EL IMPERIO

Comencé a caminar por la estación del tren, con mi cabeza aún dando vueltas a toda esta situación. No podía creer lo que me acababa de pasar el día de hoy. Nunca había conocido a un poni tan demente en toda mi vida, y nunca antes me había metido en tantos problemas como lo hice el día de hoy. Pero ahora estoy aquí, y creo que puedo arreglarlo todo.

Había un guardia de cristal justo afuera de la estación; y pensé que tal vez, si le explicaba lo que sucedió en Ponyville, los guardias de este reino podrían ponerse en contacto con los otros guardias y podríamos llegar a resolver todo esto.

Así que me aproximé a hablar con el guardia. Pero yo estaba un poco asustado, ya que en verdad necesitaba escoger las palabras adecuadas para explicarle exactamente lo que…

—¡¿Cómo te atreviste?!—

Al escuchar aquella voz en ese instante, mis piernas, tanto como mis pensamientos, se paralizaron. Y entonces comencé a mirar a mi alrededor, hasta que finalmente lo vi…

—¡¿Por qué no saltaste conmigo?!—

Él se encontraba parado justo en medio de la estación, y aunque mis ojos lo estaban viendo, yo no lo podía creer… ¿Cómo fue que me encontró? ¿…Cómo fue que ese caballo loco me encontró? Fue entonces que él se aproximó hacia mí, cubierto de tierra y rasguños.

—¡¿En qué estabas pensando?! —Él me preguntó.

—¡¿Qué quieres de mí?! —Yo exclamé entonces, a manera de quejido.

—Ahora mismo, solo quiero una explicación. —Él me dijo mientras se sacudía el polvo. —¿Cómo es que bajaste de ese tren tan fácilmente? ¡¿Eh?! ¡¿Nadie te detuvo?! —Él me preguntó, para luego quedarse mirándome fijamente, juzgándome con sus irritados pero encendidos ojos. Toda su presencia me producía desagrado. Y con cada segundo que pasaba, podía sentir cómo mi sangre subía a mi cabeza… sentía que perdía el control.

Pero yo sabía que aún estaba muy aturdido por todo lo que me había pasado en ese momento. Además, en verdad que no me esperaba su presencia después de lo del tren, así que me tomé unos instantes para calmarme; respiré profundamente, y luego hablé:

—Yo pagué por mi boleto. Y pude haber pagado por el tuyo también. Yo siempre escondo cuatro bits en mi melena para emergencias. —Le expliqué. Pero tan pronto como oyó mi respuesta, él no pareció muy contento en lo absoluto. Aunque a estas alturas… a mí ya no me importaba.

—Muy bien, ahora ¡déjame en paz! —Le dije en ese momento.

—Oh, claro que no. Tenemos que seguir moviéndonos. Los guardias siguen tras nosotros. —Me dijo entonces, con discreción.

—¿De qué hablas? ¡Eso no es cierto! Además, ¡yo no hice nada malo!—

—Ohh, claro que lo hiciste… —Y entonces, él repentinamente estrelló su cabeza contra la ventana de una repostería en la estación del tren, rompiendo el vidrio de la manera más ruidosa posible; luego él tomó un pan de canela del mostrador, y repentinamente lo metió en mi boca.

—…Tú acabas de robar eso. —Dijo él entonces.

Y en ese momento, todos los ponis alrededor nos miraron sorprendidos, tanto como yo lo estaba ahora mismo; y ahora ese guardia de cristal acababa de verlo todo.

—¡Oye! —Gritó el guardia de cristal. Y entonces me volví hacia el criminal, justo cuando él ya se preparaba para echarse a correr. Pero antes de hacerlo, él se detuvo un momento, y entonces me dijo:

—Ahora, tú puedes escoger de nuevo… puedes seguirme, o puedes quedarte justo donde estás.—

Yo traté de hablar en ese momento, pero mi boca estaba llena de pan. Y justo después de eso, el criminal se alejó corriendo, y el guardia de cristal venía ahora tras de mí.

—¡Alto ahí, ustedes dos! —Gritó entonces el guardia de cristal.

