Hola! Dije que esta semana actualizaría esta historia y así lo he hecho. Básicamente este capitulo es nada más que para ubicarlos en el tiempo y en los cambios ocurridos desde el fin de la guerra, y por supuesto presentarles en las respectivas etapas que están viviendo los protagonistas :) Y Los primeros capitulos son algo cortos, pero luego comienzan a extenderse.

En fin, agradecerles infinitamente por la hermosa acogida y por la impresionante cantidad de alertas y favoritos que he recibido en este fic :) Son lo mejor y lo saben.

Nota importante: Éste fic está contado en ambos puntos de vista (Hermione y Ron) y sabrán que el punto de vista cambia, luego de los tres asteriscos (***).

Finalmente quería dedicarle este trabajo (en el que sigo involucrada a full para poder entregarles lo mejor de mi), a mi queridísima Pri. (Sí, Pri, a ti!) Por estar conmigo desde el mismísimo principio :) Definitivamente te mereces aunque sea una pequeña dedicatoria. Disfrútalo.

Y sin más por ahora... a leer!


And right now there's a war between the vanities
But all I see is you and me
The fight for you is all I've ever known
So come home.

Come home –One Republic


Capítulo 1

Cambios

Una semana antes…

14-diciembre-1998

Querida Hermione:

Te extraño… claro que te extraño… Siento que no fue suficiente aquél encuentro en Hogsmeade, pero esto te lo vengo diciendo desde que nos despedimos…

Harry y yo estamos bastante bien en la Academia, si le quitas claro el tema de los reporteros que están siempre esperando… así es, aún no se aburren (y honestamente yo tampoco, sabes que me gusta la atención). Ya sabes, Harry es quién más se queja, pero ya aprendió a lidiar con ellos. Y dejo de aburrirte con eso, porque Harry debe quejarse bastante en las cartas que te envía.

Así que vamos a lo importante, es decir, a mí. Te alegrará saber que la profesora de defensa contra las artes oscuras cree que tengo mucho potencial (además cree que soy extremadamente guapo… bueno sí, eso lo inventé yo.) Aunque mi problema sigue siendo pociones… ¡Y ya se lo que me vas a decir! Pero simplemente no soy bueno para eso…

¡Ah! ¡Dentro de los próximos días tendremos nuestro segundo simulacro de misión! Harry y yo estamos muy emocionados. Esta vez será sorpresa, así que puede ser en cualquier momento. No te enfades si me tardo en responder, ya me he justificado. Además nos veremos pronto, las vacaciones se acercan y creo que a tu lado será una excelente navidad.

En fin, diles a tus profesores que yo digo que no sean pesados y que no te den muchos deberes, porque te pones demasiado histérica y quiero que estés libre para mí en navidad.

Sigue ganando puntos por montones y castiga a muchos mocosos de Slytherin por mí.

Nos vemos pronto.

Te amo

Ron.

PD: Y con todo el respeto que les tengo a tus padres, debo informarte que esta navidad serás secuestrada. Y no bromeo.

Hermione sonrió como una tonta en la mesa aquél lunes por la mañana. Las mejillas se le habían enrojecido y su corazón se había puesto a palpitar frenético. Dobló la veinticincoava carta que Ron le había enviado desde su regreso a Hogwarts por la mitad y se dedicó a seguir desayunando. Sí, llevaba la cuenta.

Se escribían más de una vez por semana, ya que podían decir con absoluta certeza que no les resultaba muy fácil estar separados. Pero lidiaban con ello, y las cartas ayudaban a aminorar la melancolía. También se habían visto un par de veces en Hogsmeade y hasta una vez Ron utilizó ilegalmente la red flu para poder hablar con Hermione desde la sala común, tal y como Sirius lo había hecho años atrás.

Pero las vacaciones de navidad se acercaban y con ello, el ánimo de Hermione aumentaba considerablemente.

-Debería llevar una cámara para fotografiar la cara de tonta que pones cada vez que mi hermano escribe –Se burló Ginny y Hermione la fulminó con la mirada. -¡Bromeo! –Se justificó Ginny y Hermione negó con la cabeza.

