Hola a todos!

Aquí les dejo el siguiente capitulo de esta historia que se me ocurrió en mi cabezita jeje XD. Creo que me salió más larga de lo que pensaba y me está gustando como quedó. Espero les agrade y ya saben: COMENTEN PLEASE! Si tienen algo que les ha gustado o que creen que no va... por favor... me alegrará saber cualquier opinión que tengan.

Y ya saben... los comentarios en cursiva son los pensamientos de los personjajes.

Saludos XD


Muy temprano por la mañana, un sonido de mucho ajetreo se escuchó en el piso de abajo. Al parecer alguien buscaba con desesperación algo mientras abría los cajones y las puertas de múltiples muebles. La Sra. Higurashi salió de su recámara aún vestida con su bata de dormir y bajó las escaleras, curiosa del causante de tanto escándalo.

-¿Kagome, hija, qué sucede? ¿Qué haces levantada tan temprano? – preguntó cuando divisó a su única hija buscando algo entre los anaqueles de la cocina, lo cual era sumamente extraño ya que era siempre ella la que tenía que despertar a su hija más de una vez para que asistiera a la escuela.

-Mm… mamá…estoy buscando la receta de aquél pastel de chocolate pero… – contestó la chica mientras rebuscaba en los cajones – no la encuentro….

-¿Te refieres al pastel que solía cocinarle a tu padre en nuestro aniversario? – preguntó la otra con una sonrisa.

-Si…

La madre de la chica salió de la cocina mientras su hija continuaba con su búsqueda sin prestarle atención. A los pocos minutos regresó con una especie de cuaderno entre sus manos, el cual hojeó encontrando así el famoso escrito que con tanta desesperación buscaba la joven.

-Aquí tienes Kagome – le extendió la mano mientras aferraba a su pecho el pequeño cuaderno con la otra.

-¡Arigatou mamá! – contestó emocionada – ¿dónde estaba? – la chica entonces enfocó su atención en aquél libro que sostenía su madre tan cerca de su corazón - …ah ya veo, son tus fotografías favoritas – le dijo con una sonrisa.

-Así es Kagome chan… era el postre favorito de tu papa – señaló con un suspiro. A pesar de que muchos años ya habían pasado desde que cocinó por última vez ese pastel, todavía se llenaba de nostalgia al recordarlo.

-Umm… yo también lo recuerdo muy bien a pesar de que era sólo una niña – la chica con uniforme se acercó a su madre, dándole un fuerte abrazo para confortarla – Tengo que irme, regresaré más tarde porque tengo que comprar los ingredientes saliendo de la escuela. Te quiero mamá – y dicho esto le dio un beso y salió de su casa.


El sol comenzaba a alzarse por el cielo despejado e impoluto del Sengoku y los eternos caminantes en busca de la Shikkon no Tama emprendieron el regreso a la aldea de la cual partieron. Al parecer el líder del grupo, quien la noche anterior se había negado rotundamente a regresar, ahora tenía algo de urgencia por volver a dicho lugar, por lo que mucho antes de que el sol comenzara a asomarse por el horizonte había informado, no muy amablemente, a sus acompañantes que era hora de partir.

El segundo acompañante varón, quien era dueño de uno de los poderes más útiles en las batallas resultado de una maldición, se encontraba un poco molesto con la actitud del joven de cabellos plateados por haberlos despertado tan temprano, por lo que decidió que hacerle sentir un poco de la molestia que el mismo sentía, era lo más justo.

-Por lo que veo tuviste una buena razón para ayudar a la Señorita Kagome a escapar a su época ¿no es así mi querida Sango? – afirmó con tono mordaz.

-No se a qué se refiere Excelencia – contestó la mujer algo escueta ya que también se encontraba de mal humor y algo somnolienta. En su regazo se encontraba dormido un pequeño zorrito, quien a su vez sostenía una linda gatita también dormida ya que ésta se había reunido con ellos ya entrada la madrugada.

-Escuché la conversación que sostenían la Señorita Kagome y tu el día de ayer acerca de lo especial que es para ella el día de mañana… creo que lo llamó el día de los ENAMORADOS – continuó el dueño de la kazaana, diciendo esta última palabra en voz bastante audible para llamar la atención de el muchacho que dirigía el camino. La exterminadora dirigió su mirada al monje pues conociendo al houshi no sabía muy bien el fin de todo eso – Supongo entonces que la Srita. Kagome necesitaba marcharse porque tiene una cita con algún muchacho de su época – terminó la frase guiñándole el ojo a la confundida Sango. Entonces ambos jóvenes enfocaron su mirada al individuo de ropas rojas que caminaba varios metros delante de ellos y observaron con precisión el momento en el que este movió las orejas que coronaban su cabeza en dirección hacia ellos y se percataron de la manera en la que el chico tensaba todo el cuerpo, al mismo tiempo que tronaba sus nudillos. El objetivo estaba alcanzado.

