Advertencia: Los personajes de El Origen de los Guardianes pertenecen a Dreamworks y Willyam Joyce, a excepción de los que no tengan ninguna relación con las obras originales; ésos son de mi autoría.
Hola queridas lectoras y queridos lectores, aquí tienen el nuevo capítulo, espero que sea de su agrado :)
La trama se sitúa tres semanas después de la derrota de Maldad.
Capítulo 2: Reconstrucción
-¡Monos, ustedes irán al sur! Y creo que eso es todo por hoy.-Dijo Tooth mientras tomaba asiento en una roca, suspirando de cansancio.
-¿Día largo?-Preguntó Marcus, dejándose caer a un lado del Hada. El Caballero Negro vestía un overol de color azul y en sus manos tenía puestos guantes de jardinería.
-Punjam Hy Loo no se reconstruirá por sí mismo.-Declaró la guardiana, abanicándose con la mano.- De verdad aprecio tu ayuda, Marcus, no sé cómo agradecértelo.
-Ni lo menciones. Somos un equipo ahora "Asesina de Dioses".-Dijo Marcus con una sonrisa divertida.
-¿Asesina de Dioses?
-Estuve leyendo sobre la Edad de Oro y el Colapso. Solían llamar a Maldad como "El Dios Caído". Así que…el titulo no está mal para ti.
-Sólo hice lo que debía hacer. ¿Cómo va todo con Berenice?
-Bueno…nos hemos puesto al día, hablando sobre…en realidad simplemente hemos disfrutado la mutua compañía.
-Cuando ella solía venir a reconstruir la vegetación se les veía muy felices juntos. ¿Pero dices que jamás le dijiste lo que sentías por ella, no hasta estar al borde de la muerte?
-Bueno…-El rubio carraspeó, apoyando su cabeza en la roca.- Fui un asco durante mucho tiempo. Era un idiota obsesionado y paranoico…no hay otra palabra más que "idiota" para describirme.
-Explícate.
-Nunca prestaba mucha atención a los que me rodeaban, Toothiana, excepto por mi hermana. No lo hacía desde que comenzó nuestra lucha aquí en la Tierra.
"Durante la Era Oscura, nosotros los Caballeros de la Luna, estuvimos enfrascados en constantes combates contra distintas fuerzas que amenazaban con despedazar a muchas personas. Después de concluir esa etapa en nuestras vidas, tomamos caminos separados. Iré al grano…Me obsesioné con eliminar esas amenazas, incluso llegué a la paranoia. Berenice intentaba acercarse a mí…yo no…no fui capaz de dejar atrás la Era Oscura durante un tiempo. Y cuando lo hice, bueno… me había distanciado demasiado, pero logré alejar a mi hermana del mal camino, evité que Berenice tomase su propia vida y obligué a Miguel a que viera los errores que había cometido."
-Un día de estos, me contaras toda la historia.
-Bueno…disfrutemos de la vista por el momento.
Ambos admiraron al Palacio de los Dientes, rodeado de su exuberante flora, alzándose con majestuosidad y con la misma belleza con que lo hacía antes de ser destruido. La guardiana dejó ir un suspiro de asombro al contemplar todo su reino de vuelta, dejando atrás al infecto y ponzoñoso Salummiprus Nucibtiru.
-¿Por qué me miras de esa manera Toothiana?-Preguntó Marcus, pues el Hada lo observaba de una manera ansiosa y con una sonrisa divertida.- ¿Sucede al…-Pero no pudo terminar la frase, ya que la guardiana se abalanzó sobre él, metiendo sus manos en la boca del rubio.
-Vamos, abre grande. No tienes idea de cuánto tiempo esperé para ver los dientes de algún Caballero.-Dijo Tooth, forzando la boca de Marcus para que la abriera más.
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Polo Norte
-Luego de todo esto esperaré un jodido regalo en navidad.-Dijo Berenice, echándose sobre un sofá cercano a la chimenea. La pelinegra estaba sumamente abrigada.
-¿Siempre debes usar insultos en tus oraciones?-Preguntó North, sentándose en un sofá, frente al Caballero Verde.
-¡Maldita sea! Por supuesto que sí.-Respondió Berenice con una amplia sonrisa en su rostro.- Con el taller devuelta, ustedes los Guardianes no tendrán de que preocuparse.
Ambos pasaron la mirada por al amplio salón de aspecto rustico y reconfortante. Era un lugar sumamente espacioso, pues algo faltaba.
-¿No construirás un nuevo globo terráqueo?-Preguntó la pelinegra mientras se sentaba.
