¡Hola chicos! Por fin traigo el segundo capítulo de esta historia que como les dije me emociona y me gusta mucho. Creo que a partir de ahora he comenzado a meter algunos cambios que espero sean de su agrado, aunque todavía son pequeños ¡en el futuro ya serán mucho más grandes! Cualquier duda o sugerencia háganmela saber y con mucho gusto se las responderé ^.^

Agradecimientos: ¡Mil gracias a todos los que dejaron sus reviews, a los que la agregaron a favoritos o le dieron alerta! Espero seguir contando con su apoyo *o*

*Aiko1991: Aiko-chan ¡Muchas gracias por tu comentario y tu apoyo! Espero que te guste la reacción de nuestra querida Orihime jeje*o*

*Mariel Solemi15: Muchas gracias por tus palabras y apoyo para esta historia Mariel-chan, ¡Espero que este capítulo te guste!

*Orox Inoshuke: Jeje, esta película también es mi favorita, Agradezco tu confianza y espero que este capítulo y el coraje de Chad sean de tu agrado. n_n

*De tin Marin09: Gracias por tus comentarios, ojalá te gusten los cambios que como he dicho aun no son muchos o muy grandes, pero serán importantes después. *u*

*Some no mai: Te la recomiendo mucho (la película) ¡Me encanta! Gracias por tu comentario, espero que este capitulo también te guste.

*Hisis-chan: Jejejeje, Yo también he visto qué le hace Starfire a Robin ¡Y tu idea me pareció genial! Estoy buscando cómo acomodarla ^.^ Pero por lo pronto creo que esta vez hay algo que te va a gustar.

*Annyelica: Siento mucho la tardanza pero tuve algunos problemas para decidir hasta donde terminar el capítulo. Ojalá algunas de tus dudas sean contestadas ahora *o* ¡Gracias por el comentario!

*Adriana: Jejeje ya lo dijo Ichigo, al menos la gata regresa. Gracias por tu comentario y espero que este capitulo también te guste!

*SakurA-VioletA: ¡Gracias por tu confianza Sakura-san! Yo también amo el Quinto Elemento y el Ichihime, espero seguir contando con tu apoyo y comentarios. *u*

*Nypsy: Oh Nypsy! Tienes toda la razón aunque ahora todavía seguiré la trama de la película ya planee los cambios que le voy a hacer y espero de todo corazón que sean de tu agrado. Y bueno, sobre lo del personaje de Chris Tucker, lamento decirte que no saldrá sino hasta dentro de un par de capítulos, pero después de muuuuucho pensar y quebrarme la cabeza (y quebrársela a mis amigas) ya se quien será jeje! ¡Mil gracias por tu apoyo no sólo a esta sino a todas mis historias!

*Ryuketsu no Hana: ¡Gracias por tu comentario! Espero que te guste el capítulo *.*

Disclaimer: Bleach y todos sus personajes son propiedad de Tite Kubo-sensei, la historia está basada en la película "El quinto elemento" con algunos cambios de su servidora *u*

¡Disfruten!

XoXoXo

El beso y El arma

—A-ayudame—El muchacho logró escucharla y girando nuevamente a la parte trasera la vio con una mirada de terror y lágrimas amenazando salir de sus bonitos ojos grises.

—Ayu-dame, por fa-favor—Repitió ella llevándose una mano a la cara para cubrirla. Ichigo miró al oficial que ya estaba a punto de subir al taxi para llevársela y una vez más a los ojos grises que suplicaban su ayuda.

—¡Chad me matará!—Exclamó el chico mientras tomaba el volante sin saber realmente lo que estaba haciendo. Encendió el auto y pisó a fondo el acelerador dejando al oficial colgando de la patrulla para tratar de huir de la segura persecución que los esperaba. Mirando por el retrovisor se encontró con un par de ojos grises que le dedicaron una mirada agradecida, haciendo que todo valiera la pena. Sin embargo, el auto parecía no querer dejarlo olvidar pues en cuanto arrancó la voz femenina habló una vez más diciendo: "Señor Kurosaki, quedan cero puntos en su licencia." El joven sólo rodó los ojos y maldijo a la máquina por recordárselo mientras seguía pensando qué hacer.