-Supongo que tiene razón – afirmó la exterminadora con algo de diversión en la voz.


Una linda joven con uniforme de preparatoria caminaba por las calles de Tokio en dirección hacia su escuela. En estos momentos el mundo era completamente ajeno para ella puesto que estaba concentrada repasando en su cabeza la lista de ingredientes que tenía que comprar al salir de clases. Solamente tendría la tarde de hoy para preparar todo si quería irse el día de mañana desde temprano a la época feudal para celebrar con sus amigos.

-Harina, huevos, leche… eso lo puedo conseguir en la tienda de abarrotes… mantequilla, polvos para hornear…mmm…eso también… ¿chocolate de barra?... chocolate… chocolate… ¡AAHHH! - de pronto brincó y gritó asustada cuando la mascota de un niño que pasaba junto a ella ladró ferozmente al conductor de una motocicleta que transitaba por la calzada.

-¡GUAU! ¡GUAU! ¡GUAU!

-Perdón, no fue intención de Suki asustarte – se disculpó apenado el niño forzando el agarre de la cadena de su mascota ya que este insistía en seguir a la motocicleta, la cual cada vez se alejaba más.

-No… no te preocupes - le dijo la chica con la mano en el pecho pues vaya susto le había propinado ese animal. No le asustaban todos los youkais y mounstros a los cuáles se enfrentaba día con día en el Sengoku, pero el ladrido de un perro sí – qué tonta soy, fue sólo un perro… ¿¡un perro! ¡RAYOS NOO! – gritó todavía con más fuerza que minutos atrás, por lo que el niño decidió darle gusto a su mascota y salió corriendo de ahí – …Inuyasha es… después de todo… un… demonio… perro… - dijo para sí algo consternada – …me pregunto si el chocolate tendrá el mismo efecto en él…es decir es mitad humano ¿no?... Ay no… ¿Y si lo enveneno?

-¿A quién pretendes envenenar Kagome-chan? – preguntó una chica de cabello corto y de diadema acompañada de otras dos jovencitas que vestían el mismo uniforme que la chica sacerdotisa.

-¿Eeh?...¡Chicas! Hola… - se llevó un brazo atrás de la cabeza algo apenada - ¿Cómo han estado?

-Hola Kagome. Al parecer ya te recuperaste del mal de Mallet ¿cómo te sientes? – preguntó la chica llamada Ayumi.

-¡¿Mal de qué?... Mi abuelo y sus múltiples enfermedades…Ahora que lo vea lo voy a matar… Yo… me encuentro bien… gracias por preguntar Ayumi ¿y ustedes? ¿Qué cuentan?

-Eri está muy triste – afirmó Yuka mientras la susodicha agachó la cabeza en síntoma de tristeza – su novio rompió con ella justo hace 1 semana; al parecer estaba enamorado de una mujer mayor.

-Siento escuchar eso Eri – dijo con empatía brindándole una sonrisa al tiempo que palmeaba su hombro para consolarla – pero no te preocupes, estoy segura que pronto encontrarás a un buen chico que realmente valga la pena.

-Y hablando de chicos, supongo que te has esforzado en curarte porque aceptaste la invitación de Houjo-kun ¿no es así Kagome chan? – abordó Yuka con intriga y entusiasmo. La chica de cabellos azabaches no esperaba que comenzaran a abordarla con el tema de Houjo-kun tan pronto y más cuando hace más de muchas semanas que no se presentaba a la escuela.

-Yo… no sé a qué te refieres… - respondió ligera retomando su camino hacia el salón de clases. Las tres chicas la siguieron, ya que no dejarían el tema tan fácilmente.

-Oh vamos Kagome, ¿acaso Houjo del salón B no te ha invitado a pasarla con él el día de mañana? – insistió nuevamente Eri. Al parecer su inminente tristeza desapareció tan pronto como empezaron el tema del eterno enamorado de Kagome.

-Bueno, él no me ha dicho nada y la verdad es que tenía otros planes – contestó con sinceridad esperando que las chicas dejaran el tema de una buena vez pero al parecer, esta respuesta les dio más armas para continuar.

-Entonces, eso significa que saldrás con el chico violento pero…yo pensé que ya no era tu novio Kagome – fue ahora Ayumi la que habló.

