N/A: Este tiene que ser el capítulo más difícil de escribir en la historia. Pasé media hora literalmente observando como el cursor titilaba en la pantalla. El que la universidad consuma el 110% de mi tiempo no ayuda tampoco…
Gracias a: LatexoHPo, elapink100, Hatake Nabiki, MarQueZA-N1, vale romanoff, FranC'G, liliscamander4ever, Bellanotta, Quetzalli Yatzil, Cat-Aflo, PAOLITHA12, abrilmillet, lupitama, Sasha Minari17, lupitamasencullen y Black Tea Lover por comentar/seguir/añadir a favoritos.
Soundtrack: La Noyée de Serge Gainsbourg
Disclaimer: No me pertenece. ¿Feliz? Ya lo dije. El título proviene de la canción homónima de OneRepublic.
Capítulo 1: If I Lose Myself.
If I lose myself tonight
It'll be by your side.
Con el fin de eliminar los peligrosos pensamientos que recorrían su mente, Natasha decidió salir a la cafetería medio destruida que estaba a la vuelta de la esquina. Necesitaba alejarse de Clint, con urgencia.
El edificio que se encontraba frente a ella era de un gris apagado y las paredes parecían combarse hacia ella como si el calor le pesara, el frisado se venía abajo y algunas de las lámparas del interior parpadeaban sin cesar.
Lo único que parecía funcionar era el aire acondicionado y esa era en realidad la única razón por la que había hecho la caminata bajo el sol ardiente y el aire cargado de humedad hasta el decrépito local.
-Buenas tardes, ¿En qué puedo ayudarla? –preguntó la dependienta en cuanto ella cruzó la puerta.
Por lo menos tienen modales.
-¿Qué bebidas frías tiene?
-Tengo té helado, algunas latas de soda y un par de botellas de cerveza. –contestó mientras rebuscaba en el refrigerador.
-Me lo llevo todo. –decidió con rapidez.
-Muy bien.
La dependienta –Naveen, según decía la placa enganchada a su delantal- guardó las bebidas en una bolsa de plástico y registró su pedido en un grueso libro de contabilidad.
Natasha pagó con rapidez aunque con reticencia. Aún no quería volver al calor del apartamento con la distracción de Clint en su mente todavía.
Con un suspiro interno, recogió la bolsa y se despidió con un gesto de Naveen.
Hora de volver a la tortura.
Sin embargo, al llegar al apartamento, se lo encontró vacío.
Con cautela, dejó la bolsa en el suelo, sacó la pistola de la banda de su pantalón y revisó las tres áreas que componían su residencia temporal: la cocina, dormitorio/baño y salón, que se había vuelto su habitación de vigilancia.
Una vez se hubo asegurado de que se encontraba sola, revisó la cocina en busca de algún rastro de su compañero.
Si esto es una de sus bromas pesadas, lo mataré. Así al menos tengo algo que hacer.
Sus planes resultaron innecesarios al encontrar un stick-it amarillo pegado a la pared.
"Estoy siguiendo al cerdo. Nos vemos luego ;).
C.
PD: Guárdame una cerveza y una soda por favor. En el refrigerador hay hielo."
Arrugó el papelito amarillo con los jeroglíficos que conformaban la letra de Clint y lo botó en la basura.
El único aspecto positivo de quedarse sola en el apartamento es que al menos podía quitarse el resto de la ropa y quedarse en ropa interior.
Encogiéndose de hombros, guardó las compras en el viejo y destartalado refrigerador, aprovechando de tomar unos cubitos de hielo y una soda para ella.
Se quitó la ropa, quedándose con solo el sujetador y las bragas negras a juego, destapó su soda y recorrió su clavícula con el cubo de hielo, intentando refrescarse un poco. Con la otra mano tomó el manoseado ejemplar de Heat Wave y continuó leyendo hasta que el calor, la humedad y las letras la sumieron en un profundo sueño.
