Nombre Clave: Avemagnolia

Pathya Strovski

Ésta es una historia de mi creación, con el fin de entretener. los personajes de Candy Candy pertenecen a Kyoko Mizuki y Yumiko Igarashi.

ADVERTENCIA. Este capítulo contiene diálogos ofensivos, si eres sensible a ellos, abstente a leerlos.

Capítulo I

Aprehensión

Avemagnolia dice: "...las trampas se ponen cuando menos se esperan y demoran un tiempo en funcionar, pero no sin antes cobrar regalías cuando se confía en los sistemas"... Todo final se debe tomar como el principio...

En la oficina de presidencia de las Empresas White, se encontraba Edward, obviamente demasiado tranquilo después de lo acontecido en la cena familiar y en la lectura del testamento, lo cual había sucedido hace un par de meses atrás. sin importar realmente lo que sus hermanos tramaran, él creía que tenía todas las de ganar y más cuando la herencia de Candy, la que fuera su sobrina estaba en sus manos y podría ahora hacer lo que él quisiera, ahora que ella estaba declarada muerta.

Ave Magnolia se encontraba escondida estratégicamente en la empresa, Stear esperaba que su amiga no sobrepasara a su suerte, al parecer no medía las consecuencias de su intromisión en la misma, pero la comprendía, de alguna manera, sabía que ella debía de hacerlo aunque fuese una locura.

Todo comenzó a agilizarse, su tío Edward tenía ya un par de horas dentro de la oficina con una sonrisa de oreja a oreja, muy alegre cuando debía de sentirse preocupado por su situación financiera aunque fue precipitado pensar así cuando la cámara número 30, tomó un acercamiento a la puerta, donde tocaban quedamente.

Toc, toc

Adelante - autorizó Edward.

Señor, hablaron de Nueva York, que la transacción ya no pudo realizarse y por lo mismo no sea ha podido cerrar el trato, señor - informó Patty, su asistente.

¡Debe ser una broma! Siempre hay dinero en el banco, por lo menos cada dos días en la cuenta corriente - exclamó Edward conociendo la fluidez con precisión.

No, no lo hay; ya no hay nada - aseguró Patty consternada por la reacción de Edward.

Comunícame al banco, esto ¡debe ser un error! - exigió Edward exasperado por la tranquilidad de su asistente.

Mientras en la oficina improvisada de Candy.

Candy, ¿sabes bien lo que haces? - le pregunta Stear sentado en la computadora central.

¡Por supuesto que se lo que hago! ¡Todo está seguro y cerrado! - sonrió para sí.

Eso espero Candy, porque si no, te has echando a una fiera como enemigo - refirió Stear sonriéndole por su atrevimiento.

Las aves volamos más rápido y atacamos en silencio - soltó la rubia, sensual.

Cuando Edward no supo a lo que se refería su asistente, decidió comunicarse con la fuente, el Banco.

Buenas tardes señorita, quisiera saber si mis cuentas están al corriente, por favor - solicitó Edward impaciente.

Buenas tardes, por supuesto, nombre por favor - le pidió la señorita al otro lado de la línea.

Edward White... - soltó él.

Señor White, lo comunicaré con la señorita Smith, su corredora - respondió la chica, un poco asustada.

Eh...si gracias - asintió Edward.

Bueno, señor White, espero que haya recibido mis mensajes - saludó Sandra Smith y comunicó al mismo tiempo.

¿Cuáles mensajes? - preguntó él un tanto contrariado ya que no tenía ni idea de ello y al mismo tiempo observando a su asistente con enojo.

Los que les he mandado toda la mañana, quizás haya sucedido en la tarde, no lo sé o en la noche de ayer, sólo sé que ha habido un acelere en la financiación de sus cuentas, todas han sido cerradas, al menos las que son de la empresa y la del fideicomiso y desgraciadamente también la que pertenecía a la herencia de su hermana - le contó la señorita Smith sin ocultarle nada.

¿Herencia de mi hermana? - Edward White despidió a su asistente. ¿Cuál herencia? ¡Emily no dejó herencia! - gritó al auricular.

