me atreviera a ir antes de tiempo. Yo le asentí, quedando recostado en la cama y escuchando el sonido de la puerta al cerrarse. Miré el reloj, siendo las 5:03 pm, y deseé que el tiempo volara para ver lo que me había preparado.
La espera fue tortuosa, en especial cuando cerraba los ojos, lo abrí y los minutos no pasaban, pero ya era el momento de salir. Miré por la ventana, pero no hacia abajo para no dañarme la sorpresa que me tenía, y detallé que el día de hoy atardecería más temprano de lo habitual. Dejando de pensar en tonterías, salí de la habitación con mucho entusiasmo y al volver en sí, ya estaba frente a la puerta. La abrí y salí, dando unos cuantos pasos para ver una escena que me dejó sin habla.
- ¿Te gusta mi nuevo look? – Preguntó, pero no pude responderle inmediatamente porque aún seguía sin habla. Ella notó esto y solo se rió.
- Estás… estás… ¡Estás desnuda fuera de la casa! – Le recalqué al volver en sí, lo que provocó que ella se riera con más ganas por mi actitud. – Además, estas usando mi look. – Le expresé, porque así era. Además de desnuda, las púas de su cabeza las había arreglado de algún modo (puede que con gel) para parecieran al mismo estilo que las mías; sin mencionar que en sus manos y pies portaba mis guantes y mis zapatos especiales (Air Shoes).
- "Mírenme, Soy Shadow y no me da pena caminar desnudo; pero pierdo la cabeza si veo que la chica que amo hace lo mismo". – Dijo en un tono grueso, tratando de imitar mi voz en forma de burla. – "Soy el erizo más rápido, y nadie me puede ganar". – Seguía diciendo, tratando fallidamente de imitar mi voz. – "Y si no me creen, lo pondré a prueba". – En esto, comenzó a deslizar mis zapatos como patines, imitando mi forma de correr. – "Nadie me puede detener y…" – En un momento de sus muchas palabras, yo dejé de escucharlas. La verdad, nuevamente mi atención se fijó en lo esplendido que se veía su cuerpo. Los movimientos corporales que hacía solo causaban que me excitara. En un momento, me asusté al ver come se detuvo de improvisto y se me quedó viéndome; y quedé confuso al ver cómo me hacía un saludo militar.
- ¿Por qué haces eso? – Le pregunté, viendo como parecía aguantarse las ganas de reír.
- Me pongo igual de firme que nuestro amigo presente. – Declaró, haciendo que viera hacia abajo y descubriendo que mi miembro estaba erecto. Con mis manos tapé mi miembro, sintiéndome sumamente avergonzado. Ella no aguantó más las ganas de reír, y sus risas parecían gritos, a punto que en unos momentos casi se ahoga. – Verte así de apenado no tiene precio. – Expresó, acercándose a uno de los arboles – Realmente no tiene precio. – Seguía recalcando, dándole pequeños golpes al árbol y muriéndose de la risa, dándome la espalda. .
- Ahora es mi turno. – Le dije, posándome detrás de ella, tomándola desprevenida. Agarré sus manos contra el árbol y comencé a besar su cuello. Acerqué mi miembro a su intimidad y comencé a rozarlo una y otra vez. Pequeños gemidos de placer salían de su boca, así como su rostro se sonrojaba. – ¿No piensas hacer un chiste sobre esto? – Al finalizar esta pregunta, introduje un poco mi miembro dentro de su intimidad.
- Esto no era parte de mi plan. – Dijo, girando un poco la cabeza y viéndome. – ¿Qué- Qué tal si mejor continuamos en nuestra habitación? – Me preguntó, mientras yo sentía como su cuerpo comenzaba a temblar un poco, ya que nuestras relaciones íntimas siempre eran en algún lugar dentro de la pequeña casa.
