Libro 1
Tierra
Capitulo 1. El principio.
Polo Norte
Tribu Agua del Norte
Era un día tranquilo dentro de la ciudad congelada de la tribu agua del norte, como todos los días desde que el Avatar había acabado con la guerra de la Nación del fuego, y con el ello el principio de una nueva era de paz y armonía en el mundo.
Así que no había de que preocuparse mas que lo de lo esencial, como la pesca del día, sobre el comercio con el reino tierra, en las poblaciones en islas cercanas al polo, y de, por supuesto, las travesuras de Fuyu.
Fuyu era un jovencito de piel morena y ojos azulinos, rasgos de todos los habitantes de la nación del agua, pero lo que mas se destacaba en el chico era un pelo singularmente azul, tan claro como el cielo, rasgo no muy común. Quien contaba con unos trece años solamente, pero era uno de los mejores maestros agua de la zona.
Era conocido por todos por su carácter aventurero, cosa que atraía a los problemas. Como la vez que se había metido con las focas-koala y estas lo persiguieron hasta la cuidad, provocando desastres en las tiendas de pescado. O cuando tuvo la idea de ir a surfear cerca de la costa en una tabla de hielo, cuyo oleaje producido por su agua control creo un remolino cerca de unos frágiles barcos pesqueros de madera, que terminaron en el fondo del mar; por suerte nadie salió lastimado, a excepción del trasero de Fuyu cuando volvió a casa.
-Hola Fuyu, como te va hoy? En busca de mas problemas que causar?- fue lo que dijo un anciano mercader con una sonrisa mientras el joven peliazul caminaba por la calle. Este solo asintió con una sonrisa traviesa.-Sip, así que vaya preparándose.
-Fuyu, cuantas veces te dije que dejaras de actuar como un rebelde sin causa!-una chica aparecida de la nada le golpeo en la cabeza con fuerza, haciendo que el otro cayera al suelo de bruces. El anciano solo rió, ya que era normal ese tipo de escenas con la divertida pareja de amigos.
Izumi, la mejor amiga de Fuyu, de pelo castaño atado en una coleta y una potente mirada azul oscuro, ambos se conocieron desde pequeños, habían ido a la escuela juntos. Ella era como la conciencia del peliazul, aunque este no la escuchaba para nada.
-Auuuh! Eso duele!-se quejo Fuyu poniéndose de pie de un salto y continuando su camino como si nada. La castaña le sigue el paso mientras continuaba con su regaño.
-Y que tiene pensado hacer hoy, si es que se puede saber.-le pregunto Izumi con cara atolondrada, ya conociendo el carácter de su amigo de nunca decir todo lo que sabía desde un principio.
-Mmm... solo tengo curiosidad sobre algo...-dejo la frase a medias. Izumi suspiro, sabiendo que no sabría adonde se dirigían hasta que llegaran al misterioso sitio.
Así continuaron charlando. Alejándose cada vez más de las casas de hielo y zonas pobladas, Izumi miraba de modo extraño las extensiones de hielo desiertas y vírgenes. Se suponía que los jóvenes no debían adentrarse a zonas despobladas, ya que fácilmente uno podría perderse por ahí, pero prefirió no preguntar a Fuyu adonde iban ya que este le diría que era un secreto.
Pronto llegaron a una colina de nieve que les costo trabajo subir. Y al llegar a la cima la castaña lanzo una exclamación de sorpresa. Abajo se encontraba el templo de los maestros agua. Ella había oído de el pero nunca se le había ocurrido visitar ese lugar.
El peliazul tenía una enorme sonrisa en la cara, y sin ninguna advertencia corrió hasta el borde de la colina y se lanzo cuesta abajo. Izumi dio un pequeño grito, e intento atraparlo, pero solo consiguiendo que ella cayera detrás de el. Al llegar hasta la base se quedaron tendidos en la nieve.-Fuyu! Cuando vas a dejar de ser tan impulsivo?!
El otro se reía a carcajadas. De pronto se alzo abriendo bien los ojos.-Silencio!.-dijo a la vez que tomaba del brazo a la chica y la arrastraba detrás de un montículo de nieve. Ambos vieron como un par de hombres salían del templo, ajenos a todo el griterío que había acontecido hacia unos momentos y continuaron por un camino levemente marcado en la nieve, probablemente rumbo al palacio de hielo.
-Esos deben ser los sacerdotes del templo.-susurro Izumi, viendo como se alejaban los hombres, notando que las ropas que cargaban eran mas elaboradas que los abrigos de piel de Osos-morsa que todos usaban para protegerse del frió.-Probablemente no dejen que cualquiera entre al templo. Lo mejor seria que nos volviéramos por donde vinimos Fuyu... Fuyu?... Aaah!
Con horror se dio cuenta de que el peliazul ya estaba en la entrada del templo. Corrió hasta llegar a su lado.-No me asustes así tonto!
-Vamos a entrar.-el chico se veía muy emocionado, sin esperar entro en la construcción echa de un hielo muy espeso, parecido al glaciar.