-A veces no entiendo como puedes ser mi mejor amiga…

-De la misma manera que yo no entiendo cómo puedes ser la novia de mi hermano... –Contraatacó y Hermione le dedicó una mirada severa y cogió El Profeta. Reformas en el ministerio, mortífagos en Azkaban, la gran hazaña del "trío de oro" y la reconstrucción exitosa del callejón Diagon eran las noticias que desde hace meses publicaba el profeta. Cómo se notaba que los tiempos habían cambiado.

Las cosas en Hogwarts definitivamente ya no eran como antes. El regreso a clases había sido bastante ruidoso, mientras los novatos de primer año no podían disimular su rostro de sorpresa al verla caminar por los pasillos, al menos sus compañeros sabían que no podían meterse con ella y realmente la prefectura se le estaba haciendo muy fácil de ese modo. Nuevos profesores y nueva directora se habían incorporado al cuerpo académico a principios de septiembre. La profesora McGonagall estaba siendo una excelente directora según el criterio de Hermione, aunque ella extrañaba tenerla como jefa de casa. De todos modos ya se había acostumbrado a la nueva profesora de transformaciones y nueva jefa de casa de Gryffindor. Iris Dogwood, una mujer alta y delgada, con el cabello blanco como la nieve, dueña de una mirada severa que infundía respeto, aunque era muy agradable si llegaban a conocerla. También estaba muy comprometida con sus labores de jefe de casa ya que había sido compañera de la misma profesora Mcgonagall en Hogwarts, años atrás. A Hermione le agradaba y al parecer era mutuo.

También se incorporó a Hogwarts un nuevo profesor de estudios muggles, un mago que no sobrepasaba los treinta años, pero que al igual que Harry y ella, había sido criado por muggles. Aldrich Milderoth, de cabello rubio y tez clara, poseía un buen sentido del humor y conocía el mundo muggle a la perfección. Varias chicas se habían inscrito en esa clase porque el profesor era honestamente guapo, cosa que Hermione creía patética. Aunque Harry se había encargado en recalcarle en sus cartas que no olvidara su antiguo afecto hacia Lockhart, mientras Ron no había hecho ni un solo comentario ante la descripción de Hermione. De todos modos ella no lo encontraba tan guapo.

El siguiente cambio fue el profesor de defensa contra las artes oscuras. Hermione jamás habría pensado que pudiese llegar a extrañar al profesor Snape. Pero después de haber conocido su historia, y de haberse dado cuenta de que había estado frente al hombre más valiente que ella había conocido, ahora sentía cierta melancolía cada vez que entraba al salón. A veces se sentía culpable por haberlo criticado durante tanto tiempo. Sin embargo, Tolbert Larkspur, un hombre con una mirada misteriosa, que siempre llegaba a tiempo para la clase y siempre se marchaba en cuanto la hora terminaba, a quién Hermione jamás había visto paseándose por los pasillos, o cenando en el gran comedor, ni mucho menos sabía donde estaba su despacho, hacia bastante bien su trabajo. Pero sólo eso, no se dejaba ver mucho y nunca miraba a nadie por más de cinco segundos seguidos. Rara vez asignaba puntos, pero al más mínimo error quitaba una tonelada. Al menos Hermione tenía el orgullo de decir que era a la única a la que le otorgó tres veces, veinte puntos.

Se podía decir que a pesar de todo, estaba resultando ser un buen semestre. Aunque el séptimo año estaba repleto de estudiantes. No sólo ella quiso recuperar su último año, ya que la mayoría no había recibido ninguna oferta del ministerio, por lo cuál debían aprobar los EXTASIS. Hermione aprovechaba su primer año sin distracciones relacionadas con oscuros sucesos mágicos, y se dedicaba a estudiar todo el tiempo que podía. Eso sí Ginny no la encontraba para distraerla. De todos modos se lo agradecía, ya que a veces extrañaba bastante los inoportunos comentarios de Ron a su lado cuando estaban estudiando, y las miradas suplicantes de Harry pidiendo ayuda con sus redacciones. Todo ahora era bastante distinto. En un principio sentía que no podía estar allí sin sus mejores amigos, se sentía sola, y varias veces creyó ver una cabellera pelirroja caminando por los pasillos, o ese negro cabello alborotado que Harry siempre llevaba. Era inevitable extrañarlos, a Ron sobre todo, pero pasados ya los meses, se le había hecho costumbre. Y las cartas siempre ayudaban. Aunque a veces ni los recuerdos ni las cartas saciaban su hambre de Ron.

