La historia es mia, los personajes no. Escuchar la canción Glommy Sunday.
Capítulo 1: "Será como si nunca hubiese existido"
—He localizado un coche perfecto para ti, y muy barato —anunció Charlie una vez que nos abrochamos los cinturones de seguridad.
Mi monovolumen pensé. Sonreí recordándolo. Luego mi sonrisa se congeló. Pude sentir como un dolor se instalaba en mi pecho mientras pensaba en alguien que odiaba mi carro por ser demasiado lento. Me estremecí. No podía pensar en Edward con mi padre presente, no quería que se preocupara. Además lo encontraría. Ya estaba en Forks. Todo lo de mi sueño hasta ahora parece ser cierto. Solo que nuestro encuentro se retrasó algunos meses. Intente olvidar ese sentimiento de estar en un avismo.
—No tenías que hacerlo, papá. Iba a comprarme un coche.-dije recordando lo que dije en mi sueño, ahorrándome muchas preguntas sobre lo que ya sabía.
—No me importa. Quiero que te encuentres a gusto aquí.
Lo estaré cuando vea a Edward. Antes estar en Forks era mi pesadilla, pero ahora era completamente diferente. Luego de que desperté, me hicieron varios analisis que dijeron que estaba completamente recuperada. El doctor dijo que tenía que esperarme algunos días para que pueda viajar. Tiempo que mi madre trato de aprovechar al máximo para hacerme cambiar de opinión. Me llevo a los lugares en donde pudiera disfrutar el sol al máximo. Pero esos días fueron un infierno. Me había acostumbrado tanto al clima de mi sueño que ahora el sol me pareció fuera de lugar y extraño. Además el tiempo que pasaba en Phoenix es un tiempo que pasaba sin conocer a Edward.
Charlie mantenía la vista fija en la carretera mientras hablaba. Se sentía incómodo al expresar sus emociones en voz alta. Yo lo había heredado de él, de ahí que también mirara hacia la carretera cuando le respondí:
—Es estupendo, papá. Gracias. Te lo agradezco de veras.
—Bueno, de nada. Eres bienvenida —masculló, avergonzado por mis palabras de agradecimiento.
Tal como en mi sueño. Trate de no pensar en nada en el transcurso del viaje. Aunque no pude evitar un sentimiento de añoranza cuando vi el paisaje. Completamente nublado y verde. Un lugar perfecto para vampiros.
Intercambiamos unos pocos comentarios más sobre el tiempo, que era húmedo, y básicamente ésa fue toda la conversación. Miramos a través de las ventanillas en silencio. No quise preguntar sobre los Cullen para no obtener sospechas.
Finalmente llegamos a la casa de Charlie. Era tal como en mi sueño pero eso no me dijo nada pues ya había vivido con él en algunas vacaciones. Vivía en una casa pequeña de dos dormitorios que compró con mi madre durante los primeros días de su matrimonio.
Allí, aparcado en la calle, estaba mi monovolumen. El vehículo era de un rojo desvaído con una cabina de aspecto bulboso. Me encantó. Pero ese no era el motivo de mi sonrisa. El carro era exactamente igual que en mi sueño; eso quiere decir que todo lo paso ahí pasará. Así que no pude evitar tener una enorme sonrisa al exclamar— ¡Caramba, papá! ¡Me encanta! ¡Gracias!
Ahora, no podía controlar mis ansias por querer que pase el día lo más rápido posible.
—Me alegra que te guste —dijo Charlie con voz áspera, nuevamente avergonzado.