En los muros tenían grabados extraños caracteres que actualmente ya no se usaban. En algunas partes se veían figuras de hombres y mujeres en posiciones algo estrafalarias, pero si uno observaba con atención, se daba cuenta de que estaba haciendo movimientos de agua control. Izumi tenia la boca abierta.-Estos deben ser los primeros agua control del mundo.-Fuyu se puso a su costado mirando la misma ilustración.-Mira, arriba de ellos esta la luna, de seguro los hombres lo notaron y la imitaron, dando origen al agua control. Genial.
Continuaron observando los caracteres hasta que se toparon con unas escaleras. Como Izumi espero, Fuyu sugiero que subieran a ver lo que había arriba. No tuvo más remedio que seguirlo. En el segundo piso, los muros también estaban tallados con los mismos caracteres. Era una sala inmensa con el techo increíblemente alto, donde un rayo de luz entraba por un hueco arriba, este rayo iluminaba una figura central de tamaño natural, mas atrás de esta habían mas figuras talladas en hielo, muchas mas, que hacían una fila que subían por los muros a través de un camino, dando la sensación de un espiral.
Se detuvieron frente a la primera figura que encabezaba la fila. Era un monje, tenia un aire jovial, con una larga barba, una túnica de apariencia delicada y ligera, pero lo que mas les llamaba la atención era una flecha que tenia en el frente que atravesaba por la mitad de su cabeza, desprovista de pelo.
-Es el Avatar Aang.-exclamo Izumi con los ojos brillándole de emoción.
-Quien?-pregunto Fuyu rascándose la oreja, en expresión escéptica. Recibió un coscorrón en la cabeza de parte de un molesta Izumi.-El Avatar Aang, pedazo de animal! Que no recuerdas lo que vimos la semana pasada en clase?
-Mmm... no.- contesto con simplicidad mientras se sobaba el chichón en su nuca.
-Dios, ni siquiera sabes para que sirve la escuela ¬¬... Esta es una figura del ultimo monje del aire, quien se enfrento al Señor del Fuego Ozai, y trajo una nueva era de paz entre las naciones...
-Y blablabla, ya suenas como esos profesores aburridos.
-Ten mas respeto, de no ser por el aun seguiríamos viviendo en una guerra interminable bajo el control de la nación del fuego. Gracias a dios no todos ellos eran malvadas bestias carentes de corazón, como el príncipe Zuko que ayudo al Avatar a vencer a su propio padre... y era tan guapoooo... n/n-esto ultimo lo dijo mientras se llevaba las manos a las mejillas, levemente sonrojadas. Fuyu la miro con las cejas fruncidas.
Se volteo a observar mejor a la figura del monje. Y una expresión de extrañeza se dibujo en su cara.-Que raro...-Izumi lo miro.-Pero por alguna razón, e tenido sueños en el que un viejo de barba se me aparecía y trataba de decirme algo, pero siempre me despierto antes de saber que es lo que quería decirme.-bajo la cabeza.
-Tal vez no se nada.-le concilio la castaña poniéndole la mano al hombro. Este la miro con determinación.-O tal vez significa algo... mejor volvamos antes de que esos monjes vuelvan.
Salieron y se dirigieron por el camino que había toma hacia rato los hombres del templo. Mientras estaban volviendo, a Fuyu se le ocurrió pasar por una zona despejada de nieve, donde solo había hielo transparente, era un buen lugar para ponerse a patinar.-Ven, será divertido.- alentó el peliazul a la insegura Izumi.-Pero y si el hielo se rompe?
-Eso no pasara mientras yo este aquí, recuerda que se agua control.
-Tu, pero yo no.
-No seas cobarde.
-Bien pero si pasa algo será tu culpa.
Así la chica se deslizo lentamente con sus botas de cuero, por unos momentos casi pierde el equilibrio pero se mantuvo quieta y lo recupero. Fuyu le tomo del brazo y juntos se deslizaron con elegancia sobre la congelada superficie. Tomando coraje la castaña se animo a hacerlo sola, logrando deslizarse casi con la gracia de una bailarina.
-Lo haces bien Izumi.
-De veras?
Pero se detuvo cuanto vio a tres chicos acercarse hasta donde estaban.-Que es esto? El club de las mariposillas?-se burlo el mas alto de los tres.
-Oh no, Dao.-susurro el peliazul. Dao era el mayor de su clase, quien también esta aprendiendo agua control en el grupo de Fuyu, pero le tenía celos por ser mas precoz en el aprendizaje. Cada vez que podía, el y sus amigos trataban de hacerlo ver mal.
-No molestes Dao, no es asunto tuyo.-le dijo Izumi, sin ninguna intención de marcharse.
-Oh que miedo, acaso el mejor maestro agua necesita que su noviecita lo defienda? Bu bu.-los otros amigos que lo acompañaban se rieron del comentario. Fuyu apretó los puños enojado.-Cállate, no necesito que nadie me defienda.