Ichigo no sabía ni siquiera a donde dirigirse y ya podía escuchar las sirenas de las patrullas muy cerca de ellos. Olvidándose por completo de manejar con precaución comenzó a esquivar autos e incluso a conducir en sentido contrario. Todas las patrullas de la zona fueron alertadas de la huida del taxi uniéndose así a la carrera. Varias veces estuvieron a punto de chocar con otros carros teniendo que dar giros de último minuto. Ichigo estaba seguro en la cabina del conductor pues traía su cinturón de seguridad, pero la pobre muchacha giraba y se estrellaba contra las paredes de la parte trasera sin poder hacer nada para evitarlo. De un momento a otro pareció que Ichigo había logrado esquivar a las patrullas dando vuelta en una calle; respiró aliviado e ignorando por completo los gritos de la chica dijo más para si mismo que para ella:

—Si no te persiguen por un kilómetro ya no lo hacen.—Pero el alivio duró poco porque varias patrullas se posicionaron al frente y detrás del taxi cerrándole el paso. La chica notó esto y comenzó a gritarle desesperada al joven y a golpear el cristal que dividía las dos partes del taxi. Ichigo trataba de pensar en medio de la locura que lo rodeaba; sin ninguna otra opción dejó caer el auto en picada hacia la parte "subterránea" de la ciudad. Mientras más descendían se podían apreciar las ruinas de lo que anteriormente había sido la metrópoli: edificios, tiendas y la línea del metro. Todo lo que solía brindarles servicio a las antiguas generaciones se encontraba ahí, sólo que ahora era ocupado como bodegas y zona de entrega de mercancía para las nuevas tiendas de las alturas, cubierto a la vista de todos por una espesa niebla.

—¡Aystegh galis yen! ¡Shtapel!—Gritaba la chica alarmada y golpeando con más fuerza el cristal. Ichigo que comenzaba a enojarse porque eso no ayudaba en nada y para colmo no entendía nada de lo que le gritaba, siguió la línea de un tren de carga de un restaurante de comida rápida para huir de las patrullas que no cesaban su persecución.

—¡¿Podrías callarte?—Gritó el joven perdiendo al fin la paciencia, pero la chica pareció no hacerle caso y continuó gritando con más fuerza como si lo hiciera a propósito.—Mira, yo sólo hablo dos idiomas: japonés y mal japonés y si no eres capaz de… —Pero Ichigo no pudo terminar su frase porque justo frente a ellos una patrulla se detuvo comenzando a dispararles.—¡Al suelo!—Fue lo único que pudo decir mientras se metía debajo del volante cubriéndose la cabeza con las manos para evitar que alguna bala le diera. Después de unos minutos los disparos se detuvieron y las patrullas se alejaron del lugar dejándolos al fin en paz.

Con cuidado Ichigo salió de su escondite y se dirigió a la cabina de pasajeros para saber si la chica seguía con vida. Cuando logró pasar la vio tendida en el suelo pero al parecer sólo estaba desmayada. Con mucho cuidado la tomó entre sus brazos y alejando con delicadeza algunos mechones de cabello de su cara le preguntó: —¿Estás bien?—Le dijo preocupado; la chica no reaccionaba y eso comenzaba a asustarlo. En ese momento sus ojos se abrieron mirando directamente a los del chico y con un poco de dificultad le dijo: —Pa-padre Juushi-ro, Juu-shi-ro Ukitake—Después de eso la chica volvió a perder la conciencia dejando al muchacho muy confundido.

Después de meditarlo un poco, Ichigo la acomodó en el asiento trasero y volvió a tomar su lugar frente al volante. Con temor giró la llave pero gracias al cielo el auto encendió a pesar de tener un agujero en el techo cortesía de la muchacha y varios hoyos por las balas. En el GPS del auto tecleó el nombre del padre y un punto rojo apareció en un mapa de la ciudad. "Veamos si este padre es de fiar" pensó mientras comenzaba a avanzar hacia la dirección señalada.

Una vez que llegó al lugar se encontró con un edificio más rústico y pequeño que los demás aunque pareciera extraño. La entrada era imitación madera y estaba abierta. Estacionó el auto detrás de otro y con cuidado tomó a la inconsciente chica en sus brazos; al hacerlo notó que era muy ligera y que además tenía demasiada piel al descubierto, cosa que lo sonrojó un poco. Al llegar a la puerta vio a un hombre de mediana edad viendo el televisor y le preguntó:

—¿Sabe dónde puedo encontrar al padre Ukitake? —Sin dejar de mirar el televisor y comiendo una fritura el hombre respondió:

—Piso 17 departamento 171.—El joven subió al ascensor y marcó el piso que el hombre le había indicado. Cuando salió giró a la izquierda y encontró la puerta marcada con el número 171 que tocó de inmediato. Después de unos segundos el padre Ukitake abrió la puerta y con una sonrisa amigable le dijo:

—Lo siento hijo pero las bodas son en el piso de arriba.