- Esta vez te diré que no. – Le respondí, dejándola sin habla. Introduje mi miembro, sintiendo el calor de su interior. Me comencé a mover, aumentando el placer que brotaba. Nuestras respiraciones eran fuertes, al igual que nuestros latidos. A medio camino, tuve que soltar las manos de María para poder sostenerla un poco de sus muslos, ya que no tenía fuerzas para mantenerse de pie. Después, seguimos y seguimos hasta que llegamos a nuestro éxtasis. Saqué mi miembro de ella, y lentamente la ayudé a sentarse en el césped. Vi cómo se quitó lo pedazos de corteza de árbol que se le adhirieron a sus pecho. Yo solté una pequeña risa, pero ella me veía seriamente.
- Esta… será la única vez que hacemos esto. – Dijo, señalándome con el dedo.
- Como tú quieras. – Le afirmé.
- Aunque no niego que el placer fue grandioso. – Contó al final, dejándome una pequeña esperanza de algún día hacerlo en otro lugar afuera de la casa. Vi hacia el cielo y ya estaba comenzando a anochecer.
- María… ¿Por qué no vemos que más se puede hacer con tu enfermedad? – Le pregunté, viendo como me miró, dejando de verme con cariño, con algo de enojo. – Estar contigo es lo mejor que la vida me ha podido dar. Ya no me importa quien fui, si estoy a tu lado. Pero, sabiendo que morirás, quiero ver si aún se puede luchar. – Le expresaba, pero ella negaba con la cabeza.
- Shadow, Please (Por favor)…– Trató de evadirme levantándose para irse a la casa, pero yo la agarré del brazo y la hice caer a mi lado.
- ¡Yo quiero que luches! ¡Si no lo haces por ti, hazlo por mí! Fight, dammit! (¡Lucha, maldita sea!) – Le gritaba de frente casi en lágrimas, agarrándola de sus hombros para evitar que tratara de huir.
- Shadow… me lastimas. – Expresó con dolor, a lo que la solté. Lloré al ver cómo quedó cerca de sus hombros una marca roja con la forma de mis manos. En esa parte ella se sobaba, mientras unas cuantas lágrimas brotaban sus ojos y se deslizaban por su rostro. Me paré y retrocedí alejándome de ella. Di varios suspiros y la vi.
- María…– pronuncié su nombre, atrayendo su atención. – Si me perdonas por lo que acabo de hacer, te estaré esperando en la cocina. Voy a ir a preparar tu platillo favorito. – Le informé, pero no hubo ni una sonrisa o expresión que me hiciera deducir si me perdonaría. Así que, sin más, ya era hora de entrar…
Fin del Flashback
No sabía cómo explicarlo, pero una figura mía fantasmal desapareció antes de entrar a la casa. Había vuelto a recuperar el control de mi cuerpo. Giré, volviendo a ver a esa eriza rubia. "¿Por qué no podía simplemente olvidarla? ¿Era tan difícil?"
- ¿Me odias, verdad? – Preguntó, aun sobándose las manos en el área de donde la lastimé, a lo que me volteé creyendo que el recuerdo seguía en curso; pero no había nadie detrás de mí. – Respóndeme, por favor. – Pidió, a lo que entendí que era directamente conmigo. Pensé en palabras que no pudieran herirla, pero si quería desahogarme esta era mi oportunidad.
- Una parte de mí si te odia. – Le contesté al final, notando como su cara se llenaba de tristeza. – Como no odiarte si me distes los mejores días de mi vida, desde que me descongelaron, y me los arrebataste. – Le expresé.
- Era por un bien mayor. Si no lo hubiera hecho, el mundo habría perecido. – Trató de sustentar, pero a mi mente le podía importar menos eso.
- ¡Al diablo con el mundo! ¡Yo quería permanecer a tu lado! – Grité con ira. A pesar de mi enojo, María se levantó con un poco de esfuerzo y se acercó a mí, abrazándome. – Apareces tanto en mi mente que ya dudo si de verdad moriste. – Le comenté, dejándola en silencio por varios segundos.
- Yo… yo…– Comenzó a titubear, como si no quisiera responderme o no tuviera la respuesta.
- Dime la verdad. Es lo mínimo que merezco. – Le recalqué, observando sus bellos ojos llorosos.
- Shadow… no sabes lo mucho que quiero decirte que…– En eso, cortando la frase, se quedó sin habla. Su vista fija sobre mi hombro me hizo separarme de ella y voltearme. Antes de tan siquiera ver de quien se trataba, una cadenas se ataron a mis tobillos y muñecas, colgándome.