En el sistema del banco aparece con ese nombre, ésta cuenta fue creada por Emily White hace 22 años, señor White.

En el supuesto de que eso sea posible, ¿quién dio de baja las cuentas? - preguntó él, ya que no sabía nada de eso.

¿Cuáles? ¿Todas? - cuestionó la señorita Smith, asombrada de lo que leía en la computadora.

La de la herencia, al menos - resolvió Edward.

Una señorita de nombre Taylor, si, Candy Taylor - le indicó la señorita Smith a Edward.

¡Eso no es cierto, Candy no está viva, debe haber un error! - exclamó él enojado.

No, no la hay, esto se manejó vía transferencia electrónica al banco UBS en Suiza - refirió la señorita Smith, aún sin entender.

¡Maldición! ¡En Suiza! ¡No me puede estar pasando esto, pero aún me quedan las cajas de bienes que tiene el banco! ¿No es cierto? - prefirió preguntar.

Sí, aquí no hay registro de que se hayan abierto aún... - refiere Sandra Smith.

¡Pues eso lo averiguaremos en estos momentos...! - Edward le grita y deja de hablar por teléfono.

Edward cuelga y se queda pensando, a lo lejos observa el atardecer y todo parece ser un sueño, tomó el saco del respaldo del sillón y salió de su oficina, caminando rápido, demasiado deprisa para cualquiera en esa oficina. Cuando llegó a la calle, abordó su auto y partió al banco. Cuando llegó a éste, bajó rápidamente, encontrándose a la señorita Smith que lo esperaba, caminó hacia él y al registrarse accedió a la cámara de seguridad, ahí se encontraba Candy 1, Candy 2 y Candy B. La señorita Smith depositó las llaves de cada caja de seguridad al lado de las mismas y después, lo dejó sólo, cerrando la puerta por la que había entrado.

Después fue todo caos, lentamente abrió cada una con cautela, encontrando , un chip y después de mirarlos por un rato, maldijo con todas sus fuerzas, aventando cada una de las cajas a las paredes no sin antes colocar los chips en una bolsita hermética, saliendo de allí y del banco, pasando de largo a los empleados y dirigiéndose a la oficina, nuevamente.

¡Miren, ha regresado! - dijo Mark, señalándolo con la mirada.

¡Nick, a mi oficina inmediatamente! - ordenó Edward.

¡Sí...sí señor! - asintió el moreno y caminó rápidamente detrás de su jefe, nervioso.

¿Qué sucede? ¿Por qué el Sr. White lo mandó a llamar? - cuestiona Daysi.

¡No lo sé, pero lo averiguaré! - resolvió Elisa, caminando hacia la oficina de la presidencia.

Toc toc

Adelante - dio permiso Edward a quién quiera que fuera.

Señor, ¿me mandó a llamar? - cuestionó Nick.

Sí, adelante, ¿conoces esto? - le enseñó una bolsita hermética con tres chips.

Sí, son chips de computadora - respondió Nick, bajando el rostro.

Y sabes ¿cómo leerlos? - preguntó Edward ofuscado.

Por supuesto, cualquier idio... ¡cualquiera sabe! - exclamó Nick interrumpiéndose.

Bien, ¿en cuánto tiempo lo tendrás? - preguntó él, creyendo haber oído mal.

No mucho, le aviso, permiso - Nick se disculpó y se fue corriendo de la oficina de Edward.

Por supuesto que parecía sencillo, pero distaba de serlo y cuando al fin pudo encontrar algo en los archivos, lo único que sobresalió y pixeleado fue una fotografía, una reunión familiar, toda la familia Taylor y White teniendo como centro a Candy, de adulta... Unas cuantas horas más tarde...

Señor creo que debería de venir a informática - dijo Nick, llamándolo.

Voy en camino... ¿Qué tenemos? - preguntó Edward cuando abrió la puerta de la computadora central de informática.

Una foto, ¿la conoce? - le preguntó el moreno a Edward.

No, ¿quién es? - cuestionó Edward sin saber de quién se trataba.

