Hola.

Bueno dos anuncios para aquellos que además de leer esa historia posiblemente han leído alguna otra de mis burradas "Otro Fic" (Mai HiME) y "Una pesadilla" (YamiBo) serán permanentemente removidos, la razón, sencillamente no planeo terminarlos pronto o posiblemente de plano quizá nunca lo haga. Dadas las malas noticias…

Si, no es un epilogo. Es un capítulo, ¿Por qué? Bueno pues porque Nanoha se lo merece, la historia lo merece, ustedes lo merecen y yo también me lo merezco. Gracias a santa inspiración y a quedarme dormida en el sofá D: (aunque tengo un dolor de nuca terrible).

Ah si…

Discalimer: Ya todos sabemos que ni Nanoha ni Fate (Ni MSLN PROJECT) me pertenecen, de ser así, Vivid y FORCE serían un coñazo de manga, con mucho yuri, acción y un arco argumental de verdad. Joer, que la versión torneo pokemon ya cansa…

-.-.-.-.-.-.-

Perfecto

Tenía trece años, recién cumplidos. Recuerdo perfectamente, incluso aquello que me hubiera gustado olvidar hace tantos años. Y me sorprende que tenga tan vivida imagen en mi memoria de aquellos días junto a ti.

Era el tercer o cuarto día, no estoy muy segura. Aún no había logrado adaptarme al nuevo ambiente, no solo en la escuela, también en casa papá y mamá estaban muy tensos con la mudanza, la huida de Kyoya y Miyuki que no paraba de llorar porque no le gustaba nuestra nueva casa. Así que, no dije nada y fingí estar lo mejor posible. Sin embargo, ese día uno de nuestros maestros no pudo asistir así que simplemente nos dejaron ser y el aula era un completo desastres, todos corriendo de aquí para allá, gritando, riendo. Yo en cambio permanecí en mi lugar fingiendo leer los apuntes que había tomado durante el día. Hasta que una niña se acercó para pedir prestados mis apuntes, estaba tan nerviosa que no sabía que responder. Desde el día que ingrese (que por cierto fue casi un mes después de haber iniciado el curso) nadie había hecho el menor intento por hablar conmigo, únicamente los maestros y un niño bastante molesto, del que preferiría no hablar. Así que, me quede sin saber qué hacer, otra chica se acercó y con una sonrisa se presentó a sí misma: Soy Tsukimura Susuka, gusto en conocerte. Me dijo extendiendo su mano, la tome. La primera chica también se presentó: Si, si. Arisa Bannings, ahora… ¿Me prestarás tus apuntes o no?. Fue una manera un tanto extraña de integrarme, pero así comenzó todo. Al final del día, conocía la mitad de mis compañeros, todos estaban emocionados preguntándome la razón por la cual fui transferida. Tenían mucha curiosidad al respecto. La última persona que conocí ese día, un chico de cabello oscuro corto y desordenado, Chrono Harlaown. Es con él con quién en verdad inició todo.

Chrono era callado, retraído y rara vez expresaba libremente lo que pensaba. Pero era una persona excepcional, a pesar de que sus amigos más cercanos eran para ponerlo simple: niñitos idiotas. Él era todo lo contrario. De hecho, a mí siempre me ha parecido el niño más maduro para su edad que he conocido (y he conocido muchos en este trabajo). Posiblemente esa fue la principal razón por la cual me sentía cómoda cuando estaba con él, tal como lo solía hacerlo antes de que mi hermano Kyouya decidiera huir de casa. Si. Veía en Chrono una figura de hermano mayor, me llevaba bien con él y estaba bien con ello, aunque Chrono no lo supiera parecía llevar bien mi compañía.

Era miércoles, se suponía que debíamos reunirnos en mi casa para hacer una exposición juntos, pero mis padres decidieron salir justo ese día, y con lo paranoica que era mamá respecto a dejarme sola con un chico en casa, aunque fuere solo una niña. No tuve más opción que decidirme a ir hasta allá, así que le telefoneé para avisarle que era mejor si nos reuníamos en su casa, Chrono no puso problema alguno, una vez obtuve su dirección me di cuenta que eran apenas unas cuantas cuadras desde mi propia casa, así que decidí hacerlas a pie. Total había hecho mi parte de la investigación el día anterior y solo quedaba preparar la dichosa exposición. Debió tomarme poco más de 15 minutos. Golpeé la puerta. Escuche ladridos alegres. Y una adolescente me abrió sonriente, lo primero que noto (además de lo largo que llevaba el cabello) fue que llevábamos el mismo uniforme, aunque el suyo estaba bastante… desordenado. No supe que decir, hasta que ella abrió la puerta y me invito a seguir en tanto iba por su hermano.

Ella no me aprecio muy especial en un principio. Claro que físicamente ella y Chorno no tenían semejanza alguna, eso fue algo que siempre me intrigo y cuando tiempo después le pregunte, me enteré que en realidad eran medio hermanos. Para mí fue extraño, porque solo llevaban dos años de diferencia, pero me explico (como si nada) que su padre había estado casado con su madre pero esta había muerto dándole a luz, luego él conoció a la madre de Chrono de quién se enamoró, se casaron en menos de un año y en sus propias palabras después vino él.