-No lo sé. Me traería malos recuerdos.-Contestó el líder de los guardianes con su inconfundible acento ruso. Examinó su taller con detenimiento, se veía idéntico al anterior.- Gracias por tu ayuda Berenice, me devolviste mi hogar.
-La carta de navidad que te enviaré será bastante larga.-Dijo la aludida, alargando sus palabras. North se echó a reír divertido.
-Claro que sí. Incluso te dejaré controlar el trineo.-Los ojos de Berenice brillaron de emoción, de la misma manera en que lo harían los de un niño pequeño.- ¿Cómo van las cosas con Marcus y los otros?
-Nada de fuera de lo normal. Marcus y yo hemos estado reponiendo el tiempo perdido.-Hubo silencio.
-¿Eso es todo?-Cuestionó North impresionado.- ¿Ninguna noticia sobre Miguel, Denzel o Eithan?
-No soy de muchas palabras, North. ¿Has hablado con Jack? Me preocupa.
-Si te refieres al muro, no hay nada de qué preocuparse. Él ha dejado de tener esos momentos en que pareciera que su mente se va a otra parte. Sólo queda reestablecer su confianza en nosotros.-Esto último lo dijo con un dejo de nostalgia. Berenice se acercó a él y le dio unas palmaditas en el hombro.
-No te preocupes, estoy segura de que lo solucionarán. Por ahora, debo regresar con Marcus, aún hay cosas por hacer.
El líder de los guardianes se despidió de Berenice, luego de entregarle dos globos de nieve para que se trasladara más rápido. La pelinegra observó por última vez el taller, admirando su estructura de madera, sus puertas, sus pilares y los pisos más abajo, repletos de artilugios para armar juguetes. Pronunció el nombre de su amado y lanzó el globo de nieve contra el piso, abriendo un portal y saltando dentro.
-o-
Punjam Hy Loo
Marcus caminaba por un sendero que se encontraba repleto de vegetación. Los árboles, con sus troncos altos y frondosos, permitían que la luz del sol se filtrase de forma tenue, brindando una sensación de tranquilidad y frescura a la jungla. Los arbustos, las enredaderas y el césped inundaban el piso, llenándolo de vida y expidiendo un aroma a humedad muy agradable y refrescante. Se podían escuchar los numerosos sonidos de la naturaleza en aquella jungla; los animales yendo de un lado a otro, las aves revoloteando y volviendo a sus nidos, el suave crepitar de las madera de los árboles, el rápido batir de alas de los insectos. Las lianas que colgaban de las ramas de los árboles, sumadas al espeso follaje del piso, brindaban hogar para toda clase de vida.
Punjam Hy Loo era un lugar excepcional, y Marcus disfrutaba de estar ahí, permitiendo que sus pulmones se llenaran con el aire tan puro y límpido de la jungla, sintiendo el acogedor abrazo de la naturaleza con la fauna y flora que lo rodeaba. Se detuvo ante un pequeño riachuelo que fluía con libertad y, juntando sus desnudas manos, se llevó un poco de agua a la boca y se sorprendió al descubrir su pureza.
Caminó un poco más, percatándose de que las ramas de los árboles se encontraban cada vez más bajas. Escuchó el crujir de la madera y el movimiento de hojas, y se detuvo cuando apareció frente a él una pelinegra de cabeza que sonreía divertida.
-Berenice, no esperaba encontrarte por aquí.-Dijo Marcus enarcando una ceja.
-Hola, ¿me acompañarías a ver el mundo?-Preguntó la pelinegra con una sonrisa tímida y con sus mejillas ganando color. Marcus se acercó a ella y le dio un beso en los labios.
-Siempre.-Susurró él.
Berenice bajó de un salto y caminó junto al rubio, con las manos dentro de los bolsillos de su suéter.
-No podemos ver el mundo, no aún. Debemos ayudar a Bunny, ¿recuerdas?-Dijo Marcus sin dejar de caminar.
-Por suerte para los dos, he traído un globo de nieve para que nos lleve a la Madriguera.
Jack volaba a gran velocidad, colocando las cajas con dientes en sus respectivos lugares y saludando a las pequeñas hadas que se encontraba por todo el palacio. Finalmente colocó la última que tenía en sus manos y emprendió el vuelo hasta la torre más alta, manteniendo siempre una radiante sonrisa.
-¡Jack!-Saludó Tooth, volando hasta el albino y abrazándolo con fuerza.