Esperaba que usted me lo dijera...además los chips tienen una imagen muy pequeña en un chip, observe... - le pidió Nick, desencriptando la información rápidamente.

¿Ave Magnolia...? ¡Otra vez, esa maldita mujer! - gritó Edward eufórico ya que desde que Ave Magnolia se apareció en su camino casi le cuesta la herencia de su cuñado.

Señor... - Nick lo llamó creyendo que ese nombre lo conocía.

¿Eso es todo? - quiso saber dirigiéndole una mirada ansiosa.

No, observe, en las imágenes distorsionadas encontré un mensaje Candy 1... descubierta; Candy 2... descubierta y Candy B... sin fondos - leyó el moreno, volteando a ver a su jefe, ese rostro no tenía precio.

¡Maldición, ni una palabra de esto a nadie! - ordenó Edward contrariado y le indicó a Nick que se retirara.

De acuerdo... - respondió el joven saliendo rápidamente.

Por más que él quiso saber lo que sucedía no daba con quién estaba detrás de todo esto, desde que había aparecido la noticia del periódico, todo fue de mal en peor. Cuando llegó a su oficina decidió entrevistarse con André, quizás él podría ayudarle en algo.

André, ¡hola hermano! Quisiera hablar contigo - le pidió mientras se sentaba detrás de su escritorio.

¡Hola Edward! Tiene que ser en este momento - cuestionó André.

Sí, en unas horas quizás - quiso darle algo de tiempo para que se encontrara con él.

Pues creo que tendremos que posponerlo, recuerdas que te dije que teníamos una convención por éstos días, pues estamos en ello - explicó mientras su esposa se recostaba en un camastro lejos de Marruecos.

¿Qué has dicho? ¿Con quién estás? - preguntó Edward.

Con Claire por supuesto, figúrate en la convención nos encontramos a Eva... - se interrumpió a propósito como fue ensayado con Candy.

¿A cuál Eva? - preguntó Edward.

A la periodista Eva Magnolia, ¿qué interesante no? - cuestionó su hermano, pensando que sólo quedaba esperar la reacción de Edward.

¿Eva Magnolia? ¿No querrás decir, Ave Magnolia? - le preguntó a André.

No, estás equivocado, es Eva Magnolia. Es una periodista española, ¿conoces a otra Eva? ¿Qué está sucediendo? - André le preguntó a Edward, que le oía nervioso.

Nada, es sólo... hay alguien entrometiéndose en mis asuntos y pienso arreglarlos personalmente - refirió Edward, suspirando.

De acuerdo... Si necesitas algo, espero tener noticias tuyas pronto, hasta luego Edward.

Hasta pronto, más de lo que te imaginas... - susurró Edward.

¡Está histérico! Espero que Candy sepa lo que hace - informó André a Claire.

Antes de salir de su oficina, la pantalla de su computadora personal se encendía y aparecía el siguiente mensaje:

Señor Edward White

Edward volvió el rostro hacia la gran pantalla y yendo hacia el teclado, apretó el escape.

¡ASESINO!

Quiso saber qué sucedía, así que presionó el botón de informática que se encontraba en el teclado de su teléfono.

¡Niccckkk...!

Sabes ¿quién soy?

Por supuesto que no sé quién eres, pero te aseguro que mi informático me lo dirá - exclama alterado.

Tu niño no pertenece a las grandes ligas...los enemigos pueden ser tus amigos...

Te diré mi nombre

Ave Magnolia

¡Así que eres Eva Magnolia! - exclama de nueva cuenta, echándose hacia atrás cuando se sentaba en el sillón de su escritorio.

No, soy Ave Magnolia y te lo demostraré, ¿conoces éstas transacciones...?

¡Con que andas husmeando en mis cuentas en el extranjero! - exclama Edward sonriente.

Quisieras...

Colombia y México.

Donde compras drogas y armas

¿Cómo sabes eso? - preguntó saliéndose de sus casillas. ¡Quiero decir habladurías...! - terminaba diciendo antes de que se incriminara más. ¡Sal de dónde quiera que estés! ¡Sabes que te conozco! - exclamó como si eso fuera cierto.