En fin, Chrono bajo apresuradamente y le informó a su hermana que estaríamos terminando una exposición en su habitación. No creo que ella estuviera prestándole la más mínima intención, parecía bastante concentrada en acariciar el perrito que jugueteaba entre sus piernas, brincando para obtener mimos. Aunque terminamos relativamente rápido, nos enfrentábamos aun gran inconveniente, debíamos hacer una cartelera como ayuda visual pero, ninguno tenía letra aceptable y tampoco estábamos muy seguros de nuestra ortografía, así que Chrono decidió que era momento de pedir ayuda. Naturalmente me dio mucha vergüenza admitirlo cuando ella pregunto el por qué no la hacíamos nosotros mismos, pero al contrario de lo que estaba imaginando ella solo sonrió, agarró el marcador negro de punta gruesa que había llevado y atendió cada una de las indicaciones de Chrono. Me pregunto si yo estaba de acuerdo en cómo iba quedando el diseño, si la letra no estaba muy grande, muy pequeña o simplemente si se entendía, pero yo respondía por inercia, porque finalmente había caído en la cuenta, la hermana de Chrono era muy atractiva.

Su cabello rubio caía descuidado a su espalda, apenas sujeto con un listón negro en su espalda baja, casi al término de su cabellera, que por cierto la llevaba increíblemente larga. Las facciones de su rostro eran delicadas, sencillas, suaves pero demasiado atractivas para ser ignoradas, incluso cuando sonreía los pequeños hoyuelos en sus mejillas eran un espectáculo digno de admirar. Sus ojos, de un matiz castaño rojizo le daban un aura de madurez que contrastaba en demasía con su ropa. La forma descuidada como llevaba mal puesto la camisilla del uniforme, con apenas unos cuantos botones abrochados, aún llevaba la falda del uniforme puesta pero en lugar de los pulcros calcetines blancos a mitad de rodilla, llevaba unos mucho más altos de color negro y aunque parezca sub-real, llevaba deportivos. Si, deportivos negros. Y la forma como sus dedos se aferraban al marcador, sus movimientos seguros al marcar cada trazo. Todo en ella era increíble. No me enteré de cómo había quedado la cartelera sino hasta el día siguiente en la exposición, pues estuve completamente prendada de ella, pero para ese entonces, no me pareció nada extraño. Aunque no me la pudiera sacar de la cabeza en los días que siguieron.

Tenía que verla. Quería hablarle. ¿Pero de qué?. Ella era mayor, las personas mayores no suelen relacionarse mucho con personas menores, no somos atractivos porque ella es casi una adulta y yo sigo siendo una chiquilla. Cada vez que la recordaba, los nervios se apoderaban de mí, mi corazón se aceleraba en ocasiones y la mayoría de las veces no podía evitar evocar aquella tarde. Cada trabajo asignado en grupo, por más insignificante que fuera pedía hacer con Chrono y por supuesto en su casa. Necesitaba verla, aunque no lo supiera.

En la mayoría de ocasiones que estaba allí, ella siempre llevaba extrañas combinaciones de sus uniformes, menos el de deporte que, con el que nunca la vi en casa. Además de los deportivos y el cambio de calcetines, por no contar la blusa con los botones justos para no revelar el color de su ropa interior (¡Pero eso lo pienso ahora, en ese entonces ni se me cruzaban ese tipo de ideas por la cabeza!), solía variar también la falda de su uniforme muy rara vez.

Durante aquellos días en los cuales cualquier excusa me era buena para verla, nos acercamos. No sé quién dio el primer paso pero poco a poco, en los lapsos que esperaba por Chorno (y es que a veces iba intencionalmente temprano) solíamos hablar de cosas irrelevantes. Hasta que tuve el valor suficiente para preguntarle eso que me intrigaba tanto ¿Por qué simplemente no te cambias? Le pregunté. Ella me sonrió, respondiendo que La camisilla desordenada le sentaba de maravilla. No sé porque pero me dio mucha risa, ya que, no podía estar más de acuerdo. Y no pude para de reír hasta que Chrono llego.

Creo que ese fue el punto cuando las cosas empezaron a cambiar entre nosotras, o así me parece a mí.

Después de eso, ya no me quedaban ganas de estar inventando excusas con Chrono para poder ver a su hermana, aunque solo fueran unos minutos. Intercambiar algunas palabras, sin importar si solo se trataba de un escueto saludo. Para mí, el solo hecho de poder verla era más que suficiente para que calmar la ansiedad que llevaba conmigo desde el primer día que nos conocimos. Posiblemente debí darme cuenta, pero para ese entonces yo era solo una niña.

Finalmente una tarde, mientras Miyuki brincaba por toda la cama gritando a los cuatro vientos lo genial que sería si yo fuera La princesa Aurora* y durmiera durante cien años hasta que un apuesto príncipe me despertaré con un beso de amor verdadero, decidí que si en verdad quería llegar a convertirme en su amiga no podía estar inventando excusas para verla. Debía ser valiente, enfrentar mi absurdo temor e ir de una buena vez, directa y sin disculpas, tocar a su puerta y cuando ella dijera que esperaré por Chrono, informarle que no quería ver a Chorno, que estaba allí por ella. Le dije a mamá que tenía algo que hacer en casa de Arisa y me dirigí a paso apresurado hacía su casa, antes de que mi fuerza de voluntad se esfumara. Hablaría con ella, me haría su amiga

Increíblemente todo resultó como lo planeé. Todo excepto, esa repentina explosión de euforia en mi pecho.