-¿¡Saldrás con ese chico violento? ¡Pero la última vez nos contaste que estaba saliendo con otra chica! – preguntó algo exaltada su amiga de diadema. No esperaba que su amiga siguiera saliendo con aquél chico que sólo la usaba como plato de segunda mesa.

-Bueno, tanto como saliendo… - trató de defender al joven mitad demonio la joven sacerdotisa mientras se adentraba a su aula de clases - …en realidad, hace mucho que no la ha visto…

-¿Entonces él por fin se decidió por ti? – preguntó animada la chica de chinos castaños.

- Pues… yo no estoy muy segura… - respondió algo dubitativa mientras se sentaba en su pupitre. Esta conversación comenzaba a resultarle algo incómoda, pues el tema del triángulo amoroso, bueno en realidad cuadrado, Houjo-Kagome-Inuyasha-Kikyo era algo en lo que no le gustaba pensar, más ahora que estaba muy emocionada de poder disfrutar con el hanyou el día de san Valentín.

Pero…- iba a argumentar Yuka cuando la maestra de la primera clase entró en el aula y pidió a todos que volvieran a sus lugares de trabajo. Kagome se sintió aliviada.


-Inuyasha…

-¡Inuyasha!

-¡Inuyasha! – bramó por tercera vez el kitsune sin obtener una respuesta, por lo que haciendo un esfuerzo, saltó para posicionarse en el hombro del interpelado - ¡INUYASHAAA! – le gritó directamente en una de sus orejas.

-¿QUÉ QUIERES? – gruñó el hanyou tomándolo por la cola y alzándolo en el aire.

-¡Te estoy hablando y no me haces caso! – le reclamó el niño – Llevamos caminando ya casi medio día, ya no aguanto mis patitas – se quejó balanceándose en el aire tratando de zafarse del agarre.

-Desde un principio ustedes fueron los que querían regresar a la aldea así que ahora NO TE QUEJES – le dijo el medio demonio con fastidio, depositando al infante sobre su hombro, pues a pesar de todo, no le costaba nada cargarlo por un rato. Sin embargo, Shippou era sólo un niño y como tal, le gustaba jugarle bromas a aquél malhumorado medio demonio.

-¿Por qué estas de tan mal humor?...Jijiji…Ya se, estas molesto porque Kagome regresó a su época – comenzó a tesonear, a lo que Inuyasha solo se limitó a continuar caminando sin hacerle caso – y supongo que también estás enfadado porque un chico de su tiempo la invitó a tener una cita – continuó molestándolo pues le encantaba ver cómo perdía la paciencia su amigo, lo cual comenzaba a ser evidente y señal de esto era que su ceja se alzaba con un tick y el ceño permanecía fruncido. No contento con esto, el zorrito lanzó el último leño al fuego y añadió un toque final a su comentario:

-Pero lo peor de todo esto es que Kagome verdaderamente quería salir con ese chico… -¡ZAS! Un golpe e inmediatamente después el sonido de un llanto - ¡TONTO! ¡SI NO FUERAS TAN BESTIA KAGOME NO TENDRÍA QUE SALIR CON OTROS CHICOS! – le reclamó el zorro en el suelo entre sollozos, mientras que el agresor sin inmutarse continuaba su caminata.

-KEH! Kagome puede hacer lo que le plazca, para lo que me importa – dijo muy seguro el chico mitad bestia, sin embargo en su interior algo parecido a la rabia, desesperación y tal ves miedo, se iban apoderando poco a poco de él. Si no fuera por ese maldito orgullo el cual la mayoría de las veces era más grande que cualquier otro sentimiento, ahora mismo correría sin freno al pozo devora huesos que conectaba su mundo con el de aquella tonta acompañante suya, lo cruzaría y traería de vuelta a esa chiquilla para demostrarle de una vez por todas que NO tenía por qué estar inmiscuyéndose con tontos humanos buenos para nada, que nada tenían que ofrecerle, porque su corazón ya estaba apartado sólo para él desde hace mucho mucho tiempo. - ¡Maldita seas Kagome! – pensó, pero ya tendría oportunidad de averiguar quién era el tipo ese que se atrevió a invitar a salir a Kagome y claro que se las vería con él.


Horas más tarde, una chica de largos cabellos contemplaba la ventana con la mirada perdida, mientras el profesor de historia relataba algunos hechos relevantes a la Segunda Guerra Mundial. Era su última clase así que su concentración se encontraba completamente dispersa.

-Ya sé que llevarles a Shippo, Sango, Miroku, a la anciana Kaede y a Kirara…el único que me falta… ¿Me pregunto cuál sería un buen regalo para Inuyasha?

