THE WAY TO LOVE

Autor: Jiraiya

NOTA: Los derechos de la serie Hanaukyo Maid Tai no me pertenecen. Esta historia fue escrita sin fines de lucro, solo como medio de esparcimiento. No me demanden.


Capítulo II: "EL NUEVO SEÑOR DEL IMPERIO HANAUKYO"

Taro contempló su flamante limusina negra Rolls Royce con un dejo de resignación. No es que no encontrara linda la limusina, es solo que aún no se lograba acostumbrar a los lujos excesivos que habían pasado a formar parte de su vida desde que heredó la fortuna de su abuelo.

Sí, era una hermosa limusina, sin lugar a dudas, pero él hubiera preferido algo más normal. Un automóvil común y corriente hubiera estado bien. Pero él no podía permitirse ser visto en algo tan "común". Como siempre decía Konoe: "Como cabeza del imperio Hanaukyo, usted tiene una imagen y una reputación que cuidar". Bien, eso era cierto, pero no quitaba el hecho de que seguía prefiriendo las cosas normales, como un automóvil corriente. Tal vez no sería mala idea comprar uno para salir a pasear con las chicas de vez en cuando. Estaba seguro que a Ikuyo, Cynthia y Grace les encantaría la idea. Haría las consultas una vez volviera del almuerzo. El imperio Hanaukyo era accionista en Audi, Mitsubishi, BMW, Aston Martín y Ferrari, así que no debería ser tan difícil conseguir algo de su agrado.

Una vez Taro estuvo frente a su limusina, el chofer lo saludó cortésmente antes de abrirle la puerta, haciendo una respetuosa reverencia. Taro entró a la limusina seguido por Konoe, que lo escoltaba de cerca, mirando con desconfianza a todos los presentes, con su inseparable katana lista para ser desenvainada si fuera necesario. Este hecho solo aumentó la curiosidad de la gente que pasaba por fuera del edificio administrativo del imperio Hanaukyo, que se preguntaba quién era el joven que entraba a la limusina. Otros, que parecieron reconocerlo, lo miraban impresionados y comentaban cosas entre ellos, mientras las efectivas del cuerpo de seguridad de Konoe, alejaban a empujones a los reporteros y paparazzi que pugnaban por entrevistarlo y tomarle una fotografía.

¿Cómo rayos se enteró esa gente que él estaba en la ciudad? Pero más importante, ¿en qué momento se había hecho tan conocido? Hasta la fecha solo había participado en un evento público, que a la vez fue su estreno en sociedad. Fue una cena de beneficencia a favor de UNICEF, que su abuelo patrocinaba todos los años, donde sólo asistía gente de la alta sociedad, y al final de la cual, su abuelo entregaba el generoso donativo del imperio Hanaukyo. Este año, muy a su pesar, debió asistir en lugar de su abuelo para entregar esa millonaria donación. Cuando anunció el monto del donativo que decidió entregar, pese a las protestas de su mesa directiva, a muchos casi se les cayó el pelo de la impresión, y a la gente de UNICEF por poco y le da un infarto. Su donativo fue bastante elevado, pero podía permitírselo, además, era por una buena causa. Ese dinero ayudaría para alimentar a miles niños desvalidos en África. Lo que no esperaba es que esa buena obra lo volviera el blanco de la prensa mundial, que pasó semanas detrás de él, queriendo entrevistar y conocer al nuevo y generoso señor del imperio Hanaukyo. Y aún ahora, el cuerpo de seguridad de Konoe atrapaba a un equipo de reporteros y 2 o 3 paparazzi a la semana tratando de colarse a la mansión para entrevistarlo o tomarle alguna fotografía.

"Konoe-San tiene razón. Ya no podré volver a llevar la vida anónima de antes. Para bien o para mal, ahora soy una persona importante" pensó Taro con resignación.

- ¿Ocurre algo, Taro-Sama? –- preguntó Konoe, luego de darle las instrucciones al chofer, para ir al encuentro de Jihiou Ryuuka.

- Nada, sólo... me preguntaba cómo lo hacen esos reporteros para saber siempre donde voy.

- Lo lamento, Taro-Sama. Extremaré la seguridad para que no vuelvan a haber filtraciones –- se excusó Konoe, que en todo caso ya estaba pensando en revisar otra vez la seguridad para ver quien se fue de lengua con la prensa, para despedirlo de inmediato.

- No te preocupes Konoe-San. No estoy molesto. Y no despidas a nadie por favor. Si estimas necesaria una reconvención, estoy de acuerdo, pero nada de despidos.

Konoe miró sorprendida a Taro, que la observaba con una sonrisa gentil. El había intuido perfectamente lo que estaba pensando. Eso era algo que él hacía bastante a menudo de un tiempo a esta parte. ¿Será acaso porque pasaban mucho tiempo juntos últimamente? Dejando eso de lado, era bueno saber que Taro seguía siendo el chico de buenos sentimientos que llegó por primera vez a la mansión.

- Como usted desee, Taro-Sama –- respondió Konoe, con una leve sonrisa.


