Gracias por vuestros comentarios, mentiría si dijese que no es una de las cosas mas reconfortantes cuando se escribe un fic. Igual que los Follows y los Favs. Respecto a algunas preguntas que me habeis hecho:

- Pues como la mayoría de historias que yo hago rondará entre los 20 y los 40 capítulos aunque sinceramente no he pensado mucho en ello. Tengo una serie de sucesos clave y un guión base pero eso siempre se va rellenando despues.

- Y no habia mas preguntas, no se porque pero pensaba que si xD Mirermione, imaginaba que el Rated M sería lo que mas llamase tu atención xD


Capítulo 2

Era primera hora de la mañana en casa de los Uzumaki Hyuga y ya había bastante actividad en la cocina. Boruto y Himawari estaban desayunando, el más mayor debía marchar en breves a la academia y la más pequeña había decidido que aquel día ayudaría a su madre en las tareas del hogar.

Hinata estaba terminando de preparar el desayuno, estaba preparando tostadas y café para su esposo aún no se había despertado.

- Buenos días. – Saludó bostezando el Séptimo Hokage.
- ¡Papá! – Gritó eufórica Himawari.
- Hola cariño. – Le respondió Naruto revolviendo su pelo y después dándole un beso en la frente.
- Buenos días. – Le dijo Boruto con la vista hacia al frente y sin dejar de desayunar.

Naruto se entristeció por aquello, poco a poco su relación con su primogénito iba cada vez peor y ya no sabía qué hacer para intentar acercarse de nuevo a él.

- Buenos días amor. – Le saludó Hinata tratando de suavizar un poco el ambiente.
- Buenos días. – Le respondió Naruto tratando de dejar de pensar en Boruto por unos segundos y sentándose en la mesa.

Hinata le dejó al Hokage el desayuno a su lado, después de agradecérselo comenzó a desayunar ya que debía entrar a trabajar en media hora.

- Boruto. – Llamó su padre.
- ¿Si? – Preguntó arqueando una ceja.
- Ayer Shino me contó que últimamente no has estado rindiendo al nivel que se espera de ti… está preocupado de que no apruebes los exámenes de graduación. – Le explicó su padre preocupado y también con ganas de entablar alguna conversación.
- Estoy haciendo lo que puedo. – Contestó con desgana.
- Sabes que eso no es verdad… cuando yo tenía tu edad… - Naruto fue interrumpido.
- ¡No me importa lo estupendo que fueses tu a mi edad ni las grandes notas que sacases! Yo no soy tu papá. – Le dijo su hijo molesto.

La mirada de Naruto se entristeció por segundos.

- ¡No le hables así a tu padre! – Le regañó Hinata Hyuga.
- Mamá… yo… - Dijo sintiéndose algo mal por haberla hecho enfadar a ella.
- Cuando yo tenía tu edad… - Repitió Naruto mirando hacia su desayuno. – Era un inútil incapaz de aprobar ningún examen, me convertí en Genin por un milagro. Tú tienes mucho talento… un talento que me habría encantado tener de pequeño. Lo único que te pido es que no lo desaproveches.

Se hizo un pequeño e incómodo silencio en la familia Uzumaki, Naruto decidió continuar desayunando ya que si no se le acabaría echando la hora encima y no quería volver a ganarse el reproche de Shikamaru.

- Estoy segura de que Boruto terminará aprobando con una gran nota al final. No te preocupes cariño. – Respondió Hinata tratando de interceder por su hijo y también para demostrarle que confiaba plenamente en él.

Nadie dijo nada más al respecto, Naruto terminó de desayunar y se despidió de su familia para embarcarse en un nuevo y emocionante día como Hokage de Konoha.

Media hora después Boruto empezaba a prepararse para ir a clase. Se vistió con su ropa negra con algunos toques rosas en el interior. Algunas veces en clase se habían burlado de él por ello, personalmente le daba bastante igual que considerasen que era un color para chicas. A él le gustaba.