Un silencio se hizo mientras Dao daba un paso al frente.-Eso ya lo veremos. Pelea!-exclamo mientras alzaba ambos brazos y los movía hacia abajo, haciendo que de la colina que estaba a su lado cayera una gran cantidad de nieve arriba del peliazul. Fuyu alzo las manos tratando de detenerla pero el peso fue demasiado y no pudo evitar que la masa de nieve cayera sobre el, semienterrandolo.
-Fuyu!-grito Izumi, tratando de llegar a su lado.
-Tu no te metas!-Dao se dirigió a ella, juntando las palmas y abriéndolas rápidamente. El hielo al borde de la nieve se quebró, una línea zigzagueante avanzo hacia adonde estaba la castaña. Izumi grito, el piso de hielo a sus pies se despedazo y ella cayó al agua helada.
-Izumi!
-Veamos como vas a salvar a tu amiguita ahora.-murmuro Dao mientras hacia que mas nieva cayera sobre el peliazul. Fuyu sentía todo su cuerpo frió, dificultándole la respiración y todo movimiento.
-No crees que estas yendo muy lejos?-murmuro unos de los amigos de Dao. Y tenia razón, la situación se estaba saliendo de control, Izumi estaba tratando de mantenerse a flote, pero el frió estaba agotándola rápidamente. Y Fuyu solo podía contemplar como se hundía lentamente. La desesperación y la angustia le hacían sentir como si tuviera un nudo en la garganta. Intento con todas sus fuerzas mover su cuerpo, pero este no le respondía, estaba entumecido por la humedad.
-No... Por favor... Izumi...-sollozaba el peliazul, apretando los puños. Si algo le llegaba a pasar a Izumi el nunca se lo perdonaría. En ese momento sentía tanto miedo y tanta impotencia. Un par de lágrimas cayeron de sus ojos. Por favor... que alguien me ayude!... rogó en su mente.
-Por dios se va a ahogar!-chillo uno de los acompañantes de Dao. Pero este no le dio la menor importancia. Miraba el montículo de nieve en donde estaba enterrado el peliazul, esperando el mas pequeño movimiento para atacar, quería devolverle toda la humillación que el sintió al ser superado por un chico menor que el.
La tierra de repente empezó a temblar bajo sus pies, el movimiento se hacia cada vez mas violento, hasta que un torbellino de aire salió de debajo de la nieve. Los tres jóvenes salieron despedidos, y miraron con horror como Fuyu se elevaba en el aire, con los ojos brillándole.
Fuyu levanto una mano, y el viento arrastro de los chicos varios metros en el aire dejándoles caer en una colina cercana. Izumi contemplo con asombro, haciendo lo posible por mantenerse a flote. Un miedo se apodero de ella cuando Fuyu se volvió hacia ella, casi grito cuando sintió al agua a su alrededor moverse por si sola. El agua se arremolino, y levanto a la castaña, depositándola a salvo en tierra.
Se volvió con asombro hacia Fuyu, quien seguía en medio del torbellino. Poco a poco la corriente de aire se fue calmando, y el peliazul cayo con suavidad.-Fuyu!-grito poniéndose de pie, corrió como pudo, arrastrando las piernas ya que el agua helada le había entumecido los músculos. Se tiro junto al cuerpo inconsciente, lo puso de espaldas y apoyo una oreja en su pecho. Podía escuchar los lentos palpitares de su corazón. Suspiro aliviada.
Detrás de ella, hombres se dirigieron a donde estaban, alertados por la columna de luz azul que salió del templo agua.
Nación del Fuego
Templo Fuego.
Dentro del templo fuego, una figura vagaba sin ninguna dirección en especifico. Se detuvo a contemplar la estatua de un dragón tallada en piedra roja, con unos brillantes dorados en los ojos. Sintiendo nostalgia acaricio la cabeza de la estatua.
Sorpresivamente una luz azul, proveniente del umbral a su lado, le llamo la atención. El joven corrió hacia el origen de la luz. Venia de la sala del Avatar.
Se quedo paralizado mientras veía que la luz azul surgía de la figura tallada, de sus ojos provenía el potente resplandor. Y no solo eso, una gran energía se percibía en el aire, tanta que apenas si podía respirar. Se cubrió los ojos, sin tener la fuerza para moverse, contemplando a la brillante figura.
La luz pronto se debilito y desapareció. El joven soltó un jadeo y cayo de rodillas al suelo. Se llevo una mano a la frente, sintiendo un sudor frió en la nuca. Sacerdotes en trajes rojos vinieron en su ayuda.
-Señor, se encuentra bien?!-exclamaron alarmados. El joven se puso de pie lentamente, las piernas le temblaban un poco por la impresión.
-Si... me encuentro perfectamente...-contesto, aun tratando de recobrar el aliento.
-Que le sucedió señor?
No respondió, se quedo mirando la figura del último Avatar, su rostro demostraba una gran emoción pero trataba de mantenerse impasible. Abrió la boca lentamente, pensando en sus palabras.
-El nuevo Avatar... ha aparecido.
Continuara...