Como era de esperar debido a la profunda rivalidad entre los dos imperios financieros, el edificio corporativo del imperio Jihiou, era tan grande y majestuoso como el del imperio Hanaukyo, y para sorpresa de Taro, fuera del edificio había otro regimiento de reporteros y fotógrafos esperando por él, sin contar los que lo habían seguido en su camino al edificio del imperio Jihiou.

El cuerpo de seguridad de Konoe, que escoltaba a la limusina de Taro en dos grandes todoterreno negras, se desplegaron nada más se detuvieron para hacer su trabajo, que no fue tan exigente en esta ocasión, ya que el cuerpo de seguridad de los Jihiou ya estaba conteniendo a los reporteros y curiosos. Un frustrado Taro entró al edificio escoltado por Konoe entre los flashes de las cámaras fotográficas y las preguntas de los reporteros. Adentro lo esperaba Jihiou Ryuuka, con su habitual sonrisa altanera, vistiendo un hermoso y fino vestido color rojo. Taro no pudo evitar quedar impresionado por la chica. Ryuuka había madurado mucho el último tiempo y estaba convirtiéndose en una mujer realmente hermosa.

Por su parte, Ryuuka también se llevó una sorpresa a ver a Taro. El chico se veía más seguros de sí mismo y ese costoso traje a la medida le sentaba realmente bien. Tal parece que finalmente Hanaukyo Taro había tomado conciencia de su nuevo estatus.

- Hasta que al fin llegas, renacuajo -– dijo Ryuuka cruzándose de brazos, dedicándole una mirada reprobatoria a Taro, mientras recibía una penetrante mirada de Konoe por la forma tan irrespetuosa que tenía al referirse a su señor.

- Hola Ryuuka-San. Lamento la demora. Ya sabes como es el tráfico de Tokyo -– respondió Taro, pasando por alto el insulto, después de todo, Ryuuka siempre lo llama de esa forma.

- Sí, lo que digas -– respondió la chica, hasta que miró con más detenimiento al nuevo señor del imperio Hanaukyo, parándose junto a él para comprobar su altura - ¡No puede ser! Volviste a crecer -– dijo ella, al comprobar que Taro ya prácticamente la había alcanzado, por lo que ya no podría volver a llamarlo enano, petizo, o cualquier otro apelativo descalificativo para "pequeño".

- Sí, bien... estoy en plena pubertad, se supone que debo crecer –- respondió Taro un poco apenado -– En todo caso... ¿Qué hacen todos esos reporteros allá afuera?

- Vienen a vernos a nosotros, obviamente. No todos los días los herederos de dos de los más grandes y poderosos imperios financieros del mundo salen a comer juntos. Esa es sin duda una gran noticia –- respondió Ryuuka.

- ¿Y cómo supieron que saldríamos a comer? –- preguntó Taro.

- Yo les pasé el dato... discretamente –- respondió la chica, antes de reír como solo ella sabía hacerlo.

Taro sonrió en resignación, mientras Konoe rodaba los ojos y daba un bufido, molesta por el desatino de la chica, ya que ahora ambos estarían expuestos a todo. La verdad no envidiaba la gente de seguridad que debía cuidar a Ryuuka. La chica debía ser todo un dolor de cabeza para ellos.

- ¿Y dónde dejaste a Mariel? Ella siempre anda detrás de ti como si fuera tu sombra -– preguntó la chica, buscando a la susodicha con la mirada.

- Está haciendo algunos recados, pero si quieres la puedo llamar –- respondió Taro, mientras Konoe sacaba un celular, lista a llamar a Mariel si se lo ordenaban, aunque no fuera algo de su agrado.

- No, gracias. Con tu perro guardián es más que suficiente.

Konoe le dedicó una furibunda mirada a la chica Jihiou por su comentario, aguantándose las ganas de ponerla en su lugar. Por su parte, Ryuuka pasó de ella como si nada.

- Bien... basta de plática. Vamos de una vez, y por tu bien espero que me lleves a un lugar acorde a mi estatus –- repuso Ryuuka, colgándose del brazo de Taro.

Taro sonrió en respuesta y comenzó a caminar a la salida, dedicándole una mirada de auxilio a Konoe. Esta no necesitó más para saber lo que su señor quería de ella. Inmediatamente tomó su celular he hizo las llamadas necesarias para reservar una mesa en el más fino y costoso restaurante del imperio Hanaukyo. Afuera, los flashes de las fotos y las preguntas de los reporteros no se hicieron esperar. Ryuuka se veía encantada por la atención, mientras un cohibido Taro lo único que quería era entrar luego a la limusina e irse a comer de una vez.


Konoe estaba nuevamente sentada en el sillón al otro lado de la sala de reuniones, mientras continuaba la junta directiva luego del receso para almorzar. Taro ponía atención y revisaba minuciosamente todos los documentos que se presentaban. Konoe no pudo evitar sonreír al verlo tan concentrado. En eso, hizo aparición una secretaria con una bandeja con café para los presentes. No pudo dejar de sorprenderse por el leve parecido de esta con Jihiou Ryuuka, algo que tampoco pasó desapercibido para Taro. Eso le hizo recordar a Konoe el almuerzo de hace una hora atrás.

