Sería un día acelerado, se recibirían cerca de cincuenta nobles de las regiones vecinas, todos acompañados por sus familias y un grupo de sirvientes, por lo que desde temprano debía estar de pie, vestida y armada para reunirme primeramente con Oreius en la entrada principal para revisar las posiciones de los guardias que estarían apostados en cada entrada y los que flanquearían el camino por el cual se recibiría a nuestros visitantes así como los códigos de seguridad y protocolos de emergencia; los cuales de todo corazón esperábamos no tener que poner en práctica ya que sería una lástima ver desperdiciados los esfuerzos de todos en crear relaciones fuertes y amistosas con las otras naciones; tres veces para cerciorarnos de que se conocían al pie de la letra e incluso al revés, nunca se podía ser demasiado cauteloso, sobre todo con la seguridad de tus reyes; más aún amigos; en juego.

Tras los preparativos me despedí del general e hice mi camino rumbo a la oficina de mi rey para notificarle que todo estaba listo; al menos en lo que a seguridad respecta, la decoración, organización de las mesas, platillos, distribución y demás cuestiones hospitalarias correspondían a la mayor de las reinas, asistida por nuestro buen Señor Tumnus y por supuesto que de su hermana menor. Pensando en aquello fue como terminé de pie frente a una puerta de madera rojiza con la parte superior del marco redondeada, giré la manija y detrás de ésta me encontré a un par de muchachos, el primero, rubio enfundado en telas rojas que lograban acentuar el dorado del cabello y su porte entero, con corona de oro perfectamente pulida sentada sobre su cabeza dando la ilusión de que era más alto, apoyándose con los brazos sobre un escritorio de madera tallada sobre la que estaban dispersos numerosos papeles con diversas caligrafías, sellos, extensiones e incluso tintas y del otro lado del estudio; sentado en una mesa frente a un tablero de ajedrez con las piezas dispuestas de un modo tal que denotaban el curso de una partida; el pelinegro de ojos castaños que vestía un precioso verde esmeralda le observaba con una ceja arqueada.

–Anda Pete, es tu turno, por lo menos termina el juego– la voz del adolescente atravesó la habitación, más fue ignorada olímpicamente por su receptor. Al darse cuenta de eso rodó los ojos y desvió su mirada hacia la entrada, cruzándola con la mía y reconoció mi presencia dirigiéndose a mi esta vez– Lena, hola, ¿Cómo estás?

–Hola Ed, bien, gracias, ya está todo listo para recibir a los visitantes, Oreius se quedó a cargo y yo vine a avisarles– respondí con una sonrisa a mi joven amigo antes de desviar por un segundo mi atención al mayor– ¿ustedes? – no pude evitar extender la pregunta hacia ambos y no solo al que me había hablado.

–Gracias, y estamos bien, aunque estaría mejor si Peter se dignara a continuar la partida y enfrentara su derrota con dignidad– respondió con energía, su voz subiendo un par de notas en lo que eran las primeras señales de un cambio de voz.

–Por supuesto que no, además, ahora que llegó Lena ella podría continuar la partida en mi lugar, aún tengo trabajo que hacer y una vez que lleguen los nobles no tendré tiempo durante toda su estancia– respondió volteándome a ver de tal forma que mis rodillas temblaron y cualquier respuesta negativa se atoró en mi garganta incapaz de salir, por lo que terminé asintiendo antes de sentarme frente a mi amigo convertido en oponente.

Miré hacia abajo, evaluando la posición de las piezas en el tablero y cientos de moscas tomaron posesión del interior de mi cabeza, realmente Edmund no exageraba, Peter me había relegado su juego en un punto algo complicado, no imposible pero mis posibilidades de terminar victoriosa se extendían por un estrecho pasillo del ancho de una zanahoria, como dije, no inexistente, pero si representaba un predicamento.

–No pensarás en rendirte ¿cierto? – cuestionó con una sonrisa ladina ¿Qué pasaba con estos hermanos y su costumbre de retarme? Supongo que mi expresión había delatado mi preocupación ante la posición en que mi otro amigo se había encargado de dejarme, pero, aun así, subestimarme era ir demasiado lejos.

–Apuesto a que eso te gustaría, pero no, no retrocedo a una buena competencia– ahora que había dicho esas valientes palabras, debía respaldarlas ya que mi estilo no fue nunca el de fanfarronear sin sentido.

