Capítulo 2

Los detectives Ryan y Espósito llamaron a la puerta de celosías del coqueto pabellón de Staten Island que figuraba como dirección en el carné de conducir de Bryan Jackson. Una mujer de unos veinte años y pelo tintado de rubio, embutida en un ajustado chándal de rosa aterciopelado, abrió la puerta.

- Señorita Jackson, policía de Nueva York – se presentó Ryan dejando ver su placa.

- No, me llamo Fiona Anderson pero pronto seré la nueva señora de Bryan Jackson – interrumpió mostrando ostensiblemente una llamativa sortija y dejando escapar una risotada bobalicona.

- Tenemos muy malas noticias – atajó Espósito con tono de circunstancias- ¿Fue usted quién denunció su desaparición?

-No, no, fui yo. – Desde el interior resonó una voz consumida por la inquietud y se vio aparecer una adolescente filiforme de lacios cabellos morenos, collar de cuero con tachuelas, corpiño blanco, minifalda de cuero, barniz de uñas y maquillaje negro. – Soy Demi Jackson, su hija. Pasen, pasen, ¿qué ha ocurrido?

- Mejor que se sienten –aconsejó Ryan.

Una vez sentados en un mullido sofá de cuero negro, Espósito carraspeó y acabó por comunicar la luctuosa noticia. La rubia oxigenada prorrumpió en una letanía en la que se entremezclaban quejas llantos y gimoteos. Viendo que, al menos en un futuro inmediato, de aquel testigo poca información iban a poder obtener, Ryan se tornó hacia la hija del ingeniero. La adolescente encajó la noticia con dignidad, aunque lágrimas contenidas se asomaron a sus ojos góticos.

- ¿Cuándo viste a tu padre por última vez?

- Hace unos diez días, se fue al trabajo como todas las mañanas.

-Y yo que creía que se había ido en viaje de negooociooos- interrumpió Fiona pero los sollozos ahogaron su frase en una estridencia ininteligible que Ryan intentó sofocar ofreciéndole un paquete de clínex.

- ¿Y saben si alguien le guardaba rencor?

-¡Sííííííííííííííííííííí! –gimoteó la prometida del difunto sonándose la nariz - su exxxxxxxxxxxxxxxx.

-¿Se refiere a tu madre? – preguntó Espósito a Demi.

-No, mi madrasta. Mi madre murió cuando yo tenía tres años y la verdad es que en realidad mi padre ha estado casado solamente con su trabajo. Estas han sido más bien decorativas y la verdad es que a Emmy le sentó como un tiro que la remplazaran por un modelo más reciente.

- ¡No te consieeeento que meeeeeeeeeeeeeeee hablés asíííí! – intentó protestar la rubia oxigenada, pero el llanto no le permitió dar consistencia a su reprimenda.

- ¿Dónde está mi padre? ¿Puedo verlo?- inquirió la adolescente.

- En realidad, necesitamos una identificación oficial. ¿Te sientes con fuerzas? – contestó Espósito mirando a los ojos a Demi que asintió, intentando ocultar una lágrima con el dorso de la mano.

La tensión del momento fue interrumpida por el timbre del móvil de Ryan

- Ah, muy bien. Vamos para allá con la hija. – Ryan colgó y se volvió a su compañero - Eran Beckett y Castle; acaban de aterrizar y van directamente al depósito.


Lanie dio un caluroso abrazo a Kate y dijo:

- ¿Por qué has venido, tonta? Por una vez que te tomas unas vacaciones…

- Bueno, ¿a quién le interesa beber champán y deslizarse en snowboard por sobre la nieve virgen, cuando se puede estar aquí resolviendo un homicidio?- intervino teatralmente Castle desde detrás de ella.

- Claro, de todas formas mejor dejarlo ahora que estamos los dos enteros porque ya sabemos dónde te llevaron tus alardes en el deslizamiento el año pasado – replicó Beckett, acercándose un poco a la forense para susurrarle – Además había algo en tu voz que no me gustó nada.

- Si lo llego a saber, no te llamo. Pero ya que estás aquí, gracias por venir. No sé exactamente lo que pasa pero tengo un mal presentimiento.