El almuerzo con Jihiou Ryuuka transcurrió con relativa normalidad. El restaurante que había elegido para la ocasión era uno de los más exclusivos, costosos y lujosos de Tokyo. Era una de las ahora numerosas propiedades de su señor, motivo por el que el personal del restaurante se esmeró en atender a su nuevo patrón y su invitada como si fueran de la realeza. Por fortuna la fastidiosa de Ryuuka no se lo pasó criticando el lugar, la comida o la atención, como era de esperar.

Konoe no despegó los ojos de la pareja durante toda la comida, en especial de Ryuuka. Sentía una punzada en el corazón al ver como pese a todos sus regaños y su actitud altanera, Ryuuka se le insinuaba constantemente a Taro. Las señales que mandaba la chica Jihiou eran más que claras, fuera del hecho de que andaba constantemente acosando a Taro con intenciones matrimoniales. Por su parte, él ni se daba por enterado, o bien, se hacía el desentendido. Obviamente esto frustraba un poco a Ryuuka, pero conociéndola, no cejaría en su intento hasta lograr una reacción de Taro, más ahora que parecía tener fuertes motivos personales.

Taro había resistido estoicamente hasta ahora, pero estaba claro para ella que tarde o temprano terminaría enredado con alguna mujer. Siempre creyó que esa mujer sería Mariel, pero ahora las cosas no parecían ser tan claras. Algo había pasado con Taro. Se lo notaba un tanto resignado y cansado. Tal vez el llevar tanto tiempo sin ningún avance con Mariel, teniendo tanta mujer dispuesta rodeándolo en la mansión haya sido un factor decisivo para esta actitud. No es menor el hecho de que con tan solo una señal, cada una de las sirvientas de la mansión pelearían con uñas y dientes por la posibilidad de ser la pareja de Hanaukyo Taro, o por hacerle compañía en la cama.

Lo más frustrante de toda la situación de Mariel, es que si Taro se lo solicitaba, Mariel se volvería su amante sin dudarlo, pero él jamás haría algo así, ya lo había dejado claro en una ocasión. Al final, todo dependía de Mariel, que no hacia la menor insinuación en un sentido u otro. Con ya casi dos años de status quo, no era de extrañar que Taro terminara cansado con la situación. Esto le daba a Ryuuka una real opción de acercarse al corazón de Hanaukyo Taro, si se dejaba de estupideces y mostraba de una vez lo que sentía.

Con pesar, Konoe consideró que de todas las opciones, la última sería la mejor. Jihiou Ryuuka era una mujer proveniente de una poderosa e importante familia, y pese a todo lo que se pudiera creer, era una mujer culta y educada (cuando se lo proponía). Ryuuka era la mejor opción para alguien como Hanaukyo Taro.

El dolor afloró nuevamente en el corazón de Konoe, al recordar sus propios sentimientos y saberse fuera de carrera. Ella no era digan de él. Nunca lo sería, pero... ¿qué con lo que pasó el día anterior en el dojo de la mansión? De no haber aparecido Mariel, entonces... ¿qué? ¿se hubieran besado? ¿Hubiera pasado algo más? Con las mejillas ardiendo debió reconocer que era posible.

Para Konoe era claro que su señor ya no era el chico inocente y alérgico a las mujeres que llegó por primera vez a la mansión hace casi dos años. El vivir rodeado constantemente de tantas mujeres hermosas había logrado cambiarlo un poco... despertarlo tal vez. Hanaukyo Taro había comenzado a mirar a las mujeres con ojos de hombre, lo cual era completamente normal para su edad. Además, esa alergia a las mujeres que lo aquejaba había prácticamente desaparecido. ¿Fue acaso la reacción que tuvo en el dojo causada por esto, o acaso...?

"¿A quién quiero engañar? El nunca se fijaría en mí como mujer. Solo soy una amiga más, como lo son Chynthia, Grace o Ikuyo. No hay más que eso. El corazón de Taro-Sama hace mucho que tiene dueña" pensó con pesar la mujer de larga cabellera, con un dejo de tristeza en el rostro y el corazón apretado.

- ¿Estás bien, Konoe-San?

La mujer fue sorprendida por esas palabras, percatándose que su señor estaba de pie frente a ella, observándola con algo de preocupación. Solo entonces cayó en cuenta de que los demás integrantes de la junta directiva se habían puesto de pie y estaban conversando en pequeños grupos dispersos por el gran salón.

- ¡Taro-Sama!... ¿Terminó la junta? -– preguntó, dando un par de pestañadas en sorpresa.

- Hace unos minutos, pero seguiremos mañana. Aún hay algunos puntos por tratar. Dejando eso de lado... ¿estás bien? Te veías como perdida en alguna parte, y no tenías muy buen semblante -– preguntó con preocupación el joven heredero Hanaukyo.

- Estoy bien, Taro-Sama, solo... solo pensaba en algo. Lamento haberme distraído tanto –- respondió la mujer poniéndose de pie, reprendiéndose mentalmente por haberse perdido tanto en sus pensamientos, al extremo de descuidar por completo sus obligaciones.

En ese momento hizo ingreso al salón de juntas, Mariel, acompañada con una visiblemente cansada Ikuyo, luego de un día entero haciendo recados por la ciudad.