—¡Ella no es mi novia!—Contestó el joven un poco irritado entrando a la casa del padre como si fuera suya.—Es mi pasajera y nadie sabe quien es, lo único que tiene es este tatuaje en la muñeca.—Dijo señalando un tatuaje en forma de flor con seis pétalos en un tono azul muy claro que estaba en la muñeca de la chica.

—¿Qué dijiste? ¿Un tatuaje? ¡Déjame ver!— El padre se acercó a la joven inconsciente y le tomó la muñeca. En cuanto lo vio sus ojos se abrieron como platos y comenzó a decir incoherencias y a dar vueltas en su sitio para después, finalmente desmayarse. Ichigo miró sorprendido el espectáculo de aquel hombre sin entender por qué había hecho tanto alboroto. Con cuidado depositó a la chica en un sofá que estaba a sus espaldas y se acercó al padre.

—Oiga, padre… ¡Despierte!— Con un poco de brusquedad Ichigo tomó al hombre del cuello de la túnica y le dio un par de cachetadas para que despertara. De inmediato Ukitake se incorporó como si nada hubiera pasado siguiendo con la misma actitud nerviosa y emocionada.

—Dime jovencito, ¿Qué más sabes de ella?—Le dijo acercando su rostro al del joven de forma interrogativa pero acusadora. Ichigo se llevó la mano a la nuca con un poco de fastidio; definitivamente ese hombre estaba enloqueciendo y él no quería ser parte de ese show.

—¡Nada, ya se lo dije! Nadie sabe quién es ni de dónde salió. Cayó del cielo sobre mi taxi hablando no sé que tantas cosas en un idioma extraño.—Respondió con los ojos cerrados y expresión enojada alejándose del padre y dirigiendo su mirada a la chica en el sofá.

—¡Claro! El lenguaje divino. Pe-pero Él es… es… ¡Ella!—Exclamó Ukitake con una sonrisa tonta en su rostro mirando con ternura a la joven.

—¿Ya lo notó?—Comentó Ichigo con un poco de sarcasmo dirigiendo su mirada a las bien definidas y proporcionadas curvas de la joven que resaltaban más con las bandas térmicas que apenas las cubrían.

—¡Dios mío! ¡No puedo presentarme ante la suprema vestido de esta forma! Hijo, despiértala pero hazlo con cuidado porque ella es muy, muy importante. —El padre salió disparado a una habitación de la casa dejando a los pelinaranjas solos.

Ichigo miró fijamente a la joven dormida en el sofá y sin darse cuenta comenzó a caminar hacia ella. Se veía tan hermosa y tranquila que sin pensarlo dos veces se dejó llevar por sus impulsos. Con cuidado se sentó en la orilla del sillón mientras acariciaba delicadamente la cara de la chica con la yema de los dedos—Despierta preciosa— Dijo casi en un susurro. Su piel se sentía suave y muy cremosa mientras que sus labios entreabiertos estaban llenos de un color rosado muy apetecible, "perfecta" se recordó a si mismo con una sonrisa de lado. Poco a poco se acercó más a la joven hasta que sus labios quedaron a un centímetro de distancia pudiendo respirar el suave aroma de la chica hasta que por fin la besó. Su boca era tan delicada y sabía realmente bien; no podía creer lo que estaba haciendo pero definitivamente le gustaba.

De pronto la chica abrió los ojos mirando extrañada al joven que la besaba y sin pensarlo dos veces tomó la pistola que él traía en el cinturón y apuntándola directo a su cabeza se levantó del asiento cambiando su mirada a una enojada. Su mano estaba firme en el arma y su dedo estaba en el gatillo listo para disparar.

—¡Arrants´ im t´uyltvut´ yan!—Dijo la joven con una voz enojada que parecía advertirle algo mientras seguía apuntando a Ichigo que se había alejado de ella.