Las piezas cambiaron lugares rápidamente, avanzando y retrocediendo por las casillas del tablero, siguiéndose unas a otras sin descanso hasta que finalmente fui capaz de acorralar a su rey alcanzando apenas la victoria bien merecida tras dar un giro a la partida que se me había delegado, sonreí y alcé la vista para encontrar al pelinegro frunciendo levemente el ceño, pero eventualmente su expresión cambió a una sonrisa.

–No pensé que pudieras ganarme en la posición en que te dejó Peter, en serio eres buena– fue su comentario de apreciación por mis habilidades lo que ensanchó mi sonrisa.

–Si te soy sincera, por un momento dudé poder lograrlo, pero supongo que tengo una especial suerte para volver a la vida– respondí con una risa, haciendo referencia al incidente de un año atrás en el que efectivamente morí, crucé el velo y conversé con mi papá para después despedirme y ser devuelta al mundo de los vivos con un soplo de mi padre.

–Si, bueno, esperemos que tus experiencias en ese campo se limiten a ser similares a esta ocasión y no la anterior, por el bien y estabilidad de todos– interrumpió Peter y de repente me sentí mal, recordando la visión a la que había despertado, todos llorándome, rostros enrojecidos y empapados a tal punto que de verlos se habría creído que habían sido atrapados por la lluvia, quizá no era adecuado hacer broma de algo como eso pero había pasado un año y yo ya había hecho las paces con lo sucedido, lo había asimilado y avanzado, pero tal vez para ellos aún era pronto. Bajé la mirada por unos segundos mientras articulaba una disculpa antes de volver a dirigir la vista hacia mis amigos y suspirar al ver sus expresiones de regreso a la normalidad.

–Si...– reí nerviosa– este, creo que ya es hora de que vayamos a recibir a los nobles, si mis cálculos son correctos ya deben haber alcanzado el exterior del castillo y no tardarán en llegar a la reja y lo apropiado como anfitriones es que los reciban y no hacerlos esperar por ustedes a su llegada así que vamos– expliqué, en parte era cierto, pero también debía admitir que aquel recuerdo me había descolocado y me aferré a la primera cosa que me evitara la estancia en ese lugar oscuro al que habría llegado de permitirme caer por la espiral de mi culpa y esperanzas vacías en conjunto, por lo que me puse de pie y con paso firme avancé hasta la puerta, junto a la que me paré a esperar su salida primero para posteriormente; como era de esperarse dado mi trabajo; salir tras ellos y así lo hice.

Avanzamos hacia la izquierda hasta donde se terminaba el pasillo, luego otras dos vueltas más siguiendo la misma dirección, unas escaleras, otro pasillo, cruzar el quinto juego de puertas, virar hacia la derecha, luego a la izquierda, bajar dos secuencias de escaleras y en línea recta para salir por el jardín frontal, el que se atravesó obviamente rodeando la fuente al centro para continuar derecho y llegar a la puerta donde ya nos esperaba toda la corte narniana así como la pequeña y adorable castaña que sonreía de oreja a oreja al ver a sus hermanos, junto a la bella pelinegra que solo suspiró con alivió y relajó los hombros antes de dirigirnos una mirada de reproche por llegar tarde, pero bueno, al menos habíamos llegado antes que los diplomáticos por lo que no se había hecho daño alguno.

Conté los segundos que tardó la caravana en aparecer desde que nos acomodamos en nuestros lugares y llegué hasta el número 180 cuando estandartes y banderas de diversos colores hondeando al viento hicieron acto de presencia en el horizonte ciento noventa, ciento noventa y uno, ciento noventa y dos, ciento noventa y tres... y seguí, me acercaba al trescientos en el momento que un joven algo mayor que nosotros, aunque no demasiado, ataviado en vestimentas similares a las nuestras montado sobre un caballo que parecía no entender el lenguaje humano se detuvo tres metros frente a mis cuatro amigos y descendió de su montura, saludando con una reverencia y presentándose como Lord Farley de Archenland, añadiendo que esperaba poder cerrar negocios favorables con Narnia al final de su estancia. En lo que a mi respectaba, no identifiqué hostilidad en su actitud, por lo que di gracias al león mientras me limitaba a saludar y luego volver a centrar mi atención en el siguiente que se encontraba presentándose ya con mis amigos.

