Aclaro que la historia es SasuNaru, para que haya ninguna confucion y aver si alguien logra adivinar de cual libro es la adaptacion y el nombre del autor. 😜


2.

2.

Naruto se quedó paralizado de asombro, y el color abandonó su cara hasta que su tez quedó tan pálida como el marfil. Se sentía desorientado; por un instante no entendió las palabras de Uchiha, que quedaron suspendidas en su mente como las piezas inconexas de un rompecabezas. Él se cernía sobre el, su estatura y su corpulencia le hacían sentirse insignificante, como siempre, y el calor y el olor de su cuerpo saturaba sus sentidos, aturdiéndolo. ¡Estaba tan cerca...! Pero entonces las palabras se ordenaron en su cabeza y su significado lo dejó perplejo. El temor y la furia reemplazaron el asombro. Sin pensarlo, se apartó de él y exclamó:

-¡Debes de estar de broma!

Aquello fue un error. Naruto se dio cuenta enseguida. Aquel no era momento para insultarlo, dado que precisaba su ayuda si quería conservar el rancho. Sin embargo, el orgullo y la costumbre lo empujaban a burlarse de él. Sintió que el estómago se le hacía un nudo, pero alzó la barbilla lanzándole una mirada altiva, y aguardó la reacción que sin duda despertaría en él aquel temerario desafío mascullado entre dientes, y el lo había hecho de la manera más burda posible.

Él apretó los dientes y, sin decir nada, lo miró con ojos entornados y llenos de rabia. Naruto podía sentir el férreo contro que ejercía sobre sí mismo para no moverse.

-¿Tengo aspecto de estar de broma? -preguntó él en un tono suave y amenazador-. Siempre has tenido algún pobre diablo que te mantenía, ¿por qué no me iba a tocar el turno a mí? A mí no puedes manejarme a tu antojo, como hacer con otros, pero, en mi opinión, en este momento, no puedes permitirte ser muy selectivo.

-¿Qué sabrás tú de ser selectivo? -se puso aún más palido, y se retiró de él unos cuantos pasos más; casi podía sentir el impacto del cuerpo de Uchiha sobre su piel, y eso que él ni siquiera se había movido. Él había estado con tantas mujeres y donceles que Naruto ni siquiera quería pensar en ello porque hacerlo le producía un progundo malestar. ¿Habrían sentido esas mujeres y donceles aquella sensación de indefensión, aquella fuerza arrolladora que producía su ardor y su sexualidad? Naruto no podía controlar sus instintos y sus reaccione, siempre se había sentido dégil respecto a él, y eso era lo que lo asustaba, lo que le había hecho apartarse de él todos aquellos años. Sencillamente, no podía soportar la idea de que lo utilizara con la misma despreocupación con que un semental se servía de una yegua; para el, significaría demasiado, y para él demasiado poco.

-No te apartes de mí -dijo él, y su voz se hizo aún más suave, más profunda, acariciando los sentidos de Naruto como terciopelo negro. Sin duda, aquella era la voz que utilizaba por las noches, pensó aturdido, imaginándoselo cubriendo a un doncel o mujer con su cuerpo poderoso y atlético mientras le murmuraba al oído palabras obscenas. Sasuke no sería un amante sutil; sería fuerte y elemental, y colmaría los sentidos de cualquiera. Ahuyentó frenéticamente aquella imagen de su cabeza y la giró para no verlo.

Él se puso furioso al ver que se daba la vuelta como si no pudiera soportar su presencia; Naruto no podía haber dejado más claro que no soportaba la idea de acostarse con él. De tres largas zancadas, Sasuke rodó el escritorio y lo agarró por los brazos, apretándose con fuerza contra él. A pesar de su furia, se dio cuenta de que aquella era la primera vez que lo tocaba, que sentía la tersura de su cuerpo y la fragilidad de sus huesos. Sintió ganas de acariciarlo lentamente. Su ansia se hizo más aguda, y su rabia se debilitó en parte.

-No arrugues la nariz como si fueras la reina de las nieves -le ordenó ásperamente-. Tu pequeño reino se ha ido al infierno, cariño, por si no lo has notado. Esos amigos tuyos tan elegantes no querrán saber nada de ti ahora que estás arruinado. Seguro que no se han ofrecido a ayudarte, ¿no es cierto?