Así fue como finalmente logré acercarme a ella, pero esta vez sin excusas. Era una chica bastante fácil de tratar, me dejaba divagar de tema en tema, respondía mis preguntas siempre con dulzura por más tontas que fueran, jamás se rió de mi torpeza y aunque yo era solo una niña que se emocionaba con nada, a ella no parecía incomodarle, por el contrario estoy convencida de que le resultaba agradable. A medida que pasábamos el tiempo juntas, a medida que iba conociéndola mejor, me di cuenta de lo extrovertida que parecía ser en casa, en el instituto era completamente diferente. Algunas veces la había visto salir con un grupo de chicas, lo que en la época escolar sería el grupo habitual, como Arisa, Susuka y yo. Pero no era particularmente habitual que estuviera con ellas, a veces era como si desapareciera durante el descanso, eso me intrigaba bastante, hasta que motivada por mi curiosidad innata apenas se hubo dado el campanazo que anunciaba el inicio del receso, salí disparada hacía su aula de clase pero llegue demasiado tarde, ella se había ido ya. Decepcionada estaba a punto de dar media vuelta e irme resignada, cuando una de las chicas de su grupo me detuvo. ¿Tú eres la amiguita del hermano de Fate, no? No que estuviera muy contenta con el calificativo, pero respondí positivamente. Ella me dijo que si Chrono estaba metido en algún lio, Fate para variar estaría en la biblioteca. Me dirigí hasta el lugar, pero al llegar ella hablaba animadamente con la bibliotecaria mientras esta le extendía algunos libros. No me gusto la sensación que ver aquello me produjo, me enoje, sin entenderlo y me fui tan rápido como había llegado. Estuve enfurruñada unos cuantos días, ni siquiera me pase por su casa. Estafa enfadada con ella pero no comprendía porque verla sonriéndole de esa manera me había afectado tanto. Al final me rendí. Necesitaba verla, hablarle, estar cerca de ella.

Así qué al día siguiente fui a la biblioteca, la encontré en una mesilla llena de libros. Estaba muy concentrada leyendo, hacía muecas muy extrañas. Pero finalmente notó que estaba allí. Hablamos, aprendí un par de cosas nueva sobre ella ese día, la primera que era un ratón de biblioteca y la segunda (aunque me dé algo de risa) es que sueño era algún día convertirse en escritora. Esa fue la primera vez que el dije que debía salir de allí, con tan bonito día que hacía no valía la pena estar enfrascada en esa habitación, por más genial que estuviere la historia. Ella solo se rió. Pero en efecto, a partir de ese momento tuve la oportunidad de verla un poco más en los recesos, aunque de lejos. Me faltaba valor para acercarme. La verdad era que, una cosa era estar juntas fuera de la escuela dónde no me miraban como la amiguita del hermano menor, y otra diferente en el instituto dónde no era más que eso.

Sin embargo, yo estaba que no cabía de la dicha. El tiempo que compartía con ella, era el más agradable de mí día a día, a veces no podía concentrarme apropiadamente en clase porque estaba pensando en que estaría haciendo en ese instante. Estaba dichosa. En casa, a pesar de los problemas, de que la situación no mejoraba, yo tenía cada día una sonrisa de campeonato y no paso mucho tiempo hasta que mi hermana pequeña lo notara, con ella no me importaba disimular tanto como con mamá. Miyuki no entendía lo que pasaba, pero me decía que estaba feliz porque yo estaba feliz, pasábamos el tiempo entre nuestros deberes, su obsesión con las películas infantiles y su pasatiempo favorito (después de saltar sobre la cama) colorear. Por mi parte, cuando lograba zafarme de ella, pasaba todo el tiempo que podía a su lado, e incluso a veces pretendía tener demasiados problemas con algún deber y así con la excusa perfecta ir a disfrutar de su sola presencia. Era muy obvia, pero yo no me daba por enterada, ella tampoco.

Pero las cosas cambian.

Era viernes, la tarde anterior había irrumpido en su casa sin excusa alguna. Y le había pedido al final de la tarde que pasaremos la tarde siguiente juntas, a ella le pareció bien, así que se me ocurrió que podía ser buena idea si para variar fuéremos a mi casa. Y allí estaba yo, desde hacía 13 minutos esperando impacientemente su llegada con la mirada fija en el minutero del reloj de pared. Durante los 6 agónicos minutos que transcurrieron a partir de ese momento, no podía dejar de pensar que ese vestido era muy infantil, estuve a punto de subir a cambiarme cuando el timbre hizo eco en casa y me levante como un resorte, hecha un manojo de nervios camine intentando calmarme hasta la puerta.

Abrí Y allí estaba. Jean sencillos, camisilla negra, deportivos y el cabello recogido como de costumbre. Sonreí lo más calmada que pude, y sonreí con más ganas cuando me di cuenta de que ella estaba observándome con especial tención de pies a cabeza. De nuevo esa euforia estallaba en mi pecho.