Y ahora… no puedo creer que estaba haciendo esto de nuevo. Porque ahora ambos éramos perseguidos por la guardia de este reino, y esta pesadilla ahora tenía lugar entre una gran multitud del Imperio Crystal; cruzando calles, esquivando a otros ponis, y llamando mucho la atención de todo mundo. Y mientras galopaba en medio de docenas de ponis de cristal, tratando de seguirle el paso al criminal delante de mí, no podía dejar de culparme a mí mismo por las terribles decisiones que había hecho el día de hoy. Pero este era un reino enorme, y en algún punto de la persecución, yo simplemente perdí de vista al criminal. Así que me detuve un momento, y vi a muchos ponis caminando por todas partes, ¿pero a dónde se había ido él? Por supuesto, no tenía mucho tiempo para detenerme a pensar. El guardia de cristal se aproximaba, así que entonces seguí corriendo. Pero ahora que estoy escapando, por mi cuenta, me di cuenta de que… eso era lo que quería. Y mientras galopaba, me puse a pensar… ¿Sabes qué? Tal vez debería entregarme a las autoridades, y terminar con toda esta locura. Todo esto podría acabar ahora mismo, antes de que llegue más lejos… Pero antes de que pudiera tomar una decisión que habría de afectarme por el resto de mi vida, un casco apareció de la nada, tirando de mí hacia detrás de un contenedor de basura, y bloqueando mi boca de manera desprevenida. Entonces vi al guardia de cristal pasar corriendo por la acera, ignorando por completo a dónde me había ido. Mientras tanto, yo traté de gritar, pero el casco aún cubría mi boca.

—¡Cállate! ¡Te va a oír! —Él susurró. Y en ese momento, finalmente reconocí que era el mismo criminal, quien me estaba sujetando. Así que, en vez de hacer lo que me dijo, yo lo empujé en ese momento.

—¡Suéltame! —Le grité.

—¡Shhh! —Él trató de callarme, pero estaba muy molesto en ese momento.

—¡No! ¡Tú, "shhh"! —Le respondí. Y él entonces rápidamente trató de cubrir mi boca.

—¡No…!—

Y entonces ambos comenzamos a forcejear en aquél callejón, detrás de aquél contenedor de basura; y la situación estaba a punto de ponerse fea… hasta que una poni apareció.

—¡¿Qué está pasando aquí?! —Ella nos atrapó estrangulándonos el uno al otro, pero ambos nos detuvimos en ese mismo instante, mirándola a ella desde el suelo, seguido de un incómodo momento de silencio.

—Esto no es lo que parece. —Dije yo, aún con mis cascos oprimiendo el cuello del criminal. Así que entonces lentamente ambos bajamos nuestros cascos, sin apartar la vista de aquella poni enojada.

—¿Qué están haciendo aquí atrás? Esto es propiedad privada, ¿lo saben? —Exclamó ella, muy molesta.

—Yo, lo siento. Solo estábamos… —Comencé a hablar, pero el criminal me interrumpió de repente:

—¡…A punto de cantar!—

—¿Qué?! Quiero decir… ¡Sí! —Yo traté de disimular, y entonces me volví hacia la señorita, con una sonrisa fingida en mi rostro. Pero en ese momento, la poni enojada nos miró fijamente a ambos, con una notoria sospecha en sus ojos. Una incómoda situación que se extendió por un largo, y estresante momento. Hasta que finalmente reaccionó:

—¿En serio…? ¡Porque yo amo las canciones! —Ella de pronto se tornó muy emocionada.

—Oh, vaya. —Me dije a mí mismo, con gran nerviosismo. Pero fue entonces que el criminal se levantó del suelo, y comenzó a hablar:

—Sí, pero la cosa es… que… íbamos a cantar… ¡En otro idioma! —Él explicó, aparentemente inventando las cosas a medida que hablaba, lo que hacía con una aparente naturalidad.

—¡Ohh, qué interesante! ¡Ahora en verdad, en verdad que quiero escucharlo! —Dijo ella, más emocionada aún. Pero este extraño poni a mi lado parecía pensar las cosas rápidamente, ya que entonces una sonrisa se dibujó en su rostro.