Naruto le dio un empujón en el pecho, pero fue como intentar mover un muro.

-¡No les he pedido que me ayuden! -gritó, enfurecido-. No le he pedido ayuda a nadie, y menos a ti.

-¿Y por qué no a mí? -Sasuke lo zarandeó ligeramente, mirándolo con rabia-. Yo tengo dinero para mantenerte, cariño.

-¡Yo no estoy en venta! - intentó retirarse, pero fue en vano; aunque Sasuke no lo sujetaba con la suficiente fuerza como para hacerle daño, Naruto se encontraba inerme frente a su fortaleza.

-Y a mí no me interesa comprarte -murmuró él bajando la cabeza-. Solo quiero alquilarte por un tiempo.

Tuvo que reunir toda su fuerza de voluntad para apartar la cara de su boca y empujarle por los hombros. Sabía que no tenía la fuerza suficiente para apartarlo; cuando él lo soltó y retrocedió unos centímetros comprendió amargamente que lo hacía porque quería, no porque el lo obligara. Lo estaba observando, esperando a que tomara una decisión.

El silencio se apoderó de la habitación con su sólida presencia, mientras el rubito intentaba recobrar la compostura bajo la mirada firme de Sasuke. Podía sentir que la situación se le escapaba de las manos. Durante diez años había cultivado cuidadosamente su enemistad, por miedo a que él descubriera que con solo mirarlo los huesos se le convertían en agua. Había visto a demasiados donceles y

es obnubilados mientras él les prestaba atención, concentrando sus poderosos instintos sexuales en ellos, pero en cuanto él buscaba un nuevo amante, la obnubilación se convertía en dolor, vacuidad y rencor. Ahora él lo estaba mirando con aquella mirada penetrante que siempre había intentado evitar. Nunca había querido que lo viera como doncel; no quería sumarse a la lista de sus conquistas a las que había utilizado y abandonado. Ya tenía bastantes problemas, sin necesidad de dejarse romper el corazón, y Sasuke Uchiha era un auténtico rompecorazones. Ya estaba contra la espada y la pared; no podría soportar un nuevo golpe, ni emocional ni económicamente.

Pero su mirada la quemaba con un fuego oscuro, deslizándose lentamente sobre su cuerpo como si calibrara su pecho, sus caderas que habían de ajustarse a las suyas, y sus piernas, que se enlazarían sobre él en los estertores del placer. Nunca antes lo había mirado de ese modo, y Naruto se estremeció de pies a cabeza. En sus ojos había un deseo sexual puro. En su cabeza, ya estaba dentro de el, saboreándolo, sintiéndolo, dándole placer. Pocos podían resistirse a aquella mirada, una mirada llena de sexualidad impúdica, experiencia y arrogancia, como si estuviera seguro de que cualquiera quedaría satisfecho en sus brazos. Lo deseaba, y estaba dispuesto a conseguirlo.

Y Naruto no podía permitir que eso ocurriera. Se había pasado la vida en una torre de marfil, erigida primero por la adoración ciega de su padre y después por los celos obsesivos de Gaara no Sabaku. Por primera vez en su vida estaba solo, era responsable de sí mismo y encontraba cierta satisfacción en aquella responsabilidad. Fracasara o tuviera éxito, necesitaba valerse por sí mismo, no acudir a cualquier hombre en busca de ayuda. Miró a Sasuke con expresión vacía; él lo deseaba, pero no le tenía aprecio, ni lo respetaba, y no podría respetarse a sí mismo si se convertía en un parásito, como él parecía esperar.

Lentamente, como si le dolieran los músculos, se apartó de él y se sentó al escritorio, bajando la cabeza para no tener que verle la cara. De nuevo, el orgullo y la costumbre vinieron en su ayuda; su voz sonó serena y fría cuando dijo:

-Como te decía, no tengo dinero para devolverte el préstamo ahora mismo, y comprendo que la deuda ya ha vencido. La solución depende de ti...

