09/10/2015
Nota de la autora: Respondiendo una pregunta, no hice que Mitsuki los acompañara en el viaje porque quería que fueran los hijos de los doce de Konoha, además tengo otros planes para él. ¡Espero les guste!
Disclaimer: No me pertenece Naruto.
Capítulo 2: Sakura… ¿Haruno?
— ¡Auch!
Cuando todo dejó de girar, Bolt sintió cómo la Sarada y Himawari le caían encima. Bueno, al menos no había sido…
— ¡Quítate de encima, gordinflona!—escuchó a Inojin gritar casi sin aliento.
Chocho.
Al recordar lo que acababa de suceder, todos se pusieron de pie con rapidez, sacando sus armas… pero nada. No había nadie ahí.
"¿Genjutsu?" se preguntó Shikadai mientras veía en todas direcciones "No, Sarada lo vería… es algo más"
Pero todo se veía… tan tranquilo. La aldea seguía ahí, e incluso ellos estaban en el mismo lugar, sólo que ahora ninguna clase de culto homicida los rodeaba.
— ¡Lo sabía! ¡Se han ido corriendo!—se jactó Bolt, perdiendo su pose defensiva—. Ne, Himawari, ¿estás bien?
La pequeña niña asintió antes de sonreírle.
—Que problemático —soltó antes de colocar sus manos tras su cabeza.
Sabía que había algo fuera de lugar, pero, ¿qué podía hacer?
—Casi se llevan a Sarada —siguió Bolt con éxtasis—. ¡Pero es del equipo Bolt y no la llevarían tan fácil! ¿A que sí, Sara…?
Dejó la frase a la mitad mientras todos veían con horror como la chica, aunque de pie, se tomaba su costado izquierdo con una de sus manos. La sangre comenzaba a expandirse lentamente por su atuendo.
— ¡Sarada!—gritó Chocho con preocupación, acercándose a ella.
—Es una shuriken —dijo Inojin, examinando rápidamente la herida—. ¡Puedo quitarla!
—No —negó Shikadai con precipitación, abriendo los ojos como platos—. Ya está perdiendo mucha sangre, ¡vamos a hospital!
—De acuerdo, ¡vamos a cargarla! ¡Rápido, Inojin, Shikadai! ¡Yo…!
—Oigan, bobos.
Los chicos, quienes ya estaban alrededor de ella a punto de tomarla en brazos como princesa, enfocaron la vista en Sarada. Ella no poseía ninguna mueca de dolor y el sharingan había desaparecido.
—Estoy bien.
Los tres se sonrojaron, avergonzados ante su sobreprotector comportamiento, antes de girarse en diferentes direcciones.
—Sólo llévenme con mi… al hospital —corrigió rápidamente, comenzando a caminar.
Sabían que ella había querido decir "con mi mamá" pero nadie se burló, después de todo, ellos estaban igual.
Shikadai e Inojin estaban sorprendidos de la fuerza de Sarada, es decir, la chica literalmente estaba dejando un rastro de sangre y aun así su expresión y compostura seguían igual de imperturbables… era una verdadera Uchiha.
Bolt, por su parte, pasaba más tiempo con ella y, aunque nunca lo admitiría, la conocía quizá mejor que a él mismo. Por lo que veía que Sarada estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para no mostrar dolor y era su propio orgullo el que la mantenía de pie.
Los chicos estaban tan ensimismados que no notaron las diferencias en la aldea. Como el hecho de que los edificios eran mucho más escasos… y que el rostro del sexto y séptimo Hokage faltaban en la roca.
Al llegar al hospital, todos fruncieron el entrecejo. La recibidora del mostrador generalmente era la misma y la conocían, pero no tenían ni idea de quién era esa.
—Buscamos a Sakura… —comenzó Shikadai.
— ¿Sakura Haruno?—completó la secretaria, viéndolos con recelo—. Está ocupada en estos…
Ellos fruncieron el entrecejo. ¿Qué carajo era "Haruno"?
— ¡Pues dígale que es una emergencia, de verdad!—espetó Bolt con molestia.
Ella sólo lo miró con desinterés, agrandando su enfado, pero qué mujer tan…
— ¡Ah!—gritó Sarada antes de caer de rodillas al suelo, tomándose con fuerza.
— ¡Sarada!—gritaron al unísono.
La recepcionista, por fin haciendo algo útil, salió corriendo para buscar a algún médico.
—Estoy bien —mintió la chica.
Pero sí que era orgullosa. Es decir, se veía terrible, su rostro era pálido cubierto de sudor y parecía que se desmayaría en cualquier momento. Intentó ponerse de pie, pero sus piernas temblaban por lo que Bolt se colocó a su lado, pasando su mano sobre sus hombros para sostenerla, mientras que Shikadai hizo lo mismo del lado opuesto.
— ¿Qué le sucedió?
Sintieron un alivio recorrerlos al escuchar esa voz proveniente del pasillo.
— ¡Tía Saku…!
Por millonésima ocasión ese día, Bolt no terminó la oración debido a la impresión.
Sí, ella en definitiva era Sakura, pero no la que ellos conocían. Esta era… mucho más joven, sin mencionar que su peinado y vestimenta eran diferentes. No tenía el símbolo Uchiha.