Una vez que los extranjeros presentaron sus respetos ante mis reyes, nos retiramos todos al interior de los muros de mármol que componían el castillo y cada quien se fue a su habitación para acicalarse y ataviarse en sus mejores ropas para poderlas lucir en el baile de bienvenida que había organizado Susan en honor a las reuniones de negocios que darían inicio al día siguiente. Para eso no fui la excepción, a pesar de ser el guardaespaldas oficial del Gran Rey, también pertenecía a la nobleza narniana y era hija adoptiva del mismo Aslan, por lo tanto, debía estar a la altura y como mi nombre era Helena no permitiría que el prestigio de mi amado padre y pueblo; su nación por la que tanto había entregado; se viese dañado por mi imprudencia, por lo que igualmente me retiré a mi habitación, donde Talise me esperaba con un precioso vestido extendido sobre mi cama y mi tina llena de agua caliente, le sonreí agradecida antes de adentrarme en el cuarto de baño y asearme rápidamente con el agua perfumada con flores. Salí y Talise me ayudó a amarrar el corsé del vestido entallado que usaría y que, como la mayoría de mis vestidos, dejaba al descubierto la porción superior de mi espalda y esta vez peinó mi cabello de forma intrincada, todo hacia arriba, evitando que un solo mechón robara protagonismo a la marca de flores doradas que mi padre le había dado un año atrás. Al principio me había sentido expuesta al mostrar mi marca, pero como parte de mi sanación y tras hablar con Aslan aprendí a mostrarla con orgullo, era la prueba de mi nueva oportunidad y de que el mismo rey por encima de mis reyes me había reconocido como su hija, volviéndose mi familia tras la partida del padre que me dio la vida.

Por cuestiones de presentación, me vi forzada a dejar mi espada en mi habitación, pero me quedé con mi brazalete y debajo de la falda escondí una daga; por si acaso; que esperaba no verme en la penosa necesidad de usar.

Respiré hondo viéndome una última vez en el espejo antes de salir de mi habitación y a paso rápido dirigirme a las puertas del gran salón de los tronos, donde encontré a mis amigos de pie, radiantes. Sonreí al llegar a su lado y se me correspondió.

–Lena, te ves hermosa– la dulce Lucy comentó haciéndome ruborizar, no estaba muy segura, pero me sentía bien.

–No tanto como tú y Su, pero gracias– sonreí evitando la mirada de los cuatro, aunque eso no me impidió dirigirla hacia los pies de Peter, supongo que, aunque me asustara la expresión de su rostro y por eso me negaba a verlo, me seguía siendo imposible no buscar por lo menos una parte de él con los ojos.

Tras las puertas escuchamos como comenzaban a anunciarlos con sus títulos, así que rápido nos preparamos para entrar, se formaron del mismo modo que el día de su coronación; de izquierda a derecha dándome la espalda; Edmund, Peter, Susan y Lucy. Yo asumí mi lugar, cuatro pasos justo detrás de Peter y avancé siguiéndolos

–Lady Helena, hija de Aslan y guardián del Gran Rey– mi nombre fue anunciado luego de ellos, y logré mantener la frente en alto hasta que mis amigos quedaron frente a sus tronos conmigo deteniéndome al pie de los escalones. Pronto Peter dio la bienvenida y la fiesta dio inicio de manera oficial.

Me paseé por el lugar, observando a todos, pero manteniendo una distancia prudencial de mi rey en caso de emergencia, aunque no era precisamente agradable verlo bailar con tantas bellas nobles a las que les regalaba su preciosa sonrisa.

–¿Sabes? Podrías bailar con él, de cualquier modo, no estarías descuidando tu trabajo– la voz de Branwen me sacó de mis pensamientos, le dirigí una mirada alzando las cejas, ¿en verdad tenía que decirlo? Alguien podría haberla escuchado y malinterpretar todo.

–No sé de qué me hablas– opté por fingir demencia.

–Len, te prometo que a veces no entiendo porque te complicas tanto la existencia, se nota a kilómetros que siente lo mismo que tu– ahí iba nuevamente, pero yo sabía que, aunque de verdad lo creyera ella, ese no era ni sería jamás el caso con mi mejor amigo.