En fin. Ante la distancia no había mucho más que hacer que simplemente dar lo mejor de cada uno para hacer funcionar la relación, y hasta el momento lo manejaban bastante bien. Tal vez tenía que ver con la plena confianza que ambos se tenían tras años de conocerse y probablemente también ayudaba el profundo sentimiento de amor que los unía.

Y en los momentos en los que la desesperación y la soledad embargaban a Hermione, como las noches en las que hacía sus rondas de prefecta en la oscuridad, o cuando recordaba alguna de las tantas anécdotas vividas en aquel castillo, o cuando por las noches soñaba con los gentiles besos y caricias de Ron, simplemente cerraba sus ojos e imaginaba que Ron estaba a su lado. Le bastaba tan solo un segundo para poder sentir su calidez junto a ella, para jurar que había sentido un suave roce… y siempre se consolaba diciéndose a si misma que un día más, era un día menos para volver a verlo.


En la sala de clases existía un silencio absoluto. Sólo era reconocible el frenético roce de la pluma ante el contacto con el pergamino. El profesor de ocultamiento, un hombre viejo repleto de cicatrices, estaba sentado en su escritorio escrutando con la mirada a los estudiantes, mientras en la enorme pizarra que abarcaba todo el ancho de la sala, una tiza flotaba en el aire, escribiendo a toda velocidad. Ron estaba teniendo dificultades para no dormirse, pero en cuanto la tiza alcanzara la esquina inferior derecha, la pizarra se borraría automáticamente, otra vez. Escribía a toda velocidad, como nunca lo había hecho en su vida, intentando siquiera pestañear, porque estaba tan cansado que incluso un pestañeo podría transportarlo a la tierra de los sueños en un segundo. Harry a su lado parecía tan aproblemado como él, moviendo la pluma con demasiada rapidez.

Una vez a la semana tenían clases teóricas de cada asignatura, y aquél día, para su mala suerte, era uno de esos días. Ron encontraba totalmente absurdo que para ocultamiento fuera necesaria la teoría, era mucho más fácil explicarlo y practicarlo. Pero no, en la Academia de aurores todo se lo tomaban muy seriamente, todos tenían la misma mirada de desconfianza en los ojos, y no eran tratados con mucha amabilidad que digamos. Harry lo soportaba bien, era lo que quería y a decir verdad, había sido parte de un intenso entrenamiento previo durante los años anteriores.

En un principio Ron creyó que el ser auror no sería lo suyo, pero al pasar los meses se dio cuenta que era bastante bueno, y si ponía atención hasta tenía buenos resultados en los exámenes. Y ni hablar de las clases prácticas y los simulacros. Era la parte que Ron más disfrutaba.

-Demonios –Murmuró Ron cuando la pizarra se borró instantáneamente, cuando a él sólo le faltaba una línea por copiar. -¿Pudiste copiar la última línea Harry? –Preguntó Ron en un susurro, haciendo que Harry detuviese su frenética escritura.

-Apenas –Le respondió para volver a agitar la pluma con fuerza.

-¡Silencio! –Demandó el profesor Skigs, haciendo que Ron pegase un salto. Volvió a clavar la vista en el pergamino, pero ya se había atrasado unas cuantas líneas. Se lo copiaría a Harry en cuanto volviesen a Grimmauld place por la noche. Ron dejó la pluma a un lado y miró hacia el frente. Se encontró con la acusadora mirada del profesor Skigs y asustado volvió a tomar la pluma y a fingir que escribía. Sin darse cuenta había garabateado ya unas cuentas veces el nombre de Hermione. Sonrió ante tal hecho. Siempre se descubría pensando en ella cuando no se daba cuenta, y es que la extrañaba. Pero siempre que aquella sensación de vacio se apoderaba de él, recordaba que ya no eran simples amigos, si no que era su novia, y ese pensamiento lo hacia inmensamente feliz.

El timbre sonó sobresaltando a Ron, haciéndolo marcar una fea línea sobre el nombre de Hermione. Él miró disgustado el resultado de su obra de arte y dobló su pergamino inconcluso, preparándose para salir de aquella aburrida clase, listo para su merecido almuerzo y posterior descanso.