Subir todas mis cosas hasta el primer piso requirió un solo viaje escaleras arriba. Conocía bien la habitación; había sido la mía desde que nací. Pero había unos pocos cambios, igual que en mi sueño: el suelo de madera, las paredes pintadas de azul claro, el techo a dos aguas, las cortinas de encaje, la cama y un escritorio. Mis ojos parpadearon rápidamente para evitar que se me escaparan algunas lágrimas. Todo es exactamente igual, solo falta Edward. Me convencí que no tenía caso que me pusiera triste, que lo iba a ver mañana. Pero había algo en ese pensamiento que me dejaba un mal sabor de boca. La sola posibilidad de que Edward no existiese hacía que mi corazón de un brinco y que todo mi cuerpo se alterase frente a eso.
Una de las cosas buenas que tiene Charlie es que no se queda revoloteando a tu alrededor. Me dejó sola para que deshiciera mis maletas y me instalara. Resultaba estupendo estar sola, pero ahora necesitaba una buena distracción para no pensar en el día de mañana. Trate de leer alguno de mis libros favoritos. Pero todos me recordaban a Edward de alguna forma.
Finalmente me dispuse a recordar todo lo que había pasado desde que desperté del coma. Tuve varias discusiones con Renne con el tema de Forks. Pero finalmente se rindió. Estudié varios días para ponerme al día, ya que a pesar que estaba más adelantada había estado meses inconsciente. La semana de exámenes estaba próxima y yo tenía que rendir algunos exámenes más para poder nivelarme y pasar el año. Resultaba algo raro porque en mi cabeza yo ya me había graduado. Pero los recuerdos de mi sueño a pesar de ser nítidos, algunas cosas no son muy claras. Como lo aprendido en el trascurso de mi tiempo en el instituto de Forks. Eso me inquietaba, no quería olvidarme de mi sueño. Pero podía recordar perfectamente el rostro de Edward, su voz, su olor…
También recordaba al resto de los Cullen y a mi hija. Solté un suspiro. Renesme. Todavía faltaba mucho para que naciera. Trate de desviar mi mente de ahí, sino no dormiría el resto de la noche.
La otra semana eran los exámenes finales de la escuela. Yo iba a ir mañana para familiarizarme con el ambiente, además de estar al tanto de los temas en que están. En algún punto de esos pensamientos me quede dormida, solo tomé consciencia cuando mi despertador sonó. No recordaba lo que había soñado pero mis lágrimas secas eran una prueba que no era un buen sueño. Me paré inmediatamente para alistarme. Trate de ponerme la mejor ropa que tenía pues esta iba ser la primera vez que Edward me viera. Cuando finalmente estaba lista Charlie ya se había ido. Y no me asombraba, era realmente tarde. Salí corriendo hacia mi carro sin tomar desayuno.
Cuando pude divisar el instituto, mi ánimo mejoró. Aquí esta Edward. Cuando entré al aparcamiento y no vi su volvo; sentí nauseas. Es tarde, ya deberían estar aquí. Salí del auto rumbo a la dirección casi de manera refleja.
Un mostrador alargado dividía la habitación en dos, con cestas metálicas llenas de papeles sobre la encimera y anuncios de colores chillones pegados en el frontal. Detrás del mostrador había tres escritorios. Una pelirroja regordeta con gafas se sentaba en uno de ellos. La señora Cope.
La mujer pelirroja alzó la vista.
— ¿Te puedo ayudar en algo?
—Soy Isabella Swan —le informé.
—Por supuesto —dijo.
Rebuscó entre los documentos precariamente apilados hasta encontrar los que buscaba.
—Precisamente aquí tengo el horario de tus clases y un plano de la escuela.
Trajo varias cuartillas al mostrador para enseñármelas. Quiso explicarme los planos y el mecanismo de la escuela, pero la corte. Le dije que me las arreglaría y que estaba retrasada para mi primera clase. Me dedicó una sonrisa seca. Supe que había ensayado la conversación que iba a tener conmigo y que yo se la estaba arruinando. Me dijo que esperaba que me gustara Forks aunque no sonaba como si lo desease. Genial, ya le caigo mal a alguien.