¿Me conoces?

¿Seguro estas de eso?

Por supuesto periodista - respondió Edward.

Creo que te equivocas, no soy Eva Magnolia

Es pura coincidencia

No, entonces eres ¡Ave Magnolia! - soltó riéndose escandalosamente, creyendo quizás que ya sabía quién era.

Tampoco...si abres el cajón de tu escritorio y te dieras cuenta de quién puedo ser...

Mi escritorio no tiene cajones...pero ya veo que supones que los tiene - le informó levantándose.

No lo creo, ese escritorio no los tiene a la vista, pero hay uno escondido, si te posicionas como si fueras a sentarte y pulsas ambas esquinas con los pulgares, ¡lo encontrarás!

¿No estarás hablando en serio? - cuestiona Edward y al mismo tiempo se ríe.

¡Te reto a que lo pruebes!

Edward fue hacia el escritorio y ahí, se colocó detrás de éste como si se recargara en el por los pulgares y mágicamente cuando presionaron las esquinas un cajón se abrió, golpeándole el vientre y haciendo que exclamara un gemido por el susto...

¡Veo que sabes más trucos de las posesiones de mi cuñado Adam... que yo! - Edward le felicitó por ello.

¿De Adam? Sí, más de lo que tú crees...

Tío Edward

¿Tío? ¡Así que eres de mi familia...! ¿Quién eres? ¡Vamos, dímelo! ¡Ésta chica la he visto antes, ¿dónde?- pidió el sin miramientos, comenzaba a caminar alrededor de su escritorio cuando sacó los papeles que había en el cajón.

Creí haber escuchado en la lectura del testamento que eras el más listo de todos, así que eso precisamente quiero ver, sé el más listo.

Edward quiso enterarse de más...asì que apretó el botón del departamento de informática de nueva cuenta.

Si señor... ¿se le ofrece algo? - pregunta Niel desde el otro lado de la línea.

Ven deprisa a presidencia - le ordenó y tan rápido como llego, lo hizo entrar a su oficina. ¡Hola Nick! Puedes saber de dónde vienen esos datos - señaló la pantalla que tenía enfrente de él.

En un momento, veamos - tecleó Nick antes de sentarse.

¡Hola, atrapa aves! ¡Espero que tengas feliz cacería!

¿Te conozco? - tecleó Nick.

Sí...y no, depende, pero te pregunto ¿tú me conoces?

¡Eso quisiera! Pero juro que ¡te encontraré! - exclamó él vengativo.

Me conoces si te digo Niel...

¡Rayos! ¡Sabes que te encontraré! - le gritó a la pantalla, siendo ahora observado por Edward.

¡Inténtalo!

Suerte para la próxima, tú no tienes mis capacidades...atrapa aves...

Deberías escoger mejor a tu personal tío Edward... Sabías que Niel y no Nick, ha sido preso en sus años de juventud por robar...bueno no, por hackear cuentas bancarias de sus jefes, transfiriéndolas a Suiza...quizás debas de tener en cuenta que éste chico y pequeño nerd no es quien dice ser...

¡Fuiste tú, cretino...! ¡Te has robado todo mi dinero! Dime ¿cómo hiciste las transferencias? - Edward se dirigió hasta él, levantándolo de las solapas de su fino traje negro.

No, yo no he sido, tengo mis cuentas, pero no en Suiza y todo ha sido por mi herencia, mis padres me dejaron herencia cuando murieron en un accidente, puede constatarlo...tengo pruebas... - le informó tratando que los ojos rojos de su jefe no se salieran de sus órbitas.

Sí claro, esas las constataré después, por el momento quiero platicar con Ave Magnolia - susurró Edward.

¿Ave Magnolia has dicho? Yo pued... - Niel se interrumpió debido al golpe que Edward le había dado sin que se percatase de ello.

Edward tomó un trofeo que tenía en uno de los taburetes de su oficina y golpeó a Niel en la cabeza, dejándolo inconsciente

Estamos perdiendo la calma tío Edward y según el Manual del Asesino, eso no puede suceder, al menos tan pronto...por otro lado, creo que te iba a decir algo más...