- Buenos días Boruto. – Le saludó Mitsuki, que se lo había encontrado cuando estaban a punto de llegar a la academia.
- Buenos días. ¿Qué tal? – Preguntó con un aire algo deprimido.
- ¿Qué te pasa? Deberías estar contento.
- No, no me pasa nada. Mis padres me han echado la bronca nada más. – Respondió sin dar demasiados detalles.

Llegaron al recinto de la academia.

- ¡Anda anímate! – Le dijo Mitsuki dándole un pequeño golpe en el hombro. - ¡Dentro de poco seremos Shinobis!

Mitsuki comenzó a correr hacia clases, todos sus compañeros estaban muy emocionados últimamente ante la idea de la llegada del fin de curso. Boruto no compartía ese sentimiento.

- "¿Y porque todos dan por hecho que yo deseo convertirme en ninja?" – Se preguntó a si mismo quedándose quieto ante la academia.

Suspiró y, resignado, comenzó a caminar hacia su interior.

-X-

Aquel día Sakura había salido pronto de trabajar, no había demasiado papeleo en el hospital y tenía unas horas libres hasta tener que encargarse de las clases de Ninjutsu Medico por la tarde.

Al llegar a casa decidió que comenzaría a preparar la comida, Sarada no tardaría mucho más en llegar de la academia. Sakura sonrió al recordar que desde siempre su pequeña no había sabido como tomarse la idea de convertirse en Kunoichi pero al final, gracias al encuentro con su padre y a su pequeña aventura con el Hokage había logrado encontrar su propio camino.

Se puso su delantal y empezó a trabajar.

Estaba en la casa de la familia "Uchiha", era irónico teniendo en cuenta que el líder del clan Uchiha había pasado solo uno o dos meses en aquel hogar en un plazo de trece años. Al principio ella había adoptado el apellido sin demasiadas complicaciones, incluso lucia con orgullo el símbolo en algunas de sus ropas.

Sin embargo de vez en cuando no podía evitar parar a pensar si realmente se podían considerar una familia. A su hija siempre le decía que sí, también ante sus amigas. Aquellos pensamientos se los guardaba solo para ella.

Trataba de despejar su mente cada vez que pensaba en ello, sin embargo últimamente se había estado haciendo más difícil después de los dos días que su querido esposo paso junto a ellas hace medio año.

Cuando inició su misión todo era más sencillo porque se convenció a si misma de que en cuanto volviese a verlo estarían juntos por fin. Y volvió, y durante dos días parecieron una familia completamente. Hicieron todo lo que dos padres hacen y Sakura, feliz, pensó que por fin tenía lo que tanto había anhelado.

Pero Sasuke se marchó, de nuevo. Nada había cambiado. Seguía queriéndole y sabía que él también la quería a su manera. Seguía haciéndole feliz el hecho de estar casada junto a su amor de toda la vida. Pero ahora ya no podía pensar que la próxima vez que lo viese sería para siempre. Ahora había nacido una pequeña sombra acechante sobre su espalda.

¿Sería siempre así su vida? ¿De una forma u otra Sasuke nunca terminaría por asentarse totalmente en Konoha?

- ¡Buenos días! – Gritó una voz desde la entrada de la casa que hizo que Sakura dejase de pensar en todo aquello.

La joven Sarada Uchiha fue directamente hacia la cocina para ver a su madre, si la relación entre ambas siempre había sido buena ahora era incluso mejor. La actitud de su hija había cambiado radicalmente en muy poco tiempo aun manteniendo su propia personalidad.

- Buenos días cariño. ¿Qué tal en la academia? – Le preguntó cómo cada día.
- Bien, muy fácil. – Contestó ligeramente aburrida. – Creo que esta tarde iré a entrenar lanzamiento de Shurikens y Kunais.

Últimamente las cosas que hacían en la academia empezaban a saberle a poco a la menor de los Uchiha. A Sakura le gustaba aquel cambio en su hija, siempre había tenido un gran talento pero parecía que no tenía nada de decisión.

Y era tan sencillo como que había conocido a dos personas que habían cambiado su vida. Primero su padre, por fin había ocurrido aquel encuentro que tanto había ansiado la pequeña y por fin habían desaparecido todos aquellos pensamientos sobre si realmente su padre la quería o no.

