Muy bien, gracias a los que comentaron… este capitulo tratare de que sea mas largo espero que les guste.
Consuelos
¿Chillo y metida?, ¿quien se creía que era para decirle que era un chiquilla "chillona y metida"?, Lo único que quería era ayudarlo y no verlo mal, pero… ¿como le agradecía?, Cerrándole la puerta en la cara, y gritándole desde el otro lado de la puerta, que era una entrometida y chismosa.
- Bien!, si no queres ayuda, quédate solo!- Le grito La maestra agua sumamente enojada. Lo había visto tan triste desde que volvió de las celdas, que pensó que talvez necesitara hablar con alguien, pero el… Ya no importaba, mejor seria dejarlo solo.
- Katara, espera!-
La puerta se abrió y un cabecita avergonzada y de mirada baja la contemplo, esperando a que ella dijera algo, pero no lo hizo, solo lo miro con indignación.
- Perdón, es solo que no es algo para hablar contigo, ni siquiera con Mai lo he hablado- dijo Zuko con una inusual tristeza en su tono de vos.
La joven lo miró extrañada, ya no poseía esa en su mirada, digna del Señor del Fuego, sino más bien, tenia sus ojos apagados, y bajos, como si de un soplo su llama interna se hubiese apagado.
- Talvez pueda ayudarte- dijo acercándose de apoco y acompañándolo a sentarse en el suelo, apoyando su espalda en la pared helada.
El no sabía si huirle a su miedo o expulsarlo de su cuerpo, Debía ser fuerte por el bien de su nación, y de su propio orgullo, pero al encontrar la profunda mirada de Katara clavada en sus ojos, cedió a hablar, contándole todo lo que su padre, le había dicho, y recalcando una y otra vez que su temor pintado de muerte era verdadero, su madre debía estar ya en mejor vida.
Espero la respuesta de la maestra Agua esperando, algo típico de ella, alguna palabra consoladora, o un consejo que lo encaminara a buen puerto, pero catada se quedo mirando hacia la nada analizando cada cosa que su amigo le decía, pero en ningún momento lo miro.
-Katara…- pregunto buscando la respuesta que esperaba- Kata…-
Un abrazo, esa fue la mágica solución que propuso ella, para sanar las penas del dolorido huérfano. Y no se equivoco eso era lo que necesitaba, un apoyo, una señal, de que, lo que el sentía no estaba mal. Lo que ella no sabia que ese alivio que estaba brindando se estaba convirtiendo en un sentimiento totalmente diferente en un corazón a 3 puertas de distancia.
Dos ojos confundidos, no podían entender en ese momento que "no todo es lo que parece".