-EL 8 DE DICIEMBRE DEL AÑO 1941, EL CONGRESO DE ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA APRUEBA UNA DECLARACIÓN DE GUERRA CONTRA JAPÓN, LO CUAL…- explicaba el profesor.

-¿Unos chocolates?… no se si serían tóxicos para él, espero que el pastel no lo sea… ¿un oso de peluche? Es un chico por Dios, a los chicos no les agradan los peluches… ¿unas flores?...seguro me las aventaría en la cara…¿alguna camiseta?...no lo creo… Inuyasha no se quita ni por nada su traje hecho de ratas de fuego… y con justa razón, además de ser resistente a cualquier cosa fue un regalo de su padre… ¿me pregunto si Inuyasha… usará ropa interior?... ¡Por Dios! ¡Qué me sucede! ¡¿En qué rayos estoy pensando?- se reprendió mentalmente al tiempo en que sus mejillas se colorearan furiosamente – aún así, no creo que en el tiempo del Sengoku las personas ni mucho menos los youkais usen prendas íntimas…¿me pregunto cómo…? NO! Es mejor que no me lo pregunte… ¡Rayos! ¡No se qué regalarle a Inuyasha! Es un chico TAN difícil… bueno, en realidad es mitad chico… ¿qué podría darle a un hanyou como él? ¿Armas? El ya tiene a Tetsusaiga… Noo… - se maldecía mentalmente por no ocurrírsele una idea.

- CON LA AUTORIZACIÓN POR PARTE DE HARRY TRUMAN, EL 6 Y 9 DE AGOSTO DEL 45 LAS CIUDADES HIROSHIMA Y NAGASAKI…

- Quisiera… quisiera darle un regalo muy especial, algo que pueda conservar por mucho tiempo, algo que realmente le guste…algo para que…. me recuerde…

- LAS IMÁGENES RECORRIERON EL MUNDO ENTERO…

- ¡ESO ES! ¡ES PERFECTO! – Gritó la chica a todo pulmón y se levantó de su silla por la emoción. Todos sus compañeros voltearon a verla con asombro, pues nunca antes ningún alumno se había atrevido a interrumpir al profesor Takahashi durante una lección.

- Kagome… ¿qué te sucede?¿Te sientes mal? – le susurró su amiga Ayumi preocupada.

- ¿Se puede saber qué le parece perfecto Señorita Higurashi? - preguntó con una nota de enfado el maestro.

-Eeeh… yo…bueno…yo…

- Señorita Higurashi…al pasillo.

La chica de cabellos negros no tuvo otra opción que salir del aula de clases, no obstante aún cuando debería sentirse culpable por haber sido pillada no prestando atención a lo que decía el profesor de Historia, se sentía más feliz que nunca, pues había encontrado el obsequio perfecto para su adorado medio demonio.


Después de pasar por más de 10 aldeas, Inuyasha, Miroku, Sango, Shippou y Kirara lograban ver a no más de 1 km la aldea que significaba el fin de su viaje, justo a tiempo, ya que en unas horas se oscurecería.

Cuando llegaron al pueblo, se dirigieron directamente a la cabaña de la anciana Kaede, pues se encontraban exhaustos y lo único que querían era descansar un poco.

-Sacedortisa Kaede, Inuyasha y los demás han regresado – le informó uno de los habitantes por lo que la anciana dejó lo que estaba haciendo para ir a recibirlos.

El primero en saltar a su encuentro fue el pequeño zorrito pues la sacerdotisa representaba una abuela para el -¡Anciana Kaede! –

-Hola querido Shippou, me alegra que hayan regresado ¿Cómo les fue? – preguntó amablemente recibiendo en sus brazos a Shippou. Sango y Miroku detrás del niño. Inuyasha al parecer se había rezagado a propósito y Kagome…Kagome no se veía por ningún lugar.

- Naraku ha escapado otra vez – le informó Miroku – y al no encontrar ninguna pista decidimos regresar para descansar un poco.

-Yo planeo regresar a mi aldea de origen para reparar mi Hiraikotsu – informó a su vez Sango.

-Me sorprende que Inuyasha haya aceptado regresar con las manos vacías – se sorprendió la sacerdotisa.

-Bueno… en realidad no lo hizo, pero no tuvo más opción ya que Kagome regresó a su época – dijo Shippou con diversión.

-Ya veo, puedo notar un aura bastante molesta que emana de nuestro querido medio demonio. Pero bueno, supongo que estarán cansados y hambrientos. Vamos pues a mi cabaña, les prepararé de cenar – la anciana les dio la indicación de que la siguieran a lo que los viajeros aceptaron gustosos, todos excepto uno.