- Es bueno verte, hijo. – Dijo una voz que reconocí al instante.
- ¡Black Doom! – grité su nombre, mientras él solo sonreía. Me perturbaba que su apariencia no era la de antes. Ahora tenía mi aspecto, excepto por un tercer ojo en la frente, y los otros dos se encontraban en blancos. Miré a María, quien temblaba de miedo a cada paso que se acercaba. – Aléjate de ella. – Le exigí, pero era inútil. Agarrándola de su cuello, la levantó y comenzó a dejarla sin aire. Chasqueó los dedos y, a excepción de ella, todo lo demás comenzó a distorsionarse.
- No eres un simple recuerdo, o una ilusión de él. Eres una conciencia. – Explicaba, callando los ruidos que hacía maría al asfixiarse. – La pregunta es ¿Eres una conciencia que se niega a morir o estás proyectándote en la mente de Shadow desde el mundo físico? – Preguntó. En un segundo, una caja metálica apareció y la tiró dentro de ella. – Luego te veré, preciosa. – Le dijo, cerrándola
- Sácala de allí, o si no…–
- No hay amenazas que puedan hacerme daño, hijo. – Dijo, alejándose de la caja, acercándose lentamente hacia mí. Su mirada se quedó fija en mí. – Teníamos un destino. Todo estaba preparado. Lo único que debías hacer era obedecerme sin objetar nada y habríamos iniciado un imperio galáctico tu y yo, juntos. – Comentaba con un tono de enojo y decepción hacia mí.
- Sigue soñando. Encontré un mejor camino. –Le recalqué.
- Sí, ese camino me mató en cuerpo pero pude dejar mi conciencia en ti. Solo debía esperar el mejor momento para atacar y… erradicarte. – Comentó, sonriendo.
- No tomarás mi cuerpo. No puedes hacer nada. – Le decía, pero se quedó pensativo.
- Shadow, ¿últimamente no te has sentido inseguro, triste, enojado, adolorido… y otras cosas? – Preguntó con una sonrisa de satisfacción al describir mis emociones. – Yo he estado arañando esas partes de ti, para cuando llegara esta confrontación… tú mismo me cedieras el puesto. –
- Eso no pasará. – Le dije fulminantemente pero él solo chasqueó los dedos, cambiando la imagen a mi alrededor. Las cadenas que me sostenían desaparecieron, pero mi cuerpo parecía haberse congelado. "Estaba inmóvil y a su voluntad". Pero lo peor fue ver qué lugar decidió poner ante mí.
- El A.R.K. ¿No te parece hermoso? – Preguntó sarcásticamente. – Claro, sin los cadáveres. – Mencionó, mientras se daba la sensación de que los pasillos se movían y los recorríamos todos a una gran velocidad. Vi los cadáveres de los muchos científicos que sufrieron la masacre por parte de G.U.N. Lo peor fue cuando me llevó de vuelta a ese lugar, al lugar donde mi familia murió.
- Si vas a matarme, mátame ahora. – Le dije con rabia, pero aun sonando como una petición.
- Shh, aquí esta lo bueno. – Comentó, mientras dos soldados, con los rostros tapados por máscaras de gas, entraban a la sala.
- ¿Tienes los datos? – Preguntó uno de ellos.
- Una pequeña parte. Los muy idiotas soldados dañaron los servidores y se perdió gran parte de la investigación. – Le respondió el otro.
- Es decir, no sacamos nada al habernos infiltrado en esta misión. – Dijo uno de ellos, acercándose a María. Ante mi mirada atónita, "el cadáver de María hizo pequeños movimientos".
- What the f…– Dijo uno de ellos apuntando su rifle de asalto.
- Sha-dow…– Pronunció María mi nombre con esfuerzo y con una voz poco audible.
- Tranquila, él está bien. – Dijo uno de ellos, agachándose un poco. Se quitó su máscara, mostrando su rostro, causándome una ira al reconocer a quien se parecía. – Tú también estarás bien, te lo aseguro. – Le comentaba, provocando que una sonrisa de esperanza emergiera de ella. Pero, tan de repente como despertó, se desmayó. Él, quien me recordaba perfectamente a Schmidt, el chico serpiente con quien peleé antes, por ser casi idéntico, le había inyectado algo.