Así la encontró Clint. Acostada en el sofá con los cabellos derramados sobre el brazo del sofá, la curva de sus senos húmeda por el hielo derretido y el libro sujetado ligeramente con los dedos.
Clint dejó la bolsa de papel con la comida en la destartalada mesa de madera y tomó una de las latas de refresco que Natasha había comprado. Estaba a punto de abrirla cuando la idea de una broma se asomó a su cabeza.
Con una sonrisa malvada, tomó un par de cubos de hielo del refrigerador y se dirigió al sofá con la intención de sobresaltar a su compañera.
Lo que no esperaba era la sensual imagen con la que se topó. Sus ojos se quedaron fijos en sus carnosos labios entreabiertos, en el contraste entre el encaje negro, su pálida piel cremosa y la fiereza de sus rizos carmesí. Inconscientemente, sus pies la llevaron hacia ella, dejando la lata en la mesita de estar y tomando el libro de sus manos.
Siguió caminando como en un trance hacia ella, sus ojos fijos en su cuerpo, subiendo lentamente desde el delicado arco de sus pies, deteniéndose brevemente en la gentil curva de sus largas piernas y la forma en que su suave piel se extendía sobre sus firmes músculos. Su mirada abarcó la amplitud de su busto y la longitud perfecta de su cuello hasta llegar a su rostro, con sus carnosos labios, pómulos altos y preciosos ojos verdes.
Ojos verdes que estaban mirándolo fijamente.
-¡La santa mierda Natasha! –gritó soltando la lata y los cubos de hielo.
-¿Ves algo que te guste? –preguntó con una ceja alzada, repitiendo sus palabras.
-Yo nunca he negado que eres una mujer atractiva. –contestó recogiendo la lata y los prácticamente derretidos cubos de hielo.
-Uhm. –se levantó del sofá, memorizó la página del libro y lo cerró, dejándolo en la mesa de café frente a ella. Se dirigió a la cocina, rozando su cuerpo contra el de Clint cuando pasó a su lado- ¿Entonces no te molesta que me quede así?
-¿No? Ehem. No, para nada. Adelante. –enmascarando su incomodidad con una sonrisa sarcástica. Abrió la lata y todo su contenido salió disparado hacia su rostro.
Natasha estaba de pie frente a él mirándolo con una ceja alzada, recostada contra la columna con unos cubos de hielo en una mano y una toalla de mano en la otra. Definitivamente no estaba impresionada con los esfuerzos de su compañero por mantener una imagen indiferente.
Tomó la toalla y envolvió varios cubos de hielo en ella, se acercó a él y empezó a limpiar la sustancia pegajosa de su cuello y rostro.
Natasha fijó su mirada en los ojos grises de Clint, observando como su imagen se reflejaba en ellos, sintiendo como todas las promesas de mantener las barreras entre ellos se desmoronaban y la tentación de tocar sus labios con los suyos se hacía más fuerte.
Ella vio los mismos pensamientos reflejados en el rostro del arquero y detuvo el movimiento de sus manos.
-¿Qué estamos haciendo Clint? –susurró colocando sus manos en su amplio y firme pecho.
-No lo sé. –contestó rodeando su cintura con sus brazos- Pero no quiero detenerme.
Clint rozó su cuello con la nariz, disfrutando su intoxicante olor a pólvora, sudor y frutas tropicales.
-¿Estás seguro de esto? –preguntó sin aliento ladeando el rostro para facilitarle el acceso a su piel. Clint aprovechó la oportunidad y depositó pequeñas mordidas y besos a lo largo de su piel.
-Lo he estado desde hace tiempo. –detuvo sus caricias y la miró a los ojos.
Ella se encontró sin palabras ante el deseo y una emoción que se negaba a identificar reflejado en su rostro, así que sólo pudo asentir y rodear su cuello con los brazos.
-Bésame. –susurró acercando su rostro al suyo.
¿Cómo me voy a negar a eso? –pensó obedeciendo inmediatamente.