-Yo ya he hecho mi oferta -la interrumpió él, achicando los ojos al percibir su frialdad. Apoyó la cadera sobre el escritorio, junto a el, y su muslo prieto le rozó el brazo. Naruto tragó saliva para aliviar la repentina sequedad de su boca, procurando no mirar aquellos músculos poderosos, enfundados en tela vaquera. Entonces él se inclinó, apoyando el brazo sobre el muslo, y aquello resultó aún peor, porque de pronto Naruto vio su torso muy cerca de el, tuvo que echarse hacia atrás en la silla-. Lo único que tienes que hacer es aceptar, en vez de perder el tiempo fingiendo que no te gusta que te toque.

Naruto prosiguió como si no lo hubiera oído.

-Si quieres que te pague inmediatamente, tendré que vender el ganado para reunir el dinero, y preferiría no hacerlo. Cuento con esa venta para mantener el rancho en funcionamiento. Pensaba vender parte de las tierras para conseguir el dinero, pero, naturalmente, eso llevará cierto tiempo. Ni siquiera puedo comprometerme a pagarte dentro de seis meses; todo depende de cuánto tarde en encontrar comprador -contuvo el aliento, aguardando su respuesta. Vender parte de las tierras era el único plan que se le ocurría, pero todo dependía de la benevolencia de Sasuke Uchiha.

Él se incorporó lentamente y lo miró arrugando el ceño.

-Un momento, nene, vayamos por partes. ¿Qué quieres decir con mantener el rancho en funcionamiento? El rancho ya está muerto.

-No, no lo está -dijo con obstinación-. Todavía me queda algún ganado.

-¿Dónde? -preguntó él, incrédulo.

-En los pastos del sur. La cerca del lado este necesita algunas reparaciones, y no tengo... -vaciló al ver que la rabia crispaba cada vez más los rasgos de Sasuke. ¿Qué le importaba a él todo aquello? Las tierras de ambos lindaban por el norte; su ganado no corría ningún riesgo de extraviarse.

-Retrocedamos un poco más -dijo él con crispación-. ¿Se puede saber quién está cuidando del ganado?

Así que era eso. No lo creía porque sabía que ya no había vaqueros en el rancho.

-Yo me ocupo del ganado -le espetó, orgulloso. Él no podía haber dejado más claro que no lo consideraba ni capaz, ni dispuesto cuando se trataba de trabajar en el rancho.

Sasuke lo miró de arriba abajo, alzando las cejas, asombrado. Naruto sabía perfectamente qué era lo que veía, porque el mismo había creado aquella imagen a sabiendas. Veía sus uñas pintadas de malva, sus sandalias blancas de tacón alto, sus pantalones de lino y su camisa de seda, que el contacto con la ropa mojada de él había humedecido. De pronto, Naruto se dio cuenta de que tenía la pechera mojada, y, aunque se puso colorado, alzó el mentón un poco más. Que mirara, qué demonios.

-Muy bien -gruñó él-. Déjame ver tus manos.

El pelirrubio cerró instintivamente los puños y lo miró con desconfianza.

-¿Para qué?

Él moreno se movió rápidamente y, agarrándolo de una muñeca, lo obligó a enseñarle la mano. Naruto se echó hacia atrás, intentando desasirse, pero él apretó un poco más, forzándolo a abrir los dedos, y luego le giró la palma de la mano hacia la luz. Observó su mano durante un largo minuto, con el rostro desprovisto de emoción. Después tomó su otra mano y también la examinó. Aflojó un poco su garra y trazó con las puntas de los dedos los arañazos, las heridas a medio curar y los callos que empezaban a formarse en su piel.

Naruto aguardó, con los labios apretados en una mueca agria, y el semblante deliberadamente inexpresivo. No se avergonzaba de sus manos; el trabajo dejaba inevitablemente su impronta en la carne humana, y el encontraba cierto consuelo en el arduo trabajo que le exigía el rancho. Pero por muy honrosas que fueran aquellas marcas, cuando Sasuke las miró sintió como si lo desnudara con los ojos y lo observara atentamente, como si dejara al descubierto su intimidad. no quería que supiera tanto de el; no quería que le dirigiera aquel intenso interés; no quería que le tuviera lástima, pero sobre todo no quería que se mostrara condescendiente con el.