Quizás deberías guardar silencio Ave Magnolia, sé lo que tratas de hacer, me estás distrayendo... - refirió Edward, mirando hacia donde Niel se encontraba desmayado.

¡Ah sí, es cierto! Seguimos con las finanzas...

Eres de mi familia, eres hijo de uno de mis hermanos, espera, sólo tengo un hermano y el no tiene hijos aún...tengo dos hermanas, Isabela es una, ella tiene dos hijos y la otra es...era Emily, la hija de Emily está desaparecida... - evaluó la información con la que contaba.

¡Convenientemente tío!

Te ayudaré para que veas que soy benevolente, tienes tres sobrinos...

Espera...¿cuál es el tercero? - preguntó tío Edward, contrariado.

Dímelo tú...

Tío Edward, ¡no que eras muy listo!

Estoy comenzando a tener mis dudas

¿Tres? Acaso eres alguien que ¡no conozco! Podrías ser... ¡Linda, la hija bastarda de Gabe! ¡Demonios! - se levantó inmediatamente.

Tío Edward estaba perdiendo la paciencia e ignoraba a quién le estaba hablando, se paseaba por toda la oficina y lo más crítico era que había cosas que no sabía, por ejemplo: que toda la empresa tenía micro cámaras y que había micrófonos por todos lados. Se sentó en su sillón y saltó de ahí como si se le hubiese ocurrido algo de momento.

Candy... - Stear la llamó cuando se quitaba los audífonos.

Sí - respondió ella muy calma.

¡Te estás poniendo en evidencia! - Stear alzó la voz repentinamente.

¡No, no tiene ni idea de quién soy! - exclamó muy alegre y divertida.

¿Cuándo le dirás todo? - le preguntó asustado.

Ten paciencia - pidió Candy a su gran amigo.

No quiero perderte, si te asesina... - Stear bajó el rostro.

No lo logrará... - aseguró la rubia, dejando que su amigo le tocase el rostro.

Hemos tenido una plática fructífera, dejando a un lado eso de que ¡no sé quién rayos eres! ¿Qué hay de mis finanzas? - preguntó tío Edward desesperado.

¡Ah, esas, me han sido muy reveladoras!

Lo dudo - susurró él con ironía.

Ya te había dicho que Niel no es nada comparado conmigo, mira bien la pantalla, éstas son tus finanzas sin disfraz y éstas con disfraz, ¿qué ves?

¡Nada, las veo igualitas! - respondió chasqueando la boca como si eso no fueran pruebas.

Te mientes, sabes que hay cifras que no concuerdan, que la mayor parte de tu fortuna la has empleado en esto, en protección policiaca y te enseñaré algo, no digas que soy una persona codiciosa, toma el mouse y colócalo en la cantidad más grande

¡No puedes comprobar nada! - respondió Edward.

¿Estás seguro...? Veamos, mira este video...

Tío Edward estaba que no lo calentaba ni el sol, pero tampoco era que me importase en absoluto. Cuando colocó su vista en el video que había encontrado en la red de la empresa, no podía creerlo. De pronto y sin previo aviso, todos dimos un respingo, entró a la oficina presidencial tía Jasmine, quería ver con urgencia a su esposo, sin autorización y sorprendiendo a la asistente y a ella misma de la presencia de Niel que se hallaba en el suelo inconsciente. Mientras tío Edward trataba de sacar el video de secuencia...

¿Qué pasa? Edward, no tengo fondos en mi cuenta, ¿ha sucedido algo? - pidió una explicación a la inexistencia de fondos.

No sé de lo que hablas, ¿por qué la pregunta? - cuestionó su esposo tomando la situación calmadamente.

Fui de compras desde la mañana y pasé por la vergüenza de dejar mis prendas por no tener crédito en las tarjetas, además no hallé mi auto estacionado y no contentos con eso, me cortaron las tarjetas... ¿acaso no le has pagado a Juancho Salgado? - preguntó Jasmine.