La invite a seguir. Justo en el momento que mi quería hermana bajaba a toda prisa para embestir con toda su fuerza a mi pobre invitada. Tuve que regañarla fuertemente. A pesar de que Fate-chan se hacía la fuerte, yo sabía muy bien sobre el talento especial de mi hermanita para dejar a las personas, literalmente, sin aliento.

Una vez en mi habitación estaba tan nerviosa que no sabía qué hacer, como ocultarlo. Ella estaba realmente allí, prácticamente no había pegado ojo la noche anterior ordenando lo mejor posible mi recámara. Incluso esa mañana mi madre casi se había infartado al ver tanto orden, pero ello me tenía sin cuidado todo lo que me interesaba es que ella se llevara la mejor impresión de mí. Pero ella estaba observando el fruto de mi trabajo con el ceño fruncido, me dio pánico como nunca en mi vida (para ese entonces). Luego simplemente sonrió y dijo: Tienes una habitación muy ordenada, muy linda también. No como la mía, pareciera que parece como si un huracán pasare constantemente por allí. Y tenía razón, era un desastre, libros por todas partes, hojas de apuntes a medio escribir, los cojines tirados en cualquier parte igual que sus chaquetas. No era la persona más ordenada del planeta pero a mí me gustaba, todo, incluyendo su desorden. Estaba sonrojada, en parte por su cumplido y parte porque me estaba por fin dando cuenta de que aquello que sentía por ella no era tan descompilado como lo había estado haciendo pasar. Pero en ese instante todo lo que me apetecía era disfrutar el momento, así que decidí huir una vez más. Pero ella no me dejo hacerlo por mucho tiempo, tuve que confesarle la verdadera razón por la cual le había pedido que quedaremos esa tarde: simple y llanamente porque quería pasar el rato con ella. Estaba tan roja, aun ahora, puedo recordar lo mucho que mi cara escocía.

Allí fue cuando cambiaron las cosas. Esa noche, en la soledad de mi habitación me di cuenta que no podía seguir huyendo. Adoraba pasar el tiempo a su lado, estar cerca de ella, sentir el calor que su cuerpo emanaba y dejarme arrullar por el aroma de su cabello. Me gustaban sus ojos de ese extraño matiz rojizo, me encantaba su largo cabello rubio no importa si cada día lo llevaba igual, siempre lograba encontrarle un mecho ligeramente diferente al día anterior, la forma despreocupada como llevaba su uniforme, sus extrañas combinaciones de prendas de vestir, el huracán de cada día en su habitación, su forma de caminar, su voz, su sonrisa, su letra definida y sus manos suaves. Si, me encantaba todo de ella. Me fascinaba. Y no como amiga.

Curiosamente no tuve miedo, ni por un instante.

En el instituto ella se mantenía distanciada. Si nos topábamos en algún lugar, bastaba con que nuestros ojos se encontraran apenas unos segundos para que mi día, por más horrible que hubiera sido mejoraré mágicamente, pero ninguna hacía mayor esfuerzo por acercarse a la otra.

En mi caso, no me había sentado muy bien que siguiera siendo la amiguita del hermano, para ser sincera me había dolido. Chrono y yo, ni siquiera nos llevábamos como antes, él había cambiado bastante conmigo desde que me hice amiga de Fate-chan, estaba más gruñón, me evitaba y además parecía haber encontrado un gran interés en otra de nuestras compañeras cuyo nombre no logro recordar. Así que, para mí, no tenía sentido alguno.

A pesar de mantener la distancia durante las horas escolares, disfrutaba al máximo el tiempo fuera. Y como le encantaba el helado, cosa que descubrí por accidente, solía aprovechar cada tarde soleada para preguntarle si estaba libre y le apetecía ir por uno. Estaba tan feliz por esa época que no me interesaba pensar en las implicaciones de lo que hubiere aceptado hacía apenas unas pocas noches atrás. Cada vez que mi sentido común intentaba tocar el tema, de inmediato entre mi felicidad y mi corazón lo acallaban de golpe. No es que me queje, hubiera podido ser mejor es verdad. Sin embargo, tenía 13 años y era la primera vez que una persona me hacía sentir tan bien con tan poco, que su sola presencia, una mirada furtiva provocaba que en mi pecho estallare en mil emociones. Para mí en ese entonces, que esa persona fuera una chica, no tenía mayor importancia.

Lo días pasaban, mi felicidad aumentaba y cada vez me parecía irreal, como un sueño. E infortunadamente, como todo sueño tuvo que terminar.

II.

No recuerdo con exactitud qué día era, pero estábamos en nuestra tercera hora de clase. Aunque yo no prestaba atención alguna, tomaba apuntes mecánicamente pues mi mente estaba ocupada buscando una excusa creíble para escabullirme de casa aquella tarde. Vagamente recuerdo que fuimos interrumpidos por uno de los coordinadores que necesitaba hablar con nuestro tutor, así que él salió un momento. Estaba haciendo el tonto en mi escritorio, cuando uno de los muchachos con quienes nunca me lleve se acercó a mí, me aprecio extraño pero le pregunte si había algo que necesitaba de mí. Él me miro muy feo y me dijo, lo recuerdo bien: Tu hermano, Kyouya ¿no?. Mi hermana me contó sobre él, una rata de barrio bajo. No entiendo como reciben a gente de tu calaña en este instituto. Solo me quede allí con los ojos abiertos como platos, la frase haciendo eco en mi memoria.

