Los personajes no me pertenecen, son de J.K.Rowling.

Capítulo 2: Proposiciones.

Los rayos de sol incidían con fuerza en la cara de Ginny, y eso la despertó. Abrió los ojos y pensó que por la intensidad de la luz debería ser ya mediodía, y también se preguntaba que porqué había dormido tanto. Al levantarse de la cama se notaba rara y cayó en la cuenta de que la noche anterior se había acostado con ropa. La noche anterior…. Y empezó a acordarse de todo, la preocupación comenzó de nuevo a embargarla, pero ya había decidido que ella misma comprobaría de quien se trataba antes de que se acercara demasiado a su familia, eso si es que realmente se trataba de alguien de carne y hueso.

Fué hasta su armario y sacó ropa limpia, se cambió, después abrió la ventana de su dormitorio e hizo su cama antes de salir al cuarto de baño para asearse. Al cabo de 10 minutos, Ginny estaba en la cocina preparándose un té con leche y tostadas ya que su madre no estaba allí, cosa que agradeció. Por su propia salud mental decidió no darle más vueltas a los sucesos del día anterior, y pensó que lo mejor sería seguir con su rutina diaria.

Salió al jardín para darle los buenos días a su madre, Molly la preguntó repetidas veces que si se encontraba bien y estuvo un buen rato agobiándola, cuando por fin Ginny convenció a la Sra. Weasly de que no estaba en peligro mortal, subió otra vez a su habitación con la intención de terminar los deberes para el idiota de Snape . Su cuarto estaba relativamente ordenado, así que se sentó en el escritorio, abrió el tintero y mojó la pluma, acto seguido comenzó a leer el pergamino que tenía escrito hasta la mitad, pero la verdad es que no la sonaba mucho porque lo había hecho hace unos días se acordaba de la mayoría de las cosas.

-Puff, joder -dijo ella- otra vez a leer el estúpido libro de pociones.

Al cabo de dos horas, ya tenía el trabajo prácticamente acabado, sólo tenía que añadir las conclusiones. Ella no estaba del todo satisfecha con su trabajo, sabía que podía haberlo hecho mejor, y también sabía tendría un aceptable aunque cualquier profesor razonable le pondría un supera las expectativas, pero ahí estaba la clave: Snape no era un profesor razonable cuando se trataba de Griffindor, pensó con cierta amargura.

Se levantó del escritorio para bajar a comer, salió de su cuarto y al bajar las escaleras se cruzó con Ron.

-¿Qué has estado haciendo, Ginny? -preguntó Ron con curiosidad.

-Pues los deberes para Snape -contestó Ginny – y supongo que tú habrás estado practicando con la escoba para ver si mejoran tus aptitudes como guardian.

Las orejas de Ron se pusieron rojas, parecía incluso un poco dolido para replicar. Ginny había estado muy dura con su hermano y ella lo sabía, pero es que últimamente tenía los nervios a flor de piel.

Llegaron a la cocina y se sentaron a la mesa, su madre les sirvió patatas asadas y la carne, acto seguido se sentó ella y comenzaron a comer.

-¿Papá no va a venir a comer hoy tampoco? -preguntó Ginny

-No -dijo Molly - sabes que tiene mucho trabajo. Y hablando de llegadas, Hermione viene mañana, ¿no Ron?

Tardó en contestar porque tenía la boca llena, y cuando por fin lo hizo dijo:

-Si, y Harry dentro de dos días.

-Bien, mejor que esté aquí el probrecillo que en esa casa con esos muggles… -dijo Molly

Terminaron de comer y cada uno volvió a sus menesteres, a Ginny no la apetecía ir a escribir las conclusiones, además pensó que como Hermione llegaba el día siguiente tal vez le echara un ojo a su trabajo y si había suerte la escribiría las conclusiones.

Salió al jardín, por hacer algo diferente, se aburría como una ostra, ya prácticamente tenía sus cosas hechas, pensando en un posible pasatiempo se la ocurrió que podía jugar al quiddich con Ron así que fue a buscarle. Le encontró en el cobertizo.

-Hermanito -dijo Ginny- voy a volar un rato, ¿te apuntas?

Ron pareció pensárselo y la dijo:

-Podías tirarme algunas quaffles y así me entreno, es que no quiero perder mi puesto en el equipo.

-Vale -dijo Ginny- me vendrá bien practicar porque este año me presento a las pruebas de selección para nuevos cazadores, porque ahora que Harry volverá al equipo ya no seré la buscadora.