Obviamente lo echaba de menos y le gustaría pasar más tiempo con él pero las cosas habían cambiado mucho. Después de todo ahora sabía que tarde o temprano terminaría su misión y algún día podría tener a su padre al lado.

El mismo día Sarada también había conocido a alguien que se había convertido en una especie de héroe del que había obtenido la inspiración para encontrar su propio camino, aunque a Sakura no le extrañaba en lo más mínimo ya que Naruto Uzumaki siempre había tenido la cualidad de lograr cambiar a la gente para mejor y la misma Sakura se sumaba a la lista de gente que admiraba al Séptimo Hokage.

- Si llego a tiempo de clases intentaré ayudarte. – Le respondió a su madre.
- ¿Cuándo me dejarás asistir a esas clases? – Preguntó frunciendo el ceño.
- Ya te lo dije, primero tienes que ser Genin para poder apuntarte. – Le respondió su madre. – Aunque deberías esperar a ser Chunin por lo menos, no está bien que te satures nada más empezar tu vida ninja.
- No te preocupes mamá. Yo puedo con todo. – Le respondió ella alzando su puño.
- Eso ya lo sé. – Sakura sonrió por aquello.

Comieron juntas aquel día como intentaban hacer casi siempre. Después Sakura tuvo que salir corriendo hacia el hospital, le gustaba encargarse personalmente de la mayoría de clases de Ninjutsu Medico aunque le quitaba bastante tiempo.

Había clases todos los días de la semana y realmente solían ser muy flexibles ya que los alumnos debían compaginarlo con sus misiones personales. Era difícil asegurarse de que todos aumentasen su nivel de forma homogénea pero hacían lo que podían.

Sakura se fue sonriendo a trabajar, realmente poder enseñar todas aquellas cosas que ella aprendió de Tsunade y Shizune la llenaban profesionalmente. Sobre todo cuando pensaba que tarde o temprano acabaría legando sus conocimientos a su propia hija.

-X-

Naruto estaba terminando los últimos detalles del día, hoy se había dado toda la prisa del mundo ya que le apetecía estar un rato con sus hijos a los que no había podido casi ver en dos días. Echaba de menos aquella época en la que aún eran pequeños y tenía bastante tiempo para pasar con ellos.

- ¿Te vas ya Naruto? – Preguntó Shizune, que había ido hoy a echarle una mano.
- Si, ya he dejado todo el trabajo hecho. Podré salir media hora antes. – Respondió el Hokage.
- Echas de menos a tu familia ¿Eh? – Preguntó sonriendo.
- Si, ayer Boruto se enfadó conmigo… últimamente siempre lo está. – Naruto suspiró al decir aquello, estaba frustrado.
- Ya se le pasará, todavía no entiende porque su padre esta tan ocupado.
- Yo creo que si lo entiende, simplemente no le parece un motivo de peso. Creo que él habría preferido que su padre no fuese Hokage. – Explicó Naruto algo apagado.
- No te preocupes tanto Naruto, ya verás cómo hoy se le pasa al verte.
- Eso espero. – Naruto pareció haberse animado un poco después de su conversación con Shizune.

Se despidió de aquella mujer a la que consideraba como una hermana mayor y fue rumbo hacia casa. La verdad es que ahora estaba bastante contento ante la idea de pasar unas horas con sus hijos pero a la vez se sentía un poco a la defensiva por pasar un largo rato junto a su señora esposa.

Últimamente le estaba costando fingir ante ella que todo iba bien y que no comenzaba a sentir como la brutal monotonía de su vida lo estaba asfixiando lentamente. No quería cargarla a ella con sus problemas ni quería que se preocupase por todo aquello, no lo merecía.

Hinata parecía bastante satisfecha con la vida que habían construido juntos y Naruto no consideraba justo que ella supiese que él no pensaba lo mismo. Ella siempre había estado a su lado y siempre había hecho todo lo que podía por él así que en parte sentía que se lo debía.