Pero cuando aquello sucedió, estaba estupefacta sin saber que hacer o decir. Él seguía diciéndome osas, insultos y estaba riendo abiertamente porque recuerdo vagamente como nuestros compañeros más cercanos había dejado sus actividades para centrar su atención en nosotros, en mí. No fue hasta que Chrono apareció de la nada y le propino un puñetazo que lo mando al suelo de inmediato. Lo que paso después apenas logro recordarlo, sucedió muy rápido y yo estaba demasiado afectada con lo la información, pero él niño se levantó y se abalanzó sobre Chrono, por supuesto él no iba a dejarse golpear tan fácilmente y aunque gritaba y se decían cosas nada agradables los gritos de mis compañeros eran muy fuertes, lo suficiente para que nuestro tutor se preocuparé y entraré de inmediato. Tanto él como el administrativo se apresuraron a sepáralos, y en el proceso uno de los puñetazos Chorno quién seguía intentando golpear al otro chico fue a estrellarse contra el rostro del tutor, que de muy mal humor y un jalón lo separo definitivamente. Cuando estuvieron suficiente calmados, ambos tenía cortes leves y moretones en el rostro, (a pesar de todo Chrono parecía haber ganado la pelea pues no lucia el labio roto) el empelado administrativo indico que los llevaría a la enfermería en tanto nuestro turo se encargaba de llamar a casa de ambos. Chrono respondió que su madre estaba en otra ciudad, y dado que su padre era un oficial naval se encontraba en misión, de mala gana nuestro tutor le informó que entonces hablaría con la señorita Harlaown, es decir Fate.

Sé que debí reaccionar, pero tenía un par de grandes interrogantes ocupando mi cabeza en ese momento, y por primera vez en dos largos meses no estaba relacionado con Fate. Todo lo que podía pensar era en mi hermano, y la razón por la cual Chrono hubo reaccionado tan agresivamente.

Me quede sin decir nada mientras Arisa y Suzuka disipaban la multitud de compañeros curiosos a mí alrededor.

Para mí primera pregunta no tuve que esperar demasiado. Kyouya había huido e casa hacía ya más de dos meses, sin previo aviso. Pero ni mamá ni papá nos habían dicho la razón por la cual él había decidido hacerlo, y ahora sin previo aviso este muchachito me soltaba que mi hermano era un ladrón, un delincuente, una rata de barrio bajo. Al principio, no quise creerlo pero al llegar a casa espere tan paciente como era posible en mi estado de conmoción hasta que llegaré mi madre, entonces le pregunté sin rodeos si aquello era cierto, no le dejé más opción que contarme la verdad. La razón por la cual habíamos tenido que mudarnos, no era otra, que las amenazas que hubiéremos recibido por las andanzas de mi hermano mayor.

Para el segundo interrogante sin embargo, todo se complicó de la forma que menos esperaba.

Poco a poco Fate dejo de ser la misma, al principio supuse que era debido a la proximidad de la semana de exámenes así que no le di mucha importancia, pero cuando la semana termino y pensaba tontamente que todo estaría bien a partir de ese momento, ella era fría, distante. Inventaba cualquier excusa para evitarme, sin importar que inverosímil pudiera resultar, ella huía de mí. Me culpaba a mí misma, al principio supuse erróneamente que estaba relacionado con el incidente de aquel día, posiblemente el rumor se había extendido y a ella no le había gustado en l más mínimo. Por supuesto, mi primera reacción fue entristecerme y buscarla, quería explicarle que yo no sabía aquello, además necesitaba verla, porque el nudo en mi estómago y la presión en mi pecho, sumada a la franca desesperación que no poder estar cerca de ella me causaba era n terribles. Luego, me enojé, porque pensé que ella jamás había tomado mi amistad como valiosa y honesta, era tan poco lo que ella había valorado nuestra cercanía que ante ese pequeño revés no se había ni siquiera tomado la molestia de escucharme. Deje que pasaron los días, deje de buscarla y apenas a veces, cuando accidentalmente nos topábamos apenas y le dirigía un saludo desganado, sin emoción aunque por dentro me moría de ganas por hablarle y gritarlo lo tonta que era, y lo mucho que la extrañaba.

Estaba tan enojada con ella en ese entonces, que no vi lo que ocurrió a mi alrededor, más concretamente con Chorno.

Desde aquel día,. Él había estado en extremo pendiente de mí, solía esperarme en el paradero de nuestra ruta y después de clase muchas veces me acompaño hasta mi casa. A pesar de lo gruñón que había estado antes, ahora cuando necesitaba una persona que estuviera allí para mí, contrario a lo que hubiera pensado días atrás no era ella quién me presto muchas veces su hombro para llorar, no era ella la persona que calmaba mis hipos y me decía con la seguridad que todo estaría bien. Fue Chrono quien durante esos dos meses estuvo a mí lado. Pero no caí en la cuenta de que así había sido hasta una tarde, cuando inocentemente acudí a su invitación. Al llegar, él me sonrió tímidamente, estaba pulcramente vestido, tenía un ramo de flores bastante bonito que se apresuró a entregarme sonrojado hasta la punta de las orejas, es verdad que no me enteraba de nada en esos días pero caí en la cuenta de inmediato. Estaba muy nervioso, pero tartamudeando lo menos posible me hizo saber sus sentimientos hacía mí. Y, aunque no estaba segura de cómo podía Chrono reaccionar, decidí que lo mejor era ser honesta, porque yo sentía lo mismo que él, salvo que quién era el objeto de mi afecto no era é, sino su hermana mayor. Eso último no lo admití. Incluso cuando entre su tristeza y enojo me preguntó si había alguien más, le conteste que sí, pero que no se lo diría. Frustrado per conforme, Chrono volvió a alejarse de mí, pero ya sabía yo que era apenas natural, pues ser rechazado no era para anda una sensación agradable.