En la AAL (Academia de Aurores de Londres), las cosas eran muy diferentes a Hogwarts. Cada comienzo y fin de una clase estaba marcado por un molesto timbre al que Ron no podía acostumbrarse. Harry le había dicho que en varias escuelas muggles esa era la señal para entrar o salir de clases, pero Ron creía que era simplemente absurdo. En el primer día de entrenamiento el director había mencionado el por qué de algunas normas de la Academia, pero sencillamente Ron no podía recordar mucho. Lo del timbre significaba algo como: "la responsabilidad de cada alumno para ser capaz de llegar e irse de una clase con autonomía" o alguna basura así.

Harry lo estaba esperando en la puerta del salón mientras charlaba con un par de chicos bastante amables de la clase. Ron se apresuró en alcanzarlo y ambos, acompañados de los dos chicos, se dirigieron al comedor.

-Skigs es una verdadera pérdida de tiempo –Se quejó Mark Arcanite, un chico de mediana estatura, con el cabello rubio y los ojos azules. Ron siempre lo había comparado con Luna, tenía la misma mirada soñadora y a veces se entusiasmaba hablando sobre constelaciones y cosas que el no entendía. Si no fuera porque el chico tenía los pies bien puestos en la tierra, el habría jurado que era un pariente perdido de Luna o algo así. Harry y él, debían presentarlos.

-Cuando tenemos este tipo de clases, pues sí… es una completa basura -Convino Ron.

-¿Alguno termino de copiar? Ni Mark ni yo pudimos alcanzar al viejo Skigs… -Dijo el otro chico. Cepheus Bootes tenía el estereotipo de jugador de quidditch aunque jamás había tomado una escoba por un trauma que tuvo cuando niño con las alturas. De todos modos el chico medía casi un metro noventa, y era bastante fornido. Causaba suspiros entre las chicas a pesar de ser más bien tímido. El chico era bastante simpático y Harry y Ron acostumbraban pasar bastante tiempo con el moreno de ojos cafés.

-Harry lo hizo… y yo casi pierdo mi brazo al intentarlo –Dijo Ron y los chicos soltaron una carcajada.

-¿Creen que podamos vernos después de clases? –Preguntó Cepheus mirando su reloj.

-Claro –Dijo Harry –Pueden pasar por Grimmauld place, no hay problema. Además me gustaría que me ayudaras con el examen de Ataque y defensa.

-Bien. –Dijo Cepheus algo distraído, buscando a alguien entre la multitud. Ron rodó los ojos. Tal vez por pura y poco sana envidia al poder tener a su novia con él. –Lo siento, Lavender está esperándome, quedé de almorzar con ella. –Dijo él. La primera vez que Ron había escuchado el nombre de la novia de Cepheus, casi le da un infarto. Pero cuando la conoció, no resultó ser más que un desafortunado alcance de nombre. La chica no tenía nada que ver con la Lavender que él había conocido, era agradable y lo más importante: no pasaba el día metiéndole la lengua hasta la garganta. Es más, ni siquiera lo había intentado. –Nos vemos más tarde –Anunció en cuanto la vio caminando con sus amigas de segundo año.

-Nunca voy a entender como tiene novia con ese nombre… ¿quién en su sano juicio puede llamarse Cepheus? –Bromeó Ron. Desde el primer día se había encargado de molestar al pobre de Cepheus. Al menos el tenía el sentido del humor suficiente como para soportarlo.

-Al menos el tiene novia –Comentó Mark.

-No te preocupes Mark –Dijo Harry. –En cuanto podamos te presentaremos a Luna. –Sentenció. Tal vez los más entusiasmados con la idea eran él y Harry. Se habían esmerado tanto en hablarle de Luna que Mark estaba comenzando a asustarse.

-Podemos presentársela en la fiesta –Propuso Ron.

-¿Fiesta? –Preguntaron Harry y Mark al unísono.

-Sí, la fiesta –Dijo Ron con toda la naturalidad del mundo y luego recordó: -Cierto Harry, olvidé mencionarte lo de la fiesta…

-¿Qué fiesta? –Insistió Harry.