Se detuvo momentáneamente en sus pensamientos cuando pasó cerca de un pequeño parque que solía estar vacío a aquellas horas, con algo de curiosidad se acercó un momento a investigar.

Se sorprendió al encontrarse que alguien había improvisado tres dianas utilizando algunos árboles del parque y estaba practicando el lanzamiento de Shurikens.

- ¿No tienes suficiente con lo que hacéis en la academia? – Preguntó con confianza llamando la atención de la persona que se encontraba allí.
- ¡Hokage-Sama! – Exclamó algo sorprendida y sonrojada al encontrarse a Naruto allí.

Se trataba de Sarada Uchiha, la hija de sus dos mejores amigos. Se le hacía extraño pensar que tampoco tenían demasiada relación, aquella misión de hacía seis meses había sido la vez que más hablasen. La niña se parecía bastante a su padre y no era muy social después de todo.

- Yo a tu edad no acertaba ni uno. – Le animó mirando las tres dianas. Casi todos los Shurikens estaban en el centro de los objetivos. – Aunque tampoco tenía un Sharingan. – Dijo después mirando a los ojos a Sarada.

La hija de Sasuke y Sakura tenía activado el Sharingan más básico en sus ojos, aunque ya eran suficientes para tener una mejora de su vista y sus reflejos.

- Pues a mí me parece muy sencillo. – Dijo queriendo alardear sus habilidades con el lanzamiento de proyectiles. – Y eso que aún no termino de adaptarme del todo al Sharingan.

Esa última frase la dijo con algo de pena, Naruto entendió que nadie había podido explicarle como utilizar esos ojos con los que había sido bendecida y maldita a la vez. Quizás sufrir un cambio así en la vista podía ser algo más complicado de lo que parecía en primer momento. Aunque Naruto tampoco es que se viese muy capacitado para ello.

- Quizás… pueda hablar con alguien para que te enseñe a usar tu Sharingan. – Respondió Naruto meditando.
- ¿Alguien que también lo tiene? – Preguntó extrañada y sorprendida a la vez.
- Bueno, alguien que lo tuvo. – Añadió pensando en el Sexto Hokage.
- No es necesario que se moleste Hokage-Sama. – Respondió ella, aunque se notaba que le hacía ilusión.
- Uno de mis trabajos es asegurarme que las nuevas generaciones aprendan todo lo necesario para ser grandes Shinobis en el futuro. – Añadió Naruto haciéndose el interesante.
- Gracias, aunque ya digo que no es necesario. Pero si insiste. – Dijo ella al final, Naruto sabía perfectamente que era lo que ella quería en aquel momento. Lo ideal sería que simplemente le enseñase su padre.

No podía negar que ver la admiración en los ojos de los niños todavía era capaz de hacerle sentir orgulloso. Además, por alguna extraña razón se sentía de una forma muy familiar junto a Sarada. Era perfectamente capaz de ver a Sakura Haruno y a Sasuke Uchiha cuando la miraba, debía reconocer que era la viva imagen de los dos. Ahora se preguntaba porque nunca habían decidido hacer nada juntos las dos familias, era un poco extraño. Desde que se habían convertido en padres se habían encerrado en sus familias, por no hablar de que ahora Naruto tenía demasiado trabajo.

Ver a Sarada le hacía recordar su época de Genin junto a sus antiguos compañeros y aquello le hacía sentir feliz y triste a la vez.

- Bueno, tengo que ir a casa que pronto será la hora de la cena. Tú deberías hacer lo mismo o tu madre se preocupará. – Le dijo Naruto girándose.
- De acuerdo, buenas noches Hokage-Sama. – Se despidió ella.

Naruto volvió a encaminarse hacia casa, después de todo por ello había decidido salir pronto del trabajo. Dedicó unos segundos a pensar en Sasuke, no podía evitar preguntarse porque había escogido alejarse tanto de su familia. Después de todo una de las pocas cosas que llenaban su vida en aquel momento eran sus hijos.