Los demás estudiantes ya se encontraban en las aulas. Corrí rápidamente hacia el salón cayéndome en el proceso. Con todo se me olvida que no puedo correr. Entre al salón sin tocar y el profesor me regañó. No importaba. Parecía que para mí el tiempo se había detenido cuando no vi el volvo ni ningún carro de los Cullen.
Las clases transcurrieron casi sin que me dé cuenta. El almuerzo llego. Me dirigía ahí con Jessica. Déjà vu pensé irónicamente. Pero cuando mi vista se dirigió a la mesa de los Cullen, esta estaba vacía. Casi inconscientemente tome mi almuerzo. Hoy día no era soleado. Ellos deberían estar aquí. Antes de que la desesperación tomara posesión de mi cuerpo le pregunte a Jessica cortándole todo su parloteo.
-¿Ha faltado alguien hoy?
-No- me contesto extrañada. Trate de que mi rostro no se alterara.
-¿Has escuchado alguna vez de los Cullen?- no pude reprimir la ansiedad de mi voz. Sabiendo que su respuesta me dejaría en la completa desolación o me devolvería la vida que sentía que había perdido cuando entre a la cafetería.
-No, ¿es eso como una especie de banda o una pandilla?- pregunto totalmente confundida.
-Algo como eso- conteste poniéndome de pie y corriendo hacia el baño. Sentía que me derrumbaría en cualquier momento. Finalmente llegue al baño justo en el momento en que su respuesta entrara en mi ser. Los Cullen no están aquí. Ellos no existen. Todo lo de mi sueño no va a pasar. Todo era fantasía, no era real. Pero un dolor profundo en mi pecho me decía lo contrario. Porque si eso nunca sucedió cómo es posible que duela tanto. No pude reprimirme más. Solté todas las lágrimas que estaba conteniendo. Porque él no era real, solo había sido un juego de mi imaginación. Casi quise arrancarme la cabeza. ¿Por qué?, ¿por qué soñé algo como eso si no era verdad?, ¿por qué si era un simple sueño me siento tan mal?, ¿por qué siento que mi vida no tiene ningún sentido sin alguien que ni siquiera existe? Entendía claramente lo que las personas dicen que cuando más alto vuelas más fuerte es la caída. Lo sentía. Demonios. Me sentía como en el infierno. Tenía puestas todas mis esperanzas en que lo vería hoy, no quise pensar en la posibilidad en que todo fuera mentira. Y ahora lo sentía. Este dolor era peor que el que sentí cuando me transformaron en vampiro en mi sueño. Porque este era más que físico. Lo sentía en el alma.
Todo mi mundo se oscureció, nada parecía tener sentido porque él no estaba conmigo; nunca lo estaría. Jamás existió. Este sufrimiento no se comparaba con el que sentí cuando me dejo. El agujero en mi corazón era enorme casi parecía como si no tuviera un corazón sino triturador que machacaba todo a su paso. Pero supe al instante que si lo tenía, porque podía sentir el amor hacia él, un personaje ficticio. Me acurruque en la esquina del cubículo del baño. Nada valía la pena ya. Casi pude disfrutar el dolor, era lo único que tenia de Edward. En medio de esta agonía pude escuchar, como una radio lejana, voces.
-¿Oíste lo que pregunto la nueva?, algo como Colens. ¿Podría estar más chiflada? Lo del coma definitivamente afecto a su cerebro- tarde unos segundos en reconocer la voz de Lauren.
-Lo se, viste su cara al abandonar la cafetería. Parecía como si la estuviesen apuñalando. ¡Que loca esta esa chica!-no pude reconocer esa voz.