Cuando por fin sonó la alarma de fin de clases por los pasillos de la escuela preparatoria, todos los alumnos comenzaron a salir desenfrenados de las aulas de clases. Kagome no fue la excepción, y tan pronto escuchó el timbre se apresuró a juntar todas sus cosas pues tenía toda una lista de presentes que comprar y pronto cerrarían todas las tiendas.

-Kagome-chan, ¿te vas tan pronto? ¿Nos acompañas por una hamburguesa? – se acercó Eri interrumpiendo el apuro de la sacerdotisa.

-Yo no puedo chicas…

-¡Oh vamos Kagome! Hace tiempo que no nos acompañas. Será divertido – insistió su amiga Ayumi.

-En verdad me gustaría ir con ustedes, pero no puedo, en serio…tengo algunos asuntos pendientes – se disculpó la joven terminando de guardar sus pertenencias.

-Entonces acompáñanos mañana. Hitomi hará una fiesta en su casa y ha invitado a casi toda la escuela. ¡Vamos! ¡Será divertido! - trató de convencerla Yuka.

-Bueno…yo… - trató de buscar una excusa lo bastante convincente pero no se le ocurría nada. Algunos meses atrás hubiera aceptado la invitación gustosa con tal de pasar el tiempo con esas tres chicas que consideraba sus mejores amigas, hablando de nimiedades como chicos, moda o chismes del espectáculo, pero ahora… ahora todo era muy diferente. Desde que comenzó sus viajes por el tiempo, aún cuando en un principio no estaba muy convencida, había conocido un mundo muy diferente al suyo, cuyas batallas eran responsables de que su fortaleza no sólo física sino espiritual se estuviera desarrollando cada vez más y gracias a ello, ahora se conocía mejor a sí misma, sin embargo, lo más importante es que en ese mundo había encontrado personas invaluables, a quienes realmente podía considerar como verdaderos amigos. Algo de melancolía se avispó en su corazón al darse cuenta de esta realidad, pero no podía regresar el tiempo y lo que era peor, bajo ninguna circunstancia quería hacerlo.

-¡Vamos Kagome! – dijeron al unísono las tres amigas.

-Mmm… yo…

-¡Higurashi! Veo que por fin te presentas a clases – escucharon una voz masculina en la entrada del salón...era Houjo del salón B.

-¿Con qué esto era Kagome? Tonta, lo hubieras dicho antes – le dijo Yuka propinándole un codazo en las costillas a la susodicha.

-¿Eeh? – preguntó la chica sin entender el significado de aquello.

-Bueno, chicas, será mejor que nos vayamos – sentenció Eri forzando a sus amigas a retirarse las cuales emitieron una sonrisa de complicidad y la siguieron, pero justo antes de cruzar la puerta les gritó al par de jóvenes rezagados – ¡Qué les vaya muy bien en su cita de mañana! ¡Felicidades!.

El joven adolescente se quedó plantado en el mismo lugar haciéndose el desentendido mientras que la chica quería gritar a los cuatro vientos que la dejaran en paz pues NO tenía planeado salir en ninguna cita con nadie ni hoy ni NUNCA, qué tenía muchas cosas que hacer y que la dejaran de hacer perder el tiempo con tonterías…pero lamentablemente, pesaba más la educación inculcada por su madre, además de que no podía ser grosera con el chico que la esperaba expectante, pues el siempre se preocupaba por ella y a diferencia de muchos otros, o de uno en particular, siempre la había tratado de manera amable. Derrotada inhaló hondo y con su mejor sonrisa se acercó al chico del salón B… al parecer la situación tomaría más de varios minutos.


Un aroma delicioso se colaba por la estela que hacía de puerta de la cabaña de la sacerdotisa del pueblo. Cuando el aroma llegó a las fosas nasales del chico del haori rojo, este no pudo resistirse pues aun cuando fuera un medio demonio, su estómago también le reclamaba alimento, así que saltó del árbol en el que se encontraba y se fue hacia la cabaña.

Cuando entró en ella, solamente se encontró con Kaede, pues al parecer Sango, Shippou y Kirara se habían ido a darse un baño y Miroku andaba paseando por ahí cortejando a las señoritas del pueblo para distraerse.

-Inuyasha, veo que el aroma de mi guiso no pasó desapercibido….me alegro – le dijo como saludo brindándole una cálida sonrisa.

El chico se acomodó cerca del fuego con una pierna cruzada y la otra sobre el piso y con los brazos escondidos en sus mangas. La comida que preparaba Kaede siempre le había gustado.

-Cuando estamos de viaje no siempre podemos probar comida como la tuya – le dijo como una especie de piropo que la anciana supo interpretar correctamente.