-¿Cómo se encuentra mi hermosa chica?-Preguntó el joven guardián mientras rodeaba a su novia entre sus brazos.
-Fantástica. Ven, debo mostrarte algo.-Tomó a Jack de la mano y lo llevó a la parte baja del palacio, donde yacía una cúpula de color dorado que tenía una puerta de madera resguardando su entrada.
-Estoy seguro de que no tenías un lugar similar en el anterior palacio.-Dijo Jack, sin soltar la mano del Hada. Ésta lo guío dentro.
Era una habitación bastante amplia, decorada en colores rosa y morado. Los muros en realidad eran cortinas de seda que permitían el paso de la luz del Sol, la cual iluminaba el lugar de una manera cálida. Había dos grandes roperos de madera y una cama de talla matrimonial con cobijas sumamente finas.
-North me ayudó a construir nuestra habitación. Pero no quise mostrártela hasta que estuviese terminada.-Dijo Tooth emocionada, pero su excitación se vino abajo cuando reparó en la mirada confundida de su amado.- ¿Sucede algo? ¿No te gusta?
-Yo…am…-Jack no sabía cómo decirlo sin lastimar a Toothiana. La soltó de la mano y se rascó la nuca, notablemente nervioso.
-Jack, sabes que puedes contarme lo que sea ¿verdad?-Le dijo Tooth comenzando a enojarse.- ¿Tiene algo de malo? ¿Hice algo mal?
-¡No!-Respondió Jack sin pensarlo dos veces.- No hiciste nada mal. Es muy bonito y todo, pero…
-¿Pero qué, Jack?-Interrogó Tooth, perdiendo la paciencia y cruzándose de brazos.
-No estoy seguro con todo esto.-Contestó el albino, mirando a su alrededor y después a la guardiana.
-¿No estás seguro con qué exactamente? ¿Con nuestra relación?
-No es eso…
-¿Entonces qué es? ¿Ya no estás seguro de amarme? ¿Ya no quieres que sigamos juntos? ¿Te cansaste de mí, "señor espíritu libre"?-Los ojos de Tooth comenzaron a humedecerse por la rabia. Jack intentó consolarla, pero ella lo apartó de un empujón.- Vete.
-Tooth yo sólo…
-¡Déjame sola!-Esto último lastimó a Jack, como si le hubiesen propinado un golpe en el estómago.
-¡Bien!-Bramó el joven guardián molesto, saliendo por la puerta.
-¡Bien!-Le imitó Tooth, azotando la puerta una vez que el albino salió.
Ambos miraron atrás, sintiéndose tristes pero encolerizados a la vez. Jack llamó al viento para que se lo llevase a cualquier parte. Tooth se echó en la cama dejando ir lágrimas amargas.
-o-
La Madriguera
Bunny iba de un lado a otro con suma prisa, cerciorándose de que todo estuviese en orden. Olfateó el terreno, revisó las plantas, observó con detenimiento el exterior de la Isla de Pascua e inspeccionó el césped.
-¿Todo en orden?-Preguntó Berenice a modo de juego, acercándose al pooka.
-Tienen mi visto bueno.-Dijo Bunny, siguiéndole el juego a la pelinegra.- ¿Dónde está Aelia? Creí que vendría al menos una vez.
Durante esas tres semanas, Marcus y Berenice visitaron al pooka para ayudarlo en la restauración de su hogar; pero, cierta ojigris brilló por su ausencia cada vez que la pareja se presentaba en la Madriguera. El guardián de la esperanza comenzaba a sentir algo extraño cada vez que esperaba la presencia de la ojigris y ésta no aparecía, ¿acaso la extrañaba? Bunny intentó convencerse a sí mismo de no pensar en aquellos hermosos ojos grises, en aquella sonrisa sincera, en… ¡No! ¿Qué le estaba ocurriendo? ¿Por qué extrañaba a la castaña, por qué siempre la esperaba a pesar de que sabía que no la vería? "No pienses en eso, pooka idiota." Se decía siempre que su atención se desviaba en recordar el aroma de la Caballero de la Luna.
-¡Ja! ¡Paga!-Le gritó Berenice a Marcus, el cual daba forma a una roca enorme con su terrakinesis para que se trasformase en un huevo. El rubio suspiró derrotado y en cierto modo, molesto con el pooka.
-¿Qué se traen entre manos tú y Marcus?-Preguntó Bunny curioso, mientras contemplaba a la divertida Berenice.