Ellas no sabían que yo estaba aquí. Casi quise reírme. Cuando me había abstraído en mi dolor no había hecho ningún sonido. Era el dolor más fuerte y horrible que alguien pudiera sentir; y mis lágrimas y temblores no habían emitido ningún ruido. Entonces lo supe. El dolor era tan grande que ningún sonido hubiese podido transmitir mi agonía. Apenas y me di cuenta que ellas habían abandonado el baño. El receso había acabado. Tenía que ir a clases. Salí del baño en un estado de aturdimiento. Como si estuviera sumergida en un dolor profundo pero aun así no había sido lo suficiente para que mi corazón dejara de latir. Parecía como si ya estuviese muerta, pero un dolor agudo y constante me recordaba que no lo estaba. Fui hacia Biología casi sin pensarlo. Entre sin tocar la puerta.
-Vaya, usted debe ser la señorita Swan. Nos estábamos preguntando si nos acompañaría, la clase comenzó hace 5 minutos.-dijo el señor Banner.
Eché una mirada al asiento en que debería estar Edward y estaba vacío. Es el asiento que me tocaba. Sola. Sin un compañero. No pude más. Salí corriendo. Escuche al señor Banner decir mi nombre.
Conduje mi carro con un destino fijo, con la única esperanza que quedaba. Trate de recordar la ruta que debía seguir, afortunadamente esa parte de mis sueños lo recordaba bastante nítido.
Seguí conduciendo lentamente a través del camino zigzagueante lleno de maleza, entre los árboles que se arqueaban sobre mí como un verde túnel vivo. Tanto me temblaban las manos que las apreté con fuerza en torno al volante.
Era consciente de que parte de mi motivación para hacer esto era el sueño y la absoluta desesperación. Había algo que tenía que buscar. Algo imposible e inalcanzable, atemorizador y enajenador, pero estaba allí fuera, en alguna parte. Debía creer que era así.
—Te haré una promesa a cambio —dijo—. Te garantizo que no volverás a verme. No regresaré ni volveré a hacerte pasar por todo esto. Podrás retomar tu vida sin que yo interfiera para nada. Será como si nunca hubiese existido.
Será como si nunca hubiese existido pensé. Porque en realidad nunca existió. Tal vez esas palabras fueron como un aviso de mi mente de decirme que nada era real que solo era un sueño bastante vívido. La densa maleza, casi como una jungla, se deslizaba lentamente por las ventanillas del coche. El camino seguía adelante. Comencé a ir más deprisa, ya que me estaba poniendo nerviosa. ¿Cuánto tiempo llevaba conduciendo? ¿No debería haber llegado ya a la casa? El sendero estaba tan invadido por la espesura; era peor que cuando fui luego que Edward se fue. ¿Cuándo fuiste?, tu nunca fuiste. Fue un sueño. Casi suelto el volante, sentía mi garganta en llamas y veía borroso por las lágrimas. ¿Qué pasaría si no lograba encontrarlo? Me eché a temblar.
Entonces apareció el hueco entre los árboles que yo estaba buscando, sólo que casi ni se percibía. De hecho de no saber que estaba ahí, no lo hubiese visto. Los altos helechos habían invadido el prado que rodeaba la casa, apretándose en torno a los troncos de los cedros.
La casa estaba allí, pero no era la misma. Resultaba espeluznante. Me pareció que era una guarida apropiada para vampiros. No era tan grande como la de los Cullen. De hecho era más del tamaño de la cabaña que nos había construido Esme. Una voz sombría me recordó la verdad. Era un sueño, Esme no existe. Mis rodillas no resistieron más. Caí en los helechos, raspándome los brazos. No importaba, nada importaba, porque esa ni siquiera era una casa, era una ruina. Una casa en la que no había habitado personas durante un par de siglos. Sus paredes estaban marcados por la putrefacción y la desolación.
Me acerqué lentamente hacia la fachada vacía y desnuda. Parecía apunto de derrumbarse. La puerta se rompió cuando trate de abrirla. Así que entre en un agujero de esta. El techo no parecía que iba a aguantar mucho. Mire al interior, y pude ver que había pertenecido a una familia del siglo XVIII de clase medía. Las fotografías mostraba a una familia normal y pequeña, que seguramente habían abandonada la casa al darse cuenta lo alejada que estaba de la ciudad. De pronto me vino en la cabeza una escena cuando Alice volvió luego de que me lanzará hacía un acantilado.