Atrapó su labio inferior entre sus dientes y mordió ligeramente, lamiendo suavemente su piel. Sus manos acariciaron su espalda hasta llegar a la parte alta de sus muslos. La alzó en brazos y la sentó en la mesa del comedor.
Natasha enroscó sus piernas alrededor de su cintura y lo atrajo hacia ella. Metió sus manos bajo la camiseta y acarició su musculosa espalda, dejando pequeñas marcas rojas tras el recorrido de sus uñas.
Ninguno de los dos se vio capaz de decir algo, la magnitud del momento que por fin estaban viviendo había robado las palabras de sus bocas, reemplazándolas con suspiros, jadeos y respiraciones entrecortadas. Sus mentes estaban vacías de cualquier pensamiento, consumidas por la necesidad ardiente que se apoderaba de ellos.
Clint deslizó sus manos por el torso cálido y contradictoriamente suave y firme de su compañera, llenando sus manos con su piel deliciosamente desnuda, memorizando el recorrido de sus dedos callosos desde la base de su espalda donde dos hoyuelos estaban perfectamente formados hasta el broche del tentador sujetador.
Sus ojos se encontraron momentáneamente y llegando a un mudo acuerdo, Clint desnudó el pecho de Natasha y viceversa. Se detuvieron un segundo para admirar visiones que habían captado antes pero nunca se habían dado el placer de disfrutar.
Los labios de Clint dejaron un rastro húmedo desde su mandíbula hasta la curva superior de sus senos, depositó un pequeño beso en el rosado oscuro de su piel y…
¡RIIIING!
Natasha se alejó de su compañero y le lanzó una mirada envenenada al celular.
-No contestes. –pidió Clint atrayéndola por la cintura.
-Debo hacerlo. –contestó ella apartándolo de nuevo.
Él iba a protestar cuando Natasha lo fulminó con la mirada y se movió a tomar el teléfono de la "mesa de vigilancia".
No le avergonzaba admitir que sus ojos se posaron en su figura grácil con un descaro casi adolescente. Natasha lo atrapó observándola –o mejor dicho, comiéndosela con los ojos- y sólo alzó una ceja. Aunque no hizo ningún movimiento para ocultarse de él.
-Romanoff.
-¿Cómo está mi asesina favorita? –contestó Tony. Ella soltó un suspiro amargo y rodó los ojos.
-¿Qué quieres Stark?
Clint alzó la mirada a su rostro en el momento que ella mencionó el nombre. En su rostro se expresaba el fastidio y los instintos levemente asesinos que Natasha estaba considerando antes.
-Necesitamos de tus escalofriantes habilidades de Mata Hari y a Jason Bourne para una misión.
-Estamos en medio de algo.
El arquero alzó una ceja ante el doble sentido de su frase.
-Puedes apostar que lo estamos. –dijo moviendo las cejas.
Obtuvo unos ojos en blanco por respuesta.
-Esto toma precedencia. Aclarado por Fury. Uno pensaría que estarías más contenta de salir de ese infierno.
-¿Cómo…? No importa. No quiero saber cómo obtuviste esa información.
Colgó el teléfono y recogió su ropa, dispuesta a vestirse y marcharse del calor sofocante lo más pronto posible.
Clint, que había empezado a recoger sus cosas en el momento que Natasha colgó el teléfono, dudó un momento antes de apagar los monitores. ¿Qué pasaba si ella se arrepentía de su decisión ahora que habían sido interrumpidos?
Sus dudas quedaron disipadas cuando Natasha pasó a su lado y apretó ligeramente su trasero, susurrándole al oído:
-Aún no he terminado contigo. –terminó mordiéndole ligeramente el lóbulo de la oreja.
La sonrisa perversa del arquero fue respuesta suficiente para ella.
N/A 2: Okay, Okay. Tengo a los pobres insatisfechos desde hace un buen tiempo, pero créanme me lo agradecerán con el tiempo ;)
