Holaaaaaaaaaaaa! Bueno aquí el segundo capítulo de este mini-historia navideña.

¿Por qué la subo en pleno Octubre en vez de en Diciembre? Fácil, tengo otra sorpresa planeada para Diciembre. Que tendrá tanto su versión original como la fanfic de Bella y Edward que obvio, subiré aquí!

He leído los comentarios y de verdad, estoy agradecida. Sois adorables. Por falta de tiempo no puedo contestarlos todos pero muchas gracias a todoas!

Elizabeth ya te extrañaba nena.

En fin, agradecida por la acogida tan linda que he tenido nuevamente. Queda ya un solo capítulo para deciros adiós hasta Diciembre, os voy a extrañar...

Pero de momento, a disfrutar.

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Para desgracia de Bella, el mes pasaba rápidamente. Entre cenas, películas y compras navideñas ambos habían vuelto a reconectar a un nivel más personal de años anteriores. Edward había sido muy paciente dejándose arrastrar por cada centro comercial, para Bella eran sus primeras navidades en el gran Nueva York y no podía creer que sus tiendas, decoraran absolutamente todo con su temática favorita. Tenía infinidad de fotos, con casi todos los Papa Noeles disponibles en la ciudad y con personajes animados de las películas del momento. Además de miles de pequeños adornos que ya claramente no cabían en su árbol. Y Edward había sido muy amable llevándola a Broodway a ver aquel estreno y luego aquella noche esa cena...Era muy bueno.

Sintió sus mejillas calientes mientras pensaba en él, ya estaban muy cera de la fecha, ¡no podía creer que ya fuera 18 de Diciembre!

Contó los regalos que llevaba en sus manos, dos para Alice, dos para Jasper, dos para Jacob y... ninguno para Edward.

Ellos nunca se habían regalado nada por Navidad, mamá y papá siempre les regalaban cosas y Bella solo le hacía un regalo por su cumpleaños y viceversa. Este año, ¿deberían hacerse regalos entre ellos?

¿Y que querría un hombre que podía comprarse prácticamente todo?

Ya no había tiempo, debía volver a casa porque era viernes y saldrían a alguna discoteca con Alice y Jasper. Tendría que volver otro día.

Al entrar en el piso se encontró con una nota en el espejo de la entrada, al parecer Edward había tenido que ir a su trabajo en su día libre. Bella hizo una mueca haciendo la nota un bollito cuando Jacob se abalanzó sobre ella haciendo que los regalos cayesen por el suelo.

—¡Oh! Perro malo... —Bella se agachó intentando recoger los regalos—. Ey...para Jake, ¡eso es para Navidad!

Trató de coger a su perro mientras se desvestía dejándolo todo desperdigado en el recibidor. Jake huía con algo envuelto en la boca, mientras lo perseguía la puerta se abrió dando paso a un Edward lleno de nieve en su abrigo y con algunas bolsas en las manos...

El abrigo de Bella estaba en el suelo al igual que sus zapatos y regalos. Pudo escuchar un suave jadeo y su piel se erizó.
—Te pillé —dijo con voz de sexy su pequeña hermanastra desde el salón.

Edward sintió escalofríos ante su tono sexy y suave. Pero cabreado pensando lo peor caminó despacio hacia el salón, sintiendo los celos hervir dentro de su cuerpo. Pero lo que encontró fue a una sudada Bella sonriendo encima de su perro tratando de quitarle lo que parecía un hueso.

—¡Para! —Bella lucía cansada de tanto correr, cuando fijó su vista en él, sonrió ampliamente—. ¡Eddy! Menos mal... ¡Ayúdame!

Edward comenzó a reírse de sus celos y rápidamente cogió a Jacob del hocico y le quito el regalo.

—Los regalos son para navidad chucho... —dijo Edward— Mierda, ahora entiendo por qué quería su regalo.

El hueso en cuestión ya había salido de su envoltorio y Jake no dudo en mirarlos con cara de pena a ambos, exigiendo su regalo. Bella se lo dio acariciando su cabeza.

—Por eso le compre dos —dijo corriendo a la entrada a recoger las bolsas.