¿A quién has dicho, estúpida? ¿Cuántas veces tengo que decirte que no hables de eso aquí? - la reprendió abofeteándola, decididamente había perdido la compostura.

¿Por qué no, tío?

¡Tú cállate! - le ordenó a la pantalla, sacando de ahí a su esposa cuando la tomó del brazo para echarla de su oficina.

¿A quién le gritas Edward? - cuestionó Jasmine sin entender a quién le gritaba.

¿Has terminado? - le preguntó su esposa, deteniéndose justo antes de la puerta.

Pero ¿qué haré? - quiso saber Jasmine, angustiada por la aparente locura de su esposo.

¡Vete a casa, vete ya, necesito pensar...! - exclamó alterado, dándose la vuelta sin percatarse de lo que ocurría en ese momento.

¡No, espere señor, señor, no puede pasar...! - exclamó Patty tratando de detener al hombre que pasó de largo al lado de su escritorio.

Edward White... ¡ya era hora de que dieras la cara! - exigió el hombre aquel alterado.

Juancho, ¿qué haces aquí? - quiso saber Edward.

Aquí, pues nada sólo pasé a saludarte, en realidad vengo porque no me depositaste, sabes que esas armas no se transportan por arte de magia - le hizo burla al informarle.

Un momento, te deposite el dinero - tío Edward le informó sorprendido por esas noticias.

No hay nada y vengo a ver ¿qué demonios sucede...? - preguntó Juancho dirigiéndose al teclado de la computadora en presidencia.

Señor... Un momento, ¡no puede hacer eso! - gritó la asistente tratando de proteger la computadora de su jefe.

¡Quítese señorita, no quisiera hacerle daño! - solicitó Juancho mirando a tío Edward.

Pero... - intentó quitarse cuando de pronto una secretaria entró llamando la atención de todos ahí e incluidos de Candy y Stear que estaban atentos a lo que sucedía alrededor de Edward.

¿Qué sucede Elisa? - preguntó la secretaria que ingresó a esas oficinas.

Es...lo busca - intenta referir Elisa, omitiendo que se encontraba escuchando muy cerca de ahí lo que sucedía my cerca de la puerta.

Soy Alberto García... - soltó un hombre de baja estatura y barrigón.

¡No, tú también no! ¡Ustedes no saben que no deben de venir aquí! - exclamó tío Edward colérico.

Pues sí, pero necesitamos nuestra lana, así que ¿qué dices? - preguntó el señor García.

Nada

¿Qué va a decir, tío Edward?

¡Ya te habías olvidado de mí como si hubiera sido la querida sobrina a la que mataste...!

¿A cuál maté? ¡Según tú! - preguntó al aire, todos se miraban entre sí.

Veamos, necesitas que te lo recuerde, un día en un paseo en yate, tu cuñado Adam y tu hermana Emily tomaban el sol junto a su pequeña hija Candy, te acercaste del lado de proa y subiste por la escalinata de buceo, dañando el motor para luego golpearlos con la cacha de tu Magnun 45 para luego dispararles en la cabeza a ambos; pero no contabas con que la niña no apareciera por ninguna parte, si te habías asegurado de que así era y para cuando uno de los marineros se dio cuenta de lo que había sucedido, la pequeña Candy fue arrebatada de la vida cuando pateaste las cuerdas cercanas al motor y bueno lo demás es historia...

Ahora te contaré otra historia, muy distinta...pero primero quiero que sonrían, haré una linda foto para la que quiero que sonrían todos, incluida tú tía Jasmine...

¡Te atreviste desgraciado! ¿Quién es esa? - preguntó Jasmine encarando a su esposo.

¡No conozco a "esa" o ese..! quizás sea alguien que otra persona mandó - exclamó con fuerza, golpeando la mejilla izquierda de su esposa y dirigiendo la mirada hacia Juancho o Alberto.

¿De qué rayos me estás hablando Edward? ¡No me vengas con pendejadas, hijo de tu pinche...! - iba a reprenderlo cuando se oyó un grito...diferente.

¡Alto, en nombre de los Estados Unidos de Norteamérica, quedan todos arrestados!

Continuará...