Aunque últimamente ni siquiera eso le animaba, la mitad de los días llegaba tarde a trabajar incluso a propósito para marcharse a dormir nada más pasar la puerta. Si aquel día había decidido llegar antes era porque sabía que su hijo estaba muy enfadado.

A veces pensaba que todos aquellos sentimientos terminarían pasando y volvería a estar completamente feliz con su familia y prefería no estropear los lazos que los unían.

Por un momento se imaginó a su mejor amigo vagando por el mundo, buscando pistas, siguiendo rumores y enfrentando enemigos.

Por un momento sintió envidia.

- ¡Buenas noches! – Gritó al llegar a casa por fin, dejando de pensar en todo aquello.

Dejó su capa de Hokage en el colgador de la entrada y comenzó a caminar hacia la cocina, aunque no tuvo tiempo de llegar ya que al momento su hija pequeña apareció por el pasillo.

- ¡Buenas noches papá! – Gritó su hija apareciendo rápidamente.

Ella todavía era pequeña y no veía las cosas de la misma forma que su hermano, obviamente echaba de menos a su padre pero no le recriminaba su ausencia de la misma forma. Naruto se agachó y para alzar después a su hija y darle un abrazo.

- ¿Qué tal has pasado el día? ¿Te has divertido? – Le preguntó a su hija.
- Si, mucho. – Respondió contenta y abrazándose al cuello de su padre.

Naruto se incorporó sin soltar a Himawari y comenzó a caminar hacia la cocina llevando a su hija en brazos. Hinata estaba allí terminando de preparar la cena, Naruto pensó que debería haber avisado de que hoy era probable que terminase llegando antes que de costumbre, aunque tampoco le importaba demasiado pasar un rato con su hija antes de la cena.

- Llegas pronto. – Dijo ella, aunque no era un reproche precisamente.
- Lo sé. – Contestó Naruto acercándose a ella.

Hinata se giró un momento para ver a su marido y sonrió al ver la tierna escena que habían formado padre e hija.

- ¿Y Boruto?
- Hoy se ha quedado a dormir con Mitsuki en casa de Shikadai. – Explicó Hinata.
- Eso suena a desastre natural… - Suspiró Naruto.
- Temari-San y Shikamaru-Kun me dan un poco de pena…

Por un instante Naruto se imaginó la cara de Shikamaru diciendo la pereza que le daba todo eso. Por lo menos estaba seguro de que Temari sabría controlar a las bestias. Después pensó que había sido mala suerte, uno de los motivos por los que hoy se había dado prisa era por él después de todo.

- Voy a darme un baño. ¿Quieres venir conmigo? – Preguntó mirando a Himawari, la pequeña asintió.

La noche fue muy tranquila y calmada en casa. Naruto y Himawari se dieron un baño mientras Hinata terminaba de preparar la cena. Después cenaron todos juntos y un largo rato después decidieron irse a dormir.

Naruto acababa de volver del baño, Hinata ya estaba tumbada en la cama preparada para marchar a dormir. El rubio se sentó un segundo para preparar el despertador.

- Cariño. – Le llamó Hinata.
- ¿Si? – Preguntó él sin girarse y mirando el despertador.
- ¿Estas bien? – Preguntó ella, no era la primera vez que le preguntaba aquello con ese mismo tono.
- Si.
- ¿Seguro? Últimamente te noto algo apagado y… distante… - Dijo ella, su tono de voz sonaba triste.

Naruto suspiró de forma imperceptible para su esposa, después se giró y la miró a los ojos. Trató de poner su mejor cara.

- Últimamente estoy… mentalmente agotado por el trabajo. Pero no te preocupes, no pasa nada importante. Todo está bien. – Mintió Naruto.
- De acuerdo. – Respondió ella, no parecía del todo convencida.

Se acercó a ella y colocó una mano en su cabeza, después le dio un beso en la frente.

- Buenas noches. – Le dijo después.
- Buenas noches. – Respondió ella.

Naruto se tumbó después en la cama de lado, mirando hacia la pared. Hinata estaba igual, ambos de espaldas. Físicamente estaba juntos. Pero por algún motivo parecía que un mundo entero los estaba separando.

CONTINUARÁ…