Había cuatro bolsas de color plateado que no eran suyas. Espera,¿ cuatro? Dos para Jasper y Alice, uno para Jabob y otro para... ella.

Bella sintió sus manos picando, ¡estaba tan nerviosa! Él ya tenía su regalo para ella, ¡le había comprado algo! Mordiendo su labio y contenta hasta la médula, decidió que luego vería que era y así decidir un regalo acorde al suyo. No quería que se notara lo enamorada que estaba, exagerando con su regalo. Cogió sus bolsas y se dirigió a esconderlas suspirando ante sus últimos pensamientos.

¿Realmente le gustaba Edward? Eso no podía ser, era casi como hermanos. Se conocían...desde muy pequeños. Sin embargo su corazón daba saltos de alegría cuando lo veía.

—Mujer, .estoy muerto de hambre... ¿Qué tal si comemos fuera o algo así— dijo Edward encendiendo la televisión — o llamamos a algún sitio y que nos la traigan?

—Hoy cocino yo...Aparte después tenemos que salir con Alice y Jasper —dijo Bella corriendo a la cocina.

—Bella, cariño, quiero comer... —dijo él mientras cambiaba sin parar los canales.

Un extraño escalofrío le erizó la piel y al girarse Bella estaba a menos de 10 centímetros de él.

—Y comerás... —Dijo Bella sonriendo y girándose hacia la cocina.

Edward hizo una mueca y se giró mirando hacia sus pantalones, en donde una semi erección había hecho acto de presencia.

—¡Voy a cambiarme!

Maldita mujer.

Bella lo miró irse tan rápido como había llegado. Una vez escuchó la puerta cerrarse, se apoyó en la encimera expulsando todo el aire contenido. Esa era otra novedad, Edward había comenzado a llamarla por motes cariñosos de nuevo. Se sentía natural y hacía latir fuerte su corazón. Lo que Edward no sabía era que Bella había estado haciendo un curso de cocina online, y que sus "delicatessen" las había estado probando Alice, hasta que al fin un día no dejó nada en el plato.

—¿Que tal está? —Dijo Bella una hora más tarde, probando su plato.

Creo que te amo un poco más, pensó Edward masticando y cerrando sus ojos de placer.

—Jodidamente genial... —Respondió él devorando la comida—. ¿Hay más?

—Si, por supuesto... —Bella se levantó maravillada a por otro plato.

Edward se imaginó un poco más mayor y con Bella sirviéndole la comida, ambos se sortearían los días para ver quién hacia la cena, quizás incluso podría poner velas y un postre caliente para después...La idea le agradaba de sobremanera y quizás, él y Bella podrían ser...

—Sírvete cuanto gustes.

Bella dejó una bandeja con el resto de la lasaña, mientras miraba por la ventana. Estaba nevando suavemente y las vistas eran espectaculares...

—Al final tu deseo se cumplió.

Bella se ruborizó, de repente nerviosa.

—¿P-perdón?

—Serán blancas navidades, quizás podamos ir a patinar a Central Park.

—Oh...¡Dios sí! ¿Podemos? —Ella lo miró, sonriendo como una niña pequeña, completamente emocionada.

—Claro que si mujer, mañana por la tarde iremos, ¿ok?

—¡Genial! —Bella sonrió ampliamente hasta que sintió sus mejillas doler—. Amo la nieve pero adoraría ir a un sitio cálido, debe ser genial pasar Año Nuevo en verano, ¿no?

Él asintió, de repente silencioso.

—Después me iré a duchar y podremos salir cuando estés lista, o sea dentro de 3 horas.

—Ja, estúpido...

Ambos terminaron de cenar en un cómodo silencio mientras escuchaban los sonidos característicos de las calles neoyorkinas. Edward recogió las cosas mientras Bella comenzaba a alistarse. Cuando estuvo segura de que Edward estaba en la ducha, corrió hacia el vestidor donde había visto que había guardado los regalos.

Sentía sus manos picar de la emoción mientras observaba los regalos.