Esa misma noche, en la penumbra de mi habitación abrazada a mi hurón de peluche, me percaté la extraña coincidencia.

Durante los tres días siguientes lo único que hice fue tratar de apagar la llama de esperanza que se hubo avivado en mi interior. Me repetí muchas veces que no significaba nada, que era una simple casualidad, pero muchas veces las coincidencias solos son secretos en un plan. No podía dejar de darle vueltas a ello en mi cabeza: la pelea, tu cambio de actitud, el cambio de actitud de Chrono. Mi corazón se negaba a convencerse que esos hechos no estaban relacionados los unos con los otros, por más que mí sentido común le gritare que así era.

Entonces, sin poder soportarlo más, deseando verte más que nunca me arriesgue, le dije a Chrono que estabas molesta conmigo, confesé a medias que no conocía el motivo y me afectaba en demasía tu alejamiento, me sentía como si mis amigos me estuvieran dejando de lado por lo que se había hecho público sobre mi familia. él pareció molestarse al inicio pero finalmente acepto.

Fate no tiene entrenamiento esta tarde y mamá tampoco estará, así que, ven conmigo a casa después de clase. Desapareceré y ustedes podrán arreglar sus asuntos.

Así fue.

Esperó por mí como muchas veces antes, en silencio hicimos el trayecto en la ruta escolar hasta su casa y caminamos sin prisas hasta finalmente llegar a nuestro destino.

Naturalmente toda la tranquilidad era solo una fachada, dentro de mí una batalla épica entre mi corazón y la razón se libraba de la forma más cruel y desequilibrada. A medida que nos acercábamos, mi pulso se aceleró, los nervios empezaron a apoderarse de mí, los pocos pensamientos que había logrado poner en orden quedaron olvidados en los anaqueles de mi memoria, mi ansiedad al saber que pronto por fin podría tenerte cerca me domino, mi corazón se aceleró al tiempo que el vació en la boca de mi estómago parecía hacerse más grande. Mi corazón había ganado.

Tal y como Chrono lo hubo dicho, apenas unos minutos de haber llegado, subió a la habitación de su hermana para informarle de mi presencia y que debía ausentarse, así que me dejaba su cuidado entre tanto. Chrono salió guiñándome un ojo y minutos más tarde bajo ella.

Salvo sus habituales deportivos y la camisilla descolocada, el resto de su uniforme escolar lucía extrañamente bien. Bajaste hasta estar en la misma planta que yo, sonreíste con falsa alegría y entonces, lo decidí. No me importaba si me odiabas después de eso, no me interesaban las consecuencias lo único que deseaba en ese instante era abrazarte, tenerte en mis brazos y no dejarte ir aunque tú misma me lo pidieras. Estas loca pensé por última vez, es una chica igual que tú, apoyó débilmente mi sentido común en un último esfuerzo por resquebrajar mi determinación. Y flaqueé por un segundo, justo antes de fijarme en tus ojos, y allí estaba la misma tristeza que observaba cada mañana en el espejo, la misma que nublaba mi mirada desde hacía dos meses. Mi llama de esperanza se transformó en un incendio descontrolado, mi razón finalmente se rindió y en un solo movimiento veloz te aprisione contra la pared más cercana.

Dejé que tu aroma invadiera mis sentidos. La tensión en mi pecho desapareció cuando en tus ojos vi como librabas tu propia batalla e igual que yo, la razón sucumbía ante la intensidad de nuestros sentimientos. Si. Me bastaron dos segundos para darme cuenta que no solo se trataba de mis incorrectos e impuros (o como quieran llamarlos) sentimientos por ti, sino que te sentías de la misma forma. En dos segundos todo encajo. La pelea, Chrono, tu actitud. Y en los mismos dos segundos pérdida en tu mirada, con el corazón desbocado y una explosión de mariposas en el estómago me olvide de todo, solo tú y yo, nuestros sentimientos. Allí en el living de tu casa, me olvide que el mundo existía y te bese.

Fue perfecto.

Pero era necesario que hablemos, yo tenía muchas cosas que necesitaba decirte, y otras tantas que anhelaba escuchar de ti. Así que pesar de la sensación de debilidad, como si mis piernas fueren a fallarme en cualquier momento cuando sentí tus brazos rodearme con fuerza, acercarme a tu cuerpo hasta casi fundirme contigo. De los erráticos latidos de mi pobre corazón cuando fuiste tú quién tomo la iniciativa respondiendo aquel primer beso, me separé de ti, para mírate fijamente con todo el amor y adoración de mi corazón. Finalmente, te dije que debíamos hablar. No dijimos nada que no hubiere quedado en claro ya, pues yo te confesé roja como un tomate que no sabía bien en que momento me había enamorado de ti, una mentira por supuesto, porque ahora estoy segura que me fue desde el primer momento que nos conocimos. Y tú, también roja hasta las orejas, confesaste que me querías de la misma manera y totalmente eufórica te bese de nuevo.