Se oyó el mecanismo del ascensor llegando al sótano del depósito de cadáveres y las puertas metálicas se abrieron empujadas por los detectives Espósito y Ryan que acompañaban a Demi Jackson a la que inmediatamente se dirigió Kate tendiéndole la mano.

-Hola, soy la detective Beckett y a partir de ahora soy yo la que va a llevar el caso de tu padre.

Cruzaron el pasillo hasta llegar a la sala presidida por el muro de las cámaras frigoríficas. Lanie tiró de uno de los grandes cajones metálicos, descubriendo la camilla en la que yacía el cuerpo sin vida de Bryan Jackson. Tras un discreto gesto afirmativo de Beckett, la forense levantó la sábana verde, descubriendo el rostro del difunto. Inmediatamente la entereza que la adolescente había intentado mostrar se vino abajo y Demi rompió a llorar. Kate la atrajo hacia su hombro mientras Lanie volvía a cubrir completamente el cuerpo y a cerrar el cajón.

-¡Sshhhh! Yo también he pasado por ahí. Será duro, pero esa herida acabará por cerrarse.

- Por lo menos que encuentren a quien se lo hizo.

- Eso sí te lo puedo asegurar. Ninguno de nosotros descansará hasta que encontremos al responsable. Nadie mejor que yo puede saber lo importante que es.

- Javier, vamos a llevarnos a Demi a tomarse una de esas maravillosas tazas de chocolate caliente de la máquina del segundo piso.- dijo Lanie tirándole suavemente del brazo a la chica.

- Y nosotros ¿qué tenemos?- dijo Beckett dirigiéndose a Ryan, una vez que la forense y Espósito se llevaron a la hija de la víctima.

-Pues, una ex que parece que no acabó de digerir bien el divorcio y también el ordenador que hemos traído de la casa – contestó el detective.

-Bueno, pues tú vas con Espósito a llevar el ordenador a los técnicos a ver si encuentran algo de interés mientras que nosotros hacemos una visita a la antigua señora Jackson, a ver qué tiene que decirnos.


Al salir del puente de Verrazano, Beckett se decidió a romper el hielo. Castle se había comportado de manera extraña durante todo el trayecto. Normalmente, sentía una aversión profunda al estado de reposo; siempre tenía que estar mirando algo, tocando algo, diciendo algo o las tres cosas al mismo tiempo, pero en esta ocasión el escritor había permanecido callado, absorto en sus pensamientos con la mirada fija en el interior del coche.

- Estás muy callado. – apuntó Beckett tímidamente.

- Es que no me apetece ser frívolo. Cuando he visto a esa chica desmoronarse en tus brazos, no he podido evitar pensar cómo se sentiría Alexis si fuera yo el que se encontrara en la mesa de Lanie.

- Eso no va a pasar mientras esté aquí yo para evitarlo.

- Mira ya estamos llegando. Nada mejor que enfrentarse a una ex-esposa para levantarme la moral.

Como de costumbre, el humor servía a Castle de cortina de humo tras la que refugiarse cada vez que se sentía vulnerable. Kate redujo la velocidad para aparcar detrás de un sedan negro de fabricación alemana del que una mujer con tacones y abrigo de visón y un hombre de unos treinta y cinco años estaban descargando maletas.

- Emily Geuer,- exclamó Beckett, saliendo del coche y blandiendo su placa – policía de Nueva York, ¿sería tan amable de acompañarnos? Tenemos que hacerle algunas preguntas sobre el asesinato de su ex-esposo.

- ¿Bryan ha muerto?

- Me temo que sí, y por lo que tenemos entendido, no era precisamente su persona preferida desde hacía algún tiempo - intervino Castle sarcásticamente.

- Eso no quiere decir que yo lo matara – repuso la vampiresa, visiblemente ofendida por la actitud del escritor, y se volvió a su acompañante tendiéndole un manojo de llaves - Wayne, por favor, ¿puedes meter las maletas tú? Y llama a mi abogado, su número es el primero en la memoria del teléfono.