La primera era un libro de psicología para Jasper, sabía que le encantaba, si en el fondo Edward era listo. La segunda era otro libro pero de fantasía, para Alice. Bella tuvo que rodar los ojos, Alice era gran fan de E. Rosso y moriría al ver la versión de lujo que Edward le había comprado. El tercero era un gran peluche para Jacob y ahí estaba, la última bolsa tenía una hermosa caja redonda blanca y con un lazo dorado. Maravillada y sin hacer ruido destapó la caja.

Llevó sus manos a su boca impresionada, dentro había una hermosa blusa de mangas tres cuartos blanca. Era de encaje y transparente, se veía muy fina e impecable. Pequeñas joyas Swarovski adornaban su pecho formando un precioso collar. Reconoció la marca apenas la vio. Miles de veces había dicho que se casaría vistiendo Vera Wang y realmente esa blusa se parecía mucho a aquel dibujo que había hecho años atrás de su vestido ideal. ¿Cómo podía haberle hecho un regalo tan absurdamente caro y precioso? ¿Acaso él...?

Aquella noche, luego de bailar juntos toda la noche, ambos habían vuelto a casa, desplomándose sobre el sofá un poco achispados. Sin darse cuenta se habían dormido en el amplio sofá de Edward, amaneciendo abrazados. En su mente, Bella comenzó a hacerse ilusiones de ser correspondida y un plan comenzó a trazarse en su mente.
En los siguientes días y luego de una deliciosa tarde en Central Park patinando, Bella se recorrió toda Manhattan buscando el regalo perfecto para Edward. Pero no lo encontraba, nada parecía ser suficiente para él. Pero de repente lo vio claro.

Era simplemente perfecto.

Los días siguieron pasando hasta el 24 de diciembre con una Bella paseándose intranquila por el salón.

—De seguro Edward se lio con las compras... —Justificaba su amigo, sonriendo apenado mientras ponía los platos.

—Sí, no te preocupes... —Alice frunció el ceño mordisqueando un panecillo.

La puerta se abrió y supo que había llegado. Lo escuchó dejando algunas cosas en el armario y luego apareció con cara de pena en el salón.

—Lo siento, se me hizo tarde... —dijo mientras miraba suplicante a Bella.

—Da igual...

Al verlo toda su angustia se había esfumado y ahora sonreía radiante.

Todos se sentaron a la mesa a cenar y felicitaron a la chef, rieron y bebieron
y las doce no tardaron en llegar.

—¡Regaloooos! —Gritó Alice corriendo hacia el árbol que gracias a Bella parecía para unas 100 personas y no para 4.

Edward le puso el gorro de Papa Noel a Bella guiñándole un ojo y esta comenzó a repartir los regalos.

—Oh...Están todos geniales... —Dijo Alice probándose la chaqueta que su mejor amiga le había regalado.
—Sí. Gracias por los libros chicos.

Bella y Edward abrían los regalos de sus mejores amigos que claro estaba, eran perfectos.

—¡Oh! ¿Y esto? ¿Es tuyo Bella? —Dijo Edward cogiendo un pequeño paquete con su nombre.

—Si... —Bella bajó su mirada a su regazo, nerviosa—. Espero y te guste.

Edward parecía descolocado, pero abrió su regalo.

Sonrió ampliamente al encontrar el reloj de su bisabuelo que se había roto hacía algunos años, funcionando perfectamente, con correas de cuero nuevas y todo.

—¿Cómo...? ¿No pensé que tuviese arreglo... —Edward la abrazó en respuesta sonriendo de medio lado—. No puedo creer que hayas conseguido que vuelva a andar.

—Lo llevé al mejor relojero de Nueva York...Una tiene sus contactos —Presumió ella devolviendo su abrazo.

Bella miró el árbol buscando su grandioso regalo. Pero Edward le tendió una pequeña caja de joyería. Entonces, cayó en la cuenta. Ese regalo no era para ella. Era más que obvio...

Era demasiado cara y bonita para regalarle a su hermanastra. Edward debía tener novia y la blusa era para ella.

Bella estaba al borde del llanto, sonriendo falsamente abrió la caja para encontrarse con unos pequeños pendientes de perlas.

—¿Te gustan? Son perlas de Hawaii, ¿recuerdas aquella playa a la que fuimos con papá y mamá? Dijiste que morirías por unas perlas tan blancas como esas...