-Inuyasha, ¿qué noticias tienes sobre Naraku? – lo cuestionó la mujer mayor para romper el silencio.

-Después de que se derrumbó el Monte de las Ánimas no hemos encontrado ninguna señal que nos diga en dónde se puede estar escondiendo ese maldito. De quien tampoco hemos sabido nada es… de Kikyo – dijo con pesar - …la ultima vez que la vi fue después de que ella cayera a aquél rio de miasma. Kikyo se encuentra con heridas muy graves. Si no fuera por Kagome ella…ella hubiera… -

-Inuyasha, agradezco enormemente el que te preocupes por mi hermana, pero… considero que lo que tienes que entender y sobre todo ACEPTAR, es que ella ya no es la misma Kikyo que vivió hace 50 años… la Kikyo de ahora es un alma errante que se niega a partir de este mundo hasta cumplir un objetivo y eso mi querido Inuyasha, debes tenerlo presente en todo momento, pues tarde o temprano ella tendrá que encontrar su lugar en el otro mundo. Mi querida hermana ahora es sólo un fantasma del pasado… un triste recuerdo de lo que algún día existió – le dijo con tristeza.

-Lo se Kaede, pero simplemente no puedo quedarme de brazos cruzados y esperar a que eso suceda… esta vez no puedo permitir que Naraku la asesine de nuevo… no otra vez…

-Pero Inuyasha…

-Entiende que yo… yo no puedo abandonar a su suerte a Kikyo, y más cuando fui yo el culpable de su muerte…

-Inuyasha tú no eres culpable de eso – trató de convencerlo la anciana pero el joven no estaba dispuesto a escuchar.

-Si yo hubiera sido otro, si hubiera confiado en ella, nada de esto habría pasado y Kikyo… Kikyo seguiría con vida… mi deber es protegerla de Naraku… ¡No dejaré que ese infeliz se salga nuevamente con la suya, aún si mi vida depende de ello, yo salvaré a Kikyo de las manos de ese maldito a como de lugar!

-Inuyasha… - lo interrumpió la mayor - tanto mi hermana como tu fueron víctimas de la maldad del cruel Onigumo pero muy a mi pesar, ese fue el cruel camino al que estaban destinados…y agradezco que quieras protegerla pero también me preocupas tu.

-¿Yo? – se sorprendió el chico mitad bestia – Keh! No tienes por qué. Yo estaré bien – le dijo con autosuficiencia pues él no era como cualquier débil humano.

-Es precisamente eso lo que me preocupa… en tu afán por vencer a Naraku y por vengar la muerte de mi hermana, te olvidas de algo que es todavía más importante.

Los ojos del chico se abrieron expectantes pues no sabía a que se refería la anciana.

-Ahora tienes una nueva oportunidad…

-¿A que te refieres?- preguntó confundido.

-Inuyasha, ¿es que no te has dado cuenta? – le cuestionó incrédula- La vida te ha brindado una oportunidad en aquél viejo pozo devora huesos, por cuya conexión has podido encontrar a aquella muchachita del futuro… aunque pensándolo bien, ELLA ha sido la que te ha encontrado a ti.

-¿Te…refieres a Kagome? ¿Y qué con eso? – le preguntó de manera despectiva, como si no le importara en absoluto pues ahora que se acordaba se sentía muy molesto con aquella mujer que se fue a su época sin su consentimiento.

-¿Tú crees que tu encuentro con Kagome ha sido sólo una casualidad? Inuyasha… talves tú no te has querido dar cuenta pero esa jovencita te ha vuelto a la vida en más de un sentido. Basta con mirarte para darse cuenta. Mírate a ti mismo ahora y dime si el Inuyasha que tengo enfrente de mi en este momento, es el mismo que el de hace 50 años, quién no conocía mas que el odio y resentimiento. … yo misma no lo reconozco…

El joven no supo qué decir pues era verdad lo que la anciana proponía, sin embargo, más que sentirse mejor, se sintió más frustrado que nunca… y todo por esa joven del futuro…¿Quién diablos era para confundirlo tanto?

-Yo se que guardas sentimientos fuertes y profundos por Kagome-chan pero te niegas a reconocerlos porque piensas que si lo haces estarás traicionando a mi hermana Kikyo…

El chico quería objetar algo y decirle que se equivocaba pero al parecer Kaede lo había dicho todo…¿aparte de ser una sacerdotisa era bruja también? ¿O es que acaso él era un libro abierto? Continuó en silencio sin articular una palabra.