—Bueno, pues entonces tendrás que moverte con nosotros, ¡porque ésta es una canción de viaje! —Dijo él, al tiempo que ambos comenzamos a caminar hacia atrás, alejándonos lentamente de la poni. Y antes de que tuviera tiempo de sospechar de nosotros, él discretamente me golpeó con su casco, para que empezara a cantar:

—La donna è mobile! —Comencé a cantar lo primero que me vino a la mente. Y entonces él continuó:

—¡Inagada da vida baby!—

—Qual piuma al vento!—

Cantamos de la manera más horrible; cosa que hizo que otros ponis afuera del callejón se detuvieran y asomaran a mirar qué era lo que ocurría.

—Don yu now bla bla blá… emm… bla… —Y entonces, sin siquiera terminar ese verso, el criminal salió corriendo en ese momento, dejándome solo con aquella poni en el callejón por un instante.

—Ed… io… este… ¡Adiós! —Y entonces yo escapé. Y honestamente, creo que fue más vergonzoso para la señorita, de lo que fue para nosotros.

EL EVENTO

Se estaba haciendo tarde; sin embargo aquí seguíamos nosotros, aún moviéndonos entre los callejones, para que los guardias no nos vieran. A estas alturas yo no tenía otra alternativa más que seguir a este sujeto… por ahora.

—¿Y a dónde vamos? —Le pregunté, a medida que nos adentrábamos a otro callejón.

—Es tarde. Hace frío. Vamos a un lugar más cálido… —Él dijo mientras se asomaba por la esquina del callejón, para entonces esbozar una sonrisa. —…Y con comida.—

Al final de la calle se encontraba, lo que parecía ser una fiesta. Había muchos ponis reuniéndose alrededor de una alfombra roja en la entrada, todos ellos tratando de mirar adentro, pero la seguridad era fuerte.

—Vamos. —Él me indicó que lo siguiera hacia la multitud, pero mientras nos aproximábamos al lugar donde todos se reunían, de pronto, todos los ponis comenzaron a golpear sus cascos contra el suelo, en señal de emoción.

—¿Qué sucede? —Le pregunté a una poni en la multitud.

—¿No lo ves? ¡Fancy Pants está aquí! —Ella exclamó con emoción; y fue entonces cuando lo vi. Fancy Pants estaba bajando de una elegante carrosa, acompañado por su mucho más elegante esposa.

—¡Fancy Pants! ¡Fancy Pants! —La multitud se volvía loca. Todo poni a excepción del poni a mi lado.

—Pero ni siquiera está usando pantalones. —Dijo él, con algo de sarcasmo enojado.

—¡Oh, vaya… Lo que daría por entrar a esa fiesta! —Dijo la poni emocionada entre la multitud.

—¿Por qué? ¿Es acaso tan buena? —Le pregunté a ella.

—¡¿Bromeas?! ¡Fancy Pants siempre ofrece los más exclusivos eventos en toda Equestria!—

—¿Oh, es eso cierto? —Preguntó maliciosamente el criminal.

—Absolutamente. Y no cualquier poni es invitado. —Ella agregó.

Y en ese momento, y sin previo aviso, Él me tomó por el cuello, y me alejó de la multitud. Y una vez que se detuvo, yo pude empujarlo para que me soltara.

—¡¿Qué es lo que quieres?! —Dije con enojo.

—Tú y yo vamos a entrar a esa fiesta. —Él me dijo, con una notoria confianza en su voz.

—¿Qué? ¿Acaso no escuchaste lo que ella dijo? No dejarán entrar a cualquier poni.—

—Oh, pero nosotros no somos cualquier par de ponis, ¿o sí? —Él dijo entonces, con una maliciosa sonrisa en su rostro.

UNA PONI AGRADABLE

Más tarde. Ya había oscurecido; y nosotros aún seguíamos parados frente a la misma alfombra roja. La multitud se había ido, y ahora nosotros éramos los únicos ponis que seguían aquí afuera o en los alrededores, solo a excepción de los guardias de seguridad, quienes no paraban de apuntarnos y de reírse de nosotros.

—Me estoy congelando. —Dije yo.

—¡Cállate! Yo también. —Él me respondió. Pero entonces yo agregué:

—Y tengo hambre.—

—Al menos comiste pan de canela recientemente. —Dijo él, sin dejar de contemplar a la entrada a la fiesta. Y fue entonces, que decidí que ya era tiempo de rendirse, y de marcharnos. Aunque no podía creer cuánto tiempo había me tomado darme cuenta de ello.