- Taro-Sama, estamos listas con los encargos que debíamos realizar. Podemos volver a la mansión cuando usted lo deseé –- dijo Mariel, de pie ante el joven.

- No volveré esta noche a la mansión, Mariel. La junta continua mañana, ya que aún faltan cosas por ver, así que me quedaré aquí en la ciudad –- anunció Taro, sorprendiendo a sus sirvientas –- Por favor has los arreglos para el hospedaje del equipo de seguridad de Konoe y para mi en uno de nuestros hoteles. Quiero las mejores habitaciones para todos y que el equipo de seguridad tenga acceso a todos los servicios del hotel. Sauna, masajes, spa, piscina... lo que ellas quieran, y que les sirvan la mejor cena del menú. Han trabajado muy duro hoy. Se lo merecen.

- Como desee, Taro-Sama –- respondió Mariel, tomando nota de todo en su agenda, antes de emprender rumbo fuera del salón de juntas para hacer los arreglos que su señor le había solicitado.

Konoe miró con sorpresa a su señor por su decisión y las condiciones que había solicitado para el alojamiento. Consideraba un tanto excesivo mimar de esa forma a sus efectivas de seguridad, pero su señor ya había tomado su decisión. A fin de cuentas, tenía algo de razón. Habían tenido mucho trabajo ese día manteniendo a raya a los reporteros y curiosos. Le dedicó una mirada a su señor y articuló un silencioso "gracias", que Taro respondió con una sonrisa. Con eso, Konoe salió un momento del salón para hacer los arreglos de seguridad.

Como era de esperar, Ikuyo también quiso quedarse en la ciudad esa noche, pero pese a sus protestas, debió regresar a la mansión junto con Mariel, a dejar todas las cosas que habían recogido durante el día. Una estrecha mirada por parte de Konoe había zanjado el problema. Ikuyo debió tragarse sus protestas y volver a la mansión con Mariel, después de todo, ella piloteaba el helicóptero.

La que obviamente no puso problemas con la decisión fue Mariel. Ella también se quedaría en la mansión ya que habían cosas que debía atender. El siguiente día por la tarde volvería a recogerlo junto con Ikyuo en el helicóptero. Secretamente Taro deseó que Mariel se quedara con él, de hecho, pudo pedírselo y hacer que delegara sus obligaciones, pero quería que el gesto naciera de ella. Finalmente, y como ya lo suponía, ella simplemente aceptó con su típica sonrisa que había aprendido a amar, y hasta cierto punto, odiar.

"Las cosas siguen igual" pensó con desgano un abatido Taro, pero se las arregló para no demostrarlo.


El hotel seleccionado para pasar la noche fue uno de los más costosos y lujosos de la ciudad, propiedad del imperio Hanaukyo. El hotel entero se puso de cabeza al saber "quien" se hospedaría ahí esa noche. Todo mundo corría de un lado a otro ordenando y limpiando una y otra vez para dar la mejor impresión a Hanaukyo Taro, dueño de un imperio financiero, al que precisamente pertenecía ese hotel.

Nada más entrar fue recibido como un rey, siendo prontamente escoltado a su habitación, que no podía ser otra más que el penthouse en el último piso, la mejor y más costosa habitación del hotel, que estaba fastuosamente decorada y preparada para recibirlo. Las habitaciones para el resto de su comitiva no se quedaban atrás. Tal como había solicitado, eran las mas lujosas, superadas solo por el penthouse. Demás está decir que todas las sirvientas del grupo de seguridad quedaron encantadas con sus habitaciones, y sobre todo al saber que el spa de hotel estaba reservado exclusivamente para ellas y que las estaban esperando para atenderlas. Konoe organizó unos turnos de vigilancia de tal forma de que todas pudieran disfrutar de la atención que les había preparado su señor. Finalmente todos se retiraron del penthouse, dejando solo a Konoe y Taro, que se acercó al balcón para observar la ciudad de noche.

- ¿No vas a ir a spa con las demás, Konoe-San? –- preguntó Taro, cuando Konoe se acercó para quedar de pie junto a él en el balcón.

- Alguien tiene velar por su seguridad, Taro-Sama -– respondió ella, con firmeza.

- Bien, no es como si un grupo de terroristas fuera a entrar en este momento por esa puerta para secuestrarme y luego pedir un rescate –- dijo el joven señalando la puerta principal, mientras se encaminaba a una fina mesa de época para servir un par de copas de champaña que habían dejado ahí de cortesía, junto con un fastuoso y costoso cóctel, que ni en sueños podría comer él solo.

- Nunca se sabe, Taro-Sama. Alguien tan importante como usted...

- Puede tener muchos enemigos potenciales –- dijo el joven, terminando la frase de la mujer. Ya la había escuchado tantas veces que se la sabía de memoria.

- Usted lo ha dicho –- afirmó Konoe.

El joven regresó al balcón con dos copas de champaña y le tendió una a su jefa de seguridad. Ella hizo el amago de rechazar la oferta, pero la mirada de su señor dio a entender que no aceptaría un no por respuesta. Konoe debía reconocer que de un tiempo a esta parte, su señor había dominado el arte de imponer sus decisiones. Sonrió y recibió la copa.

- Salud –- dijo Taro, levantando su copa.