-Lo único que se con certeza es que entre más te aferres al pasado, más distante se volverá tu presente y futuro Inuyasha, y puede que esta vez no sea posible que lo recuperes. Mi hermana y tu compartieron un amor sincero, pero eso es el pasado… ahora debes concentrarte en lo que tienes hoy y luchar por ello, si no estarás cometiendo el mismo error dos veces.

Las palabras de la anciana le cayeron como un balde de agua fría…ahora comprendía el por qué todas las culturas honraban y respetaban a sus ancianos. Eran sabios… muy sabios.

-Ahora – la mujer le tendió un tazón lleno del guiso que acababa de preparar - Shippou me contó que estás enfadado con Kagome – el hanyou emitió un sonido gutural, ya sabía a donde quería llegar la anciana - ¡Inuyasha…!

-Gggg…con un demonio anciana, yo no estoy enfadado, solo que esa ingrata se largó a su época sin consultarme primero.

-¿Consultarte?¿Por qué habría de hacerlo?

-Gggg…-nuevamente un silencio.

-Me atreveré a preguntarte si conoces el motivo por le cual Kagome necesitaba marcharse?

-No… no me lo dijo…

-¿Estás seguro?

-Grrr… escuché que le decía a Sango y a Shippou que se festeja algo especial de dónde proviene y que quería ver a su familia y amigos.

-¿Y eso es malo? – preguntó inocentemente; su técnica consistía en aquella que practican los tutores con sus alumnos en donde los cuestionan constantemente para que estos últimos se den cuenta por si mismos de lo que es o no correcto.

-Nno…pero… - comenzaba a dudar el hombre mitad bestia.

-Recuerda que si realmente aprecias a esa jovencita, deberías anteponer sus necesidades a las tuyas.

-¿Y qué hay de las necesidades del grupo…? ¿Qué hay de la búsqueda de los fragmentos? – soltó como defensa.

-¿A qué te refieres?

-Kagome se fue a su época porque…tenía una cita con alguien – dijo esto ultimo con los dientes apretados tratando de disimular su furia, cómo si eso fuera posible de dilucidar para la sacerdotisa.

-¿Una cita? No dudo de la belleza de aquella jovencita y por tanto de que la encuentren atractiva – Inuyasha quería estrangular a la vieja en esos momentos- pero Kagome no es de las que abandonan un compromiso por motivos personales.

-Grrrr….

-Inuyasha…estás celoso – dijo con diversión.

-¡YO NO ESTOY CELOSO! ¿Por qué habría de estarlo de esa niña tonta y débil?

-Porque estás enamorado de ella – al decir esto el joven comenzó a toser del atragantamiento.

-Ggg...YO NO… ¿ESTÁS LOCA?

-Tal ves, pero ciega no soy y por eso se reconocer perfectamente lo que veo…y tu, querido medio demonio, lo estás. Y ahora deja de hablar y come que tienes que alimentarte bien. Iré a avisarles a Shippou y Sango que ya está lista la comida.

Con un crepitar del fuego que calentaba la gran olla con alimentos, el hombre de la melena plateada se quedó por unos momentos solo con sus pensamientos, reflexionando sobro toda aquella conversación y deleitándose el paladar con el fabuloso sabor del guisado que estaba consumiendo, pues por ahora, su estómago era más exigente que su corazón.


Un par de jóvenes caminaba con paso lento en dirección al portón de la preparatoria. Eran de los últimos en salir de las instalaciones de la escuela y cualquiera que los viera diría que eran un par de chicos enamorados pero demasiado penosos como para declararse el uno al otro.

-Y dime Higurashi, ¿irás mañana a la fiesta? – rompió el silencio el joven.

-Umm… no lo creo…en realidad no soy del tipo que le guste demasiado las fiestas – respondió algo apenada.

-¡Qué bien! Yo también preferiría festejar el día en algún lugar más romántico – confirmó muy animado con su típica sonrisa soñadora.

-E…eeh? – su acompañante no entendió muy bien a qué iba ese comentario, bueno en realidad sí pero esperaba que estuviera equivocada.

-Higurashi, ¿saldrías conmigo mañana?

La pregunta fue formulada sin preámbulos que la tomó por sorpresa. Aun cuando sus amigas le insistían una y otra vez que ese chico moría por ella, para Kagome, Houjo era solamente un buen amigo.

-Eres muy amable Houjo pero… la verdad es que no creo que pueda salir mañana… - suavizó lo más que pudo su negativa pues odiaba desplantar así al joven. De hecho se seguía preguntando cómo es que Houjo-kun la seguía contemplando como una chica para salir en una cita ya que no era la primera vez que se lo pedía y aquellas que aceptó siempre lo había dejado plantado. Definitivamente sus amigas parecían tener razón. El amor a veces volvía a las personas algo ilusas, bien lo sabía ella.