-Marcus y yo hicimos una pequeña apuesta. Él debía pagarme a mí si preguntabas por Aelia antes de que termináramos con las reparaciones. Y yo debía pagarle si nunca llegabas a mencionarla antes de terminar nuestra labor.-Explicó la pelinegra, jugueteando con sus manos.
-¿QUÉ? ¿Cómo se atreven a apostar en algo así?-Cuestionó Bunny sorprendido e indignado a la vez, mientras cerraba sus puños frente a su rostro.
-¡Oh, vamos Bunny! No creas que no me he percatado de como miras a Aelia desde que la rescataste.-Dijo Berenice con una sonrisa pícara, provocando un sonrojo en el guardián, el cual agradeció poseer el pelaje necesario para ocultarlo.
-¡No es verdad!-Se defendió el pooka, tratando de sonar enojado.
-Puedes engañarme a mí, a tus amigos, incluso a Aelia. Pero "compañero", no puedes engañarte a ti mismo.-Antes de que Bunny pudiese replicar, Berenice ya se había marchado entre risas y saltos.
Marcus y la pelinegra salieron por uno de los túneles de la Madriguera, dejando a Bunny en medio de sus pensamientos.
¿Era verdad? ¿Sentía algo por Aelia? "¡Ya basta! Deja de pensar en eso y en ella." Se autorregañó el guardián de la esperanza y tomó un huevo para pintarlo y despejar su mente.
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Monte Everest
-¿Han tenido problemas?-Preguntó Jack al Caballero Rojo y a su esposa, los cuales se encontraban sentados frente a él en un sofá.
-Si te dijera que no, estaría mintiendo.-Respondió Denzel, dándole un sorbo a su taza de chocolate caliente.
-Pero, si me lo preguntas a mí, creo que ya pasó lo peor.-Dijo la mujer de largo cabello rizado y piel oscura con una sonrisa.
-Tienes problemas, con Tooth ¿me equivoco?-Preguntó Denzel, enarcando un ceja. Jack se limitó a asentir con pesadez.- Es malo, siempre es malo tener una discusión con tu pareja. Pero son incluso necesarias ¿sabes? Se enteran de lo que quiere el otro, se conocen mejor.
-¿Qué se supone que debo hacer?-Cuestionó el joven guardián, apretando su cayado con firmeza.
-Habla con ella, explícale tu razón para actuar de esa manera. No puedes permitir que una pequeña discusión arruine lo que tienes con ella.-Dijo la esposa del Caballero con una cálida sonrisa.- Pero debes saber que no será la última vez que tengan algún problemita.
-Gracias, Denzel, gracias, Marie.
-Cuando quieras amigo.
-No hay problema. Con todo lo que está ocurriendo en el mundo…-Marie dio un largo suspiro.- A veces sólo necesitas un descanso de tantos problemas, ¿no crees?
-Ya lo creo.-Contestó Jack con una sonrisa.
Se despidieron y el guardián de la diversión llamó al viento para que lo llevase a toda velocidad al Palacio de los Dientes.
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Suiza
Berenice bajó las escaleras con rapidez luego de que Marcus la llamase.
-¿Sí?-Preguntó Berenice con el corazón acelerado. Marcus le entregó un pequeño marco con una fotografía dentro.
-Un obsequio.
Era esa fotografía, aquella en que los Guardianes y los Caballeros de la Luna estaban reunidos, sonriendo a la cámara antes de partir a la batalla. Berenice la colocó con cuidado en un estante cercano.
-Buenos tiempos. Acompáñame.-Tomó de la mano al Caballero Negro, sintiendo como su rostro le ardía; eran pocas las ocasiones en que lo tomaba de la mano.
Salieron por la puerta y caminaron unos metros, hasta ver por completo la rustica cabaña de dos pisos. Se situaba a unos cientos de metros de un río de aguas cristalinas. La cabaña estaba hecha de madera de pino y sauco.
-Estaba pensando en hacer crecer un pequeño bosque, no quiero que la casa levante sospechas.-Dijo Berenice sin soltar la mano del rubio.- Además…-Cruzó su mirada con aquellos ojos verdes que la miraban con ternura. La pelinegra se puso roja como tomate.
Le peinó el cabello por detrás de la oreja y la besó en los labios con intensidad.
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Palacio de los Dientes
Tooth impartía instrucciones a sus hadas de forma cortante y fría, evitando las preguntas que éstas le hacían respecto al espíritu del invierno y su partida horas antes. La guardiana se sentía abrumada, amaba al joven guardián, pero no se sentía cómoda con su comportamiento desde que lo rescataron de las garras de Maldad. Estaba enojada con Jack, pero a la vez preocupada, pues no sabía si su nerviosismo se debía a la grieta en el muro; pero, no podía simplemente preguntarle sobre algo que él no estaba enterado siquiera, eso sin mencionar el riesgo de dañar el muro al traer recuerdos a la mente de su amado.