—Tranquila, tranquila. Ya entendí, no volverá a pasar—Dijo Ichigo con las manos a cada lado de su cabeza tratando de calmar a la joven armada.—Mira, soy yo ¿No me recuerdas? Caíste en mi taxi con un ¡boom!—Dijo haciendo un círculo imaginario con sus manos delante de su cara.

—Boom—Repitió la joven bajando un poco el arma dando a entender que sí lo reconocía pero sin abandonar su expresión dura.

—¡Eso es! ¡Buen bada-boom! Mucho gusto, me llamo Kurosaki Ichigo. Mira ¿ves? Ahí lo dice. Llámame cuando sepas hablar japonés.—Le dijo mientras sonreía y le extendía una tarjeta de presentación con cuidado pues todavía sostenía el arma. La chica lo miró extrañado y le arrebató el papel de la mano distrayéndose un poco y bajando el arma por completo.

—Uf, me alegra que ya te hayas calmado—La chica volvió a mirarlo como dando a entender que no le había dado permiso de hablar y de nuevo levantó el arma.—Ya entiendo, ya entiendo, no dije nada.—Dijo volviendo a levantar los brazos. En ese momento una especie de crujido se escuchó haciendo que la chica se llevara la mano libre al estómago; Ichigo sólo sonrió de lado y con cuidado para no alterar a la chica buscó en su cinturón lo que parecía ser una pequeña cápsula que al apretar dejó ver algo pequeño y redondo con un hueco en el centro y una cobertura café con puntos rosas y azules. Ichigo extendió el pan hacia la chica y le dijo:

—Parece que tienes hambre. Toma, es una dona, cómetela sabe bien.—La chica dirigió su mirada a lo que Ichigo le ofrecía y después a los ojos cafés del muchacho, que mientras decía esto juntaba sus dedos acercándolos y alejándolos de su boca para dar a entender que eso se comía. Después de unos segundos decidió que era confiable y se acercó a él; con cuidado tomó la dona de sus manos haciendo un leve contacto que la sonrojó un poco para luego llevarse el pan a la boca. En el instante en que el dulce pan tocó sus labios su expresión se transformó por completo: Sus ojos se abrieron muy grandes y un brillo especial apareció en ellos; una sonrisa muy amplia se dibujó en sus labios mientras comía y un aura de felicidad la rodeó haciéndola ver adorable a los ojos del joven que también sonrió ante la vista que tenía enfrente. Mientras la chica seguía disfrutando el pan Ichigo recordó que aun había algo que no sabía.

—Y dime, ¿Cómo te llamas?—La joven que acababa de terminar el pan lo miró extrañada mientras se limpiaba la boca con el dorso de la mano todavía con el arma directo al pecho del joven—Si, ya sabes, Ichigo —Dijo mientras se tocaba el pecho con la mano y luego la señalaba a ella en espera de que le dijera su nombre. Como la chica no parecía entender repitió la operación—Ichigo y…

—Ashira Adama Alina Orihime Bitia Milka Inoue Navit—Dijo la joven pronunciando todo muy rápido. Ichigo la miró desconcertado por el gran nombre que tenía para luego decir:

—Wow, eso es muy largo ¿No tienes una versión corta?—De nuevo lo miró extrañada—Si, como el mío, Kurosaki Ichigo… corto. —Dijo mientras que con sus manos muy separadas intentaba demostrar lo largo del nombre de ella y cuando dijo su nombre las acercó de golpe para que ella viera lo que era corto. Después de pensarlo unos segundos al fin dijo:

—Orihime

— ¡Ves! Ichigo y Orihime. Muy bonito nombre, mucho gusto.—Dijo mientras caminaba unos pasos hacia ella. En ese instante el padre entró de nuevo en la sala vestido con su misma túnica pero con una bata blanca sin mangas sobre ella y en la espalda se podía ver un rombo negro con una cruz y tres líneas horizontales debajo representando el número 13.

Sin embargo, esta vez el padre no venía sólo. Tras él se encontraba un joven delgado, cabello negro azulado y gafas que vestía un traje blanco con líneas azules en el cuello de la camisa y al centro de esta de forma vertical, además de que traía una capa. Su nombre: Ishida Uryu.

—¿E-es ella, padre? ¿Está seguro que ella es el ser supremo?—Dijo Uryu mirando a Orihime. Ichigo volteó a verlos y no pudo evitar soltar una risita al ver su ropa.