-Higurashi entonces tu…

Lo que menos quería era herir los sentimientos de aquél joven siempre atento y caballeroso con ella. Ahora tendría que ser honesta y decirle que planeaba salir con alguien más. Tal ves era lo mejor, pues tarde o temprano tendría que hacerle entender al muchacho que ella sólo lo veía como un buen amigo pero nada más.

-Houjo yo… perdóname…

-En realidad no te sientes tan bien de salud como aparentas ¿verdad? – la interrumpió sin prestarle atención a la explicación que la joven había comenzado a decir.

-Eeh? – al parecer a su amigo del salón B le gustaba hacer conjeturas por si mismo. Pero con tal de no tener que romperle el corazón, que pensara que el motivo por el cual no saldría con él era que no se sentía bien de salud.

-Higurashi, no deberías esforzarte tanto, podría ser malo para tu estado de salud – le aconsejó de manera comprensiva. Este chico si que era un caso.

-Yo… trataré de hacerlo…Arigatou Houjo-kun – le dedicó una sonrisa de gratitud – Deberías ir a la fiesta de Hitomi. Al parecer toda la escuela está invitada, la pasarás bien – trató de animarlo pues comenzaba a sentirse culpable por despreciar una vez más a su amigo.

-Si… no parece tan mala idea después de todo – le respondió el joven sin embargo, un tono de decepción y tristeza se hizo presente en su voz. La chica le sumo otros 2 kilos al saco de culpabilidad que arrastraba. Lo mejor era despedirse y seguir con sus planes pues ya había perdido bastante tiempo valioso para preparar lo que tenía planeado llevarse al Sengoku.

-Tengo que irme…yo… en verdad lo lamento – se disculpó por última vez.

-Te acompaño – se ofreció nuevamente pues lo que menos quería era que la chica recayera nuevamente enferma.

-Noo! … quiero decir… no es necesario…yo…yo no voy a mi casa…voy... voy a recoger a mi hermano menor de casa de un amigo – inventó lo primero que se le ocurrió. No contaba con que la caballerosidad del chico llegara tan lejos… y en verdad estaba comenzando a irritarse.

-¿Estas segura?

-Sii! Definitivamente… de todas maneras gracias Houjo y perdón. Nos vemos luego - y se retiró tan pronto como pudo para evitar un nuevo ofrecimiento por parte del joven.

-¡QUÉ TE VAYA BIEN! ¡Y SI MAÑANA TE SIENTES CON ÁNIMOS DE SALIR TIENES MI NÚMERO! ¡ADIOS HIGURASHI! – alcanzó a escuchar que el chico le gritaba mientras se montaba en su bicicleta, tomando la dirección contraria. La joven sacerdotisa no pudo evitar sonreír, pues si algo admiraba y apreciaba de su amigo, era su confianza en sí mismo.


Después de varias horas, el sol comenzó a ponerse, dejando paso a las primeras estrellas de la noche. A cierta persona le gustaba mucho esta parte de la tarde, por lo que cuándo tenía la oportunidad, se encaramaba en las ramas de su árbol favorito, el Goshinboku, sólo para observar desde una buena posición este perfecto momento. No obstante, este día no parecía disfrutarlo como tantas otras veces, pues más que tranquilidad, en su mente se debatía una guerra interna de cruzar o no la puerta del tiempo para encontrarse con cierta joven que no hacía más que causarle problemas.

-¡Maldición Kagome! No cabe duda que en tu mundo existe gente idiota que inventa fechas estúpidas ¿para qué fin?...GRRR!

-¡Rayos! ¿ Por qué tienes que ser tan boba como para creerte esas tonterías que inventa la gente!

-Más te vale regresar el día de mañana por que si no tendrás que darme mil explicaciones.

-Es más, no necesito pedirte ninguna explicación, ya que por mi mismo puedo averiguar todo lo que tengas planeado hacer…

-…Y pobre del tipo con el que tienes planeado salir…le demostraré a él y a ti de lo que es capaz un hanyou.

-¿Kagome, me estás escuchando Kagome?

-Ka…gome… -suspiró su nombre en voz alta, dirigiendo su mirada a la luna que comenzaba a asomarse por fin. Desde que esa mujer apareció en su vida, no había traído más que confusión a su corazón, entre muchas otras cosas. Sin embargo, el hecho de no tenerla a su lado, hacía que este mismo corazón confundido, sintiera un hueco parecido a la kazaana que su amigo houshi poseía en su mano derecha y este sentimiento, era peor que cualquiera que hubiera experimentado en toda su existencia.