- Salud –- respondió la mujer, chocando su copa con la de su señor, para luego dar un sorbo. Debió reconocer que la champaña estaba excelente - ¿Qué celebramos? –- preguntó repentinamente.

- Qué nos libramos de las idioteces de Ikuyo, hasta mañana por la tarde –- respondió el joven con una sonrisa pícara.

Konoe dio un par de pestañadas en sorpresa por la ocurrente respuesta de su señor, pero luego le fue imposible no reír. Taro rió con ella.

Cuando ambos pararon de reír, decidieron atacar el cóctel que había en un par de mesas elegantemente arreglas. Fue imposible para ellos acabar con toda esa comida, pero lo estaban intentando. Finalmente, se relajaron y pudieron conversar más en confianza, como dos buenos amigos, algo que había estado pasando de un tiempo a esta parte cuando tenían la posibilidad de compartir un momento a solas. Konoe era la que más disfrutaba y esperaba estos raros momentos en que no estaba Mariel rondando para echar a perder el ambiente. La mujer agradeció mentalmente que la susodicha no se hubiera quedado en la ciudad esa noche.

Así el tiempo fue pasando casi sin darse cuenta. La plática era entretenida, y la compañía mejor aún, hasta que Konoe miró su reloj y al ver la hora, consideró que ya era tiempo de dejar descansar a su señor. Así se lo hizo saber.

- Creo que ya es hora de retirarme, Taro-Sama. Usted debe descansar, y si mal no recuerdo, anoche no pudo dormir lo necesario.

- Estoy bien, no te preocupes, Konoe-San, de hecho, estaba pensado en ir a dar una vuelta por la ciudad –- comentó Taro en forma repentina, tomando desprevenida a la mujer.

- ¿Salir por la ciudad? ¿Ahora? –- preguntó ella, sorprendida por la ocurrencia de su señor.

- Es que estuve todo el día encerrado en una sala de juntas y la verdad me gustaría distraerme un rato y tomar un poco de aire –- respondió el joven, con una de esas miradas que Konoe había aprendido a conocer luego de pasar tanto tiempo junto él. Una mirada que dejaba en claro que su decisión ya estaba tomada.

- Bien, si eso es lo que desea, entonces debo hacer los arreglos de seguridad para...

- No es necesario que molestes a las chicas para esto, Konoe-San. Déjalas disfrutar de la comida y del spa –- dijo el joven, cortando a su jefa de seguridad a media frase.

- ¡Taro-Sama! No debería tomar su seguridad tan a la ligera, más aún si quiere salir de noche por la ciudad –- protestó la mujer.

- No lo hago. Es por eso que vendrás conmigo -– dijo el joven.

Konoe observó por unos instantes a su señor, considerando las cosas. Todas las efectivas de seguridad estaban disfrutando o estaban por disfrutar de la comida o del spa del hotel, y su señor quería que siguieran en eso, mientras él se escapaba a dar una vuelta por la ciudad.

- Usted tenía esto planeado desde antes, ¿verdad? –- preguntó la mujer, observando seriamente al joven sentado ante ella.

- A ti no te puedo ocultar nada –- respondió con una sonrisa –- Necesito distraerme un poco, sin presiones, sin operativos de seguridad, sin toda la parafernalia que significa ser quién soy.

- Eso es un tanto irresponsable de su parte, Taro-Sama -– repuso la mujer.

- Entonces los dos seremos unos irresponsables, ya que tu vendrás conmigo... ¿o a caso creíste que iba a escaparme solo? -– respondió Taro con una sonrisa, antes de continuar –- Conversando con los de la junta directiva me enteré que ahora soy dueño del mejor club de la ciudad. Solo se permite el ingreso a gente VIP, así que es un local muy exclusivo. Dicen que se pasa bien ahí, así que pensé que podríamos ir a dar una vuelta para ver si es cierto.

La mujer de larga cabellera oscura miró a su señor con la boca abierta. El realmente había planeado esto. Había planeado todo para quedarse a solas con ella... no con Mariel, sino con ella. El corazón de Konoe comenzó a latir desbocado, pese a que ella sabía que no había ninguna intención de fondo tras todo esto... ¿verdad?

- Hace tiempo que no nos divertimos juntos, desde esa vez que fuimos a comer una pizza, luego de una reunión en Sapporo –- dijo Taro, luego de algunos segundos en que la mujer no articuló palabra.

- ¿Divertirnos... juntos? –- preguntó ella, tomada nuevamente fuera de guardia por las palabras de su señor.

- Si. Debo reconocer que lo paso muy bien contigo, Konoe-San -– respondió el joven con una sonrisa sincera.

Konoe fue golpeada nuevamente por las palabras de su señor. El estaba reconociendo abiertamente que lo pasaba bien en su compañía. En otras palabras, le agradaba estar con ella, y para probar sus palabras, había preparado un escenario que les permitiera escaparse los dos, "solos".

- Yo... también lo paso bien en su compañía, Taro-Sama –- respondió la mujer, con un leve tinte de sonrojo en las mejillas, que pasó desapercibido por el joven Hanaukyo.

- Bien, entonces está decidido -– dijo el joven, con una de sus típicas sonrisas.