Esa fue la época más feliz de mi vida, a pesar de que los líos en casa no mejoraban, mi hermano no daba señal alguna de vida y los resultados de mis exámenes fueron un soberano desastre, yo estaba que no cabía de la dicha. Se me hinchaba el pecho de orgullo pensando que a pesar de ser solo una niña, común y más bien corriente sin nada interesante que recalcar, tú me amabas.

Y cuando me preguntabas si aquello estaba bien, no hacía más que sonreír llena de orgullo, porque para entonces estaba convencida de que no podía estar mal si nos sentíamos tan ben, si el solo hecho de compartir el mismo ambiente nos hacía tan felices.

Pero era muy ingenua e inocente.

Lo qué paso fue mi culpa.

El día anterior, habías estado en conmigo en casa. De verdad necesitaba que me explicares algunas cosas para ver si lograba aprobar mis exámenes de validación así no iba a tener que usar las preciadas vacaciones (que había con antelación planeado dilapidar cada minuto contigo), en clases de verano. No tenía segundas intenciones lo juro, además el solo hecho que estuvieres allí ya me tenía más que dichosa, pero… a medida que lográbamos avances con mi estudio el ambiente se fue relajando y el plan estudio a muerte paso a segundo plano cuando no me aguante más y te robe un beso. No te molesto y por el contrario seguiste besándome, despacio, sin prisa con toda la ternura que guardabas solo para mí.

Estaba feliz de poder estar así contigo, tanto que olvide un detalle pequeñito, mi querida hermana menor.

Ella había estado observándolo todo e inocentemente se lo había contado todo a nuestros padres después de la cena, me pareció extraño el repentino mal humor de papá y las extrañas miradas que mi madre me dedico justo antes de darme un sentido beso de buenas noches, pero asumí que no había sido un buen día para ellos y lo deje ser. Además, yo tenía un excelente motivo para que nada de ello me afectará: tu.

Al día siguiente mi madre me levanto furioso, me ordeno de un grito que estuviera lista en 10 minutos porque me llevaría personalmente al instituto. Me asusté un poco pero pensé que era por la cercanía de las dichosas pruebas, así que me vestí y en tiempo record estuve lista. Antes de partir mi madre me abrazo tan fuerte que por poco me estrangula, pensé que sin duda mis padres estaban actuando muy extraño esa mañana. Subí al auto, en todo el trayecto papá no dijo una sola palabra, pero estaba colérico. Lo sabía por el ceño extremadamente fruncido, la fuerza con la cual se aferraba al volante y naturalmente el hecho de su mirada evasiva, siempre fija en el camino. Al llegar, se despidió secamente ordenándome llegar a casa lo más rápido posible.

E iba yo, pensando lo raros que estaban esa mañana cuando apareciste de la nada, me saludaste con una sonrisa matadora y te escabulliste en tu aula sin darme tiempo para reponerme. Ni siquiera puedo recordar el resto de la mañana.

En la tarde sin embargo, al llegar a casa. Mi mudo colapsó.

En el living mis padres esperaban por mí, pero eso lo supe después. Al entrar alegremente me aprecio raro verlos reunidos con una religiosa tomando té, salude educadamente y cuando me disponía a escabullirme hacía mi habitación. Mi padre se levantó súbitamente, me tomo del brazo y me obligó a tomar asiento en el sillón frente a ellos, la señorita a mi lado. Mi madre me observaba dolida, compungida, confundida, casi puedo jurar que de haber podido se hubiera lanzado a abrazarme pero al severidad en el rostro de papá seguramente no se lo permitió. Y allí estaba yo, sin saber que sucedía, pero asustada porque una vocecilla en mi cabeza se armaba de valor para decirme con tímida voz que lo sabía.

Esta familia ha tenido suficiente con tu hermano. Fue mi responsabilidad no haberlo notado tiempo, y es muy tarde ya para hacer algo por él, pero no voy a dejar que arruines tu vida por una… un experimento. Esta es la hermana Alicia, ella se hará cargo de ti a partir de mañana, irás al internado de las hermanas del Auxilio… te ayudarán. Es lo mejor para ti.

Apenas podía dar crédito a mis oídos, recuerdo bien su expresión, como la ira apenas contenida se reflejaba en sus ojos, como precia hacer un enorme esfuerzo para que voz sonaré en control, me miraba sin compasión, sin atisbos de duda en su determinación. Yo solo permanecía allí con el corazón compungido y un dolor terrible iba expidiéndose por todo mi ser desde mi pecho con cada latido. No solo parecía a todas luces que mi padre me odiaba, sino que además me enviarían lejos.

Estaba en shock.