Estuvieron más de tres horas en las escobas, cuando se bajaron Ginny se fue a dar una ducha par a refrescarse y la sentó muy bien. Ya en su cuarto se vistió y se puso un vestido veraniego, era de tirantes, de tela blanca. Eso lo combinó con unas sandalias. Se miró al espejo y se vió muy guapa. Para ser sinceros siempre se veían muy guapa, en Howarts prácticamente todos los chicos la pedirían una cita de buen grado, estaba claro que tenía mucho éxito, a eso se añadía el hecho de que por su carácter simpático y desenfadado y su personalísima forma de ser, tenía muchos amigos y amigas. Era muy popular.

Salió de su habitación con ánimo de dar una vuelta por los alrededores de la casa, como se había propuesto, ahora ya no estaba tan asustada como hacía unas horas, el hecho de haber estado jugando al quiddich la había devuelto a la realidad, porque desde hacía algunos días estaba perdida en sus pensamientos. Llegó al jardín y se aseguró de que no la veía nadie salir de casa.

Estuvo paseando un rato por los alrededores, no se alejó mucho y no se atrevía a ir al lugar donde había estado el día anterior. Finalmente se convenció de que allí no había nadie y que todo había sido producto de su saturada mente. Sentó en la hierba más relajada. Ahora pensaba en Howarts, sobre todo se preguntaba sarcásticamente que en que nueva y peligrosa aventura se verían envueltos ese año. Estaba en esas cuando una voz aguda, fría y algo conocida hablo a sus espaldas:

-Hola Ginevra

Ginny, que se creía sola y a salvo, tardó unos segundos en asimilar que posiblemente Lord Voldemort estaba detrás de ella y tuvo la sensación de que no sólo había ido hasta allí para intercambiar impresiones , sino más bien terminarían intercambiando maldiciones y Ginny sabía que llevaba las de perder. Se levanto de prisa, sacó su varita y se quedó frente a aquel hombre. Estaba muerta de pánico, él, por su parte, parecía tranquilo pero calculador, vestía todo de negro y estaba encapuchado. La respiración de Ginny era muy irregular y bastante agitada, la varita le temblaba en la mano y era totalmente incapaz de pronunciar palabra alguna. Ahora entendía el pánico que tenían las personas más mayores cuando hablan de Voldemort.

-Me alegro de volver a verte -dijo Voldemort, aunque el tono de su voz no dejaba entrever ningún tipo de emoción, parecía mentira que de verdad se alegrara de volver a verla.

Como Ginny no pudo devolverle el cumplido, no dijo nada, a pesar de lo asustada que estaba, quería preguntarle que por qué estaba allí, si quería matarla, si solo quería información… Y finalmente le dijo con voz temblorosa:

-¿Vas a matarme?

-¿Me tienes miedo Ginevra? -dijo Voldemort

Titubeó un momento pero al final…

-Si -contestó ella sinceramente

-No estoy aquí para matarte -dijo él- no te quiero matar ni a ti ni a tu familia… de momento.

Ginny creía saber porqué había dicho "de momento", seguramente si ella se negaba a darle información sobre Harry o sobre la orden los mataría a todos.

Voldemort comenzó a pasearse n círculos a su alrededor y ella seguía en el sitio muerta de miedo.

-Veras Ginny … -dijo Voldemort-… me he preguntado alguna que otra vez si recuerdas a Tom Sorvolo Riddle.

Ginny lo recordaba perfectamente pero fue una etapa de su vida que había querido olvidar para siempre, además la daba mucha rabia que justo viene él a recordarla lo por lo que tuvo que pasar en esa época y como fue la engañó de forma prácticamente humillante así que esta vez mintió al responder.

-No, a penas lo recuerdo -dijo casi fríamente

-Sabes que a mí no puedes engañarme, nadie puede -dijo Voldemort- pero permíteme que te refresque la memoria.

Acto seguido apuntó con su varita hacia Ginny, pero al ver la cara de terror que puso la muchacha, se detuvo. Ella por su parte estaba esperando el destello verde, cerró los ojos y lo que creía que eran sus últimos pensamientos, se los dedicó a su familia, pero como no pasó nada al cabo de unos segundos, abrió los ojos y se encontró de frente a Voldemort, que por alguna razón que solo él conocía, había bajado la varita.