—¿Dónde es la fiesta de disfraces? —Dijo de manera burlona mirando el traje de Uryu cosa que molestó al pelinegro.

—Para que lo sepas, este es el traje oficial para recibir al supremo. Pero claro, qué va a saber un yankee como tú lo que se debe hacer frente al ser supremo del universo y cómo debe tratársele—Le respondió el joven con una mirada de suficiencia y cruzándose de brazos.

—¿Qué dijiste cuatro ojos?—Ichigo estaba dispuesto a golpear a Uryu pero la cara de Orihime lo detuvo, pues en cuanto vio al padre una gran sonrisa de alivio y felicidad apareció en su rostro. El hombre la miró y con una gran sonrisa le mostró una llave dorada de estilo muy antiguo: la parte superior formaba la misma flor que tenía tatuada la chica en la muñeca pero con rectángulos haciendo que la figura sólo pudiera apreciarse vista desde arriba y la parte que encajaba en la cerradura era larga y terminaba en dos grandes bordes cuadrados.

—Dime muchacho, ¿Cómo te llamas?—Le preguntó el padre con urgencia.

—Kurosaki Ichigo—Dijo el joven viendo al padre para luego voltear a ver a Orihime y con un gesto pícaro le repitió—Ichigo.—Al parecer la chica no lo tomó con mucha gracia pues volvió a apuntarlo con el arma que no había dejado de sostener.

—Está bien, no lo vuelvo a hacer. Ah por cierto, ¿Cree que podría decirle que me devuelva mi arma? —Dijo Ichigo mirando al padre por tercera vez con los brazos levantados al lado de su cabeza.

—Si, si señor Kurosaki. Muchas gracias por traerla — Dijo el hombre empujando a Ichigo hacia la puerta.—Pero creo que es mejor que se vaya a su casa ha sido un día ajetreado y necesita descansar.

—¡Oiga padre espere! Ella dijo algo que no entendí, aunque no entendí nada de nada, pero ¿Qué significa Arrants´ im t´uyltvut´ yan?—Dijo Ichigo deteniendo la puerta antes de que el padre la cerrara viéndolo directo a la cara.

—"No sin mi permiso"—Dijo el padre con urgencia tomando la puerta listo para cerrarla.

—Eso imaginé. Adiós Ori…

—¡Adiós muchacho!—Dijo el padre interrumpiéndolo y cerrándole la puerta en la cara.

Durante el trayecto de vuelta a su casa, Ichigo no había dejado de pensar en todo lo que había sucedido desde la mañana, pero sobre todo no podía dejar de pensar en Orihime y en el beso que le había robado. Su estancia en el ejército y lo que había pasado con su ex mujer lo habían vuelto duro en cuestiones amorosas y aunque seguía en busca de la chica perfecta como le había dicho a Chad, no se abría fácilmente; pero esa chica era diferente y él no pudo evitar besarla pero al parecer a ella no le había gustado para nada y lo había arruinado todo. —Soy un idiota—Se dijo mientras estacionaba el auto maltrecho de vuelta en la cochera de su casa. Caminó despacio hasta su departamento y cuando entró lo recibió un maullido ansioso.

—¡Rayos! Lo siento cariño pero olvidé tu comida—Dijo mirando a la gata que se acurrucaba entre sus pies—¿Qué te parece una rica comida mexicana para compensar?—Mientras decía esto su teléfono comenzó a sonar; cuando vio el nombre de quien llamaba en la pantalla una cara de susto apareció en su rostro y un sudor frío le recorrió la nuca.

—¿Di-diga?

—¡Ichigo, qué bueno que contestas! ¿Cómo está el taxi?—Chad, que ya sospechaba que algo no andaba bien comenzó a desesperarse, él conocía perfectamente a Ichigo y sabía por el tono de su voz que le ocultaba algo.

—¡Cha-chad! ¿El taxi? Por supuesto que está bien, suave como un gatito—Le respondió buscando un cerillo para encender su cigarro mientras se sentaba en la cama.