- Va a ser increíble tener a la mismísima María Robotnik, viva, en nuestro catálogo de muestras de experimentos. – Expresó su compañero.
- Eso no te lo puedo negar. – Le afirmó sus palabras. – Michael, trae una bolsa de cadáveres "especiales" a nuestra ubicación para poder trasportar a María Robotnik, junto con los otros especímenes, al Sector X-23. – Informó por radio, a lo que recibió una respuesta positiva. – Tendremos material suficiente para las próximas décadas. – Comentó con felicidad, poniéndose nuevamente la máscara. Instantáneamente, ellos desaparecieron como si fueran fantasmas.
- Voy a disfrutar esto. – Dijo Black Doom, dándome un puñetazo en la cara. Quise moverme, pero mi cuerpo estaba pasmado, a lo que aprovechó para lastimarme a su voluntad.
- Pelea como hombre. – Le exigí, pero el comenzó a reírse.
- No soy un idiota para hacer eso. Mejor jugaré a lo seguro. – Expresaba, tirándome al suelo y dándome patadas. – Te eliminaré y usaré tu cuerpo para hacer que todos se arrodillen ante mí. – Comentó de manera lunática, dándome una paliza enorme.
- "Ya no puedo hacer nada". – Pensé, perdiendo todas las esperanzas. Sin embargo, no permitiría que esto terminara así. "No de esta manera".
- Ya basta. – Le dije, levantándome. Ante su mirada atónita, me acerqué a él. Él trató de defenderse a su manera, proyectando imágenes de los asesinatos que me rodeaba, y de mis errores frente a situaciones fallidas.
- Deberías haber caído con todo lo que te mostré. Debí haberte destrozado mostrándote un destino peor que la muerte para tu amiga. – Trataba de defenderse al sentir mis manos sobre su garganta.
- No sé si lo que me mostraste son recuerdos verdaderos o falsos. Solo sé que esto termina ahora. – Dije.
- ¿Por qué no te mueres? – Preguntó temeroso.
- Because, I am the power! I am the balance! I am Shadow the Hedgehog, the Ultimate life form!... (Porque, ¡yo soy el poder! ¡Soy el equilibrio! ¡Soy Shadow the Hedgehog, la Forma de vida Definitiva!)... y este es el final de tu partida. – Le dije con orgullo, lanzándolo dentro de la misma capsula de escape en la que fui expulsado del A.R.K hace 50 años. Esta se cerró al instante. Black Doom comenzó a golpearla, pero el ya no tenía ni fuerza, ni control sobre mi mente. Agarré la palanca y la jalé. Un pitido me avisaba que la cuenta regresiva había comenzado. A lo que me acerqué de nuevo a la capsula. – Adiós, padre. Espero que te diviertas en esa parte de mí de la que jamás saldrás. – Al mencionar esto, miró hacia abajo y pudo observar que no había nada. Todo era oscuridad.
- ¡Shadow! – Gritó con todas sus fuerzas, mientras las capsula era expulsada con dirección a la oscuridad. Su voz desaparecía con lentitud, y jamás sabría de él de nuevamente.
- He ganado… y no significa nada. – Me dije a mí mismo, cayendo de rodillas. ¿De que servía ganar si yo no me sentía bien? No es que sintiera lastima por el destino que le dispuse, sino que ahora yo deseaba ese mismo destino. Quería desaparecer de por vida.
- Shadow. – Escuché decir mi nombre. Levanté la cabeza y las vi. Vi a las dos Marías, la humana y a la eriza. María Robotnik me abrazó y me dio un beso en la frente. La otra, la eriza, me dio un beso de pasión. Sus labios dulces animaban un poco mi alma, pero no lo suficiente para desear morir; y como si se cumpliera mi deseo, mis anillos inhibidores se destrozaron y la energía de mi cuerpo comenzó a drenarse. Podía deducir que al fin estaba sintiendo los efectos del anillo que se me rompió en la vida real.