Entonces el peliazabache alzó la mirada y sus ojos negros como la noche examinaron su semblante orgulloso e impenetrable, y sintió que todos sus instintos se ponían alerta. ¡Demasiado tarde! Quizá era ya demasiado tarde cuando le abrió la puerta. Desde el principio, había sentido su tensión, la ansiedad apenas refrenada que al principio confundió con su habitual hostilidad. Uchiha no estaba acostumbrado a que un doncel al que deseaba lo hiciera esperar, y el le había mantenido a raya durante diez años. Pero, en realidad, el único momento en que estuvo verdaderamente a salvo de su influjo fue durante su breve matrimonio, cuando la distancia entre Filadelfia y el interior de Florida no se reducía solo a unos cuantos miles de kilómetros, sino que era la distancia entre dos estilos de vida completamente opuestos, tanto en el fondo como en la forma. Pero ahora se encontraba de nuevo a su alcance, y esta vez era vulnerable. Estaba arruinado, solo, y le debía cien mil dólares. Sin duda, él esperaba que fuera fácil.

-No tienes por qué hacerlo solo -dijo él finalmente, con voz más profunda y pausada. Seguía sujetándolo de las manos, y sus pulgares aún se movían suavemente sobre las palmas de las manos de Naruto. Entonces se puso en pie y tiró de el para que se levantara. El ojiazul cayó en la cuenta de que, hasta el momento, no le había hecho ningún daño; lo había abrazado contra su voluntad, pero no le había hecho daño. Lo tocaba con suavidad, pero sabía sin ningún género de dudas que no podría desasirse de él hasta que lo soltara voluntariamente.

Su única defensa seguía siendo el leve tono burlón que había usado contra él desde el principio. Le lanzó una sonrisa radiante desenfadada.

-Claro que sí. Como tú has dicho tan amablemente, mis amigos no se han precipitado a venir en mi rescate precisamente, ¿no es cierto?

La boca de él se crispó en una mueca de desdén hacia aquellos «amigos». Nunca había tenido paciencia con los ricos indolentes y aburridos.

-Podías haber acudido a mí.

Naruto volvió a dedicarle la misma sonrisa, sabiendo que la odiaba.

-Pero tardaría mucho tiempo en devolver una deuda de cien mil dólares de esa forma, ¿no crees? Ya sabes que odio aburrirme. Una puta de primera categoría saca, ¿cuánto?, ¿cien dólares cada vez? Aunque estuvieras dispuesto a hacerlo tres veces al día, tardaría un año en pagarte la...

Una furia oscura y fulgurante brilló en los ojos de Sasuke. Finalmente le soltó las manos, pero únicamente para agarrarlo por los hombros. Lo mantuvo quieto mientras volvía a mirarlo de arriba abajo.

-¿Tres veces al día? -preguntó con engañosa suavidad, mirando su pecho y sus caderas- Sí, claro que podría. Pero te olvidas de los intereses, nene. Y yo los cobro muy altos.

El se estremeció, deseando poder cerrar los ojos contra aquella mirada. Le había provocado temerariamente, y él le había devuelto la pelota. Sí, era capaz de hacerlo. Su apetito sexual era tan intenso que prácticamente ardía con él, atrayendo a las mujeres y donceles como polillas indefensas. Naruto intentó reunir el aplomo necesario para seguir sonriendo, y consiguió encogerse de hombros ligeramente.

-Gracias de todos modos, pero prefiero revolcarme en el estiércol.

Si, en aquel momento, él hubiera perdido el control, Naruto habría respirado más tranquilo, sabiendo que todavía llevaba la voz cantante, aunque fuera por poco. Si podía mantenerlo a raya a base de insultos, estaría a salvo. Pero, aunque Sasuke crispó las manos levemente sobre sus hombros, logró refrenar su ira.

-No te pases, cariño -le advirtió suavemente-. No me costaría ningún trabajo enseñarte ahora mismo qué es lo que de verdad te gusta. Será mejor que me digas cómo demonios piensas mantener el rancho en funcionamiento tú solo.

Por un instante, los ojos del doncel le parecieron muy claros e insondables, llenos de una desesperación que Sasuke no estaba seguro de haber visto nunca. Pero al instante recobró su frialdad burlona y su arrogancia, sus ojos se volvieron opacos y sus labios se curvaron ligeramente, de tal forma que a Uchiha le dieron ganas de zarandearlo.