"Es una trampa" pensó Shikadai y colocó una mano tras la espalda de Sarada, justo donde estaba su símbolo del clan, y lo borró con un jutsu de desvanecimiento. Tuvo que soltar a Sarada, dejando todo su peso sobre Bolt, para hacer lo mismo con los demás, quienes estaban tan impresionados que no les importó.
Sakura frunció el entrecejo al verlo correr de un lado al otro tocando las espaldas de sus compañeros, mas no dijo nada y se quedó momentáneamente paralizada. Podría jurar que el chico rubio era una versión miniatura de Naruto; el de la cola de caballo de Shikamaru… y la chica de cabello y ojos negros… agitó la cabeza, deshaciéndose de esos pensamientos antes de ir en su auxilio.
Se agachó para quedar a su altura, viendo lo mal que se encontraba.
—Hola, pequeña —le dijo al ver que la delirante niña enfocaba su vista sobre ella, y Sarada también la miró con terror como el resto de sus compañeros.
Para sorpresa de Sakura, parecía que la niña quería salir corriendo y alejarse de ella, pero ese fue el momento exacto en el que se desmayó.
—Yo me llevaré a su amiga —les dijo Sakura, cargándola rápidamente antes de desaparecer.
Hubo un silencio absoluto después de su partida, donde todos tenían los ojos abiertos de par en par y la boca también, viendo el lugar por donde Sakura había desaparecido.
— ¿¡Qué carajo fue eso!?—gritó Bolt finalmente, ganándose varias miradas.
Comenzó a girarse a los demás, quienes estaban tan confundidos como él, incluso Shikadai.
—No lo sé —respondió él, mirando a todos lados—. Pero ya han de haber activado la alarma.
— ¿La alarma?—repitió Chocho con confusión. Ella no había escuchado nada.
—Si estoy en lo cierto y esta no es nuestra época, seis niños desconocidos caminando por la aldea debió haberles llamado la atención.
Ahora que lo pensaban, sí habían recibido miradas curiosas y extrañadas mientras caminaban al hospital.
—Los ANBU no han de tardar.
Y, como si esa frase hubiera sido un jutsu de invocación, hubo una nube de humo de donde salieron dos ninja. Uno era Kurenai Yuhi, la cual Shikadai conocía muy bien pues era su madrina… bueno, al menos la de su época. Y el otro…
Todos soltaron un jadeo y retrocedieron, impactados de verlo de pie. Él debería estar en silla de ruedas.
Maito Gai.
¿Qué carajo estaba sucediendo?
— ¿Se puede saber —comenzó la mujer, inclinándose en su dirección—… quiénes son ustedes?
Nadie respondió. Sólo continuaron mirándolos como si se trataran de fantasmas… pero no lo eran ¿o sí?
— ¡Mi nombre es Bo…!
Antes de que el imbécil de su amigo pudiera terminar la oración, Shikadai le tapó la boca. No sería buena idea contarles que venían de otra dimensión, época, o vaya dios a saber de dónde venían, ni siquiera él lo sabía. Sería una historia… desequilibrada, siendo sinceros, y no quería terminar en el psiquiátrico del Konoha con ellos.
Entonces Shikadai, en un acto desesperado, llegó a la conclusión de que, hasta que se le ocurriera un plan mejor, sólo tenía una solución. Sólo una infantil, pero rogaba a Dios que fuera efectiva, solución. Soltó a Bolt lentamente.
Haría el jutsu secreto sólo conocido entre los estudiantes de la aldea de la hoja.
— ¡Yo invoco… —comenzó con una mirada de determinación, y los Jonin retrocedieron, tomando posición de ataque— el juego del silencio!
Y, en un movimiento uniforme, los niños aplaudieron antes de sentarse en el suelo. Los Jonin intercambiaron una mirada extrañada.
—Oigan —los llamó Gai, pero ninguno siquiera lo miró—. ¿El juego del silencio?
El juego del silencio era simple. Era algo peligroso, por no decir mortal: cuando sus madres hacían reuniones, en el momento que empezaban a irse uno de ellos lo invocaría y todos tenían que guardar silencio y no moverse… lo peligroso era cuando sus madres comenzaban a llamarlos, ellos tenían que ignorarlas hasta que dijeran su nombre completo. Y, cuando una madre decía el nombre completo de su hijo, ya estaba jodido. El que hablaba o llamaban primero, perdía.
Y Shikadai lo había invocado porque sabía que nadie sabría sus nombres y eso mantendría a los demás ocupados mientras él ideaba un plan.
Gai se acercó a Bolt, pateándolo con suavidad, y, al no obtener reacción, lo empujó con su pie hasta que el chico cayó sobre su costado. Este le echó una mirada fulminante, pero aun así, no se movió ni dijo nada.
—Ellos… —comenzó Gai con tanta seriedad que todos se tensaron— ¡Ellos tienen la llama de la juventud!—gritó con emoción.
Bueno, al menos su actitud no había cambiado.
Sus ojos rojos se clavaron en Shikadai, quien la miró con aburrimiento de regreso. Kurenai abrió los ojos con impresión. Era… idéntico a Shikamaru. Y el rubio del piso podía bien ser hijo de Naruto.
—Creo… que debemos llamar a la Hokage —sentenció Kurenai, viendo cómo los chicos sólo seguían tirados obstinadamente en el suelo.