Sintió una sensación familiar recorrerle su cuerpo: un frio apaciguante y refrescante que le provocaba cierta felicidad. Un suave viento envolvió su elegante plumaje y acarició su rostro con suavidad y frescura. Entonces vislumbró un par de ojos azules que la miraban con embelesamiento.
-Jack.-Susurró el Hada, reconociendo al instante a su novio. Éste acortó la distancia con ella, con una expresión apenada.
-Tooth.-Él tomó las manos de ella entre las suyas, dejando su cayado en el piso.- Te amo.-Dijo sin tapujos ni rodeos, dedicándole una cálida sonrisa de lado a la guardiana.- Lamento haberme marchado sin darte una explicación de mi comportamiento.
-No digas eso…yo no te permití hablar…fui una tonta.-Dijo Toothiana, desviando su mirada, apenada. Jack tomó la mejilla de ella con delicadeza, dirigiendo su mirada a sus ojos.
-Me siento feliz a tu lado. Nunca me cansaré de ti, ni de tu compañía. Es sólo que…-Buscaba las palabras adecuadas y su amada estaba especialmente atenta.- No estoy acostumbrado a compartir tanto con una persona…supongo que me asusté un poco. Pero dejar de quererte, eso nunca.
-Yo también te debo una disculpa.-Admitió Tooth, mientras acariciaba la mejilla del albino.- No debería tomar decisiones por ambos. Un cambio así no se trata de mí solamente…lamento no haberlo hablado contigo, fue irresponsable de mi parte.
-Oye.-Posó una mano en la barbilla del Hada, al momento que la rodeaba por la cintura con su otro brazo.- Sólo intentabas acercarnos más…es lo que me gusta de ti, tu ternura.-La guardiana se sonrojó violentamente.
La abrazó con calidez, disfrutando de su suave aroma a yerbabuena y el contacto con su cosquilleante plumaje. La miró a sus hermosos ojos violetas y le dio un tierno beso en los labios.
Al anochecer, Tooth decidió tomarse un descanso, yendo a la habitación de ambos y dejando a Jack a cargo junto con BabyTooth.
El joven guardián se paseó por las plataformas del palacio, pendiente de cualquier problema. Pero se detuvo y apretó su cayado con fuerza, algo no andaba bien, le apreció sentir la presencia de alguien entre las sombras. Inspeccionó cada rincón, preguntó a todas las hada si alguien más había llegado a tempranas horas, pero siempre recibió una negativa. Hasta que sus oídos dejaron de recibir sonidos, recibiendo un simple zumbido agudo que le molestaba.
Jackie…
Todo volvió a la normalidad, lograba escuchar el batir de las cientos de alas y lo sonidos de la noche producidos por la espesa jungla de Punjam Hy Loo. Pero Jack sudaba frio y respiraba de manera agitada, al tiempo que su corazón latía con tanta fuerza que le lastimaba el pecho; pues, conocía esa voz que le susurró al oído, la reconocería donde fuere. La escuchó con tranquilidad, pero sabía que guardaba cierta maldad, cierta perversión enfermiza que se divertía al confundirlo; provenía del interior de su cabeza…Era su propia voz.
Fin del capítulo. Gracias a todas y todos por leer. Se aceptan comentarios, sugerencias, críticas, etc.
Espero que haya sido de su agrado este capítulo, pronto exploraremos más la nueva guardiana, no se preocupen ;)
Comentarios:
Sasha: ¡Hola! Que gusto tenerte por aquí :) No fue exactamente "celos" lo que vimos entre Jack y Tooth, pero espero que te gustase su pequeña discusión, pues nos recuerda que el mundo no es color de rosa xD Gracias por comentar y seguir apoyándome :´) Cuídate y Saludos :D
RexLand123: Que tal amigo, me alegra mucho verte por aquí para serte sincero :) Vi que en tu comentario de mi fic anterior proponías que ampliase la historia de cada guardián y debo decirte que no lo descartaré ;) Sus historias las incluiré probablemente a lo largo de este fic, al igual que la historia de la nueva guardiana. Me apegaré lo más posible a los libros, pero también les daré un toque personal. Cuídate y Saludos :D
Cuídense todos y como siempre Saludos :D