-El rancho es problema mío -dijo, desdeñando la oferta de ayuda implícita en sus palabras. Sabía cuál era el precio que exigiría a cambio de su ayuda-. A ti, lo único que debe preocuparte es cómo quieres que te devuelva el dinero.

Él lo soltó por fin y volvió a sentarse sobre el escritorio, estirando sus largas piernas y cruzando los tobillos.

-Cien mil dólares es mucho dinero. No me fue fácil reunirlo en efectivo.

A Naruto no hacía falta que se lo dijera. Sasuke poseía millones en bienes raíces, pero el dinero de un ranchero estaba atado a la tierra y al ganado, y los beneficios revertían constantemente en la mejora del rancho. El dinero líquido no podía derrocharse en frivolidades. Naruto apretó la mandíbula.

-¿Cuándo quieres que te devuelva el dinero? -preguntó secamente-. ¿Ahora o más tarde?

El arqueó las cejas.

-Dadas las circunstancias, deberías intentar apaciguarme, en lugar de escupirme a la cara. ¿Por qué no pones el rancho y el ganado en venta? De todos modos, no puedes llevarlo tú solo, y al menos así dispondrás del dinero para vivir hasta que encuentres alguna forma de ganarte el sustento.

-Puedo sacar adelante el rancho yo solo -dijo el, palideciendo. Debía hacerlo; era todo lo que tenía.

-Ni lo sueñes, nene.

-¡No me llames nene! -la rabia de su voz lo asombró incluso a el mismo. Sasuke llamaba «nena» o nene a todas las mujeres y donceles. Era una expresión cariñosa que no significaba nada, porque se la había dicho a muchos otros. El no soportaba imaginárselo en la oscuridad con alguien mas, llamándolo de esa forma con voz profunda e indolente.

Sasuke lo agarró por la barbilla con su mano grande y ruda, y lo obligó a levantar la cara mientras le acariciaba el labio inferior con el pulgar.

-Te llamaré como quiera..., nene, y tú cerrarás la boca, porque me debes un montón de dinero y no puedes pagarme. Voy a pensar con detenimiento qué vamos a hacer con esa deuda. Hasta que lo decida, ¿por qué no piensas en esto?

Naruto intentó apartar la cara demasiado tarde, pero Sasuke seguía sujetándolo por la barbilla, y se apoderó de su boca antes de que el pudiera desasirse. cerró los ojos, procurando ignorar la oleada de placer que lo invadió, intentando ignorar el modo en que los labios de él se movían sobre los suyos. Aquello era aún peor que la vez anterior, porque ahora él lo besaba con firmeza y detenimiento, seduciéndolo al mismo tiempo que lo forzaba. El ojiazul intentó apartar la cara, pero Sasuke, anticipándose a sus movimientos, abrió las piernas y lo sujetó entre sus muslos. Naruto empezó a temblar. Abrió las manos sobre su pecho con la intención de empujarlo, pero sintió el latido de su corazón bajo la palma de la mano y, al notar su ritmo acelerado, deseó hundirse en él. Él metió la mano entre su pelo y le hizo girar la cabeza levemente. no podía moverse y, lentamente, empezó a abandonarse a su voluntad. Abrió la boca, aceptando los lentos movimientos de su lengua mientras penetraba en su boca, llenándolo con su sabor.

Lo besaba con una pasión desarmante, como si no se saciara del doncel. Ni siquiera la perturbadora idea de que hubiera practicado aquella técnica con cientos de mujeres y donceles disminuía su poder. Naruto se sentía completamente rodeado por él, indefenso ante sus caricias, su olor y su sabor, y su cuerpo se estremecía de deseo y de placer. Lo deseaba; siempre lo había deseado. Sasuke Uchiha se convirtió en una obsesión para el desde el momento en que lo vio por vez primera, y Naruto se había pasado la mayor parte de los diez años anteriores huyendo del influjo de aquella obsesión, y aun así había acabado a su merced.

