Capitulo 1. ¿Es Granger?


Hermione llevaba puesto un costoso vestido de diseñador -exigencias de la abuela- para el baile que se daría en el castillo de Buckingham.

Toda la realeza, las personas de la alta sociedad y blah blah habían sido invitadas. -pensaba ella.

Entre ellas, la familia Granger.

La verdad al principio no entendía como es que su padre había renunciado a una vida de riquezas, pero según le contó su abuela, el siempre había tenido un espíritu de libertad que no le permitía andar con elegancia, vestir trajes carísimos y mucho menos, aprenderse el uso de cada cubierto puesto junto al plato.

No es que hubiera renunciado a su herencia, precisamente, es que al parecer quería llevar una vida tranquila; sin cenas elegantes ni amistades ricas.

Pero el jamás disfrutaría de eso.

Porque al igual que su amada madre, había muerto.

De tan solo recordar los tiempos de guerra, ella se sentía muy mal, así que evitaba cualquier cosa que le recordara a ello, al sufrimiento.

Su hermoso vestido era diseño único. Era de un color azul casi negro, con los hombros descubiertos y mangas hasta la altura del antebrazo, en encaje. El escote era de corazón y no tan profundo, pero haciéndola ver bella. Iba ajustado hasta la cintura, y luego caía con libertad hasta el suelo.

Sus tacones eran del mismo color del vestido, pero en terciopelo y altísimos. Haciendo su figura más estilizada y hermosa.

Las joyas que llevaba al parecer habían pertenecido a su bisabuela. Eran dos pendientes de diamantes azules, acompañados de un collar incrustado de las mismas piedras preciosas, y un anillo, de plata con un gran diamante.

El cabello lo lucía en un elegantísimo recogido que sólo le dejaba algunos mechones sueltos, haciendo ver hermoso su cabello castaño.

El maquillaje, iba en tonos fuertes pero no exagerados. Los labios iban de rojo carmesí, haciéndolos apetecibles.

Sin duda la Hermione Granger de ahora, era completamente distinta.

Y excesivamente hermosa.

-¿Deseas bailar? -se acercó un joven rubio, de ojos azules, haciéndole una reverencia mientras extendía su mano.

Ella sonrió, pues le habían sacado de sus pensamientos.

-Por supuesto. -tomó la mano del chico, y se adentraron en la pista de baile.

Era grandioso, como es que el príncipe de Inglaterra la cortejara de aquella manera.

-¿Cómo te encuentras, Hermione? -le preguntó el apuesto príncipe rubio mientras la hacía girar.

-Bien, aunque aún me duele lo de mis padres. -le dijo ella, con una mueca de tristeza.

-Te entiendo. -dijo con un deje nostálgico mientras ahora bailaban una canción lenta. -Fué muy difícil perder a mi madre siendo tan pequeño, y entiendo lo que sientes. Pero sabes que yo estoy para ti, para cualquier cosa. -dijo con una sonrisa sincera, mientras apretaba su mano con más fuerza y la acercaba a él por la cintura.

-Lo sé. -dijo en un suspiro.

Permanecieron en silencio algunos minutos, hasta que Enrique volvió a hablar.

-¿Cuándo regresas a tu colegio? -le preguntó, Hermione se sobresaltó un poco cuando le recordó aquello.

-En septiembre. -contestó simplemente.

-Eso es en una semana, entonces. -la chica asintió. -¿Dónde dices que se encuentra? -preguntó de nuevo.

-En Escocia. -si no contestaba con monosílabos es porque no quería ser descortés, pero la verdad es que a ella no le apetecía hablar de Hogwarts, eran muchos recuerdos tristes, muchísimos. Además de que obviamente, Enrique no sabia de su situación, sobre la magia.

-Pues, espero poder acompañarte a tomar el tren. ¿Has dicho que se van en uno, no es así? -preguntó.

-Sí, sería estupendo. -sonrió ella. -Aunque la prensa...

-No hay problema, ya me he acostumbrado a que me emparejen con cualquier chica que salgo. -dijo él en tono divertido, mientras tomaba su mano y la llevaba a sentarse a una mesa cerca de la pista.