—Es...precioso Edward.

Este la miró extrañado por su tono frío.

—No me siento bien —dijo levantándose y corriendo al baño.

Allí vomito su cena. Estaba completamente angustiada, celosa, envidiosa y completamente enamorada. Pudo escuchar a Edward disculpándose con sus amigos, a Alice golpeando la puerta, preocupada segundos después.

—Cariño abre, ¿necesitas ir a urgencias?

Ante la negativa de su amiga, Alice frunció el ceño.

—Será mejor que nos vayamos.
— ¿Seguro que está bien? —Dijo Jasper mientras salía por la puerta con Alice, minutos después.

—Sí. Al parecer fue algo que le sentó mal por la tarde—Dijo Alice mientras sonreía tranquila—. Bella es así, una glotona.
—Si —Edward asintió notando la mentira en su cara.

—Bueno si se mejora, estaremos en el club Straberry. Llamadnos cualquier cosa... —Dijo Jasper mientras Alice tiraba de él hacia el ascensor nerviosa.

—Chao...

Cuando Edward cerró la puerta, los novios se metieron en el ascensor, Jasper miró a su novia preocupado.

— ¿Momento de novios? —Preguntó enarcando una ceja sonriendo de medio lado.
—Oh cariño, Bella va a sacarle toda la mierda. Si así no abre los ojos, no sé qué pueda hacerlo.

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—¿Bella?

Edward golpeó la puerta suavemente.

—¡Vete! —Gritó ella con todas sus fuerzas.

Edward se quedó quieto, helado.

—No sé qué ha pasado. Pero lo vamos a solucionar cariño. Bella, abre...

Intentó tomar la manija y abrir pero Bella se había encerrado.
—¡Qué te vayas no te quiero ver, Edward!

Edward frunció el ceño comenzando a molestarse.

—¿Pero qué coño te he hecho? Estás comportándote como una jodida caprichosa solo porque no te gustó mi regalo...

Bella abrió la puerta de golpe chocando contra él. Estaba pálida y tenía todo su maquillaje corrido.
—¿Cuándo pensabas presentármela? ¿Sabe ella que me estoy quedando aquí?

—¿Qué?

—Sé que hoy te viste con ella, lo sé. ¿Quién es? ¿Alguna de tus malditas amantes? Vi la blusa, era jodidamente perfecta Edward. Vera Wang, ¿en serio? Tenías que regalarle una blusa de mi marca favorita para casarme? ¡UNA PUTA DE MIERDA NO SE LO MERECE!

—Cálmate mujer, ¿DE QUÉ MIERDA ESTÁS HABLANDO?

Nervioso tomó entre sus manos los brazos de su hermana y la zarandeó, completamente cabreado. En respuesta Edward recibió una fuerte bofetada mientras Bella cerraba la puerta rompiendo a llorar.

—¡Te odio! ¡Odio que seas mi hermano!

Edward se quedó helado. Miró la puerta unos momentos asimilando todo lo que acaba de suceder. Abrió su chaqueta sacando dos pasajes con destino a Brasil con fecha del 30 de Diciembre.

— ¿Sabes? Yo también odio ser tu hermano Isabella.

Edward se giró y salió de la casa rápidamente sin mirar atrás.

Bella estaba como en estado de shock cuando quiso darse cuenta... Edward estaba ya fuera.

Al abrir su puerta temblando, en el suelo, había una nota y dos pasajes de avión.

"Me encantaría pasar a solas contigo Año Nuevo Bella. Siempre quisiste ir a un sitio cálido en Año Nuevo, ¿no? Mira en el armario de la entrada".

Sin pensarlo corrió hacia la entrada y al abrir el armario, se encontró con su blusa, perfectamente planchada y con pequeños detalles que la vez pasada no había visto. La había customizado solo para ella. Además había un bonito sombrero de paja, un bikini y una gran maleta de leopardo.

La había cagado, pero bien.

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Espero y os gustara, el próximo capítulo voy a subirlo el Miércoles porque mañana tengo que estudiar, en fin! Sed buenas y hasta la próxima!

Muacksssssssssssssssssssssssssssssssssssss!