El alzó la cabeza lentamente con los párpados entrecerrados y la boca humedecida por el beso. Al mirarlo, una expresión de satisfacción se apoderó de su semblante. El rubio estaba apoyado contra él, inerme, con la mirada enturbiada por el deseo y los labios enrojecidos e hinchados. Muy suavemente, Sasuke lo apartó de sí, sujetándolo por la cintura hasta que Naruto se mantuvo en pie; luego, se levantó.

Como siempre, cada vez que se cernía sobre el, Naruto retrocedió un paso sin darse cuenta. Intentó desesperadamente recuperar el dominio sobre sí mismo y trató de decirle algo que desmintiera la reacción que le había provocado su beso, ¿pero qué podía decir? No podía haber dejado más claro que lo deseaba. Pero, por otra parte, él tampoco. Era inútil intentar recuperar el terreno perdido, y no perdería el tiempo intentándolo. Lo único que podía hacer era procurar mantenerlo a raya a partir de ese momento.

Lo miró de frente, muy pálido y juntó las manos con fuerza.

-No me acostaré contigo para pagarte la deuda, da igual lo que decidas. ¿Has venido aquí esta noche esperando llevarme directamente a la cama, dando por sentado que preferiría hacer de furcia para ti?

Él le lanzó una mirada penetrante.

-Esa idea se me pasó por la cabeza. Lo estaba deseando.

-¡Pues yo no! -jadeó el, intentando refrenar la rabia que le provocó aquel ultraje. Debía controlarla; no podía derrumbarse en ese momento.

-Me alegro, porque he cambiado de idea -dijo él con indolencia.

-¡Vaya, qué generoso por tu parte! -exclamó el.

-Acabarás acostándote conmigo, pero no lo harás por el dinero que me debes. Cuando llegue el momento, te abrirás de piernas para mí porque me deseas tanto como yo a ti.

Natuto se estremeció bajo su mirada, y la imagen que conjuraron sus palabras ásperas atravesó su cerebro como un rayo. Sasuke lo usaría y luego lo abandonaría, como había hecho con tantos mas, si le permitía que se acercara demasiado.

-Te lo agradezco, pero no. Nunca me ha gustado el sexo en grupo, y eso es lo que tendría contigo.

Deseaba enfurecerlo, pero él lo tomó de las manos y le acarició ligeramente los nudillos.

-No te preocupes, te garantizo que solo estaremos tú y yo entre las sábanas. Ve haciéndote a la idea. Volveré mañana para echarle un vistazo al rancho y ver qué hay que hacer...

-No -lo interrumpió con fiereza, apartando las manos-. El rancho es mío. Puedo manejarlo yo solo.

-Dobe, tú ni siquiera has manejado una chequera solo en toda tu vida. No te preocupes; yo me ocuparé de todo.

Naruto apretó los dientes, más por miedo de que tuviera razón que por otra cosa.

-¡No quiero que te ocupes de nada!

-Tú no sabes ni lo que quieres -contestó él, inclinándose para darle un ligero beso en la boca-. Nos veremos mañana.

Así, sin más, se dio la vuelta y salió de la habitación, y al cabo de un momento Naruto se dio cuenta de que se había ido. Corrió tras él y alcanzó la puerta delantera justo a tiempo para verlo correr bajo la lluvia hacia la camioneta.

Sasuke no lo tomaba en serio. ¿Pero por qué iba a hacerlo?, pensó amargamente. Nadie lo hacía, al fin y al cabo. Se apoyó en el quicio de la puerta y lo vio alejarse; le temblaban las piernas. ¿Pero por qué precisamente ahora? Durante años lo había mantenido a distancia con su hostilidad cuidadosamente manufacturada, pero de repente sus barreras defensivas se hacían pedazos. Como un depredador, él había percibido su debilidad y había entrado a matar.

Cerró la puerta despacio, dejando fuera el sonido de la lluvia. La casa silenciosa lo cercaba, como un recordatorio vacío de los bandazos de su vida.

Apretó la mandíbula, pero no se echó a llorar. Sus ojos permanecieron secos. No podía permitirse perder tiempo ni fuerzas entregándose a llantos inútiles. De alguna forma tenía que aferrarse al rancho, devolver la deuda y mantener a raya a Sasuke Uchiha...

