Capítulo 1


Alguien golpeó la puerta de su despacho tan fuerte que le produjo jaqueca, no tenía ganas de aguantar nada ni a nadie. Pero ahí estaba de nuevo su novia, Irina Kane.

—¡Amorcito! ¿como estás? —dijo con su voz chillona, estampandole un beso en el cachete a Edward que le dejó todo su rouge en la mejilla, Edward la miró con cara de pocos amigos.

—No me gusta que me manches, Irina —dijo limpiándose la mejilla con uno de sus finos y elegantes pañuelos—. Ya te lo he dicho.

—¡Oops! —dijo como si de verdad estuviera arrepentida—. Lo siento.

El joven de pelo cobrizo la miró y sonrió al hacerle la pregunta poco cordial que le hizo.

—¿Qué es lo que quieres? Ya no tengo dinero.

—¡Me ofendes! —dijo con ironía—. Ni tú te crees eso —Edward enarcó una ceja y la miró de arriba abajo con desdén.

—No te aclaré —dijo con la misma ironía que ella—. Me refería a que ya no tengo dinero para tus caprichos —dijo con una sonrisa triunfal pintada en su precioso rostro de porcelana—. Sí quieres dinero, gánalo.

—¿Cómo? —preguntó con desinterés, prestándo más atención a sus uñas esculpidas que a Edward.

Edward rodó los ojos.

—Trabajando en esta empresa tal vez como mi secretaria o —lo pensó sin dejar de reírse por dentro—. Mi asistente —casi se le escapa una estruendosa risa, una que Irina no le hubiera dejado escapar y le hubiera estampado una dolorosa bofetada como otras veces—. Piénsalo. Será fácil si..

—No —dijo tajante—. No voy a trabajar para tí, me niego.

Edward se pasó la mano por el rostro cansado.

—¿Por qué? —preguntó con cansancio.

—Porque no quiero que digan que sales conmigo por las inversiones que mi padre tiene en tu empresa —se cruzó de brazos y lo miró de frente con decisión—. No quiero que la gente hable de que lo nuestro no es real.

Edward enarcó una ceja.

—Lo nuestro no es real —la lastimó con sus palabras, lo sabía, pero era cierto. Y no tenía caso seguir dándole vueltas al asunto—. Terminamos hace mucho —le recordó— pero tú insistes en que debemos seguir juntos, aunque tengas a alguien más por ahí.

—¿Q-qué estás diciendo, Edward? —se levantó de su asiento ofendida, ahora de verdad— no tengo a nadie más que tú —Edward sonrió con cinismo.

—Mike Newton, Eric Yorkie, Sam Uley, Jasper Hale por nombrarte algunos —dijo con calma con las manos juntas frente a su cara, mirándola impasible sobre su silla, detrás de su escritorio, parecía un rey de esas películas fantásticas—, y si mal no recuerdo —su mirada esmeralda se volvió letal—. El último era novio de mi hermana, Alice.

—Q-que demonios estás diciéndome —golpeó con sus manos el escritorio volcando uno de los adornitos de gel favoritos de Edward—. No tengo ni la más pálida idea de quienes son esos tipos, y es injusto que...

—¿Qué es lo injusto, eh? ¿Que te saque en cara tus infidelidades justo frente a tu cara? ¿O que te diga que no quiero verte nunca más en mi vida? —se levantó con todo su esplendor de la lujosa y acolchada silla para mirarla desde su altura, con desdén por supuesto—. No quiero verte nunca más, eres una mujer sin escrúpulos.

—Y aun así me ofrecías trabajo hace cinco minutos —se burló—, tú sí que tienes escrúpulos, Edward.

—Yo nunca te fui infiel —sentenció tajante.

—Eso no lo sé —lo encaró—, ¿Qué me dices de esa tal Bella que tienes en una foto guardada, eh? ¿Vas a decirme que ya no significa nada para tí una persona de la cual tienes una foto? Já, no soy ninguna idiota, imbécil.

—Hace seis años que no veo a Isabella —replicó—, y no cambies la conversación, te acabo de dar una oportunidad que ni siquiera tu padre quiere darte y la desaprovechaste, así que ya no tenemos nada más que hablar, ni que ver —se hizo para atrás y se arregló la corbata con elegancia—. Terminamos, señorita Kane —dijo solemne y la miró fijo a los ojos—. Esta vez para siempre.

Irina estaba atónita, lo insultó de pies a cabeza y salió dando un fuerte portazo.

No podía creer lo hipócrita que podía ser. Había estado revolcándose con muchos de lo que alguna vez habían sido sus amigos, y socios. Todos ellos tenían esposas y Irina solo pensaba en sí misma, como ellos. Ni sus hijos les habían importado, mucho menos a ella.

Suspiró con alivio, al fin podría descansar una noche al menos, hace mucho que no podía pegar un ojo sabiendo que estaba con otra mujer que no era Bella. En todo este tiempo solo había tenido relaciones esporádicas, nunca nada serio. Hasta que conoció a Irina, y el signo dolar se colocó de inmediato en sus pupilas. Aquella relación era un negocio redondo, sobre todo porque el padre de Irina buscaba un buen partido para su hija, que supiera manejar sus negocios incluso mejor que el mismo David Kane.

Ya que la incompetente rubia no servía para nada relacionado con empresas, cuentas y distribución de servicios. Realmente Irina solo servía para pintarse las uñas y modelar cada que le aparecía un contrato de pasarela, nada más.

Ahora con la insoportable modelo fuera de su vida, haría lo que siempre había querido hacer, buscar a la que un día rechazó vilmente bajo la lluvia en aquel diciembre veinticuatro, un día justo antes de Navidad, en aquel frío, oscuro y tenebroso callejón. Tomó su sacó del perchero que tenía al lado de la puerta y salió a buscar la mujer de su vida, la que siempre había amado y amaría hasta que se le acabaran las fuerzas, la única mujer en el mundo que podía hacer feliz a Edward Cullen. No era otra que Isabella Swann.


Aquí les dejo el primer capítulo de la historia, sé que será corto. Así que no demoraré en actualizar! :D

Gracias por leer!