Mientras el joven tomaba el teléfono para pedir que prepararan su limusina, el corazón de la bella mujer encargada de la seguridad de Hanaukyo Taro fue presa de sentimientos encontrados. Por una parte estaba inmensamente feliz de que a su señor le gustara estar con ella, y que quisiera pasar tiempo a solas en su compañía. Pero por otra parte, no podía dejar de sentirse triste al saber que no habría más que esto. No habría compromisos, caricias, besos, o palabras de amor. Solo serían dos personas pasando un rato agradable, y finalizada la noche, él volvería a ser Hanaukyo Taro, dueño de uno de los imperios financieros más poderosos del mundo, y ella, su guardaespaldas personal... solo eso... nada más.

- Por cierto Konoe-San, pienso que debíamos hacer algo con tu ropa. Si vamos a ir al club más exclusivo de la ciudad, deberías cambiar tu uniforme de sirvienta por un vestido de noche -– comentó Taro.

- ¿Qué? ¿Un vestido? -– preguntó la mujer, sacada bruscamente de sus pensamientos por esas palabras de su señor.

Por respuesta, él solo amplió su sonrisa, mientras Konoe comenzaba a preocuparse.


Konoe aún se encontraba un tanto avergonzada sentada junto a su señor en la limusina, rumbo a ese club que había pasado a engrosar las propiedades y fortuna de Hanaukyo Taro. Reemplazando a su tradicional uniforme, vestía ahora un hermoso y hasta cierto punto, revelador vestido de noche, obsequio de su señor.

En el primer piso del hotel, había una exclusiva tienda de ropa femenina, que era parte de las tantas empresas Hanaukyo. La tienda había cerrado hacia unos 30 minutos, pero Taro hizo que la abrieran y mandaran a buscar a la dependiente inmediatamente. En este punto, Konoe tenía que admitir que su señor había tomado conciencia de su posición y sacaba ventaja de ella en determinados momentos, como en esta ocasión, pero siempre cuidando de no pasar a llevar a nadie en el proceso. Ese fue el motivo por el que se extendió un generoso cheque a la dependiente de la tienda por hacerla trabajar fuera de su horario habitual. Fue así como Konoe terminó vistiendo un hermoso vestido negro, que dejaba sus hombros al descubierto, con un generoso escote en la espalda. El vestido llegaba hasta un poco mas arriba de las rodillas, y era complementado por guantes negros hasta más arriba del codo, medias negras, zapatos del mismo color, aros, y un hermoso collar.

La mujer se veía realmente hermosa, y Taro tuvo dificultades para ocultar su sonrojo al ver lo hermosa que se veía su jefa de seguridad y guardaespaldas personal. Por su parte, la mujer no dejaba de sentirse un poco incomoda con esa ropa, ya que no estaba acostumbrada a vestir así, además, esa ropa era demasiado costosa. Ella jamás se habría podido permitir gastar tanto dinero en un vestido.

- Taro-Sama... creo que fue un poco excesivo gastar tanto dinero en este vestido. No puedo aceptar un regalo semejante -– dijo la mujer, luego de unos momentos.

- No te preocupes Konoe-San. Puedo pagarlo, además, quiero que lo tengas... ese vestido... se ve muy bien en ti –- dijo el joven, sonrojado y un tanto nervioso, sin poder mirar a la cara a la mujer sentada junto a él.

Konoe también fue presa del sonrojo por las palabras de su señor, mientras su corazón volvía a latir desbocado otra vez. Apenas fue capaz de contener sus emociones, pero no pudo evitar que una hermosa sonrisa se formara en su rostro.

- Gracias... Taro-Sama –- logró articular, deseando poder expresar lo que sentía, pero sabiendo que debía guardar la compostura.

Finalmente la limusina Rolls Roice se detuvo frente a la entrada al exclusivo club, que estaba atiborrado de gente en su exterior, pugnando por entrar, junto con curiosos que solo estaban ahí para ver quién entraba al local, entre los cuales había fotógrafos y reporteros. Al parecer el club en cuestión era el preferido por estrellas de la televisión y la música. Taro suspiró con resignación al ver la gente, reporteros y fotógrafos expectantes por ver quién bajaría de tan costosa limusina.

- Podemos regresar al hotel si lo desea, Taro-Sama –- dijo Konoe al ver la cara de resignación de su señor.

- No, ya estamos aquí, así que entremos. Además, sería un crimen que no pudieras lucir apropiadamente ese vestido –- respondió el joven, momento en que fue abierta la puerta de la limusina.

Taro descendió de la limusina y le extendió la mano a Konoe para ayudarla a bajar. La expectación afuera del club era espectacular. Los flashes de las cámaras fotográficas y las preguntas de los reporteros no se hicieron esperar. Por fortuna habían varios guardias de seguridad custodiando un pasillo acordonado que llevaba a la entrada del club por una vistosa alfombra roja. La pareja se encaminó a la entrada del club, bajo los flashes de las cámaras fotográficas y las miradas curiosas al ver la flamante katana que cargaba la hermosa mujer de cabellera oscura. Al llegar a la entrada principal un gorila vestido de traje les cortó el paso.

- Su invitación –- solicitó con voz fría.