Esto último sería lo más difícil, porque tendría que luchar consigo mismo. No quería apartarlo de el; quería lanzarse en sus brazos y sentir que lo rodeaban. Quería alimentar el deseo que sentía por él, tocarlo como nunca había echo y sumergirse en él. Sintiéndose culpable, notó un nudo en la garganta y estuvo a punto de romper a llorar. Se había casado con otro deseando a Sasuke, amando a Sasuke, obsesionado con Sasuke; de alguna forma, Gaara, su ex marido, se había dado cuenta, y sus celos acabaron convirtiendo su matrimonio en una pesadilla.

Su mente ardía en recuerdos, y para distraerse entró en la cocina y se preparó la cena: un cuenco de cereales con leche. Había tomado lo mismo para desayunar, pero estaba demasiado nervioso para ponerse a cocinar. Al final no fue capaz de comerse ni la mitad del cuenco; de repente, soltó la cuchara y escondió la cara entre las manos.

Toda su vida había sido un principe, el niño de los ojos de sus padres, pues nació cuando estos tenían casi cuarenta años y ya habían perdido la esperanza de tener hijos. Su madre Kushina Uzumaki, había sido una persona desvaída y de modales suaves que pasó del cuidado de su padre al de su marido, y que pensaba que el papel de una esposa en la vida era proveer a su marido, que la mantenía, de un hogar confortable y acogedor. Aquella no era una idea extraña en su generación, y Naruto no la culpaba por ello. Minato Namikaze había protegido y mimado tanto a su mujer como a su hijo; así pensaba que debía ser la vida, y para él era un motivo de orgullo poder mantenerlas sin estrecheces. Cuando su madre murió, el pelirrubio se convirtió en el depositario de toda aquella devoción. Minato quiso que tuviera lo mejor; que fuera feliz, y, a su modo de ver, fracasaría como padre y como hombre si no lo era.

En aquellos días, a Naruto le producía alegría dejar que su padre lo rodeara de regalos y lujos. Su vida transcurría como siempre había esperado, hasta el día que Minato puso su mundo patas arriba al vender la casa de KONOHAGAKURE donde se había criado, y se la llevó a un rancho ganadero en el interior de Florida, no muy lejos de la costa del Golfo. Por primera vez, Minato no se dejó conmover por la súplicas de Naruto. El rancho ganadero era su sueño hecho realidad, la respuesta a una necesidad profundamente enterrada en su interior que había ocultado bajo sus camisas de seda, sus trajes de rayas y sus citas de negocios. Lo deseaba tanto, que ignoró las lágrimas de Naruto y le aseguró alegremente que al cabo de poco tiempo tendría amigos nuevos y amaría el rancho tanto como él.

En eso, en parte, había tenido razón. Hizo nuevos amigos, poco a poco se acostumbró al calor, y hasta empezó a disfrutar de la vida en un rancho ganadero. Su padre remodeló completamente la vieja casa del rancho, para asegurarse de que su amada hijo no se viera privado de las comodidades a las que estaba acostumbrado. De modo que Naruto se hizo a la idea, e incluso procuró convencer a su padre de que estaba contento. Él se merecía cumplir su sueño, y el se avergonzaba de haber intentado convencerlo de lo contrario. Él hacía cuanto podía por hacerlo feliz; lo menos que podía hacer era intentar complacerlo.

Entonces conoció a Sasuke Uchiha. Naruto apenas podía creer que hubiera pasado diez años huyendo de él, pero era cierto. Lo había odiado, temido y amado, todo al mismo tiempo, con la loca y apasionada obsesión de la que solo era capaz un adolescente, pero siempre había tenido clara una cosa: a él no podría manejarlo. Nunca había fantaseado con ser el doncel que lograra domarlo; era demasiado débil para él, y él era demasiado fuerte. Podía tomarlo y utilizarlo, pero el no era suficiente doncel para retenerlo. Era un niño mimado y consentido; a él ni siquiera le agradaba. Como mecanismo de defensa, se empeñó en resultarle aún más antipático, a fin de asegurarse de que nunca se interesara por el.