—Por favor Ichigo. La palabra bien no está en tu vocabulario ¿Qué le pasó?— Al fin Chad perdió la paciencia y comenzó a gritarle al muchacho que sólo se encogió alejando el teléfono de su cara—No me digas, ¿Volviste a chocar verdad? ¡Te he dicho miles de veces que no conduzcas como un maldito loco!—No, no fue… —Trató de defenderse Ichigo—¡Ah! ¡Entonces fue la defensa o el parabrisas! ¡Entiende que no estás manejando una nave del ejército! Es un taxi ¡UN TAXI! Por todos los cielos Kurosaki, es imposible razonar contigo—Ichigo que ya se estaba empezando a molestar por las acusaciones sin sentido (no es que el taxi estuviera bien, pero no era por culpa suya) respiró profundo al escuchar que su amigo estaba dispuesto a oír su historia y comenzó a hablar:

—Mira Chad, sé que es muy probable que no me creas y que posiblemente alguna de las opciones que diste pudieron haber ocurrido o quizá ocurran algún día…

—¿¡Qué dijiste!—Exclamó Chad volviendo a enfurecerse.

—Pero una pasajera me cayó del cielo… Ya sabes, una de esas que no puedes resistir—Mientras decía esto sus ojos se iluminaron al recordar nuevamente a la pelinaranja.

—¿Ah sí? ¿Y cómo es ella?—Preguntó Chad interesado en el relato de su amigo olvidando el asunto del taxi.

—1.60, piel tersa y muy suave, cabello largo y naranja, delicada y con unos hermosos ojos grises. Es… perfecta.

—Ya veo… ¿Y la señorita perfecta tiene nombre?

—Orihime—Dijo Ichigo dejándose caer en la cama, suspirando y con una sonrisa boba en su rostro.

XoXoXo

En la casa del padre Ukitake la joven Orihime se encontraba sentada frente a la pantalla de una computadora viendo muchas imágenes y leyendo textos al parecer de una enciclopedia de manera tan veloz que nadie pensaría que en realidad les estaba prestando atención. Detrás de ella Ukitake y Uryu la miraban sorprendidos.

—Oiga padre ¿Qué está haciendo?—Le dijo señalando a la chica para luego cruzarse de brazos.

—Esta investigando nuestra historia, lo que se perdió el tiempo que no estuvo—Dijo Ukitake con una sonrisa paternal en su rostro. Mientras, en la pantalla la chica veía una película de Bruce Lee y al tiempo que el hombre hacía complicadas posiciones de artes marciales ella intentaba copiarlas sosteniendo una pierna de pollo untada con lo que parecía ser jalea de frijoles dulces; un momento después probaba un bocado de pescado con chocolate ante la mirada de desagrado de los hombres . Cuando buscó más comida en los platos tanteando con la mano sin despegar la vista de la pantalla, notó que estos estaban vacíos. Con un salto se levantó de la silla y vaciando un polvo de color rosado en uno de los platos lo metió al microondas sacando de este un plato lleno de donas humeantes.

—Donas… ¡Ricas!—Dijo con una amplia sonrisa mientras le daba una mordida a una dona de azúcar.

—Si… Veo que tiene gustos extraños para la comida—Dijo Uryu levantándose los lentes con el dedo índice. El padre sólo sonrió y llevándose una mano a la cabeza le dijo:

—Siento interrumpirte linda pero… ¿Dónde está la caja de las espadas?

—Yen goghats´yel—Dijo la joven mirando a los ojos a Ukitake que sorprendido gritó:

—¿¡Cómo que se las robaron! ¿Pero quién pudo haber hecho algo así?

En otro lugar de la ciudad, dentro de un gran edifico corporativo se encontraba un hombre caminando tranquilamente por un pasillo en dirección a las bodegas. Su paso era calmado y llevaba las manos en la espalda. Era alto y de constitución fuerte, su cabello era largo hasta los hombros y un poco ondulado; en su cara se podía ver una cicatriz en forma de cruz que iba desde el lado derecho de su frente, cruzando por su nariz hasta terminar en su mejilla izquierda debajo del ojo y lo mismo pero del lado contrario; vestía un traje negro impecable y una camisa blanca. Ginjo Kugo, el dueño de la gran corporación Kugo se dirigía a resolver unos negocios cuando uno de sus empleados lo alcanzó siguiendo su paso.

—Señor Kugo—Dijo uno de sus asistentes; un sujeto visiblemente más bajo que Ginjo con nerviosismo mientras luchaba por no perderle el paso—El consejo está preocupado por la situación económica actual y creen que la mejor opción para reducir costos es liquidar a una empresa pequeña, como una de taxis que no sea muy llamativa y que permita deshacerse de 500 mil empleados.