- Voy a morir. – Dije con una sonrisa, pero en el rostro de María solo había dolor.
- Shadow, tienes que vivir. – Afirmó, pero yo le negaba.
- María… si eres otra conciencia en mi cuerpo y muero, tú también lo harás y así tu y yo estaremos juntos. ¿No sería más hermoso pasar la eternidad uno al lado del otro? – Le pregunté con la esperanza de que entendiera.
- No quiero que mueras de esta manera. Hay mucho por lo que vivir…– Dijo, desapareciendo como un fantasma. Miré a mí alrededor y no había nada. Me encontraba solo en un círculo de luz, donde de repente un cuervo antropomórfico apareció frente a mis ojos. Noté que en su mano yacía una hoz, sabiendo para qué era que venía.
- Has lo que tengas que hacer. Yo… no lucharé más. – Le recalqué, pero no oí respuesta inmediata por su parte.
- Y yo esperaba como una pequeña lucha de ti negándote a irte. – Dijo algo decepcionada. – Bueno, espero que encuentres la paz del otro lado. – Acercó su hoz a mi cuello.
- ¿Veré a María del otro lado? – Le pregunté.
- Eso es algo que está fuera de mi jurisdicción. – Me respondió. – Suerte. – Dijo, lista para darme el golpe que me alejaría de la vida; pero, no pasó nada. Levanté mi cabeza y noté como una mano de una figura encapuchada espectral sostenía la mano de la cuervo, evitando que hiciera lo que debía. Esta figura le mostró un pergamino que apareció de la nada. Ella lo detalló, para luego mirarme y mostrarme una sonrisa.
- ¿Por qué tan feliz? – Le pregunté, a lo que la hoz que sostenía desapareció de su mano.
- Porque hubo un cambio de planes. Vivirás. – Me respondió, alejándose de mí y sosteniendo de manera tierna la mano de la figura encapuchada. – Tienes suerte de que tenga un compañero atento a todos los detalles que aparecen a último minuto. En especial con todo el horror que está pasando ahora mismo en toda la realidad misma. – Informó seriamente. – Pero, no me gusta el look clásico de "parcas". Me parece anticuado. – Le criticó la manera de vestir de su compañero (pareciendo más que eso).
- Si no te gusta mi estilo, tienes mi permiso de quitarme todo lo que llevo puesto. – Dijo de manera lujuriosa, dejando apenada a la chica. Él se giró y, si bien no podía verle el rostro por su capucha, sentí como me miró. – Un pequeño regalo Shadow. – Expresó, chasqueando los dedos. Un haz de luz me cegó, y al segundo siguiente María estaba a mi lado.
- ¡Shadow! – Gritó, abrazándome. – Me alegra que este bien.
- Aun no contestaste mi pregunta. ¿Estás viva o muerta? – Le pregunte nuevamente, ya que la anterior vez fuimos interrumpidos.
- Ahora, lo único que puedo decirte es… Te amo, Shadow. – Me dijo, evadiendo la duda que me consumía. Sin más, solo me resigne.
- María… te amo. – Dije, besándola en sus labios. Por un breve segundo, sentí felicidad. "Era como si de verdad estuviera besando a alguien".
- Saluda a Rouge de mi parte. – Comentó al separarse de mí. No entendía porque me pedía eso. De improvisto, un nuevo haz de luz me cegó y un dolor en el cuerpo me destrozaba. Una vez más sentí el beso de María, a pesar de que mi vista estuviera cegada, disfruté nuevamente el beso. "Sea lo que sea que va a pasar… no puede ser tan malo"…
Los rayos del sol que chocaban y se reflejaban en mi rostro. Abrí mis párpados y descubrí que me encontraba otra vez en esa habitación, pero esta vez era real. Miré mi cuerpo y descubrí que mis heridas ya se habían sanada, además que mi anillo inhibidor ya no estaba destrozado, si no que era nuevo. Suspiré un poco y salí de allí, dirigiéndome abajo. Allí, escuché unos ruidos en la cocina. Al entrar, vi de quien se trataba. Rouge, al sentir mis pasos, se volteó y se puso en una pose de ataque.