—Mejor vámonos. No hay manera de que nos dejen entrar. —Dije entonces.

—¿Podrías callarte? Trato de pensar. —Él me respondió, un poco más molesto.

—¿Aún planeas entrar? ¿Es acaso esto parte de tu plan para hacerlo? —Le pregunté impacientemente, y los guardias de seguridad comenzaron a reírse al escuchar esto.

—¿Y cómo se llama esta parte de tu plan? —Pregunté sarcásticamente, pero aún así, el criminal no reaccionó en lo más mínimo.

Así que yo continué:

—Oh, yo sé cómo llamarlo… ¡Fracaso!—

—¡Ohhhhhh! —Exclamaron los ponis de seguridad. Pero…

—¡CIERRA LA BOCA! —El criminal reaccionó muy violentamente, gritando de manera tal, que incluso los ponis de seguridad dejaron de reír. Ahora él estaba peligrosamente enfurecido, y no me gustaba la forma en que me estaba mirando.

—Oye… oye… será mejor que te alejes. Te lo advierto. —Le dije, mientras comenzaba a alejarme, caminando en reversa.

—¿Oh, sí? ¿Y qué vas a hacer? ¿Eh? —Él comenzó a caminar hacia mí, mientras yo continuaba alejándome. Parecía estar a punto de atacarme en cualquier segundo, así que yo estaba listo para correr, y encontrar refugio detrás de los ponis de seguridad; y a su vez, los ponis de seguridad parecían estar preparados para intervenir en cualquier momento. De esta manera transcurrieron un par de segundos increíblemente tensos… cuando de repente, una anciana poni salió a la alfombra roja, desde el interior del lugar.

—¿Qué está pasando aquí? —Preguntó la anciana poni.

—No es nada señora. Por favor vuelva adentro. Nosotros nos encargaremos de esto. —Dijo uno de los ponis de seguridad.

—¿Encargarse de qué? Yo solo voy a darle un amistoso abrazo. Eso es todo. —Dijo el criminal, con una psicótica mirada en sus ojos.

—Oh… ¿no es eso lindo? —Expresó la señora. Pero entonces, uno de los guardias de seguridad se aproximó hacia ella.

—Por favor señora. Insisto en que…—

—Oh, está bien querido. Yo ya me iba de todos modos. —Mencionó la señora, interrumpiendo al guardia.

—Muy bien entonces. Déjenos traerle su carruaje. —Y entonces el poni de seguridad le hizo una seña al poni de aparcamiento, quien instantáneamente salió corriendo a traer el vehículo. Y mientras tanto, la señora se aproximó a la acera, para esperar por su vehículo, mientras que el grandulón de seguridad se colocó en medio de nosotros y de ella, con una postura imponente, y una mirada poco amigable en su rostro. Pero entonces, la señora volteó a mirarnos.

—No me digan que han estado esperando aquí afuera para entrar a esa fiesta. —Nos preguntó la señora.

—Bueno. No le diremos entonces. —Respondió el criminal, con un tono amargo; pero, sorprendentemente, la señora se rió de esto.

—Pues no se preocupen. No se están perdiendo de nada. Esa debe ser la fiesta más aburrida que Fancy Pants haya dado. —Dijo la señora.

—He, he… —Yo traté de reír, pero simplemente ya no tenía el espíritu. La señora parecía agradable; y por la forma en que nos miraba, parados en la oscuridad y en el frío, podía ver que sentía lástima de nosotros. Simplemente lo sabía… Nos veíamos patéticos.

Cuando entonces ella nos preguntó:

—¿Tienen hambre muchachos?—

—Tal vez un poco. —Dijo el criminal.

—Estamos bien. —Yo dije. Pero de pronto la señora agregó:

—Porque, no es tan tarde aún. Podría invitarlos a cenar. ¿Qué dicen?—

—¡Por supuesto! —El criminal exclamó emocionado. Pero tan pronto escuchó eso, el poni de seguridad se opuso de inmediato.