Había ido a una exclusiva universidad para donceles en el este, y después de su graduación pasó un par de semanas con una amiga que vivía en Filadelfia. Durante aquella visita, conoció a Gaara no Sabaku, heredero de una de las familias más antiguas y acaudaladas de la ciudad. Era casi de su estatura y tenia el cabello pelirrojo. Su parecido con Sasuke era muy leve, salvo por esos detalles, y Naruto no podía decir que se hubiera casado con él conscientemente porque le recordara a Sasuke, pero temía que, inconscientemente, hubiera hecho justamente eso.

Gaara era muy divertido. Tenía maneras indolentes, ojeras alrededor de los ojos, y le encantaba organizar juegos absurdos. En su compañía, conseguía olvidarse de Sasuke y divertirse. Le tenía un profundo afecto a Gaara, y había llegado a quererlo tanto como era capaz de querer a cualquier hombre que no fuera Sasuke Uchiha. Lo mejor que podía hacer era olvidarse de Sasuke, no mirar atrás, y seguir con su vida. Después de todo, entre ellos nunca había habido nada, aparte de sus fantasías, y Gaara lo adoraba. Así que se casó con él, para alegría de su padre y de él mismo.

Aquello fue un error que casi le costó la vida.

Al principio todo fue bien. Pero después Gaara comenzó a mostrar signos de celos cada vez que Naruto se mostraba amable con otro hombre. ¿Notaba acaso que no lo quería como debía? ¿Que solo era dueño de la parte más superficial de su corazón? Naruto seguía sintiéndose culpable incluso ahora, porque los celos de Gaara no eran infundados. Él había sido incapaz de descubrir al verdadero objeto de los deseos del doncel, de modo que se ponía furioso cada vez que le sonreía a otro hombre o que bailaba con otro.

Las escenas se hicieron cada vez peores, y una noche acabó dándole una bofetada durante una fuerte discusión, después de una fiesta; el había cometido el error de hablar dos veces con el mismo hombre mientras recorrían la mesa del bufé. Asombrado, con la cara ardiendo, Naruto miró los rasgos crispados de su marido y comprendió que los celos se habían apoderado de él. Por primera vez, le tuvo miedo.

Aquel incidente también impresionó a Gaara, que escondió la cara en el regazo de Naruto como aferrándose a el mientras lloraba y le suplicaba que lo perdonara. Juró que nunca volvería a hacerle daño; dijo que prefería cortarse las manos antes que volver a pegarle. Conmovidao hizo lo que tantas mujeres y donceles hacían cuando sus maridos las pegaban: lo perdonó.

Pero aquella no fue la última vez. Por el contrario, todo empeoró a partir de entonces.

Naruto estaba tan avergonzado e impresionado que no se lo dijo a nadie, pero finalmente no pudo soportarlo más y presentó cargos contra él. Para su espanto, los padres del pelirrojo sobornaron discretamente a todos los implicados, y se quedó sin apoyos legales, pues todas las pruebas desaparecieron. Los Sabaku estaban dispuestos a proteger a su hijo costara lo que costase.

Finalmente, intentó dejarlo, pero solo consiguió llegar a Baltimore antes de que Gaara diera con el, lívido de rabia. Fue entonces cuando comprendió que había perdido la razón; los celos lo habían enloquecido. Agarrándolo del brazo con tanta fuerza que le dejó moretones durante dos semanas, pronunció la amenaza que lo retuvo a su lado durante los dos años siguientes: si volvía a abandonarlo, haría matar a su padre.

Naruto no dudó ni por un momento de que lo haría, como tampoco dudó de que saldría indemne; estaba protegido por el dinero y el prestigio de su familia, y por una red de viejos amigos de la familia que procedían del mundo del derecho. De modo que se quedó, temiendo siempre que lo matara en uno de sus ataques de furia, pero sin atreverse a marcharse. Debía proteger a su padre, costara lo que costase.

Sin embargo, finalmente, encontró un modo de escapar. Una noche, Gaara lo golpeó con un cinturón. Pero sus padres estaban de vacaciones en Europa, y para cuando se enteraron del incidente, ya era demasiado tarde para utilizar sus influencias. Naruto se escapó de casa, se fue al hospital, donde le curaron las heridas, y consiguió copias del informe clínico. Esas copias le valieron el divorcio.

Pero el principe se llevaría las cicatrices a la tumba.

Continuara…