-Bueno había planeado darle una fiesta a Hermione cuando acabe el curso y luego se me ocurrió dar una gran fiesta para todos los graduados… bueno no todos… ya sabes Hermione, Ginny, Luna, Neville y los demás…

-Gracias por mencionarlo –Dijo Harry con sarcasmo.

-Lo siento, aunque se que estarías de acuerdo… Hermione es como tu hermana y bueno Ginny… ya sabes lo que es Ginny…

-Mi novia –Interrumpió Harry divertido.

-Sí, sí lo que sea… -Dijo Ron.

-¿Aún no supera que su hermana sea tu novia? –Preguntó Mark divertido y Harry negó con la cabeza mientras Ron bufaba. –No te preocupes… mi mejor amigo salió con mi hermanita también…

-¿Cepheus? –Preguntaron Harry y Ron rápidamente.

-No, fue mucho antes que Cepheus… el punto es que nunca pude acostumbrarme a ello. Así que te entiendo.

-Gracias –Dijo Ron.

-¡No es justo! –Se quejó Harry –He tenido que aguantarme todas sus intestas sesiones de besuqueos mientras yo no puedo ni abrazar a Ginny frente a ti…

-¡Yo no besuqueo a Hermione frente a ti! Bueno, puede que solo un poco, hasta que ella me recuerda que estás presente además, si puedes abrazar a Ginny –Dijo Ron –Sólo que no tan… bueno… Simplemente agradece que no te haya dado una paliza solo porque me caes bien. –Concluyó.

-Bien, bien como sea. Me he cansado de tener esta discusión una y otra vez…

-Ya lo superarán –Sonrió Mark.

-Por los pantalones de Merlín –Se quejó Ron al llegar al comedor atestado de gente –Sigo insistiendo que deberían separar los horarios de comida, aquí no cabe tanta gente. –Esa había sido otra de las estúpidas normas de la Academia: La puntualidad, el orden, la organización y el trabajo en equipo. Absolutamente todo lo que ocurría en la Academia, desde las clases hasta ir al baño tenía una razón.

-Allí está Remo –Dijo Mark. –Nos vemos más tarde. –Anunció y comenzó a moverse entre el mar de gente. –Remo era el hermano de Mark, tan alto y tan moreno como él. Estaba ya en su último año y acostumbraban a almorzar juntos.

-Bien… somos tú y yo contra el mundo –Bromeó Ron y Harry se lanzó a reír. –Otra vez.

-Sólo ponte en la fila –Dijo Harry. Y allí comenzaba la verdadera batalla por conseguir un plato de comida. En la AAL las cosas no eran fáciles. No habían comodidades ni mucho menos elfos domésticos que sirvieran la comida por arte de magia (por lo cuál Hermione había estado más que contenta cuando Ron se lo mencionó), si no que personas normales y corrientes (squibs o magos retirados que necesitaban un sueldo) preparaban la comida y la servían después de que los estudiantes hicieran una infernal fila.

-Me pregunto que demonios habrá de comer hoy… -Dijo Ron mientras frotaba su estómago que reclamaba por comida.

-De seguro cualquier cosa mejor que lo que tú preparas en casa –Dijo Harry y Ron bufó.

-Soy un héroe y un auror. Yo no cocino –Se defendió Ron y Harry volvió a soltar una carcajada.

-Si claro –Dijo Harry con sarcasmo.

-Disculpa… -Dijo una voz femenina mientras tocaba suavemente la espalda de Ron. Él se volteo y se encontró con una chica a la que jamás había visto en su vida. Era bastante bonita (pero no tanto como Hermione), con el cabello rubio liso cayéndole por abajo del hombro y los ojos color miel. -¿Tienes una pluma? –Preguntó ella y Ron se sintió nervioso. Se sintió además completamente infiel por creer que la chica era bonita, así que se controló y le dijo con amabilidad:

-Claro aquí tienes –Ron rebuscó entre sus cosas mientras avanzaba lentamente hacia delante entre el mar de gente. La chica sonrió tontamente y cogió la pluma. No es que Ron no hablara con ninguna chica, pero al estar frente a ella se puso completamente nervioso sin razón alguna.

-Gracias –Sonrió ella. Ron sonrió de vuelta y asintió. Harry lo miraba divertido y Ron mostraba demasiada culpabilidad en el rostro.