-Ah, eres tú Shadow. ¿Cómo amaneciste? – Preguntó, pero mi atención estaba en su vestimenta.
- Esa bata era de María. – Informé, acercándome. – Quítatela. – Le exigí, lo que abrió los ojos al ver mi actitud. Al ver que no lo hacía, la miré fulminantemente. – He dicho que te la quites… ahora. – Le exigí nuevamente, a lo que soltó un suspiro de resignación. Ella se la quitó, a lo que en cierta medida me arrepentí. – Vuélvetela a poner. – Le pedí, ahora con calma al ver que estaba desnuda, pero esta vez fue ella la que me vio con enojo.
- ¡¿Me la quedo puesta o no?! ¡Decídete! – Me gritó.
- ¡¿Por qué demonios estás desnuda?! – Le pregunté en gritos, mientras ella volvía a ponerse la bata.
- Why? (¿Por qué?) Bueno, la respuesta es simple: estuvo lloviendo, mis prendas se mojaron. Apenas dijeron que habías desaparecido, supuso en donde podría encontrarte y vine a buscarte en medio de la torrencial tormenta. – Explicó, bajando su todo a uno más calmado. – Si no hubiera llegado a tiempo no habría podido cambiarte tu anillo inhibidor, y toda tu energía se habría drenado de tu cuerpo, y tu hubieras… muerto. – Terminó de explicar, mostrándose un poco triste.
- Gracias. – Le dije, acercándome y abrazándola. Aunque mi actitud frente a todos era siempre seria, solo con Rouge, y de vez en cuanto con los demás amigos que compartíamos, podía mostrar otra pequeña (diminuta) faceta de mí. – Volvamos a G.U.N. – Le expresé, a lo que asintió.
Nuestra llegada a los cuarteles sorprendió a muchos, "Especialmente si teóricamente yo estaba del otro lado del mundo". Sabía que debía informar de lo sucedido, explicando con detalles que no causaran mi degradación de rango o expulsión por un par de semanas. Antes de hablar personalmente con el Comandante, Rouge me pidió que la esperara mientras se cambiaba su traje por uno ajustado de color purpura oscuro, siendo el mismo que usó cuando me sacó de la capsula o cámara de estasis de los almacenes de Eggman e inmediatamente haciendo Equipo con Omega.
- ¿Ya has pensado todo? – Me preguntó, pero yo no le respondí con palabras sino que le asentí. Sin más fuimos a la oficina del Comandante.
- Esto será divertido. – Bromeé seriamente, provocando una sonrisa en Rouge.
Como lo habíamos predicho, el Comandante no estaba contento con la situación. Se alegraba que estuviera bien, o al menos vivo, pero le molestó que dejara a mis compañeros en Australia, en un momento sumamente peligroso para ellos.
- ¿Tienes algo más que decir? – Preguntó al terminar sus regaños, firmando papeles confidenciales. Me dispuse a decirle que no, e irme, pero recordé lo que vi y necesitaba sacar esa duda de mi mente.
- Más que decir, es una pregunta señor. – Le comenté.
- En ese caso, dispara. – Expresó. Suspiré un poco, desenado que me negara lo que pretendía preguntarle.
- ¿Existe el Sector X-23? – Pregunté, observando como el bolígrafo (lapicero) que sostenía su mano se rompió ante la presión que le ejerció. Me miró fijamente y, por primera vez, vi miedo y terror en sus ojos ámbar y azul verdoso. Pero, lo que más me impactó fue notar como dos pequeñas lágrimas brotaron de sus ojos. Miré a Rouge, quien estaba pasmada. Ella, al igual que yo, no podía creer la situación que estábamos viendo.
- Creí que jamás tendría que volver a pensar en ese lugar. – Dijo al fin, parándose de su silla. Yo quedé sin palabras, ya que si una persona que muchas veces puede ser más fría que yo en ciertos aspectos lo perturbaba mucho, entonces, "¿Qué pasaría conmigo cuando supiera que era lo que había allí?"
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Bueno, espero que les haya agradado el capítulo. No olviden dejar sus Reviews, o sugerencia. Sin más, me despido y les deseo de corazón que tengan una feliz navidad.
HASTA LA PRÓXIMA :D