—Señora, no le recomiendo… —Pero la señora no lo dejó terminar:

—Oh, está bien querido. Ellos parecen ser buenos chicos. —Dijo ella, apuntando hacia nosotros al tiempo en que yo exhalaba un suspiro, y éste sujeto sonreía como un ángel.

—¿Ves? —Ella reiteró al guardia.

El poni de seguridad se encontraba sin habla en ese momento, pero antes de que pudiera decir nada, en ese preciso instante llegó el carruaje. La señora entonces subió a bordo, y luego nos invitó a entrar.

—Vamos chicos. —Nos dijo desde el interior del carruaje.

—¡Oh, usted es muy amable! —Exclamó el criminal, al tiempo que saltaba al interior del carruaje, así que yo subí después de él. Y entonces la señora le hizo una seña a los ponis que tiraban del vehículo, quienes en ese momento comenzaron a avanzar.

Y a medida que nos alejamos del lugar, el criminal asomó su cabeza por la ventana, solamente para burlarse del guardia de seguridad; mientras tanto, dentro del carruaje, era más que evidente lo infeliz que me encontraba en ese momento.

—No te pongas así, cariño. Los eventos de Fancy Pants no son la gran cosa. En serio, ese poni no reconocería la diversión aunque estuviera en su cutie mark. —Ella trató de animarme. Pero entonces el criminal volvió a meter la cabeza al vehículo.

—He, he. Tonto guardia… Oiga, muchas gracias por esto. —Le dijo él a la señora.

—No es nada cariño. Mi nombre es Ágata Cornalina. —La señora se presentó.

—Bueno, mi nombre es Plumb Bob, y él es… —Pero entonces ambos se me quedaron viendo.

—Oh… Mi nombre es JoySpread. —Yo me presenté.

—¡¿JoySpread?! ¡¿En serio?! —Él exclamó en ese momento.

—Así es. ¿Por qué? —Yo le pregunté, no muy contento por su tono.

—No, nada. Es solo que… te queda tan bien. —Dijo él entonces, con algo de sarcasmo.

—Un momento. ¿Ustedes no se habían presentado? —Nos preguntó la señora Ágata. Así que él comenzó a explicarle:

—No habíamos tenido el tiempo realmente. La cosa es que… somos viajeros, y ahora mismo estamos camino a Canterlot.—

¡¿Canterlot?! Pensé en ese momento… No tenía idea de que ese era su plan todo este tiempo.

—¿Oh, en serio? ¡Yo adoro Canterlot! De hecho, me mudaré allá en un par de días. —Mencionó la señora Ágata, sonando algo emocionada.

—Eso suena bien. —Respondió el criminal.

—Bueno, no del todo… Verán. Yo soy fabricante de joyería, y Fancy Pants es uno de mis mejores clientes. Pero justo hoy me dijo que me necesita cerca de su residencia, para que él no tenga que viajar todo el camino hasta aquí para conseguir su nueva joyería… Entonces no tengo otra opción, más que mudarme a Canterlot.—

—Eso no suena justo. ¡Si él quiere comprarle a usted, él debería venir aquí cada vez que lo haga! —El criminal exclamó, sonando bastante molesto.

—Oh no, eso no es problema en lo absoluto. Es solo que… Yo en verdad que amo vivir en el Imperio Crystal… Es mi hogar. —Y en ese momento, la señora Ágata se quedó mirando perdidamente por la ventana durante varios segundos. Hasta que finalmente ella reaccionó. —Oh… lo siento si los estoy aburriendo. Es solo que me encanta hablar de mi trabajo.—

—No… está bien. —Yo dije.

—Bueno, a mi me encanta oír acerca de ello. —Dijo él.

—Muchas gracias muchachos. ¿Y qué hay de ustedes? Díganme ¿Qué es lo que hacen en sus viajes? —Nos preguntó entonces a ambos.

—Bueno, nosotros… —Él estaba a punto de comenzar a hablar, cuando yo decidí interrumpirlo:

—Me alegra que pregunte. Porque mi gran compañero aquí y yo estamos camino hacia Canterlot, donde nos vamos a separar; y cada uno continuará con su vida… quiero decir, con su carrera. —Traté de mandarle el mensaje. Por fortuna, la señora Ágata no pareció entenderlo.