-Relájate Ron –Le murmuró Harry por lo bajo –No estás engañando a Hermione por hablar con otra chica… Además, ¿crees que Hermione actúa así cada vez que habla con un chico? –La idea no pareció gustarle. ¿Hermione hablando con otros chicos? Ron suspiro. Claro… no podía molestarse por eso, sería estúpido pensar que Hermione no hablaba con otros chicos. Así que Ron se relajó y continuó avanzando por la fila, mientras la chica tras él continuaba enfrascada en lo que sea que estaba haciendo con su pluma.

-Ten, muchas gracias Ron –Dijo la rubia y le devolvió la pluma. Ella le sonrió abiertamente, y si Ron no fuera un real tonto en los temas del amor, hubiera jurado que ella le estaba coqueteando.

-Si, de nada… -Dijo el despreocupado, guardando su pluma en su mochila. La chica seguía allí de pie mirándolo como idiotizada y Ron comenzó a ruborizarse, mientras sentía como Harry delante de él contenía una carcajada.

-¡Juls! ¿Qué haces ahí? ¡Ven! –Le gritó otra chica, era pelirroja y tampoco la había visto jamás. La chica que respondía al apodo de "Juls" se ruborizó y soltó una risita que le recordó desagradablemente a Lavender Brown. "Juls" se salió de la fila casi corriendo y fue al encuentro de su amiga quién no paraba de mirar a Ron. Finalmente Harry soltó una carcajada.

-¿Cuál es su problema? –Preguntó Ron.

-No lo sé –Contestó Harry sonriendo. –Pero me alegra bastante compartir la atención contigo… -Agregó Harry.

-Muy gracioso –Dijo Ron aunque de cierto modo entendía a Harry. Él había pasado años siendo el centro de atención de las miradas y por primera vez estaba compartiendo eso con Ron. Y lo estaría compartiendo con Hermione también si tan solo ella estuviese allí… -¿Quién es? –Preguntó antes que la melancolía le ganara la batalla.

-¡Compartes una clase con ella Ron! –Exclamó Harry extrañado. Ron buscó en su cabeza durante unos segundos pero no encontró nada así que se encogió de hombros. Harry rodó los ojos y contestó:

-Es Julia Ballclay… ¿o es Dallclay? –Dudo Harry y luego se encogió de hombros. –Bueno es algo así.

-Juro que nunca la había visto –Dijo Ron mientras esperaba ansioso que fuera su turno en la fila.

-Parece que pasas mucho tiempo pensando en Hermione… -Comentó Harry sugerentemente y Ron sonrió. Sí, definitivamente pasaba mucho tiempo pensando en ella.

-Y parece que tu pasas demasiado poco pensando en Ginny –Acusó Ron -¡Te sabes los nombres de casi todos aquí! –Dijo y Harry rió.

-Simplemente tengo mejor memoria que tú. Además la mayoría de estas personas me saludan en los pasillos…

-Así es la fama… -Se burló Ron.

-¡A ti también te saludan!

-Pero no les pongo atención –Rebatió Ron.

-Es porque no tienes modales y yo sí. –Dijo Harry y Ron bufó. Harry había ganado la discusión esa vez. –Como sea… tienes algo con las rubias –Se burló Harry.

-Oh no, muchas gracias –Dijo Ron negando con la cabeza. –Definitivamente algo no anda bien con las rubias. Además estoy más que satisfecho con Hermione.

-Yo diría más que muerto por ella –Corrigió Harry y Ron ni se molesto en negarlo. Probablemente era verdad. –Han sido años babeando por ella como para lanzarlos a la basura por una chica a la que le has prestado una pluma, ¿no?

-Ya cállate Harry –Dijo Ron riendo. –Y ahora muévete que nos quedamos sin almuerzo.

Harry tenía razón. Habían sido demasiados años como para echarlos a perder por cualquier chica.

Merlín como la extrañaba… la navidad estaba tan cerca pero le parecía que faltaban años para estar junto a ella. Entonces cerró los ojos (como cada vez que la extrañaba) y se la imaginó estudiando en la biblioteca (Sí, esa era su manera favorita de recordarla). Entonces sonrió y al abrir los ojos, al fin era su turno para almorzar.