- ¿Invitación? No sabía que se necesitara una –- respondió Taro, sorprendido.

- Este es un club exclusivo, joven, aquí solo entra gente de un alto nivel económico y hoy hay un evento especial. Solo se ingresa con invitación. Si no la tienen, entonces no entran.

Konoe estrechó la mirada y dio un par de pasos adelante dándole una peligrosa mirada al hombre frente a ella mientras que con su pulgar desenvainaba lentamente su katana.

- ¿Acaso no sabes ante quien estás parado? –- preguntó la mujer con voz acerada - Estás frente a Hanaukyo Taro-Sama. Dueño del imperio Hanaukyo, uno de los hombres mas poderosos del mundo, y además, propietario de este club y quién firma el cheque de tu sueldo a fin de mes. Ahora, si quieres seguir conservando tu empleo por la mañana, te sugiero que nos dejes pasar y hagas que preparen la mejor mesa del local... ¡pero ya! –- dijo Konoe, con una mirada asesina.

Taro no supo si fue por la amenaza de Konoe, el ver el filo de la hoja de la katana lista a ser desenvainada y usada, o porque el sujeto finalmente lo había reconocido. Como sea, luego de eso, se les permitió el ingreso y todo mundo corrió de un lado a otro preparando todo para atenderlos como si fueran de la realeza.

El club en si era realmente espectacular. Había una gran barra en una esquina, con algunas barman haciendo malabares con botellas, butacas de cuero para sentarse, mesas, una gran pista de baila, una banda tocando al fondo, un escenario y un impresionante juego de luces, todo decorado de forma impecable y costosa. Tal como dijo el sujeto de la puerta, se podía apreciar que había un evento especial en desarrollo, ya que reconoció a varias conocidas estrellas de cine local, algunos cantantes y gente del espectáculo. Todos parecían estar pasándola de maravilla.

La pareja fue escoltada hacia el sector más VIP del local donde una mesa con butacas de cuerpo esperaba por ellos. Lo único que Taro esperaba es que no hubieran tenido que correr a alguien para dejarles el lugar. Fueron atendidos prontamente, con cosas para picar y champaña, todo cortesía de la casa, como era de esperar.

Taro y Konoe se observaron y sonrieron luego de haber tenido que pasar por todo eso para llegar ahí. Hicieron un brindis y bebieron de la finísima champaña mientras en el escenario la banda tocaba el tema "I want to break free" del grupo Queen.

El ambiente era bueno, la música excelente, la compañía inmejorable y la noche joven aún, así que sin duda la pareja pasaría un rato agradable, al menos eso se prometieron en ese momento mientras bebían otro trago de champaña.


Taro y Konoe subían por el ascensor rumbo a uno de los últimos pisos del edificio corporativo del imperio Hanaukyo. Ambos llevaban gafas de sol para ocultar las ojeras, ya que finalmente se entusiasmaron tanto con el evento del club, que se quedaron hasta bien entrada la madrugada.

Ambos disfrutaron y cantaron con un buen grupo musical que estaba de moda en ese momento y alucinaron con la espectacular presentación de un conocido mago, que hizo las delicias de todos con sus trucos. Luego no pudieron evitar comentar el espectáculo, y hasta se habían dado el tiempo de bailar un par de temas, después de todo, todo mundo estaba bailando menos ellos, y no podían quedar en menos.

- ¿Aún le duele cabeza, Taro-Sama? –- preguntó la mujer.

- Ya no tanto. ¿Qué tal tu? –- preguntó él.

- Mejor –- respondió ella, antes de continuar –- Pienso que fue una irresponsabilidad quedarnos hasta tan tarde anoche en el club, teniendo junta directiva hoy Taro-Sama.

- Puede ser, pero no puedes negar que lo pasamos bien. Aunque en el futuro no abusaré de la champaña –- respondió el joven, saliendo del ascensor, que había abierto las puertas al llegar a su destino.

- Me parece una buena idea, Taro-Sama. Legalmente es mayor de edad, pero no por eso hay que abusar –- señaló Konoe.

- Me parece que deberías seguir tu propio consejo. Si mal no recuerdo, anoche tuve que ayudarte a entrar a tu cuarto... Konoe-San –- dijo el joven con una sonrisa burlesca.

Konoe se sonrojó en el acto al recordar que en verdad se había mareado un poco y que efectivamente su señor debió escoltarla a su cuarto, hasta que Yashima apareció y la ayudo a acostarse. No pudo dejar se sentirse avergonzada y decidió cuidarse de la champaña en el futuro. Se había ido por lo dulce y terminó pagando el precio.

La pareja siguió su camino por los pasillos del edificio rumbo a la sala de juntas, mientras recibían miradas curiosas por parte de la gente al pasar. Ambos se extrañaron por esto, pero lo dejaron pasar, suponiendo que se debía a que Taro no visitaba muy seguido el edificio. Finalmente entraron a la sala de juntas donde Taro era esperado por los miembros de la junta directiva que le lanzaron las mismas miradas curiosas que las personas de afuera. Konoe y Taro compartieron una mirada de extrañeza y se encogieron de hombros. Taro tomó su asiento a la cabecera de la mesa y Konoe se dispuso a sentarse en el sillón de al fondo, cuando entró una secretaria con un teléfono en una bandeja de plata.

