"Un hilo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse sin importar el momento, el lugar o las circunstancias. El hilo puede alargarse o enredarse, pero nunca se romperá"

Capítulo 1: Primer día de clases.

Desperté. De hecho, me despertaron. Estaba en medio de la clase de Historia, había un bullicio enorme. El profesor no había asistido ese día al colegio, por lo tanto, ya se imaginarán como estará el aula…

Volví a recostarme sobre mi banca para tratar de conciliar el sueño. No podía. Después de unos minutos me rendí, definitivamente no podía dormir. Mi asiento quedaba a un costado, al final de la clase, al lado de una ventana, siempre me sentaba en ese lugar, en todas las clases. Así que giré mi cabeza hacia la izquierda. Ahora podía ver los edificios de Londres, y las gotas de lluvia acariciaban el frío cristal.

Un año más, solo un año más y saldré de este infierno, pensé. Este es mi último año.

No tengo amigos, no los tengo desde el accidente, después de eso se fueron alejando poco a poco, demostrando lo que realmente soy para ellos. Hipócritas. De todos ellos solo uno se quedó. Se llama April, pero no va a estar conmigo este año. Se tuvo que mudar a Estados Unidos debido al trabajo de su padre. Genial, primer día de clases y no tengo amigos. Ahora me siento más sola que nunca.

No le hablaba a nadie porque solo se alejarían. Nadie me hablaba porque me temían.

El timbre anunció el cambio de hora. Me tocaba Matemáticas.

La verdad soy buena en las matemáticas. No tengo problemas con eso, el único inconveniente era que siempre me ponían como tutora para alguien que era pésimo en la materia. El problema no era enseñar, el problema era tener que hablar con esa persona. No soy muy sociable ni amigable y siempre hacían algo para escapar de mí… y siempre lo lograban.

Iba caminando apresuradamente, no quería llegar tarde a la clase, y les sonará raro, pero al mismo tiempo estaba distraída, perdida entre mis pensamientos.

Salí de mi trance al chocar contra algo… o alguien. Ya que iba casi corriendo, el impacto fue fuerte. Caí al piso y mi maleta junto con mis cuadernos estaban regados por todo el pasillo. Para mi suerte no había nadie en los pasillos, sino todo mi orgullo y mi poca autoestima, que me había costado mucho construir a lo largo de todos estos años, se hubiera ido en 3 segundos.

-Oh, lo siento, lo siento mucho- dijo una voz masculina.

Alcé la mirada y vi a un chico alto, piel blanca, ojos marrones, cabello azabache… se veía preocupado.

-No te preocupes, fue mi culpa- le dije mientras recogía mis cosas.

-Te ayudo.

-Tranquilo, puedo sola. - le respondí cortante. Pero el hizo caso omiso a mis palabras y comenzó a apilar un par de libros y un cuaderno. Me los entregó y me tendió una mano para ayudarme a levantarme. La rechacé.

-Gracias- dije y me levanté sin mucho ánimo.

- No te preocupes- respondió casi de inmediato- estaba distraído y…

-Está bien de todas maneras venía corriendo así que la culpa fue mía- al terminar de decir esto le dediqué una pequeña sonrisa. Lo hice para tranquilizarlo porque en serio se veía preocupado. Di media vuelta y comencé a caminar hacia mi salón, que estaba a unos pocos metros.

Llegué y cuando estaba cruzando la puerta lo escuché gritar:

-¡Oye! Mi nombre es…- no alcancé a escucharlo ya que cerré la puerta rápidamente por dos razones:

La profesora Carter, de matemáticas, tenía su vista clavada en mí.

Él es el hijo del empresario más importante del Reino Unido, así que… digamos que es la competencia.