-No tengas miedo, Ginevra, ya te he dicho que no he venido a matarte, y tampoco a echarte ningún otro maleficio, si es eso lo que te preocupa.

Si, eso la preocupaba y bastante, pero al escuchar esas palabras se tranquilizó un poco. Voldemort si situó detrás de ella y sin que Ginny se diera cuenta, sacudió la varita sobre su cabeza. En ese momento sintió como si un remolino se la llevara, de repente se vio a ella misma con una pluma escribiendo en lo que parecía ser una agenda vacía, después se vio con las manos manchadas de sangre haciendo grafitis en las paredes de Howarts, la siguiente imagen fue en los lavabos de Mirtle la llorona invocando al basilisco y por último…vio a Tom Riddle. En ese momento sintió muchas cosas a la vez: rabia, añoranza, desprecio y sobre todo experimento el tipo de alegría que embarga a dos viejos amigos cuando vuelven a encontrarse, aunque segundos después se odió a sí misma por haber tenido ese sentimiento.

Regresó a la realidad, percibió la presencia de Voldemort a sus espaldas, no entendía todavía a santo de qué había venido eso de mostrarla otra vez lo que pasó. El se movió para situarse frente a ella y al hacerlo toco el pelo de Ginny intencionadamente con su dedo índice. Entonces le miró interrogante, como preguntándole que porqué estaba allí. El intuyó lo que la muchacha quería decirle y respondió:

-Puedes poner a salvo a tu familia, si quieres…eso depende de ti, ven esta noche a hablar conmigo, nadie los tocará y no te preocupes, ya te he dicho que no quiero hacerte daño.

-¿Y si no voy? -quiso saber Ginny aunque ya intuía la respuesta.

-Pues que todos vosotros moriréis tarde o temprano, es cuestión de tiempo que vuelva a hacerme con el poder y entonces ningún sangre sucia ni ningún traidor a la sangre estará a salvo -respondió Voldemort como si estuviese explicando algo evidente- pero tú puedes ponerlos a salvo.

Ginny estaba dubitativa, tenía la posibilidad de hacer inmune a su familia aún cuando La Orden perdiera esa guerra, por otro lado no sabía exactamente que quería Voldemort de ella, en ese momento no fue capaz de decidirse.

-Ven aquí a media noche y supondré que aceptas mi oferta –dijo Voldemort justo antes de desaparecerse.

Ginny se quedó en el sitio algunos minutos más, no se podía creer lo que la había pasado, ahora mismo tenía tantas cosas rondándole por la cabeza que no pudo pensar en ninguna en 

concreto. Puso el piloto automático y se fue caminando mecánicamente hacia su casa. Simplemente no daba crédito: a se iba a encontrar a solas con el mago más asesino y maniaco de toda la historia o iba de entierro. Necesitaba expresarse en voz alta, así que iba murmurando:

-Bueno, el dijo que no me haría daño, pero es que tampoco es una persona de la que pueda una fiar, más bien lo contrario, y si se lo digo a mis padres no creo que puedan hacer nada salvo esconderse, pero claro, es bien sabido que Voldemort es único para encontrar a las personas a las que quiere ver muertas; tal vez Dumbledore… bueno Dumbledore se limitaría a escondernos porque de momento la Orden no está siendo muy efectiva a la hora de cazar a mortífagos; además tendríamos que avisar a Fred, a George, a Charlie, a Bill, a tía Muriel y a Percy, bueno no creo que Percy fuera una gran pérdida. Creo que lo mejor es que vaya allí esta noche y espero de paso que el Señor Tenebroso tenga a bien aclararme este asunto, porque no entiendo nada, lo único que sé que esto es peligroso y que yo no lo controlo.

Sin darse cuenta, ya había llegado a su casa, pero no estaba pálida como el día anterior, ni temblorosa, porque lo que sucedía era que el día anterior tenía un susto enorme en el cuerpo y ahora tenía un problema enorme. Cruzó la puerta del jardín, mientras se dirigía a la cocina estaba pensando en cómo se las ingeniaría para escaparse de su casa a las doce de la noche, y tuvo una idea: se fue hacia el cobertizo y sacó una escoba, después miró por la ventana de la cocina y se alegro muchísimo de que no hubiera nadie, de momento estaba teniendo suerte. Subió a su habitación deprisa y escondió allí la escoba, acto seguido bajó las escaleras hacia la cocina porque ya se acercaba la hora de cenar.

Fin del capítulo.