—Eso suena… interesante. —Dijo ella.

—Por supuesto. Y mi amigo aquí… uh…—

—Plumb Bob. —Él dijo.

—¡Plumb Bob, claro! Él es diseñador de interiores, y él tiene éste proyecto en el futuro que involucra paredes grises, y barrotes en las puertas, el cual él estará llevando a cabo por un largo tiempo. —Expliqué, con una sonrisa ligeramente perversa en mi rostro, y mirando constantemente a Plumb Bob, con desprecio.

—Eso suena muy interesante. —Dijo la señora Ágata. Pero Plumb Bob no parecía muy contento conmigo en ese momento.

—¡Eso no es nada! Cuando conocí a Joy por primera vez, él estaba planeando dedicar todo su tiempo en este proyecto, acerca de una… cama cerrada de madera con una tapa encima. Y estoy seguro de que continuará con este "proyecto" tan pronto como le sea posible. —Él dijo a la señora Ágata, para al final voltear a mirarme con una insoportable sonrisa. En ese momento ambos nos miramos mutuamente, con una falsa sonrisa en los rostros, y una mirada desafiante en los ojos.

—Pues no sé qué decirles muchachos. Estoy muy feliz de haberlos conocido el día de hoy. Tal vez ustedes puedan ayudarme algún día a redecorar mi nueva casa en Canterlot. —Dijo la señora.

—Por supuesto. —Dije yo.

—Me encantaría. —Agregó Plumb Bob; mientras continuábamos mirándonos desafiantemente el uno al otro.

Y en ese momento, el carruaje se detuvo.

—Aquí estamos. —Dijo la señora Ágata, y luego se bajó del vehículo.

—Vamos, entren. —Ella nos invitó a su casa; y cuando cruzamos aquella puerta, ambos quedamos completamente sorprendidos. Este lugar no era cualquier cosa. Había joyería en todas partes y en todo; desde los muebles hasta los candelarios, e incluso en otras joyas.

—Guau… —Ambos expresamos en ese mismo instante.

—Oh, gracias muchachos. Pero hablemos acerca de la cena, ¿les parece?—

—¡Oh, vaya! —Plumb Bob entonces corrió hacia la mesa con mucha emoción, ignorando por completo la elegancia del lugar. Entonces la señora Ágata se dirigió al refrigerador y lo abrió.

—Veamos… ¿qué puedo ofrecerles? ¡Oh! Aquí tengo algo de ensalada. Pero también puedo hacerles unos sándwiches.—

—La ensalada estaría bien, señora Ágata. —Dije yo, tratando de ser cortés.

—¡Pues tal vez para ti! Yo quisiera un sándwich, por favor. —Él dijo a la señora.

—¡Por supuesto! Lo haré ahora mismo. —Contestó ella. Y entonces ella tomó un recipiente con ensalada, y lo colocó en la mesa frente a mí.

—Aquí tienes.—

—Gracias, señora Ágata. —Le dije, y entonces ella caminó de vuelta a la cocina con una sonrisa. Pero apenas ella se dio la vuelta, yo volví la mirada hacia el poni al otro lado de la mesa.

—¿Qué estás haciendo? —Le susurré a Plumb Bob.

—Estoy siendo educado y aceptando su oferta. —Él me respondió.

—¡¿No sabes que ella ya hizo bastante sólo por ofrecernos algo de cenar?! ¡No tienes por qué aprovecharte de eso! —Le reclamé con fuertes susurros. Pero él simplemente me respondió:

—¡Cállate y come tu ensalada!—

—¿Está todo bien? —La señora Ágata nos preguntó entonces desde la cocina.

—Todo está bien, señora Ágata. Es sólo que, mi amigo Joy es un poco tímido, pero a él le encantan sus ensaladas con mucha mayonesa, y cebolla extra. —Plumb Bob declaró, con un tono que era de hecho creíble, a lo cual yo no supe cómo contestar.

—¡¿Qué?! Es decir… ¿Qué? —Dije yo.

—Oh, no te avergüences de la comida que te gusta querido… ten aquí. —Y entonces ella me trajo la cebolla y mayonesa.

—Oh… yo… no sé qué… ¿Gracias? —Apenas articulé esas palabras.