—Que sean un millón—Dijo Ginjo sin ningún tipo de remordimiento y con mucha tranquilidad.

—Pe-pero señor un millón es demasiado, con 500 mil es suficiente—Dijo el hombre con preocupación en la voz. Ginjo giró su cabeza hacia él y lo miró retadoramente a lo que el pobre asistente que ya comenzaba a temblar sólo se encogió y dijo:

—Que sean un millón— Y regresó sobre sus pasos para notificar la decisión del jefe.

El padre Juushiro Ukitake estaba dando vueltas en la sala de su casa tratando de recordar el nombre de un sujeto que hacía pocas semanas se había aparecido en su puerta preguntando por las espadas.

—Un hombre con una cicatriz en forma de cruz en la cara vino preguntando por las espadas. Dijo que era un comerciante de arte—El peliblanco seguía dando vueltas con una mano en la barbilla con gesto pensativo— Aunque para nada tenía facha de comerciante de arte, de hecho no me dio buena espina—Agregó entrecerrando los ojos sospechando del tipo—¡Ahhh! ¿Cómo era su nombre? No es posible, soy muy malo para los nombres—Terminó con una sonrisa nerviosa llevándose una mano a la parte trasera de su cabeza.

Mientras el Padre pensaba en el misterioso visitante, Uryu apareció en el cuarto cargado de muchas prendas femeninas que depositó frente a Orihime que seguía muy entretenida mirando ahora la televisión.

—Lamento la tardanza, pero es que como no había nada decente que pudiera ofrecerle tuve que poner manos a la obra—Dijo el chico sacando una aguja y levantándola en el aire con gesto triunfal mientras un brillo especial cruzaba sus ojos.—Ah y también traje una caja de maquillaje ¿Ve? Sólo se la coloca en los ojos y presiona el botón.—Uryu le mostró algo que parecían ser unos binoculares negros que se colocó frente a los ojos para mostrarle a la chica cómo se hacía.

—¡Oh! ¡Inch´pes geghets´ik!—Dijo Orihime mientras veía la ropa muy emocionada escogiendo lo que se iba a poner para remplazar la bata de dormir a cuadros que la cubría en ese momento.

—¡Wow Uryu! ¿Hiciste todo eso tú sólo? ¿Y en menos de 10 minutos? ¡Eres sorprendente!—Ukitake se había unido a la conversación para halagar a su protegido y ayudante.

—Jeje, muchas gracias padre Ukitake. Nada más ver a la suprema la inspiración me llegó así que en realidad no fue…—Pero Uryu no pudo terminar su frase porque frente a ellos Orihime se despojó de la bata de dormir sin ningún asomo de pudor dejando su cuerpo desnudo al descubierto. Los dos hombres se sonrojaron y de inmediato le dieron la espalda. Cuando por fin pudieron voltear la chica ya estaba totalmente vestida: Había elegido unos mallones color café con un cinturón negro a la altura de la cadera, una blusa rosa claro que dejaba al descubierto su ombligo y unos tirantes negros que iban desde la parte delantera del cinturón, cruzando por sus hombros hasta llegar a la parte de atrás. Para terminar, Orihime escogió unos botines que le llegaban a la altura de las pantorrillas de color rosa claro a juego con su blusa.

Ginjo por fin llegó a una gran bodega en la que un número significativo de hollows lo estaban esperando. Sin embargo, el líder hollow tenía una apariencia humana.

—Yammy, ¡Qué gusto verte!—Dijo parándose frente a un tipo alto y muy musculoso con la piel morena y mirada siniestra.—¿Pero qué es esa cara tan fea? Definitivamente no te queda. ¡Muéstrate como eres realmente!—Lo animó Ginjo. En ese instante, Yammy sacudió los hombros y su cara y su cuerpo se transformaron: Su estatura se incrementó todavía más, sus músculos se fortalecieron y en su cara se veía la mitad de una máscara Hollow cubriendo la parte inferior de su mandíbula como si fuera una dentadura. Sus cejas eran de color naranja y en su cabeza calva se podían ver cuatro protuberancias; sin embargo, de su nuca salía una larga cola de caballo color negra. Pero lo que más llamaba la atención era un hueco muy grande a la altura del pecho. Su ropa también cambió pues ahora lucía una chaqueta y un pantalón blancos con un cinturón y orillas negras.