- Hanaukyo Taro-Sama, tiene una llamada telefónica de Jihiou Ryuuka-Sama –- dijo la mujer, deteniéndose junto al joven.

- ¿Ryuuka-San? ¿Tan temprano? –- preguntó el joven extrañado, ya que eran recién las 8:30 de la mañana y Ryuuka no era de las que se levantaban temprano a menos que fuera necesario. Al menos esa es la impresión que daba. El joven cogió el auricular y se lo llevó al oído para contestar - ¿Ryuuka-San?

- ¡¿COMO TE ATREVES A HUMILLARME DE ESTA FORMA, MALDITO RENACUAJO? –- rugió por el otro lado de la línea la heredera de los Jihiou, casi volándole la cabeza al joven Hanaukyo, y de paso, siendo escuchada por todos en la sala de juntas.

- Perdón Ryuuka-San, pero, no sé de qué me estás hablando –- respondió Taro, manteniendo el auricular a una distancia prudente de su lastimado oído.

- ¿Qué no lo sabes? ¿Acaso no has leído la prensa de esta mañana? –- rugió nuevamente la chica al otro lado de la línea.

Taro miró el auricular sin entender lo que la chica quería decir, así que tapó el auricular con una mano y miró a los integrantes de la junta directiva con una sola pregunta en mente: "¿Por casualidad alguien tiene la prensa de hoy?". Nada mas pronunciar la pregunta fueron arrojados frente a él los ejemplares de todos los diarios de la ciudad, con sendas fotografías de él con Ryuuka y otras con de él junto a Konoe en el club. Los titulares de los diarios eran aún más explícitos, en especial tres. Uno que tenia una foto de Ryuuka y otra de Konoe, que tenía como titular: "Las mujeres de Hanaukyo Taro". Otro con fotos similares y el titular: "Las nuevas conquistas de Hanaukyo Taro". Pero el tercero fue el que se llevó las palmas, con una fotografía de él y Konoe compartiendo una copa de champaña el club y el titular: "La mujer que le robo el corazón a Hanaukyo Taro".

Taro suspiró resignadamente enterrando la cabeza en una mano, mientras por el auricular Ryuuka seguía reclamando como si el mundo se fuera a acabar. El joven estiró los tres ejemplares que habían llamado su atención a Konoe, que nada más leer los titulares se puso blanca como el papel, sobre todo al ver ese que decía que ella le había robado el corazón a su señor. Entonces sintió la mirada de los presentes sobre ella y le fue imposible ocultar su sonrojo. Finalmente Taro y Konoe comprendieron por qué todo mundo los miraba de forma tan insistente desde que salieron del hotel.

Taro se las arregló para calmar a Ryuuka, que seguía reclamando por teléfono, al sentirse humillada al ser puesta a la misma altura que Konoe, y ser considerada una simple "conquista", siendo que era su prometida, según ella. Finalmente la chica Jihiou se calmó con la promesa de Taro de invitarla a salir como acto de desagravio, mientras, Konoe estaba sentada en un sillón al fondo del salón mirando el titular de los diarios, deseando que la tierra se la tragara.

Continuará...


Notas del Autor: Acá está el segundo capitulo de este fic, que en un inicio era un one-shot y ya va en dos partes, listo para entrar en la tercera.

En este capítulo pudimos ver algo de la vida de Taro y saber un poco más sobre lo que ha hecho en el último tiempo y como es que su vida a cambiado al asumir su nuevo estatus y responsabilidades que esto conlleva. Las cosas con Mariel aún siguen en punto muerto, por lo que Taro está bastante frustrado, pero una repentina invitación, le dará la oportunidad de ver si las cosas pueden resultar o no.

Ahora pasaré a responder los reviews:

Neverdie: El primero que escribe un comentario a esta historia. Te doy las gracias por eso, y por darle una oportunidad. Hanaukyo Maid Tai no es de esas series que atraiga a las masas, pero es muy entretenida y vale la pena verla, para pasar un buen rato.

¿Qué se siente ser el primero en escribir sobre Taro? Pues contento de poder sacar esta idea de mi cabeza, ya que la tenía dando vueltas desde hace muchos meses. Aquí me aparto de la linea original de la serie y me voy derechamente por el romance y el drama. Es un estilo totalmente distinto, pero espero guste a aquel que se de el tiempo de pasar por aquí a leerla.

Loquin: Cuando me planteé esta historia de Hanaukyo Maid Tai, no pude dejar de pensar como serían las cosas con un Taro más responsable y que se hiciera cargo de su imperio. Fue así como llegue a una trama que transcurre caso 2 años después. Taro está más maduro, ha asumido la responsabilidad de dirigir su imperio y se ha preparado para eso.

Respecto a sus problemas amorosos, efectivamente es algo desesperante que con tanta mujer rondándolo solo tenga ojos para una, pero así son las cosas cuando te enamoras. Ahora Taro tendrá muchas cosas que pensar respecto a sus sentimientos por Mariel y si vale la pena seguir tras ella, o ya viene siendo hora de ver mas opciones.

Nos leemos en el próximo capítulo.