—No es nada querido. —Dijo ella, con una gran amabilidad, lo que significaba que ahora tenía que comerme esto, o de otra forma sería irrespetuoso. Pero los dos podemos jugar a este juego.

—Oh, señora Ágata. Mi amigo Plumb Bob no quiere molestarla, pero a él en verdad que le encantan sus sándwiches con mucha salsa picante. —Le dije a ella, a medida que una maligna sonrisa crecía en mi rostro con cada palabra.

—¡Oye…! —Exclamó Plumb Bob entonces, mirándome fijamente. —¡…De hecho me encanta! —Dijo con emoción… algo que yo no me esperaba.

—Bueno, estás de suerte, porque tengo una botella nueva justo aquí. —Y entonces ella le sirvió su sándwich de salsa picante, el cual él comenzó a comer con alegría. Y luego él habló con la boca llena:

—¡Oh, señora Ágata; usted es la mejor!—

—¡Uhhh…! —Pensé yo.

Así que más tarde, después de lo que fue una cena extrañamente deliciosa, ambos estábamos listos para irnos.

—Muchas gracias señora Ágata. Fue una cena encantadora. —Dijo Plumb Bob.

—No fue nada muchachos.—

—No sé cómo podremos pagarle por esto. —Dije yo entonces.

—Oh, no se preocupen por nada. Fue agradable haberlos conocido el día de hoy.—

Entonces estábamos a punto de cruzar esa puerta, cuando ella de pronto nos habló:

—¿Y tienen dónde quedarse mientras están aquí en el Imperio?—

—Bueno… ehhh… nosotros… —Plumb Bob trataba de inventar algo, pero entonces yo intervine:

—Encontraremos un hotel señora Ágata, no se preocupe… o tal vez un basurero. —Esto último lo susurré a Plumb Bob. Pero entonces la señora Ágata de pronto nos dijo:

—¿Les gustaría quedarse aquí por esta noche? —Esto nos tomó a ambos por sorpresa.

—¿Habla en serio señora Ágata? —Le pregunté.

—¡Por supuesto! Pueden usar el cuarto de huéspedes. —Nos dijo entonces, con una gran sonrisa en su rostro.

Y en ese momento, yo no podía creerlo. En verdad que quería decirle que no, porque… ella ya había hecho demasiado por nosotros hasta ahora. Pero por otra parte, yo realmente no quería pasar la noche en las calles.

—Muchas gracias señora Ágata. —Dije.

—¡Oh, sí! ¡Usted es la mejor! —Exclamó entonces Plumb Bob, a lo que ella soltó una risilla.

Después de eso, ya era hora de dormir. Pero ahora… creo que debería haber pensado esto un poco más; porque ahora tenía que compartir la cama con ÉL.

—¡Muévete! ¡Te estás llevando toda la sábana! —Plumb Bob me reclamó.

—¡Bien, entonces tómala! —Le dije, arrojándole la sábana entera encima. —Ahora, me gustaría algo de paz. —Le dije entonces, al tiempo que me di la vuelta hacia el otro lado.

Aunque de cualquier manera, no creo que sería capaz de dormir al lado de un criminal. Así que solo trataré de mantenerme despierto, y de sobrellevar esta noche. O al menos eso pensé, hasta que él comenzó a hablarme repentinamente:

—¿La señora Ágata es genial, no? —Dijo Plumb Bob.

—¿Qué? ¡No voy a hablar contigo! —Exclamé yo.

—Vaya, qué gruñón. Yo solo trato de tener una conversación. —Dijo él, como si fuera yo quien estuviera actuando mal.

—No ¡No va a haber ninguna conversación! —Le giré con fuerza. Pero entonces, la señora Ágata de pronto nos habló a través de la pared, desde la otra habitación:

—¿Está todo bien? —Ella preguntó.

—No es nada señora Ágata. —Dijimos ambos al mismo tiempo, lo cual hizo reír un poco a Plumb Bob; y justo después de eso, él cayó dormido instantáneamente. Algo verdaderamente peculiar. Pero yo no creo ser capaz de hacerlo con la misma facilidad con que él lo hizo… Supongo que… no existe la culpa… en un poni, sin conciencia…