Él se levantó, se acercó a mí y me obligo a mirarlo a los ojos. Entonces reaccione. Muy a mi pesar lo único que atine a hacer en ese instante fuer llorar. Enterré mi rostro entre mis manos y lloré con fuerza, porque sus palabras finalmente cobraron sentido para mí: Lo sabía, y me enviaban lejos porque querían a toda costa separarme de ti. Los latidos de mi corazón retumbaba en mis oídos al tiempo que en mi mente se repetía sin cesar sus palabras, cerré los ojos con fuerza con mi rostro escondido entre mis manso y empecé a desear con toda mi alma que fuera solo una horrible pesadilla. Pero no lo era.

Sentí como mi madre me aferraba con ternura, lloré en sus brazos, mientras ella acariciaba mi cabello rítmicamente repitiéndome sin cesar que todo estaría bien. Una gran mentira.

Sin embargo, cuando me hube calmado lo suficiente ella me hizo saber que no estaba del todo de acuerdo con la decisión que había tomado pero dadas las circunstancias era lo mejor para mí. Sus palabras me llegaban lejanas, vacías. Era mi madre, pero ¿En verdad creía que separarme de la persona que amaba era lo mejor?. Es verdad que era una chica, un par de años mayor, pero ella nunca jamás me había obligado de ninguna forma a estar con ella, es más, había sido yo quién en un momento de desesperación no pude contener más los sentimientos que albergaba por ella y me atrevía a besarla. Había sido yo, quién desde meses antes de dar se primer paso hacía lo que lograremos construir había aceptado una noche, en la seguridad de mi habitación que estaba enamorada de ella.

Estaba desolada, nada de lo que mamá hubiera podido decir en ese momento tenía sentido.

Entonces, supe qué no había marcha atrás. La mire fijamente, me limpié como pude las lágrimas que aún brotaban de mis ojos, y hallando mi voz débil y quebradiza logre pedirle que me dejara verla una última vez, y luego me iría sin decir nada. Al principio casi se escandalizo, pero posiblemente al observarme con detenimiento y notar la gran tristeza que llevaba en mi pecho reflejada en mis facciones accedió.

Recordar la última vez que te vía solo me hace daño, lo sé.

A pesar de que han pasado diez años, aún me duele mucho evocar aquella tarde cuando mi madre cediendo a mi único deseo me hizo por meter que pasaré lo que pasaré permanecería en silencio. Incluso cuando mi corazón se hizo añicos al verte llorar, mientras te batías como una fiera por soltar del abrazo de tu madre, escucharte gritarme con la voz quedaba por el llanto que todo estaría bien, que me amabas. Ver la tristeza, la desesperación el dolor que aquello te causo fue demasiado para mí, pero tenía que ser fuerte, porque no quería que además de ser la última vez que pudiera verte tu último recuerdo de mí fuera lo más cercano a una pesadilla, lloré en silencio, las lágrimas dejaron surcos profundos en mi rostro pero me contuve por no gritar tu nombre, por no luchar a medida que mamá se arrastraba lejos de ti. Era el final. Pero incluso en ese entonces estuve feliz porque al menos logré verte una última vez.

Al día siguiente partimos hacia el dichoso internado.

Muchas veces me he preguntado ¿Cómo hubiera sido si mis padres no me hubieran separado de tí ?, ¿Hubiéramos tenido un futuro? ¿Estarías aún a mi lado?. Y en ocasiones, cuando descubro que a pesar del tiempo transcurrido, de los muchos que he cambiado, de que tengo una vida muy diferente a cómo la hube imaginado, de que mis padres al final me pidieron perdón por su proceder, de que no soy para nada la misma chiquilla que se enamoró de ti… cuando descubro que nunca he dejado de amarte… pienso que sí.

Incluso mi hermana me ha pedido mil veces perdón por lo que hizo, porque ella sabe que no he podido olvidarte. Pero no llevo rencor alguno contra ella, era solo una niña. No puedo culparla.

Y yo era también muy joven… pero me culpo. Si, me culpo porque de haber sabido que mi tiempo a tu lado iba a ser tan corto, no hubiera desperdiciado ni un segundo dudando, enfurruñándome sin razón.

Supongo que no importa ya.

A fin de cuentas, conocerte, enamorarme de ti, dejarme llevar por una locura y besarte para descubrir que tú me amabas también, me ha hecho muy feliz.

Ahora, como entonces… te amo.

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*Aurora: Es el nombre de la princesa de La bella durmiente de Disney. Solo por si no sabía, y porque quien sabe una adaptación de La bella durmiente a MSLN sería… interesante.

NA: Intenté poner el nombre de un internado real, ya saben uno famosos porque reforman según ellos o algo así, pero por alguna razón termine fue en tres páginas pornográficas de las cuales no quiero ni acordarme así que se aguantan.

Ah si yo sé, apenas leyeron monjaaa tod s dijeron… CARIM, pues nu. No sé, cuando lo escribí me aprecio buen chiste, ya saben Fate, Alicia, gemelas… esa teoría de que si un gemelo es homosexual, el otro tiene una alta posibilidad de serlo también. Mi satisfacción personal te-he. xD. Ok, maaal chiste (aunque a mí si me hace gracia lol).

He descubierto que Nanoha me resulta un personaje muy agradable, a pesar de que en un inicio le tenia lala por su aire de Sakura...

Bien. Fin del capi dos…

A ver qué opinan.

Peace :3