-No pararán hasta vernos juntos. -dijo ella en el mismo tono divertido.

-Eso no es problema. -respondió él con una sonrisa pícara.

-Enrique, hemos hablado de esto. -le dijo en modo de regaño, que hizo sonreír al ojiazul.

-Ya, disculpa querida, pero sabes que te esperaré el tiempo que sea necesario. -dijo él sinceramente.


-Cariño, ¿por qué no intentas nada con Enrique? Es un chico perfecto para ti, un Príncipe. -le decía Rose, mientras desayunaban.

-Abuela, te he dicho que aún no estoy preparada para una relación. -respondió Hermione, ya cansada de tanto parloteo de su abuela sobre con quién debía relacionarse.

-Como digas querida, sólo que no quiero que te relaciones con algún mago de cuarta, de los de tu mundo.

Hermione le había contado de sus cualidades mágicas a Rose, la mujer estaba encantada con aquello, pero no quería cualquier patán pobretón para su única nieta.

-No lo haré, abuela. -respondió ella, poniéndose de pie, con elegancia. -Iré a retocarme el maquillaje, Enrique no tarda en llegar. -dijo respetuosamente a la mujer.

-Adelante, Hermione. Pero ya te dije, ese chico es perfecto para ti. Pero tú sabrás, es tu decisión. -dijo la mujer tranquilamente.

La castaña suspiró y subió a su elegante alcoba.


Caminaba con elegancia, llamando la atención de las chicas que se encontraban por allí, pero él ni siquiera las miraba. Aunque la sangre le importara poco, jamás se fijaría en una chica sin clase y sin cerebro.

No tenía excesivas ganas de regresar a Hogwarts, pues le traía malos recuerdos, pero prefería eso, a la soledad de su lúgubre mansión.

Draco ya se encontraba en King's Cross, aún no atravesaba el muro, cuando escuchó muchas voces, flashes de cámara muggles, y una multitud de personas rodeando a una pareja.

Se detuvo un poco para ver que pasaba, dejando su baúl en el suelo.

¿Son novios? ¿Desde cuándo salen? ¿Harán un viaje de pareja? -eran algunas de las preguntas que escuchaba.

Cuando se fueron acercando a él, Draco pudo divisar a un rubio, su cabello no era platinado como el de él, era de un color más amarillo. Parecía de algunos veinte años. Tenía unos llamativos ojos azules, era alto y de cuerpo atlético; para cualquier chica sería guapísimo, -pero al verme, ese estúpido muggle es nada- pensó con arrogancia. La sangre del chico no importaba, pero simplemente las viejas costumbres no se dejan completamente atrás.

Luego observó a la chica que iba tomada de su brazo. Quedó completamente impactado.

Una chica de cabellos castaños, perfectamente acomodados y ondulados, cayendo como una cascada hermosa hasta su cintura. Tenía un cuerpo de infarto, curvas generosas pero no exageradas, y unas torneadas y largas piernas. La chica tenía una piel blanca que se podía observar tan suave como la seda. Aquel vestido negro sobre las rodillas, delineaba sus curvas a la perfección, y esos tacones la hacían ver más elegante. Caminaba con elegancia, mientras ignoraba completamente a las personas que la rodeaban.

De pronto algo hizo que Draco se sorprendiera. No podía ser ella, ¿o sí? ¿Acaso esa chica que le había robado el aliento, era la sabelotodo rata de biblioteca? No, no podía ser.

-¿Desde cuándo inició su relación con la nieta de la mujer más poderosa de Inglaterra? -preguntó otro hombre.

No, la sangre sucia por lo que sabía, no era rica.

-¿Hermione Granger, cómo fué que Enrique y tú se enamoraron?

Ya no había duda, esa chica era la mismísima sabelotodo.

Pero, ¿cómo? ¿Qué le había pasado? Estaba más hermosa -aunque siempre la considero ligeramente bonita- su cabello no era un nido de pájaros, y se veía malditamente elegante y sensual.

Sintió una ligera pizca de envidia por aquel rubio que tan sonriente, llevaba del brazo a Granger.