—¡Eso es! Así me gusta, no se avergüencen de lo que son.

—¿A caso te estás burlando de nosotros, Kugo?—Dijo Yammy dando un paso al frente para acercarse a Ginjo que instintivamente retrocedió.

—¡Para nada! ¿Trajeron lo que les pedí?—Dijo Ginjo juntando sus manos frente a su rostro esperando la respuesta de Yammy.

—Aquí está—Dijo lanzándole una caja alargada que en sus manos se veía pequeña pero que Ginjo atrapó con un poco de dificultad debido a la gran fuerza del Hollow.—¿Tienes lo que nos prometiste?

—¡Por supuesto! Tsukishima, el arma por favor.—Dijo Ginjo dirigiéndose a un hombre alto y delgado con expresión despreocupada; vestía un pantalón negro con tirantes y una camisa blanca. Con cuidado puso un separador en la página del libro que estaba leyendo y tomó un arma grande y de color negro que a simple vista parecía una especie de capullo de metal inofensivo que estaba sobre una mesa entregándosela a Kugo.

—¡Les presento la Fullbringer!—Dijo el hombre levantando el arma como si fuera un trofeo para después sostenerla con su brazo derecho apoyándola en su torso mientras que con la mano izquierda presionaba un botón azul; de la punta del arma salió un pequeño cañón que apuntó a un muñeco de práctica vestido como un policía.—Cuenta con una memoria de repliegue en el cañón y cuando haces un disparo—En ese momento apuntó el arma al muñeco de prueba disparándole.—¡Una ráfaga de mil balas más se dirigen al mismo lugar!—Exclamó emocionado al tiempo que se daba la vuelta para apuntar al grupo de hollows que de inmediato trataron de cubrirse de una ráfaga mortal que nunca llegó; por el contrario, cuando las balas que salían de la Fullbringer terminaban impactadas en el muñeco que estaba del otro lado del cañón y de Ginjo. Aunque ese acto los molestó continuaron observando la demostración de la poderosa arma que les sería entregada.

—También cuenta con 4 misiles de largo alcance activados por calor—Dijo una vez más presionando un botón al tiempo que el arma se abría por los costados dejando ver dos misiles grises con la punta roja de cada lado. Detrás de Yammy se escuchó un "Ohh" por parte del grupo de hollows que miraban maravillados el arma; su líder sólo giro los ojos con expresión de fastidio y cruzó los brazos esperando las nuevas curiosidades del artefacto.

—Una red para atrapar rehenes…¡Clásico!—Dijo con una sonrisa muy grande, sin duda maravillado de su propia creación disparándola contra el muñeco que ya había perdido un brazo por uno de los misiles lanzados.—Un poderoso lanzallamas, mi favorito.—Continuó, mirando a los hollows para luego apuntar una vez más al muñeco; de la punta del arma salió una gran flama roja que de inmediato derritió la parte superior del sujeto de prueba.—Y para el gran final… ¡El más grande sistema de enfriamiento jamás visto!—Del mismo lugar donde segundos antes estaba la flama, ahora salía una especie de humo blanco, como si de un extinguidor de fuego se tratase, para dejar al muñeco tan congelado como un bloque de hielo.

—Cuatro perfectos ejemplares entregados a tiempo como acordamos ¿Qué te parece, Yammy?—Dijo Ginjo mientras lanzaba la Fullbringer de nuevo cerrada a los enormes brazos del hollow; ahora que la tenía en las manos le parecía que era excelente y con una risita de suficiencia respondió:

—No está mal, Kugo. Nada mal.

—Bien, ahora veamos qué me trajeron. —Dijo acercándose a la mesa donde Tsukishima seguía leyendo un libro y donde también descansaba la caja que le habían entregado los hollows. Cuando estuvo frente a ella se acomodó la corbata y frotó sus manos delante de su cara para después abrir los cerrojos y levantar la tapa esperando encontrar 4 espadas dentro. Sin embargo, cuando levantó la tapa sus ojos se abrieron como platos reflejando la furia que comenzaba a invadirlo.

—Esta caja está… está…

XoXoXo

¿Qué les pareció? Espero sus comentarios, dudas o sugerencias. Ya tengo la idea del siguiente capitulo así que ¡espero no tardar tanto! Muchas gracias por leer y ¡Dejen reviews! *u*

¡Besos!