No habló de irse en ningún momento y yo no le pregunté. Sabía que su marcha era inevitable, pero me lo quité de la cabeza.
En vez de eso, hablamos sobre su familia, de todos menos de uno.
Carlisle trabajaba por las noches en Ithaca y enseñaba a tiempo parcial en la universidad de Cornell. Esme estaba restaurando una casa del siglo XVII, un monumento histórico situado en un bosque al norte de la ciudad.
Esme restauraba casas antiguas, lo más probable es que de haber existido hubiese restaurado esta. Salí sin querer permanecer ni un minuto más en una casa que demostraba que Edward era ilusión.
Me quedé allí, a unos pasos de la casa. Ahora no había nada en lo que me pueda aferrar. Todo el mundo dejo de tener sentido. Me pregunto si era lo suficientemente fuerte para vivir en un mundo sin Edward. Tal vez no debería seguir existiendo. Tal vez si acabo con todo, ya no sienta nada. Pero algo en ese pensamiento no era tranquilizador. Lo único que tenía de Edward estaba en mi cabeza. Si muero, eso se habrá ido. Su existencia dependía de mi.
No me había percatado que había vuelto a mi auto y que estaba conduciendo. Me aparque cerca de un parque. Aún no tenía claro a donde me dirigiría. Era horrible saber que la única solución que me quitaría el dolor me quitaría también a Edward. Porque a pesar de ser mentira, no me importaba. Me volvería loca entonces. Loca con revivir su recuerdo, estar con él; aunque sea en sueños... aunque no sea verdad. Sumergirme en un mundo de locura y alucinaciones, aunque haga que mi corazón y mi alma duelan. No me importaba. Un sonido me distrajo de mis pensamientos, era una canción,. Se escuchaba a lo lejos, en la radio de un carro lejano.
(N.A: la canción es Gloomy Sunday de Sarah McLachlan, escúchenla es muy triste)
Lúgubre domingo,
el domingo es lúgubre.
Con sombras es cómo paso el día,
Mi corazón y yo
hemos decidido acabar con todo esto.
Pronto habrá velas
y oraciones que sean recitadas, lo sé.
Pero déjales que no lloren.
Déjales saber que estoy orgullosa de irme
La muerte no es soñar.
En la muerte te estoy acariciando
con el último respiro de mi alma.
Estaré bendiciéndote
con el último respiro de mi corazón.
Lúgubre domingo.
Soñando, soñando que sólo estaba soñando
Me desperté y estabas dormido.
En lo más profundo de mi corazón, aquí.
Querido, espero,
que mi sueño nunca te persiga.
Mi corazón te está diciendo
Cuanto te quiero
Lúgubre domingo.
Gemí de dolor. Esto era demasiado. No podía seguir viviendo, este dolor me mataría viva. Esta pena inmensa. Ahora entendía porque esa sensación de vacío. Porque mi suelo era Edward, él era todo con lo que me sostenía. Y ahora que él no está y nunca estuvo; estoy cayendo… cayendo en un mar lleno de dolor y soledad. Las olas negras y despiadadas me jalan y me hunden en la desesperación. Porque es como si nunca hubiese existido. Porque nunca existió. Él nunca existió. Y cuando pensé que mi agonía no podía ser más grande sentí como me desvanecía. Tal vez este dolor si sea suficiente para morir. Sonreí pensando en la posibilidad, aunque sea un instante, dejar de sufrir. Pude escuchar como mi corazón latía más despacio advirtiéndome que mis deseos serán cumplidos. Sólo pude pensar en un nombre cuando mi conciencia se desvaneció.
La historia todavia no termina. Falta como 10 o 15 capitulos mas, no estoy segura. Dejenme algun review con su opinion. :)