–Te equivocas, lo conozco desde hace años y puedo apostarte que de ninguna manera se siente así respecto a mí.

–Algún día te tomaré la palabra con esas apuestas y te arrepentirás de ser tan densa– rio logrando contagiarme.

–En cualquier caso, ¿dónde dejaste a Rowtag?– la molesté y la vi agrandar los ojos.

–¿Dejarlo? Es ese zorro el que nunca se está quieto, de verdad no sé cómo lo soportas, gracias al león se perdió– contestó indignada, había dado en el clavo.

–Vamos, no me dirás que no se llevan, si pasan tanto tiempo juntos

–Por supuesto que no, por si lo olvidaste, al igual que él, soy parte del equipo de espionaje del rey Edmund gracias a tus comentarios, por ti debo terminar lo que ese irresponsable deja desatendido– me reclamó y yo solo reí, sabía que en el fondo ese par se traía algo y solo podía rogar que no tardaran en admitirlo.

–¿Miladi? – me giré encontrando a Lord Farley extendiendo su mano hacia mi– ¿me concedería el honor de ser mi pareja durante el siguiente baile? – lo miré un segundo, luego a Peter por el rabillo del ojo y finalmente volteé con Bran esperando que me diera una respuesta sobre qué hacer y ésta movió ligeramente la cabeza hacia el frente, suspiré y volví la vista al lord que esperaba mi respuesta.

–Estaría encantada– forcé una sonrisa educada que fue respondida por otra de su parte, aunque más natural y ancha a mi parecer.

Tomé su mano y me dejé guiar al centro del salón, donde todos se encontraban bailando una suave melodía de Archenland semejante a las de Inglaterra y mi suerte hizo que quedáramos posicionados junto a Peter y una preciosa rubia de enormes ojos verdes como las hojas de los arboles del bosque de Ed, así como piel blanca y pura, sin una sola peca o lunar, a la que mi amor platónico le sonreía de tal forma que habría preferido que un minotauro me aplastara el corazón a lo que esa vista me hizo sentir. Una mano se posicionó en mi cintura, sacándome de mi espiral de miseria y forzándome a volver mi atención al hombre frente a mí que me guio en todo el baile, milagrosamente sin que lo pisara.

Un baile se volvió dos y dos dieron lugar a tres hasta que sin darme cuenta había pasado la noche entera bailando con Lord Farley, que habría sido mi única pareja en toda la noche de no haber sido por tres piezas que compartí con Glenwood, el señor Tumnus y Edmund, respectivamente, mientras que con Peter nada ya que el siguió atendiendo a las hijas y hermanas de los nobles visitantes, particularmente a la rubia de antes, aunque no me podía quejar de la compañía que tuve, milord era una persona que conocía mucho y bastante agradable capaz de mantener viva una conversación durante horas sin aburrir.

Sin embargo, la espinita en mi corazón clavada por la falta de interacción en la velada con mi mejor amigo, seguía presente.

Sigo viva y esta historia también. Se que van meses desde la última actualización, pero pues la universidad cada vez es más demandante y los proyectos para entrega no se acaban además de que el pasado, fue un semestre algo turbulento para mi, dudas respecto a mi carrera surgieron, realmente consideré cambiarme, luego encontré mi lugar en esto pero luego crisis existenciales me asaltaron a un nivel muy personal y me costó trabajo resolverlas, además de que por un tiempo consideré borrar la historia para volverla a subir en inglés, aunque como podrán notar al final decidí no hacerlo, así que aquí seguimos.

Por todo eso apenas estoy actualizando, pero les aseguro que Lena y los Pevensie no dejan de rondar mi mente así que no pienso abandonar esto hasta haber concluido en la última batalla, por lo que si esta historia continua como espero, consistirá en alrededor de cuatro libros, como dije si las cosas siguen como planeo aunque como dije no tengo ninguna intención de dejar a Lena hasta terminar su vida con los Pevensie sin importar el tiempo que me tome. Esto me lleva a mi siguiente punto, que es agradecerles a todos y cada uno de ustedes que aun no se dan por vencidos con Lena y conmigo, así como a quienes han comentado, por lo que espero que este capitulo valga su espera

Espero ansiosa sus reviews, ustedes son los que me mantienen escribiendo.

Muchas gracias por leer hasta aquí, hasta la próxima.

-Annie